Capítulo 1
Después de tanto tiempo, estoy libre, por fin pude comprobar que no fui yo quien violó a esa niña. Me es difícil tener que ir hasta la casa de mis padres, la Mansión Uchiha; ellos fueron los primeros en darme la espalda.
Antes de enfrentar el dolor de mi pasado, tengo que ir primero a la casa de la única persona que estuvo conmigo hasta el final de esta amarga transición; mi mejor amigo, Naruto. El guardia me da las pertenencias que dejé cuando entré a este lugar. Un reloj, algo de dinero y la foto de la mujer con la que iba a formar una familia.
—Espero que puedas tener una buena vida, Uchiha.
—Hmm, No me vengas con eso, Hidan, tú no eres el indicado para desearme algo bueno. Pronto me descobraré todo lo que me hiciste.
—Que tengas buen viaje, niño lindo—se ríe con sorna mientras le doy la espalda y salgo de la prisión.
Escucho cerrar la reja, por última vez miro lo que fue mi hogar por diez años. Escucho el claxon de un automóvil, es mi amigo, Naruto, fue a buscarme, no puedo evitar sonreír, rara vez muestro gestos de amabilidad.
—Amigo—le digo; los dos nos abrazamos.
—Qué bueno que saliste, sabía que lo lograríamos. Vamos a casa, tengo una habitación preparada para ti.
—Eres muy amable conmigo, pero no es necesario.
—Por el momento no tienes a donde ir, menos dinero, no seas orgulloso, quiero ayudarte, te debo tanto, me salvaste la vida.
—No exageres—ya montados en el auto, nos abrochamos los cinturones de seguridad—solo evité que no siguieras en las drogas.
—Pero no puede evitar que te condenaran por algo que no hiciste, eso me tiene mal, es algo que siempre me reprocharé.
—No tienes que hacerlo, nunca descansaste hasta probar mi inocencia. Ahora soy yo que está en deuda contigo. ¿Cómo está Hinata?
—Pues, está bien, quiere darte la bienvenida con un almuerzo. Finge sorpresa, si te lo digo es porque sé que no te gusta las sorpresas.
Llegamos a un complejo de edificios, estaciona cerca de la entrada, al bajar me topo con alguien de cabello rosa, no puedo verla de frente, pero me intriga su cabello. No debo pensar en mujeres, acabo de salir de la prisión.
—Vamos, quiero que conozca el lugar.
Entramos, el lobby es elegante, piso de mármol, columnas también de mármol. Hay un puesto de vigilancia.
—Hola Shikamaru, que tal tu día.
—Todo ha estado en calma, debo decir que es aburrido estar aquí, este lugar es apacible y a la vez es desesperante.
—No digas eso, me gusta que sea seguro. Te presento a Sasuke Uhicha, se quedará un par de meses conmigo.
—Un gusto—nos estrechamos la mano—debo tomarle una foto, tengo una de cada persona que vive aquí y de los visitantes también.
—No hay problema—me paro frente a una pared blanca. El policía agarra un celular y me toma la foto, después de eso nos despedimos del sujeto, entramos al ascensor, marca el PH.
—Este lugar es grandioso, mi padre mandó a construirlo, dijo que quería darme un lugar seguro para mí y mi familia.
Las puertas del ascensor abren, llega justo a la entrada del apartamento. Es especioso, tiene muebles sencillos. El lugar tiene un concepto de espacio abierto, todo se junta, la sala, el comedor y la cocina. Nos dirigimos a un pasillo que da hacia las habitaciones. Me muestra el baño, una habitación que está siendo decorada, tiene motivos para bebes.
—Esta será tu habitación—es la que está al lado de la habitación del próximo miembro de la familia. Paredes blancas, un escritorio, y una cama individual. Nada más que pedir. Me grada que sea así.
—Sé que te sentirás como aquí.
—Gracias por todo lo que haces por mí.
—Para eso somos los hermanos.
Dejo mis pocas pertenencias en la cama. Me siento, miro hacia la ventana que está abierta, la cortina se mueve con soltura, entra un aire fresco, me hace sentir tranquilo, cierro los ojos y termino por acostarme. A pesar que el viaje fue cómodo estoy cansado. Tengo que asimilar que estoy libre.
—¿Quieres jugar niño bonito? —me levanto de la cama, miro a mi alrededor, ¿qué está pasando? No puede ser, todo era un sueño, todavía sigo en la prisión—no te asustes, estoy para hacerte compañía— Miro a Hidan, el maldito tiene una macana, me va a golpear.
—¡Aléjate de mí! —termino en un rincón, alzo mis brazos para tratar inútilmente protegerme de él.
