(N/A) Fairy Tail y co. le pertenece a Hiro Mashima. La historia es MIA y sólo se publicará en FanFiction. Queda PROHIBIDA cualquier tipo de reproducción.
ADVERTENCIA: No se como definir esta historia, pero quiero que sepan antes de comenzar a leer que es la primera vez que jugaré haciendo que mis personajes no se estrictamente heterosexuales, por decirlo de alguna manera. Al leerlo, creo que me entederan, o eso espero jajaja.
Sin más, disfruten.
Capítulo I
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30 de mayo. Magnolia
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Los rayos de sol vespertinos bañaban de luz aquel pequeño solar repleto de plantas aromáticas y medicinales, impregnando el ambiente con sus características fragancias. En el medio y rodeado de aquel maravilloso ambiente vegetal se encontraban sentadas dos mujeres en una pequeña mesa de hierro y piedra para dos personas, mientras bebían de sus tazas el exquisito té rojo importado, el favorito de la anfitriona.
-¡De verdad lo odio, tía Irene!- afirmó furiosa la invitada, incapaz de ocultar la violenta emoción que la recorría cada vez que pensaba en el hombre que había jugado con su corazón- Creí que era sincero con sus palabras, pero sólo fue una buena actuación.
-Los hombres son así, mi niña- le aseguró con pesar, recordando su propia historia de amor fallido.
-Tienes que ayudarme- solicitó Briar, limpiando una furtiva lagrima que resbalaba por su mejilla- ¡Quiero que ese desgraciado sienta lo que es que te rompan el corazón!
La exótica pelirroja encendió lentamente un incienso con la elegancia de una princesa imperial, para luego tomar las doradas cartas de tarot que descansaban sobre la mesa del té redonda. Repitió aquel nombre que ya sabía de memoria, por las incontables veces que Briar le había solicitado una lectura sobre él. Las cartas siempre le habían mostrado al Loco, un espíritu libre y noble, aunque inmaduro. Sabía que su sobrina estaba lastimada, pero no quería hacer algo demasiado tortuoso para aquel ser de luz, sin mencionar que podía sentir que estaba conectado de alguna manera por los bendecidos de la magia.
-Tengo la solución a tu problema, pero debes estar completamente segura de tu decisión- le advirtió con gravedad la madura mujer.
Cada vez que tiraba las cartas, aquel joven aparecía cerca de otro hombre, de imponente y fuerte presencia. Era raro, ya que entre ellos parecía existir un lazo inquebrantable que comenzaba a debilitarse por la presencia de una mujer. Eso la confundía, ya que sus cartas jamás mentían y eran muy claras en el mensaje: Briar no tenía un papel en el camino de su vida, el cual parecía destinado a grandes transformaciones.
-Estoy segura- respondió con firmeza, segada por su necesidad de cobrar venganza.
-Posiblemente esto será permanente. Tendremos que partir, Magnolia ya no podrá ser nuestro hogar por un tiempo.
-Estoy dispuesta a pagar el precio- insistió aún más firme.
Irene asintió con solemnidad y miró por última vez la carta del Loco, acariciándola con sus largos dedos. Suspiró pesadamente mientras reunía las cartas. Ya no había marcha atrás.
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7 de junio. Magnolia
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Después de un agitado e intenso partido de básquetbol en aquella cancha pública a unos pasos de la playa, aquel grupo de amigos disfrutaban de unas frías cervezas, que había comprado poco después de terminada la contienda. Sentados en aquel lugar bajo el dorado sol del atardecer, escucharon como un grupo de mujeres los saludaba mientras seguían su camino por la arena, por lo que respondieron el gesto. Era evidente que llamaban la atención con sus sudados cuerpos musculosos y bien entrenados, gracias a su actividad como bomberos de la ciudad.
-¿Qué se siente perder por diez puntos, Gajeel?- consultó Natsu riendo efusivamente, aplastando entre sus dedos la lata de aluminio ya vacía.
Desde adolescentes, aquellos cuatro hombres eran prácticamente inseparables. Habían asistido al mismo instituto hasta que finalmente se graduaron y, aún a pesar de que aquel momento podría haber marcado el fin de su amistad por la separación de caminos, habían terminado eligiendo la misma profesión, por lo que terminaron estrechando aún más sus lazos de amistad.
