Saint Seiya: Los días del futuro pasado (web novel)
Capítulo 1 BIENVENIDOS A LA ANTERIOR GUERRA SANTA
Japón, 1990…
Desde que inició el Torneo Galáctico las guerras santas han estado más activas que nunca en todos los reinados de los santos de Athena. Eris y Ares atacaron primero pero fueron repelidos por las Saintias, mientras que los santos de bronce tuvieron una guerra civil en contra del Santuario corrompido por el Patriarca Usurpador Saga de Géminis. Después de eso, Poseidón manipuló a la representante de Odin para debilitar a la diosa de la guerra y se la llevó al final de cuentas.
Los 5 Santos de Bronce enfrentaron la amenaza mientras que los santos de oro quedaron esperando para la llegada de Hades que sería muy pronto. Astraea intentó retomar el trono del mundo que originalmente era sito pero fue repelida por los santos de bronce rápidamente.
El dios de la muerte terminó por causar estragos en la Tierra y acabó con la Orden Dorada pero el dios fue al fin asesinado después de milenios por Athena con ayuda de los santos de bronce en su estado divino.
Esto los llevó a la siguiente situación: El Olimpo estaba furioso y Artemisa y Apolo tomaron cartas en el asunto por órdenes de su padre Zeus. La Diosa de La Caza Artemisa ordenó a Athena que le cediera el trono de la Tierra pero ella solo aceptó si perdonaba la vida de los que participaron en el asesinato de Hades.
Seiya estaba inconsciente por la maldición de Hades y fue atacado por los Satélites de la diosa de la cacería pero este fue dejado en paz por el acuerdo. Sin embargo, ninguno de los santos de bronce se iba a quedar de brazos cruzados y se aventuraron en ir tras Saori porque su lealtad era con ella y el mismo santo de Pegaso despertó para ir tras su diosa.
En algún sitio de Tokio…
Shoko de Equuleus estaba vigilando a Seika por órdenes de Saori en su casa porque no deseaba que los satélites tomarán prisionera a la hermana del Asesino de Dioses. Las demás guerreras habían ido al Santuario en vista de que ahora ya no servían a Athena pero ella sentía que algo andaba mal con su diosa y amiga.
—Deberías ir, Shoko. Tengo la sensación de que mi hermano está yendo tras Saori—mencionó Seika muy preocupada.
—¿Qué va a pasar contigo? No quiero tener que dejarte a merced del enemigo—.
—No van a venir por mi, Seiya y Saori necesitan apoyo. No te preocupes por mí—.
—Lo siento mucho, Seika—solo dijo la pelirroja antes de marcharse corriendo.
La chica iba a toda velocidad y tenía en sus manos el Hagoromo Lunar y el Hanzashi Dorado que curiosamente eran de Artemisa pero ahora serían usados en su contra.
—¡Saori, voy para allá!—.
El Hagoromo Dorado hicieron que la cloth de Equuleus despertaran sus alas y estas llevaron volando a máxima velocidad a la saintia para dirigirse a Grecia donde iría a rescatar a sus amigos.
En el Santuario de Artemisa, los sucesos habían sido muy rápidos, un recuerdo muy confuso por lo precipitado que fue. En un momento, una especie de guerrilla santa contra la nueva diosa del mundo se había llevado a cabo por los 5 santos legendarios que eran los únicos que permanecieron leales a Athena después de que esta abdicara a la protección de la Tierra.
Inspirados por la valentía de los únicos leales a Saori, el resto de los santos sobrevivientes salieron del temor de la represión de la nueva diosa y fueron a ayudar a Athena pero realmente no podían hacer mucho. Dos de los Satélites empezaron a atacar a las Saintias que se arrepintieron y fueron a ayudar a los santos de bronce pero se debatían en la vida y la muerte.
Los enemigos eran asesinados y los santos estaban en una guerra civil contra los Satélites pero Shoko había pasado por sorpresa ahora que no había barrera de Athena que impidiera su tránsito.
—Saori, iré por ti—se movía Mii con lentitud.
—Maldición, si tan solo tuviera más poder—se arrastraba Katia yendo en dirección a donde estaba su diosa
Increíblemente, un ángel había sido asesinado por ellas y el mismo caso era aquel que cayó en batalla por Xian y Erda que apenas estaban vivas.
—Shoko, siento su cosmo. Necesita ayuda—declaró Erda que apenas estaba de pie muy herida.
—Odio decir esto pero debimos ir con los otros santos de bronce—se quejaba la china ante ello.
Shoko tenía que seguir a pie y podía sentir el cosmos de Seiya luchando contra alguien muy poderoso, pero fue interceptada por Calisto, la líder de los Satélites.
—Equuleus, no pensé que la hermana de Pegaso también nos iba a causar problemas—maldijo la mujer lanzando un ataque de cosmos que destrozó parte de la armadura de la pelirroja.
—¡Déjame pasar, no quiero tener que matarte!—reclamó Shoko furiosa.
—Los Santos de Athena han provocado demasiados problemas, incluida tú. Eres tan peligrosa como el Asesino de Dioses, no debo permitirte seguir viviendo—.
Ella le clavó varias flechas especiales a la saintia y está cayó con dolor en sus heridas, pero la líder de los Satélites la levantó con sólo telequinesis para arrojarla contra la pared una pared y así dejando parte de su armadura destruida.
—Maldita sea, Toma tiene problemas contra el santo de Pegaso. Se está saliendo de control—mal dijo Calisto pero ese momento fue aprovechado por Shoko, que tomó por la cintura a su rival.
—¡No vas a salir librada de esto, ¡DESTELLO RODANTE DE EQUULEUS!—gritó la pelirroja.
—¡Sueltame, infeliz!—.
La pelirroja se arrojó a los aires para impactar de lleno a su rival justo como Seiya lo hizo con Saga alguna vez. Calisto quedó muy malherida por este ataque junto con Shoko por el tremendo impacto.
—Humana atrevida, no sólo desafía a Artemisa sino que me hiciste daño. ¡No voy a perdonarte!—.
—¡Dame tu fuerza Equuleus!—.
La chica y Calisto hicieron choque de poderes y se veía que la armadura de la líder de los Satélites se rompió en miles de pedazos, pero Shoko había recibido más rasguños, quedando su vestido demasiado desgarrado.
