Disclaimer: Boku No Hero Academia y sus personajes no me pertenece. Solo esta historia es de mi autoria.
Un disparo. Dos. Tres.
Son diez las veces que mis dedos presionan el gatillo. La ultima de mis víctimas no tiene ya fuerza ni para gritar. Es… era una chica. La única del grupo. En su agraciado rostro solo se alcanza a plasmar una última expresión de cruda desesperación, la certeza de que ha llegado el final de la persecución, esta cubierta de sangre y polvo, recibió tres disparos antes de que la ultima bala le perforara el pecho. Del grupo de cinco fue la mas persistente, incluso cuando le di en la pierna y apenas se podía mantener en pie había seguido corriendo.
No puedo más que admirarla. A ella y su férrea determinación de seguir con vida. Sin embargo, no hay clemencia. Apago su vida de igual manera. Su tenacidad solo fue un inconveniente que nos complicaron las cosas a ambos. Tanto que ya es la una de la mañana.
La tomo de los brazos y la arrastro junto a los otros cuatro que ya están apilados en una de las espaciosas habitaciones de ese gran almacén abandonado. La chica solo había alcanzado a huir unos cientos de metros. No lo suficiente. Cinco minutos después su cuerpo se encuentra cubierto de gasolina junto a sus compañeros.
Meto una mano al bolsillo de la chaqueta en donde se encuentran las cerillas. Siempre he preferido quemar los cuerpos. Es sin duda más sencillo que enterrarlos y así el hedor no atrae a presencias indeseadas. Como policías, o algún animal que llame la atención de policías. Es mejor si los cadáveres se consumen por completo, después de todo es casi imposible obtener algo de cenizas o restos carbonizados y a menudo se les confunde con los restos de alguna fogata si es que el viento no esparce antes las cenizas.
Enciendo la cerilla y miro a la chica por última vez antes de iniciar por fin el fuego. Su cabello corto esta tan sucio que es difícil distinguir su color (que es castaño, pero no que importe) y es aún más difícil en este lugar tan cerrado y en plena noche. No importa, con el transcurso de los años me he acostumbrado bastante a la oscuridad hasta convertirla en una significativa aliada. Fuerzo a mis ojos y logro distinguir sus facciones agraciadas -con grandes ojos castaños y mejillas llenas- formando una mueca resignada, sin duda sabía que no aguantaría lo suficiente. Había sido bastante más escurridiza que sus compañeros. Ahora su cara empieza a desfigurarse a causa de las llamas.
Ya no importa. Nada importa. Ella se convertirá en cenizas y yo probablemente para mañana no recordare ni su rostro. Es más fácil olvidar si no hay nombres o historias de trasfondo, y no me moleste ni siquiera en aprender nada innecesario sobre ella. Solo almacene en mi cabeza la forma de su cara hasta el momento de matarla. Un rostro y una dirección aproximada es lo único que necesito. Es lo que le dije a mi padre cuando comenzó a darme el trabajo de deshacerme de aquellos que pidiera.
Ya no me pregunto que es lo que llevo a la chica a ser asesinada hoy por mi como habría hecho antes. ¿Si tenía familia? alguien esperando que vuelva a casa, ¿Por qué la querría muerta el líder de una poderosa organización criminal? ¿si era solo una persona inocente que se había metido con las personas equivocadas? ¿O sabía algo que no debía? ¿venganza? ¿Deudas? Había un sinfín de razones, no era algo que me concerniera, yo solo debía asegurarse de cumplir la misión que mi padre encomendaba. Lo que si sabía era que todas las personas que asesinaba de alguna u otra manera habían llegado a ese punto por alguna decisión propia. Si esa decisión había sido por una causa egoísta o noble ya no importaba, un cadáver es un cadáver y al final todos se quemaban de la misma manera sin importar que tan buenos o malos fueron.
Las llamas ascienden cada vez más alto y el humo inunda por completo la habitación junto el hedor de carne quemada. Es desagradable. Me tapo con un cubrebocas para mitigar la peste. Sé que por más que lo intente el humo se colara en mi ropa. Y aunque sea solo en mi imaginación también se meterá en mi piel. Igual que la sangre (siempre hay demasiada sangre, tanta tanta sangre que se desborda) que parece que por más que talle y talle jamás abandona mis manos, colándose entre mis uñas sin importar que siempre use guantes y una pistola. Un recuerdo constante de lo que soy.
