Prólogo
Estaba allí, sentada, en la escalera de mi porche. No sabía muy bien qué hacía allí, ni cómo había llegado.
Estaba en shock.
Mi camiseta aún estaba manchada de sangre. Jason me pasó un paño húmedo para que me limpiara el rostro. ¿Cuándo había llegado Jason? ¿O es que ha sido él quien me había traído?
No tenía la menor idea.
Ni siquiera sabía qué hora era. Estaba oscureciendo, por lo que serían poco más de las ocho.
Estaba tan ensimismada que tampoco recordaba haber cenado. ¿Me había dado Jason de comer? No. Lo sentiría.
No tenía hambre. Solo náuseas, muchas náuseas. Apenas me dio tiempo a levantarme y poder vomitar en uno de los arbustos más cercanos.
Me dolía un poco el brazo. Tal vez por el impacto. Me dolía más el alma. Tenía ganas de llorar, pero por más que quisiera, las lágrimas se negaban a salir. Era como si mi cuerpo me lo estuviera impidiendo por alguna razón.
Me limpié la boca con el dorso de la mano y entré a casa.
Me senté junto a la mesa de la cocina.
Realmente no sabía qué hacer. No sabía cómo superar la trágica muerte de mi esposo.
15/09/2020
