Un pie en la tumba
Yo esperaba fuera la gran casa de cuatro pisos en Manhasset que era propiedad del Sr. Flannery Liam. Esta no era una llamada social, como cualquiera pudiese decir. La chaqueta larga que llevaba estaba abierta, dejando mi pistola y pistolera claramente visibles, como también mi placa del FBI. Mis pantalones eran sueltos como mi blusa, para ocultar los kilos de armas de plata atados a mis brazos y piernas. Mi llamado fue contestado por un hombre mayor en un traje de negocios.
- Agente especial Catrina Arthur. Aquí para ver al Sr. Flannery. – dije. Catrina no era mi verdadero nombre, pero es lo que estaba en mi adulterada tarjeta de identificación. El portero me dio una falsa sonrisa.
- Voy a ver si el Sr. Flannery está. Espere aquí. - Yo ya sabía que Liam Flannery estaba. Lo que también sabía era que el Sr. Flannery no era humano y tampoco lo era el portero. Bueno, yo tampoco, aunque yo era la única de los tres con un latido de corazón. Unos minutos más tarde, volvió a abrir la puerta.
- El Sr. Flannery la verá. - Ese fue su primer error. Si tengo que decir algo al respecto, también sería el último.
Lo primero que pensé cuando entré en la casa de Liam Flannery fue, ¡Wow! Madera tallada a mano adornaban las paredes, el piso era de un tipo realmente costoso de mármol y había antigüedades de buen gusto por todas partes que vieras. No ser un humano no significa que no pudieras vivir la vida. Los pelos de la nuca se me erizaron mientras el poder llenaba la habitación. Flannery no sabía que podía sentirlo, justo como había sentido el poder de su portero Oni. Yo podría parecer una chica promedio, pero tenía algunos secretos en mi manga. Y muchos cuchillos, por supuesto.
- Agente Arthur… - dijo Flannery sonriendo.
- Esto debe ser sobre mis dos empleados pero ya he sido interrogado por la policía. - Su acento era inglés, lo que pegaba con su nombre Irlandés.
El simple hecho de escuchar su entonación hizo recorrer un escalofrío por mi espalda. Los acentos Ingleses tenían recuerdos para mí. Me di la vuelta. Flannery se veía aún mejor que en la foto de su archivo del FBI. Su pálida piel de cristal casi brillaba contra el color bronceado de su camisa. Diré una cosa de los yokais, todos ellos tenían una piel hermosa. Los ojos de Liam eran de un color azul claro y su pelo negro largo caía elegante en una cola de caballo detrás de su cuello largo y bien cincelado. Sí, era guapo. Probablemente él no tenía problemas con asustar a la cena. Pero lo más impresionante de él era su aura. Fluía de él en un hormigueo, lleno de ondas de energía. Un yokai maestro sin duda.
- Sí, se trata de Thomas Stillwell y Jerónimo Hawthorn. La Oficina agradecería su cooperación. - Mi amable parloteo era para evaluar cuántas otras personas habían en la casa. Agudice mis oídos, pero hasta ahora no se me había ocurrido que no habría nadie más que Flannery, el portero Oni y yo.
- Por supuesto. Cualquier cosa para ayudar a la ley y el orden - dijo ocultando su diversión.
- ¿Y usted está cómodo hablando aquí? ¿O hay algún lugar privado que usted preferiría? - Le pregunté, tratando de obtener más de un vistazo. Se acercó más.
- Agente Arthur, si usted desea tener unas palabras en privado conmigo, llámeme Liam. Y espero que quiera hablar de algo menos aburrido que Jerónimo y Thomas - Oh, yo tenía muy poca intención de hablar tan pronto como estuviera en privado con Liam.
Desde que había sido implicado en la muerte de sus empleados, Flannery estaba en mi lista de tareas, aunque no estaba aquí para arrestarlo. La persona promedio no creía en yokais o espíritus malignos, por lo que no era un proceso jurídico el tratar con estos asesinos. No, en cambio había una sección secreta de Seguridad Nacional y mi jefe, Don, me enviaba. Había rumores acerca de mí en el mundo de los yokais, era cierto. Los que habían crecido durante mi permanencia en este trabajo, pero sólo un yokai sabía quién era yo. Y no lo había visto en más de cuatro años.
