Disclaimer: Los personajes de Supernatural no me pertenecen sino a Eric Kripke.
Resumen: Cuando Dean fue arrastrado al infierno pensó que Sam estaría bien con Bobby, pero su sorpresa fue grande cuando al regresar a la vida y buscar a su Omega se da cuenta de lo equivocado que estaba sobre la seguridad de su chico.
Dean tendrá que empezar una búsqueda contra reloj para encontrar a su hermano, claro, si aún está vivo.
¡Disfrútenlo!
Cuando Dean Winchester salió del infierno, o ya sea de aquella tumba sin nombre en medio de lo que parecía ser un bosque en plena deforestación, lo primero que vino a su mente atormentada fue el recuerdo de su hermanito. Su pareja, su Omega. Necesitaba verlo, sentirlo entre sus brazos y sobre todo, Dean necesitaba sentir su dulce aroma, ese que ansió fusionar con el suyo desde el primer celo de su hermano menor.
Sus instintos de Alfa le obligaron a ponerse de pie y no permitirse descanso alguno. Ya podría descansar cuando tuviese el cuerpo cálido y terso de su Omega entre sus brazos, y sus cuerpos se acoplen como si hubiesen sido hechos para encajar, muy a pesar de la negatividad de su padre por estar unidos como sus almas estaban destinadas a ser.
—Voy por ti, Sammy —dijo con determinación mientras echaba a andar en busca de civilización alguna, y de algún auto que pudiera tomar prestado. Lo único que logró ubicar a la redonda después de caminar lo que parecieron horas fue una abandonada gasolinera a la mano de Dios.
¿Quién diablos pone una gasolinera en un lugar tan recóndito? Pensó. Pero como había aprendido a lo largo de años, no le miraría los dientes a caballo regalado. Por lo menos ahora podría beber un maldito trago de agua y quitarse ese mal sabor de tierra en su boca.
Cuatro meses, cuatro malditos meses. Rabió eufórico cuando logró divisar un almanaque pegado en la pared, junto al lado de la llave del sanitario. Cuatro meses desde que su alma había sido llevada al infierno. Cuatro meses que Sam estuvo solo sin su Alfa, y entre esos cuatro meses había un celo de por medio.
Dean sólo podía rezar para su hermano se estuviese quedando donde el viejo chatarrero, ya que, sin él para cuidarlo no quería ni imaginar que podría llegar a ocurrir a un Omega sin la protección de su Alfa. Y no es que Sam sea una damisela en apuros, al contrario, a pesar de su condición se podría decir que su pareja era mucho más fuerte que cualquier Alfa promedio, pero después de todo necesitaba quien cubriera su espalda en los momentos de debilidad cuando su cuerpo lo traicionaba.
Sam siempre se mostraba inquebrantable ante el mundo, pero sólo Dean sabía qué era lo que le causaba miedo al menor, y eso sólo podía ser una cosa. Algo tan terrible que no solamente causaba temor en Sam, también paralizaba a Dean al imaginarse a su hermano solo y desprotegido en un mundo tan vil y perverso.
Quizás estaba siendo un poco dramático. Sam no estaba solo y nada malo le pasaría siempre y cuando estuviese con Bobby. En su ausencia el viejo Alfa se encargaría de que todo anduviese sobe ruedas.
Dean estaba exhausto, había manejado durante dos días enteros y más de una vez estuvo a punto de terminar en una zanja, o chocando contra otro conductor. Pero el esfuerzo había válidos sus frutos. Se encontraba justo en frente de la casa de Bobby. Sam debía de estar adentro, ayudando al viejo Alfa en alguna de esas cosas geek que tanto disfrutaban ambos investigadores.
Tocó la puerta y esperó impaciente, balanceando el peso de su cuerpo de una pierna a otra. Dean esperaba que fuese su Sammy quien abriera la puerta. Pero no fue así.
—Dean —dijo boquiabierto. Él había visto el cuerpo despedazado del mayor de los hermanos, también había ayudado al destrozado Omega a preparar el cuerpo que nunca fue quemado. Era triste ver cuando un vínculo tan fuerte como el de esos dos se destrozaba. Más de una vez el menor le había dicho que aun podía sentir a su amado como si aún continuase con vida.
—¿Porque me tiras agua? —giró la cabeza a un lado para escupir el agua que se había metido en su boca.
—Quería estar seguro —comentó aun no del todo seguro si bajar la guardia o enterrarle un cuchillo en el corazón.
—Sabes que soy yo, no huelo a maldito azufre sino a Dean sexy —intentó hacer una broma, pero sin duda la cara de Bobby lo incitaba a preocuparse y también a cerrar su bocota—. Me hare las pruebas que quieras, pero primero ¿dónde está Sammy?
Dean asomó la cabeza dentro de la casa, tratando de ver una figura conocida. El hogar de Bobby olía a Sam, pero el olor no era reciente, entonces si Sam no estaba allí ¿dónde estaba?
Tuvo que esperar a que Bobby lo usara como un conejillo de indias para probar que en realidad era él y no algún ser sobrenatural usurpando, o ya sea imitando su cuerpo.
Bobby fue el primero en romper el silencio.
—Dean, tu hermano…el…bueno —Al parecer eso de afrontar la situación pintaba mucho mejor en la mente del chatarrero que en la realidad.
—Bobby ¿dónde está Sammy? —exigió, sintiéndose impaciente de averiguar el paradero de su otra mitad.
—Dean, sabes que las leyes de la Comisión de Alfas nos vale un pepino, y que los cazadores no nos regimos por sus estúpidas reglas. Solo nos importa saber cómo matar a cada uno de esos hijos de puta que salga del infierno. Cada cazador sin importar su género se gana su lugar en este mundo de sombras como lo hizo tu hermano —hizo una pausa para mirar a Dean y saber que tenía toda su atención.
Dean escuchó atentamente el discurso de Bobby, el hombre siempre tenía algo que decir, nunca hablaba por hablar y eso fue lo que asustó al joven Alfa en ese momento.
—Walker —Bobby sólo necesitó de un nombre para poner de cabeza el mundo de Dean.
—Espera, espera ¿qué tiene que ver en todo esto ese hijo de puta caza vampiros? Porque la última vez que supe de él fue cuando intentó matar a Sammy. El muy desgraciado —De sólo acordarse de aquel suceso sintió un instinto asesino calar cada parte de su cuerpo.
Bobby suspiró y se preparó para la explosión.
—Walker se apareció por aquí una tarde con la policía y la maldita Comisión de Alfas, diciendo que yo ocultaba a un Omega sin hogar ni Alfa —Bobby se sirvió un whisky y lo bebió en dos grandes tragos, luego sirvió otros dos y le paso uno a Dean, quien daba la apariencia de necesitar más que un trago, quizás la botella entera.
—Yo soy su alfa —gruñó, mientras bebía el whisky, aunque en ese preciso momento podría estar tomando lodo y le sabría igual.
—Estabas muerto, Dean. Además, todo olor de tu vida en Sam había sido extinguido, obviamente eras sólo un toque en su memoria y piel, nada más.
—¿Así que el hijo de puta hizo que metieran a Sammy en una maldita institución para Omegas desamparados? —Ese siempre había sido el mayor temor de su chico, el verse puesto en un sitio con extraños y siendo etiquetado como ganado. Ojala nadie haya puesto el ojo sobre su hermanito. Aunque siendo un Omega marcado no tendría mucha demanda, pero bueno, siempre había algún hijo de puta al cual no le importaba.
