Es la primera vez que escribo un fanfic pero siempre que leo alguno aclaran que los personajes no son suyos. Bueno jaja desgraciadamente los personajes no me pertenecen son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi.
Espero les guste :D
Capítulo 1. Las noches de evasión.
Ahí estaba otra vez postrado en uno de los tantos árboles que vestían aquel enorme bosque a las a fueras de esa pequeña aldea. Sé de sobra que cualquiera que me viera aquí pensaría que, en un ataque de aburrimiento, blandiría mis garras contra esos seres tan molestos y que con sólo eso bastaría para arrebatarles la vida, no necesito más que un movimiento de mi mano para lograrlo ya que mi espada sería un absurdo desperdicio de poder para aplastar a una hormiga, una granja de hormigas.
Es lo que se esperaría de mi, del gran Señor del Oeste y su odio a los humanos, es lo que tendría sentido... si la razón por la que estuviera ahí fuera el aburrimiento. Gruñi ante tal traicionera idea, recargue mi cabeza en el tronco del arbol fijando mi mirada en la luna blanca que iluminaba con fuerza el claro. Esa aldea no tenía porque seguir existiendo podría hacerla desaparecer, claro que podría hacerlo pues yo podía oír, oler y verlo todo, yo simplemente podía hacerlo todo así que ¿Cómo es que yo, Sesshomaru el demonio más fuerte, llegue a está situación? ¿Por qué tan sólo no desfundo a Bakusaiga y me evitó todo esto?
En respuesta a esas preguntas llegó de golpe una brisa cargada de un aroma en particular, uno que conocía bastante bien, lo tenía grabado en mi memoria. Un aroma a flores y a primavera se infiltró por todo mi ser impidiendome oler otra cosa, no podía ver otra cosa que no fuera a la dueña de ese aroma tan único que últimamente se había vuelto agobiante, molesto...
- Rin - susurre hacía la noche.
Ella vivía en esa aldea desde que el insignificante de Naruk dejó de existir. La anciana sacerdotisa llevaba casi 8 años criandola y ella parecía estar bien, cumplía sus necesidades humanas en el momento en el que surgían, convive con su raza y lo más importante, crece a su propio ritmo. Yo nunca quise afectar ese ritmo por lo que mi decisión fue irrevocable, debía dejarla con la anciana y junto al grupo del idiota de Inuyahsa.
Ella parecía no entender ese punto cuando le dije que se quedaría en la aldea, nunca pensé que sería difícil hacerla entender y vaya que su reacción fue toda una sorpresa, esa niña si que sabía poner las cosas difíciles, nadie podía creerlo. Ese día fue la primera vez que alguien se atrevió a reclamarme cosas, una humana reclamandole al señor del Oeste, vaya broma. Jaken también estaba asombrado pues no salió limpió de los reclamos pero al final fue él quién corrió tras ella para aliviar ese dolor humano.
Yo me quedé atras con el mío.
Prometimos visitarla cada mes en esa aldea y esa simple promesa pareció calmar el corazón de Rin y ... el de Jaken también. Realmente no me percate cuando todo empezó a cambiar pues se había vuelto algo normal el visitarla y traerle algun presente, pasar tiempo en este mismo claro mientras ella jugaba feliz con Jaken y parloteaba sobre las nuevas cosas que había aprendido gracias a la anciana o el nuevo truco de magia de ese zorro. Yo estaba a cierta distancia de ellos pero podía escuchar todo, en varias ocasiones Jaken reprendió a Rin por la mala influencia que podía resultar Kagome y sus ideas raras, era tan molesto que termine lanzandole más de una piedra, me recordaba a los fastidiosos discursos de mi padre.
Así fue hasta que lo note, ella era más alta, su cabello más largo y ya no estaba esa coleta a un lado de su cabeza, su voz había cambiado y todo su cuerpo era otro. Tuve que verla varias veces para serciorarme de que no la hubieran cambiado por otra persona ya que si ese era el caso el estúpido de Inuyasha podría darse por muerto y toda esa aldea sería ceniza bajo mis pies pero no, eso no había pasado pues ahí seguía la misma Rin de personalidad juguetona sólo que con distintos kimonos y aroma diferente, ahora desprendía uno dulce, atrayente.