No me molesta. Al menos no tanto como debería hacerlo. Ya no. Sé que el día en que la sangre desaparezca y el humo de restos humanos se dispersen de mi mente y deje de tomarles en cuenta también lo harán los últimos vestigios de humanidad que me quedan. Entonces solo quedara lo que mi padre quiere que sea. Solo un títere asesino controlado por Endeavor.
Intento no pensar mucho en ello. Es lo que tienes que hacer si no quieres sufrir las consecuencias se repite en mi mente como un mantra, quebrarte la cabeza con ello no hará que las cosas cambien, solo hará todo más difícil (no para mi particularmente, daría lo que fuera para que toda la ira de mi padre se descargase solo en mí, pero claro si fuera de esa manera no sería tan efectivo).
Sin duda lo harán y no cambiara nada en absoluto. Las mismas personas morirían a manos de otros y además se les añadiría el cadáver de mi madre. Probablemente. Solo en el mejor de los casos. Si algo me ha enseñado el ser el hijo de un monstruo es que hay muchas cosas peores que estar muerto y a pesar de saberlo contemplar esa posibilidad para alguien que quiero me parece insoportable. Mi moralidad se fue al caño antes de saber incluso que poseía una. Gracias maldito viejo.
El fuego parece empezar a apagarse así que me dirijo a la salida con pasos precisos y silenciosos. Todo termino. Es hora de dirigirse a casa.
Pero no tengo el ánimo para soportar a mi padre y su odiosa presencia que siempre parece absorber todo el oxígeno alrededor, sofocándome. Así que me quito lo guantes y los guardo en el pequeño bolso junto a las cerillas, la pistola y el silenciador. Tomo mi teléfono celular y le mando un mensaje.
Este hecho. Es todo. El entenderá.
La luna permanece grande y brillante en cielo. Inhalo el aire frio del exterior. Bien, así el fuego no llamara mucho la atención, con el frio y en un barrio de mala muerte como este es probable que a nadie lo note y lo atribuyan a vándalos o vagabundo que buscan calentarse. Así que sigo caminado entre los lotes vacíos hasta llegar al lugar en donde deje aparcada mi motocicleta.
Me dirijo a un hotel en mi motocicleta. Ya son las dos de la mañana cuando me encuentro en una pequeña habitación medianamente decente. Hay una cama que se ve cómoda, un televisor y un viejo armario contra la pared. También hay una puerta que desemboca en un baño sencillo. Entro y me lavo el rostro. Hay un espejo roto que me devuelve la mirada. Lo observo, mi retrato no parece el de alguien que acaba de asesinar a cinco personas a sangre fría. Nadie que me viera lo pensaría. En todo caso ¿Cómo se podría saber algo así?
La cicatriz en el lado izquierdo de mi cara sigue ahí. Igual que siempre. Un recordatorio de que mi madre alguna vez existió, a veces es difícil concebir la idea. No que creyera que había nacido por mitosis o algo, no era tan raro como todos creían. Pero la idea de que alguien se quedara en la casa del terror me parecía incomprensible aun y cuando sabía que ella no lo había hecho precisamente por voluntad propia.
Mi rostro a menudo no refleja nada. Desarrolle la perfecta cara de póker cuando me di cuente de que así era más fácil tratar con las personas (también con mis propias emociones ya que al parecer y por increíble que sonara llegado el punto podía a llegar a ser bastante temperamental) o más concretamente con mi padre ya que a mamá no la vi durante una década, y cuando decidí hacerlo ya mi cara era incapaz de formar una expresión normal. Ella había parecido tan triste que el corazón se me estrujo dolorosamente. Fue entonces que me jure que la sacaría de ese lugar a cualquier precio.
Aún estaba pagando las consecuencias de esa promesa.
Era una suerte que fuera imposible para mi padre el leerme. Ya suficiente poder tenía sobre mí. Aun no sabía si comenzar a visitarla hace años fue la mejor de las ideas. El viejo se había enganchado de ello para controlarme. Midoriya había parecido tan elocuente en aquella discusión en el festival deportivo en preparatoria que me había sido imposible sacar la idea de mi cabeza una vez se había instalado. Claro que Midoriya no se refería en concreto a que arreglara las cosas con mi madre. Él no estaba enterado en absoluto. Aun así, me quito un gran peso de encima sin saberlo. Después de eso no había podido evitar encariñarme un poco de él. Había hecho amigos también. Fue toda una revelación. Antes de eso jamás había tenido más amigos que Momo y ella no contaba mucho. Era más como una compañera de armas. Yo sabía también que era completamente leal a su familia y por consiguiente a mi padre. No me entendería del todo y aun así no había evitado del todo confiar en ella. Aun en el presente le confiaría mi vida llegado el caso.
