Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, de ser así, muchos secundarios serían retomados.
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Fantasy Fictions Estudio
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Presenta:
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Por: Aoi Fhrey
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Lo que se oculta en tu sonrisa.
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«««««o»»»»»
Un pequeño efecto secundario de estar tanto tiempo cocinando es que tengo la costumbre de usar imágenes de cocina para mi vida diaria. La vista que ofrece la ventana del tren durante mi viaje nocturno es tan insípida que mi mente comienza a divagar hacia mi mamá. Cuando me encuentro perdida o confundida no puedo evitar pensar en ella.
Una parte constante en mi mente siempre se pregunta si mamá aprobaría la forma en la que llevo mi vida. Si ella sonreiría complacida o estaría triste y decepcionada.
Ella solía decir: «una pequeña pizca en el momento correcto puede transformar la receta más humilde en algo difícil de olvidar».
Creo eso aplica tanto de forma buena como mala.
En términos de cocina mis hermanas y yo somos platillos muy diferentes, sabores únicos y tiempos de preparación únicos.
Por ejemplo mi hermana Nabiki puede ser como muchos tipos de pescado: fresca, compleja y con muchas espinas en su interior para protegerla de la gente torpe o incauta- Por ejemplo cuando ella se enfrenta a una situación que no quiere hacer añade «sal» a su actitud en general, sarcasmo, ironía, burlas apenas disimuladas que causan que las personas tengan poco contacto con ella.
Akane por su parte sería como un platillo con base de cordero, a primera vista puede parecer común, como un guiso de pollo; pero una vez que la conoces realmente descubres que ella es suave, dulce y se lleva bien con muchos «sabores». Pero como mi hermana no se conoce plenamente puede tratar de hacer cosas simples y fallar. Cuando se sobre esfuerza ella agregará demasiado de todo lo que se le ocurre y no siempre con los mejores resultados. Una sobrecarga de entusiasmo sin dirección puede ser abrumadora de comprender.
Como sus decorados de navidad.
Realmente tiene suerte de haber encontrado «un sabor» intenso y complejo como el de mi tonto hermanito Ranma. El cordero, con el acompañamiento correcto puede multiplicar su «sabor» desde el primer «bocado». Y cuando ese par deja sus juegos y se complementan son algo inolvidable de observar.
De una forma u otra mis hermanas pueden funcionar de manera adecuada en su día a día.
Por mi parte… no sé que «sabor» soy. Oh claro, a base de mucha práctica pude simular ser como un postre de mousse. Dulce, suave y sin mucha sustancia. Como una dócil nube de algodón que puede ir bien al final de cualquier comida. Alguien que está bien al fondo, sin molestar, sin sobresalir y sin causar ninguna sorpresa. Pero yo me comporto así por precaución, por protección. Solamente quiero que los demás sean felices así que sigo las recetas al pie de la letra, sin añadir, sin quitar. Si logré un buen punto de equilibrio no me moveré más. No por falta de imaginación o iniciativa sino porque solo se necesita un pequeño cambio o un pequeño descuido para que todo sea un desastre.
Yo no deseo saber «mi verdadero sabor», porque podría ser algo muy incomodo como un picante wasabi y «quemar el paladar» de quienes me rodean o un apestoso natto y que solo me toleren algunos locos. No quiero sorpresas desagradables en mi vida, por eso me mantengo simple y feliz.
Eso, todo en el lugar que le corresponde para no tener sorpresas ni decepciones.
Mamá hablaba mucho de secretos de cocina, decía que con el toque adecuado todos los ingredientes pueden brillar.
¡Oh, ya recordé!
«La receta para la felicidad consiste en agregar los ingredientes en el momento correcto y todo irá bien».
Sí, esa era su frase favorita.
Durante mis primeras visitas (supervisadas) a la cocina creí que esas palabras eran «una de las recetas especiales de mamá», una de esas que necesitaban usar los guantes especiales o la parte de la estufa con una pequeña ventanita. Recetas avanzadas, recetas de mayores. En mi mente infantil siempre trataba de entender la receta completa por lo que siempre le preguntaba:
«¿Cuáles son los ingredientes mamá?»
