Hola, me presento por aquí con esta pareja que amo intensamente, pero antes que nada, un par de aclaraciones:
1. He decidido utilizar la cronología del anime, aunque utilizaré las fechas que aparecen en el hilo temporal que se nos da en el How to read.
2. Se supone que esto lo publiqué ayer, pero por algún motivo no aparecían los personajes y al ir a arreglarlo la historia desapareció sin más.
Sin más que decir, os dejo con el fic y espero que os guste.
Death note no me pertenece, sino a sus respectivos autores.
When you cried I'd wipe away all of your tears.
When you'd scream I'd fight away all of your fears
And I held your hand through all of these years
But you still have all of me.
14/02/2014
Mis ojos contemplan al vacío desde lo alto del edificio, el sol poniente tinta el cielo con colores increíblemente bellos y se refleja en los cristales de los rascacielos de la ciudad haciendo que brillen intensamente. Aquí, en las alturas de esta azotea solitaria se respira una reconfortante quietud, el aire se siente más puro y me hace sentir más libre, por así decirlo.
Tomo una profunda exhalación y de manera lenta suelto el aire para después encaminarme hacia mi objetivo: el borde de la azotea.
"Por fin. "pienso en esas dos palabras. Por fin cesará este dolor junto con la pena aplastante que no me ha dejado de consumir desde hace más de un año. Desde aquel fatídico día en que, se hizo oficial que Kira desapareció y junto con mi héroe se fue él. Light, mi amor verdadero, el hombre a quien le entregué todo: mi vida, mi corazón y mi alma, él había dado la vida por atrapar a Kira, el misterioso héroe que mucha gente, incluyendo a la policía consideraba un criminal, y mi dios le había matado sin más. Tras esto, habían transcurrido 12 largos meses y medio de sufrimiento y pena por su ausencia y conforme el tiempo transcurría, en mi interior iba creciendo un profundo vacío en el cual algo me repetía una y otra vez, que esto debía terminar. Las ideas comenzaron como sutiles sugerencias al principio; un bote de pastillas, un filo en mis venas, una cuerda en la lámpara de mi dormitorio... pero poco a poco la necesidad de dejar de sufrir se fue haciendo cada vez más urgente, con lo que mi mente iba encontrando pegas para cada forma de suicidio que se me ocurría.
Las pastillas podrían limitarse a provocar una intoxicación y si acababa en el hospital, alguien se daría cuenta de mis intenciones y haría lo imposible para impedírmelo. Cortarme las venas era una forma muy lenta de dejar este mundo, y yo quería un final rápido y sin complicaciones, y colgarme de mi habitación simplemente no me gustaba. Muchas veces, durante las infinitas noches que pasé en vela me imaginaba que esa vocecita molesta de mi cabeza era como el típico terapeuta aburrido que repite las mismas frases. algo como, "todo ha pasado, ya estás a salvo y nada puede herirte, cariño.
Irónicamente esas fueron algunas de las muchas frases estúpidas que me dijo el tipo aburrido que me habían asignado tras la muerte de mis padres. Ni él parecía dispuesto hacer su trabajo, ni yo le hice caso alguno, me preocupaba más llevar al ladrón que los asesinó cruelmente ante la justicia, lo cual, por cierto, no sirvió de nada hasta que llegó Kira e hizo lo que nadie estaba dispuesto a hacer.
Sonrío, ya que recordar a Kira me hace pensar en Light, me digo a mí misma que es porque Light estaba obsesionado con atraparlo, pero hay algo, un presentimiento que insiste en que hay algo más... algo que escapa a mi comprensión y que yo debería saber. Vuelvo a mirar hacia abajo donde como juguetes diminutos, los coches y la gente circulan en ambas direcciones.
De pie aquí arriba, siento una increíble paz que me hace ser más consciente de mí misma que nunca. Es como si mi cuerpo pudiese prever el inminente final de todo y que pudiese encontrar algo de descanso tras tanto dolor y tristeza.
"Sí, esto es lo mejor. No queda nada más para mí en este mundo." Pienso, y la voz que sale del profundo vacío de mi interior secunda mis palabras, arrullándome suavemente. mis pies dan un paso hacia delante, y por mi mente pasan los rostros de todas las personas a las que he amado y he perdido. Papá, mamá, Light... es como si pesase una maldición sobre mí que condena a cualquier persona que me importa.
