Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Abbi Glines. Este es un final alternativo de "Predestined" y "Leif".


CAPÍTULO 1: VILOKAN

POV LEIF


−Es hora –anuncio a medida que entro en la habitación.

Pagan tuvo la oportunidad de despedirse de Wyatt. Un transportista fue alertado del retorno de Wyatt. Todo está en su lugar. Pronto, tendré la eternidad que siempre me había imaginado con Pagan. Viste el corto vestido negro que Padre le había proporcionado para que se lo pusiera. Es su manera de mostrarle a Dankmar a quién pertenecía Pagan ahora. El color negro es una forma de mostrar lealtad a Ghede, el color que lo representaba. Sé que ella odiaba la fragilidad del vestido, pero me las había arreglado para llegar a un acuerdo con Padre para dejar de discutir este asunto.

−Vamos a hacer esto –responde ella, haciendo su camino hacia la puerta.

Agradecido de que no dé batalla, le tiendo mi antebrazo para acompañarla, pero ella se aparta y niega con la cabeza.

−No, esto no ha terminado todavía. Dejas a Wyatt seguro en manos de un transportador y fuera de este lugar, entonces cumpliré con mi parte del trato –es terca, pero no voy a discutir. En cambio, asiento con mi cabeza.

−Sabes que Dankmar probablemente estará aquí, Pagan.

−Me imagino que estará.

−Entiendes las consecuencias si te vas con él.

−Sí, Leif, sé que vas a matar a todos los que amo y tomar sus almas para que vivan aquí, en la fornicación, por toda la eternidad. Entendido.

No lo entiende. No sabe nada de su pasado familiar y su relación con vudú. Y me sigue culpando por cosas que están fuera de mi control, o de cualquiera de los vive aquí. Ghede controla y rige este reino y también el mundo humano si lo desea.

—Pagan, esto no es sobre mí. Ya te he dicho esto, es mi padre. Es la forma en que opera. No lo puedo controlar. No tienes ni idea de cuánto lo tuve que engatusar para que devolviera el alma de Wyatt. Y para ser honesto, la única razón por la que yo creo que accedió es porque cree que así te negaras a irte con Dankmar y que él va a ser quien te controle.

Noté la puerta del otro lado del pasillo. Se abrió un poco y dos grandes ojos marrones se asomaron. La expresión de ojos muy abiertos en la cara de Sabine me dijo que había escuchado parte de la discusión que Pagan y yo estábamos teniendo. Tenía que concentrarme en mi problema en cuestión. Tendría que lidiar con Sabine y su hermana más tarde.

−Ahora, por favor, entiende, ningún dolor que hayas sufrido es porque yo lo quisiera. Nunca quise hacerte daño. Yo siempre pensé que me querías. Que tu alma me quería. Diablos, cuando llego a cualquier lugar cerca de ti, tus ojos se ven como si hubieran sido atrapados en el fuego. Se suponía que me quisieras. Pero no lo haces. En lugar de eso lo quieres a él. Y no puedes tenerlo, Pagan. Nunca estuvo destinado a suceder.

Ahora mismo sus ojos están ardiendo y ella lo ignora.

−Está bien.

−¿Está bien?

−Ya me has oído, Leif. Ya dije que sí. Haremos que esto funcione, si liberas a mi amigo. Ahora vamos –para mi sorpresa toma mi mano, exigiendo silenciosamente que avance y seguramente dar por terminado este problema de una vez por todas.

Bueno, eso fue más fácil de lo que esperaba. Con una última mirada en dirección a la entrometida Sabine, me doy vuelta y me dirijo a la puerta de entrada.

−Ya basta –gruño a uno de los espíritus vudú cuando miran boquiabiertos hacia el cuerpo de Pagan en el vestido que Padre le había hecho vestir.

−Entonces, esto es algo para ver, ¿no es así? –grita Padre mientras camina en el gran vestíbulo acompañado de los coros de la gente a su alrededor en su honor. Aparentemente, también acaba de llegar.

−No la pongas incómoda, Padre –suplico.

−¿Quién? ¿Yo? −pregunta en un tono divertido.

