LOL, tenía el capítulo en borrador y no lo publiqué. Recién me acabo de dar cuenta, ahora que iba a publicar el capítulo "Ni".

¡Comienzo!

Aladdin

—¿Por qué me has hecho venir aquí, Ugo?—preguntó una mujer de unos dieciocho a un gigante azul.

El gigante, sonrojado, miró a los ojos de la fémina.

—¿Ahora qué te da vergüenza?—preguntó, con aparente fastidio.

—Yuri, ya sabes como soy.—dijo Ugo, tratando de excusarse.

La chica le dio una mirada que decía "Me estás ocultando algo y no me gusta que me oculten cosas".

—Haré ver que dejaré el tema de lado, otra vez. Ahora dime por qué me has citado.

—Es hora de que lo conozcas.—dijo Ugo.

Durante unos segundos, la de pelo negro tuvo una cara poker, pero después abrió los ojos con desmesura y miró al gigante con una gran sonrisa, cosa que hizo ruborizar al contrario.

—¿Dónde está?—preguntó, en forma chibi, mirando hacia todos lados.

—Ahora lo hago venir, pero primero escóndete.—dijo, yéndose.

Date prisa, pensó la chica con emoción acatando la orden.

Pasados unos minutos, el gigante volvió a aparecer, pero acompañado de un niño.

No veo nada, pensó la chica con fastidio.

Después de una pequeña charla entre ellos, el gigante le preguntó cuál era su deseo.

—¡Quiero que seas mi amigo!—gritó el niño.—¡Ya te lo dije! ¡Y no lo cambiaré por nada del mundo!

Cosita Kawaii, pensó la pelinegra con corazones en los ojos.

—Yuri, ya puedes venir.—llamó Ugo.

La chica apareció ante el niño y lo estudió bien. Pelo largo azul recogido en una trenza, grandes ojos azules, delgado y enano.

He esperado demasiado tiempo, pensó la chica cogiendo al peliazul y abrazándolo haciendo frotar sus mejillas, Es igual al padre, pero con los ojos de la madre.

—¿Yuri-san?—preguntó el niño, confundido.

—Yuri solo es un apodo, mi nombre es Sayuri.—se presentó ella, dejando al niño al suelo.—Perdón si te ha molestado.—se disculpó, rascándose la mejilla con un dedo.

—¡Para nada! ¡No ha molestado!—dijo el niño rápidamente.—Pero... preferiría que me abrazara de otra manera.—musitó, con un pequeño rubor.

Sayuri ladeó la cabeza en señal de confusión, ella no sabía a qué se refería, pero Ugo sí, que intervino.

—¡No es nada!—gritó con rapidez, mirando a la chica.—No le hagas caso, no lo entenderás.—añadió, nervioso.

No lo entiendo, pensó la de pelo negro, ¿Quiere que lo abrace estando yo de rodillas?

Ugo se aclaró la garganta llamando la atención de Sayuri.

—¿Es este tu único deseo?—preguntó a Aladdin.—Si quisieras, podrías obtener riquezas, fama o incluso la vida eterna.—acabó de numerar, haciendo que la fémina hiciera una mueca.—¿Estás seguro?

—Sí, segurísimo. ¡Solo quiero pedirte ese deseo!—afirmó, feliz.

Sayuri sonrió.

Buen niño, pensó con felicidad, igual a Sheba en ese aspecto... antes de "eso".

—Ugo, él estará conmigo.—dictaminó la chica.

—¿Eh? Pero...

—Se va al mundo exterior conmigo. Punto y final.—interrumpió la chica, con una actitud testaruda.

El Djinn hizo una mueca que demostraba que no estaba conforme, pero que también decía que no se atrevía a contestar a la de pelo negro. Miró a Aladdin, diciéndole con la mirada que no la hiciera enfadar y lo envió al desierto con una flauta dorada, donde minutos después la chica iría con él.

—¿Vida eterna?—murmuró, con acidez.—¿En serio, Ugo?

Sayuri no era así, pero ese tema en concreto le molestaba mucho, hacía florecer recuerdos que quería olvidar, que le dolían.