—Fui vencida por una saintia de bronce. No, es más que eso. Es la hermana del Asesino de Dioses, lo siento Artemisa. No debí subestimar el linaje de esta humana—declaró la mujer antes de caer muerta.
Shoko estaba muy malherida pero estaba a punto de llegar, sentía el cosmos de Saori y Seiya a lo lejos. Habían más presencias cerca, la caballería llegaba pero no sabía si llegarían a tiempo. Apenas piso el sitio más alto del nuevo Santuario cuando vio que un hombre demasiado alto de cabello rojo que ondulaba como el sol había llegado al lugar.
En un acto sorpresa, Apolo había intervenido en el peor momento ya que pretendía eliminar por completo a la humanidad ya que ante sus ojos eran una copia mala de esos seres perfectos que eran los dioses. El único que no se intimidó ante esto fue Seiya de Pegaso, el mítico asesino de dioses que se dispuso a enfrentarlo sin titubear.
—Los humanos también somos inmortales cuando usamos nuestro cosmos y nos unimos al universo. ¡Eso nos hace infinitamente cercanos a los dioses!—exclamó Seiya tratando de detener la esfera de energía.
—Seiya—dijo Saori demasiado estupefacta.
—¡Seiya!—gritó Shoko viendo que era demasiado para él solo.
La explosión se llevó a cabo de forma muy potente y todo era borroso por la conmoción de la batalla. El primero en despertar fue el mismo Seiya de Pegaso en una cama con vendas y muy herido. Parecía una casa muy sencilla y los pájaros cantaban afuera del lugar. Una mujer parecía lavar unos trapos con la que limpiaba los raspones y cortaduras que tenía en su cuerpo.
—Veo que despertaste, Tenma—saludó una mujer.
—¿Tenma?—preguntó confuso el castaño.
—¿No me recuerdas? Soy María, crecimos en el orfanato juntos—le dijo una mujer de nacionalidad mexicana.
—Creo que me confundes, mi nombre es Seiya no Tenma—le aclaró el joven.
—Oh, es que te pareces mucho a un viejo amigo que se fue al Santuario a ser un santo—le explicó la chica.
—¿Santuario?—.
—Sí, también creí que eras Tenma porque había una hermosa mujer que se parece a mi amiga Sasha—señaló la mujer a la misma Saori que estaba inconsciente en otra cama.
—¡SAORI!—gritó alarmado el sujeto por su amiga pero se quejó por el dolor.
—Necesitas descansar, estás muy malherido. Tienen suerte de que los encontramos a las afueras del pueblo. Estaban desnudos y habían unas armaduras como las que los santos de Athena usan—comentó María.
—¿Desnudos?—dijo confuso Seiya y notó que sólo estaba cubierto por una sábana.
—No sé qué les pasó pero pareciera que pasaron por algo muy intenso para terminar así. Por cierto, tu otra amiga también estaba en las mismas condiciones—.
—¿Otra amiga?—.
—Una pelirroja que se parece bastante a ti—.
El joven la fue a ver y primero miró a Saori que dormía con varias vendas en la cara pero en la otra cama veía a la chica que una vez vio en un puente antes del Torneo Galáctico, que estaba buscando a su hermana igual que él e incluso había ido a verlo cuando peleó contra Shiryu. ¿Había tenido éxito en su objetivo?
El joven vio que la armadura de Pegaso estaba en la habitación con su caja de Pandora y al lado la estatua pequeña de la cloth de Athena que estaba misteriosamente preparada para vestir a su diosa, además de Nike y su escudo Aegis. En otro lado estaba otra caja de Pandora de Equuleus que era similar a la suya. Además había una especie de Hagomoro con un pendiente extraños puestos encima de la caja que tenía un leve cosmos propio.
—¿Equuleus?—leyó la inscripción de la cloth.
Aunque Seiya era algo desinformado de muchas cosas, no era ese el caso de su constelación y eso incluía el hecho de que esta era la hermana estelar de él en pocas palabras, que coincidencias de la vida.
—Gracias por ayudarnos—le dijo el sujeto sonriente a María.
—De nada, descansen el tiempo que quieran—.
—¿Por cierto, donde nos encontramos?—preguntó el chico curioso.
—Estamos en Italia—.
—¿Italia? Estamos muy lejos de Grecia—.
—Un poco—.
—¿Dónde puedo conseguir un teléfono?—preguntó el santo amablemente.
—¿Eh, qué es un teléfono?—dijo con mucha confusión María.
—Todo el mundo sabe que es eso, necesito hacer una llamada a Japón a la mansión Kido—le explicó el joven con desesperación.
—Una carta a Japón tarda muchos meses en llegar—le respondió la chica alarmada.
—¿Señorita, en que año estamos?—se escuchó la voz de otra mujer.
Los dos voltearon y se veía a Saori que se levantó de la cama cubriéndose el cuerpo con la sábana que tenía y se le veía sería.
—Estamos en 1747—.
Seiya se quedó mudo por lo revelado y Saori parecía que esto no era raro, aunque se le notaba muy preocupada por algo que solo ella parecía saber.
—Disculpa, es que no sabía nada—mintió la diosa a María.
—Tal vez es la conmoción. Vístanse en cuanto puedan caminar. Iré por víveres para el orfanato—se despidió la chica animada.
—¿Orfanato? ¿Italia? ¿Año 1747? Oh maldición—murmuró Saori sabiendo que estaba pasando.
—¿Qué es lo que pasa?—.
—Te lo diré cuando Shoko despierte, cuando ella lo haga deja el cuarto para que se vista—.
Un rato después, Saori con un vestido blanco similar al que poseía normalmente empezó a ver el pueblo desde la ventana y todos vestían ropas del siglo 18. Shoko había despertado y no tenía idea de lo que pasaba ahora pero sus dudas serían resueltas por la diosa.
—Recuerdo un poco este lugar—dijo Saori que tenía un aire de nostalgia ante la imagen del pueblo.
—¿Viajaste a Italia alguna vez?—preguntó el castaño.
—No, aquí me crié hace más de 247 años. A veces recuerdo cosas vagas sobre mis vidas pasadas—le comentó la diosa.
—Espera, ¿dices que viajamos en el tiempo?—pidió saber Shoko.
—Sí, a la guerra santa contra Hades de hace más de 2 siglos—les aclaró la pelilila.
