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*holaminombreesdrama*
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Las voces fluctuaban en una obvia discusión.
Las puertas estaban cerradas y demandaban privacidad, aun si la endeble puerta daba un paso libre a la interrupción, Rin, estaba al tanto del significado y se limitó a quedarse de pie, escuchando. Ella tenía que ser cuidadosa y por esa razón se encontraba atenta al más leve indicio de que alguien se acercaba a su propia dirección. Su tía la miraría divertida y con cierto aire de desaprobación, pero estaba segura de que no la alejaría, ella era un ser humano y estaba en completo derecho de llegar a saber su futuro. Aguantó la respiración.
Las rítmicas y frenéticas pisadas le daban una pista de la situación mucho más certera que el dialogo como tal. A ella no le había dado ni la más buena impresión aquel enorme hombre que desprendía esa mezcla de olores perfumados ni menos aún la mirada que le había dado. La joven cerró los ojos e intentó recordar el asunto de la conversación, el punto era que su tío debía dinero y por dios, todos lo sabían, no existía manera en que pudiera pagarlo. Todo era un tira y afloja de indirectas o palabras en códigos.
Su celular comenzó a vibrar en el peor momento, casi se había caído frente a los hombres discutiendo, la posibilidad de que pudieran escucharla la hizo perder el sentido de la realidad un par de segundos y solo pudo volver a respirar cuando escuchó ese largo suspiro.
- Te prometo que tendré el dinero – ahora mismo, los años silenciosos de Rin la volvieron una audaz observadora y, por tanto, una conocedora de las personas, el mentía.
La carcajada del hombre le hizo sentir un peso en la boca del estómago. Antes de que su presencia se viera comprometida, la chica abandonó el lugar dando pequeños saltos en la punta de sus pies descalzos y llenos de tierra, se escondió debajo de las escaleras, a gatas en la esquina que siempre había parecido cobijarla con frío desinterés, junto a las pelusas que la anticuada aspiradora era incapaz de succionar.
- ¡Dolores, ¿dónde estás, mujer?! – Rin escuchó el rechinido del piso de madera anunciar a la rechoncha mujer que se acercaba a toda prisa.
- ¡Aquí, señor! -.
- ¿Dónde está la mocosa? – el termino hirió su orgullo un poquito, ella estaba casi segura de haber dejado de ser ese delgaducha y pequeña niña que deambulaba perdida en los salones, incluso había ganado algo de peso.
- Estaba entre los cultivos, dijo algo sobre los hierbajos que… - bien, al menos… era una espía decente, si acaso eso era reconfortante.
- ¿Tienes el número de la vieja? – escucharlo era como ver una película en la que sabes el trágico final, encogió los dedos de sus pies, su cuerpo comenzaba a delatarla. ¿Por qué ese nudo en su estómago parecía más pesado ahora?
- Sí. Eso… - el tono de quien era la segunda persona que le había entregado cariño además de su difunta tía la hizo contener la respiración con ella - eso quiere decir que las cosas no han salido bien -.
- No – Rin lo escuchó cansado. Y entonces recordó que en realidad no existía un lazo sanguíneo entre ellos, que no se habían conocido demasiado. El tío era un equivalente a un familiar político y nada más porque siendo realistas toda su familia había muerto hace años y ella había vagado de orfanatos hasta que un día él la encontró, mencionó algo sobre la última voluntad de la mujer que había sido como de la familia en su vida, cuando fue un niño y la adoptó. La vida no había estado pintada en rosa después de eso, sobre todo recordando el hecho de que ella había sido una niña muy rara y su tío era un ludópata empedernido que de alguna manera se las había arreglado para mantenerse con vida, a ella y en posesión de su apellido la granja y esa vieja casa. El estado senil en el que se encontraba comenzaba a cobrarle la factura ahora que había perdido el poco respeto que alguna vez tuvo gracias a la fuerza en sus manos – esperemos que tenga un corazón de pollo y la acepte, está algo pasada de edad, pero no lo aparenta así que no debería haber problema. Si es necesario ve a buscarla, Dolores, la quiero aquí en un par de horas. Esto tiene que hacerse rápido-.
- Es una señora gentil, además, ella cumple los requisitos después de todo -.
- 14 es muy parecido a 12 -.
Y esas habían sido las últimas palabras que quiso escuchar. Había sido increíblemente fácil ignorar la presencia de todos en la casa, pero su ser no toleró las miradas que todos le daban y por el bien de su temeroso corazón, ella ocupó toda su tarde en las pequeñas labores diarias del campo, cuando llegó la tan aterradora "vieja", Rin la reconoció de inmediato, era la sacerdotisa más valiosa del templo en la ciudad y quizás que cualquier otra viva en pleno siglo 21. No pasó demasiado tiempo para que la llamaran, el tembloroso tacto de Dolores le acomodó el cabello y le tendió unas sandalias.