—Yuri...—dijo el Djinn, con tristeza.

La fémina se masajeó la sien y miró a Ugo con cansancio, como si estuviera delante de un niño que no tenía remedio, que sabía que no debía hacer algo, pero que igualmente hacía ese algo.

—Aladdin aún no sabe mi condición, y tampoco quiero decírsela ahora. Abstente de hacer ese tipo de comentarios, por favor.—pidió Sayuri, con cansancio.—No estoy preparada, Ugo.

El Guardián del Palacio Sagrado miró a la chica fijamente. La comprendía, y mucho, pero él sabía una cosa:

Había tenido tiempo de sobras para prepararse.

—Yuri, solo quiero que le digas, tarde o temprano, pero si creo que es demasiado tarde, yo mismo le diré.

La fémina no dijo nada, restó en silencio mientras su mirada era tapada por su flequillo. Levantó la cabeza y miró hacia arriba fijándose en una enorme puerta que no era visible al menos que Ugo dejara que alguien la viera, pero Sayuri podía verla como si fuera consciente de ella desde hacía tiempo.

Se giró, haciendo que Ugo le viera la espalda y desapareció de allí, yendo hacia dónde se encontraba Aladdin.

Ugo lanzó un suspiro.

—Yuri... ya sabías que pasaría esto.

《 》

—Me muero de sed.

Era la decimoquinta vez en las dos horas que llevaban caminando que Sayuri oía como Aladdin se quejaba.

—Tendrás que aguantarte hasta que lleguemos a un oasis.—le dijo la chica, que estaba fresca como una rosa.

¿Cómo puede estar así?, se preguntaba el de pelo azul viendo que Sayuri sonreía y entrecerraba los ojos.

—Eso es mucho, Onee-chan.—se quejó él, llamándola de esa forma inconscientemente.

—¿Onee-chan?—cuestionó la chica, centrando su atención en el niño.

—¿Te molesta?

La fémina negó con una sonrisa y volvió su vista al frente, pensando en dos recuerdos en específico de su pasado. En uno había un chico de pelo azul recogido en una trenza que parecía estar en la veintena que le llamaba "Nee-san" de forma vergonzosa, ya que había sido ella quien le había obligado a llamarla así. En el otro había una chica adolescente de pelo rosa largo con unos mechones de su cabello en los lados que se elevaban, haciendo que parezcan unos cuernos, y una pequeña trenza que le gritaba desde la lejanía "¡Ven, Nee-chan!".

Qué curioso, pensó con gracia Sayuri.

—¡Ahí hay gente! ¡Seguro que nos darán algo de comer y beber!

—¿¡Eh!? ¡No! ¡Aladdin, no!

El niño no oyó las quejas de la mayor y se dispuso a ir al grupo de bandidos que había delante corriendo, pero se cansó al instante y comenzó a caminar de forma lenta con las mejillas coloradas por el calor.

—Ayúdenme... necesito agua... comida... porfavor...—balbuceaba el de pelo azul.

Los hombres solo se burlaron e intentaron matarlo, por suerte, los brazos de Ugo intervinieron y le salvaron el pellejo.

—No me asustes así.—le reprendió Sayuri cuando llegó a su lado.

—Lo siento mucho, Onee-chan.—dijo el niño, arrepentido.

—Bueno, debemos coger sus pertenencias.—cambió de tema con rapidez, mirando a los hombres machacados.

—¿Pero robar no está mal?—preguntó Aladdin, en modo chibi, poniendo una mano en alto.

—Sí, lo está. Pero...—recalcó—Persona que roba a ladrón, consigue cien años de perdón.—recitó, solemne.

《 》

—Esto es Wutan, una ciudad oasis, aquí podremos conseguir comida y agua.—le dijo Sayuri a Aladdin.—Voy a comprar, tu quédate aquí.—le ordenó, poniendo su dedo índice en la frente del niño. Puso un poco de presión, cosa que hizo que el niño se quejara por el dolor.