El agotado peliazul, que había jugado para el equipo perdedor del encuentro, juntó lo último de fuerzas restantes para lanzar su lata también vacía hacia el ruidoso Dragneel. El pelirrosa rió más fuerte mientras se frotaba el brazo donde había impactado fuertemente.
-Cierra la boca, idiota- respondió Gray, agotado e incapaz de contener los ánimos de pelea que podían desatarse. Si Natsu quería iniciar un pleito, debería enfrentarse a los dos completamente sin su ayuda, ya que él no se metería en su defensa por ser fanfarrón.
Todos rieron aligerando el ambiente. Nunca reñían en serio, gastándose bromas estúpidas sin importancia. Aún a pesar de sus personalidades tan divergentes entre ellos, se sabían complementar a la perfección. Otra cosa que jamás habían permitido a lo largo de los años juntos era dejar que una mujer fuera la causa de problemas dentro del grupo. En aquel momento, el único que se había establecido formalmente era Gajeel con la santa y paciente Levy, quien sabía sobrellevar el carácter del belicoso pelinegro como ninguna otra antes. Sin mencionar que todos la respetaban por el coraje que podía tener una mujer tan pequeña.
Sin embargo, aquella regla estaba comenzando a tambalearse gracias a una hermosa mujer que atraía por igual a dos de los presentes, por lo que los otros dos restantes intentaban mantener la unión de grupo a toda costa.
-¿Qué harán esta noche en su turno libre?- consultó el peliazul quitándose la sudada playera, dejando lucir su trabajado torso y su tatuaje de la constelación de su signo zodiacal a lo largo de sus costillas. Mujeriego como siempre, le sonrió con galantería a otro grupo de mujeres, quienes de manera poco tímida lo saludaron con interés. Con descaro típico de su conducta, estiró aún más los músculos de su pecho, luciéndose arrogante.
-Pensé que podíamos ir al bar y divertirnos un poco…- propuso Natsu, encogiéndose de hombros mientras secaba su rostro con una toalla.
-No puedo. Prometí a Levy llevarla al cine- comentó Gajeel mientras estiraba sus brazos tras su espalda.
-Yo tampoco. Tengo una cita con Ultear- respondió Gray sin levantar la mirada de su bebida.
Bruscamente, Natsu y Gajeel observaron en dirección a Juvian, quien se tensó inmediatamente ante la afirmación del pelinegro, cambiando su expresión relajada por una de tensión y profunda molestia.
-Acordamos que no la invitaríamos a salir- recordó el peliazul con tono brusco, sumamente molesto.
-Ella fue quien me invitó- se escudó Gray, aunque no disimuló una sonrisa de triunfo por haber logrado que la pelinegra diera el primer paso en su dirección.
Fuera de sí, Juvian intentó avanzar amenazante hacia su mejor amigo, pero Natsu y Gajeel se interpusieron en su camino, evitando la pelea que terminaría definitivamente con dicha amistad. A pesar del libertino historial de los dos, ambos habían caído bajo las redes de la imponente abogada, de una manera demasiado competitiva.
-Detente, Juv- el tono seco y directo de Gajeel detuvo los intentos del peliazul de llegar a su oponente- Acordamos que aceptarían si Ultear elegía salir con alguno de los dos, sin causar problemas. Gray no la buscó, por lo que no puedes hacer nada.
Frustrado y tenso, Juvian no perdió tiempo y reunió sus pertenencias para largarse del lugar, dejando a los otros tres en silencio. Inmediatamente, Natsu golpeó fuertemente el hombro del pelinegro.
-Debiste decirlo de mejor manera- soltó el pelirrosa con impotencia- ¿Tanto vale esta victoria para ti?
-No pude evitarlo- se defendió Gray, desviando la mirada con gesto frío.
-Si esto fuera al revés, Juvian habría tenido más consideración a la hora de soltarlo, idiota- aseguró Gajeel mirando en dirección por dónde se había marchado el peliazul- Sabes que por ella estaba dispuesto a sentar cabeza de una maldita vez.
Sin decir nada más, Natsu y Gajeel también se marcharon sin ocultar su molestia, dejando a un frustrado pelinegro. Una vez solo, golpeó violentamente el suelo con el puño. Había pretendido ser más considerando a la hora de decirlo, pero su beta egoísta y competitiva no había resistido la tentación de proclamarse campeón al conseguir que la infranqueable pelinegra por fin decidiera darle una oportunidad.