Salgo del baño y me dirijo a la cama en donde me quedo sentado durante unos minutos. Reviso el teléfono celular, son las dos y media de la mañana. Se supone que quede de desayunar con Bakugou a las ocho en el mismo lugar de siempre. Intento no pensar mucho en ello. En él. O en el hecho de que siempre que no duermo lo suficiente me pongo de mal humor. A la defensiva. Y que lo más probable es que terminemos peleando. Otra vez.
No debería de ir. Esa sería sin duda la mejor decisión. Podría haber dejado de hacerlo hace meses. Hace años. Desde que me gradué de preparatoria. ¿Por qué tendría yo Todoroki Shoto, el mejor graduado de la clase seguir frecuentando a aquel rufián explosivo? Es lo que todos se preguntaban. Ni yo mismo lo sabía. Bien en realidad sí que lo sabía, más concretamente desde hace unos años. Katsuki y yo no teníamos mucho en común cuando estábamos juntos en preparatoria y con el paso de los años esas diferencias habían aumentado más si era posible. Lo único que habíamos compartido había sido la meta de ser el mejor de la academia y el funesto incidente del armario junto aquel beso. Yo aún no sabía si culpar a Ashido o a Midoriya por aquello. O mejor aún, debería culparme a mí. Baje mis defensas, si en esa ocasión hubiera sido el yo de antes de preparatoria ni siquiera me habría enterado de la mencionada fiesta.
Un beso. Es a lo más que llegue con Bakugou antes de graduarme y eso había sido en segundo año. ¿La razón? Ambos estuvimos evitándonos durante meses después de aquello. Las cosas mejoraron gradualmente hasta que un día recuperamos la normalidad (si peleas tontas y gritos -casi siempre de Bakugou- podía pasar por normalidad) y no se volvió a mencionar aquello. No mientras terminábamos la escuela por lo menos.
Todo cambio, después de preparatoria. Todo fue demasiado, ya no era un simple juego.
El caso es que yo de verdad debería dejar de verlo. El punto es que, aunque ya no tengo una razón lógica para frecuentarlo -como al principio, de hecho, si siguiera esa lógica (¿Desde cuándo cualquier tipo de relación es lógica? Mas aun si incluye a Bakugou) debería estar tratándolo de evitar verdad a toda costa-. Claro. Cuando mi padre dijo que debía de ganarme su confianza hace unos meses debí decirle adiós e inventarme una excusa tonta para el viejo. Pero no. Llegado a ese punto es obvio que soy un idiota o ¿Cómo Bakugou me llama? Ah sí. Un subnormal. Pues eso.
Antes de que a mi padre se le ocurriera la brillante idea de que podía sacarle información como un espía a Katsuki siendo que antes él había estado tratando de que yo ni siquiera respirara el mismo aire. Porque como va mi hijo a convivir con esa escoria que se hace pasar por justicia. Así que sí. había intentado muy duro seguirlo viendo. ¿Por qué? ¿Qué podía ser más gratificante que joderle la existencia al maldito viejo,aunque sea un poco?
Aun así, por más que lo intentara no hallaba ni un ápice de arrepentimiento en mis acciones recientes. Estaba bastante jodido. Obviamente. Y culpaba totalmente a Katsuki por ello.
Quizás los demás no lo sabían -quizás a excepción de Midoriya y la familia de Katsuki-, y mi familia quienes creen que es solo un capricho-o una misión-, pero me bastaba con que Katsuki lo recordara.
Amor. Una palabra demasiado grande. Y peligrosa.
El problema no era ese, sino que yo en realidad no soy dueño de lo que hago. Estoy atado a mi padre y mis lazos familiares forjados de cadenas irrompibles y cubiertas de sangre y desesperación.
Y sin importar lo que haga, no se borraran mis acciones que me perseguirán hasta el día que muera. Pero soy tan egoísta que no quiero dejarle marchar.
Estoy totalmente corrompido. Nada puede cambiar el pasado. Y lo sentía tanto que mi culpa podría llenar el océano y teñirlo de rojo de toda la sangre que he derramado.
Pese a todo no podía dejar de ir a verlo.