La de pelo negro se dio la vuelta y fue recorriendo las calles mirando el paisaje y como los comerciantes hacían piropos a los compradores para que estos compraran más. Algunas veces paraba e iba hacia las paradas y observaba la comida exótica de ahí.

—La última vez que vine no había este tipo de comida.—murmuró, viendo unas frutas de aspecto jugoso.

—Debe hacer bastante que no viene.—le dijo el vendedor, un anciano de aspecto poco saludable.—Son frutas de Sindria, hace unos siete años que Wutan hizo un acuerdo comercial con ellos.

Sayuri sonrió, tomó una bolsa y la llenó con esas frutas. No preguntó el precio, dejó una cantidad generosa de dinero y volvió al medio de la calle para seguir observando desde el centro.

¿Sindria, eh?, se preguntó, Algúndíatendré que visitar el país del famoso Candidato a Rey de Yunan.

Fue recorriendo las calles y compró tres litros de agua, una bolsa de melocotones y unas brochetas de carne. Se dispuso a volver al punto donde dejó a Aladdin, pero antes de que llegase, lo vio caminando con dos mujeres, una que parecía molesta y la otra que sonreía como si nada; los tres llevaban un saco completamente lleno.

—¿Qué haces, Aladdin?—dijo Sayuri, con una gota en la parte trasera de su cabeza.

—¡Onee-chan!—gritó el aludido, con una expresión feliz.

—¿Eres la hermana del chaval insolente?—preguntó la mujer rubia de cara molesta.

—Soy su cuidadora.—respondió la de pelo largo, sonriendo nerviosamente.—¿Qué ha hecho?

—Se ha comido nuestra mercancía.—soltó, mirando mal al de pelo azul.

—Te dije que iba a comprar y que te quedaras quieto.—le regañó la mayor, dando un golpe en la frente de Aladdin.

El menor hizo un puchero.

—¿Me ayudarás?—preguntó, con una cara de súplica.

—No. Tienes que enmendar tus propios errores. Yo, por mi parte, cumpliré mi rol y te cuidaré.—le respondió la de ojos azules.

A Aladdin no le gustaba el trato, en cambio a Leila y Sahsa, la rubia y la de pelo corto negro respectivamente, les parecía justo.

Mientras caminaban, la rubia y el de pelo azul entablaron una conversación.

—¡Ooooh!—exclamó Aladdin, sorprendido.—¡Cuántas cosas venden aquí!

—Claro, es un bazar.—dijo Leila, como si fuera lo más obvio del mundo.

—¿Un qué?

—No me digas que no habías oído nunca esa palabra.—dijo la comerciante, escéptica. Al ver la cara que ponía el viajero, comenzó a explicarle:—La gente acude a los oasis como este atraído por el agua. Y surgen ciudades. Luego hay caravanas de comerciantes como las nuestras, que viajan de aquí para allá...—señaló a unos hombres que llevaban un carro lleno de paja arrastrado por caballos y a la caravana del lado.—... y acaban surgiendo naturalmente los bazares.

—Ooooh.—expresó Aladdin, con emoción, haciendo que Leila soltara unas risas orgullosa por su explicación.—¿Y viajáis? ¡Suena divertido!

—Lo es.—intervino Sahsa.—Sí, pero no todo es diversión. En el desierto hay muchas bandas de ladrones...

—¿Ladrones?—preguntó el de la trenza, confuso.

Pero si ya nos hemos encontrado unos antes, pensó Sayuri, con una gota en la sien.

—Sí, acechan en el desierto...—respondió la morena.—... y atacan a las caravanas para robarles la mercancía. Son terribles.

—No solo la mercancía, también pueden raptar personas y venderlas.—dijo la de ojos azules.

—Entonces,—prosiguió Sahsa—estos bandidos se ganan la vida vendiendo las mercancías en el mercado negro, como ese...—señaló una esquina, donde había unos tipos fumando con cara de malhumor y cigarros en la mano.

—Ooooh.

—¿Cómo que "Ooooh"? No me digas que no lo sabías.—preguntó Leila, mirando mal a Aladdin.

—¿Qué pasa?—interrogó el chico al ver la mirada que le lanzaba la rubia.

