Un sueño de rojo y tinta.

A Sunset siempre le había gustado dormir en el suelo. El frio que lentamente le atravesaba el pijama y se le iba pegando en la piel la relajaba, la oscuridad que envolvía todo en un dulce secreto la protegía, el aroma perfumado de la alfombra en esa habitación ajena le hacía recordar y olvidar al mismo tiempo. Poco podía importarle la cálida cama vacía en la alcoba, nada significaba su mejor amiga en el salón de su propia casa, que por algún motivo había decidido cederle su lecho. La soledad de su falso sueño la obligaba a pensar.

Hace tanto que no hacia esto– habló para sí misma, apenas un murmullo salió de su boca pero de todas maneras regreso al silencio, escuchando atenta, temiendo que alguien pudiera escucharla.

Tal vez nunca lo hice– continuó al mismo volumen, con la misma precaución.

Fijó la mirada en su mano, no alcanzaba a ver casi nada pero le era fácil imaginarse sus uñas postizas teñidas de rojo, rojas cual sangre fresca. Twilight había insistido en pintarle las uñas y ella se lo permitió. "¿Por qué no me negué? Yo odio el color rojo" pensó ya en silencio. "Ella no lo sabe" se respondió al instante. Decidió que no tenía ganas de meterse eso en la cabeza, al menos no ahora.

La noche era larga y un solo instante al mismo tiempo, más bien un momento en la vida. Podía contar las horas del día por separado y la noche en una sola masa, una pasta que se traga entera siempre, se pase despierta o dormida. La idea no le alegraba pero tampoco le molestaba; más bien le distraía que era mejor.

Ahí junto a la cama se estaba curiosamente cómoda. Un lugar donde podía ser una extraña, no saber nada, mirar al vacío sin la menor idea de donde debería estar todo y no preocuparse. Le gustaba más de lo que se había imaginado. Cerró los ojos deseando tragar tiempo.

Un ruido en el salón, el golpe seco de algo ligero que cae.

Sin saber bien porque, Shimmer se levantó con ligereza, con el corazón callado y la respiración lenta, pero verdaderamente lista para todo. Tal vez estaba asustada, no lo sabía a decir verdad. "Ya ni me acuerdo como se siente eso" intento decir pero la idea no paso de pensamiento. Caminó hacia la puerta con la boca y los ojos cerrados, recogiendo los dedos de los pies sobre sí mismos aun cuando no esperaba golpear nada ni le importaba hacerlo.

La madera chillo al primer contacto con la perilla, ruidosa y melancólica, llorando una antigua pena sin importancia. Sunset eligió ignorarlo, el salón seguía llamándole, el eco de aquel objeto cayendo seguía retumbando en sus oídos. Atravesó el pasillo dando zancadas para llegar aunque sea un poco antes, estrellarse con un mueble era la menor de sus preocupaciones "Pero en verdad no estoy preocupada" intento hablar una vez más y la voz otra vez se le quedo dentro del cráneo.

La luz de la luna que se escurría por las ventanas inundaba la habitación con rayos azules, estaba fria aun sin viento, como estando bajo el agua y así se sentía Shimmer, sin peso, sin tocar el suelo, irreal, flotando con prisa como si nadara para salvarse de algo extraño. Una de la casuales casualidades de la noche y nada más.

Paseo la vista por el lugar intentando encontrar una pista de lo que fuera que había pasado. Todo en orden, demasiado en orden quizá, desagradablemente ordenado incluso. Esa falta de caos le molestaba, no es que fuera extraña sino que era demasiado común, excesivamente obvia y aburrida "Es como abrir un regalo de navidad que tu misma elegiste" pensó aun investigando, respirando lentamente bajo ese mar etéreo. Twilight sabría bien que había pasado o si algo faltaba. Decidió despertarla.

Se paralizo cuando finalmente alcanzo el sofá.

Está muerta– vomito las palabras en medio de una arcada a pesar de que esta vez intento solo pensarlas. No pudo gritar ni volver hablar "Pero no tengo miedo" pensó ya de rodillas mientras se sostenía con las manos para no caer.

La sangre le olía artificial, a plástico, a falsedad; como cuando cargaba gasolina en su motocicleta o engrasaba piezas de metal. Sintió su estómago salírsele por la garganta y sobrevolarle la cabeza. La boca comenzaba llenársele de goma y dulzor, sabor a fresa y vomito.

Está destrozada.

