Disclaimer: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc y asociados.

Causalidad.


Capítulo 1.


Dedicado a la maravillosa niña que adoro y cuya amistad me ha alegrado la vida: Monse.
Mención especial a GabyJA por su incondicional apoyo.


—¡Miraculous Ladybug!

El amuleto encantado había vuelto a arreglar Paris y, una vez más, salvó el día. Bueno, ellos lo salvaron. Y era más bien la noche, una noche que no parecía normal, una en donde el calor era tan intenso, que los héroes habían empezado a sudar por dentro de sus trajes. El azoro era increíble y luego de terminar con el akumatizado tan destructor, la heroína, asándose como un pavo y dolorida como el infierno, quería llegar a su casa y quitarse todo de encima. Aunque sus poderes le hubieran calmado un poco el dolor físico, el golpe que se había dado antes de transformarse todavía le hacía mella mientras peleaba.

Su compañero, por otra parte, parecía desesperado por salir corriendo de ahí y ella lo entendía a la perfección.

—¡Nos vemos luego, mi Lady! —Exclamó Chat Noir al tiempo que estiraba su vara para poder alejarse a más velocidad.

—¡Espera, Chat, ¿a dónde vas?! —Ya lo había dicho anteriormente, que entendía que el gato tratara de irse, pero le empezó a preocupar su cara de desesperación y angustia—. ¡¿Estás bien?!

—Yo sí, mi Lady, pero una amiga mía no. —Estaba desesperado y quería desaparecer del lugar en ese mismo instante, pero no deseaba sonar descortés con Ladybug—. Así que tengo que asegurarme de que esté bien —sonrió apenas, viéndola de reojo y con ciertas gotas de sudor perlándole la cara—, pero no te preocupes, ya tendremos tiempo para nosotros. —Se despidió con su típico tono coqueto y salió del campo visual de la joven como un rayo.

«Una amiga» pensó, inquieta, sin quitar la mirada al cielo por donde Chat acababa de perderse, asumiendo que, obviamente, no se trataba de Marinette. No entendió ni por qué le incomodó aquello, pero entendió al instante que debía ser algo grave para que el joven saliera despavorido de esa manera, así que lo dejó ir al instante.

Al siguiente segundo, suspiró hondo, tocándose el hombro de nuevo. Le dolía muchísimo aún, estaba segura de que debía tomarse una pastilla apenas llegara a casa. Mientras emprendía el viaje de regreso, escuchó sus aretes alertarle que pronto se desvanecería su transformación y frunció el ceño, sintiendo el aire del vuelo refrescarle la cara. Fue casi placentero. Últimamente, y con todos los deberes de la universidad, ya no solo el calor la agobiaba, sino sus deberes como guardiana de los prodigios y heroína diaria de París.

¿Cómo era posible que lo llevara de esa manera? Estaba gratamente sorprendida por sus logros. Todavía no se había vuelto loca con tanto y eso era admirable, según ella. Casi siente que su corazón se detiene cuando alcanzó a ver sus padres, desesperados, buscándola por los alrededores de su casa. Aterrizó en una esquina y, con cuidado de no ser vista, dijo el comando en voz no tan alta.

Puntos fuera.

Al instante, Tikki hizo acto de presencia y miró para su portadora, que le hacía una señal de silencio, así que se limitó a asentir y entrar en el bolso sin decir más. No importaba si Marinette tenía quince o veinte años, la guardiana siempre conservaba aquel hermoso bolsito rosa que en tantas aventuras la había acompañado. La muchacha suspiró. Con la pausa física, el calor había vuelto a hacer mella en su cuerpo, así que meneó las manos para darse aire a pesar del dolor de su hombro por la causa anterior.

—¡Marinette! —Los escuchó gritar de nuevo y emprendió una carrera hasta ellos.

—¡Estoy bien, papá, mamá!


Había gritado su nombre al menos unas cinco veces. Desesperado, su mirada verde recorría las iluminadas calles de la ciudad, intentado, con sus sentidos agudos, localizarla. Su olor no estaba por ninguna parte, no había rastros de ella. Suspiró hondo e intentó calmarse. No le quedaba demasiado tiempo antes de destransformarse, así que quería apresurarse. No solo quería, sino que necesitaba saber que Marinette estaba bien. Que estaba a salvo de todo peligro y que su golpe en el hombro anduviera estable. El calor estaba asfixiándolo, sumado a la impaciencia por no poder encontrar a su amiga… ¡Iba a volverse completamente loco!