De un momento a otro, la chica se había puesto delante de su amiga protectoramente alzando los brazos.

—Chaval, me das muy mala espina.—confesó Leila.—Ni se te ocurra hacerle nada a Sahsa, ¿me oyes? ¡O te pego un bofetón!—amenazó, con la mirada tapada por el flequillo.—¡Y tu!—señaló a Sayuri.—Esto es muy raro, tu pareces saber del tema pero el chaval no. Y esa cosa que llevas en la espalda no me da confianza.

—Es mi personal.—dijo la de pelo largo.—Es que soy una maga.—aclaró—Y respecto a lo del tema de saber... hace poco que me hago cargo de él, yo creía que ya sabía algo. Me he sorprendido al igual que tu.

Tienes una biblioteca gigante con miles de libros que hablan de cualquier cosa y no le enseñas nada sobre el mundo exterior. No te entiendo, Ugo, pensó la maga, con incredulidad.

—No seas así, Leila-chan... ¿Cómo quieres que este niño tan pequeño sea un ladrón?—le dijo Sahsa, poniéndose al lado de su amiga mientras Aladdin temblaba mientras murmuraba la palabra "bofetón" repetidamente y se escondía detrás de Sayuri.—Perdónala,—le dijo mientras iba hacia él y se ponía de cuclillas para llegar a su altura.—es que algunos ladrones... fingen estar muy debilitados o desmayados para infiltrarse en las caravanas...—le acarició la cabeza, haciendo que se sonroje—Leila-chan es muy buena y se preocupa por nuestra caravana. No se lo tengas en cuenta.

La aludida se cruzó de brazos y movió la cabeza hacia un lado apretando los labios, reteniendo un puchero.

—Das un poco de miedo...—dijo el de pelo azul, con una sonrisa de ojos cerrados.—¡Pero cuidas mucho de tu amiga!

—Sí, vale, gracias.—dijo Leila, con una cara indiferente mientras su amiga se reía.

—Está avergonzada.—susurró Sayuri, siendo oída por sus acompañantes.

—¡Sí!—asintió Sahsa.

—¡No, no lo estoy!—negó la rubia con un pequeño rubor.—Oye, ¿qué habéis venido ha hacer en el desierto? ¿Por algo en especial?—cambió de tema con rapidez.

—¡Sí, verás! ¡Estoy buscando tesoros! ¡Junto a Onee-chan y mi amigo!—dijo, con la cara radiante y pequeñas estrellas rodeándole.

¿Y eso cuándo lo hemos acordado?, se preguntó la mayor, con una gota en la nuca, Ugo no me había dicho nada... Aunque probablemente no me lo dijo porqué lo estaba regañando.

—Especialmente me interesan instrumentos o lámparas de metal...

Un recipiente metálico normalmente es un arma..., pensó Sayuri ,con una gota en la nuca más grande que la anterior.

—Ahf...—se burló Leila.—¿Y eso son tesoros? Porqué esas cosas las venden en todas partes...—dejó su bolsa en el suelo y fue cogiendo las sandías que habían dentro.—¿Y por qué buscas tesoros?

—Porqué lo necesita mi amigo.—respondió, copiando la acción de la rubia.—Quiero encontrarlo para darle una alegría. Es un amigo muy importante, ¡y si él está contento, yo también! ¡Y si Onee-chan también está contenta, yo lo estaré más!

Eso pareció que le gustó a Leila, porqué ella también valoraba mucho a Sahsa. En cambio, a Sayuri...

Nada de nada, ¡no le ha explicado nada! ¡Y en todo caso, Aladdin no lo ha entendido bien! ¡No debe buscar recipientes, debe buscar un Candidato a Rey!, gritó la maga en su mente, ¡Ugo, no te escaparás de la reprimenda que te voy a dar!

—Os lo presentaré. Este es... mi querido amigo...—dijo el de pelo azul, cogiendo su flauta.—¡Os presento a Ugo-kun!

—Pero si es una flauta...

—No es ninguna flauta.—negó el enano—¡Es Ugo-kun! ¿A que sí, Ugo-kun?—miró la flauta, poniéndola delante suyo.—Dales las gracias por la fruta de esta mañana.