Entonces encontré una parte del problema, el cambio a ritmo humano ¿Por qué tuvo que cambiar así nada más? La otra parte del problema era que no sólo su físico se alteró, no, su comportamiento conmigo también era distinto. Podía notar esas miradas furtivas y esos sonrrojos cada vez que la miraba, las sonrisas cuando yo desviaba la mirada y las conversaciones que buscaba arrancar de mis labios y mis intentos de no caer en ese juego de palabras y susurros, sin embargo... ahora conversábamos. Ella no parecía tener miedo de mi silencio cuando por orgullo yo sellaba mis palabras, parecía disfrutar de ello pues se quedaba ahí sentada también en silencio cortando flores con el corazón acelerado y con el tiempo, durante esos silencios, se volvió audaz y se atrevió a tocarme. Primero fueron partes de ropa, más adelante mechones de cabello junto con mi estola, después aumentó la cercanía de los lugares en los cuales se sentaba para seguir con sus osados movimientos de tocarme el rostro ¿Por qué no la detuve, por qué le permití tales actos humanos con mi persona?
Fui consciente de la ausencia de Jaken durante esas múltiples conversaciones y gestos, él desaparecía entre los arbustos y se ponía a una distancia prudente, dando espacio ¿Espacio para qué, Jaken? Soy un demonio no necesito esa clase de cosas, yo no siento esa clase de cosas.
El asunto empeoro cuando me di cuenta que ahora era yo el que buscaba tocar las puntas de su cabello, sentir sus manos delineando mi rostro y sobre todo ahora yo, gracias a su horrible habilidad para hacerme emitir más de dos letras juntas, deseaba formularle preguntas. Quería saber cosas tan... humanas de su día a día, quería saber que cosas aprendía y no quería saberlo por escucharla hablar con Jaken quería que me lo contará directamente. Quería cuestionarla sobre las cosas que le causaban risa, tristeza o molestia aunque eso último resultaba ser casi imposible según ella pero para ser honesto, nunca necesite preguntar para notar esa clase de cosas, su actuar lo gritaba sin esfuerzo y sin embargo ahí estaba yo queriendo escuchar su voz y los datos extra que se le salían a trompicones por la boca cuando le preguntaba. Esas malditas preguntas alimentaban mi curiosidad pero también conseguían hacerme desesperar ¿Cómo es posible que estuviera ahí sintiendome así frente a una humana? ¿Cómo llegué a sentirme como ellos?
Puedo escuchar la risa de mi padre desde el otro mundo, burlándose de las vueltas que da la vida y la existencia del karma, de mi comportamiento tan...similar al de Inuyasha. Aquí estaba yo faltando a mi promesa por quinto mes consecutivo, llevaba 5 meses sin poner un pie en esa aldea, había pasado todo ese tiempo oculto bajo la sombra de la noche y las hojas de los arboles evadiendo un par de ojos marrones. Yo que creía poderlo todo estaba sentado bajo un árbol con el único objetivo de eludir a una mujer y al mismo tiempo sin poder alejarme de ella. Estaba siendo derrotado como... Inuyasha.
- Sesshomaru - pronunciaron.
Había pasado por alto que mi presencia podía ser detectada por ese maldito híbrido y por las dos sacerdotisas.
- ¿Tus visitas ahora serán nocturnas?- dijo mientras alzaba una ceja- Lamento decirte que te saltaste la parte en la que le informas a la joven. - me dijo con seriedad.
Yo seguí ignorando su presencia esperando que fuera entendido como un "no eres bienvenido" pero no fue así, Inuyasha decidió sentarse en una cara opuesta del arbol en el cual yo me encontraba, al momento de sentarse no dejó de mover uno de sus pies en muestra de desesperación.
Que irritante.
- Oye, no traes a Jaken por las noches pero él si visita a Rin - mencionó el híbrido- ¿sucede algo en las tierras de nuestro Padre? ¿ Dónde está Ah-un?
Ahora él pretende conversar conmigo...
- ¿Estás entrenando con Bakusaiga? - soltaba pregunta tras pregunta, intentando conseguir algo que no comprendía.
- Cállate, Inuyasha.
- No es tan difícil responder, maldito. - ahí estaba otra vez su movimiento desesperado del pie.
- Tampoco es difícil guardar silencio, hasta tu podrías hacerlo, tarado.
Un gruñido salió de su garganta ante mi comentario y guardo silencio pero no se estuvo quieto, primero fue el pie y ahora sus garras contra la tierra, fue mi turno de gruñir.
