Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Cafetería!AU un Ineffable Bureaucracy donde Beelz es barista en una cafetería y Gabriel un extraño cliente que siempre solicita el mismo pedido, un café americano sin azúcar.
Americano sin azúcar
—Justo a tiempo… ¿Quieres intentar que otra persona lo atienda o nos ahorraras a todos el rechazo?
—Sólo cierra la boca Dagon…
Beelz trabajaba en un pequeño café de la zona comercial, no ganaba ni mucho ni poco, apenas lo necesario para cubrir sus gastos, no era amable ni dulce con la clientela, pero a ellos no parecía importarles, todas personas que entraban siempre tenían demasiadas cosas que pensar como para darse cuenta del servicio, eran pocos los clientes habituales, sobre todo si estos eran altos, atractivos y siempre parecían querer decir algo arrepintiéndose a los pocos segundos.
—¿Lo de siempre? —Preguntó frunciendo el ceño y con los brazos cruzados, frente al hombre.
—¿Qué es lo de siempre? —Su voz era masculina pero melodiosa.
—¿Americano sin azúcar?
—Americano sin azúcar, por favor…
Entonces se giraba de regreso a su lugar de trabajo, preparaba el pedido, y lo llevaba de vuelta hasta la mesa, jamás decía "que lo disfrute", "gracias por seguir eligiéndonos" o algunas de esas frases para para agradar a la gente.
El hombre, le agradecía, sacaba un libro (siempre un título diferente por semana) y pasaba los próximos treinta minutos, terminando su café, exactamente el mismo tiempo que quedaba del turno de la barista.
Americano sin azúcar, como lo habían nombrado entre sus compañeros, apareció un día por mera casualidad, había caído una llovía torrencial no prevista, apenas había decidido que cerraría temprano cuando aquel sujeto entró, empapado y visiblemente desorientado.
Beelz recuerda haber rodado los ojos con enfado, prefería volver a cada temprano a un acto de buen samaritano, pero el trabajo es trabajo, y se acercó hasta él, entregándole la carta.
—¿Desea ordenar? —Preguntó con desdén.
De cerca, observó mejor al sujeto, era alto, tan alto que apenas alcanzaba su cabeza a alcanzar por debajo de su pecho, sus ojos bajo la tenue luz del lugar parecían ser violetas, era imposible no admirarlos, aunque lo disimulo muy bien, usaba traje y una bufanda a juego, cabello castaño, barba recién cortada, lucía como todo un modelo de pasarela.
—Si no ordena —Repitió con la misma apatía— No puede quedarse…
—Ah… Si… —Habló como si saliera de una especie de estupor— Yo… Quiero un café…
—¿No me diga?
En vez de enfadarse por el sarcasmo, él rio, mostrando una fila de dientes perfectos, que quedaban muy bien en su rostro esculpido.
—Un café americano sin azúcar, por favor…
—En un momento…
Le indicó donde sentarse, sintiendo la una mirada en su espalda que atribuyo al enfado por el mal servicio.
—Cerramos en media hora —Le advirtió colocando la pequeña taza en la mesa— Solo quedó yo y los viernes no tenemos servicio nocturno.
El asintió, paso los próximos minutos pretendiendo que bebía, luego miraba por la ventana hacia afuera, y de vuelta a Beelz, cada que le atrapaba el hombre desviaba la vista.
"Cliente extraño…" Había pensado en aquel encuentro.
A partir de ese día cada viernes de la semana, americano sin azúcar hacia su aparición con una puntualidad casi sobre natural.
—Bienvenido— Le había atendido en una ocasión Dagon— ¿Puedo tomar su orden?
—No, está bien… —Le rechazo con una sonrisa.
—¿Hay algo en que podamos ayudarle? —Pregunto Hastur.
—Estoy decidiendo… —Dijo mientras fingía leer la carta.
Beelz atendía la caja, cobrando y tomando pedidos para llevar, de vez en cuando la cantidad de clientes crecía, y los empleados corrían en todas direcciones, no podían darse el lujo de perder el tiempo o una mesa, solo por un cliente indeciso.
—¿Va a ordenar algo? —Se acercó cruzando los brazos sobre el pecho— Si no consume no puede estar aquí…
—Ah… Si… Un americano sin azúcar, por favor…
—Claro…
Volvió hasta su estación, rápidamente se encargó del pedido y volvió para colocarlo frente a él, quien parecía estar a punto de decir algo, abrió y cerro los labios para terminar murmurando un simple "gracias"
Y así eran siempre sus interacciones, él jamás permitía que nadie que no fuera Beelz tomará su orden, mientras la barista solo mostraba una indiferencia total.
