Nota: Este fic NO me pertenece sino a la maravillosa FrillyPinkUmbrella quién me ha dado permiso de poder traducir su increíble fic al español para que llegue a muchos más lectores. Dense una vuelta por su trabajo original aquí: /works/18526540/chapters/43909627 y denle mucho amor, kudos y comentarios.

Thank you, FrillyPinkUmbrella, for letting me traslate your amazing work!

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Prólogo: Confianza

-Jamie, trae el postre – insiste Peter.

El rostro de James se ilumina.

-Padfoot, ¿por qué no lo traes tú? Tu eres el… - James se muerde la lengua, trata de encontrar la palabra y el acento correcto. Hace un elegante floreo con su brazo, con la palma de su mano hacia arriba – chef pastelero.

Sirius se levanta de su asiento y hace una ligera reverencia, sonriendo demasiado, y se dirige a la cocina.

- ¿Padfoot preparó el postre? – Remus pregunta, incrédulo, con sus pobladas cejas arqueándose ligeramente.

-Síp.

-Así que comida china y el pastel hecho a mano de Sirius para el postre, ¿no?

-Así es.

Remus y Peter intercambian una mirada. James se recarga en el respaldo de su silla y entrelaza sus manos en su nuca, observando la escena divertido. Mientras tanto, un delicioso olor a chocolate horneado flota en la habitación hasta llegar a la mesa y Remus se levanta un poco de su asiento.

-Joder – Sus ojos hambrientos se fijan en el pastel que Sirius lleva inocentemente sobre la bandeja.

Sirius deja el pastel sobre la mesa cuidadosamente, mostrando sus brillantes dientes blancos mientras le dirige una sonrisa traviesa a Remus. James tira de su brazo para que se siente y hace un gesto ansioso para que Remus haga lo mismo.

-Entonces, este es el tema… – James comienza a hablar ahora que todos se han sentado de nuevo, pero se detiene cuando atrapa a Peter tratando de alcanzar el cuchillo para el pastel – Oi, todavía no, Wormtail.

Peter se desploma de nuevo en su asiento. Derrotado.

-Lo que sea, ¿no puede esperar hasta después del postre? – Pregunta Remus impaciente.

-No.

James mira de reojo a Sirius, cuya expresión ha cambiado y se mantiene sereno, casi reflexivo, y se limita a asentir con la cabeza.

James se aclara la garganta – Escuchen, chicos, de verdad aprecio su entusiasmo por el postre, así que iré directo al grano, ¿de acuerdo? Hay alguien en la Orden que esta espiando para Voldemort. No sabemos quién o quiénes, pero no podemos dejar que sepan dónde vivimos Sirius y yo. Voldemort hará lo que sea para eliminarnos a ambos una vez que sepa dónde estamos. Al menos eso es lo que Dumbledore cree.

Una atmósfera, más pesada y fría, desciende sobre ellos en ese instante; incluso el delicioso pastel de chocolate parece enfriarse un poco.

Remus mira primero a James, después a Sirius. Peter se inquieta en su asiento, con el ceño fruncido.

-Necesitamos un Guardián del Secreto – Aclara Sirius, sin rodeos.

Remus deja escapar un largo suspiro, provocando un silbido débil.

-Oh – Suspira Peter

-Puede ser cualquier de los dos – Dice James – Pero en realidad estábamos esperando que fuera Remus, ya que…

-Ya que Peter puede ser un poco cobarde a veces, sin ofender – termina Sirius.

-Oi! – Se queja Peter a medias antes de ser interrumpido.

-Pero también – añade James – Ellos no creerán que confiamos tanto en un hombre lobo.

-No digas estupideces, James, a estas alturas el mundo entero debe saber que nos importa una mierda quién es un hombre lobo y quién no – bromea Sirius.

-Pero no confiaríamos en un hombre lobo un secreto tan grande como este, ¿verdad? Quiero decir, nunca sabes cuando ellos van a…

-Ser indiscretos – murmura quedamente Remus.

Todos se quedan en silencio por unos momentos.

James se muerde el labio claramente incómodo – No seas tonto – dice inclinándose sobre la mesa, haciendo una mueca ante el giro que dio la conversación. – No nos preocupa que nos delates, era solo una broma…

-Bueno, deberían – Lo corta Remus rotundamente.