- Liam, no estás flirteando con una agente federal que te está investigando en un caso de doble homicidio, ¿verdad? – le pestañe haciéndolo sonreír.
- Catrina, un hombre inocente no se preocupa por las ruedas de la ley siempre y cuando giren a distancia. Al menos felicito a los federales por enviarte a hablar conmigo, eres una hermosa mujer. También me pareces un poco familiar, aunque estoy seguro de que te recordaría si te hubiera conocido antes. – su aliento frio acaricio mi cuello, me entremesi de placer verdadero, oh, si tan solo fuera de cabello plateado, ojos dorados y se llamara Inuyasha…
- No lo has hecho - le dije inmediatamente.
- Confía en mí, lo hubiera recordado. - Yo no lo dije como un cumplido, aun así le hizo reír de una manera que era demasiado insinuante para mi gusto.
- Lo apuesto - Presumido hijo de puta. Vamos a ver cuánto tiempo va a mantener esa sonrisa.
- Volvamos a los negocios, Liam. ¿Hablaremos aquí o en algún lugar privado? - Hizo un ruido de derrota.
- Si insistes en ir por ese camino, es posible que estemos más cómodos en la biblioteca. Ven conmigo - Lo seguí, pasando por más lujos, habitaciones vacías hacia la biblioteca. Era
Magnífica, con cientos de libros nuevos y antiguos. Había incluso rollos apilados en una vitrina de cristal, pero fue la gran pieza de arte en la pared lo que llamó mi atención.
- Esto parece... primitivo - A primera vista, parecía ser de madera o marfil, pero mirándolo de cerca, se veía como huesos. De humanos.
- Aborigen, casi trescientos años de antigüedad. Me fue dado por algunos compañeros míos en Australia - Liam se acercó, sus ojos color azul empezaban a brillar con un rojo rubí intenso.
Yo sabía que eran los puntitos de color rojo en su mirada. La lujuria y la alimentación eran lo mismo en un yokai. Ambas hicieron que el brillo rubí de sus ojos y sus colmillos se vieran por un momento. Liam estaba hambriento o caliente, pero yo no iba a satisfacer ninguno de sus antojos. Mi celular sonó.
- Hola - contesté.
- Agente Arthur, ¿sigue interrogando al Sr. Flannery? - Mi segundo al mando, Tate, preguntó.
- Sí. Debo terminar en treinta minutos. - Traducción: Si no he contestado de nuevo en media hora, Tate y mi equipo vendrían a buscarme.
Tate colgó sin más comentarios. Él odiaba cuando manejaba las cosas sola, pero en demasía. La casa Flannery estaba silenciosa como una tumba a propósito de lo que podría ser y había pasado un largo tiempo desde que yo había luchado con un yokai maestro.
- Creo que la policía le dijo que los cuerpos de Thomas Stillwell y Jerónimo Hawthorn se encontraron con la mayoría de su sangre 'desaparecida'. Y sin alguna herida visible que dé cuenta de ello - dije, caminando a la derecha. Liam se encogió de hombros.
- ¿La Oficina tiene una teoría? - ¡Oh!, tenemos más que una teoría. Sabía que Liam había acabado de cerrar los agujeros delatores del cuello de Jerome y Thomas con una gota de su propia sangre antes de que ellos murieran. Boom, dos cuerpos drenados y ni un yokai a la vista a menos que supieras que trucos buscar.
- Usted, sin embargo tiene una teoría, ¿verdad? –Repliqué.
- ¿Sabes de lo que tengo una teoría, Catrina? Que sabes tan dulce como te ves. De hecho, no he pensado en nada más desde que entraste - No me resistí cuando Liam cerró la distancia entre nosotros y me levantó la barbilla.