Apenas entró a la habitación entendió el rumbo que tomaría su vida. Se esperaba de ella formar parte del grupo de jóvenes sacerdotisas, esperaba que ese beso robado por el travieso muchacho pecoso no contara a los ojos de su nuevo camino de celibato. Lo demás había sido una colección de recuerdos que no aparecían con frecuencia en su mente. La señora Kaede pasó por alto su edad y le hizo una diminuta seña en donde luego avanzó hacia la camioneta a esa vida en donde las posesiones terrenales no tenían un gran significado.
Pese a la melancolía que la embargó ese día, se mantuvo optimista, porque todo eso había pasado hace demasiado tiempo y ahora sólo faltaban tan sólo unos meses para que terminara de tomar ese paso tan importante en la vida de cualquier aspirante. Y este día en que era el aniversario de la ciudad, ellas darían esa ceremonia a los viejos espíritus y a la autoridad competente, por supuesto.
- Es conveniente recordar que la diplomacia mantiene este lugar en pie y con una ración de comida para cada una de nosotras – dijo la sacerdotisa en su discurso al final de este. Absolutamente todas las aspirantes estaban ahí, el templo nunca había alojado a tantas muchachas y todo parecía ser un caos. Por supuesto, todas estaban en pie a las 5 de la mañana, antes de que el sol hiciera su aparición. Nada de lo que debían hacer era complicado y lo positivo de ese día era que las tareas habían sido terminadas antes que nunca, desde la limpieza a la clasificación de los pergaminos ofrenda que habían llegado en esos mil años de vida en la ciudad. Porque no siempre se cumplen mil años y había rumores de que incluso las figuras más poderosas se presentarían.
Rin era la predilecta para tomar el voto, más que nada por las labores curativas que había demostrado tener bajo la mano estricta de cada una de las señoras que las protegían. Pero como era de esperarse, en la actualidad, también había tenido la posibilidad de completar sus estudios junto a las demás chicas de su edad. Ella había tenido bastantes pretendientes, pero tal cual su instinto se lo dijo, sólo eran chicos presumidos en busca de robar un beso de una dulce y casta jovencita prometida a la vida más pura hasta ese momento conocida. Su mejor amiga había estado diciendo sobre lo maravillosamente hermosa que se vería ese día y es que, aunque la vanidad no estuviera permitida, eran sólo seres humanos - ¡Realmente naciste para esto, no puedes ser más recta! -.
En realidad, ella tenía una curiosidad sofocante. La razón de comportarse siempre perfecta era la manera en que ella se quitaba de encima los poco convenientes sermones y deberes adicionales que implicaban la mala conducta. Por eso era extraño tener a tantas miradas en ella, no se separó del grupo hasta después del ayuno ceremonial cuando todas las aspirantes tenían un pequeño momento de ocio, un momento de duda existencial, por supuesto.
Despertó de sus pensamientos cuando todas fueron citadas, era el momento de dar inicio. Las personas comenzaban a llegar y a recorrer los pasillos delicadamente adornados con serpentinas y las lámparas de papel. Rin se acomodó el kimono y fue detenida por una de las aspirantes.
- Me encargaron buscar a la sacerdotisa Kaede, pero… - Rin no la recordaba, por lo que asumió que en realidad era una aspirante de otro lugar – nos hablaron sobre ti y creo que eres la única que podría encontrar su oficina o donde esté -.
- Claro – como siempre… recta, fue directo a la oficina, pero la chica había pisado parte de su ropa, lo que la hizo perder el equilibrio e ir justo en dirección a una espalda de un desconocido, para empeorar las cosas, la muchacha levantó el pie y terminó de caerse, o casi, porque en realidad en un heroico acto de reflejo, fue sostenida en el momento exacto para evitar la vergüenza de pasar de aspirante prodigio a una muchacha torpe. Primero fue el tacto y luego los ojos, ¿o al revés?, quizás si era la jovencita más torpe en el área, porque se sonrojó al recordar que se había quedado demasiado tiempo mirando al… a todas luces, hombre elegante que la sostenía con temple firme pero cuidadoso.
Jamás había visto a un ser, si acaso era correcto decirle así, como ese. La mirada de esa persona había silenciado su mente y la habían hecho sentir que todo lo demás era… algo lejano que no importaba - ¿Se encuentra bien? – la tonalidad indicaba que parecía estar repitiendo la pregunta, ¿cómo pudo pasarlo por alto?
Estuvo solo a segundos de ser aún más torpe y tartamudear antes de respirar y asentir con la cabeza, ¿era esto un… flechazo?
El la devolvió lentamente a la posición original en la que debían estar y de alguna manera, la mano del hombre había pasado cerca de su espalda… Lo que ella estaba sintiendo era escandalosamente nuevo.