- Deberíamos, ¿qué?

-Estar preocupados.

James levanta la mirada para encontrarse con la Remus, tan honesta que parece distante y fría.

-Los hombres lobo son indiscretos. No somos exactamente humanos en las noches de luna llena, ¿verdad? Los secretos son para humanos; ningún animal puede guardar un secreto. Te podría traicionar en un instante en la próxima luna llena.

James mantiene la vista clavada en Remus.

-Confiamos en ti, Moony – lo dice casi con impaciencia, sin importarle una pizca todo lo que Remus acaba de decir y, por el rabillo del ojo, atrapa a Sirius asintiendo a sus palabras.

Remus no parece afectado ante sus palabras– Y es exactamente por eso que tienes que tomar mi palabra sobre este tema. Los traicionaré.

Remus se recarga en su silla y cruza sus brazos sobre su pecho, dando por terminada la conversación. James baja la mirada de nuevo a su plato, de pronto la idea del delicioso pastel de chocolate parece infinitamente menos apetitosa que hace unos momentos.

-Supongo que serás tu, entonces, Wormtail. Buena su…

- ¿Estás bromeando? No, no puede ser Wormtail – Suelta Sirius en voz alta.

Peter se retuerce en su silla, incómodo.

-Claro que puede ser él – James clava sus ojos en los de Peter, qué están muy abiertos y asustados. -Peter, harías esto por nosotros, ¿cierto? ¿Por favor?

-Yo… uh… claro – Balbucea Peter.

-No – Repite Sirius de manera contundente.

- ¿Por qué no? – James se gira para ver a Sirius. ¿Por qué esta siendo tan desconfiado? Han sido amigos – los cuatro han sido mejores amigos – desde los once años.

- ¿Estás demente, James? ¿Wormtail? El jodido guardián del secreto. Wormtail.

-Sí, Wormtail. Peter. Y no hay nada de malo con eso, no deberías estar tan jodidamente repugnado con la idea – dice James, viendo como Peter comienza a temblar de nervios o de irá o de algo.

-Peter, dijiste que sí, ¿cierto? ¿Harás esto por nosotros? – James vuelve a preguntar, haciendo una pequeña mueca cuando siente que suena como una orden.

Peter se lame los labios, nervioso. Luego abre y cierra su boca sin decir una palabra. Sirius lo mira en silencio, a lado de James. Remus finge que no escucha nada.

-Claro- dice finalmente Peter, más firmemente de lo que James esperaba. Y eso lo hace feliz.

James choca sus manos en un aplauso y fuerza una sonrisa – Excelente, entonces todo esta arreglado. Gracias, por cierto – Brama y se extiende sobre la mesa para revolver el cabello de Peter.

Peter se encoge de hombros, haciendo un esfuerzo por no mirar a Sirius.

- ¿Podemos comer el postre ahora?

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Terminan el postre en silencio. O casi en silencio ya que James intenta entablar conversaciones en más de una ocasión, pero sin éxito. Y si no fuera por la imagen de los platos de Remus y Peter casi limpios y sin restos de postre, James se habría preocupado por ellos.

Pero por quién si esta preocupado - y quizá más irritado que preocupado - es por Sirius. No tiene idea de porqué esta siendo especialmente terco en no dejar que Peter sea su Guardián del Secreto, pero se atrevería a decir que se siente más ofendido que confundido ante su actitud.

Sirius y Peter son parte de los jodidos Merodeadores; Sirius debería saber que le puede confiarle cualquier cosa a Peter. La idea de que Sirius no puede hacer eso esa noche es tan irreal y repugnante que ha destrozado todos sus más preciados y afectuosos recuerdos como merodeador en miles de pedazos, dejando grandes heridas en su mente.

Así es como se siente la guerra. James lo entiende de repente y siente como sus ojos comienzan a arder.

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Remus y Peter se marchan poco después de eso. Murmuran un "gracias" y fingen no notar el repentino cambio de humor de James. Sirius los acompaña hasta la puerta y James los escucha hablar quedamente pero no se molesta en escuchar a escondidas esa conversación; lo más probable es que sean trivialidades como un "vuelvan pronto", que solía ser una invitación real pero que ahora es más una cortesía vacía. O podría ser un "cuida de James", que saben que James odiaría escuchar. No es un niño; puede encargarse de sus propias crisis mentales, muchas gracias.