—¡¿Cómo fue que pasó esto?!—se levantó Seiya muy serio.
—La verdad no sé, se supone que solo hay un dios que es capaz de manipular el tiempo a su antojo, el dios primigenio Chronos—.
—¿Él nos envió al pasado?—preguntó Equuleus curiosa.
—No lo sé y realmente no importa. Ya no hay un lugar a donde volver, nuestro mundo fue destruido. Nuestros amigos, todo por lo que luchamos, los sacrificios que se hicieron, nada sirvió—le dijo con mucha tristeza la mujer.
Era obvio que la diosa se había roto emocionalmente y es que se sentía responsable de no haber protegido el mundo de donde venía. Este no era su tiempo y ni su dimensión, pero le dolía más que se hallan pedido tantas vidas por el orgullo de los dioses.
—Soy una pésima diosa, no pude proteger a la humanidad. Yo lo intenté, hice lo mejor que pude y aún así…—decía muy deprimida la deidad pero Seiya le tocó la mejilla sacándola de su tristeza.
—No te atormentes tanto, aún seguimos vivos. Tú mismo lo dijiste, estamos en el pasado. Todo lo que pasamos juntos no ha ocurrido—le consoló el sujeto.
—Es cierto, Saori. Quizás sea posible prevenir todo el mal que nos ocurrió en el futuro, somos lo único que queda de nuestra época. Nadie ha muerto aún, por algo estamos en el pasado—.
Saori tenía los ojos abiertos por los ánimos que le daban los únicos guerreros que le quedaban y sonrió tristemente ya que era lo único que pudo mantenerla cuerda.
—Nada ha pasado, eso es verdad. La rebelión de Saga, las guerras santas contra Asgard, Poseidon, Hades y Artemisa, puede que podamos hacer la diferencia desde ahora. Sin embargo, ya no tenemos el apoyo del Santuario, ni del dinero de mi abuelo. Ya no soy la diosa de este mundo—le comentó esto último con tristeza.
—Eso no me importa, yo siempre voy a pelear por ti Saori—le recordó el joven con una devoción que conmovió el corazón de la deidad, recordando ese momento en que Seiya se puso de pie una vez más contra Artemisa.
—¡Estoy de acuerdo, vamos a patear traseros si es necesario!—exclamó Shoko súper animada.
—Ahora que lo pienso, ya no tengo que rendirle cuentas a los dioses. Así que debo hacer algo que quise hace tanto tiempo—le dijo con un sonrojo la mujer.
—¿Qué cosa?—.
El pobre santo de Pegaso no vio venir un beso apasionado por parte de la mujer de su devoción y su cuerpo no respondía ante lo ocurrido. Era muy obvio que la chica se había quedado con las ganas de hacer esto cuando Seiya la rescató de Shaina en la guerra civil del Santuario. Cuando se separaron por la falta de aire, la diosa renegada sonrió con vergüenza ante esto y no lo pudo ver a los ojos.
—Lo siento, siempre quise besarte—confesó avergonzada la pelilila.
—¡¿Qué carajos?!—balbuceó Shoko con la boca abierta.
—¡¿POR QUÉ LO HICISTE?!—exclamó muy rojo el pobre chico.
—En el momento en que renuncié al Santuario y Zeus mandó a Apolo a eliminarme rompí toda relación con los dioses. Con ello, mi virginidad como devoción a mi padre también quedó anulado y por ende soy libre de hacer mi vida como quiera, y lo primero era esto—admitió la mujer con un rubor.
Seiya trataba de digerir esto ya que esto era totalmente inaudito y en su mente no se le cruzó la posibilidad de que Saori no sólo lo viera como su mejor amigo y santo, sino como algo más profundo.
—¡Espera, Saori! ¡¿Por qué jamás me contaste de esto?!—reclamó Shoko tan roja de la vergüenza por esta escena.
—No estabas en condiciones por lo de tu hermana, además se lo hubieras dicho a Mii y ella habría hecho un complot—.
—¿Quién es Mii?—pidió saber ahora Seiya confuso.
—Es una larga historia, no estabas en la Mansión cuando mis saintias me cuidaban—.
—¿Qué son las saintias?—dijo más confuso el castaño.
—¿Por qué jamás le contaste de nosotras? Hasta Shun nos conocía—le mencionó la pelirroja.
—Lo siento, planeaba hacer un convivio después de lo de Hades. De no ser porque Seiya y sus amigos violaron mi orden de no ir a la guerra santa, esto no se puso—suspiró Athena.
Saori veía que había descuidado demasiado su vida personal por cada guerra santa que se atravesaba en su vida y eran demasiadas para hacer algo al respecto.
—¿Nos has ocultado más cosas, Saori? ¿Hay algo que debamos saber?—exigió Seiya muy desconfiado y Athena quería sacarse algo del pecho.
—Seiya, tienes que saber otra cosa. No quiero tener secretos entre nosotros—le pidió la chica.
—Bien, ¿qué secreto?—preguntó con curiosidad el joven.
—Mi abuelo o más bien tu padre hizo algo en secreto para proteger su fortuna para que ningún millonario se robara los gastos de la fundación—.
—¿Qué hizo el viejo Kido?—.
—Aunque la fortuna me quedó a mí, solo fui adoptada por él y es posible que los accionistas de la empresa pudieran apoderarse de sus acciones así que cuando los trajo a ustedes al orfanato y los mandó a ser santos, yo debería elegir a uno de ustedes para casarse conmigo por el civil—confesó la diosa.
—¡¿No puede ser?!—balbuceó en tremendo shock el joven.
—Al principio fue duro hacer una elección porque me gané su odio cuando era niña y cuando poco a poco nos hicimos buenos amigos, yo decidí elegirte—.
—¡¿YO?!—.
—Lo admito, siempre me llamaste la atención. Cuando mis saintias se fueron a entrenar y ustedes me protegieron en su lugar, te engañé con un documento con la excusa de que serviría para buscar a tu hermana—le confesó la deidad.
Flashback
Después de un arduo entrenamiento, Seiya estaba yendo a su habitación cuando Saori lo interceptó en el camino con su aparente seriedad.
—Disculpa que te moleste, necesito que me ayudes con una firma para empezar a buscar a tu hermana—le explicó Saori.