Después de todo, esto lo distraería mejor que cualquier cosa que se me ocurriera. Sus labios eran frescos en los míos y vibraban con energía, dando a mi boca un hormigueo agradable. Era buen besador, intuía cuando profundizar el beso y cuando realmente profundizar el beso. Por un momento, en realidad me permití disfrutarlo Dios, ¡cuatro años de celibato te pueden sacar factura! Y luego regresé a los negocios. Mis brazos lo rodearon, ocultando que tiraba de una daga de mi manga. Al mismo tiempo, él deslizó sus manos hasta mis caderas y sintió el duro contorno en mis pantalones.
- ¿Qué diablos? - Murmuró, retirándose. Sonreí.
- ¡Sorpresa! - Y entonces le golpeé. Hubiera sido un golpe mortal, pero Liam fue más rápido de lo que yo esperaba.
Barrió mis pies para hacerme caer mientras intentaba clavarlo, así que mi plata falló su corazón por pulgadas. En lugar de intentar recuperar la estabilidad, me dejé caer, rodando fuera de la patada que iba a mi cabeza. Liam se movía para intentarlo otra vez, pero luego se echó para atrás, cuando tres de mis cuchillos aterrizaron en su pecho. ¡Maldita sea, había fallado a su corazón otra vez!
- ¡Maldito Cristo Sangrante! - Liam exclamó. Entonces renuncio a fingir ser humano y dejó que sus ojos se volvieran de un rubí brillante, mientras que sus colmillos aparecían en sus dientes superiores.
- ¡Tú debes ser la mítica Parca Negra! ¿Qué trae a la yokai del saco a mi casa? - Parecía intrigado, pero no asustado. Él era más cauteloso, sin embargo dio vueltas a mí alrededor, salte sobre mis pies, tirando de mi chaqueta para un mejor acceso a mis armas.
- Lo de siempre. Asesinaste a seres humanos. Estoy aquí para ajustar las cuentas - dije.
- Créeme muñeca, Jerónimo y Tomás se lo merecían. Esos bastardos hijos de puta me robaron. Es tan difícil encontrar buenos trabajadores en estos días. - Liam de hecho rodo sus ojos.
- Sigue hablando, niño bonito. No me importa - Gire mi cabeza sobre mis hombros y cogí más cuchillos.
Ninguno de los dos parpadeó mientras esperábamos que el otro hiciera un movimiento. Lo que Liam no sabía era que estaba consciente de que había convocado ayuda. Podía oír al perdedor Oni acercarse silenciosamente hacia nosotros, apenas alteraba el aire a su alrededor. El parloteo de Liam era sólo para ganar tiempo.
- Tu apariencia debería haberme advertido. Sobre la Parca Negra se dice que tiene el pelo negro como el infierno, los ojos cafés como estacas, y su piel... Mmmm, ahora ahí está la distinción real. Nunca antes había visto tan bella piel en un ser humano. Cristo, chica, ni siquiera te voy a morder. Bueno, no de la forma en que estás pensando. - Sacudió su cabeza en la auto-evidente recriminación.
- Me siento halagada de que quieras follarme, tanto como asesinarme. De veras, Liam, eso es dulce - Él sonrió.
- El Día de San Valentín fue el mes pasado, después de todo - Él estaba acercándome a la puerta y lo dejé. Deliberadamente, tiré de mi cuchillo más largo de mi pantalón, la que era prácticamente una pequeña espada y se complementaba con mi lanza cuchillos en la mano derecha. Liam sonrió más cuando lo vio.
- Impresionante, pero no has visto mi lanza todavía. Tira tu juguete y te mostraré. Incluso puedes guardar unos pocos cuchillos, si lo deseas. Sólo lo haría más interesante - Se lanzó hacia adelante, pero no mordí el anzuelo.
En lugar de eso lancé los cinco cuchillos de mi mano izquierda y me di la vuelta para evitar el golpe del demonio detrás de mí. Con un solo golpe que reverbero por todo mi brazo, envié la hoja al cuello del Oni con todas mis fuerzas. Salió al otro lado. La cabeza del demonio giró sobre su eje por un momento, sus ojos fijos en los míos, antes de que se dejara caer al suelo. Sólo había una manera de matar a un Oni y esa era esta. Liam jaló mis cuchillos de plata de él como si fueran simplemente palillos de dientes.