«Honestidad, respeto, amor, trabajo y paciencia. Agrega suficiente de los 5 y todo saldrá bien al final.»
En esa época podía comprender algunos como la honestidad y el respeto, ya que en el colegio la profesora siempre nos daba ejemplos.
Yo no me preocupaba por entenderlo todo porque esperaba tener más tiempo para preguntarle. Con el paso de los años descubrí que no se trataba de la cocina sino de la vida en general, ella agregaba con amor muchos «ingredientes» para hacer de nosotras buenas personas.
Por desgracia mamá se fue muy pronto y en mi caso su receta quedó incompleta.
El resultado fue que yo terminé como una Kasumi diferente e incompleta. Yo resulté estropeada por falta de cocción. Ni el mejor platillo resulta comestible si se retira antes de tiempo del fuego de la estufa.
Y por eso soy mala, no por acciones ruines o deshonestas sino por omisión. Es una parte fragmentada en mí lo que causa las grietas que me obligan a usar una máscara cada día.
Por eso me esfuerzo tanto en no hacer nada que se salga del molde, todo debe ser hecho de «la manera correcta» porque las miradas jamás se detienen y un solo paso en falso puede causar un desastre para mí o peor, para mi familia nadie debe saber de mis fallas como persona.
En todo ese tiempo he tratado de «repararme» a mi misma pero no encuentro el ingrediente que falta, podría ser algo muy común lo que haga funcionar mi cabeza del modo en que debería o podría ser algo único, una revelación maravillosa que finalmente me arregle. No es un asunto de disciplina. Es casi como estar en una obra de teatro en la cual todos tienen un papel asignado pero yo perdí mi libreto y me la paso improvisando.
Y siempre está presente esa pequeña parte en mi cabeza que me susurra: mentirosa, esa no eres tú.
Yo descubrí en la escuela elemental el hecho de ser diferente y no funcionar como el resto de las personas.
Lo que para mí era normal resultó terriblemente equivocado para el resto de las personas que me rodeaban.
«««««o»»»»»
—Muy bien niños quiero que regresen a sus lugares para comenzar la presentación para sus papás.
Una mujer joven de ojos alegres pero cansados controla a unos 20 niños llenos de energía para iniciar con la tradicional actividad del grado. Un cartel con coloridos kanjis cubre el pizarrón y en el se puede leer:
Cuando sea mayor seré...
Por su parte los padres de los pequeños aguardaban de pie junto a las ventanas con sonrisas anticipadas.
Con la calma restablecida comenzó el desfile de niños.
Muchos ideales reales e irreales son dichos con orgullo por los pequeños para deleite de los adultos. Pilotos, princesas, ponis mágicos, héroes con robot gigante incluido, pasteleros, floristas y cerca del final una pequeña niña de ojos castaños y alegre sonrisa pasa al frente de la clase.
Con voz calmada la niña anuncia que ella desea ser una linda novia y luego una buena esposa.
Varias mujeres incluida la madre de una pequeña Kasumi Tendo sonríen por sus palabras.
Kasumi coloca varios dibujos al frente y explica varios asuntos importantes para ella: el tipo de boda que quiere, los adornos, el pastel y su propio vestido de novia.
Pero cuando dice con quién quiere casarse, el ambiente cambia, las sonrisas se vuelven incómodas.
Aún en su inocencia una pequeña Kasumi pregunta a su maestra si ha dicho algo incorrecto. La mujer niega con la cabeza, pero pide a Shizume que pase al frente con algo de prisa.
Kasumi regresa a su lugar y mira al frente como el resto de los niños. Puede ver que algunos de sus compañeros le dan miradas de: dijiste algo muy tonto-eres tonta. Ella no entiende porque sus amigos la miran como si avisara que quiere comerse el pegamento escolar para su almuerzo.
Kasumi mira el rostro serio de su madre y se preocupa aun más.
¿Qué fue lo que hizo mal?
«««««o»»»»»
En ese momento pude sentir que había dicho o hecho algo incorrecto, pero no me era muy claro el qué. Para buscar pistas a la hora de comer escuché sobre los rumores de otros salones sobre «ideas tontas» y por eso supe que Shinji del 2-A había dicho que quería casarse con la profesora Soryu, algunos padres se rieron bajito y la avergonzada profesora le explicó en ese momento que aquello no podía suceder porque ella era mayor que Shinji, él era su alumno y además estaba comprometida con su novio Kaji.