Lo veo cuando levanta su mano y coloca dos cigarrillos en su boca y luego vuelve su atención a las actividades realizadas en el exterior. Rebusco en los espectadores por cualquier señal de la hermana de Sabine. Si pudiera encontrarla ahora, entonces una vez que esto termine, podría ayudar a Sabine y a su hermana a escapar. Y tendré que mantener a Pagan fuera de esto, para que no sea castigada. Luego, será el momento de disfrutar de mi vivieron felices para siempre con Pagan. Es decir, si todos sobrevivimos a la furia de la Muerte.

−Por favor, haz que se detengan—susurra Pagan desesperadamente tomando mi brazo con sus manos y temblando.

¿Y ahora que la espantó? ¿Los espíritus vudú decidieron montar otra escena como la desagradable de la cena? ¿O la están mirando demasiado? Confundido, bajo la mirada hacia ella y luego sigo su mirada para ver a dos del harén de Padre correr sus dedos sobre la entrepierna de Wyatt. ¡Oh, por Dios! Es algo mucho peor.

La mayoría de los chicos adolescentes disfrutarían de eso, pero Wyatt es diferente, se siente incómodo y Pagan está muy molesta por ello. Sin embargo, se ha dado cuenta de que quejarse sólo alentará a Padre. No puedo ayudarlo, por más que quiera, porque empeoraré su situación.

La tomo de los hombros y sigue temblando por ver todo lo que están haciéndole. Así finjo que pretendo abrazarla y acerco mis labios a su oído para susurrarle:

−Si hago una escena, luego Padre hará que esto sea mucho peor. Si no quieres ver a una de esas dos montarse a Wyatt aquí, no digas ni una palabra. Él lo sabe. Es por eso que está tan tranquilo. Tú también deberías comportarte igual.

Luego la suelto y ella libera su agarre de mi brazo e intenta serenarse y mira hacia la dirección contraria para disimular.

El silencio cae sobre las calles salvajes y las personas comenzaron a huir. Toda la risa y la bebida terminó cuando las almas sintieron la presencia de la Muerte cernirse sobre ellos.

−¡Ah, La Muerte se acerca! Los caídos han corrido a ocultarse −dice Padre arrastrando las palabras y sacando los dos cigarrillos de su boca para exhalar pequeños anillos de humo antes de aspirarlos de vuelta.

−¿Qué quiere decir? ¿Caídos? —pregunta Pagan.

−Dankmar está cerca. Las almas de las personas en las calles lo sienten y salieron corriendo. A diferencia de ti, la mayoría de los seres humanos no se aferran a la Muerte cuando está en su forma verdadera. Claro, les gusta el cantante Dank Walker, aquel que creen humano, pero cuando está realmente en la forma de la Muerte, ellos se ocultan.

Padre se dirige a Wyatt y encorva su dedo una vez. Las chicas aferradas sobre él aflojan su agarre, mientras que Wyatt da un paso adelante.

−Tendrás tu libertad, chico –le avisa. Wyatt no reacciona de ninguna forma ante ello.

Jadeos llaman mi atención a las calles en frente de mí. Dankmar ha llegado y no ha venido solo. Los ojos de la Muerte rebuscan en el salón hasta que encuentra a Pagan, a quien acurruco contra mi costado. Ella es mía.

−Bien, bien, bien, Dankmar y sus amigos. ¿A qué le debemos este honor? –pregunta Padre en su tono jovial de costumbre. Nunca parece tomarse nada en serio.

−Sabes por qué estoy aquí, Ghede –responde Dankmar sin apartar los ojos de los de Pagan, pero ella no lo está mirando. El brillo posesivo en sus ojos hace que se me ponga la piel de gallina en miedo. ¿Padre espera que yo maneje a Dankmar por mi cuenta?

−No sé qué quieres decir. Tú dijiste que la dejara elegir –anuncia Padre agitando la mano en nuestra dirección–. Ella lo hizo.

La transportadora rubia, Gee se dirige hacia nosotros, cuando Dankmar la detiene. ¿Acaso no planea tomarla? ¿Será realmente así de fácil?