—No, Dean. Walker lo reclamó como su Omega. Alegó que yo no podía darle una vida digna al chico y bueno sólo tuvieron que revisar mi expediente y creer que el maldito tenía razón.
—¿Y tú dejaste que se lo llevaran? —Más que pregunta fue disparado como una acusación contra el viejo cazador.
—¡Diablo no! ¿Qué mierda tienes en la cabeza chico? Si no fuese por la alguacil Mills yo estaría en la cárcel por dispararle sal de roca a ese maldito —Bobby sólo hubiese deseado que en vez de sal de roca hubiesen sido balas de verdad, pero sin duda serviría más libre que en una maldita cárcel.
—Lo siento, Bobby. Sé que nunca dejarías que algo así pase. Dios, el único responsable de todo esto soy yo. Lo deje Bobby, yo… —Dean sintió como se ahogaba con la culpa y el dolor.
—No es como si hubieses decidido pasar unas vacaciones en el spa del infierno o ¿sí?
—No, claro que no, pero… —ni siquiera pudo terminar la frase cuando fue interrumpido por Bobby.
—Entonces, ¿te arrepientes de haber vendido tu alma? —cuestionó sabiendo las implicaciones de esa pregunta.
—¡Claro que no, Bobby! No podía dejar que muriera. Si alguien merece una segunda oportunidad de vivir es Sam. La vida le ha quitado tanto —podía sentir como se acumulaba el estrés en su nuca, como su garganta se cerraba dolorosamente y sus ojos picaban.
—Entonces déjate de culpas y céntrate en lo que realmente vale la pena. Tenemos que recuperar a nuestro chico —No solo Dean tenía culpa acumulada, Bobby también. Él fue el que estuvo allí cuando se llevaron al chico de su casa, pudo oler el miedo que irradiaba el cuerpo del menor; y simplemente tuvo que ser un espectador ante tal injusticia.
Recuperare a mi chico y matare a ese hijo de puta. Esas eran las únicas prioridades para Dean. ¿Que si acaba de salir del infierno? Que más daba, ya se preocuparía del cómo y por qué estaba fuera de ese agujero.
Con mucha más calma el viejo Alfa le había explicado todo a Dean, desde lo destrozado que había quedado Sam al perder no solo a su hermano sino a su pareja, su vínculo directo con su corazón. También que Sam había sido llevado ya hace tres meses y por más que Bobby hubiese hecho, no había dado con el paradero de Walker.
Había tantos sentimientos floreciendo en el interior de Dean, irá, pánico, temor de lo que estuviese pasando su hermano. Si Dean tenía los cálculos bien, Sam tuvo que haber pasado su último calor con ese maldito hijo de puta.
Sólo esperaba poder recuperar a su hermano tal y como siempre fue, y no un despojo de ser humano. Sam podría entrar en una fuerte depresión al ser tomado por otro Alfa, y eso podría llevarlo a la muerte. Ya una vez lo había salvado de los brazos de la muerte y como consecuencia había pasado cuarenta años en el infierno y si tenía que perder a su hermano nuevamente, está vez se irían los dos.
Cuando Sam se dio a conocer como un Omega en su primer calor a los 16 años, John Winchester armó tal escándalo al saber que después de todo no tendría dos hijos Alfa que le ayudarían a seguir con el negocio familiar. Lo peor era que el patriarca Winchester ya tenía planes a futuro, y el tener que dar un paso atrás y reformarlos fue peor que un golpe en los bajos, y no hubo día de su existencia en que no se lo echase en cara a Sam.
Dean odió a su padre por tratar a su hermano con tacto rudo y con ese desprecio que aparecía en su voz y su mirada cada vez que se refería a él. Por suerte para su hermano él siempre estuvo allí, a cada paso para sostener su peso por si caía.
El tiempo que John Winchester vivió, Sam tuvo que tomar sus supresores religiosamente y en cada cacería tenía que ponerse bloqueadores de olor, sin tener derecho a decidir si los quería o no.
Los Omegas nunca fueron conocidos por dar su opinión en la sociedad, pero para Dean la voz de su hermano era palabra santa y si Sammy quería algo, él se lo daba sin importar lo que fuese. Para él su hermano nunca tuvo que fingir, ya que lo amaba como era y no como la versión bizarra en que su padre lo quería convertir a la fuerza. Pero, ¿cómo obligar a un pez volar?
Sin importar que Sam fuese un Omega y que la sociedad nunca estuviese a su favor, toda la comunidad cazadora sabía que meterse con el hermano menor de Dean Winchester era buscar una muerte segura y dolorosa. Además, Dean se había encargado de enseñarle a Sam a ser un excelente cazador, tan bueno para ser su compañero de caza y para ser respetado por la comunidad cazadora sin importar su género.
En el campo de batalla lo que nazcas no vale nada, sino como luchas contra el mal. Y eso era algo que Sam hacia mejor que respirar.
Sam abrió con pesadez los parpados, deseando que ese fuese el último día de su sufrimiento.
Perder a su hermano casi lo había matado, pero había podido vivir con el dolor, ya que, si se daba por vencido estaría traicionando el amor que tanto le tenía. Un amor tan grande que decidió poner su alma en la parrilla por un simple Omega como él.
Con la ayuda de Bobby había llevado el cuerpo de su hermano hasta el lugar donde le daría sepultura. Bobby había querido salar y quemar el cuerpo, como con todo cazador, pero Sam se había negado. Quemar a Dean habría sido quemar cualquier residuo de esperanza que aun hubiese en su corazón.
Un mes después de la muerte de su hermano fue cuando comenzó su verdadero sufrimiento. Una mañana apareció Walker con la Comisión de Alfas, solicitando ser su nuevo Alfa. Cuando Sam escuchó tal disparate se negó de inmediato, olvidando que no estaba hablando con simples cazadores sino con los idiotas que apagaban sus luces, confiados de que no tenían que temer a nada en la oscuridad.
Las personas que vivían en las sombras eran ignorantes de los monstruos que los acechaba, tratando de convertirlos en su próxima cena, también eran los que juzgaban por el género. Sam era un Omega, y eso era más que suficiente para hacerle a un lado y regatear su vida como si fuese ganado.
Muchas palabras se dijeron, pero Sam no pudo concentrarse en nada más que lo irreal que figuraba ser la situación. Estaba atónito, sin habla y temeroso del desenlace final de la historia. No fue hasta que escuchó el disparo de una escopeta que supo que ya nada volvería a ser lo mismo en su vida.
Cuando Sam vio a su hermano ser destrozado por los perros del infierno pensó que no habría dolor más grande que perder al amor de su vida. Estaba tan equivocado.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo desnudo. Desde el primer momento en el que Gordon lo tiró a ese frío y oscuro sótano le dijo que se desnudara, claramente Sam se había negado y lo Walker lo había golpeado con saña por su desobediencia. La próxima vez que Sam se había despertado estaba completamente desnudo y hasta entonces no había podido sentir la calidez de un trozo de tela sobre su piel helada.
Sam salió de sus pensamientos cuando la puerta del sótano se abrió y Gordon bajó los escalones con una bandeja de comida en la mano.
A pesar de su situación, Sam aún era fiel al vínculo que tenía con su Alfa, su verdadero Alfa no ese idiota con ínfulas de grandeza. La fidelidad que le tenía al recuerdo y al amor de su pareja muerta le había causado problemas. El nunca demostraría obediencia, o ya sea respeto por alguien como Gordon que al saberse Alfa pensaba que todo Omega debía de besar por donde caminase.