Miro al horizonte por última vez.
No habría podido elegir un momento mejor para esto.
El dorado, naranja y rojo que dibuja el sol en el cielo son una imagen más que perfecta con la que deleitarme mientras me hundo en la oscuridad infinita que me espera tendiéndome los brazos, como el amor que he perdido para siempre y sin el que ya no puedo vivir.
—No podría vivir en un mundo sin Light. —Esas palabras se abren paso en mi memoria, recordándome el tiempo que mi novio y yo pasamos con Ryuzaki como sospechosos de ser Kira y el segundo Kira respectivamente. Recuerdo que le llamaba pervertido, por esa forma de mirarme con esos enormes ojos oscuros rodeados de ojeras y con el pulgar en la boca.
Sonrío brevemente, "Aunque al final acabamos siendo amigos, y le di un beso en la mejilla", digo para mis adentros."¿Qué más da ahora? Ryuzaki también está muerto y estás a punto de reunirte con ellos, donde quiera que estén, así que hazlo ya y termina con todo. Hazlo y pon fin a esta historia de amor sin final feliz.", Me digo, mientras doy el último paso que me separa del abismo...
—¡Quieta! —dice una voz a mis espaldas, sobresaltándome. Me vuelvo y a dos o tres pasos de mí, pensaba que era una alucinación, hay alguien. sí, digo simplemente alguien porque viste de negro de la cabeza a los pies con lo que parece un mono de cuero, botas militares del mismo color y se cubre con una larguísima capa cuya capucha le cubre la cara por completo.
—¿Quién eres? —pregunto, entre molesta y desconcertada.
—Puedo ayudarte —dice, ignorando mi pregunta y mi tono irritado. "¿Ah sí? Entonces ven y dame un empujoncito"
—No lo creo —digo—. Por favor, Misa quiere estar sola.
—¿No quieres que...? —hace el gesto de empujar con las manos, sobre las que lleva unos largos guantes negros—. Ya sabes.
—Misa no tiene tiempo para bromas, vete .—Le espeto molesta, volviendo la cabeza y dándole la espalda.
—No voy de broma, niña. —Dice esta vez mucho más cerca de mí. Es imposible saber si esta persona loca, nótese la ironía, es un hombre o una mujer, ni siquiera por su voz, que solo puedo describir como neutral.
—Si eres un acosador Misa te dará un autógrafo y un beso, ¿vale? —Le digo sonriéndole al más puro estilo Misa-Misa. Después puede decírselo a quien quiera, de todas formas se enterará todo el mundo dentro de unos segundos.
—Solo necesito una cosa. Después, si quieres que me vaya lo haré, puedes quedarte tranquila. —afirma extendiendo una de sus enguantadas manos en mi dirección. "Bien, Misa-Misa. Una perfecta forma de irte de este mundo, haciéndole favores a un chiflado", pienso con amargura, pero asiento. Lo que sea para perderle de vista.
—¿Podrías darme la mano, por favor?
—No, no lo hagas. —dice esa voz dentro de mí con el tono suave y acariciador que usaría un amante—. Está jugando contigo. Te cogerá para obligarte a que cambies de idea, luego te encerrará en alguna parte y seguirás sufriendo lo que te queda de vida.
—No. ¿Qué quieres hacer?
—Por favor, mírame. -dice cortésmente. Me vuelvo dispuesta a gritarle que se largue de una vez y me deje en paz, pero al hacerlo, las palabras se me atascan en la garganta, y el motivo es simple. Se ha apartado la capucha de la cara y al fin puedo ver sus rasgos a la rojiza luz del atardecer.
Noto como los ojos se me abren de par en par al ver el rostro de este extraño ser, porque no hay otra definición para lo que esta curiosa combinación de hombre y mujer que se encuentra ante mí es. Luce una melena castaña ligeramente ondulada y con mechones más dorados hasta los hombros y sus ojos, del mismo tono de azul que el cielo que hay sobre nuestras cabezas, son grandes y están rodeados por unas espesas y largas pestañas. Hasta aquí todo es normal, pero lo raro está en su misma cara, con una mitad masculina y la otra femenina. Sí, tal y como suena; una mitad posee las facciones más suaves y delicadas, propias de una mujer no mayor de treinta años, mientras que el otro lado presenta unos rasgos claramente más duros, pero angulosos, como hechas para encajar con su contraparte femenina.