La separación le comenzaba del final del cuello y se perdía en el pantalón del pijama. La piel estaba entera, cuidadosamente echada a los lados, lo demás era un pila de mierda. ESTÁ MUERTA. Los hueso parecían haber sido arrancados y pulverizados y revueltos y vueltos a colocar entre el amasijo de carne. ESTÁ MASACRADA. Los órganos parecían papilla, apenas reconocibles y Sunset no podía evitar tratar de identificarlos: un pulmón hecho puré, un intestino repleto de agujeros, un corazón cortado justo por la mitad. LA MATARON. Se puso de pie otra vez, para mirar mejor, para mirar hasta no ver nada pero la roja sangre ya se le había metido en los ojos. No podía detenerse.

El sabor en su boca cada vez era peor, cada vez más y más real, más cercano a ella, más eterno, más inolvidable. "Pero no tengo miedo" repitió en su mente, mirando al cadáver, para sí misma, para no dejar de pensar. Se sentía calmada.

Tú la mataste– la voz le atravesó las orejas y le revolvió el cerebro.

No, yo acabo de pasarme por aquí– contesto Shimmer por reflejo, sin controlar lo que decía pero no le disgustaron sus palabras. Busco con la mirada a la dueña de la voz. Una mujer alta y envuelta en una túnica negra como sombra estaba frente a la ventana, sin bloquear nada de luz pero oscureciendo la habitación de algún modo.

Tú la querías muerta–. Acuso de nuevo. Cada palabra se le tatuó en la piel, como una condena. "Ella debió matarla" pensó Sunset sin creerlo de verdad, la mujer podría estar en cualquier otra parte y daría exactamente lo mismo, no se sentía amenazada "No tengo miedo" pensó una vez más para sí misma, siempre para sí misma.

Un poco, o solo me hubiera gustado que se largara lejos. Yo no la maté – confesó por accidente, con la lengua suelta pero sin arrepentimiento. No podía mentir ni tenía ganas de intentarlo.

Tus manos están llenas de sangre Sunset Shimmer– asevero la jueza. La acusada busco sus palmas, el esmalte rojo brillaba con luz propia, exactamente del mismo color que la sangre de Twilight. Se extendía. La tinta se deslizaba por su piel, no se movía sino que crecía y la iban cubriendo los brazos y le goteaba y manchaba el suelo y el aroma de ese esmalte era como si le llenara la boca con aquel sabor a químicos, a fresa, a gasolina y a grasa y a motocicleta y recuerdo y a olvido.

Ser culpable por tener las uñas pintadas de pronto le parecía gracioso. Shimmer no pudo evitar reír en voz alta.

¿Por qué lo hiciste? –. La voz le pareció casi triste, como una madre qué quiere una excusa para perdonar. Sunset sabía que no lo había hecho y también sabía que eso era lo de menos.

Porque es insoportable–. Considero cubrir su boca por un momento pero la sola idea de mancharse la cara con el líquido la convenció de no hacerlo – No me agrada, cada que estamos solas me apetece golpeara. Cuando no entiende algo y se lo tengo que explicar la detesto, cuando yo no entiendo algo y ella se toma el tiempo de simplificarlo para mí me parece despreciable; solo cuando estamos entre las demás puedo olvidarme por un momento de que ella está ahí y pasarla bien antes de que vuelva a abrir la boca o me ahogue en su estúpido perfume de lilas–.

Silencio, silencio ruidoso, de ese que se da cuando se piensa profundamente o se quiere ignorar algo desesperadamente. Sunset no sentía que tuviera nada por decir, la mujer frente a la ventana en cambio le parecía que estaba esperando para hablar de nuevo, para abrir la boca otra y otra vez y obligarla a responderle en cada ocasión.

Por favor, ella es tu mejor amiga– resultaba imposible ver el rostro de aquella criatura con voz de madre pero lloraba, Sunset sabía que lloraba.

Lo es–. Concedió con la misma falta de emoción con que soltaba todo, sin arrepentirse ni contradecir nada. – Y al odio de verdad. A veces me pregunto si a las demás realmente les agrada, las eh odio hablar mal de ella de vez en cuando y las eh contradicho y eh defendido a twilight con cosas que no pienso en cada ocasión–. La extraña volvió a esperar.

–Y aun así la detesto–. Continuo Sunset para cerrarlo todo, para terminar su turno de hablar.

Shimmer observo al cadáver una vez más; el rostro de Twilight le regreso la mirada a pesar de no moverse. No podría arrepentirse aunque quisiera. No se estaba contradiciendo, solo exponía una sucesión de hechos claros: la chica muerta en el sofá era su mejor amiga y ella la odiaba de verdad; habia haceptado hacer una pijamada con ella aun cuando no soportaba que estuvieran a solas; No le importaba verla ahí, no sentía nada aun cuando se arqueaba como si fuera a vomitar y no tenía miedo aun cuando alguien acababa de asesinarla y estaba casi segura de ser la siguiente. Todo le parecía en perfecta lógica y sentido.