Pero en mi caso nadie dijo nada, solo algunos chicos groseros continuaron llamándome tonta durante el resto del día.
Mi maestra insistió en que mamá me explicaría el asunto en casa.
«««««o»»»»»
Una pequeña Kasumi pregunta a su mejor amiga en el mundo para obtener pistas.
—No comprendo Hi-chan, ¿qué fue lo que hice mal?
—Creo que nos faltó algún paso importante en eso de las bodas, Sumi-chan—la niña con coletas y pecas agrega—: le preguntaré a mamá al regresar a casa hoy y te lo explicaré mañana.
—Bueno. ¿Quieres uno de mis conejitos de manzana?
—Seguro, me encantan los ojitos de azúcar que les pone tu mamá.
Las niñas comen tranquilas su almuerzo sin saber que los adultos siguen hablando del asunto.
«««««o»»»»»
—La señora Horaki ha venido apresuradamente a mí por un incidente ocurrido con su hija durante las clases Tendo-san.
Kimiko asiente sin decir más, por la forma en que el director usó el honorífico en su nombre casi parece un insulto.
—Yo no lo llamaría un incidente, es mas un pequeño malentendido por…
—En efecto un desafortunado malentendido—dice el director sin dejar hablar a la mujer y agrega—: el error de su hija deberá ser atendido de inmediato.
—¿Disculpe? Mi hija no hizo nada malo, es solo un malentendido que yo...
—Corregiré de inmediato señor director— dice el sujeto interrumpiendo de nuevo a la mujer y añade con ironía—: que bueno contar con su apoyo en esto Tendo-san.
—¡Como se atreve a hablarme de esa manera!
Kimiko Tendo está pálida de furia por el descaro del hombrecito frente a ella.
El director ni se inmuta por la cólera de la mujer. Y le responde con un desprecio frío.
—Me atrevo, porque en este asunto tendré todo el apoyo de la escuela y los padres. No toleraré ninguna conducta aberrante en este lugar de enseñanza.
—¡¿Qué?! Mi hija no tiene ninguna conducta aberrante. Un niño dijo que quería ser piloto de Gundam, solo es una idea infantil. Es lo mismo.
—Los niños dicen idioteces todo el tiempo y eso no afecta a nadie en la sociedad, lo que su hija dijo es de una naturaleza muy diferente.
Tras decir eso el hombre se levanta de su escritorio y se aproxima a la mujer.
—Si fuese de un grado superior yo me encargaría de expulsar a su hija por conducta anormal, pero dado que la niña es joven, aún está tiempo de arreglar esa rareza suya desde casa. Está a tiempo para que ella no sea una paria social por sus descarriadas ideas.
—Mi pequeña no es…
—En efecto, aún no es tarde para ella. Usted y su esposo tienen tiempo de arrancar ese tipo de conducta antes de que eche raíces en ella. La señora Horaki ha decidido retirar a su hija de nuestra escuela, pero yo confío en poder darle una buena palabra de su progreso en su nuevo colegio. Tengo contactos en muchas escuelas del distrito y puedo llevarle las buenas noticias muy rápido.
Con cierta satisfacción el hombre regresa a su escritorio y se instala en su silla esperando una respuesta. Casi espera que la pequeña mujer frente a él se desviva en excusas y reverencias para remediar el asunto. Claro que ella podría llorar y comportarse como histérica. En su experiencia las mujeres siempre se comportan así.
Kimiko Tendo se queda un largo tiempo en silencio mientras asimila las palabras del sujeto frente a ella. Lo que ella consideraba un pequeño malentendido resultó ser una burbuja llena de suciedad flotando sobre la cabeza de su niña. Una mala palabra, un rumor incluso si es falso puede causar mucho daño a su hija y a toda la familia. Las personas nunca se molestan en confirmar, la sola insinuación de algo «fuera de la línea» podría convertirlos en parias. Con moldes sociales tallados en piedra poco importa la verdad o la realidad. Soun podría golpear al pequeño sapo para disuadirlo de hablar, pero eso no resolvería mucho. Al mirar de reojo a la sombría maestra pudo adivinar en ella a una aliada. Tendía que actuar con mucho cuidado.
