Una obra de arte

"El gran arte de la vida es la sensación, sentir que existimos, incluso con dolor."

Karmilla Du Mourier

30 años

Vigilante jefa de los juegos del hambre

"Todos somos medidos, buenos o malos, por el mal que hacemos a los demás."

La puerta de la mansión chirría cuando la abro y al entrar en el vestíbulo noto una corriente fría que viene del piso de arriba. La luz de las velas titila a causa del viento creando sombras en las paredes y los retratos que hay colgados en ellas parecen seguirme con la mirada.

Recorro la casa en silencio. El patio es la entrada a las tres alas, la este, la norte y la oeste. El polvo se acumula por todas partes y las arañas han tejido sus telas aquí y allá. Los pasillos están repletos de cuadros que representan escenas de guerra, sangre y muerte de una manera bastante realista y con mucho amor por los detalles truculentos. Me siento orgullosa de ellos ya que los he pintado yo.

Reviso todas las habitaciones una por una. Es una casa elegante, pero vieja, deteriorada. El suelo de madera cruje bajo mis pies y otros ruidos de casa antigua se le suman. En algunos dormitorios las paredes están llenas de humedades y de manchas de algo que podría o no ser sangre. En otros hay otras cosas, otras sorpresas para los futuros habitantes de esta casa.

Salgo al frío aire de la noche. En esta casa siempre es de noche. Los jardines lucen tan descuidados como el interior de la mansión. Las fuentes no tienen agua y las flores silvestres y las malas hierbas crecen por doquier. Algunas de las estatuas decorativas están derribadas en el suelo y las que todavía permanecen en pie están cubiertas de hiedra. Me detengo un momento para contemplarlas. Hay sufrimiento en las caras que aún son reconocibles. Hay dolor, pero sobre todo hay miedo. No las he hecho yo, la escultura nunca ha sido un arte a mi alcance, pero ciertamente son muy hermosas.

Más allá de los jardines está el bosque. Hay que abrir una verja oxidada para llegar a él. Allí los árboles crecen sin orden ni concierto. Plantas espinosas campan a sus anchas y criaturas de la noche habitan entre las sombras.

Es muy fácil perderse en el bosque, pero yo lo conozco bien y no me cuesta encontrar el camino hacia el lago y un poco más adelante, hasta el único lugar que permanece limpio y bien cuidado: el cementerio.

Camino entre las tumbas. Aún no hay nombres grabados en ellas, pero eso no me preocupa. Muy pronto los habrá. En apenas un mes este sitio se llenará de vida y, lo que es lo mismo, de muerte.

Vuelvo al vestíbulo de la mansión y me contemplo en el espejo. Mi aspecto no desentona con la casa. El rojo de mi vestido de fiesta, largo y baporoso, contrasta con el blanco casi traslúcido de mi piel. Todo en mí es blanco, rojo o negro: rojo es mi vestido, mis zapatos de tacón y mis labios; blanca es mi piel, artificialmente decolorada y negro es mi pelo largo, mis ojos teatralmente maquillados y los tatuajes de mis brazos que marcan cada una de mis venas. La única nota de otro color es la capa morada, larga y ondeante. Las espinas del bosque la han rasgado en algunas partes, pero no me importa. Incluso me gusta más así.

Estoy satisfecha. Este lugar es una obra de arte, mi obra de arte. No obstante, la obra no está completa. Falta un mes para que todo comience a completarse. En un mes esta casa se llenará de gente, niños, niños buenos como lo son la mayoría de los niños. No obstante, ningún niño bueno saldrá de aquí. Solo la maldad hará que uno de ellos salga. Su maldad, la del vencedor y la del resto, terminará la obra que ha empezado la mía propia.

Será un espectáculo digno de ver. Siempre es hermoso ver como las personas dejan atrás lo bueno y abrazan la oscuridad. Yo hace años que lo hice.

Mi madre me dijo una vez que todo el mundo se cree su propio héroe, pero que al final todos somos solo villanos. Nuestro instinto es el mal y solo cuando lo comprendemos llegamos a conocernos a nosotros mismos. Solo somos realmente nosotros cuando aceptamos que somos los villanos en los cuentos de otras personas. Yo seré la villana en la historia de veinticuatro niños y niñas. Mi voz retumba en la casa cuando digo para mí misma:

–Bienvenidos a los vigesimosextos juegos del hambre.

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Me encanta escribir cosas siniestras y creo que tanto la Arena como Karmilla lo son. El nombre de ella es por la protagonista de la novela de vampiros Karmilla y por Daphne Du Mourier, autora de Rebeca. El tema de la maldad y de los villanos también me ha gustado siempre, así que aquí está esta combinación. Las frases del principio son de Shirley Jackson, maestra del terror.

Tenía muchas ganas de empezar con este proyecto. Disfruté mucho con mi primer syot y espero hacer lo mismo con este.

Sé que ya no está de moda, pero para mí los comentarios siguen contando a la hora de que un tributo viva, al menos para el baño de sangre y los primeros capítulos de Arena. Luego ya la trama es quien manda, pero en un principio prefiero guiarme por comentarios por dos razones. La primera es, básicamente, que me gusta recibir comentarios. La segunda es que me ayuda a organizarme mejor y sobre todo se me presentan retos, como añadirles más trama a personajes que en un principio pensaba que no la iban a tener o al contrario, tener que prescindir de alguno que creyera que iba a ser importantes. En el otro syot salió bien y dio pie a resultados interesantes, así que repito en este con el mismo método.

Esta es la ficha que tenéis que rellenar si queréis mandar tributo:

Nombre:

Distrito:

Edad:

Apariencia:

Personalidad:

Historia de su vida:

Relaciones significativas:

Reacción a la cosecha o motivo del voluntariado:

Fortalezas:

Debilidades:

Alianzas:

Estrategia:

Extra:

La lista de tributos disponibles está en mi perfil. Ya he recibido a algunos estupendos y estoy deseando conocer a los demás.

Gracias de antemano a quienes me mandéis a vuestros tributos y a quienes leáis esta historia. Todo esto me hace mucha ilusión.