—Oh, gracias—agradeció el santo de bronce y firmó sin leer el documento entregándolo a la pelilila.
—No, gracias a ti—sonrió diabólicamente la millonaria—"Ahora esa víbora de Ofiuco y esa zorra del orfanato no tocarán a mi precioso… debo de dejar de leer El señor de los Anillos"—pensó con vergüenza la chica.
Flashback fin
—Seiya, ¿no te dijeron que debes firmar antes de firmar? Un segundo, tenemos 13 años.? Esto es legal?—mencionó Shoko confundida.
—El poder del dinero, el documento estaba editado para entrar en función dentro de 5 años—.
—¡¿Cómo es que Mii jamás supo de esto?! ¡Ella llevaba tus documentos y finanzas!—.
—¿Crees que yo le confiaría esto a ella? Era capaz de destruir el papel—.
—A veces me das miedo, Saori—murmuró Seiya muy consternado.
—Lo siento, fue egoísta de mi parte. Ni Tatsumi sabía de esto, si alguien del Santuario se enteraba de mi treta, se iba a armar un escándalo. Sabes que delicados eran con el tema de los que se disponían a cortejar a Athena y además tenia que hacer algo contra las pretendientes que te seguían—se quejó la chica.
—¡¿QUÉ PRETENDIENTES?!—dijo sin saber de qué hablaba la mujer.
—Oh vamos, para empezar estaba Miho que coqueteaba contigo frente a mis narices. Shaina se excusaba en la ley de las máscaras para acercarse. Además tengo la sospecha de que a Shoko le llamaste la atención en la Guerra Galáctica, vi las grabaciones del lugar—le reclamó con celos la diosa.
—¡Oye, no pretendo a Seiya de esa forma!—reclamó sonrojada la pelirroja.
—Ay sí, aja. Eso no es lo que decía tu diario: "Admiro al valiente santo de Pegaso, quiero ser como él, bla, bla, bla"—recitó la diosa sacando sus celos acumulados.
—¡No tienes derecho de leer mi diario! ¡¿Cómo lo conseguiste?!—ahora dijo molesta la saintias.
—Yo solo la apoyaba con lo de su hermana mayor, lo juro—dijo nervioso el Pegaso.
—Sí, claro. Lo mismo le dijo Zeus a Hera y ahora tengo muchos medios hermanitos—declaró con celos evidentes la mujer.
—Oye, el que debería estar enojado soy yo. Aún no se me olvida tu época de soy la jinete de los huérfanos—señaló el sujeto un punto delicado.
—¡YA TE DIJE QUE LO SENTÍA Y NO ME CAMBIES LA CONVERSACIÓN!—.
—Sí, yo también lo sentía. Sentía los fustazos que me dabas en la espalda—reclamó el castaño mostrando su espalda llena de cicatrices.
—Oh, Saori. No te conocía esas mañitas—dijo Shoko con cierto rubor.
—¡No es lo que crees!—trató de aclarar la diosa.
—Los accidentes no existen—.
Los ánimos estaban muy calientes y es que pasar el estrés de la guerra santa y saber que habían viajado en el tiempo no era algo fácil de digerir. Aún así debían estar unidos porque sólo se tenían entre ellos.
—Lo siento Seiya, siempre cometo errores cuando te involucro en mis asuntos. De verdad me importas más que otra cosa. Shoko, eres mi mejor amiga. No quisiera que nos peleáramos, disculpa si te ofendí—admitió la chica.
—No te preocupes, ya estamos metidos en el lodo—sonrió amigablemente la pelirroja.
—Ya te lo dije antes, mi vida te pertenece. Solo quiero verte feliz—mencionó Seiya tocando el hombro de su diosa.
A Saori ya no le importaba realmente si estaban en el pasado, presente o en otro mundo, si tenía a Seiya y a Shoko a su lado aún con carencias, todo era suficiente para ella.
—Sí Tatsumi se enterara de esto, le daría un infarto—mencionó el castaño divertido.
—No hables de Tatsumi, déjame disfrutar este momento—se quejó de forma infantil la diosa.
En ese momento, la diosa sintió una terrible sensación en su pecho y notó la presencia de dos poderosas presencias un poco lejos de allí.
—Thanatos e Hipnos, deben estar consiguiendo al huésped de Hades de esta era—se levantó alarmada la pelilila.
—¿Vas a intervenir en esta guerra santa?—preguntó Seiya serio.
—Soy la diosa de la guerra y si Hades despierta en este pueblo seguramente morirán. Voy a quedarme a hacerle frente, quiero venganza por lo que te hizo y por los amigos que asesinó—le declaró con odio la mujer.
—¿Qué vas a hacer con el que posee Hades?—.
—Sé cómo expulsarlo de cualquier cuerpo. Tengo esto—señaló la chica sosteniendo la daga dorada.
—¿Cómo la tienes?—preguntó muy sorprendido el Pegaso.
—Estaba en tu cloth por una extraña razón. Pudimos asesinar a Hades una vez, lo haremos de nuevo—.
Seiya y Shoko notaron que el cosmos de Saori era más agresivo de costumbre, como si la experiencia con Artemisa y Apolo la cambiaron bastante.
—¿Estas bien, Saori? Estas un poco extraña—mencionó Pegaso.
—No lo sé, quizás solo necesito algo de descanso—.
Pasaron varios días después de su llegada a Italia y el trío de viajeros del tiempo se estaban adaptando a esta época. Seiya era el que estaba más acostumbrado ya que había permanecido más tiempo en el Santuario y en lugares con muy poca tecnología, pero era distinto para Saori y Shoko que crecieron en ciudades modernas.
—¿Cómo es que puedes sobrevivir a esta vida, Seiya? ¡No hay partidos de fútbol en el pasado!—se rascó la cabeza Equuleus.
—No veía mucha televisión, por culpa de Saori me mandaron a Grecia y me convertí en el santo de Pegaso—mencionó Seiya.
—¡Ese fue mi abuelo!—reclamó a lo lejos Saori sudada por trabajar por primera vez en su vida.
Las dos chicas estaban todas empapadas de sudor y Seiya no había sudado ni una gota, por lo que no entendía como le hacía.
—¿Qué clase de entrenamiento infernal te dio Marín?—pidió saber la diosa.
—¿Marín fue tu maestra? Ella es despiadada—declaró la pelirroja aterrada por recordar su entrenamiento estrés.