—¿Pero qué...? —Consigo decir estupefacta. Estoy tan impresionada que hasta la voz suicida que llevo dentro se ha quedado totalmente muda. "Bueno, pues ya somos dos."... pero justo en el instante en que nuestras miradas se encuentran todo cambia, aunque nadie que nos viese lo notaría.
Una tranquilidad me invade de repente, no tiene nada que ver con el estado cuasi de zombie en el que me encontraba hace cinco minutos, sino que es algo mucho más profundo y dulce. Se parece mucho al momento en que mi madre o mi padre me arropaban cuando tenía seis años, justo después de leerme mi cuento de princesas favorito, y yo ya casi dormida me sentía feliz, amada y segura, como si nada en el mundo pudiese romper mi pequeña burbuja. Lo siento en cada parte de mi cuerpo; la pesadez del dolor se aligera, el entumecimiento de la pena parece desvanecerse y la bruma de mi mente se aclara...sacudo la cabeza y parpadeo un par de veces, extrañada. Busco en mi corazón rastros del dolor que lo ha estado atormentando durante meses y ahí está, pero es como si estuviera flotando en el mar con un chaleco salvavidas en lugar de estar ahogándome sin remedio.
—¿Qué te parece si te apartas de ahí y charlamos? -pregunta el ser con podrás suicidarte, tal y como tenías planeado. -añade, y da unos pasos atrás, sin dejar de extender su mano hacia mí. Yo la cojo con cuidado y me aparto del borde del edificio, aunque me alejo solo lo justo para quedar a una prudente distancia. Cruzo los brazos y le miro, desafiante. No pienso moverme de aquí hasta que no me diga para qué ha venido.
—Lo notas, ¿verdad?
—¿Qué... ? ¿qué me has hecho?
—En cierta forma, estoy conteniendo el veneno que llevas dentro —replicó—. Estuviste casi seis años usando un poder que ni siquiera te molestaste en comprender, y he aquí el resultado.
"¿qué? ¿De qué está hablando? Vale, aquí hay algo que se me está escapando", aunque algo en el fondo de mi conciencia se agita, como intentando salir a la luz.
—Misa no entiende nada de lo que dices. Misa no ha estado usando ningún tipo de poder.
—Oh sí, ya lo creo que sí, querida.
—Si tuviese algún tipo de poder, lo hubiese usado para salvar a mi Light, y ahora mismo no estaría aquí hablando contigo y perdiendo el tiempo. —Le espeto, ya enfadada de verdad.
—Claro, se me olvidaba. Has perdido tus recuerdos —Dice levantándome la cara con una mano—. Ahora solo eres una chica normal con el corazón roto y al borde del suicidio, pero una chica normal al fin y al cabo. Dime una cosa, ¿nunca, desde que tu novio murió, has sentido que tienes lagunas mentales? ¿Que hay cosas en tu memoria que no tienen sentido?
—Sí pero, ¿qué tiene eso que ver contigo? ¿Acaso es cosa tuya?
—No, fue Kira el que te los quitó, aunque para ser justos, tú solita te metiste en este problema. No debiste seguirle como un perrito faldero sin pensar, creyéndote una diosa a su lado.
—¿Kira...? ¿Otra vez con eso? Ryuzaki estuvo meses con ese tema, ¡pero ya le he dicho a todo el mundo que no soy la segunda Kira! —Grito apretando los puños por la frustración.
—¿Aún crees en él?
Mi primer impulso es decirle que sí, que soy una ferviente defensora de Kira, que él vengó la muerte de mis padres matando al hombre que los asesinó y del mundo justo para todos que intentó crear pero algo me detiene en seco. "Acabó con la vida de Light..." Horrorizada me acerco a mi extraño interlocutor y lo cojo por el cuello de la capa.
—Dime que no fui yo. —siseo sintiendo mi corazón palpitar a mil por hora—. Dime que no fui yo la que mató a Light. —El ser suelta una larga y divertida carcajada, luego me coge las manos y responde:
—No, pero tu querido Kira os arruinó la vida a los dos. El tipo se creyó un justiciero, cuando no fue nada más que un asesino en serie con delirios de grandeza, y por desgracia, no ha sido ni será el único.