—¿Qué le pones a su café? ¿Droga? —Le murmuro Hastur mientras atendía a un cliente, luego le hizo una señal para que mirara hacia una de las mesas, donde encontró a americano sin azúcar con los ojos fijos en su dirección el cual, al verse descubierto, fingió volver a su lectura.
—Le gustas… Eso es obvio… Y creo que a ti también te gusta…
A Beelz le agradaba Dagon, era lo más cercano que tenía a una amiga, era trabajadora, divertida, observadora y para mala su mala suerte, también sincera.
—No digas tonterías —Le reprendió con enfado— En primera, el único motivo por el que debe de venir es que le queda de paso, y en segunda él no me gusta en lo más mínimo, no es para nada mi tipo.
—¡Por favor! ¡Te encanta!
La campanilla del lugar anuncio la llegada de un cliente, por lo que la castaña bajo la voz.
—De lunes a jueves, eres un caos total, cabello sujeto con una liga vieja, ropa sin planchar, solo te falta un enjambre de moscas volando a tu alrededor… Pero mágicamente, cada viernes, tu melena peinada, oliendo a jabón caro y apuesto lo que quieras a que usas lápiz labial…
—Jodete Dagon, es ungüento para los labios secos, además yo no le gusto y él no me gusta…
—Deberías pedirle una cita, creo que es demasiado tímido para hacerlo por su cuenta…
—Y tú deberías hacer tu trabajo si no quieres que te descuenten horas.
Las semanas continuaron pasando, y Beelz comenzaba a acostumbrase a su extraño cliente, ignorándolo por completo.
Ignoraba aquellos ojos oscuros casi lilas, ignoraba su rostro perfecto y el cabello que parecía no estar ni un centímetro fuera de su lugar, ignoraba lo bien que las ropas se amoldaban a su cuerpo y por sobre todas esas cosas, ignoraba lo mucho que ansiaba que llegaran los viernes para verlo de nuevo.
—Ese café ni siquiera es bueno —Se quejó Hastur un día— ¿Por qué no pide algo más?
—Tal vez… —Respondió Beelz mirando en dirección del hombre, quien distraído seguía absorto en su libro— Sólo tiene mal gusto…
Su nueva rutina continúo por lo que fueron meses, el mismo cliente, el mismo día, a la misma hora, con el mismo pedido, hasta que un viernes no apareció.
—¿Te parece si cerramos antes? —Preguntó Dagon mientras bostezaba— No creo que nadie más llegue…
—Puedes irte si gustas, yo terminaré el inventario…
—¿Segura?
—Si… —Su voz parecía indiferente, preocupada, cosa que no pasó desapercibida para la castaña.
—Tal vez se quedó atorado en el tráfico…
—¿Qué? ¿Quién?
—Americano sin azúcar, tal vez salió de la ciudad o se atrasó por el trabajo…
—¡¿Y eso qué me importa a mí?! —Exclamó con el rostro sonrojado.
Cuando su amiga estaba por volver a burlarse, el característico tintineo de la campanilla indico la llegada de un cliente.
—Y-yo… —Exclamó notablemente agitado el hombre— E-espero no sea muy tarde…
—Bueno, estaba por irme, pero Beelz dijo que cubriría los larguísimos diez minutos que quedan de turno…. Así que nos vemos….
La explicación de Dagon fue casi tan rápida como sus pies, y en un santiamén ya se encontraba afuera del lugar, dejándolos solos.
—¿Tú nombre es Beelz o solo es un apodo? —El castaño le sonrió, dejando ver los leves hoyuelos que se formaban en sus mejillas.
—¡En realidad ya estoy por cerrar! —Se deshizo con rapidez de su uniforme lanzándolo por debajo de la barra —¿Vas a querer lo de siempre?
—A d-decir verdad… —Titubeo el más alto— N-no… Q-quiero algo diferente…
—¡Pues que sea sencillo porque no voy a gastar media hora de mi tiempo preparando un café artesanal!
Americano sin azúcar rio, de una manera tan encantadora y contagiosa que el propio corazón de Beelz dio un respingo.
—N-no es nada de café… Pero no sé si sea sencillo…
—¡¿Eh?!
—Y-yo… Bueno… M-me preguntaba… S-si… ¿Te gustaría tener una cita conmigo?
Realmente aquella había sido la solicitud más extraña que Beelz había escuchado en sus años trabajando en esa cafetería.
Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo lo hice escribiéndolo, de verdad agradezco su apoyo y espero puedan dejar algún comentario sobre lo que les ha parecido, de corazón gracias por la oportunidad 3