—Recuerdo que ella me hizo correr 10 kilómetros, hacer 100 sentadillas y 100 abdominales todos los días. Me hizo la broma que si tenía suerte no me quedaría calvo—alegó el castaño.
—Eso yo también lo puedo hacer—alegó Shoko de forma arrogante.
—Con una roca en la cintura a los 8 años—.
—Retiro lo dicho—.
—Necesito dinero rápido, no puedo darme una vida de campesina si me quedaré atrapada por siempre acá—se quejó Saori demasiado perezosa.
—¿Qué hay de la ley de que Athena no necesita lujos?—alzó la mano Seiya.
—Eso es verdad, ¿a quien se le ocurrió semejante barbaridad? Incluso una diosa necesita dinero para financiar a sus soldados—pensó en voz alta la deidad.
A pesar de que Saori seguía siendo una diosa, también humana en parte y ahora deseaba no haber sido una porque le dolía todo su hermoso cuerpo.
—No quiero volver a trabajar, quiero mi Santuario—lloraba anime la mujer.
—¿Por qué no vamos allá y les dices que eres Athena?—sugirió Shoko.
—Ay, no puedo. Ellos son capaces de volverme a flechar como la última vez. No sé cómo me recibiría mi yo de esta época—mencionó la mujer.
—Yo estoy aburrida, no hay nada que hacer—se quejó la pelirroja acostándose en una almohada.
—Pues yo no siento este nudo en la garganta desde que me comí un coctel en Japón y se me atoró un camarón, ¿eh?—bromeó Athena.
En otro lado, Alone que había sido poseído por Hades estornudó fuerte y por una razón se sentía extrañamente ofendido.
—¿Por qué siento que se están burlando de mí?–.
De vuelta al pueblo italiano, ya era de noche y Shoko estaba afuera de la casa donde se hospedaba pero realmente no podía dormir. Todo su mundo se había volteado tanto en tan poco tiempo y quería que todo fuera como antes, estar con su hermana pero eso ya era imposible.
—¿Qué harías en esta situación, Kyoko?—.
Justo en ese momento, Seiya llegó para buscarla por orden de Saori y este se sentó a su lado para acompañarla, justo como se encontraron la primera vez.
—¿Tuviste éxito para encontrar a tu hermana?—.
—Sí pero ocurrieron muchas cosas. Ella era la saintia de Equuleus pero yo usurpé su lugar cuando fue poseída por la Diosa Eris. Tuvimos muchos problemas con ella y tuvimos que tomar una difícil decisión—mencionó muy deprimida ella y Seiya entendió la indirecta.
—¿Pudiste despedirte de ella?—.
—Sí, no se me va a olvidar ese día. Lamento no haber podido salvarla—.
—Yo ni quisiera pude verla después de la guerra contra Hades. Quedé en coma mucho tiempo—menciono el castaño.
—Ella venía a cuidarte con Saori. Yo estaba a cargo de la seguridad de Seika por un tiempo hasta que decidí ir al Santuario de Artemisa—.
—¿Cómo estaba ella?—preguntó el joven curioso.
—Esperando que despertaras, no pudo ver eso por lo que ocurrió—.
—Entiendo, pero ahora nada ha ocurrido si somos lógicos—mencionó el castaño.
—Espero que si volvemos a nuestra época, no pasen más desgracias—.
—Hace frío aquí afuera. Saori debe estar preguntándose donde estamos—le dijo el chico tomando la mano de su amiga.
—No deberías tomarme la mano con tanta confianza—sugirió la pelirroja.
—¿Por qué?—.
—Por ella—señaló la mujer a Saori que los miraba molesta.
—¡¿Qué haces tomada de la mano con la yegua?!—exclamó furiosa la diosa.
—¡No es lo que crees, la estaba llevando a casa!—intentó explicar el sujeto pero lo persiguió con Nike muy enfadada.
—¡Hijo de Zeus tenias que ser, potro infiel!—.
Para Shoko esto era muy raro porque Saori era demasiado tranquila per últimamente no se guardaba sus pensamientos y su cosmos era mucho más agresivo que antes.
—¡No fue mi intención!—.
—Sí claro, y yo nací ayer—decía la deidad lanzando rasho láser de su Nike.
En ese momento, la saintias le dio una tremenda bofetada para sacar de su episodio de celos a su amiga y está se quedó nerviosa ante su actitud.
—¡Es hora de que te tranquilices! No estaba haciendo cosas con él, fue un malentendido—.
Ella se tranquilizó y se sentía extraña porque rara vez perdía el control y ahora se volvía más y más frecuente esta actitud, algo similar a la que tenía de niña.
—¿No te habrá afectado el viaje en el tiempo?—sugirió Seiya.
—¿Disculpa?—alzó la ceja la diosa.
—Es que desde que llegamos acá, te comportas un poco similar cuando éramos niños. Tienes episodios raros de berrinches, solo falta que quieras montar a caballo—.
—Ay, no se que me está pasando. Mi mente últimamente no está del todo bien, ojalá hubiera un psicólogo en esta época. No estoy del todo animada—suspiró la pelilila.
Más tarde, todos se habían ido a dormir y Saori tenía un sueño muy extraño. Parecía ser una niña pequeña y había una mujer similar a ella pero su cabello era más oscuro. Parecía estar confeccionando una armadura y se le veía con un tinte de amargura en su rostro.
—No dejes que influyan en tus decisiones, Athena. En cuanto salgas de acá, tu padre va a tratar de manipular tu destino. Eres la futura reina del Olimpo, algún día los Asesinos de Dioses vendrán y será la oportunidad de cumplir tu misión—se escuchó la voz seria de la figura.
Ella se levantó y se preguntaba que había sido ese sueño. Jamás en su vida lo había tenido y no parecía algo sacado de su imaginación. Por algún extraño motivo era una sensación demasiado familiar para ella aunque no la conociera.
Al día siguiente, Shoko practicaba sus katas de artes marciales en un árbol y se veían las marcas dejadas con fuerza bruta que había conseguido por su entrenamiento. Saori estaba bastante pensativa por lo que vio en sueños ayer, pero también le traía preocupada los cambios súbitos de personalidad en momentos precisos.
—Uf, eso cubre la cuota del día de hoy—decía sudada la saintia.