De todos, Juvian siempre fue su amigo más cercano, como un hermano para él aún a pesar de sus personalidades tan opuestas. Vecinos cuando niños, habían sido solo ellos dos compartido innumerables aventuras, volviéndose tan cercanos como hermanos. Cuando por fin alcanzaron el instituto, Natsu y Gajeel se unieron al dúo respectivamente.
Había sido una desagradable coincidencia del destino que ambos terminarán atraídos por la misma mujer, cuando la conocieron en eventos diferentes, cada uno por separado. Aunque ambos destacaban por ser atractivos para el sexo opuesto, la pelinegra se había decantado por Gray sólo debido a su carácter serio y poco sociable… cualidades que Juvian no compartía, quien destacaba con su actitud histriónica y carismática en todos los lugares donde pisaba.
Suspirando, tomó la pelota de básquetbol y su bolso deportivo para marcharse a su hogar. Si seguía allí no tendría tiempo de alistarse y no estaba dispuesto a perder dicha oportunidad.
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Permaneció parado en la sala de estar de aquella vieja casa, esperando a que su propietaria apareciera. Toda la tenue habitación estaba impregnada de un penetrante aroma a incienso que comenzaba a hacer que le doliera la cabeza, sin mencionar que la decoración esotérica a su alrededor lo intimidaba un poco. Recorrió el escasamente iluminado lugar con la mirada, hasta que se topó con un elegante felino que lo observaba como un guardián severo. Sus intensos ojos verdes parecían dagas tan afiladas como sus garras capaces de perforar su alma con solo una mirada.
-Veo que regresaste- dijo a su espalda, sorprendiéndolo, por lo que no pudo evitar sobresaltarse.
-No estaba seguro- admitió escondiendo sus manos en los bolsillos de su desgastado pantalón de jeans, intentando parecer relajado- Pero no tenía muchas más opciones.
-No te preocupes, suelo escuchar eso seguido- le sonrió la misteriosa mujer pelirroja, vestida en completa sincronía con el lugar- ¿Aún quieres la poción que te mencioné?- consultó con una sonrisa taimada.
-Si, estoy dispuesto a intentar con ella- respondió seriamente, firme.
-Te advierto que suele funcionar de maneras diferentes, según quien la tome- le explicó mientras caminaba a un antiguo mueble repleto de pequeños frascos de vidrio de diferentes colores, tamaños y formas, tomando uno de intenso color escarlata- Con una pequeña dosis, creo que será suficiente. Es una poción muy fuerte, no debemos abusar de su poder.
Con movimientos fluidos dignos de una bailarina, extendió el pequeño y delicado frasco frente a sus ojos azules. Aun dudando de su decisión, tomó el misterioso objeto y le entregó el sobre que contenía el dinero por el encargo.
-¿Estás segura que es efectivo?
-Por supuesto, querido- le sonrió felinamente, recordándole al gato que aún lo vigilaba con tirante atención- Confía en mí. Con esto, tu mejor amigo no podrá ganarte.
A pesar de sentirse sorprendido por sus palabras, ya que nunca había admitido que su competencia era Gray, Juvian se retiró de aquel lugar sin decir nada más.
Caminó sin prisa por las calles de aquel oscuro y peligroso vecindario, meditando su decisión de presentar batalla ante su mejor amigo. Sabía que para cualquiera normal la alternativa de la poción sería una decisión absurda y estúpida, pero creía en todo lo esotérico desde pequeño gracias a su madre y no tenía miedo de probar con algo tan poco convencional.
Según las palabras de Madame Irene, aquella poción sacaría su parte oculta, conectándolo con su corazón. Sabía que tenía la capacidad de atraer sexualmente a las mujeres, no tan bien como Gray, pero sin nada que envidiar. Donde era realmente malo era en demostrar sus sentimientos de una manera efectiva cuando estaba realmente interesado por una mujer, hecho que había ocurrido solo en aquella oportunidad.
Sin percatarse, después de media hora de caminar por la ciudad, llegó al edificio donde estaba su departamento. Una vez en su hogar, decorado al mejor estilo industrial, se quitó la sudadera del cuartel con prisa y buscó en su cocina una pequeña cuchara para calcular la dosis que le había aconsejado la bruja. Un poco dudoso, tomó la sustancia roja, que sorprendentemente era tan dulce como la miel.