- ¡Tú, perra asquerosa, ahora voy a hacerte daño! ¡Magnus fue mi amigo por más de cuarenta años! - Eso marcó el final de las burlas.
Liam vino hacia mí con una velocidad increíble. No tenía armas, excepto su cuerpo y sus dientes pero esos eran formidables. Liam me golpeo con sus puños y yo respondí con castigadores golpes. Durante varios minutos, nos golpeábamos mutuamente, golpeando cada mesa y lámpara en nuestro camino. Por último, me lanzó a través de la habitación y me estrellé cerca de la inusual pieza de arte que había admirado. Cuando vino por mí, lo patee y lo lance hacia atrás en la vitrina. Entonces arranqué la escultura de la pared y la tiré a su cabeza. Liam se agachó, maldiciendo cuando la intrincada obra de arte se rompió en pedazos detrás de él.
- ¿No tienes ningún maldito respeto por los artefactos? ¡Esa pieza era mayor que yo! ¿Y de dónde diablos has sacado ojos como esos? - No tenía que mirar para saber de lo que estaba hablando. Mi antigua mirada chocolate ahora debía ser de un brillante rojo como la de Liam. Luchar siempre traía la prueba de mi herencia mixta que mi desconocido padre yokai me había dejado.
- Ese rompecabezas de huesos era mayor que tú, ¿eh? Así que tú tienes que, ¿doscientos? ¿Doscientos cincuenta? Eres fuerte entonces. He hecho brochetas con yokais de setecientos, quienes no golpearon tan fuerte como tú. Vas a ser divertido para matar - Que Dios me ayudara, pero yo no estaba bromeando. No era un deporte, cuando estacaba a un yokai y permitía que mi equipo limpiara los restos.
- Doscientos veinte, muñeca. Años sin pulso, así es. Los otros no fueron buenos para nada, sino para la pobreza y miseria. Londres era solo aguas residuales en aquel entonces. Se ve mucho mejor ahora - Liam me sonrió.
- Es una lástima que no la verás de nuevo – balancee
- Dudo eso, muñeca. ¿Crees que vas a disfrutar matándome? Yo sé que disfrutaré follándote – otro puerco.
- Vamos a ver lo que tienes - me burlé.
Voló a través de la habitación demasiado rápido para mí, como para evitarlo y le dio un golpe brutal a mi cabeza. Esto hizo a la luz explotar en mi cerebro y habría puesto a una persona normal directamente en la tumba. Yo, nunca había sido normal, así que mientras tenía náuseas, también reaccionaba con rapidez.
Me volví flácida, dejando mi boca abierta y mis ojos rodados hacia arriba, en cuanto me caí al suelo con mi garganta tentadora inclinada hacia arriba. Cerca de mi mano relajada estaba uno de los cuchillos que había sacado de su pecho. Liam me patearía mientras estaba caída, ¿o vería cuan lastimada estaba? Mi apuesta funcionó.
- Eso está mejor - Liam murmuró, y se arrodilló a mi lado. Dejó que sus manos viajaran por mi cuerpo y entonces emitió un gruñido de diversión.
- Hablando de un ejército en uno. ¡La mujer llevaba todo un maldito arsenal! - Él abrió la cremallera de mi pantalón de manera profesional.
Probablemente iba a despojarme de mis cuchillos, que sería lo más inteligente. Cuando me sacó los pantalones por mi cadera, sin embargo, se detuvo. Sus dedos trazaron el tatuaje de mi cadera, el cual había conseguido hace cuatro años, justo después de que dejara mi antigua vida en Ohio por esta nueva. Aproveché mi oportunidad, cerré mi mano sobre el puñal más cerca y clavé el cuchillo en su corazón. Los ojos sorprendidos de Liam se encontraron con los míos mientras se quedaba paralizado.
- Pensé que si el Alexander no me mató, nada podría... - Estaba a punto de enviarlo al final, un giro fatal en la última pieza clic. Un barco llamado Alexander. Él era de Londres y había estado muerto cerca de doscientos veinte años. Había obras de arte aborigen, de un amigo en Australia...