—¡Él hizo justicia! —Le chillo furiosa. El ser sacude la cabeza y suspira aburrido.
—Si quieres respuestas tendrás que venir conmigo. Esto es lo que hay. No voy a discutir con una humana estúpida que ni siquiera comprende las consecuencias de sus acciones.
—No, ni hablar. Misa no irá contigo a ninguna parte. —le digo, tajante y deshaciendo el agarre que tiene sobre mis muñecas.
—Está bien pues, te quedarás sin conocer el contenido de tus recuerdos.
Me pregunto si Ryuzaki tuvo algún pariente lejano, porque la furia que siento hacia esta cosa desconocida se parece mucho a la ira que me provocaba aquel detective espeluznante.
—Vale, dímelo. ¿Cómo, según tú, puedo recuperar mis recuerdos?
En lugar de contestarme, lo que hace es dar un par de pasos, cogerme en brazos y lanzarse por el borde de la azotea, y mientras nos alejamos del altísimo edificio hacia el sol poniente, el fuerte viento se lleva el potente grito que se escapa entre mis labios. Cierro los ojos, pero no antes de ver las extrañas alas que se han desplegado a la espalda de mi misterioso acompañante.
—
—Abre los ojos, no te dejaré caer. —dice el ser con aire burlón—. Es irónico que te subieras a lo más alto de un edificio y no te diese miedo, pero ahora te asustas como si yo fuese a tirarte al cráter de un volcán.
Mis ojos se abren con cautela y se posan en su rostro, que está muy próximo al mío, pero no puedo evitar desviar mi mirada hacia sus espectaculares alas. Tienen la forma de las típicas alas de ángel, largas, emplumadas y airosas, pero en lugar de ser blancas estas son translúcidas, como si estuviesen hechas de cristal derretido.
—¿Por qué no le dices tu nombre a Misa? —pregunto, sin embargo, ignorando la puya que me ha lanzado.
—Ah, pero un nombre es muy valioso, pequeña humana, deberías saberlo. —se lo piensa un segundo y añade—. Pero si lo prefieres, puedes llamarme Gabe.
—¿A dónde me llevas, Gabe san?
—Si realmente quieres recuperar tus recuerdos, debes prepararte. Mi gente y yo te ayudaremos a conseguirlo.
—¿Me ayudaréis así sin más? —pregunto, porque no es normal que una criatura sobrenatural haga favores tan alegremente y sin pedir nada a cambio, no según mi increíble máster en cuentos y películas fantásticas.
—Eso lo sabrás dentro de unos minutos. Estamos a punto de llegar. —responde.
Debemos de habernos desplazado a la velocidad de una bala, ya que al volver la cabeza, ante mí se alza la silueta más que conocida del monte Fuji, cuyo pico aún queda oculto por varias nubes. Las alas de Gabe nos elevan cada vez más, hasta que puedo vislumbrar el pico de la montaña con mucha más claridad.
—¿Qué-queda mucho? —pregunto con dificultad, ya que el frío provocado por el viento, unido a estar a tal altitud me ha dejado entumecida por completo.
—No, ya queda poco. —Cada vez nos vamos acercando más hasta tal punto que empiezo a preguntarme si Gabe me ha mentido y planea estrellarme contra las rocas, cuando por fin se dirige a uno de los senderos y sus alas se repliegan ligeramente. Cuando al fin nos posamos en el suelo, todo mi cuerpo tiembla de arriba abajo por el frío. Sin duda un conjunto de gothic Lolita no es lo más apropiado para volar así en pleno invierno, y mucho menos para estar a más de 3000 metros de altura. Estamos frente a lo que parece una casa de madera en ruinas, de esas que aparecen en las películas sobre el Japón feudal. Ambos entramos, y cuando la puerta se cierra a nuestra espalda yo ahogo un grito, asombrada. Desde fuera parece una simple casa vieja que podría venirse abajo en cualquier momento, pero me encuentro en el interior de un lugar al menos cien veces más grande.