—¡No!—gritó Sayuri, intentando coger la flauta, pero no llegó a tiempo.

Aladdin sopló la flauta y un humo azul comenzó a tomar la forma de dos brazos ante la mirada atónita de Leila y la de los comerciantes que había cerca. Los brazos cogieron las sandías que la rubia tenía en las manos y se las llevó dentro del recipiente de metal, que tomó un color rojizo.

Los comerciantes pusieron una cara de terror absoluto.

—¡Ya está bien, Ugo-kun!—regañó, con una cara llena de nerviosismo—Perdonadle, es que es tan tímido... Le dan corte las chicas, sobretodo Onee-chan...

Leila lanzó un grito asustado, cogió la espada que tenía y apuntó hacia Aladdin y Sayuri, esta última tenía los mofletes inflados y contenía su disconformidad.

—¿Pero qué eran esos brazos...? ¿¡O eran serpientes!? ¡Había dos!—tartamudeóla rubia, completamente asustada.

—Que no... ¡Qué es Ugo-kun!—dijo, con una expresión mansa, volteándose para tocar la flauta.

Este... no es un crío ignorante inadaptado social y nada más... ¡Tiene un monstruo temible dentro de esa flauta! ¡Y la chica, aunque parezca normal, también es muy rara! ¡Es la responsable del crío! ¡Pero aúnasí, parece ser más una viajera experimentada que una canguro de un chaval que apenas sabe algo!, pensó Leila intentando calmarse, ¿¡De dónde narices han salido!?

Sayuri desvío su atención de Aladdin y Leila, que puso una cara de terror cuando el primero le acercó la flauta, a unos hombres que murmuraban señalando a la rubia.

《 》

—Gracias por dejar que me quede.—agradeció Sayuri a Sahsa.

—No es nada. ¿Tienes que cuidar a Aladdin, no? Aunque quieras que resuelva sus errores, debes vigilarlo y es mejor que os quedéis en el mismo sitio para cumplir tu tarea.—le dijo la morena a la de ojos azules, que le sonrió con amabilidad.

—Sahsa-san, Onee-chan, ¿podemos dormir juntos?—preguntó el niño, acercándose a las chicas.

—¿Los tres?—preguntaron las aludidas, con confusión.

—¡Sí!

Sahsa lanzó una mirada interrogante a Sayuri, que se encogió de ombros mientras dejaba su personal a un lado de la cama que estaba más cerca.

—Vale.—aceptó la de pelo largo, viendo que a Aladdin se le iluminaba el rostro y unía dos camas.

—En la derecha, Onee-chan y en la izquierda, Sahsa-san. ¡Yo iré en medio de las dos!—exclamó el de ojos azules, poniéndose al centro y esperando a las dos chicas.

Las de pelo negro se durmieron de inmediato, pero Aladdin tardó un poco más, y en el tiempo que no pudo conciliar el sueño, intentó bajar el vestido de Sayuri para hundirse en sus pechos, pero no pudo porqué un brazo de la fémina se interponía en su camino. El niño infló las mejillas con desilusión y se decantó por intentarlo con Sahsa, pero antes de eso, dio un beso en la mejilla de la mayor, luego fue a desabrochar la camisa de la de pelo corto y usó sus pechos como almohada.

《 》

—¿Por qué tienes rastros de sangre en tu cara?

—Leila-san tiene la culpa.—respondió Aladdin.

—¡Se lo merecía!—gritó la aludida, acercándose.—Mira,... Etto...

—¡Su nombre es Sayuri-chan, Leila-chan!—gritó Sahsa, que recogía las sábanas no muy lejos de ellos.

—Mira, Sayuri, este chaval es un pervertido. Me extraña que no lo sepas si viajas con él.—dijo la rubia, cruzando los brazos.

—¿Pervertido?—preguntó la de pelo negro, confusa, recibiendo un asentimiento de la de ojos verdes.—¿Qué es un pervertido?—interrogó, ladeando la cabeza.

Eso descolocó a Leila por completo.