- ¿Cuál eres tú? - Le pregunté, sujetando aún el cuchillo. Si se movía, destrozaría su corazón. Si él se quedaba inmóvil, no lo mataría. Todavía.
- ¿Qué? – diría que jadeo excepto que los yokai no respiraban.
- En 1788, cuatro convictos zarparon a las colonias penales del Sur de Gales en un barco llamado Alexander. Uno se escapó poco después de llegar. Un año más tarde, ese fugitivo convicto regresó y todos murieron pero no sus tres amigos. Uno de ellos se convirtió en un yokai por elección, dos por la fuerza. Yo sé quién no eres, así que dime quién eres - Si fuera posible, se veía aún más asombrado de lo que había estado cuando lo apuñalé en el corazón.
- Sólo unas pocas personas en el mundo saben esa historia - Le di a la hoja un movimiento rápido y amenazante lo que la colocaba aún más profundo. Él entendió el punto, muy bien.
- ¡Koga! ¡Yo soy Koga! - ¡HIJO DE PUTA! Estaba encima del hombre que había convertido al amor de mi vida en un yokai hace casi doscientos veinte años atrás. Hablando de ironía.
Liam, o Koga, era un asesino por su propia admisión. Por supuesto, sus empleados pueden o no haberle robado, el mundo nunca ha carecido de tontos. Los yokais juegan con un diferente repertorio de reglas cuando se trataba de sus posesiones. Ellos son territoriales a un nivel sorprendente. Si Thomas y Jerome sabían lo que era y aun así le robaron, tendrían que conocer las consecuencias. Pero eso no estaba en mis manos. Finalmente, todo se reducía a una simple verdad yo podría haber dejado a Inuyasha, pero yo no podía matar a la persona responsable de ponerlo en mi vida. Sí, llámenme sentimental.
- Liam, o Koga, si prefieres, escúchame con mucha atención. Tú y yo vamos a pararnos. Voy a tirar el cuchillo y luego te vas a escapar. Tu corazón ha sido pinchado, pero te curarás. Debo la vida de alguien y lo estoy pagando contigo - Me miró. Las luces brillantes de nuestros ojos fusionadas.
- Crispín... - El nombre real de Inuyasha colgó entre nosotros, pero no reaccioné. Koga soltó una risa dolorida.
- Ese sólo podría ser el perro sarnoso de Crispín, aunque seguramente te dio el nombre de Inuyasha ¿verdad? Debería haberlo sabido por la manera en que luchas, por no hablar de tu tatuaje que es idéntico al de él. Mala pasada fingiendo estar inconsciente. Él nunca habría caído en la trampa. Te hubiera pateado hasta que dejaras de fingir – volvió a reírse, yo torcí los labios.
- Tienes razón. Esa es la primera cosa que Inuyasha me enseñó. Siempre patea a alguien cuando esté caído. Presté atención. Tú no lo hiciste. - estuve de acuerdo.
- Bien, bien, pequeña Parca Negra. Así que tú eres la razón por la que ha estado de un humor de los mil diablos en los últimos años - A la vez que mi corazón se constreñía con alegría. Koga acababa de confirmar lo que yo no me había permitido preguntarme a mí misma. Inuyasha estaba vivo. Incluso si él me odiaba por haberlo dejado, él estaba vivo.
- Tú e Inuyasha, ¿eh? No he hablado con él en unos pocos meses, pero puedo encontrarlo. Te puedo llevar con él, si lo deseas - Koga aprovechó su ventaja. La idea de ver a Inuyasha de nuevo causó un estallido de emociones en mí. Para cubrirlas me eché a reír.
- Ni por oro. Inuyasha me encontró y me echó como cebo para los objetivos que estaba matando. Incluso me convenció de este tatuaje. Hablando de oro, cuando veas a Inuyasha de nuevo, puedes decirle que aún me debe dinero. Nunca me pagó mi parte del trabajo como prometió. La única razón de que sea tu día de suerte es que ayudó a rescatar a mi madre una vez, así que le debo por eso y tú eres mi pago. Pero si alguna vez vuelvo a ver a Inuyasha, estará al final de mi cuchillo. - Cada palabra dolía, pero eran necesarias.