Estoy de pie en un pasillo que a mí me parece interminable. Todo, desde las baldosas del suelo, hasta el par de altas columnas que hay cada pocos metros es de mármol blanco. Según vamos recorriendo el pasillo en línea recta, puedo ver distintas salidas cada docena de pasos más o menos. Finalmente llegamos a un par de puertas blancas con molduras doradas y mi acompañante las abre con un solo toque de la mano.
Si el pasillo me había impresionado, lo que se esconde tras la puerta no merece menos. Una enorme sala ovalada, más grande que un campo de fútbol, con suelos también de mármol blanco impoluto y varias filas de asientos ascendentes a ambos lados. En el extremo norte, justo frente a nosotros hay unas escaleras que llevan hasta un trono precioso plateado que a tenor de las escaleras, está colocado ligeramente por encima de las últimas filas de asientos.
—Gabe, acércate, trae a la chica y ocupa tu asiento. —dice una voz femenina desde el imponente trono, aunque debido a la fuerte luz que se desprende del mismo no puedo ver más que lo que parece ser la parte inferior de un vestido plateado y unos brazos estilizados. Nos acercamos hasta llegar al primer escalón, observados por una multitud de hombres y mujeres a izquierda y derecha, todos sentados en las sillas de respaldo alto dispuestas en esa especie de gradas, como en un teatro. Gabe me deja al pie del primer escalón, y acto seguido se sienta a un lado del trono.
—Misa Amane, estás aquí como consecuencia de tu intervención con el hombre humano que se hacía llamar Kira.
—Yo no tengo nada que ver con Kira, ya se lo dije antes a Gabe san. Él solo hizo justicia por mí y por mis padres y le estaré eternamente agradecida, eso es todo. No sé quién sois todos vosotros, pero creo que os equivocáis conmigo. Si queréis información a Kira preguntad a L, él es quien lo atrapó.
—Es como os dije mi reina—Interviene Gabe. — No recuerda nada del papel que llevó a cabo.
—¿Reina? ¿Reina de qué? Misa no entiende nada de lo que está pasando. —Digo cada vez más inquieta.
—Misa Amane. Has perdido al hombre que amas a manos de Kira, y tú misma estás ligada a él de un modo que no recuerdas, así que dinos, si te hallaran culpable de un crimen, ¿pedirías redimirte o aceptarías el castigo?
—Yo no he hecho nada. No sé de qué me acusas.
—Contesta a lo que se te pregunta. —Interviene un hombre desde uno de los asientos más altos—. Y no te dirijas a la reina en un tono tan poco apropiado. —Añade.
—Misa no dirá nada si nadie le dice cómo recuperar la memoria.
—Precisamente la respuesta que nos des hoy determinará si podemos ayudarte a recuperar tus recuerdos, así que por tu propio bien, te sugiero que respondas con sinceridad. —Responde la reina ignorando al otro hombre.
Mi primer impulso es replicar con un rotundo no, decirles a aquellas extrañas personas que quien es un criminal lo es para siempre, y que no hay redención posible, pero las palabras se niegan a salir de mi boca.
—No lo sé. —digo mientras por mi mente desfilan las caras de Sayu y la madre de Light en su funeral, así como en el del señor Yagami, muerto poco tiempo antes que su hijo. No entiendo nada de lo que me está pasando hoy, sin contar mi frustrado intento de suicidio. Nunca había dudado de mi devoción hacia Kira, y esta es la segunda vez que cuestiono mis creencias y mis sentimientos al respecto.
—Muy bien, has sido sincera. Te diré lo que has de hacer, pero antes, debes estar dispuesta a pagar mi precio. —dice la reina.
—¿Un precio? Pero yo pensé que vosotros teníais mis recuerdos, o que al menos me los podríais devolver.
—No, pequeña humana tonta. Te dijimos que podíamos ayudarte a recuperarlos, no que te los podríamos devolver. Si te fijas, no es exactamente lo mismo.
—¡Oye, misa no es tonta! —Le grito molesta.
—Desde luego que lo eres, si te atreviste a jugar con el poder de la muerte y no creer que habría consecuencias. —Interviene una mujer rubia inclinándose hacia mí con una fría sonrisa desde su asiento.
—Yo no he matado a nadie. —Mis palabras suenan inseguras. ¿Acaso me borraron los recuerdos porque maté a alguien? Nuevamente recuerdo el tiempo que pasé con Ryuzaki, más específicamente, el tiempo que pasé como prisionera y sometida a tortura por estar mintiéndole según él sobre mi papel como el segundo Kira.