—Mujeriego, relaciones sexuales, harem. ¿Conoces el significado de alguna de estas palabras?—preguntó la comerciante, recibiendo un "No" como respuesta.

Un alma inocente, pensó la rubia, mirando a la de ojos azules como si fuera algo sumamente extraño, mucho más inocente que Sahsa.

—No deberías pasar el tiempo con este chaval.—murmuró, después de salir del shock.

—¿Por qué?

—Tu hazme caso.—le aconsejó Leila, poniendo una mano encima de un hombro de Sayuri.

—Qué mala.—dijo Aladdin, inflando los mofletes.

—No podéis dormir juntos nunca más.—continuó, ignorando al niño.—Es por tu seguridad.

—¿Vale?

La rubia sonrió ante su respuesta y se giró mirando al de pelo azul.

—La inocencia es sagrada, chaval. Déjala como está. Si alguna vez la vuelvo a ver y me entero de que sabe el significado de alguna de esas palabras o veo alguna marca de chupetón o mordidas en ella, le daré una tunda al responsable.—musitó, mirando mal a Aladdin.—Esto va principalmente para ti.

—¿Qué es un chupetón?—interrogó la maga.

—Algo de lo que no quiero que sepas el significado.—dijo Leila. La miró fijamente.—¿No te gustaría unirte a nuestra caravana?

—¿¡Eh!? ¡Onee-chan di que no! ¡Tu tienes que estar conmigo!

—Cállate, chaval, le estoy hablando a ella.—le dijo, apartándolo con el pie. Se dirigió a Sayuri:—Ya es grande para cuidarse.

—¡Di que no!

—¡Qué te calles!—le gritó la rubia, cogiéndolo y tirándolo a un lado.—¿No crees que es demasiado pesado?

—Bueno...—murmuró la de ojos azules, mirando al niño.

—¡Onee-chan!—gritó el niño, ofendido.

—Déjala, Leila-chan.—intervino Sahsa.—Además, ¿Por qué quieres que se una a nuestra caravana?

—Al contrario que el chaval, me cae bien.—comenzó.—Esa inocencia estará segura con nosotras, es tierna, sus conocimientos nos podrían ser muy útiles, es maga y podría ayudarnos a defendernos de los ladrones.

—¿Gracias?—sonrió Sayuri, con nerviosismo.

—¡Reunión!—gritó un miembro de la caravana.

—Venid vosotros también.—les invitó la de pelo corto.

En la reunión estaban discutiendo la ruta que tomar. La recomendada era la tercera, pero Leila insistía en tomar la cuarta porqué en la tercera decían que había una guarida de ladrones.

Sayuri miró los ojos de Leila fijamente y vio sus intenciones.

—Yo también he oído rumores sobre una guarida en la tercera ruta.—dijo ella, ganando su atención.—Ayer, cuando compraba, oía como algunos cuchicheaban diciendo "No se esperarán nada de la tercera". Creo que eran ladrones.

La de pelo largo no mentía, había oído exactamente esas palabras, pero en ese momento no sabía a qué se referían.

Sahsa se dirigió a su padre y lo convencío de ir por la cuarta ruta por unos instantes. Aparecieron ladrones que afirmaban que Leila también era una ladrona. Todos desconfiaron de ella y decidieron ir por la tercera ruta.

—Pero si ella hubiera tenido esas intenciones, podría haberlo hecho hace mucho tiempo.—le dijo Sayuri a Sahsa, que hizo una mueca y siguió a su padre.

Aladdin se acercó a la rubia y comenzó a hablarle intentando convencerla de ir tras los comerciantes.

—... creo que volveré a dedicarme a robar, que se me daba muy bien.—oyó la de pelo negro, haciendo que abriera los ojos con desmesura.

—Morirás.—afirmó, el de ojos azules.

—Perder la confianza de un amigo una sola vez es algo tristísimo. Si te pasa una y otra vez... acabarás por morir de tristeza.—dijo Aladdin, con la mirada ensombrecida.—¿No decías que habías cambiado?—Leila paró de hacer como si nada.—Habías decidido vivir sin mentir... ¿¡No has dicho eso!?