−No. Tú la obligaste a elegir. Eso no es parte del acuerdo −ruge la Muerte. Pagan se estremece entre mis brazos y da un paso atrás de mí protegiéndose.

−Aquí está el alma que viniste a buscar −Padre empuja a Wyatt hacia la Muerte y al instante Wyatt está en protección de unos transportistas. Luego se lo llevan. Pagan suspira aliviada y puedo adivinar que sonríe. Ha conseguido su deseo, su única demanda. Se ha cumplido. Ahora, la Muerte tiene que irse.

−Ahora, ¿Eso es todo lo que quieres o quieres escuchar a la chica por ti mismo?

Padre se vuelve hacia nosotros.

−Ven aquí, Pagan –la persuade.

Ella está aterrada de Padre. La apreto suavemente en el brazo para tranquilizarla, luego le doy un codazo hacia delante. Ella tiene que ir a él. Si se niega, todo puede ponerse muy feo.

−Solo debes hablar, no te hará nada –le digo.

Ella asiente y camina en dirección a Padre.

−Pregúntale, Dankmar –se ríe.

Padre agarra a Pagan y la empuja hacia la Muerte. Doy un paso hacia ella. ¿En qué está pensando Padre? Él podría extender la mano y tomarla.

−Quiero que… –Pagan empieza, pero él la interrumpe.

−No te pregunté nada de eso todavía, Pagan. Guarda ese pensamiento un momento más –indica Dankmar levantando su mirada desde Pagan y centrándose en Padre–. Te has metido con la persona equivocada esta vez, Ghede. A ti te gusta el entretenimiento, pero nunca he sido un actor de nadie.

Los transportistas comienzan a alejarse de Dankmar. ¿Se van a ir todos? ¿Es este el fin? Luego, los guerreros comienzan a descender. Nunca he visto a uno de los guerreros del Creador antes. He oído hablar de ellos. Temido. Pero nunca los he visto. Las espadas enormes que cuelgan a su lado simplemente pueden acabar con nuestro mundo de un solo golpe. El libre albedrío de un ser humano es el único poder que sostenemos. A los guerreros, sin embargo, les es dado su poder del verdadero Creador. No tenemos ninguna oportunidad contra ellos.

−¿Trajiste a los guerreros por una chica? –pregunta Padre con asombro.

−Sí –responde.

Dankmar y da un paso hacia delante, sosteniendo su mano en alto hacia Pagan. Esperé a sabiendas de que esto definiría todo. Si ella se acercaba a él, la dejaría ir. Me daría por vencido. Si Pagan lo elegía una vez más, entonces, la dejaría ir. No iba a retenerla contra su voluntad.

Como en cámara lenta, Pagan se adelanta y apoya su mano en la palma de él. Por un memento, pienso que quiere tomarlo de la mano e irse con él; pero, no es el caso. Solo le entrega algo y da unos pasos atrás delante de Ghede y de mí, pero entre medio de ambos. Ahora hay varios sobres en manos de Dankmar. No había notado que ella los guardó en los bolsillos del vestido hasta ahora, parecen cartas para sus seres queridos.

−No puedo… lo siento –dice Pagan–. Esto es innecesario –dice mirando a la multitud detrás de la Muerte–. Ghede tiene razón, nadie me obligó a venir a aquí. La elección la tomé yo.

−Fuiste presionada, Pagan. Puedo ayudarte a salir de aquí.

−No fui presionada. Leif no me trajo aquí, hasta que le dí mi consentimiento. Es más, él ni tuvo tiempo para preguntármelo.

Los guerreros observan confundidos la escena y bajan las armas. Ellos saben que, si el ser humano acepta entrar voluntariamente a Vilokan, no tienen derecho a reclamar ni sus cuerpos, ni sus almas. El libre albedrío es una regla básica muy respetada por todos. Del mismo modo que La Muerte y los transportadores no pueden tomar un alma que se niega a abandonar la tierra, ellos tampoco pueden llevarse Pagan si decide quedarse.

−Vete, llévate eso, entrégalo a quienes corresponda. Dile a mi madre y Miranda que las amo, y que estaré bien.