—Aquí, los violadores tienen un trato especial, tienes que pagar por tus pecados—me da un primer golpe, me fracturó el brazo, el dolor es intenso, caigo de rodillas, me da otro golpe en la espalda, termina por tumbarme, me da punta pies en el estómago. Escucho esa risa maniaca—dile a tu amigo que te saque de aquí, antes de que termines nuevamente en el infierno.
Despierto exaltado, me incorporo, veo mi brazo, está bien, solo fue una pesadilla. No puedo permitir que me agobie los recuerdos. Salgo, voy al baño, voy directamente al retrete para expulsar lo poco que comí antes de mi liberación. Tengo miedo que el pasado no me deje en paz. Estoy seguro que tengo la necesidad de terminar lo que esa niña empezó, tengo que encontrarla para que me pida perdón.
Me lavo la cara, miro el espejo y veo que el encierro ha endurecido mis facciones. Me agobia estar en espacios pequeños, salgo para respirar, Naruto está frente a mí.
—¿Estás bien?
—Sí, es que…—no voy a dejar que mis problemas afecten su familia, tengo que resolverlos solo—necesitaba ir al baño.
—Te conozco, sé que no estás bien, no es fácil salir y hacer como si nada de eso hubiera pasado. Quiero que te recuperes, estoy para ayudarte. Por alguna razón estudie psicología forense.
—Hm, se me olvidó que tenía una vida antes de ir a prisión. Quería ser el mejor criminólogo, como lo fue mi abuelo.
—Eres joven, claro que puedes hacerlo. Después de comprobar tu inocencia, borraron tus antecedentes, estás totalmente limpio, puedes empezar a estudiar y ser el mejor criminólogo.
Me limpio las lágrimas, volteo la cara, no quiero que siga viendo lo débil que me he vuelto. Carraspeo un poco la garganta, ya calmado vuelvo a mirarlo.
—Creo que tengo hambre, podemos ir a comer.
—Hinata preparó algo.
Desde después de saber que ese hombre pasaría el resto de su vida en la prisión, no he tenido paz. Cada noche sueño con el juicio, todo por mi estupidez. Llevo diez años pensando cómo hacer para decirles a mis padres que todo fue un mal entendido.
—¡Sakura, la cena está lista!—mi madre piensa que he sufrido por lo que me hizo ese hombre. He cambiado mucho, me pinte el cabello de rosa, tengo pircing en la nariz y las orejas, a parte de los tatuajes que tengo en la espalda y en el tobillo.
Me siento en la mesa, mi padre todavía está en el trabajo. El silencio es incómodo. Ya no tengo la misma relación con mamá después del suceso. Como lamento haberme escapado esa noche de casa. Miro el plato, no provoca lo que veo, es solo arroz y carne, el sabor ya no es el mismo, ella ha cambiado tanto. Se siente culpable por no haberme protegido.
—Mamá, mañana empiezo la universidad, quiero ser una buena criminóloga.
—Me alegra —ella al igual que yo juega con la comida—si quieres pedimos una pizza o hamburguesas, lo que quieras.
—No, esto está bien—pruebo bocado, la verdad es terrible, es insulso. Mi madre era tan buena cocinera, ¿Qué paso para que dejara de serlo? Claro fue mi culpa por crearle un trauma—mamá, extraño tu verdadera cocina.
—Lo siento, no tengo ánimos de nada… Todavía tengo tu imagen con la ropa…
—Basta—me levanto de la mesa—sé que fue terrible, pero paso hace diez años. Fui la víctima, no tú, así que deja el drama, si yo pude superarlo…
—Superarlo—me interrumpe—mira como haz cambiado, ya no eres esa niña dulce, ahora eres una mujer deprimida que no sabe lo que quiere, todo por culpa de ese maldito, espero que lo violen y lo maten…
—¡Deja de decir eso! —grito por la impotencia de no tener el valor de decirle la verdad! —sí, fui violada, soy yo la que recuerdo todo lo que me pasó con él y trato de seguir adelante porque no queda de otra, así es la vida.
—Hija, no quiero hacerte recordar ese momento, lo siento, es que…tienes razón, no puedo excusarme a través de tu dolor. Te juro que haré lo que sea posible para que esta familia sea mejor que antes.
—Voy a salir a dar una vuelta, de paso iré a comer una hamburguesa. Haz lo que tú quieras.
Salgo furiosa del apartamento. Toco el botón del ascensor, lo hago varias veces para que no tarde en subir. Doy un golpe a la puerta.
—Es mejor que no dañes propiedad del edificio.