La rubia apretó los puños con fuerza.

—Si te mientes así, mentirte hasta creértelo... acabarás por convertirte en una persona con convicciones que chocarán y te destruirán.—dijo Sayuri.—Di la verdad, Leila. ¡Di como te sientes!

—¡ESTOY MUY TRISTE!—gritó, girando la cabeza, demostrando como las lágrimas caían sin parar de sus ojos.—¡Pero ya es tarde para ir a ayudarles...! ¡Nunca les podré alcanzar...!—se lamentó la chica, cayendo de rodillas.

—¡No te preocupes! ¡Nosotros nos encargamos!—exclamó Aladdin, cogiendo la flauta que contenía a Ugo firmemente.—¡Te prometo que les alcanzaremos! ¿Vale?—le tendió una mano.

—Vamos, Leila.—le dijo la de ojos azules. —Tenemos que intentarlo.—le tendió una mano.

La rubia los miró entre sorprendida y esperanzada. Cogió las manos que los dos le tendían y se levantó con su ayuda.

《 》

Estaban rodeados por ladrones.

—Leila-san decía la verdad.—dijeron los comerciantes.

Sahsa, a parte de asustada, se sentía culpable. Culpable por no creer a su amiga, culpable por dejarla sola y culpable por no recapacitar con las palabras de Sayuri.

¡Perdonadme...! ¡... Leila-chan, Sayuri-chan!, pensó mientras soltaba lágrimas.

—¡ALTO AHÍ!—gritó una voz, con fiereza.

Los ladrones hicieron una cara que demostraba su molestia y cogieron sus armas preparándose para luchar, pero se quedaron paralizados.

La persona que había gritado era una especie de figura humanoide con la cabeza humana de un niño y un cuerpo musculoso azul con taparrabos, que hizo gritar a los hombres completamente asustados. Al principio pensaron en huir, pero se fijaron bien y se dieron cuenta de que el cuerpo no pertenecía al niño, sino que salía de una flauta que estaba siendo aplastada por el cuerpo de Aladdin, que tenía a Leila sujetándolo de los tobillos.

Los ladrones se relajaron un poco, pero seguían aterrorizados por el cuerpo azul.

—¿¡Pero qué es exactamente, jefe!?—preguntó uno de sus subordinados.

—Un Djinn... ¡Un recipiente metálico de Djinn!—exclamó, con el sudor recorriendo su cara.—Seguro que a vosotros también os suena. ¡Hablo de los Djinn, los "genios" de los mitos!—el jefe siguió divagando mientras veía como Aladdin hacía movimientos y Ugo los copiaba, haciendo que los ladrones cayeran.

¡Increíble! Él solo y el bicho que lleva consigo... ¡... se han cargado a una banda de ladrones en un visto y no visto! Es inaudito... ¡Con él, igual es posible...!, pensó Leila impresionada, Pero... ¿Sayuri no piensa hacer nada?, se preguntó, al ver que la maga estaba sentada en la rama de un árbol observando, pero se retractó al ver que agitaba su personal y murmuraba algo.

Ese murmuro era un hechizo que hizo que un círculo de llamas de dos metros de alto los rodeara.

¡Increíble!, pensó la rubia, mirando a la maga sorprendida, eso la había impresionado más que el Djinn que había convocado Aladdin, ya que el niño se veía un poco cansado, pero la de pelo negro se veía igual de fresca que antes, igual que cuando se sentó encima de su personal puesto horizontalmente y voló rodeando el camino por si de caso.

—¡No, ni se te ocurra!—gritó Aladdin viendo a Leila, que estaba cerca del Djinn.—¡No toques a Ugo-kun! ¡Tampoco debes acercarlo tanto a Onee-chan!—volvió a gritar, viendo como el Guardián del Palacio Sagrado se acercaba a Sayuri inconscientemente.—¡Me cachis la mar!—gritó agarrándose la cabeza, desesperado, al ver que Ugo y la rubia tuvieron contacto y que el primero se daba cuenta que la de pelo negro estaba cerca de él. Ugo se había sonrojado en extremo y se había desmayado volviendo a la flauta.

