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Corría tan rápido que ni siquiera sentía la helada lluvia golpeándole el rostro bruscamente. Los dos guardias aún se veían muy cerca. Ella lloró suplicando lastimeramente ayuda sin pronunciar palabra. Dio vuelta en una calle y enseguida otro par de guardias la vieron y comenzaron a perseguirla.
Por poco y es arrollada por un auto. El conductor le lanzó una maldición a la que ella ni siquiera prestó atención. Sentía el cansancio cada vez más pesado sobre sus músculos, su respiración le exigía detenerse para regularse pero no podía hacerlo.
Entró por un callejón y subió por una escalera de emergencia. Tropezó dos veces por lo resbaladizo del piso y al mirar abajo sintió vértigo. Dos guardias subieron mientras que otros dos se fueron por la entrada del edificio. La escalera terminó poco antes de llegar al techo. Ahora no tenía escapatoria. Desesperada, quebró una ventana de una patada, encajándose algunos vidrios en la pierna. Entró a un departamento vacío. Había cajas y muebles viejos. Salió hacia la escalera de emergencia hasta el techo.
La tormenta arreciaba entre truenos y relámpagos que la naturaleza regalaba para presenciar un espectáculo único; los guardias golpearon violentamente la puerta. Ella no tenía a dónde huir. No había nada que le sirviera de arma o escondite. Se maldijo por no haber ido a otro lado. La sobresaltó un golpe que rompió la clavija. Con el corazón en la mano se acercó a una orilla y divisó la alberca olímpica que era parte del gimnasio de ese edificio.
— ¡Ven acá! —gritó uno de los hombres. Sin pensarlo, ella se lanzó.
Espero que les guste! :D