Una hora después de vagar de un lado a otro como un león enjaulado, se sentía exactamente igual. Frustrado, decidió que necesitaba un poco más para asegurar su éxito. Otra hora más tarde, aún más impaciente y en medio de un acto irreflexivo, tomó el resto del contenido de la botella hasta dejarla vacía. Fue entonces cuando comenzó a sentir un cosquilleo a lo largo de todo su atlético cuerpo, seguido de un pesado cansancio similar a un mareo. Tambaleándose en una inestable caminata, sólo logró llevar al sillón de su apartamento de concepto abierto antes de perder definitivamente la consciencia, desmayándose sobre él.
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8 de junio
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Se removió incómodo, ya que los primeros rayos de sol golpeaban directamente su rostro impidiendo que continuara durmiendo. Era extraño, por lo que se removió intentando protegerse del astro rey. No obstante, en cuanto cambió la disposición de su cuerpo se percató que solo la mitad de su anatomía reposaba sobre una blanda superficie. Más confundido aún, descubrió que se encontraba sobre su sofá, y sus piernas descansaban en el duro piso de madera oscura.
-¿Habré bebido demasiado anoche?- se preguntó a sí mismo, deslizando su cuerpo hasta quedar completamente sentado en el suelo, sin recordar nada de la noche anterior.
Refregó sus cansados ojos, perdiéndose en la hermosa vista del ventanal que reinaba en el espacio de concepto abierto. Sonrió recordando que había sido aquel elemento el que inclinó la balanza a la hora de decidir comprar el apartamento hacía cuatro años. Gray había discutido que no era algo tan importante como para ser la razón de la compra, pero afortunadamente poco había escuchado su opinión en esa ocasión.
Distraído, peino su cabello hacia atrás apreciando que ahora era realmente largo, demasiado para caer abundantemente por sus hombros y espalda. Confundido por el descubrimiento, se puso de pie, pero sus pantalones se deslizaron por sus largas piernas sin esfuerzo o resistencia. Fue sólo entonces que, al bajar la mirada para averiguar porque la ropa repentinamente no se ajustaba a su físico, descubrió dos prominentes pechos que dificultaban la visión de su área inferior.
Su cuerpo reaccionó con absoluta autonomía debido al pánico, corriendo a torpe paso -debido a la ropa holgada- hacia el baño en su habitación. Cuando se enfrentó a la imagen que le devolvía el gran espejo, perdió súbitamente el color de su ahora femenino rostro, dejando escapar un grito de sorpresa.
-¡Que mierda…!- exclamó con horror.
Su rostro había perdido la rígida complexión masculina, mutando a una delicada forma de ovalo perfecto enmarcado en su ahora larga cabellera azul. Sus ojos azul índigo ahora eran decorados por largas pestañas negras y cejas delgadas, mientras que sus labios eran más carnosos, sensuales, dándole un aspecto de muñeca de perfectas proporciones. Aún más atónito, se quitó la camiseta para llevar sus manos a su nueva y voluptuosa anatomía, intentando comprobar si todo era una ilusión o una mala pasada de su mente. Sin embargo, la esponjosa sensación de sus senos o la estrechez de su cintura se sentían muy reales. Desesperado, buscó dentro del visible boxer de color negro aquel elemento inconfundible de su hombría. No estaba ¡Aquello definitivamente era una pesadilla!
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14 de junio. Magnolia
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Harto de soportar las molestas y repetitivas réplicas de sus compañeros durante el tiempo que compartían en la estación de bomberos, Gray decidió terminar de una vez con aquel problema. Después de la discusión en la cancha de básquetbol, Juvian había desaparecido de la faz de la tierra. Gracias a Makarov, el veterano capitán de la estación, los muchachos sabían que había solucionado una licencia por un mes, alegando problemas familiares. Para cualquier otro aquella excusa sonaba verosímil, pero ellos sabían que Juvian no tenía ningún familiar vivo.
Por otro lado, no había respondido a ninguna de las numerosas llamadas de Gajeel. Natsu les había asegurado que no lo había recibido cuando fue a buscarlo a su departamento, como si no hubiera nadie viviendo allí, mientras los vecinos aseguraban que no lo habían visto esos días. Por consiguiente, Natsu y Gajeel lo habían torturado constantemente durante esa semana para que resolviera el problema o ellos también dejarían de hablarle.