—Hablaré con mi hija director—dijo la matriarca Tendo con frialdad.
—Es bueno escuchar es…
—Es bueno escuchar, que usted garantizará un trabajo impecable en la educación de mi hija, señor—interrumpió ella. Kasumi será tratada con el respeto adecuado por maestros, padres y compañeros. Mi esposo es un maestro en las artes del combate y siempre está ocupado con los asuntos del dojo, ya sabe tantas lesiones por estudiantes ineptos pueden ser un problema de papeleo, pero a él le encantará venir a las reuniones escolares de ahora en adelante. Yo hablaré con mi hija y usted podrá preguntarle a su tiempo sobre los roles sociales y deberes como ciudadana. Pero yo estaré presente en cada entrevista para confirmar su impecable conducta con mi niña. Un solo gesto o tono fuera de lugar para Kasumi y comerá papillas por el resto de sus días.
Ahora el pequeño burócrata no puede evitar mirar a la furiosa mujer literalmente brillando frente a él. Cuando ella apoya suavemente la mano en su escritorio la madera se pone de color negro al contacto, incluso se pueden ver pequeñas líneas de humo por el calor que emana de esta mujer furiosa. A él no le importaría si fuese solo otra mujer histérica, pero esta menuda ama de casa parece más una tigresa enojada. Una que apenas se contiene para mutilarlo. Toda fachada de calma del burócrata es destruida, con varias gotas de sudor bajando por las sienes (culpa del calor claro) el director asiente sin decir palabra.
La mujer deja de brillar (y de quemar su escritorio) y solo agrega:
—Quiero esa garantía para mi hija por escrito y con su sello familiar, director.
Cuando Kimiko tiene el documento en su mano sale de la oficina sin decir una palabra.
—¡Espere!
Kimiko detiene su caminar por el pasillo. Al mirar a la profesora casi al borde del llanto, su enojo se calma un poco.
—Yo…no sabía…yo no creí que él... Al mirar a la seria mujer frente a ella la educadora se recompone y con una profunda reverencia dice:
—¡Yo cuidaré de Kasumi durante su tiempo de escuela! De él o cualquier otro. No fallaré de nuevo.
La mujer se mantiene inclinada hasta que una suave mano la levanta.
Con una pequeña sonrisa Kimiko dice.
—Gracias.
«««««o»»»»»
Al día siguiente Hikari y Kensuke dejaron de ir a la escuela repentinamente. Fue como si los hubiesen alejado de mí. Y eso me preocupaba. Yo insistí mucho para buscar a mi amiga pero cuando mamá y yo pasamos por la casa de Hikari una semana después estaba vacía. A Kensuke no pude buscarlo porque no sabía su dirección. Ninguno de los dos llamó por teléfono a casa.
¿Por qué?
Ellos hubieran podido decirme lo que pasaba. Mi profesora solo me dijo que era un asunto que mi mamá me explicaría en casa y que no debía mencionarlo nunca de nuevo. Pero solo mis amigos podían darme una respuesta fácil de entender y ellos fueron llevados lejos por lo que me quedé sin personas cercanas para preguntar. Después de eso las dispersas burlas que ocurrieron fueron disciplinadas por la maestra con largas y aburridas conferencias de la maestra para toda la clase. Nadie quería pasar el tiempo del almuerzo en «tiempo de reflexión» por lo que aprendimos a no burlarnos de las ideas de los demás sin razonar primero.
Pero en casa yo no tuve tanta suerte porque mamá comenzó sus pláticas sobre las familias tradicionales y el deber de una buena mujer en la sociedad. Como si de alguna manera yo necesitara una explicación extra. Siempre me dijo con detalle lo que estaba bien, pero jamás mencionó lo que estaba mal. Entre tantas explicaciones largas y difíciles de entender pude descubrir que mi error fue planear una boda extranjera y no una tradicional japonesa como correspondía. Como orgullosa ciudadana de Japón no debí planear algo ajeno a nuestras tradiciones y cultura. Creí que por fin lo entendía y una tarde le dije a mi mamá sin pensar:
—¡Cuando mi amiga Hikari regrese a la escuela planearemos bien nuestra boda!