Quizás en uno de sus actos de desobediencia Sam lograse hacer que Gordon pierda los estribos y lo reúna con su hermano en el infierno, porque, con tal de estar al lado de su pareja, Sam estaría dispuesto de ir al infierno y a donde sea que haga falta.
—Aquí tienes tu desayuno, Sammy. Desayuno de campeones —Gordon esbozó una sonrisa de autosuficiencia al ver como el rostro de su prisionero se descomponía en una mueca de asco.
Sam trató de no estremecerse ante el plato de comida que había sido colocado con poca gentileza a sus pies.
—Sigue así y morirás de hambre —profirió con burla.
—La alternativa no suena tan mal —comentó, manteniéndole la mirada a Gordon. Cualquier Omega en su posición habría bajado la cabeza y hubiese ocupado una posición de sumisión, pero Sam no era como cualquier Omega.
—¡Maldita perra! Tarde o temprano tendrás que comer. La muerte es un manjar muy dulce para una abominación como tú —comentó despectivamente.
Sam se estremeció ante esa palabra. Desde que se había dado a conocer su género había sido llamado por muchos nombres, pero "abominación" iba mucho más allá de un insulto. Era el recordatorio de la sangre de demonio corriendo por sus venas, y Walker sabía cómo usar esa pepita de información a su favor.
—¡Púdrete hijo de perra! —gritó enfurecido, escuchando el tintinar de las cadenas ante su arrebato de ira.
—No, Sammy. Aquí yo soy el que jode, y te jodo a ti porque eres mío —Gordon se aproximó con furia al Omega encadenado. El menor de los Winchester aún no se había quebrado, pero él podía decir que ese momento estaba cerca.
En los tres meses que Sam había sido llevado de la casa de Bobby, cada vez que Walker bajaba esos escalones y usaba cada rincón de su cuerpo como si realmente fuese suyo, Sam había luchado con puños, dientes y patadas, pero el resultado siempre era el mismo ya que sin importar cuanto luchase terminaba perdiendo un pedazo de su alma, de su corazón y del amor que sentía hacia Dean. Sentía que con cada toque en su cuerpo traicionaba el lazo que los unía.
—No me toques —gruñó de cara contra el piso, sintiendo como Gordon se montaba en su espalda y tiraba de las cadenas de sus muñecas para someterlo con más facilidad.
—Si no recuerdo mal hace dos meses no pedias lo mismo —dijo con burla. Con la certeza completa de tener al menor de los Winchester bien inmovilizado. Gordon comenzó a desabrocharse el cinturón—. No te preocupes, cariño. Esta vez será rápido ya que tengo una cacería en el siguiente estado y regresare en una semana.
Sam se estremeció ante el recordatorio de su celo cuando sin importar cuanto su mente gritara porque parara y cerrara la boca su cuerpo actuaba solo, suplicando ser llenado. Sam nunca se odió tanto como en esos tortuosos tres días donde su cuerpo suplicaba por lo que ahora aborrecía.
Después de pasar su celo en las manos de Walker, Sam se sintió enfermo de sí mismo. Cuando estuvo en completo control de su cuerpo se prometió que si para su siguiente celo no había escapado entonces buscaría la manera de morir.
—Sólo gózalo, Sammy —susurró en su oído, mientras embestía en el Omega con rudeza—. Dean murió, y ya nadie podrá protegerte.
Sam cerró los ojos y trató de fingir que no era su cuerpo el que estaba siendo agredido, que no era su hermano y amante el que había muerto, que no era su persona la que no valía nada.
Cuando Walker terminó su asunto se subió los pantalones y salió del sótano como si nada hubiese pasado. Sam aguantó las lágrimas hasta que escuchó el sonido del auto de Gordon perderse en la distancia.
Contrólate, no te rompas. Aún no. Sam tomó aire y trató de calmarse, deshacerse en llanto y revolcarse en su miseria no le serviría de nada. Tenía una semana libre de la presencia de Gordon, una semana para escapar.
El plato de comida aun descansaba a sus pies. La comida se veía sabrosa como siempre. Al principio cuando Sam había sido llevado por Gordon se había visto desconfiado a probar bocado, pero sabía que de nada serviría debilitarse, necesitaba mantener sus fuerzas para poder escapar. La comida siempre tenía un sabor extraño, aunque Sam la atribuyó a que al cazador no se le daba bien la cocina.
Al mes de estar en ese sótano, Gordon le reveló con mucha diversión su ingrediente secreto. Ese día Sam había vomitado por lo que parecieron horas.
Ante el solo recuerdo de haber estado saboreando el semen del cazador en cada bocado sintió como la bilis subía su garganta. Cuando se inclinó para tomar el plato y aventarlo contra la pared se dio cuenta de la estupidez de Gordon. Una cosa tan simple que provocó una risa desquiciante en el menor de los Winchester.
Él iba a escapar de ese infierno y el tenedor en su mano seria su llave hacia la libertad.
Dean caminaba de un lado a otro en la cocina de Bobby, esperando con ansias a que el chatarrero terminase esa llamada que les podría ayudar a localizar a su chico.
Dean se sentía tan abrumado por no haber sentido lazo alguno con su Omega, y ahora, prácticamente podía sentir la angustia y el sufrimiento de su hermano como si fuese propio.
En los dos días que tenia de estar fuera del infierno había fantaseado con mil maneras para hacer que Walker pagase por su estupidez. Dean se aseguraría que ese fuese el último error en la hoja de vida del cazador.
—Estamos de suerte, chico —comentó Bobby, sacando a Dean de sus pensamientos de sed de venganza—. Tal parece que Pamela anda por el vecindario así que dijo que a lo mucho durara dos horas en aparecer por aquí.
—Y porque esperar a que ella venga acá, acaso no puede buscar a Sam a larga distancia —Dean sabía que estaba siendo fastidioso y desesperante, pero cada hora que pasaban sin dar con Sam era una horas más que Walker tenía con su chico.
—Chico esto no es como buscar en internet, ella necesita tiempo, concentración y algo de Sam —Al igual que el mayor de los Winchester, Bobby también ansiaba hacer algo productivo y no tener que sentarse a esperar como un completo inútil.
Las dos horas se convirtieron en tres. Ambos cazadores suspiraron de alivio al escuchar como un auto se acercaba a la propiedad para minutos después detenerse y escucharse un golpe firme en la puerta de entrada.
—¡Bobby!
Dean vio con diversión como como esa delgada, pero alta mujer levantaba a Bobby unos centímetros del suelo en un enérgico abrazo.
—Pamela —Bobby sonrió con diversión—. ¿Qué te tomó tanto maldito tiempo?
—Vamos, Bobby. Deja de ser tan cascarrabias e invítame a pasar —Pamela dirigió su mirada al chico tras de Bobby—. Tú debes de ser Dean. Recién sacado de su empaque —le guiñó un ojo con picardía.
Dean esperó a que Pamela se adentrara en la casa para acercarse a Bobby y murmurar por lo bajo.
—Soy yo o entre tú y ella… —Dean levantó las cejas en forma sugestiva.
—Mueve el culo y deja de fastidiar —Bobby gruñó, dándole un revés a Dean con la gorra.
Cuando ambos cazadores llegaron al estudio se dieron cuenta que Pamela ya había montado todo para empezar con la sesión.
—Si ya dejaron de cuchichear como quinceañeras hormonadas pueden tomar asiento —dijo Pamela.