Dankmar no puede creer sus palabras a pesar de que dice la verdad. Para traerla necesitaba su consentimiento, ella aceptó antes de que siquiera le preguntara o exigiera que me acompañara. Lo hizo para evitar que más personas murieran por ella.

−Entonces ¿qué? Te quedaras aquí… con ellos… en Vilokan. ¿Qué hay de tu madre? Ella está sufriendo.

−Sí, me quedaré y espero que respetes mi decisión, Dank. Tú más que nadie, debes saber que pertenezco aquí. Al parecer, lo llevo en la sangre desde siempre, solo que lo ignoraba. Y respecto a mi madre, dile que es esto es lo mejor y que no sienta triste por mí. Sé que me quiso salvar en el pasado y pude tener una larga vida luego de eso gracias a ella. No la culpo por esto. Sin embargo, ahora es tiempo de aceptar mi destino. De todas formas, iba a morir por segunda vez hace unos meses. Tal vez vuelva a pasar y tú no podrás evitarlo una próxima vez. Confírmale que sigo viva y que estoy a salvo; pero que éste será mi hogar de ahora en adelante. Estoy segura que ella lo entenderá.

Tiene un punto, Dankmar no podrá prolongar la vida humana de Pagan mucho más. La salvamos cuando era tan solo una niña y su muerte le iba a llegar una segunda vez cuando aún no cumplía la mayoría de edad. El Creador volverá a reclamar su alma tarde o temprano sin importar si su alma reencarna, queda vagando en la tierra, o viene a mí. Su fin, al igual que el de todos los seres humanos es inevitable.

Pagan da unos pasos atrás y se ubica a mi lado, tomando mi mano entre la suya y me mira a los ojos como diciéndome que también cumplirá su promesa. Sonrío levemente y entonces ella se pone en puntas de pie y deposita un corto beso en mis labios que me toma por sorpresa. Y cuando intento apartarme, no lo permite hasta unos segundos después.

¿Qué le quiere demostrar a Dankmar? ¿Esta es su forma de quebrarlo para que acepte salir para siempre por donde entró sin ella?

−¿Lo ves, Dankmar? Ella eligió a mi hijo. No importa el motivo, tomó su decisión. ¿No querías eso? Esta es su voluntad, ahora lo sabes. Reconozco que es divertido el espectáculo, no pensé que viviría para verlo –dice viendo a los guerreros del Creador dudosos, esperando una señal de él para atacar o emprender la retirada–; pero las reglas son las reglas. No tienen nada más que hacer aquí. La humana Pagan Moore ahora es de las nuestras y pronto será inmortal para acompañar a mi hijo por el resto de la eternidad. No temas, Dankmar. Te aseguro que será muy bien cuidada por nosotros, sobre todo por Leif.

Miro de reojo a Pagan y la acerco a mi costado antes de que se sienta asustada por las palabras de Padre.

Dankmar parece rendirse y aceptar que no hay vuelta atrás. Aún así, se acerca a mí y Pagan. Me mira de forma amenazadora y yo otro tanto, pero Pagan se interpone entre ambos.

−No peleen, por favor.

Ambos bajamos la mirada al pequeño cuerpo de ella y nos olvidamos de nuestro silencioso posible enfrentamiento para complacerla, porque a nuestra manera los dos la queremos.

−Te lo pregunto una última vez. ¿Es esto lo que realmente quieres, Pagan?

−Sí –contesta Pagan mirándolo a los ojos y mostrándose segura–. Muchas cosas han cambiado. Me quedaré aquí con Leif. No quiero desatar una guerra tampoco, no es justo para nadie, ni para ellos, ni para ustedes. ¿Podrías decirle a esos… guerreros, que guarden sus espadas y se marchen?

Dankmar cierra los ojos y baja la mirada.

−Bien, como tú quieras. Pensé que te había secuestrado y para nuestras leyes eso es imperdonable. Si es tu decisión no puedo hacer nada por intentar cambiarla o sacarte de aquí. Yo la respeto y el Creador también.

Dankmar mete la mano en su bolsillo y saca un pequeño corazón de tela acolchonado con colgante. Lo he visto antes, es de Pagan, de cuando era niña y estaba a punto de morir. Todas las veces que la vi en el hospital enferma, la veía con eso en su mano.