Cuando mamá me escuchó decir eso se puso pálida como una sábana y mis lecciones aumentaron.
Tonta de mí.
Me había equivocado de nuevo. Y fallé el doble por preocupar a mamá al decir mis errores en voz alta. Una tradicional mujer de Japón tenía que ser discreta en sus asuntos privados y diligente para resolverlos pronto. Pero si no era el cambio de ceremonia de boda ¿en qué me había equivocado?
Era como mirar el cielo y preguntarse:
¿Lo correcto es que el cielo sea de ese color? O en realidad es rosa y solo lo miras por unos lentes que desconoces llevar.
No entendí porque mamá insistía en explicar sobre amigos, novios, prometidos y esposos.
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No era amor. En esa época de mi vida creí que casarme con alguien que me entendiera bien como lo hacía mi amiga era lo correcto. Papá y mamá se entendían tan bien que siempre estaban completando las frases del otro, siempre se estaban riendo y siempre estaban hablando de su gran sueño. Yo quería algo como eso también en mi vida futura. Mi mejor amiga Hikari me entendía así de bien. Además a esa edad los niños en general me parecían tontos porque siempre estaban guardando las cosas más sucias y extrañas en sus bolsillos. Hikari por otro lado siempre hablaba de las flores que compraría cuando abriéramos nuestra tienda y nunca tenía la cara llena de mocos o mordía sus palillos al comer.
Ya no dije nada en voz alta pero al imaginarme a Kaneda o Makoto usando un kimono blanco me daba un poco de risa. Je, je, je Un niño-novio en kimono.
Con el paso de los meses y a base de repeticiones diarias de mamá pude decir de memoria los asuntos importantes para una buena mujer japonesa.
Yo no los entendía por completo pero al igual que los nombres de las islas principales del país se los recité sin fallar a la profesora y a mamá cuando me cuestionaron.
Aquello casi me pareció un examen. Me aprendí las respuestas tan bien que incluso el señor director fue a preguntarme en persona y me felicitó cuando respondí sus preguntas sin fallar.
Como lo hice tan bien en la escuela mis lecciones bajaron a un día a la semana y los viernes mamá me compraba un helado de chocolate al regresar a casa.
Un día cuando mamá me preguntó por mis risitas en las lecciones de bodas me dio pánico y le dije que fue por pensar en Kaneda como novio.
—¿Kaneda es algún compañero tuyo?
—Sí.
—¿Y te imaginaste una boda con Kaneda?
—Bueno…sí.
No estaba mintiendo, pero tampoco era la verdad. Pero como eso causó una sonrisa feliz en mamá cerré la boca y ya no dije nada más.
—Aún es muy pronto para eso. Pero te preguntaré en algunos años de nuevo.
«¡Uff! De la que me había salvado»
—Sí, mamá.
Seguía confundida.
¿Por qué algo tonto como un niño en kimono fue lo correcto y mi mejor amiga en kimono era lo incorrecto?
Fue como pasar un examen de historia sin saber realmente nada. La mentira se sentía como una bola de barro en mi garganta. Pero como ya no quería ver a mi mami tan seria y pálida me prometí que esforzarme en descubrir el error por mi cuenta.
Y con ese examen aprobado los discursos de mamá se detuvieron hasta convertirse en alguna esporádica pregunta sobre el tema.
Las pláticas pararon, mamá y la maestra dejaron de vigilarme como si me fuese a comer el pegamento al menor descuido.
Pero yo nunca estuve completamente tranquila de nuevo desde ese día. Siempre estaba atenta a las miradas de otros, siempre esforzándome por hacer las cosas bien.
Pero siempre con miedo de salirme de una línea que no podía ver con claridad.
«««««o»»»»»
Con todo y mi «cautela extra», las cosas fueron pacíficas y felices para la familia y para mi unos pocos meses más.