—Espera, Bobby dijo que necesitabas tocar algo de Sammy —comentó Dean, pensando en hacer una carrera rápida para buscar algo de su hermano.
—Claro que sí, querido —Pamela sacó la silla para que Dean se sentara—. Disculpa si disfruto más de lo necesario poniendo mi mano sobre tu musculoso brazo.
—¿Disculpa? —preguntó confundido.
—¿Por qué tocar artículos de tu hermano cuando puedo tocarte a ti? Tú eres como un faro para Sam —dijo la psíquica—. Donde esté tu hermano estará una parte tuya. Así que ¿ya puedo poner mis manos sobre ti?
Voy por ti, Sammy. En cuanto Pamela le dijese la ubicación de su chico, Dean partiría como alma que lleva el diablo.
MacGyver estaría tan orgulloso de su método de escape que seguramente pediría que le enseñe la famosa técnica de escapar con un tenedor de cuatro dientes.
Le llevó un día entero liberar sus muñecas y tobillos. Gordon siempre había sido muy quisquilloso a la hora de cerrar puertas y asegurar cadenas, pero nunca pasó por su pobre mente desconfiar de que su tortura con la comida contaminada servida en vajillas finas y cubiertos pulidos podrían ser su más grande error.
Fue glorioso estar fuera de las cadenas que lo habían retenido por tres largos meses. Ahora tenía que ver como salía de ese maldito sótano y empezar a correr sin detenerse. Lastimosamente el tenedor estaba arruinado y realmente cuestionaría su utilidad para forzar una puerta.
Sam subió los escalones con las piernas temblorosas, la cojera era evidencia clara de lo maltratada que estaba su parte trasera y con cada paso podía sentir como el dolor crecía.
Por puro optimismo Sam tomó el pomo de la puerta y lo giró, sintiéndose estúpido cuando este no cedió. Mirando a su alrededor se dio cuenta que la habitación estaba completamente vacía.
Sam golpeó la puerta con frustración, había estado tan cerca de huir que la idea de tener que seguir allí atrapado lo hizo desplomarse en los primeros escalones y llorar sin percatarse del sonido de un coche deteniéndose.
Gordon estacionó el auto lejos de la casa, esperando que Dean no se le haya adelantado.
Había estado en la estación de policía indagando más sobre las muertes misteriosas cuando había recibido un mensaje de texto que lo había dejado helado.
"Dean Winchester vive" había leído. Las voces a su alrededor se habían aislado y así como había llegado el miedo, la ira se apoderó de sus pensamiento. Sin siquiera pensarlo había abandonado el caso y conducido de vuelta a casa. Si el Omega no podía ser suyo no sería de nadie.
Grande fue la sorpresa de Gordon al abrir la puerta del sótano y encontrar a Sam en los primeros escalones. ¿Cómo demonios se había podido soltar?
No tenía tiempo, en cualquier momento aparecería la caballería en su puerta clamando por la perra perdida. Gordon estiró la pierna y le estampó una patada a Sam en las costillas, mandándolo escaleras abajo.
Al final de la escalera, sobre el piso de cemento yacía Sam en un charco de su propia sangre.
Bueno, al menos no armara revuelo. Gordon pensó con una sonrisa maliciosa cuando se acercó al cuerpo inconsciente. Lo cargó como a un saco de papas y lo llevó al piso de arriba. El cazador tiró sin cuidado alguno a Sam en el piso de madera.
Podía sentir que estaba en movimiento, quizás dentro de un auto.
Sam no estaba aún del todo consciente, pero conforme avanzaban los minutos su mente se fue aclarando debido al dolor que empezaba a palpitar en cada parte de su cuerpo. Podía sentir como su brazo derecho dolía horriblemente, junto con sus costillas y su cabeza, su tobillo también dolía, pero no tanto.
A través del dolor pudo darse cuenta que estaba maniatado y amordazado. Por el espacio apretado y el movimiento podía deducir que iba en la cajuela de un auto. El auto de Gordon.
Gordon había dicho que se iría por una semana y solo habían pasado dos días, ¿que había pasado para que el cazador dejara la caza de lado?
Pero lo más importante era ¿de qué estaba huyendo?
¿Acaso Bobby había descubierto donde lo tenía Walker y había ido en su rescate?
El miedo de lo desconocido lo estaba volviendo loco ¿y si Gordon había decidido venderlo o prostituirlo para general dinero?
Él era un Omega después de todo, y los Omegas tenían un precio muy generoso en el mercado negro.
Sam comenzó a patear lo mejor que pudo las paredes de la cajuela. Seguramente Gordon había escuchado su ruido porque había procedió a subir el volumen de la radio. Sam decidió que esta vez no se dejaría vencer tan fácil, el pateó y pateó cada vez más fuerte hasta escuchar una maldición por encima de la música. El auto fue disminuyó la velocidad y se ahorrillo para detenerse.
Sam escuchó como la puerta del conductor se abría y pasos pesados se acercaban a la parte trasera del auto. Contuvo la respiración cuando la cajuela se abrió bruscamente.
—¿Por qué demonios tienes que ser tan molesto? —gritó encolerizado, encestándole un golpe en el rostro al Omega.
La ira de Gordon era tanta que lo distraía de su plan inicial, y fue esa ira lo que ayudó a Sam a ver su ventana de oportunidad.
Sam levantó una pierna y pateó al cazador en la cara. Valiéndose del aturdimiento de Gordon, Sam salió de la cajuela casi de un brinco, ignorando la intensidad de luz y su cuerpo adolorido.
Tenía que huir. Él sabía que sí Gordon lo estaba moviendo de lugar era porque su escondite había sido comprometido. Alguien, o algo tenían aterrorizado a Gordon hasta el punto de hacerlo correr como un lunático.
Toda su vida Sam había sido tratado acorde a su condición, siendo llamado inferior, perra, débil, un estorbo. Su vida siempre fue dura, sin importar que tuviese a Bobby y a su hermano en cada paso que daba, pero ahora, esta vez estaba solo y no esperaría a ser rescatado.
Sí, era un Omega, pero no por eso tenía que ser el Omega de todo aquel que lo quisiera así.
Era su oportunidad de ser libre, o morir en el intento.
Sam corrió por el bosque sin saber a dónde se dirigía exactamente, no tenía tiempo de pararse a liberar sus manos, o quitar la molesta mordaza de su boca. Tampoco podía detenerse a escoger un camino que no molestase sus pies descalzos. Bueno, por lo menos Gordon había tenido la compasión de ponerle un pantalón pijama.
Podía escuchar las maldiciones y los pasos de Gordon a su espalda. Sam era un buen cazador, pero en esta ocasión era superado. En primer lugar, tenía las manos aun atadas, en segundo, estaba débil por la falta de comida y de agua. Y como si fuese la guinda del pastel su cuerpo estaba tan adolorido por los meses de ser el juguete de Walker.
Por el rabillo del ojo pudo ver como Walker cortaba camino y se lanzaba sobre él. Sam cayó con fuerza a unos metros del cazador. Una voz dentro de su cabeza le gritaba que se pusiera de pie y siguiera corriendo, Sam trató de levantarse a pesar de que su pierna derecha se había roto en la caída.
Sam se dio por vencido en sus vanos intentos de levantarse y se tumbó de espaldas. Las lágrimas nublaron su visión y rápidamente se desbordaron por los costados de su cabeza.
Lo siento, Dean. No fui tan fuerte. Espero que me perdones. Sam se convulsionó en sollozos y esperó sentir la ira de Walker como quien espera ir a la silla eléctrica.