- ¡Amo Sesshomaru, ya llegué, encontré al chofer y a la reliquia que…!, ¿Señor? – Ella volvió a ver al acompañante de la voz que parecía sacado de la misma nada y que miraba perplejo el cómo mantenían las manos unidas sin motivo aparente… ¡SANTA MIERDA!, ¡DEMONIOS!, no eso era peor… ¡CIELOS! Sí, esa era la palabra. Rin rápidamente apartó las manos, y de nuevo esa sensación, era como si su cuerpo escuchara música que no estaba en ningún lado.
- Discúlpame un momento, Jaken, ¿puedo saber el nombre de la señorita? – Ella le ordenaba a todo su cuerpo a no temblar, dios bendiga el kimono que ocultaba sus pies y a sus dedos completamente tensos. ¿Él le estaba hablando a ella? ¡Por supuesto, a quién sino!
- Me llamo Rin – se apresuró a decir – discúlpeme, por favor, no era mi intención importunarlo así – movió sus manos nerviosamente, como cuando tenía 4 años y explicaba a sus hermanos la seriedad de los asuntos.
- El kimono es una molestia – dijo el con voz serena y algo extraña, entonces, volvió a mirarlo a los ojos y aquellas escandalosamente nuevas sensaciones la dejaron en un estado de ensoñación nuevamente, ¿era realmente tan pesado respirar o suspirar?
- Sí – su voz fue un susurro que no tuvo prisa en siquiera ser mencionado, solo gesticulado por su boca. ¿Alguna vez había mirado la boca de un hombre?
Ese era, obviamente, el momento más inadecuado, ella cerró los ojos, recuperó la compostura y dió un paso atrás junto a la chica que parecía estar tan maravillada como la misma Rin. Fue entonces que se obligó a dar esa ceremoniosa reverencia como correspondía y volvió a disculparse, esta vez, con cuidado de no verlo a los ojos o a su boca o a todo lo demás.
- ¿Esta chiquilla lo está importunando, señor? -.
- En efecto – dijo ella – he sido torpe, le solicito una nueva disculpa, pero debo retirarme, ¿señor…? -.
- Taisho -.
Juró que era capaz de sentir la mirada de aquel hombre en su cuello. Tenía la piel erizada y desconocía casi todo eso que estaba sintiendo. Se retiró con elegancia hasta el momento en que ya no pudo verlo, fue entonces que se echó a correr por el umbral de las puertas y los pasillos hasta llegar… ¿A dónde debía ir?, cierto, Sacerdotisa Kaede, acto de ceremonia, ¡la bendita tierra llamando a Rin! Dió una pequeña pero enérgica carrera hasta la oficina. Hubiera tocado, pero el grito la alertó de la compañía de la señora y decidió esperar humildemente a la distancia, según le habían enseñado, prudente… Hasta que la curiosidad la consumió y se acercó a la puerta, donde decidió calmar su propia respiración.
- ¡La ha estado buscando, maldita sea, la ha estado buscando y temo por ella! -.
- Le aseguro que sus temores son infundados, señor, ella está perfectamente. Segura y fuerte, es lo mejor que tenemos. Estoy segura de que ese… personaje, no se atreverá a acercársele – su memoria jamás lo olvidaría, no hacía falta siquiera abrir la puerta para revelar la identidad de los interlocutores que estaban hablando – ahora, si lo desea, puede acompañarme a la ceremonia abierta a todo público, tendría la oportunidad de verla -.
- Creo que es mejor así, ella no debe siquiera recordarme y si lo hiciera, seguro no son memorias agradables -.
Y, ella, con la habilidad de una gata, dio pasos silenciosos lejos de la puerta, apenas escuchó que comenzaron a dar los pasos en el interior.. Simplemente, creó una compostura que apareció en toda su complexión, el viejo tío Takeo estaba frente a sus ojos.
- tío – murmuró con cierta sorpresa, como cuando se está en un sueño y eres consciente de él a la vez que no estás segura de si es una pesadilla o no. Kaede se aclaró la garganta, ella acababa de cometer un error – señor – dijo con voz temblorosa, ¿era posible sentir al pasado más presente que nunca?
Quizás… quizás era demasiado pronto para dar una sentencia sobre eso.
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Nota de la autora: ¡Hola, gente bonita!, ¿cómo les va todo? Sí has llegado hasta aquí te doy las gracias por darme la oportunidad de entretenerte. ¿Se ha entendido?, espero que sí. Esta zona irá dedicada a dar ligeras y quizás poco necesarias explicaciones. Mi adorado lector, te doy la libertad de seguirme leyendo o pasar de esto e ir directo a darme un hermoso review, darme follow… lo que quieras. Únicamente, me gustaría aclarar que no sé nada sobre como volverse una sacerdotisa al estilo de Kaede, menos de Kikyo, así que, esta dramita no va orientado hacia la aventura, para eso están los fabulosos animes de Rumiko, la diosa creadora de nuestro Amo Bonito. ¡Saludos!
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Pd, puede que el título cambie si no me convence.