Cada vez más me voy sintiendo como si me estuviera enredando en una espesa madeja y no pudiese encontrar el hilo correcto para liberarme, así que tomo aire y trato de poner mis ideas en orden. Estas personas dicen que yo tuve relación con Kira, pero yo no recuerdo nada. Gabe dijo que Kira nos había arruinado la vida a Light y a mí. Bueno odio reconocerlo, pero quizás tenga algo de razón en eso. Y si todo es verdad, tengo la posibilidad de averiguar todo lo que pasó y sobre todo, mi lugar en este caos. Quizás pueda hacer algo que me permita estar con Light de alguna manera, o me dejen volver atrás en el tiempo y suplicarle a Kira por la vida de Light. Sí, suena descabellado, pero si he llegado al monte Fuji en brazos de una criatura con alas y que no parece del todo humana, ¿cuál es el límite?
—Está bien —Digo mirando a la reina. — Pagaré el precio, sea el que sea.
—Muy bien. —La reina hace un gesto a otro de los suyos, una chica esta vez. Aparenta mi edad y no parece medir mucho más que yo. Lleva ropas corrientes, aunque por encima de éstas se cubre con una larga capa plateada. En realidad, a excepción de Gabe todos los presentes llevan la misma capa de color plata que su compañera
—Hikari, lleva a la humana a una de las habitaciones. Debe descansar para llevar a cabo su misión. Además, así tendremos tiempo de disponer todos los preparativos necesarios.
La chica se acerca, me coge del brazo y empieza a llevarme en dirección a la puerta, pero yo me zafo de su agarre y miro al trono de nuevo:
—Un momento, todavía no me has dicho tu precio.
—Eso es fácil. —Responde divertida—. Mi precio es tu vida, lo cual quiere decir que estarás bajo nuestra jurisdicción. Kira ha trastocado seriamente el equilibrio de este mundo, y es justo que alguien tan devoto a él sea el responsable de dar el primer paso para restaurarlo, ¿no te parece?
28/01/2013
—
Hikari y yo estamos en el interior de un banco en el centro de Tokio. Según ella, aquí hay un objeto de suma importancia que necesitamos, y debemos darnos prisa antes de que amanezca y todo el mundo entre.
Para mi desgracia mis infantiles fantasías sobre viajar en el tiempo resultaron ser acertadas. Hemos retrocedido algo más de un año, pero no cualquier día, no señor,de todos los días habidos y por haber, tuvimos que venir al día de la muerte de Light. Al principio pensé en que podría hacer algo para impedirlo pero mi niñera/carcelera no me lo permitió. Intenté salir corriendo en dirección al apartamento que habíamos compartido para hacer cualquier cosa, advertirle, lo que sea para poder salvarle, pero no contaba con que cierta persona tuviese una velocidad y fuerza dignas de un superhéroe ¿Acaso yo había nacido con algún defecto que me hacía ser una especie de imán para las desgracias y la mala suerte?
Así que allí estábamos, colándonos en las oficinas de un banco como un par de ladrones, aunque mi compañera de robo parece sentirse de lo más relajada. Camina con paso tranquilo y la vista al frente, como si en lugar de estar colándonos a las tantas de la madrugada en las oficinas de un banco, estuviéramos yendo de compras por el centro comercial.
—¿Estás lista? —Pregunta cuando llegamos a la zona de las cajas de seguridad. Yo me encojo de hombros. "¿en serio, lista para qué? Si no entiendo nada de lo que está pasando."
—Supongo —Le digo y Hikari se inclina sobre una de las cajas y con suma facilidad manipula los cierres, de modo que en pocos segundos la caja fuerte está abierta. Al mirar por encima de su hombro me siento decepcionada al ver únicamente una simple libreta negra, como la que cualquiera hubiese llevado al instituto.
—Creo que te has equivocado Hikari san. Aquí solo hay una libreta. "A menos que hayan escrito con tinta invisible o algo así, no le veo nada de interesante," pienso
—De hecho esto es lo que hemos venido a buscar, Amane. Tus recuerdos están ahí—Dice haciendo un gesto hacia la libreta—. Imagino que se refiere a que alguien escribió mis memorias o algo por el estilo, o quién sabe a lo mejor es como el diario de Tom Riddle en Harry Potter y la cámara secreta, y al abrirlo puede meterse dentro y ver todo lo que he olvidado.