Gray había minimizado la situación desde el comienzo, asegurando que sólo era un típico acto dramático por parte el peliazul y que pronto aparecería como siempre. Aunque, la verdad de su inacción era que se sentía terriblemente culpable por herir a su amigo y el tajante silencio del peliazul a sus propias llamadas. Juvian jamás había hecho algo así en el pasado, aun cuando hubiera estado realmente furioso.
Llevando bajo el brazo un six pack de su cerveza favorita, aguardó a que los automóviles pasarán para cruzar hacia el departamento de su amigo. Por fortuna, el peliazul no vivía muy lejos de su propio hogar, por lo que sólo se había desviado unas calles, una vez que había abandonado el cuartel con el fin de su turno.
Estaba a punto de retomar su marcha, cuando una silueta llamó poderosamente su atención: una esbelta mujer de largo cabello azul brillante caminaba por la acera del frente, cargado una bolsa de papel con víveres hasta entrar al complejo de departamento a dónde se dirigía. Sabía que jamás la había visto antes, ya que llamaría la atención de cualquier mortal sin esfuerzo. Un hermoso rostro delicado, aquellos pechos turgentes apretados en una masculina camiseta con un nudo que dejaba ver su vientre plano, su precioso trasero en forma de corazón invertido apenas oculto en unos shorts realmente cortos. De no ser por su reciente avance con Ultear y porque debía resolver los problemas con Juvian, seguramente intentaría hacer planes para esa noche con la despampanante peliazul.
Cuando por fin tuvo nuevamente el paso, ya que lo había perdido gracias a tal distracción, cruzó la calle hacia su destino. Decidió subir por las escaleras, para así ganar tiempo hasta llegar al departamento de su amigo en el sexto piso y aplazar aquella tediosa charla. Nunca había sido bueno a la hora de pedir disculpas, pero apreciaba sinceramente a Juvian, especialmente porque había sido un gran apoyo en su juventud cuando había estado terriblemente peleado con Silver. El peliazul siempre se había mostrado al pie del cañón ante el problema de la mala relación con su padre, leal y presente en todo momento.
Juvian había perdido a sus padres en un accidente automovilístico, por lo que siempre le recordaba, con sinceras palabras, lo corta que podía ser la vida y lo agradecido que debía estar por tener a los suyos aún con él.
Sintiendo una puñalada de culpabilidad en su pecho, tomó aire profundamente antes de llamar a la puerta frente a él. Aunque no era una persona sentimental, le debía una disculpa a Juvian y era necesario que abriera su corazón para expresarle sus fuertes sentimientos por Ultear. Golpeó ansioso la madera pulida de color oscuro, mientras cambiaba de brazo las latas de cerveza, intentando ocultar lo nervioso que estaba por cómo saldría aquella charla.
Sin embargo, se quedó petrificado cuando la puerta se abrió dejando ver a la mujer que había llamado su atención unos momentos atrás. La peliazul lo observó con una expresión de sorpresa, mientras él no podía dejar de notar que se veía muchísimo mejor de cerca. Sin mencionar que bajo esa camiseta se notaba que no llevaba sostén.
Sin perder tiempo, la joven salió de su estado de shock e intentó cerrar rápidamente la puerta, pero los reflejos veloces de Gray se lo impidieron, avanzando automáticamente para entrar al apartamento. Su reacción evasiva le parecía terriblemente sospechosa y se consideraba un experto en detectar cuando un problema estaba frente de él.
-¿Quién eres?- consultó seriamente el pelinegro, estudiándola con atención- ¿Dónde está Juvian?
La peliazul no parecía estar dispuesta a hablar, con una expresión de molestia y hostilidad plasmada en sus perfectas facciones que le sorprendió. Aún sin conocerla, parecía tener una fuerte animosidad contra su persona y no era tímida en demostrarlo.
-Él no está- sentenció cruzándose de brazos, lo que dificultó considerablemente la tarea de Gray de permanecer focalizado en sus preciosos y agrestes ojos azules- Puedes irte.
-No respondiste mi primera pregunta- señaló sin poder evitar ser frío debido a su respuesta hostil, elevando una de sus cejas negras- ¿Eres amiga de Juvian?
Por un momento, sintió esperanzas de que aquella terriblemente caliente mujer fuera la nueva conquista de su mejor amigo, dejando en el pasado su interés por Ultear y logrando así aligerar su consciencia. No obstante, aquel pensamiento también lo llenaba de una egoísta insatisfacción que no llegaba a comprender.