—¡Maldito pedazo de mierda! ¿Acaso pensaste que podías huir de mí? —Gordon gritó, quitándole la mordaza con violencia—. No eres más que una puta, no eres nadie —le dio una patada en sus costillas ya mallugadas.
Sam gimió a través de sus sollozos, sólo podía esperar en primera clase a que Gordon termine rápido con su vida. Estaba tan cansado. Una risa histérica se fundió con su llanto; que tonto fue al pensar él podría ganar, que podría ser libre, que quizás algún día volvería a ver a su pareja.
—¿De qué te ríes maldita perra? —Gordon puso su pie sobre la pierna rota del Omega, sacándole gritos desesperados de dolor.
—De ti… de tu estu…pida cara —dijo a través del dolor. Sam sonrió con satisfacción al ver la mirada asesina en el rostro del cazador.
Pronto acabara el dolor. Pensó como consuelo cuando sintió el cuerpo pesado de Gordon a horcajadas del suyo. Las manos del cazador se dirigieron a su garganta y se enroscaron con fuerza allí.
—Desearía que tu estúpido hermano pudiese verte ahora, que viera lo débil y patético que es su hermanito menor. Te follaría frente a él para que vea que sólo eres una perra en celo, un agujero que llenar —Gordon escupió con desprecio, sintiendo como su excitación crecía al apretar el cuello del Omega. Podía oler su miedo y sabía que no estaría mal darle un último uso a ese hermoso y roto cuerpo.
Gordon soltó una mano del cuello de Sam y empezó a bajar el pantalón del chico con la otra, empujándolo con una pierna hasta sacarlo de su escuálido cuerpo.
Sam intentó en vano frenar las acciones del cazador. Podía sentir el aire fresco en su piel desnuda, también podía sentir el calor de la vergüenza y la rabia ascendiendo por cada parte de su cuerpo. ¿Acaso era mucho pedir irse de esa vida con algo de dignidad?
Sam imaginó su cuerpo desnudo, roto y sin vida siendo dejado en ese bosque. Abandonado como basura. Entre su agonía y su aturdimiento llegó a una conclusión tan dolorosa como el acto mismo que estaba por experimentar; él no quería morir allí y mucho menos con la polla de Walker entre sus piernas.
—No te desmayes, chico. Viene la mejor parte —comentó mientras separaba las piernas de Sam y se posicionaba entre ellas. En cuestión de segundos su miembro estaba fuera de sus pantalones y buscando la maltratada entrada del Omega—. Siente afortunado, perra. Te iras de este mundo dándome placer una última vez —agregó con satisfacción al enterrarse en el interior del Omega y escuchar la queja ahogada por la falta de aire.
Gordon no vio venir el golpe hasta que se encontró de espaldas, escuchando el sonido de su muerte. La voz de Dean Winchester.
Tan pronto como Pamela había hecho su cosa psíquica y les había dado la dirección de la cabaña donde se encontraba el menor de los Winchester, Dean y Bobby prácticamente habían salido disparados hacia el auto.
Bobby se pateaba por ser tan idiota y no haberse esforzado más. Había tenido a su chico a tan sólo tres horas de distancia.
La cabaña ciertamente estaba a tres horas de distancia, pero con Dean al volante se redujeron a dos. Dean salió del coche y sacó su arma, preparado para deshacerse de cualquier obstáculo en el encuentro de su pareja.
—Este lugar huele a Sammy —Por no mencionar la pestilencia a sangre y otros fluidos levemente esparcidos por las paredes de la casa. Como si una fuerza mayor guiara sus pasos, Dean caminó hacia la puerta que daba al sótano—. ¿Sammy?
—Se han ido, Dean —comentó Bobby ante la obvia habitación vacía—. Creo que se fueron hace no mucho.
Dean trató de concentrarse en la voz del viejo cazador e ignorar el malestar en su estómago al ver las cadenas que adornaban la pared.
—¿Cómo lo sabes? —inquirió, desviando la vista de los grilletes.
—Esta sangre al pie de la escalera aun esta tibia —Bobby suspiró, no sabía si sentirse aliviado o en gran medida preocupado, pero por el momento trabajaría con lo que tenía—. Algo me dice que le estamos pisando los talones.
—Entonces no perdamos más tiempo y encontremos a Sammy —propuso con determinación. Dean ya tendría tiempo de sobra para preocuparse, llorar y rabiar, pero solamente cuando tuviese a su chico entre sus brazos.
El auto de Walker estaba estacionado a un costado de la carretera a unos ocho kilómetros de la cabaña, estaba con la cajuela abierta y nadie a la vista. La deducción del chatarrero fue que Sam seguramente había dado una escapada y el cazador de vampiros le había seguido los pasos.
—Tendremos que separarnos —comentó el viejo cazador.
—Lo mismo pienso —le secundó Dean—. Bobby, cuídate.
—Tú también, muchacho.
Dean había avanzado unos trecientos metros cuando una oleada de aire le llevó el aroma de su chico. Sabiendo que iba por el camino correcto, Dean apresuró su paso viendo algunos arbustos doblados y algunas pisadas que guiaron su camino.
Sam no estaba lejos, conforme avanzaba con cautela casi podía sentir su presencia como también su dolor. El olor era otro asunto, el aroma de su pareja siempre había sido dulce y floral, pero ahora, se mezclaba y con la pestilencia de Walker.
Dean se detuvo en seco cuando encontró a Sam. la escena que estaba frente a sus ojos lo hizo ver rojo. En ese momento Dean dejó de ser un cazador común y cualquiera y se convirtió en el torturador perfecto de Alastair.
—Gordon Walker —Dean encestó una patada en el rostro del Alfa, lanzándolo de espaldas.
—Dean —Gordon miró el rostro de quien se suponía estaba en el infierno y no saldría de allí nunca. La mirada de Dean auguraba sangre y mucho dolor, pero Gordon, siendo el presumido que era atribuyó que todo era pura y mera fachada del Winchester mayor—. Oh no te preocupes que cuando acabe con la perra puedes tomar tu turno.
—¿No sabes cuándo cerrar la boca, Gordi? —Dean apuntó su arma y le disparó en la mano a Walker viendo las intenciones que tenia de coger el arma que estaba en el suelo—. Aléjate de él.
—Tú te fuiste y lo dejaste —gritó con ímpetu desde el suelo—. La ley me lo dio y ahora me pertenece.
—Lo único que recibirás el día de hoy es una muerte muy, pero muy dolorosa.
Dean echó una segunda mirada a su chico, sintiendo como el fuego crecía en sus entrañas al ver las marcas de cadenas por encima de las ataduras en sus manos, moretones en cada parte de su cuerpo, la sangre seca en el costado de su frente, pero nada lo hizo enfurecer más que ver como Gordon lo había estado usando, violándolo, como si fuese lo más normal del mundo.
Tal parecía que Sam estaba inconsciente, y Dean se alegró por ello. El chico ya había sufrido mucho, no necesitaba ver lo que haría con Walker. La cosa se pondría fea, pero después de todo ¿quién extrañaría una basura como esa en la vida?
Cuando Dean terminó con Walker, este era solamente una masa de carne irreconocible en el suelo. Había más sangre de Gordon en Dean que en Gordon mismo.