Pero casi sin darnos cuenta mamá comenzó a enfermar. Al principio pensamos que ella solo estaba cansada, porque dormía mucho y comía porciones más pequeñas. Pero su tiempo en cama aumentó y una noche papá nos llevó a toda prisa a casa de los Hishihara para llevar a mamá al doctor.
Fue la primera de muchas noches que nos dejaron en la casa de la señora Megumi. Papá se veía tan cansado como mamá al regresar del hospital pero siempre tenía una sonrisa al vernos. Siempre nos cuidaba cuando mamá estaba descansando e incluso nos preparaba el desayuno y la cena.
Nos contaba historias divertidas de su tiempo aprendiendo el arte y los lugares que visitó. A Nabiki le encantaba la historia sobre la isla de las sandias, Akane prefería el cuento del pequeño duende malo que papá atrapó en un pozo. Yo prefería las historias de los cuarenta tipos de arroz que papá aprendió a cocinar antes de conocer a mamá.
Pero, muchas noches me despertaba porque papá estaba cuidando de mamá. A veces ella tenía una horrible tos, otras solo podía tomar té porque le dolía el estómago. Pero las peores noches fueron aquellas en las que solo se podía ver el resplandor de la luz de su habitación colándose por la puerta de nuestro cuarto.
No había ruido y eso siempre era malo, porque casi siempre era el anticipo de que nos llevarían de nuevo con los vecinos para ir con los médicos.
Era extraño ya que nadie podía decir por qué mamá estaba tan enferma y por eso no podían darle la medicina correcta.
Algo estaba mal y nadie parecía saber la causa.
Era casi como mis respuestas tontas de la escuela tiempo atrás.
Una vez el señor Ogata nos platicó sobre un gran agujero que apareció en el suelo de la nada. Nadie sospechó que fue por culpa de un tubo de agua que se rompió y que transformó el suelo en barro. No se podía arreglar un tubo que estaba enterrado bajo tierra, ya que nadie lo veía. Las cosas ocultas a la vista podían causar muchos problemas.
Se lo dije a papá y él prometió mencionarlo a los médicos de mamá.
—No quedará ni un solo cabello sin revisar, pequeña.
Pero mamá no mejoraba e incluso se puso muy delgada.
Tal vez algo más enfermaba a mamá, algo o…alguien.
Y un miedo helado se deslizó por mi espalda.
¿Y si yo estaba enfermando a mi madre por una mala conducta desconocida?
Fue una de las peores semanas que puedo recordar. Tenía tanto miedo de alguna mancha maligna mía que pudiese pasar a mi mamá que me bañaba dos veces al día, cambiaba mi ropa, revisaba mi tarea, revisaba los platos, peinaba de más a mis hermanas y muchas cosas más.
Todo para tratar de detener a ese monstruo desconocido que se llevaba a mi mamá poco a poco.
Ahora puede parecer absurdo, pero los temores no conocen de sentido común, no se detienen y jamás descansan. Y yo tenía mucho miedo.
Hasta que una mañana totalmente aterrada entre al cuarto de mi madre y con lágrimas en los ojos le supliqué que me perdonara porque yo la estaba enfermando por ser una mala hija.
Supongo que la asusté mucho, pero ella me sostuvo en sus brazos hasta que dejé de llorar y le pude contar sobre las manchas desconocidas que la enfermaban.
Con manos suaves y sin dudar quitó los todos temores de mi corazón y me explicó en términos muy claros la causa de su enfermedad. Me dijo que mis hermanas y yo éramos la mejor medicina para ella porque nuestro amor le ayudaba.
Y con mucho amor ella retiró «del fuego» a su asustada hija para que pudiese enfriarse un poco y usar la cabeza para pensar por si misma.
Agotada como estaba me dormí en su cama; lo último que pude sentir fueron sus manos acariciando mi cabello y escuchar su voz diciendo lo mucho que me amaba.
Fue la última vez que estuve con mamá.
«««««o»»»»»
Es un recuerdo dulce y amargo porque lo último que recuerdo de mi madre fue ese tierno gesto de amor. Pero también es amargo porque me dormí sin preguntarle sobre la otra cosa que yo no entendía. Yo memoricé muchas palabras e ideas pero no las comprendía del todo. ¿Era un asunto que se debía seguir sin cuestionar, o tenía alguna otra opción en eso?