La diosa miró con un sonrojo como es que las gotas de sudor caían en el escote de la chica y hacia que este brillará, dándole un aspecto amazónico.
—"No, tranquila Saori. Piensa en la Biblia"—se dijo para si misma ella pee cayó en cuenta en algo—¡Pero yo ni leo la Biblia! Ah, ya se... Piensa en Homero... Puta Eris, Maldita Afrodita... Mejor no, me voy a enojar más—.
—¿Pasa algo?—preguntó Seiya qué se acercaba sin camisa y Saori tuvo un sangrado nasal.
—¡Maldición, no me quiero ir al Tártaro!—salió corriendo ella rápido.
La pobre diosa respiraba pesadamente y su cabeza dolía demasiado, era como su algo dormido quisiera salir y no iba a ser bueno para ella. Es como si tuviera otro yo maligno, ahora entendía como se sentía Saga.
—Tranquila, no hagas algo de lo que te vayas a arrepentir. Solo recuerda lo que te dijo Tatsumi hace un año—decía para si misma la pelilila y una nube mostró al pelón abusivo.
—"Recuerde señorita Saori, cada vez que tenga alguna clase de pensamiento impuro solo debe…"—el discurso de su antiguo mayordomo cambio por Seiya y Shoko sudados y casi semidesnudos bailándole de forma erótica y griega, que le hizo derramar un hilo de sangre de la nariz otra vez.
—¡Estúpidos y sensuales burros con alas!—exclamó muy molesta consigo misma la mujer.
Su cabeza dolía bastante y unas marcas de ellos aparecían en su cuerpo con el nombre de Zeus en griego pero se sobrescribían parte de esto por el de otro: Metis. Shoko y Seiya llegaron al lugar para encontrar desmayada a su amiga y respiraba con mucha dificultad.
—Llévala a la cama ahora, necesita descansar—le pidió la pelirroja preocupada.
La diosa durmió todo ese día y parte de sus recuerdos de su vida pasada volvían poco a poco hasta ser de noche. Ella abrió los ojos y se sentía mejor que nunca, como si una carga pesada se hubiera ido ahora mismo.
—Ahora entiendo todo—susurró la mujer de forma más liberal que nunca.
—Saori, estás despierta—dijo Shoko viendo que su amiga estaba bien.
—Gracias por preocuparte por mí, ya me siento mucho mejor—.
—Oh, que bien. Preparé algo de comer, María me está enseñando a cocinar. Vamos Saori—.
Saori iba detrás de su amiga pero mantuvo la mirada en ese trasero firme y ejercitado que ella tenía sin ningún tipo de moralidad aparente.
—Estas muy buena—se relamió los labios la pelilila.
—¿Disculpa?—se volteó Shoko confundida.
—Ah, que si esta muy buena la cena—mintió la diosa.
—Oh sí, nos salió muy bien—.
Saori estaba comiendo pero veía con deseo a la saintia que no se esperaba lo que tramaba la diosa de la guerra con ella.
—¿Quieres algo de leche?—preguntó Seiya curioso.
—Sí, siempre he querido tu leche—se relamió los labios Athena.
Era obvio que la diosa no sabía a quién elegir al principio y es que ambos le provocaban sentimientos muy fuertes que no podían ser comparados entre sí. Sin embargo, ella estaba tomando un factor clave en esto: Seiya es su primer amor y no iba a cambiar en lo absoluto.
Más tarde en la noche, Seiya dormía plácidamente y de repente sintió que alguien lo estaba amarrándolo con una fuerza sobrehumana y vio que era Saori que lo miraba de la forma más lujuriosa posible.
—Cuando te volví a ver, jamás pensé en mis más retorcidas que te haría esto. Como Athena debería conservar mi virginidad para la eternidad pero eso ya no me importa. Quiero hacerlo—.
Ella rompió su camisa y el santo quería huir pero la diosa había reforzado sus ataduras con cosmos, por lo que no sería fácil zafarse.
—Saori, no hagas algo que no quieras—dijo nervioso el castaño.
—Oh, pero si yo quiero esto. Te amo más que a nada, Seiya—.
Ella dejó caer su vestido y su ropa interior, dejando ver su cuerpo desnudo y Seiya se puso rojo para después cerrar los ojos por hacer algo indebido pero sintió que Saori lamia su abdomen y tórax de forma salvaje y morbosa.
—Te deseo tanto, no sé porque le hice caso a ese estúpido de Mu. Eres mío, solo mío—.
Mientras tanto, Shoko se levantó para ir al baño y escuchó gemidos en la otra habitación. Parecían ser de Saori y no entendía que estaba pasando, así que fue a ver que pasaba. Cuando ella abrió la puerta del cuarto, vio a su amiga montando de la forma que lo hacía una actriz porno al santo de oro.
—¡¿Qué demonios?!—exclamó ella completamente sonrojada de todos lados y en shock.
Saori respiraba pesadamente y estaba sudada, recuperándose de un orgasmo fatal. Había escuchado a Shoko y el ser observada le produjo un placer tan profundo que la hizo llegar al final junto a su "Amante violado".
—Debiste tocar, Shoko. Ahorita voy a la cama—declaró la diosa desnuda frente a su amiga y ella volteó para no verla—Que mojigatos, pero así me gustan ambos—se relamió los labios la diosa, por lo que Shoko se fue corriendo del lugar.
—Saori, no hagas esto de nuevo. Te puedes arrepentir—le suplicó Seiya preocupado.
—¿Arrepentirme? No, estoy más viva que nunca. Tantas reglas y restricciones, no quiero volver a sentirme un mochuelo en una jaula. Te amo, Seiya—mencionó ella sacándolo de sus ataduras y le dio un beso salvaje de nuevo.
Al día siguiente, los tres estaban en silencio por lo ocurrido y María se había ido a hacer unas cosas por lo que aprovecharon para hablar del tema.
—¿No se suponía que Athena debía ser virgen siempre?—preguntó Shoko seria.
—Asi es, entiendo esa regla. ¿Sabes el motivo por qué Athena debe permanecer virgen aparte de que significaba la obediencia a Zeus y la castidad de la mujer?—preguntó Saori con mucha seriedad
—¿Por qué?—.