No me colgaría de cuello de Inuyasha para admitir que todavía lo amaba. Si Koga repetía lo que he dicho, Inuyasha sabrá que no era verdad. No se había negado a pagarme por los trabajos que había hecho con él yo me rehúse a tomar el dinero. Tampoco me había convencido de mi tatuaje. Había conseguido el juego de tibias cruzadas por un anhelo sin sentido después de que lo dejé.
- Eres parte yokai. Tienes que serlo para tener los ojos brillantes. ¿Dime cómo? - Casi no lo hice, imagínate, qué diablos. Koga ya conocía mi secreto. El cómo era decepcionante.
- Algún yokai recién muerto violo a mi madre y por desgracia para ella, su esperma todavía servía. Yo no sé quién es, pero un día voy a encontrarlo y matarlo. Hasta entonces, me conformo con muertitos igual que él. - En algún lugar del lado opuesto de la habitación, sonó mi celular. No me moví para responder, pero hablé apresuradamente.
- Ese es mi apoyo. Cuando no conteste, ellos vendrán con fuerza. Más fuerza de la que puedes tomar en este momento. Muévete lentamente, ponte de pie. Cuando te quites el cuchillo, corre como el infierno y no te detengas. Tendrás tu vida, pero te vas de esta casa y no volverás. ¿Tenemos un trato? Piensa antes de contestar, porque no estoy mintiendo - Koga sonrió.
- Oh, ya lo creo. Tienes un cuchillo en mi corazón. Eso te da pocas razones para mentir - No me inmuté.
- Entonces haz eso. - Sin otro comentario, Koga comenzó a levantarse apoyándose en sus rodillas. Cada movimiento era una agonía para él, yo podría decirlo, pero él adelgazaba los labios y no hacía ruido. Cuando ambos nos levantamos, con cuidado quité la hoja de su espalda y sostuve el cuchillo ensangrentado en frente de mí.
- Adiós, Koga. Piérdete - Se estrelló a través de una ventana a mi izquierda, en un borrón de velocidad que era más lento que el anterior, pero aun así impresionante.
En el frente, escuché a mis hombres corriendo hacia la puerta. Había una última cosa que tenía que hacer. Sumergí la misma daga en mi vientre, a una profundidad que me hizo caer de rodillas, pero lo suficientemente alto como para evitar lesiones mortales. Cuando mi segundo oficial, Tate, entró corriendo en la habitación yo estaba sin aliento y doblada en dos, derramando sangre en la encantadora alfombra gruesa.
- ¡Jesús, Kagome! - Exclamó.
- ¡Que alguien traiga Brams! - Mis otros dos capitanes, David y Juan se desplegaron para cumplir la orden. Tate me recogió y me sacó de la casa. Con respiraciones irregulares le di mis instrucciones.
- Uno se escapó, pero no lo persigan. Es demasiado fuerte. No hay nadie más en la casa, pero hagan una comprobación rápida y luego regresen. Tenemos que irnos en caso de que vuelvan con refuerzos. Nos masacrarían – jadee, infiernos esto dolía.
- ¡Registren la casa y luego retrocedan! ¡Retrocedan! - Dave ordenó cerrando las puertas de la camioneta.
Tate sacó el cuchillo y apretó vendas en la herida y me dio varias pastillas a tragar que ninguna farmacia normal cargaría. Después de cuatro años y un equipo de brillantes científicos, mi jefe, Don, había logrado filtrar componentes de la sangre de muertos vivientes para conseguir una maravillosa droga. En humanos comunes, reparaba lesiones como huesos rotos y hemorragias internas igual que magia. Lo llamamos Brams, en honor del escritor que había hecho famoso a los yokais.
- No deberías haber ido sola - Tate me regañó.
- ¡Maldita sea, Kagome, la próxima vez escúchame! - Le di una sonrisa débil.
- Lo que tú digas. ¡No estoy de humor para discutir! - Entonces me desmaye.
