Disclaimer: Shaman King es propiedad de Hiroyuki Takei.
Enfrentando el Pasado
Capítulo 1: De regreso en Japón
La oscuridad de un cielo sin estrellas se erguía tenebrosa, apenas permitiendo una débil luz procedente de la luna filtrarse entre la frondosidad de los árboles, dejando entrever la silueta de una pequeña figura corriendo con desesperación.
—¡Eres un monstruo!
—¡Un demonio!
—Aléjate de nosotros.
Se escuchaban voces cargadas de odio y rencor, repitiéndose una y otra vez en un eco ensordecedor.
En un descuido, la pequeña figura cayó. Casi de inmediato intentó volver a levantarse sin mucho éxito, sintiendo el peso de algo presionarla contra el frío suelo. Pronto escuchó pasos acercarse y volteó su rostro hacia la dirección del sonido, permitiendo que los haces de luz de la luna la iluminaran. Se trataba de una niña de corto cabello rubio, cuya edad debía rondar al menos los cuatro años. En su rostro era claramente visible una expresión de miedo mezclado con dolor y tristeza.
—¡Eres un monstruo!
—¡Un demonio!
—Aléjate de nosotros.
Escuchó de nuevo aquellas voces, esta vez parecían estar más cerca. Súbitamente, un sepulcral silencio cubrió el lugar, seguido pronto de una voz tenebrosa…
—No tienes porqué soportar esto. Matémoslos, matemos a todos, a todos los que te lastimaron y te rechazaron. Hagamos que se arrepientan, que conozcan lo que es el infierno, que sufran como has sufrido…
Tras esas palabras, sintió algo liquido correr por su brazo. Al bajar su mirada se quedó horrorizada por lo que vio. Un charco de sangre se estaba formando bajo su cuerpo y se continuaba extendiendo más allá. Al seguir el rastro del líquido rojizo encontró a su alrededor un sin número de cuerpos, todos sin vida.
—Esto es lo que merecen —volvió a decir aquella voz. De la oscuridad empezó a surgir una figura enorme, acercándose lentamente a donde ella estaba. Cuando finalmente se detuvo frente a ella tuvo que ahogar un grito de horror por la apariencia demoniaca que tenía el dueño de la voz—. Esto es solo el comienzo de nuestra venganza, ¿verdad, madre?
Sus últimas palabras fueron seguidas por una risa macabra que pareció reverberar en todo el bosque.
—Anna…Despierta.
—…
—¡DERPIERTA, ANNA! —El grito sobresaltó a la joven que dormía en el asiento cercano a la ventana.
—Deja de gritar en mi oído, ni que fuera sorda —reclamó molesta.
—Parecía la única forma de despertarte, además…
—Ya estoy despierta, ¿qué quieres? —Interrumpió con un gesto de impaciencia.
—Solo quería avisarte que ya llegamos.
—¿Llegamos? ¿Llegamos a dónde?
—Pues a Japón, ¿a dónde más?
—Ya veo.
—¿Pasa algo? Te noto muy distraída y eso no es normal en ti —le preguntó preocupado.
—Estoy perfectamente bien.
—No lo creo. Hace un momento te movías muy inquieta, ¿tuviste alguna pesadilla?
—¿No crees que es mejor bajarnos del avión? A menos que prefieras quedarte a dormir aquí —dicho esto se paró del asiento y camino directo a la salida.
—Espérame, Anna – le dijo siguiéndola.
Ambos bajaron del avión, tomaron sus pertenencias y salieron del aeropuerto luego de pasar los protocolos de migración sin mayores ceremonias. Finalmente, tomaron un taxi, donde el chico, de cortos cabellos rubios al igual que su acompañante, insistió en hacerle las mismas preguntas de hace un momento.
—Ya te dije que me encuentro perfectamente bien —Le respondió irritada, a veces su compañero podía ser un verdadero dolor de cabeza. A pensar de eso, era el único con el que podía contar—. Está bien, te diré. A ver si con eso dejas de preocuparte por cosas sin importancia. Tuve una pesadilla o, mejor dicho, un recuerdo del pasado.
—¿Del oni? —Le preguntó seriamente.
—Sí.
—Es extraño, hace mucho que no soñabas con él, ¿tendrá algo que ver con tu regreso a Japón?
—No lo sé —respondió clavando su vista en el paisaje que pasaba por la ventana—. De vuelta en Japón, el lugar donde todo empezó —murmuró al viento y suspiró.
—¿Te parece si damos un paseo antes de ir con padre? —le cambió el tema. Sabía muy bien que ese asunto le traía recuerdos muy dolorosos, aun así, no pudo evitar preguntarle, pues le preocupaba mucho su bienestar.
—Llegaremos tarde y sabes cómo se pone papá cuando… —empezó a decir volteando a verlo, pero fue interrumpida.
—Lo sé, pero… ¿acaso importa? —Le dijo sonriendo antes de detener el taxi.