—Lo recordé justo ayer pero no quería aceptarlo del todo. Hay una maldición a la que Zeus le teme desde que subió al Trono del Olimño y por ello selló gran parte de mi cosmos con ese juramento de virginidad como una trampa—.
—¿Zeus tiene una maldición?—preguntó Seiya curioso.
—Cuando el titán Cronos mató a Urano, este le dijo que uno de sus hijos lo derrocaría como hizo con él. Tiempo después, Zeus derrotó a su padre como dictó la profecía y este le dijo que también le sucedería lo mismo con alguien de su descendencia. Este desposó a mi madre Metis y la profecía de que el fruto de esa relación seria la que le pondría fin así que la devoró pero nací como adulta después de un tremendo dolor de cabeza—le relató un resumen de lo que ella recordaba en la era mitológica.
—¿Naciste de la cabeza de Zeus? Que horror—mencionó Shoko asqueada por la imagen.
—Oye, no te burles de mí—lloró anime la joven.
—Continúa—se disculpó la joven muy divertido con su reacción.
—Zeus me tendió una trampa y no lo vi venir por mi poca experiencia en ese entonces. No deseaba casarme porque estaba segura que me desposarían con alguien que no me gustaba. Por eso juré guardar mi virginidad pero cuando medí cuenta de que mi cosmos fue sellado era demasiado tarde. ¿Entiendes para donde voy?—preguntó la diosa a su fiel guardián.
—No—.
—Cuando desafié a Artemisa y Apolo sin dudar rompí cualquier relación con el Olimpo. Hay algo que me quedó claro desde el momento en que nos lanzamos en contra de mis hermanos dioses. Ellos son la razón por la que la humanidad es corrupta. Eris con su discordia en el Edén, las disputas y caprichos entre el Olimpo, las infidelidades de mi padre. Seiya, Shoko, si quiero detener esto debo tener todo mi cosmos a mi disposición y son los únicos que le podría pedir esto. Por eso ayer tuve que tomar tu virginidad y me falta la tuya, Shoko—.
La jovencita saintia de Equuleus se levantó espantada de donde estaba y estaba muy avergonzado e intrigado a la vez por la proposición tan indecorosa que recibió. Sin embargo, notó que su diosa no estaba bromeando en lo más mínimo y está tomó sus manos con confianza.
—No le pediría esto a alguien más, yo también te amo. Esto me permite darme cuenta que aún soy humana y deseo tu apoyo. Aunque tuviera mi poder total, no podría hacerlo sin ti—le aclaró con ojos de confianza y devoción.
—Espera, espera. No… no tengo esos gustos. Seiya, ayúdame—dijo muy nerviosa la pelirroja.
—En esto no me meto, yo hago lo que Saori quiere. Si ella también te quiere es su decisión—aclaró el santo.
—No esperaba más de ti, Seiya. Juro que voy a tratarte bien, voy a cuidar de ti—mencionó Saori rodeando con sus brazos el cuello de una nerviosa saintia.
—Eso me recuerda que debo ver las tortillas que me encargo, María—recordó Seiya viendo donde las dejó.
—Espera, ¿por qué no estas en desacuerdo? Saori es tu chica y no soy lesbiana, me gustan los hombres—dijo más nerviosa la pelirroja.
—Ella es tu diosa, puede hacerlo que se le antoje contigo. Para eso nos entrenaron, no me importa si eres tu porque se que vas a cuidar bien de ella—le menciono el castaño.
—Oye, me entrenaron para protegerla no para ser su juguete sexual—alegó la chica entre nerviosa y con miedo, en vez de sentirse molesta.
—Pues no has hecho bien tu trabajo, eres una niña mala. Voy a darte tu castigo—mencionó Saori sacando una fusta de quien sabe donde.
—Saori, ella no es Jabu. Déjala tranquila, no tiene la culpa de tu mala suerte con los secuestros—intervino Seiya a favor de su amiga y ella lo miró furiosa.
—¡No es que me deje secuestrar! La verdad es que me gusta cuando me rescatas y me llevas en tus fuertes y fornidos brazos—.
—Así que era un fetiche—murmuró Shoko con la cara azul al recordar que la rescató varias veces de Eris.
—Eso me recuerda a que debo quitarles el nombre de santo y saintia, para llamarlos Gladiador y Gladiatrix—comentó pasa si misma la diosa.
—¿Gladiadores?—se preguntaron ellos sin saber que esto no sería bueno para su integridad psicológica.
En ese momento, se veía llegar a María con sus víveres y notó que hablaban con demasiada confianza y estaban en un momento íntimo, haciéndola sonreír.
—¿Son novios?—preguntó la mujer curiosa señalando a Seiya y Saori.
—Esposos—corrigió Seiya dejando un poco avergonzada a Saori porque ella no se acostumbraba a esto.
—¿Y ella que es?—señaló la mujer a Shoko.
—Mi hermana—
—Es que me quedé con la duda. Si Alone los viera, les diría también lo mucho que les recuerda a Sasha y Tenma—.
—¿Alone?—dijo repentinamente sería la pelilila.
—Su hermana es muy parecida a ti, pero sus ojos son verdes y su cabello más oscuro. Tenma es idéntico a ti—recordó la joven viéndolos de cerca.
—¿Dónde está Alone?—preguntó Saori empezando a recordar ciertas cosas.
—No lo he visto últimamente—.
—Gracias, quisiera verlo cuando esté recuperada—comentó con seriedad la pelilila.
—Está bien—..
Santuario de Athena, año 1747…
Sasha era la Athena de esta era y dirigía con mucha eficiencia el Santuario a pesar de no estar en sus primeros años en su recinto. Bajo el ala del Patriarca Sage de Cáncer, todos los santos estaban preparándose para la guerra contra Hades pero en estos días había tenido unas visiones muy extrañas en sueños.
Parecía varias escenas donde varios guerreros desconocidos peleaban contra diferentes ejércitos en poco tiempo y un joven que parecía ser Tenma se enfrentaba a Hades. ¿Qué estaba pasando?
Sin duda, el peor de los sueños fue el de anoche y es que vio que ella estaba desnuda y violando sin dudar a Tenma, o eso parecía. ¿Era una broma de Afrodita? No parecía eso porque habría roto su truco con su cosmos pero ahora este sueño la tenía bastante intranquila.
—Aleja esos pensamientos impuros, Sasha. No puedes tener pensamientos de este tipo, soy Athena—se repetía por milésima vez la diosa.