—¡Santa mierda! —jadeó Bobby. La escena que tenía a sus pies era de horror, pareciera que Gordon había sido comido y luego regurgitado por un wendigo. Huesos rotos y salidos del cuerpo del cazador, dientes dispersos por el suelo, tajos de piel faltante. No es que Walker no se mereciera todo eso y más, lo que molestaba a Bobby y le dejaba un mal sabor de boca era que todo ese horror había sido causado por Dean.
Había un aura de psicópata en el chico que a Bobby le puso los pelos de punta. Aunque rápidamente su preocupación fue dirigida al menor de los Winchester, quien yacía en el suelo del bosque con lo que parecía ser sólo la chaqueta de Dean cubriendo su cuerpo desnudo.
En ese momento el viejo cazador de Dakota deseó haber llegado antes al baño de sangre y asi haber podido tener su buena porción de Gordon.
—Aunque no lo creas fui misericordioso con él, Bobby —gruñó, respirando con agitación.
Dean parpadeó repetidamente como si acabase de salir de un ensueño. El cuerpo mutilado de Gordon Walker le recordaba el monstruo que había tenido que ser en el infierno, pero también le recordaba los horrores que había pasado su pareja, y los que ya nunca tendría que sufrir.
Dean Winchester estaba devuelta y cuidado de aquel que siquiera pensara en cometer los mismos errores de Walker.
Vamos a casa, Sammy.
Sam se veía tan pacifico durmiendo que Dean casi deseaba que se quedase así, porque cuando su chico abriese esos hermosos ojos un mundo de dolor tanto físico como mental se le vendría encima.
Dean aun podía oler el pútrido olor de Gordon en cada parte del cuerpo de su chico. Olores recientes y de días pasados. Las cicatrices en la piel cremosa de Sam hablaban de la marca que había dejado la mano del ahora muerto cazador.
—¿Cómo sigue el chico? —dijo Bobby desde la entrada de la habitación, no se atrevía a entrar y ver lo mal que le había fallado a uno de sus chicos.
—Aún sigue descansando —Dean abandonó la silla en la que estaba sentado, justo al lado de la cama en espera de cualquier mínimo movimiento de Sam. Una risa sarcástica escapó de su boca—. Sabes, el tiempo que estuve allá abajo pensé que había sido miserable, pero el verdadero infierno estaba aquí, tras Sammy.
—Ambos han sufrido demasiado, y ambos serían capaces de pasar por mil infiernos con tal de estar juntos —Un poco de valor se caló en los huesos del cazador, atreviéndose no sólo a dar un paso sino a sentarse a los pies del colchón—, Pero déjame decirte que lamentándote nunca resolverás ningún problema. Tu estas aquí y Sam también, y eso es todo lo que necesitan para sanar sus heridas.
—Pero ¿qué sucede cuando las heridas son muy profundas? —miró a su hermano y sintió como se le encogía el corazón.
—Entonces cierras la boca y estas allí incondicionalmente. Nunca te rindes —comentó, mientras pasaba sus dedos por las hebras castañas del más joven Winchester.
Bobby sonrió con nostalgia al recordar su vida junto a su bella esposa Karen, una Omega esplendida, cariñosa e inigualable mujer, había tenido tanta suerte al tenerla.
Cuando Sam se había dado a conocer como Omega, para Bobby siguió siendo el mismo chiquillo que siempre tenía mil preguntas, el mismo Winchester cabeza dura y valiente que había demostrado ser. Para Bobby las palabras Alfa, Beta y Omega, eran simplemente etiquetas idiotas.
El nunca vería a Sam como débil, o menos por ser un Omega. Sam era un gran cazador, era su igual y también su hijo.
Bobby sabía que sólo estorbaría en ese momento, los chicos necesitaban hablar, sentirse, encontrarse entre ellos, y bueno, ciertamente el no quería ser testigo de ciertas muestras de afecto.
Sam fue recobrando lentamente la conciencia, dándose cuenta que hasta el simple hecho de respirar le era una tortura. Al principio estaba temeroso de abrir los ojos y darse cuenta que se encontraba en algún lúgubre sótano con un grillete en torno a su tobillo y con Gordon a la espera de hacerle pasar un mundo de dolor y humillación.
A pesar del miedo de ver lo que podría ser su nuevo infierno, abrió los ojos y se quedó estático de lo que vía, sentía y olía.
Una estela de olores invadió sus fosas nasales, empezando por el café recién colado, luego vinieron los más familiares: madera vieja, gasolina, alcohol, sangre y libros polvorientos. Pero hubo un olor que le hizo pensar que todo era falso y claramente despertaría en manos de Walker.
Dean, todo el sitio tenía el inconfundible aroma de su hermano, su Alfa.
Lo último que recordaba era estar siendo asfixiado por Walker mientras este lo usaba a su antojo una vez más. Después todo se había ido poniendo borroso hasta apagarse, y justo antes de parpadear por lo que él pensó sería la última vez, creyó escuchar a su hermano.
¿Qué está sucediendo? Pensó con temor.
De alguna forma temió que se tratase del efecto de una droga, quizás algo mágico que alterará su percepción de las cosas, y si era así entonces tendría que escapar ahora que Gordon se había confiado en su inconsciencia.
Sam logró exitosamente acallar un gemido cuando al intentar ponerse de pie se fue de espalda en la cama. Su pierna estaba rota, dificultándole su plan de escape. Sería muy notorio si trataba de huir brincando en una pierna, así que, con mucho cuidado de sus costillas rotas se tumbó de estómago sobre el piso de madera y se arrastró con el apoyo de sus brazos.
La pequeña victoria que había logrado tener se había esfumado cuando un par de botas se detuvo frente a su rostro. El miedo que Sam sintió en ese momento fue tanto que bloqueó todos sus sentidos, ignorando que el que estaba delante de él era nada más y nada menos que su alma gemela.
—¿Sam? Sammy. Soy yo, Dean —Dean rogó preocupado—. Shh, todo está bien. Estoy aquí y ya nunca te dejare —Dean sostuvo a Sam entre sus brazos sintiendo como su delgado cuerpo se sacudía en pequeños temblores.
Sam inhaló profundo tratando de calmar su acelerada respiración. En cada respiración sintió un toque familiar, pero no fue hasta que salió de la bruma y el miedo del retorno de Walker que la realidad lo golpeó tan fuerte como una bofetada.
El lazo que se había marchitado al morir su Alfa estaba latiendo con más fuerza que nunca, enviando ondas eléctricas a su corazón y su alma. Su Alfa estaba vivo, pero ¿cómo?
—Dime que no estoy loco, que esto no es una alucinación. Por favor dime… —cerró los ojos y trató de fundirse en esos fuertes y conocidos brazos—. Dime que al abrir los ojos aun seguirás aquí.
—Ni siquiera el infierno puede mantenerme lejos ti, mi amor —Dean besó la marca en el cuello de su chico. La misma marca que hablaba de la pertenencia del otro—. Estoy aquí y ya nunca te dejaré. Lo juro, Sammy.
—Dean... —Sam sollozó de alegría, sintiendo como los labios de Dean sobre su marca calmaban cualquier inseguridad ante el temor de abrir los ojos.
Sam se separó de los brazos que lo sostenían y cuando levantó la mirada y tropezó con unos ojos color jade sintió que todo el dolor que había pasado a manos de Gordon ya no se sentía tan pesado y desgarrador.
Claro que el trauma aún seguía en algún rincón oscuro y frío de su cabeza, pero con su Alfa allí había posibilidad de ser sanado, respetado y amado.
Dean sonrió mientras pasaba los dedos por los largos cabellos de su hermano. Después de un momento de sonrisas silenciosas, miradas de promesas de seguridad y amor se abrazaron y lloraron hasta que se sintieron un poco menos rotos.