—Bien, ahora cuando yo te diga, cortarás una página, y que ni se te ocurra tocar un solo centímetro de la libreta, ¿queda claro? Tú cortarás y yo la cogeré.
Yo asiento y acto seguido, ella se pone un par de gruesos guantes que saca de una mochila que lleva a la espalda y me entrega unas tijeras. Con mucho cuidado, como si estuviese tocando una cucaracha, Hikari coge el sencillo cuaderno y lo abre por una página totalmente en blanco. Siguiendo sus instrucciones muevo las tijeras por el papel, teniendo especial cuidado en que no me roce la piel, lo que causa que no consiga un corte muy recto, aunque ella no parece quejarse, ya que cuando termino se limita a doblarla y meterla en una bolsita de plástico con cierre a presión.
—Listo —Dice cerrando la libreta y volviendo a meterla en su sitio, procurando dejarla en la misma posición en la que la encontró—. Ya podemos irnos.
Ya fuera, volvemos al coche y nos ponemos de nuevo rumbo a la salida de la ciudad. Al dejar atrás las brillantes luces de Tokio nos desviamos por una carretera secundaria que nos lleva a las cercanías de un espeso bosque.
—Aquí estamos seguras —dice Hikari cuando bajamos del vehículo y comenzamos a andar en dirección al bosque. Estar aquí me hace sentir inquieta, como si ya conociese este lugar de alguna forma. No tiene ningún sentido, ¿pero que lo tiene desde que me subí a esa estúpida azotea?
—¿Para qué querías ese papel? No tiene nada de especial, de hecho, ni siquiera hay nada escrito.
—Antes de nada recuerda lo que juraste ante el trono de la reina. —replica alzando el dedo índice—. Si eliges esto no podrás echarte atrás, nunca.
—Misa dio su palabra y está segura. —respondo decidida. "Ningún precio es demasiado alto para salvar la vida de Light," pienso para mis adentros.
—Está bien, tú lo has elegido pues. — Saca la hoja de papel y la sostiene entre el índice y el pulgar, como si le diese asco—. Adelante, tócala.
Yo lo hago y automáticamente una oleada de imágenes y recuerdos caen sobre mí, como una tonelada de ladrillos. Caigo de rodillas, me llevo las manos a la cabeza y trato de procesar el torrente de información que inunda mi mente.
El día en que estuve a punto de ser asesinada por un acosador y fui testigo de su súbita muerte. La misteriosa libreta que encontré y la increíble visión de Rem, quien fue mi amiga y protectora hasta que dio su vida por mí. Cómo me acompañó en mi búsqueda de Kira donde lo encontré en Aoyama. Lo que sentí al ver aquel chico de cabello castaño y belleza imposible, la noche en que fui a su casa donde le revelé mi identidad y nos dimos nuestro primer beso. Me levanto con cautela para después mirar a mi alrededor comprendiendo al fin dónde estamos. Aquí fue donde Light escondió mi libreta para que yo lo encontrase cuando yo dejara de estar bajo la mira de L, y así, decenas de recuerdos me golpean sin cesar uno tras otro.
—Soy yo... —susurro con la voz ahogada—. Yo fui la segunda Kira.
You used to captivate me by your resonating light
Now I'm bound by the life you left behind.
¿Y bien... qué os ha parecido? Es mi primer fic de Death note, por lo que si hay algo que no es como debería ser solo decídmelo. Agradezco todas las opiniones y críticas que me pongáis, ya que así podré mejorar en todos los aspectos.
Como habéis visto Misa se ha metido en un lío enorme, aunque ella no tiene ni idea de la que se le viene encima, pero era imprescindible que recuperase sus recuerdos.
En primer lugar, los versos que aparecen al principio y al final pertenecen a la canción My inmortal, de Evanescence. En segundo lugar y no por ello menos importante, quiero dar las gracias a mi Beta, mi querida NoriShield, quien se ha tomado el teimpo de revisar y editar para que todo esté lo mejor presentado posible. Dicho esto solo me queda decir que espero que lo hayáiss disfrutado y nos vemos en el siguiente cap.