—¿¡Qué ha pasado!?—gritó Leila, en shock.

—Es que Ugo-kun es muy tímido... Si toca a una chica se pone tan nervioso que se desmaya. Lo mismo pasa si se da cuenta de que Onee-chan está bastante cerca de él.—respondió, con unas gotas de sudor en la cara intentando tranquilizarse.—¡Se ha quedado petrificado!—gritó, perdiendo los papeles y pegando a la de ojos verdes superficialmente.—¡Devuélvele la inocencia a Ugo-kun!

—¡Cómo si yo tuviera la culpa! ¡Y no estás en posición de reclamarme eso, pervertido!

El líder de los ladrones puso una cara satisfactoria, puso a sus hombres en fila con ballestas y rió con soberbia.

—¡Se acabó lo que se daba! ¡Morid, mocosos!—gritó el líder.

—De eso nada... ¡Ugo-kun es fuerte hasta sin moverse!—gritó, para después soplar la flauta y lanzarla hacia arriba.

El líder volvió a reír.

—¡Esa flauta ya no te sirve para nada y por eso la has tirado, ¿eh?!—gritó, lanzando risas, pero paró al ver al niño.

Aladdin tenía un dedo alzado. Los ladrones al principio no miraron hacia arriba, donde señalaba, pero los comerciantes sí, que hicieron una cara sorprendido mezclada con miedo. Sayuri también miró hacia arriba, pero no se asustó, es más tenía una gota enorme detrás de la cabeza.

Los ladrones, al ver la reacción de los comerciantes, también miraron hacia arriba, consiguiendo una cara que expresaba su miedo totalmente. Aladdin hizo más grande su sonrisa y alzó más su dedo, para después bajarlo de forma brusca. El de pelo azul había lanzado la flauta después de soplarla para que el cuerpo de Ugo cayera encima de los bandidos.

Vaya, es una manera bastante extraña para utilizar a Ugo, pensó la de ojos azules.

Los comerciantes se quitaron el polvo de encima, y Sahsa, que miró a Leila con lágrimas en los ojos, como la rubia la miraba a ella, corrió hacia ella siendo seguida por los comerciantes para poder darle un gran abrazo.

《 》

Aladdin miraba todas las mercancías que tenían intentando encontrar algún recipiente metálico.

—Hmmm, pues no está...—dijo el niño, buscando la estrella de ocho puntas que difiere a un recipiente metálico.

No me ha hecho nada de caso, pensó Sayuri, recordando como le había dicho que así no se encontraban.

—Pues nada, ya sabes. Si encuentras un objeto metálico donde viva un Djinn... tendrás cuidado porque son muy tímidos y cortados.—dijo Aladdin, diciendo adiós con la mano.

Eso depende de que Djinn sea..., pensó Sayuri con una gota.

—Hecho.—respondió Leila, con una sonrisa.—Y Sayuri...

—¡No!—interrumpió el de pelo azul antes de que acabara lo que quería decir la rubia.—Onee-chan se queda conmigo.—dijo, cogiéndola de la mano yendo hacia un carro tirado por camellos.

—Espero que nos volvamos a ver.—se despidió la de ojos azules.

—Ah,—dijo Aladdin, girándose con una expresión radiante.—No lo asustes... ¡... con tu cara de malas pulgas!—gritó, recibiendo una lámpara en la cara por cortesía de Leila.

La de pelo largo sonrió y cogió la lámpara para tirarla hacia los comerciantes con un movimiento suave.

—¡Abandona al chaval y ven con nosotros, Sayuri!—le insistió la rubia.

—¡Onee-chan se queda conmigo!—gritó el niño.

Y... ¡Fin!

Bueno, ya habéis conocido a Sayuri, la protagonista (por si no os habíais dado cuenta), que es una inocente en los temas para mayores. Ya lo sé, es un espécimen en peligro de extinción.

Me gustaría saber qué pensáis sobre ella y las razones de su comportamiento, además de compartir vuestras suposiciones conmigo.