Había empezado una amistad mucho más cercana con la azabache desde hacía un buen tiempo, a raíz de su entrada a la universidad, y eso fue porque ambos escogieron carreras distintas y ver a Marinette se había convertido en una suerte. Había empezado a sentir el vacío de su ausencia, porque, para colmo, Nino estudiaba cinematografía en la otra facultad; Alya, periodismo; él, idiomas y, claro, Marinette estudiaba diseño de modas. Todos se habían visto separados y eso le causó una depresión inicial terrible.

«—Solo serán un par de veces a la semana, Plagg, no exageres» le había dicho a su Kwami, cuando este le dijo que no era una excelente idea frecuentar a Marinette como Chat Noir como si el cobarde de Adrien no se atreviera a acercarse a ella.

«—Adrien no tiene tiempo de ver a su amiga Marinette en la universidad», le había respondido él, frunciendo el ceño y diciendo el comando para poder transformarse. Y la amistad se había dado así, natural, casual. Y las noches de visita habían ido creciendo según el tiempo del que disponían. Le ayudaba a hacer tareas, a veces… lo que fuera.

Y la pasaban bien. Incluso mejor de lo que había sido todo en el bachillerato. Marinette parecía cada vez más segura y confiada a su lado, tan decidida… parecía otra. Lo que importaba era el vínculo tan fuerte que habían formado todo ese tiempo y lo mucho que siempre le había importado su seguridad. También habían salido a la luz un par de cosas que lo dejaron atónito y lo hicieron sentir idiota, pero esos eran otros temas que era mejor no recordar.

Esa noche era diferente; Marinette estaba herida.

Alzó la mirada… ¿En qué momento había llegado hasta su cuadra? Empezó a respirar rápido, sintiéndose nervioso. La luz estaba apagada, ¿Marinette estaría fuera de casa aún? Era posible que no estuviera. Tragó duro, sabía que lo que estaba pensando hacer era malo, pero de verdad estaba preocupado y únicamente quería descartar la idea de que ella no estuviera en su habitación. De un salto certero con su bastón llegó hasta la terraza. Se deslizó rápido, olisqueando el aire y moviendo las orejas felinas. Parecía captar su aroma, pero, era obvio… estaba en su casa y, además, el último año había estado frecuentándola tanto, que ese dulce olor lo tenía pegado en la nariz.

No hubo tiempo para sonrojos por ese pensamiento, el corazón le palpitaba hasta querer salirse de su pecho.

—¿Marinette? —Susurró, cuando vio la puerta de la entradilla abierta. ¿Qué estaba pasando ahí? Lo que sea, pero que estuviera a salvo—. ¿Marinette? —Volvió a llamar.

Las manos le estaban temblando. Se sentía muy nervioso. ¿Y si ella yacía botada por ahí, herida? Se sintió tan frustrado por no haber podido cuidarla de aquel golpe. ¡Pero todo sucedió tan pronto! Ella había salido corriendo y el akumatizado lo atacó justo en ese momento. Poco después apareció su Lady a salvar el día y, mientras eso pasaba, no hubo más rastro de su amiga. Bufó y, sin pensarlo demasiado, entró.

El peso de su cuerpo hizo que el piso sonara cuando aterrizó en la base antes de bajar las escaleras. Sin atreverse aún a abrir los ojos, inspiró hondo y alzó la vista para encontrar algo en esa habitación que le dijera que Marinette estaba bien. Pudo ver la tenue luz de la lámpara en su mesita de noche alumbrándola apenas

La jovencita, con un paño frío en su hombro, giró lentamente, mientras se quitaba los auriculares como si de una tortura se tratase.

Chat Noir realmente había ido por una señal de Marinette.

Y vaya que la había encontrado.

Continuará…


¿Saben por qué retomé este regalo con tanta fuerza? Por el avance MariChat del ultimo capitulo. Lloro. De ayer a hoy escribí 5 capítulos cortos y por fin lo terminé. Espero actualizar pronto y que les guste a ustedes, pero, sobre todo, a mi Momo. Te amo.