Personaje de Mizuki e Igarashi.
De la cárcel salía William Albert Ardlay, quien fue detenido tres años atrás por robo a una de las empresas con mayor seguridad de los Estados Unidos, al demostrar buena conducta fue puesto en libertad, sus amigos de la cárcel le dieron la despedida dándole unos golpes en son de cariño y afecto, pues Albert hizo amigos; quienes estaban por las mismas razones que él: fraude y conspiración, sin cometer asesinato. Una mini camioneta antigua destartalada de los años 70 lo esperaba a las afueras del reclusorio.
― ¡Qué tal amigo! ¿Cómo te fue allá adentro, todo bien?
― Sí, Archie, todo bien, ¿cómo te ha ido?
― Pues ahí llevándola, mi mujer se fue, mi hermano murió en la guerra y mis padres me consideran el peor hijo de todos, pese a eso estoy bien ―se abrazaron dándose palmadas en la espalda en forma de apoyo mutuo―. ¿esa herida en la ceja izquierda? ―preguntó Archie.
―La despedida.
― ¡Claro, el gran Goliat, a mí también me la hizo! Mira la cicatriz.
―Extrañaré a los chicos.
―Sí, son buena onda. Vamos, ¡anímate! Entraremos a un nuevo plan para ganar dinero de forma fácil y segura.
― ¡Archie!
―¡¿Qué?!
―Ya no le haré, ¡rayos! Tengo una hija, quiero tenerla conmigo y amarla.
―¿Sabes?, eres un ex convicto. Nadie te empleará.
― No necesito ser empleado, estudié ingeniería en robótica. Ejerceré mi profesión por mi cuenta.
―Si tú lo dices ―dijo Archie poco convencido, quien encendió el auto y lo puso en marcha para ir a lo que sería el nuevo hogar de Albert, una modesta habitación con una cama y, un sillón que sería su lugar de descanso hasta conseguir dinero para pagar la manutención de su hija Rosemary.
Centro de comida rápida el "Pollo Alegre".
―Buenas tardes, ¿puedo tomar su orden? ―Albert con una dulce sonrisa forzada preguntó al comprador.
― Sí, quiero unas alitas fritas con patatas, ensalada de repollo y abundante mayonesa y de postre… un especial de helado de torta de chocolate con cinco combinaciones de sabores… chocolate, vainilla, fresa, uva…
―Disculpe, uva no tenemos.
― Encuéntrelo, ese es su trabajo.
― Señor, en la tabla de helados disponibles dice claramente, que el de uva está agotado.
―¡No importa, adquiéralo! ―Albert, quien ejercía como cajero, estaba a punto de perder los estribos con el cliente patán. Fue interrumpido por unos de sus compañeros.
―¡Gafas, te solicitan en la administración!
― ¡Voy! Por favor, continúa atendiendo a este idiota, ¿quieres? ―expresó Albert, entre dientes señalándole con el pulgar al hombre de baja estatura y actitud prepotente.
Administración
―Chico, me llegaron tus informes, estuviste en Kentucky por tres años.
―Se lo iba a decir, me he regenerado ya no soy un delincuente…
― Le admiro.
―¿Cómo?
―Usted fue capaz de desbalijar a esos empresarios rufianes. Sólo explotan a la clase obrera. Je, je, je.
―¡Se lo merecían!
― Sí, usted logró violar con gran agilidad uno de los sistemas de seguridad más sólido de todos. El sistema era considerado inviolable, pero usted con su gran habilidad, lo consiguió. Tristemente le deberé despedir.
―Pero, pero, he cambiado.
―Lo siento, son políticas de la empresa ―el gerente del centro de comida rápida con los dedos entre lazados mirándole fijamente sin inmutase, le dio el ultimato decididamente. Albert con la estima por el suelo, se marchó del lugar. Se acordó que ese día su pequeña damisela cumplía años por lo que fue a llevarle un humilde presente.
Albert giró la perilla de la puerta, su pequeña salió alegre:
―¡Papi!
―¡Hola, Rose, mi princesa amada!
―Hola Albert ―le saludó Michael, el pretendiente de su ex esposa Candy. Acercándose a su oído para evitar que la dulce niña notara sus diferencias de adultos le dijo―: sabes que no puedes venir aquí sin avisar. Llevas varios meses sin pagar un sólo centavo de la pensión.
―He tenido ciertos inconvenientes. Al fin de cuentas no te debo explicación alguna ―le respondió Albert sin dejar de sonreírle a su tierna hija.
―Te puedo llevar a la cárcel en este momento por violar el acuerdo legal, ¿sabes?
―Sí, lo sé, déjame tan siquiera entregarle a mi hija su obsequio, es su cumpleaños.
―Ten mi princesa ―Rose emocionada lo tomó; al destaparlo, notó que era un conejito con un aspecto horroroso.
―Se lo mostraré a mami.
―No es necesario linda ―La pequeña Rose omitió la petición de su papi.
Michael con los brazos cruzados con total seriedad pidió al rubio que se fuera.
―Es el cumpleaños de mi hija. Me despediré de ella ―a los segundos Rosemary salió dichosa gritando hacia a él.
―¡Papi le dije a mami que estás aquí! Se alegró tanto que casi se ahoga ja, ja, ja. ¡Escupió el agua!
Candy salió alarmada. Sus ojos decían lo que su boca se negaba expresar en ese momento por amor a su hija.
―Amor despídete de tu papi, se debe ir en seguida. Tiene compromisos.
―Sí, mamá.
―¿Puedo hablar contigo en privado? ―Albert le pidió a Candy.
―Claro, vayamos afuera ―La rubia de ojos verdes expresó con una sonrisa protocolar, limpiándose las manos del delantal.
―¡¿Qué rayos te pasa, Albert?! ¡No tienes permiso de venir a mi casa!
―¡Es mi hija, Candy! No me lo puedes prohibir.
―Existe una clausula legal.
―Santo cielos, ¡fuiste mi primer amor y yo, el tuyo!
―¡Es pasado! ―habló con molestia llevándose las manos hacia atrás para buscar serenidad.
―Con tantos hombres en el planeta, elegiste a un oficial, el cual es un imbécil.
―Él no es un ladrón.
―¿Quiero ver a mi hija?
―¿Quieres verla? Pues consigue un departamento y un empleo; sólo así hablaremos. Adiós, Albert.
Albert en medio de la desesperación optó por llamar a su amigo incondicional Archie:
―En cinco minutos estoy en tu casa.
El rubio de ojos azules, entró sin previo aviso al salón donde estaba Archie en compañía de dos hombres:
―Háblame del plan.
―Será sencillo de ejecutar ―le comunicó Archie con una sonrisilla de oreja a oreja, sobándose las manos al frente de su cara, se sentía ganador. Ambos estaban necesitados de dinero―. Este es el plan…
Continuará.