Veo en Pagan una señal de reconocimiento y ella se apresura a tomarlo cuando Dankmar quiere entregárselo.

−Abuela –murmura y ahí comprendo que es un recuerdo familiar, de su abuela materna.

−Durante tu niñez, pediste que te lo entregara en tu próxima vida, pero no vas a tener una próxima vida, porque vivirás eternamente en este lugar. Creo que lo justo es entregarlo a su dueña original aquí y ahora –explica.

Luego se dirige a mí.

−Si me llego a enterar que la lastimas, juro que acabaré con tu existencia y la de todos los tuyos –amenaza.

−Eso no pasara. Dankmar. Jamás le haría daño alguno –respondo y él me mira como diciendo que no es de mí de quien desconfía, pero no lo dice en voz alta. Se da vuelta y enfrenta a su "ejercito".

−No hay nada más que hacer aquí, todos retírense.

Sin embargo, él y Gee se quedan hasta el último y piden unos minutos para despedirse de Pagan.

Ghede me mira pidiendo una opinión y yo asiento, concediéndole el derecho a Pagan de hablar por última vez con ellos. Y él les da indicaciones a unos hombres y mujeres de confianza para que los lleven a una habitación cercana, por la que no pueden escapar. La única salida es la puerta por la que entraron. Dos hombres entran con ellos y aún con la puerta abierta los demás hacen guardia fuera.

Me quedo sentado en la punta de una mesa larga con los nervios carcomiéndome por dentro, ante el pensamiento de que ellos consigan salirse con la suya y llevársela. Esa sensación dura poco más de diez o quince minutos, hasta que veo a Pagan salir sola, guíada por uno de los hombres de Padre y dirigirse a mí con el corazón de tela en sus manos.

−¿Ya terminaste de despedirte?

Ella asiente.

−¿Podemos irnos? –pregunta, al tiempo que veo a Dankmar y la transportadora saliendo por la puerta principal. Ambos se desvanecen y tan pronto como lo hacen, la gente empieza a circular nuevamente por la calle Bourbon y el portal se cierra.

Estamos a salvo.

−Por un momento temí que te irías con ellos –reconozco.

−Como si los guardias de Ghede me hubieran dado posibilidad –contesta en un susurro.

Veo a Padre en una esquina de la habitación viendo como varios hombres y mujeres a su alrededor están arrimándose entre ellos y desvistiéndose. Y el mismo está coqueando con una de las mujeres, aunque sin pasarse de la raya, porque debe seguir pensando en los recientes eventos. Debo sacar a Pagan de aquí antes de que la situación se ponga peor.

−Leif, ya que nos hemos deshecho de la Muerte y todo su ejército ¿Por qué no festejamos que Pagan obtuvo su deseo y decidió quedarse con nosotros?

−Tal vez, en la noche, Padre. Fueron muchas emociones para pocas horas –contesto, atrayendo a Pagan a mis brazos para taparle la vista de parte de las escenas que se desarrollan alrededor–. Me gustaría estar un tiempo a solas con ella. Sigan con lo suyo y diviértanse.

Con suerte en la noche serán pocos y se comportarán, aunque probablemente sea pedir demasiado. Padre toma de su vaso de ron y se ríe.

−¿A solas? Está bien, pueden retirarse. Luego de ese beso, seguro tienen muchas cosas que resolver en privado –sonríe, interpretando la frase como le conviene y de la única forma que su mente funciona, casi bufo–. Pagan Moore, bienvenida a la familia. Tu abuela estaría muy orgullosa de ti, si supiera que le estás siguiendo los pasos. Les doy el día libre, hagan lo que quieran. Mañana podremos hacer un brindis durante el almuerzo, solo nosotros tres.

Genial, eso le dará tiempo a Pagan de recuperarse y poder poner en orden todos los sucesos recientes. Y tal vez, yo pueda buscar pistas de esa esclava humana, mientras los demás se entretienen con sus parejas ocasionales y sus vicios. No dudo en contestarle lo siguiente.

−Allí estaremos, Padre.