Después de lo que parecieron horas de estar en la misma posición, Dean se levantó y cargo a Sam hasta la cama para poder tratar sus heridas.
—Quise esperar a que despertaras —lo último que hubiese querido era que Sam se despertase y entrara en pánico al sentir unas manos sobre su cuerpo—. Tal parece que tienes dos costillas rotas, tu muñeca izquierda esta hinchada mas no rota. Bueno, tu pierna sí que está definitivamente fracturada.
—Pudo haber sido peor —Sam se arrepintió tan pronto como las palabras salieron de su boca, la mirada tormentosa en el rostro de su hermano le decía que este se culpaba por cada una de su heridas—. Oye, estoy bien.
—No, no estás bien y todo es por mi culpa. Si tan sólo yo… —no pudo terminar la oración porque fue interrumpido por su hermano menor.
—Dean, estabas en el infierno. Sólo sucedió, no fue culpa de Bobby ni tuya. El único culpable en la ecuación es Walker, y por lo que me contaste le diste su merecido.
—Ese hijo de perra merecía sufrir más —gruñó, apretando los dedos en torno a las sabanas de la cama—. Ojala pudiese matarlo otra vez. Lo quemaría vivo.
—¡Dean, basta! Ese no eres tú. Sólo tratemos de olvidarlo ¿quieres? —Sam deseó poder caminar hacia su bolsa de ropa y hacerse de una muda para después darse una ducha. Había estado fantaseado con un baño desde que Gordon lo había llevado a aquel sótano.
—No, Sam. No quiero olvidarlo y tú tampoco tendrías que querer —Dean gritó exasperado, perdiendo por completo la forma en que su compañero se encogió de miedo—. Ese desgraciado merece morir una y mil veces, merece que le odies, no que quieras hacer como si nada hubiese pasado.
—Lo odio. De eso no tengas la menor duda. Lo odio por creer que poseía algún derecho sobre mí, por convertirme en esta cosa débil y temerosa —Sam respiró con dificultad y miró a su hermano a los ojos—. Querer olvidar lo que él me hizo no significa que quiera olvidar que lo odio.
El silencio creció tan espeso que bien podría ser cortado con un cuchillo. Dean miró el rostro afligido de su chico y deseó por una vez en la vida no cagarla cada vez que abría la boca.
—Sammy, yo…
—Déjalo —comentó cortante.
Dean se aclaró la garganta, disculpándose con Sam para luego abandonar la habitación. Al cabo de unos quince minutos volvió con un cuenco con algunas hierbas y un libro viejo y desconocido para Sam.
—Lamento ser tan idiota. Desearía haber estado allí para rescatarte de ese monstruo como siempre lo he hecho con todos los que quieren lastimarte —dijo Dean mientras rebuscaba cierta página en el libro.
Sam levantó la cabeza y escuchó con atención a su hermano.
—Sé que no puedo borrar las cosas que ese hijo de puta te hizo, pero si puedo estar allí para ti, para crear nuevos recuerdos, para darte una vida digna de ti —Dean tragó con dificultad ante la sinceridad de sus palabras—. Además, Bobby me dio este hechizo de sanación, así que al menos puedo curar tus lesiones físicas.
Sam sintió como las palabras se atoraban en su garganta. Dean tenía ese efecto en el cada vez que hablaba con el corazón. Sin saber que decir Sam prefirió guardar silencio y centrarse en el proceso de sanación. El hechizo era simple, nada de qué preocuparse.
—¿Duele? —preguntó al ver como la pierna derecha de Sam empezaba a iluminarse, lo mismo que debajo de su camisa.
—No. Sólo se siente raro —Sam sentía su pierna caliente y con un leve cosquilleo donde la magia iba reparando el hueso, finalizando con un leve pop.
—Bien —pasó su mano sobre el muslo de su pareja—. Creo que esto ya está listo.
—Gracias.
—Sólo seguí las instrucciones de Bobby, él fue el que hizo todo al dejar el hechizo preparado —Dean estaba por salir de la habitación cuando fue detenido por la voz de su chico.
—No sólo me refiero al hechizo sino a todo —Sam se levantó, tanteando el nuevo tratamiento de su pierna—, No sé cómo, pero gracias por volver del infierno, por volver a mí.
—No tienes que agradecer por eso, yo siempre volveré a ti, Sammy —sonrió con alegría—. Bueno, creo que te dejo para que puedas tomar tu baño de belleza en paz.
—Tú te bañaras conmigo, Alfa —Sam sonrió con diversión al ver como los ojos de su hermano asimilaban a los de un búho, Dean a veces era tan lento para ciertas cosas.
—Claro que sí mi hermoso Omega.
Dean se tomó su buen tiempo lavando cada tramo de piel de su pareja. Sonrió satisfecho cuando al inhalar sobre la piel de Sam lo único que recibió fue su siempre embriagante olor natural.
Al ya no tener que preocuparse por el cuerpo maltratado de su chico, Dean puso a Sam de cara con la pared, dejando todo ese tramo de piel pidiendo se marcada, el redondo trasero era la mayor tentación, pero ahora su prioridad no era demostrarle a Sam cuanto lo deseaba, sino ir a su ritmo y hacerle sentir amado.
Sam apoyó los brazos contra la pared, pegando su espalda contra el pecho de Dean. Sentir de nuevo a su Alfa en todos los sentidos de la palabra era tan desconcertante como agradable.
En los meses que estuvo con Walker nunca sintió deseo por él, ni siquiera cuando su celo hizo acto de presencia. Claro que en esos días estaba en necesidad de ser tomado por un Alfa, y aunque Gordon no era el Alfa que su cuerpo ansiaba, si era el que se había aprovechado de la situación. Sam estaba seguro que si no hubiese sido por su celo, Walker jamás hubiese despertado una mínima de curiosidad en su cuerpo.
—Necesito sentirte, Dean —Sam jadeó al sentir la vigoroso polla de su Alfa contra la separación de sus nalgas—. Quiero que me hagas recordar que soy sólo tuyo.
Dean se sintió temblar de pies a cabeza ante la solicitud de Sam, y ni lerdo ni perezoso se haría de rogar.
—Date la vuelta, Sammy —cuando Sam se dio la vuelta, Dean instó a Sam a brincar a su cadera, cuando estuvo seguro que no dejaría caer su preciada carga Dean salió del baño sin importarle que fueran desnudos y mojados por el pasillo, después de todo estaban solos.
Tras haber llegado a la habitación que compartían, Dean depositó con delicadeza a Sam en la cama. Sam siguió cada movimiento de su hermano por la habitación, viendo como este buscaba entre su bolsa unos condones y una botella de lubricante.
—¿Estás seguro de querer esto? —titubeó, esperando que Sam no se intentase forzar a sí mismo a hacer algo que no quería—. Sabes que te esperare el tiempo que haga falta.
—Estoy muy seguro de querer tu polla en mi culo —se rio ante la cara de sorpresa e excitación de Dean—. ¿Quieres tú?
—Diablos sí.
—Entonces mueve tu sexy trasero aquí.
—Adoró cuando te pones mandón, Sammy —Dean desgarró la envoltura del condón con los dientes y se lo deslizo con la naturalidad de quien lo lleva haciendo desde el nacimiento—. Te haré sentir amado, deseado, mío.
—Hazlo.