- Largate a otro árbol o te mataré.
- No veo que tenga tu nombre escrito, bastardo.
- Puedo escribirlo con tu sangre, estúpido.
- Espero que ese no sea tu lado romántico porque si es así vas a decepcionar a esa mocosa.
- Tú realmente quieres morir a cambiarte de árbol - dije miestras tronaba mis garras.
- Es mi aldea y si yo quiero me siento aquí.- dijo como niño pequeño.
- ¿No deberías estar con esa sacerdotisa?
El pie se detuvo al igual que su corazón. Esta vez no hubo respuesta ni siquiera un ruido proveniente de él que me hiciera pensar que estuviera ahí, se quedó en silencio por bastante tiempo.
- Kagome me corrió de la cabaña.
¿Mi padre podría escuchar mi risa interna ante la situación? Espero que si.
Inuyasha había sido derrotado no solo una vez, sino dos veces y por la misma alma humana. Él no dio pelea para ganarle y dejarla atrás, más bien se rindió a los encantos de esa sacerdotisa en el pasado, uniéndose a ella al grado de esperar por 50 años su regreso y ahora en el presente volvía a rendirse solo ante ella, no la dejaba atras ¿Será consiente de eso, del juego del destino?
Aún así esa mujer murió en el primer encuentro tal como su madre cuando conoció a nuestro padre ¿Será acaso esa la regla, verlas morir? ¿Esperarlas, alcanzarlas o que ellas decidan seguirnos? Esa idea me hizo sentir inquieto, frustrado pero había otra sensación que no lograba nombrar. Era la misma que conocí aquella vez en el inframundo, donde casi la pierdo, instintivamente respire de nuevo tratando de encontrar su aroma y ahí estaba la esencia a flores, ella seguía a salvo en la aldea sumergida en un sueño profundo.
- Ella dice que quiere ser madre- dijo Inuyasha con un tono desesperado.
- ¿Y vas a decirme que no sabes el proceso?
Yo no iba a tener esa charla con él.
- No seas idiota - rio por un instante para después poner entre ambos un momento de silencio en cual pude escuchar de nuevo a su corazón - Tengo miedo.
¿Miedo?
- Tengo más miedo que cuando nos enfrentamos a Naraku - ahí estaba de nuevo ese movimiento del pie.
Miedo, esa era la sensación que me hacía sentir intranquilo y la conocí en el momento en el que ella dejó de respirar, cuando me creí incapaz de salvarla... aún con colmillo sagrado de mi lado no era suficiente para que Rin pudiera sobrevivir y tener una vida larga en cualquier lugar que ella quisiera, tuve miedo de perderla.
- Tengo miedo de que sea niña.
No sabía que decir ¿por qué me contaba esas cosas? Hasta dónde recuerdo solíamos pelear a muerte, yo solía atacarlo a muerte y ahora estaba en silencio esperando que continuará porque no tenía sentido que tuviera miedo del género del cachorro cuando la sacerdotisa ni embaraza estaba, no había nada por lo que tener miedo pero Inuyasha parecía estar a punto de sufrir un ataque al corazón, podia oírlo y olerlo, el nerviosismo, el terror y claro, sus garras rascando su cabeza una y otra vez como si con eso fuera a quitarle el deseo a su mujer.
- Mi madre, kikyo y kagome...- esas tres personas fueron nombradas a traves de un leve gruñido- No se me ha dado bien proteger a las mujeres que me importan.
Inuyasha soltó un suspiro cansado, dolido y terminó por recargar la cabeza en el tronco del arbol, quizás queriendo de esa manera detener el eco de esos nombres que le taladraban el alma. En ese instante de mutismo me di cuenta que algo había cambiado, yo me había quedado a escucharlo y estoy intentando entenderlo así que ¿cuándo fue que deje de odiarlo? ¿Fue despues de conseguir mi propia espada o cuando Naraku murió?
- ¿Que voy a hacer si es niña?- ante la pregunta empezó a mover los pies, otra vez.
No recuerdo cuando fue que deje de atacarlo en serio pero ahora mataría por poder causarle daño por idiota. Me toque la cien tratando de extraer algo que ya no tenía para detener el impulso que en el pasado no existía.
- Vas a hacer lo mismo que vienes haciendo desde hace mucho tiempo, darlo todo y no rendirte.
