Había sido una larga siesta, así lo sintió Inosuke cuando abrió los ojos y sintió todo su cuerpo pesado y entumecido. Además de que sus ojos dolían al abrirse y toparse de lleno con la luz, puso su antebrazo para cubrirse de la cegadora y molesta luz. Sentía la boca seca, quería agua.
—Aggh —gruñó, acomodándose en la cama para percatarse de un peso sobre sus piernas.
No obstante, antes de que ese pensamiento sediento se convierta en necesidad. Aoi se removió y al abrir sus parpados, lo miró y enseguida, el agua en gotas saladas salió de los ojos azules de la chica, quien lo observo con asombro a Inosuke.
Sin poder hablar, se abalanzó al impresionado muchacho. A quien su respiración se le detuvo, su cuerpo quedó tieso mientras su corazón no paraba de latir desquiciadamente. Aoi lo apretaba con fuerza, la escuchaba llorar ¿Qué diablos pasaba?
—¿QUÉ DEMONIOS TE PASA? —exigió saber. Sintiendo una calidez que se le trasmitía a cada segundo que su cuerpo estaba pegado contra la chica— ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? —Por un instante y porque parecía ser un ataque sorpresa, creyó que quería apretujarlo hasta la muerte, pero no creía que ese era el caso porque le faltaba más fuerza.
—Despertaste —dijo con los brazos rodeando su cuerpo, sus manos posadas en su cuerpo.
—Ehhh, como cada día.
—Estuviste durmiendo por casi una semana —espetó la muchacha—. Pensé que ya no despertarías —Se había dado un golpe en su cabeza tan fuerte que quedó inconsciente por días.
—Pues... ahora estoy despierto—habló sin saber que decir ante la preocupación que liberaba y dejaba incomodo a Inosuke. Aoi asintió y separándose lo miró fijamente a los ojos.
—Sí, lo estas—sonriendo mientras las lágrimas dejaban de salir para luego percatarse de lo que estaba haciendo. Rápidamente, se separó—. Lo siento por abrazarte así —fregándose los ojos—. ¡Me alegro que despertaras! —tragó saliva y pensando en el paciente. Preguntó—: ¿Necesitas algo? ¿Quieres agua? —preguntó, tomando el vaso y la jarra para servirle el líquido.
Si, su principal necesidad era agua, pero cuando Inosuke la vio a ella. Sus necesidades básicas quedaron al olvido, además del intenso deseo de sentir esa calidez embriagante. Estiró sus dos brazos, uno en cada lado.
—Hazlo otra vez.