Pude ver a mi mamá preocupada por el asunto de las bodas y los novios. ¿Pero su inquietud era por mi o por algo fuera de mi control?
Pero con asuntos más urgentes tenía que dejar mis dudas esperando. Con el paso de los días nuestros familiares se fueron marchando, papá casi nunca salía de su habitación y las comidas preparadas casi se habían terminado.
Mis hermanas eran muy pequeñas para ayudar así que tendría que hacerlo yo.
Si mamá ya no estaba yo tendría que tomar su lugar. Sin importar cuánto miedo me diera el asunto. Tendría que ser igual a ella.
Yo no tenía derecho a fallar.
«««««o»»»»»
Los ruidosos cumplidos de su padre se repetían en la mente de Kasumi esa noche mientras intentaba dormir en su habitación.
—¡Maravilloso, Kasumi! ¡Es igualito al que preparaba mamá!
Y entre ruidosas lágrimas su padre y hermanas habían probado su primer éxito real de comida.
Fue una comida condimentada con alegría. No hablaron de nada especial pero el escuchar las risas de Akane y las bromas de Nabiki fue algo que Kasumi extrañaba mucho.
Era un buen cambio en el estado de ánimo de la casa. Todo su duro trabajo tuvo su recompensa. Habían sido tres días, de silencioso ensayo y error para que el platillo presentado fuese una copia aceptable del libro de recetas de su madre. Ese útil cuadernillo en teoría tenía todos los detalles posibles para lograr el mejor resultado.
Pero en la práctica las instrucciones se habían quedado muy cortas.
El libro sí decía sobre ingredientes frescos mas no dónde comprarlos.
El libro sí decía el tamaño de los cortes en las verduras pero no la manera de usar los cuchillos sin lastimarse.
El libro sí decía la forma para que el arroz quedara suave, pero nada sobre cómo usar la arrocera sin transformar el arroz en un pegamento extraño.
Al final no importaron los ingredientes mal comprados, los vendedores mentirosos, los cortes y quemaduras de los dedos ni todas las versiones fallidas de la comida; porque todo resultó bien, su padre estaba de buen humor y sus hermanas olvidaron la tristeza por un tiempo.
Pero luego su padre le dijo algo a Kasumi que la dejó congelada en su lugar de la mesa.
—No puedo esperar a probar la delicia que prepararás mañana.
¡Mañana! ¡Le había tomado tres días lograr ese triunfo y su padre esperaba algo igual en la mañana!
Kasumi no se siente bien por las palabras de su padre. Es casi como si ella fuese un pedazo de tela que se estiró al máximo para cubrir un agujero con la forma de su mamá. Ella pudo hacerlo pero fue difícil y doloroso.
Kasumi quisiera escapar y que alguien más ocupe su lugar.
Pero no hay nadie, de modo que ella coloca su despertador con tiempo suficiente para lograrlo de nuevo.
«««««o»»»»»
Gran parte de mis temores no eran por las labores sino por el hecho de hacerlas mal. Si me equivocaba preparando la comida mi familia se enfermaría, si me equivocaba con la ropa mis hermanas serían objeto de burlas. Si yo me veía cansada o enojada las personas fuera de casa comenzarían a dispersar rumores sobre mi familia.
De manera que comencé a ensayar frente al espejo mis respuestas, mis gestos y mi sonrisa.
Una sonrisa es igual a alegría y la alegría es lo mismo que felicidad.
Una mala sonrisa es igual a secretos y mentiras. Los secretos y mentiras son síntomas de que algo está mal.
Sonreír, siempre sonreír de una manera que sea pacífica y feliz.
«««««o»»»»»
Creo que con suficiente tiempo hubiese podido aprender lo necesario para cuidar de mi familia por mi misma, pero una persona apareció y lo cambió todo.
La madre de mi mamá.
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Continuará…
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Nota:
El viaje de auto descubrimiento es un camino lleno de accidentes y vueltas en falso. Kasumi aún tiene muchas cosas por descubrir antes de encontrarse a si misma.
Un poco de calma, tengo un plan con esta historia, todo lo que sucede tiene una razón. de ser.