Gruñi un poco, la respuesta a su pregunta era de lo más obvia. Nadie antes me molestaba con cosas tan obvias y vivía para contarlo.
- Pero Inuyasha si vuelves a mover un pie, el cachorro tendrá un padre cojo ¿te quedó claro?
No hubo respuesta pero Inuyasha se movio de su lugar saliendo de la oscuridad que le brindaba estar a las espaldas del árbol, no me miró pero se sento a menos de un metro de mi. Parecía menos tensó, su corazón parecía calmarse, se había sumergido en sus pensamientos provocando un silencio que duró más que los anteriores pues pasó bastante tiempo de esa manera pero Inuyasha nunca fue bueno para dejar pasar las cosas, era insistente, tonto y no sabía dejarme en paz.
- ¿Por qué dejaste de venir, Sesshomaru?
Me preguntó de repente con sus ojos puestos en la luna sin embargo sabía que aquel híbrido estaba atento a mi, todos sus sentidos estaban dispuestos a encontrar un cambio de expresión o un rastro de desequilibrio que le indicara una respuesta pero... parecía no encontrarla.
- ¿Por qué no le permites verte? - volvio a soltar otra pregunta como si con ellas fuera a romper algo dentro de mi y así confezar, de una vez por todas, las cosas que me han hecho aparecer de noche por los alrededores cuando ella se encuentra dormida sin la posibilidad de seducirme.
- ¿No la extrañas? - preguntó mientras giraba su rostro para fijar sus ojos en los míos.
Sonreí de lado, fue una sonrisa casi invisible, tendrías que ser Rin para llegar a notarla pero ahí estaba con cierta burla pues tales preguntas ya habían sido formuladas noche tras noche durante esos cinco meses de abstinencia y en cada una traté de cambiarles la respuesta. Muy en el fondo aunque me dijera que tenía mejores cosas que hacer, que mi interes por esa humana había sido momentaneo y por ende llegado a su fin, yo volvía a la noche siguiente para repetirme esas mismas palabras o crear unas nuevas.
Me repetí hasta el cansancio que no soy capaz de echarla de menos ni de desear su presencia porque son cosas que no necesito pero ninguna de las respuestas que a mi orgullo le gustaba plantear lograron hacerme abandonarla porque ya no se traba sólo de mi arrogancia, no, ahora podía notar mi ansiedad al estar lejos de Rin pues añoraba que el cielo se tiñera de negro para así estar, aunque fuera un poco, cerca de ella.
- ¿Ni un poco siquiera?
- A diferencia de mi padre y de ti, yo no siento esa clase de cosas.
Me repetí tantas veces esa frase a lo largo de mi vida que mis labios la soltaban por instinto, era lo poco que quedaba de mi antigua soberbia y para ser honesto ya había sido suficiente, no necesitaba escuchar ni explicar nada a un corazón que se había dejado devorar por su lado humano.
Ante mi respuesra Inuyasha se puso de pie y me miró molesto, no iba a dejarlo pasar lo podía ver en sus ojos dorados, ahí estaba ese deseo de remover algo en mi interior.
- Mentiroso- me dijo duramente- Ya deja de matarte la cabeza pensando una manera de engañarte, hay una hermosa razón en la aldea que contradice todo lo que dices y ahora ella se está preguntando que ha hecho mal.
Se pasó la mano por sus blancos cabellos para luego mirarme un poco divertido, su sonrisa demostraba que estaba a punto de echarse a reír en mi propia cara, parecía haber plasmado en su cabeza algún recuerdo.
- Mira- soltó una risa- tengo más experiencia en esto que tú así que mejor ya ven a verla porque las mujeres que son tiernas y tranquilas... pueden llegar a ser realmente peligrosas.
Sus ojos dorados se burlaban de los míos confuzos. Inuyasha simplemente camino hasta perderse en el interior del bosque.
Realmente es idiota. Yo ya sabía, desde hace algún tiempo, que Rin es realmente peligrosa por esa misma razón soy yo el que no se permite verla porque de hacerlo terminaría de rodillas ante esos ojos marrones. Yo no puedo verla sin caer rendido ante ese corazón humano.
- Pero tal vez aún puedo dar pelea...
Le susurre a la luna la mentira de esa noche, la última noche que estaría lejos de ella.