-Soy su prima, Juvia- respondió velozmente, aún más hostil y resentida.
-Él no tiene una prima- contraatacó, frunciendo el ceño- Cuando sus padres murieron, fueron Silver y mi madre quienes lo ayudaron, ya que no tenía más familiares.
-Si la tiene- aseguró molesta, con un ligero sonrojo en sus mejillas- Es mejor que te vayas ya, Gray. No eres una persona grata para él en este momento.
Aquella acusación terminó de enfurecer al pelinegro. Dejó distraídamente las cervezas en un mueble cercano y cerró la puerta fuertemente para que no pudiera huir. Avanzó hacia ella con paso intimidante, mientras la enfadada peliazul retrocedía para mantener la distancia entre sus cuerpos.
-No me iré de aquí hasta hablar con él, me importa poco quién eres o dices ser- le aseguró furioso, ahora preocupado por el paradero de su mejor amigo ¿Y si aquella hermosa mujer era otra de las desquiciadas conquistas de Juvian? El peliazul era demasiado confiado la mayor parte del tiempo con los extraños y no resultaba descabellado que cayera en las redes de tan atractiva mujer.
-Esto es un problema entre él y yo…
-Vete Gray- ordenó nuevamente, esquivando algunos muebles, retrocediendo casi sin mirar. Sabía que, ante la más mínima equivocación, estaría a su merced.
-¿Cómo sabes quién soy si nunca nos hemos visto?- interrogó con dureza en su voz, aunque admirado de su agilidad para eludir los objetos sin bajar su mirada desafiante, como un hada delicada de pies descalzos.
De un movimiento rápido que Juvia no pudo prever, logró impedir que siguiera retrocediendo cuando la acorraló efectivamente contra el amplio ventanal del apartamento. Bañada de los últimos rayos de sol de la tarde, su cabello relucía dándole un halo aún más encantador como si se tratara de un ángel bañado de luz anaranjada. Si había sido engañado por ella, comenzaba a comprender a su mejor amigo. Más difícil que conseguir información, era concentrarse en no perderse en su encanto innato.
-Eso no te importa ¡Vete!- ordenó histérica, furiosa y sonrojada, siendo apresada por sus fuertes brazos a cada lado de su menudo cuerpo.
-¿Dónde está Juvian?- siseó cada palabra, acercándose cada vez más a ella.
La falta de espacio entre sus rostros le permitió apreciar mejor sus perfectas y adorables facciones, aún a pesar de su evidente enfado. Era realmente hermosa y femenina, una mezcla asombrosa entre hipnótica y misteriosa. No podía creer su historia sin fundamentos, pero tampoco podía negar que se encontraba hechizado por su presencia. Era tan atractiva que le costaba focalizarse aún en aquella extraña situación.
-¡Mierda! Déjame en paz, Fullbuster- siseó en respuesta, apretando sus perfectos dientes de una manera que le resultó particularmente familiar, congelando al pelinegro- Ya ganaste ¡Ve con Ultear y deja de molestarme de una maldita vez!
Impactado por sus rudas palabras, la estudió detenidamente. Quizás otro incauto habría caído en su mentira de que eran familiares, ya que poseían rasgos similares como el color de su cabello y sus ojos brillantes de tonalidad índigo. Alarmado al comprobar que su parecido era más extraordinario de lo que había advertido en un primer momento, deslizó sin decoro su mano derecha por su suave y plano abdomen levantando sin delicadeza aquella camiseta, robándole un escalofrío que la sacudió, acompañado de un erótico jadeo de sorpresa. Aquella reacción espontánea lo turbó aún más, pero decidió concentrarse en su tarea. Observó la delicada piel marfil de sus costillas, las cuales se movían exaltadas por su respiración agitada. Allí, exactamente dónde lo recordaba, estaba aquel tatuaje de la constelación de Piscis plasmada en su lado izquierdo.
-¿Juvian?- consultó horrorizado, retrocediendo unos pasos por la impresión, cortando la estrecha cercanía que había compartido hasta ese momento.
-Si, maldito idiota- escupió apartando la mirada, violentamente sonrojada.
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Hola a Todxs!
Les traigo un nuevo Fic, que quiero constarles me divirtió mucho de escribir. Espero que les guste y me dejen sus impresiones :)
Muchas Gracias por leerme 3
Saludos!
Miko Fleur
