Seokjin paró sus pasos precipitadamente, tomando el brazo de Jimin en el acto.

—¿Qué sucede? —el rubio volteó a verlo confundido.

—¿Quién es ese precioso hombre y por qué no lo había visto antes? —cuestionó ignorando por completo a su amigo.

—Ah, hablas de ¿Namjoon? Creo que así se llama, bueno no importa. Se mudó hace unos tres días —respondió Jimin desinteresado.

—¿Del olimpo? ¡Porque es todo un Dios griego! —exclamó con la vista aún perdida en el sexi moreno que corría por las canchas de fútbol americano.

Seokjin sentía su boca acuarse solo con verlo, tenía tantas ganas de lamer el sudor que rebaslaba por el cuerpo del recién llegado. Y es que si, sonaba asqueroso, pero, ¡Dios! Con ese cuerpo que se traía cualquier cosa podía ser placentera.