Ambos bajaron del taxi, pidiéndole primero al taxista que llevara sus cosas al Hotel Funbari. Curiosamente, se encontraron en un pequeño parque lleno de personas que se divertían disfrutando del hermoso día que había.
—¿Te gustaría comer un helado? —Le preguntó, mirando un puesto de helados no muy lejos de donde estaban.
—De chocolate —respondió mirando el parque con interés.
—De acuerdo, espérame aquí —dicho esto, se dirigió al puesto de helados bajo la mirada de Anna, quien estaba tan distraída que no se dio cuenta cuando un chico chocó con ella haciendo que cayera al suelo.
—Lo siento mucho, no me fije por donde iba —se disculpó apenado, ofreciéndole su mano para que se levantara.
Anna levantó la vista, encontrándose a un chico delgado de ojos cafés, cabellos castaños desordenados con unos grandes audífonos color naranja detrás de sus orejas y una sonrisa apenada tendiéndole la mano. Cuando sus ojos se encontraron, el tiempo pareció congelarse a su alrededor y todo el escenario pasó a un segundo plano.
—YOH, ESPÉRAME, YOH… —Aquella burbuja fue rota por un grito, seguido de la llegada de un joven de baja estatura y cabeza grande. Parecía haber corrido una gran distancia—. Hasta…que…al… fin…te…alcanzo… —intentó decir entre bocanadas de aire. Cuando sintió los dos pares de ojos clavándose en su persona fue que se dio cuenta de la chica que yacía en el suelo frente a su amigo.
—¿Qué pasa aquí? —Justo en ese momento llegó el compañero de Anna con los helados.
—Nada —respondió poniéndose de pie sin ayuda y sacudiéndose el vestido negro que llevaba.
—De nuevo, lamento mucho lo ocurrido —volvió a disculparse el joven llamado Yoh al darse cuenta de que su ofrecimiento de ayuda no fue bien recibido.
El pequeño amigo de Yoh permaneció en silencio mirando la escena, hasta que se acordó de algo—. ¡VAMOS A LLEGAR TARDE, YOH! —Volvió a gritar, arrastrando como pudo a Yoh.
—Hasta luego, y de nuevo, ¡lo siento mucho! —Se escuchó el eco de su disculpa en la distancia.
—¿Eh? —El joven de cabellera rubia miró a Anna confundido.
—Ya te dije que no pasa nada, Kenji —respondió tomando su helado y caminando en dirección contraria a la de Yoh y su amigo—. ¿Te quedarás ahí parado? —Preguntó sin detenerse.
—Espérame —le dijo siguiéndola.
Varias horas después
Ambos se encontraban frente a un edificio muy alto y lujoso con un llamativo letrero que decía: Hotel Funbari. Sin pensarlo mucho, ambos entraron y fueron directo donde la recepcionista.
—Disculpe, señorita. ¿Podría decirnos dónde está el señor Kyouyama? —Preguntó Kenji amablemente.
—El señor Kyouyama se encuentra en su oficina, en el último piso —le respondió sonriendo.
—Muchas gracias —con una breve despedida, ambos se dirigieron al ascensor.
Después de un recorrido silencioso, Anna y Kenji se encontraron frente a una puerta con una placa dorada que tenía inscrito el nombre Tensei Kyouyama. Kenji fue el primero en moverse, seguido de Anna, para abrir cuidadosamente la puerta.
—¿Padre? —Preguntó Kenjo al ver las luces apagadas.
—Llegan tarde —habló una voz fríamente.
—Lo que pasó fue que… —intentó dar una excusa, pero fue interrumpido.
—No quiero escucharlo —volvió a hablar con frialdad—. Encima del escritorio está su próxima misión.
Ambos se acercaron con cuidado, mirando de vez en cuando la silueta del hombre que les daba la espalda para observar por una gran ventana de vidrio la gran ciudad de Tokio. Al llegar al escritorio vieron una carpeta amarilla. Anna se adelantó para abrirla, poniendo al descubierto su contenido. En su interior había unos papeles grapados, describiendo los datos personales de una persona.
En la primera hoja se visualizaba una foto en la parte superior izquierda. Era de un chico con unos grandes audífonos naranjas tras sus orejas y una gran sonrisa en el rostro, además tenía el cabello castaño y ojos color café.
—Es el chico del parque —pensó Anna mirando la foto con sorpresa.
Debajo de la foto había un nombre: Yoh Asakura.
Fin del capítulo 1.
Después de...muchos años, he vuelto de entre las cenizas de un pasado olvidado. Y esta vez vengo con planes de terminar este fic (mi primer fic), aunque estoy segura de que ya nadie se acuerda de este viejo proyecto xD (lo importante es que pueda cumplir con este capricho de mi corazón).
Estos primeros seis capítulos (que fueron los que originalmente escribí), fueron modificados un poco, pero en general mantienen su esencial original (como un recuerdo de aquel lejano pasado).
Si te has animado a darle un chance a este viejo fic, ¡mi más sincero agradecimiento por leer!