Sam se acostó de espalda y abrió lentamente las piernas, mostrando su polla erecta y un poco más abajo su agujero húmedo. Al ver lo mojado que está su hermano, Dean se subió a la cama y se colocó entre las piernas de su Omega.
—Ábrete más para mí, Sammy —Sin necesidad de decir más, Sam se agarró cada pierna con una mano y se las lleva hasta el pecho, quedando completamente abierto y expuesto para lo que su Alfa quisiera hacerle.
Dean inclinó su rostro hasta el trasero de Sam, sintiéndose salivar al ver cuán mojado estaba su hermanito. A ese ritmo no les haría falta ni una gota de lubricante. A tan solo escasos centímetros del apretado agujero, Dean tomó una pronunciada inhalación, llenando sus pulmones del aroma de su chico. Es tan adictivo que siente que morirá si en ese preciso momento no degusta del manjar que se le ofrece.
Sam casi pierde el control de sus piernas cuando sintió la lengua de Dean sobre su agujero. Su hermano volvió a repetir la acción, esta vez aventurándose a introducir su lengua en Sam, simulando ser un dedo. Era muy placentero para ambos, pero en igual manera agotador. Y si seguían así terminarían corriéndose sin haber logrado anudarse como tanto lo necesitaban.
—Dean... arg... para —Sam balbuceaba, tratando de recordar como conectar la lengua con el cerebro.
—Lo sé, yo estoy igual —En vez de bajar las piernas de Sam, Dean las guio hasta tenerlas sobre sus hombros—. Estas tan mojado y sólo para mí.
—Sí, sólo para y por ti —Sam jadeó ante la exigencia de la postura, podía sentir como sus piernas se contraían, dejando por completo al descubierto su palpitante agujero—. Anúdate a mí, ahora.
Dean no respondió con palabras sino con acciones. Tomó su polla entre su mano y la alineó a la entrada de Sam, sintiendo como las paredes internas de su chico abrazaban su miembro.
—¿Estas bien? —Dean se quedó quieto en el interior de Sam, esperando alguna señal de que todo estaba bien.
—Estaré mejor si empiezas a moverte —comentó con impaciencia—. Estoy bien, en serio.
—Bien —dijo para comenzar con las embestidas.
Sam tenía los ojos cerrados, disfrutando del momento. Dean se inclinó hacia los labios sonrosados de su chico para besarlo como si ese fuese a ser el primer y último beso en sus vidas. Sam jadeó al sentir como esa cercanía hacia que el miembro de su hermano llegase tan profundo, uniéndolos de una manera indescriptible.
—Me vuelves loco, Sam —dijo Dean entre besos—. Jodidamente loco.
—Bienvenido al club, hermano —Sam sonrió, podía sentir como el nudo de su Alfa se iba hinchando, llenándolo de una forma tan exquisita.
Sus cuerpos eran una mezcla obscena y placentera de olores. No había una sola parte de sus cuerpos que no hubiese sido tocada por el otro, era algo así como un acto de bienvenida.
El ritmo de las embestidas comenzó a ser más aceleradas al igual que los besos. Dean sujetaba con firmeza las muñecas de Sam, queriendo que su chico llegase al orgasmo sin necesidad de tocarse.
Sam estaba tan caliente que por un momento se preguntó si nuevamente había entrado en celo. Pero tan pronto como la duda apareció, también lo hizo la respuesta. Eso que sentía no era su celo, era el ardiendo deseo que sentía cuando está con Dean. Ningún otro hombre podría igualar lo completo que lo hacía sentir su Alfa.
La habitación se llenó de una cacofonía de jadeos y murmullos ahogados por los muchos gemidos. El ambiente se calentó y ambos hermanos llegaron al borde de sus orgasmos, dejándose caer en el placer de sus venidas.
Dean sintió que su cerebro se convertía en una masa gelatinosa a causa de su potente orgasmo. Con una sonrisa boba en la cara se dejó caer sobre el agitado cuerpo de Sam.
—Eso fue… —Dean no pudo terminar la frase porque fue interrumpido por Sam.
—Pesado —resopló el Winchester menor.
—Sí, pesad… espera ¿qué? —preguntó Dean un poco perdido.
—Estás pesado, muévete.
—Oh si, lo siento —Dean bajó con cuidado las piernas de Sam de sus hombros y se acomodó a su lado lo mejor que pudo a esperar a que bajara la hinchazón del nudo—. A veces olvido frágil que puede ser mi chica —comentó con burla.
—Y yo a veces olvido lo cavernícola que puedes ser —le devolvió la pulla con una sonrisa triunfante. Estar en la cama, unidos de esa manera era una sensación que Sam pensó que ya nunca reviviría, pero ni en sueños.
—Bien te gusta que este cavernícola te dé con su garrote.
Sam estalló en carcajadas al escuchar semejante comentario. Dios, sólo su hermano podía decir tantas tonterías el mismo día. Y sin importar cuan tonto fuese Dean Winchester, Sam lo amaba incondicionalmente sin importar que la boca de su hermano casi siempre los terminaba metiendo en uno que otro problema.
Las horas habían pasado, pero ninguno tenía prisa por salir de la calidez de la cama y mucho menos por la sesión de besos y metidas de mano que habían estado teniendo. Tenían que recuperar todo ese tiempo que estuvieron sufriendo la ausencia del otro.
—Aún me sigue pareciendo irreal toda la situación, digo que, estabas muerto y en el infierno y ahora estás aquí —Sam se abrazó con fuerza al cuerpo de su pareja, calmándose con su aroma.
—Vete acostumbrado porque no te librarás tan fácil de mi —devolvió el abrazo, acompañado de un posesivo beso.
—Bien —Sam guardó silencio por unos segundos, suspirando con tristeza—, Porque eso es lo último que quiero volver a hacer.
—¿Qué sucede? —preguntó, notando el aire sombrío que había caído sobre su hermano. Pasó distraídamente los dedos por las costillas un poco pronunciadas, ya tendría tiempo para poner más carne en esos huesos.
—Pensé que moriría en ese bosque con Walker... —El pasado lo alcanzó como siempre lo hacía, dejándolo todo tembloroso y vulnerable.
—Ese hijo de puta ni ningún otro pondrá un dedo sobre ti, Sammy. Lo juro por mi vida —declaró con seriedad, despejando el cabello castaño del rostro sudoroso de Sam.
—Te creo y te amo —Sam besó a Dean, dejándose llevar por la tonada de sus corazones.
—No tanto como yo te amo, cariño.
Dean podía decir que en ese momento Sam no le creía del todo, pero no era de extrañar gracias al horror que había pasado. Ambos habían pasado por un infierno y tenían muchas cargas a la espalda, mucho pasado que afrontar, pero sin lugar a dudas, juntos saldrían adelante y cuando uno quisiera caer el otro estaría allí para ser su soporte a lo largo del camino.
Cuando el reloj había marcado las doce y los perros del infierno habían despedazado a su hermano, Sam había sentido que el hilo que había unido sus almas toda su vida se había atilintado tanto, como si quisiera seguir a Dean hasta las profundidades del infierno. Quizás una semana después del funeral, el hilo que los unía se había roto; y sin su pareja al otro extremo del hilo sólo había oscuridad, una completa y aterradora nada.
Pero ahora, sus almas se habían vuelto a unir y sus corazones latían a una misma sinfonía.
Con tal de no volverse a separar ya no sólo estarían unidos por un hilo, esta vez vendrían con toda la artillería pesada. Ellos eran los Winchester y contaban con más de un truco bajo la manga.
Gracias por leer.