Ella iba en camino para ver a Tenma ganarse su cloth de Pegaso y veía su pelea en el Coliseo donde el Patriarca Sage le daba su ascenso a Santo de Bronce. Sasha estaba feliz de que su amigo hiciera un paso más en su sueño de protegerla, pero el sueño de ayer daba vueltas en su cabeza.
Otro recuerdo más estaba en su cabeza, una visión de ella en una batalla contra Artemisa y siendo demasiado cercana a Pegaso, ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el Santuario era tan distinto?
—Parece que estás viendo cosas que no debes, diosa Athena—se escuchó una voz al fondo.
Sasha volteó a ver sorprendida y pudo ver que había un espectro colado en el Santuario pero nadie lo había detectado.
—¡¿Quién eres tú?! ¿Cómo entraste aquí?—pidió saber la chica sacando a Nike de sus manos.
—No vengo por tu cabeza, eres más útil viva que muerta, futura reina del Olimpo. Muy pronto el futuro te va a alcanzar, Hades no es la peor de las amenazas. No confíes en nadie, ni en tu Patriarca, el santo de Pegaso es el único que te va a ser leal hasta el final—declaró el sujeto con una sonrisa de maldad.
—¿Quién eres tú?—.
—Bien, me presentaré. Soy el padre de tu querido amigo Tenma de Pegaso—se presentó el espectro y Sasha se quedó muda.
Ella se fijó con más detenimiento en su físico y ciertamente era una versión adulta y malvada de su querido amigo aunque no sabía que intenciones tenía.
—Entiendo que no confíes en mi, Athena. Pero no hago esto por placer, lo hago porque tú y yo tenemos mucho en común, más de lo que te imaginas—.
—¿Qué querría un espectro conmigo? ¿Por qué traicionarías a tu señor Hades?—preguntó la diosa desconfiada.
—Por favor, por mi Hades se puede ir al Tártaro. Tengo una agenda que seguir y no podrás evitar trabajar conmigo. Escúchame bien, no eres la única Athena en este momento. Hay otra diosa de la guerra que hará su aparición pronto y vendrá a poner tu mundo de cabeza. No confíes en lo que tus santos te digan, ella trae la verdad sobre tu situación—declaró sonriente el espectro y desapareció justo como vino.
Sasha se preguntaba que había querido decir con que había otra Athena. No sentía una presencia poderosa a lo lejos y reconocería su propio cosmos en cuanto este se alzara, por lo que estaría atenta a los hechos.
Los días pasaron, lo suficiente para que Seiya y Saori pudieran en orden sus sentimientos ya que necesitaban ponerse al corriente. A pesar de su cambio de personalidad, la diosa tenía esos sentimientos hacia su guerrero como antes, pero ahora eran más intensos que nunca y sin filtros.
A pesar de que era peligroso salir de noche, ambos se fueron en los límites del pueblo para estar a solas. La Luna era hermosa y había un hermoso lago que la reflejaba siendo ideal para tomar un baño.
—¿Seiya, quieres nadar conmigo?—preguntó la diosa sonriente.
—No trajimos ropa de repuesto—le comentó el joven confuso.
—No la necesitaremos—.
Ambos se desnudaron poco a poco y se metieron al lago, aunque el sujeto aún no estaba acostumbrado a esta intimidad. El agua estaba un poco fría pero se abrazaban para no separarse.
—Hay una leyenda sobre mí en un lago similar a este. Un hombre me vio desnuda mientras me bañaba y lo dejé ciego como castigo. Cuando supe que era por accidente, le di la habilidad de tener premoniciones—relató la deidad.
—¿Me vas a dejar ciego?—.
—Ya has estado sin poder ver y quiero que me mires de todas formas—le dejo claro la mujer divertida.
—Te amo—.
—Yo también—.
Ambos se besaron con dulzura y poco a poco fue poniéndose más intenso de forma que se entregaron a sus instintos más bajos. Aún siendo una diosa, el único que la dejaba desnuda en cuerpo y alma era el único hombre que ha amado de forma romántica.
—Oigan, dense prisa porque me quiero meter al lago—se escuchó la voz de Shoko al fondo y escondida porque no quería entrar con ellos.
—Puedes venir con nosotros—mencionó juguetonamente la diosa.
—¿Y dejar que me violes? No gracias—.
—Aguafiestas—.
Mientras tanto, Sasha estaba en sus aposentos cuando sintió una terrible pulsación en el universo. Era una terrible sensación, como si una fuerza tan poderosa fue despertada. Ella salió a ver al Patriarca Sage que también sintió lo ocurrido y se la encontró en el camino para discutir lo ocurrido.
—Necesito que me acompañe a Star Hill. Tal vez las estrellas nos digan algo—le pidió el anciano.
La diosa acompañó a su segundo al mando y vieron algo fuera de serie. La constelación de Pegaso estaba siendo montado por una agrupación desconocida de estrellas.
—Parece un mochuelo, nunca vi a las estrellas formar esta figura—mencionó el viejo Patriarca serio.
—Esa ave representa a Athena, ¿por qué parece que monta al Pegaso?—se preguntó Sasha preocupada.
Por algún extraño motivo, ese sueño donde ella estaba haciendo cosas pervertidas con Tenma se reflejaron en sus pensamientos pero se controló al respecto. Sin embargo, esto no traía buenas noticias.
—¿Esa no es la constelación de Equuleus?—señaló Sage al cielo.
La constelación hermana de Pegaso estaba extrañamente cerca de su hermano pero algo no estaba bien y Sasha tenía la sensación que era relacionado con lo que dijo el espectro. Ella no lo había delatado porque quería corroborar si era real lo que había dicho.
—¿Qué pasó con Kintalpa de Equuleus? Se supone que se había ido a un entrenamiento—mencionó la diosa.
—Puede que le tome más tiempo, ella se fue a Japón para eso—.
—El país del Medio Oriente. No sé si debí enviarla, la extraño bastante—suspiró ella seria.
—Posiblemente llegue a tiempo para la guerra santa, no se preocupe—.
Pegaso, Equuleus y Athena en una guerra santa, un evento que posiblemente no sea bueno ya que daba a entender que sería difícil contrarrestar a Hades en esta era, aunque algo más había en ese aviso del universo.