Sin ver nada Sunset sintió a la mujer abrir la boca un par de veces y cerrarla de nuevo, arrepentida de sus palabras o de su camino quizá. Juzgándola por algo, condenándola por otro motivo, deseosa de ejecutar sentencia al mismo tiempo. "Pero no le tengo miedo" repitió para sí misma en su mente, sintiendo cada palabra como una sola.

Lo siento mucho querida, ya no hay tiempo–. Bastó un segundo para que la mujer quedara frente a ella, un solo instante para que extendieras sus largos brazos y los pasara por su espalda. "Así que este es el final: Hablar y morir, poner todo en orden antes de largarse al pozo, verdades y prioridades cuando ya no hay tiempo de nada. Terminare igual que Twilight, alguien encontrara los dos cadáveres hechos pedazos y buscaran a un asesino un rato, luego se rendirán y nos iremos juntas al olvido. No tengo miedo". El abrazo no la sorprendió, el calor envolviéndola como fuego no la molestó en lo más mínimo y la negrura que se le metió bajo la piel no logro asustarla.

Silencio. Sin ideas. Sin sentir. Rojo… sangre fresca, plástico, muerte, goma, gasolina, grasa, recuerdos, TWILIGHT.

Sunset gritó; un grito sordo, hacia adentro, como un bostezo repentino; Ya luego despertó.

Eh… lamento despertarte, pensé que querías dormir un poco más– La chica de cabello morado la miraba desde arriba, envuelta en un as de luz; apenas unos centímetros sobre el rostro de Sunset. Un juego de mantas extraño la cubría. Rojo, rojo como la sangre fresca y el esmalte de uñas.

Uhg, eh, qu, ¿ah?, Twi– Shimmer tocio un balbuceo extraño mientras se sentaba de una arcada y arrojaba los cobertores sobre sus piernas.

Parece que te caíste de la cama–. Una risa acompaño sus palabras, una risa inocente, como la de quien se ríe de pura alegría, alegría de poder reírse. – Bueno, te espero para desayunar, tengo como 3 tipos diferentes de cereal y puedes elegir el que quieras–. No parecía esperar una respuesta pero de todas maneras miraba fijamente, justo a los ojos.

Yo… Twi–. Y cerro la boca una vez más, sin saber que decir ni poder tragarse el nudo que le crecía en la garganta, a pesar de la fuerte sensación de deber una respuesta que le pajareaba en las costillas. La verdad le picaba desde adentro.

Aunque, si quieres claro, también puedes dormir un poco más–. Y salió de su propia habitación, rápidamente, de nuevo con una de aquellas risas inocentes, con la seguridad que regala la luz del día, la confianza en que todo es tan real como puede ser.

Y Sunset se quedó ahí. No estaba confundida, apenas despertar supo que todo había sido un sueño y aun así no quería llevar las ideas hasta el final. Se sentía engañada, sentía que algo importante se le estaba escapando y no atinaba a descubrir qué.

El lecho perfectamente tendido se robaba toda su atención por momentos mientras seguía recostada en el suelo "Twilight no es estúpida, ella sabe que no me caí de la cama" pensó temiendo ser escuchada a pesar de lo imposible que era eso. Volvió la cabeza para mirar su mano sin tener que alzarla. Un par de uñas habían sido arrancadas y las demás tenían el esmalte desgastado; el sabor químico todavía le rondaba la boca y le recordaba su motocicleta y la clase de química y la sangre y su sueña y su verd...

Shimmer eligió quedarse ahí más tiempo, tanto como pudiera aguantar con sus propios pensamientos y el recuerdo de su pesadilla en medio de la luz del día, entre el calor del estanque de rayos de sol que entraba por la ventana y de la peste a lilas en la alfombra. Por más que lo intentaba su sueño no le traía emoción ninguna, nada sobre su mejor amiga.

No pensaba admitirlo, pero estaba muerta de miedo.


Notas de su Miserable autor ManiacoDepresivo:

Ey queridos lectores, no tengo mucho que comentar de esta historia; como todo lo que lanzo cuando estoy moderadamente aburrido: lo escribí en espacio de una hora (debo advertir que eso es mucho tiempo para lo corta que es) y la revise poco. Es interesante concentrarse poco en la forma y correr tras un mensaje.

Pd: Hoy me gane un tiburón ballena (de peluche) en una maquina de garra.

Ppd: Creo que escribir una serie de one-shots de terror pero no solo no estoy seguro sino que lo dudo.

Bye Bye, se despide su, por que no decirlo, Magnánimo autor ManiacoDepresivo.