Me asusto al escuchar la voz, es mi vecino, Naruto, me sonrojo al verlo, más por mi gusto hacia él que por presenciar mi malcriadez.
—Lo siento.
—¿A dónde vas tan deprisa? Es un poco tarde para que salgas.
—Voy por comida.
—Hm. Te llevo, no es bueno que salgas sola de noche, ya sabes, algo malo puede pasar…esta vez de verdad.
Agacho la cabeza. Me da vergüenza que me mire, él sabe lo que pasó. Lo que no entiendo, es porque no me denunció. Suena la llegada del ascensor, nos subimos, marca planta baja.
—Debes saber que el hombre que encerraste está libre—lo miro incrédula, no puede ser, es que ¿me delató?
—Descuida, solo comprobé su inocencia, aunque debí ponerte en evidencia. Como sea, tienes que decir la verdad, antes de que otra más lo haga.
Llegamos a planta baja, saludamos al vigilante, prefiero irme caminando. En estos momentos debo pensar como decirles la verdad a mis padres. Rechazo el aventó hasta el restaurante. Me quedo sentada en la parada de autobús. ¿Por qué lloro? Será por qué ese hombre logró salir o por qué pronto vendrá a buscarme y vengarse. Tengo mucho miedo, es posible que esta vez sí me haga algo. El autobús llega, me siento al lado de la ventana, miro la calle iluminada por los faroles, eso me hace pensar en ese hombre. Me gustaría tratar con él, pedirle perdón.
No sé qué hago en el centro comercial, vine a comer una hamburguesa, pero no me apetece nada, me siento en la fuente, miro los peces que nadan en ella. Una niña tira trocitos de pan, se ríe cuando ve los peces acercase. Como quisiera tener esa edad, sin nada de qué preocuparse.
Me la paso caminando, de vez en cuando me quedo mirando las vitrinas, nada me puede distraer, tengo los pensamientos sujetos en ese hombre. Mi cerebro va a estallar. Es mejor volver y dejar salir la verdad, se que me ganaré el odio de media humanidad, pero al menos estaré con la conciencia tranquila.
Vuelvo al apartamento, mis padres se encuentran en la sala, que conveniente encontrarlos juntos, significa que el destino quiere que salga la verdad.
—Hija—mi padre me indica que me siente junto a él. Lo hago, mamá deja una taza de manzanilla en la mesa, cree que todavía estoy alterada—tu madre y yo queremos hablarte.
—Hija, cariño, se que me he portado mal con ustedes dos, pero quiero que sepas que no he dejado de amarlos, perdóname por hacerte sufrir por mi egoísmo.
Ya me estoy sintiendo mal, tengo ganas de vomitar. Esto se está saliendo de las manos, no puedo dejar que sigan sufriendo. Aunque creo que después de contarles lo que pasó realmente si empezaran a sufrir. Aspiro fuertemente que se escucha en el entorno, suelto la bocanada de aire.
—Mamá, papá ya es tiempo de que sepan lo que realmente me pasó esa noche—mamá agarra mis manos, yo las aparto rápidamente —traten de comprender el por qué los hechos que cometí.
—No entiendo—habla mi padre, tengo que apartar la mirada de él, es penetrante y acusadora—Sakura, ¿es grave?
—Si—no soy capaz de alzar la mirada hacia ellos—esa noche, cuando me escapé de casa para ir a esa fiesta de universitarios. No entendía en ese momento por qué sus negativas para ir a ese sitio, y pasaron cosas terribles.
—No, mi amor—mamá me interrumpe—no te tortures.
—Tengo decir lo que realmente pasó—papá se mueve, se nota la incomodidad que proporciono, él sospecha lo que estoy a punto de decir—ese hombre, no me violó
—¡Qué! —mi madre grita—un momento, no puedes negar lo que te pasó, sé que es traumático, pero…
—Es verdad—la vuelvo a interrumpir—es muy cierto lo que digo, ese hombre que fue a la prisión no me violó, lo inventé todo.
—Esto no es verdad, tu no pudiste hacer algo así, es un invento para torturarme por hacerte pasar muchos malos momentos.
—¡Cállate, mujer! —mi padre alza la voz, va hacia a mí, me da una bofetada—¡no eres mi hija! —me zarandea—te largas de mi casa—me suelta, lo veo salir. Se escucha el azote de la puerta.
—Mamá…
—No me llames así, tu no eres mi hija, porque ella no haría lo que tu hiciste—se seca las lágrimas con brusquedad—te creí. Ahora mi verdadero remordimiento es la vida de ese hombre inocente., Harás tu maleta y te iras.
—No tengo a donde ir, ustedes son mi única familia.
—No tienes familia.