Sirius regresa al comedor, arrojando los platos al fregadero con un solo movimiento de su varita. Sin embargo, él no se dirige a la cocina, sino que se acerca a James y lo palmea en el hombro.

-Hey – Sirius le revuelve el cabello.

James se aleja.

- ¿Por qué dijiste eso, Sirius? – Le dice, manteniendo la cabeza inclinada sobre la ahora despejada mesa. James cierra fuertemente sus ojos para aliviar el dolor de cabeza y evitar que las lágrimas salgan. - ¿Por qué dijiste que no podías confiar en él?

-Nunca dije eso – Sirius contesta rápidamente

-Lo insinuaste. Bastante.

Sirius deja escapar un suspiro.

-Esta bien, no puedo. Lo siento, pero es la verdad. Quizá en el futuro pueda hacerlo. Es sólo que hay algo en él… Su comportamiento, su personalidad. Nunca se ha destacado por ser el amigo valiente y leal que haría cualquier cosa para guardar un secreto…

-Bien, ¿por qué? – Los hombros de James comienzan a temblar y siente las manos de Sirius sobre ellos, masajeándolos.

- ¿Por qué? Bueno, nunca nos ha demostrado que podemos confiarle algo tan grande como esto, ¿verdad? – Sirius lo dice lentamente, como si estuviera estrujándose el cerebro para decirlo de la forma más delicadamente posible.

- ¿De qué estás hablando?

-Bueno, por ejemplo – sólo como ejemplo, ¿vale? – la noche del Incidente…

El corazón de James se contrae. Voltea bruscamente para mirar a Sirius. ¿Cómo se atreve a mencionar el Incidente? Si su memoria no le falla, había sido Sirius quién los había traicionado, quién había traicionado el secreto de Remus, para joder a Severus Snape la noche del puto Incidente. James se levanta de su asiento para encararlo.

- ¿El Incidente? ¿En serio, Sirius?

Clava su dedo en el pecho de Sirius, airado, y su tono de voz cambia a uno más tranquilo y bajo.

-Wow. Me encanta como mencionas el Incidente, justo en este momento que estás dudando de Peter y hablando de lealtad; de todas las cosas que pudiste decir, el Incidente… Realmente te has vuelto loco, Padfoot.

Sabe que sus palabras hieren a Sirius ya que sus ojos se cierran casi por completo, como si la vista de un James enojado lo estuviera lastimando de verdad. Su mandíbula se tensa.

-No quise decir eso… - Comienza a decir Sirius, pero James ya esta subiendo las escaleras casi a ciegas.

Se tropieza con un escalón y se golpea la rodilla. Pero eso no le duele.

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James está atrapado dentro de un estrecho y oscuro callejón. O quizá sólo sea aquella oscura niebla que lo hace ver así. Podría jurar que es humo por lo denso que se ve, pero no hay olor que le indique que es eso.

No es como que pueda confiar en su olfato en ese momento de todos modos. Ni en su olfato, ni en su vista y ciertamente tampoco en su oído ya que no puede escuchar nada, excepto el viento.

Lo primero que viene a su mente es él. Así que lo llama en la oscuridad, esperando que lo escuche.

- ¿Sirius?

Su voz sale de sus labios extraña y distante, como si estuviera gritándose a si mismo desde muy lejos. Como si estuviera gritando a la nada. Traga su propio sollozo y grita de nuevo.

- ¡Sirius!

Se tambalea, con los brazos estirados frente a él y no puede distinguir ni sus manos en la oscuridad que lo rodea. Siente un intenso escozor en los ojos y piensa que se debe a que ha estado forzándolos demasiado en la oscuridad. Su muslo roza contra algo afilado, obligándolo a soltar un jadeo.

- ¡Sirius!

- ¿James?

Se levanta de su almohada, toma su cabeza entre sus manos y se encorva. Levanta las rodillas para acercarlas a su pecho y comprobar que su muslo no esta lastimado. Su respiración es agitada y sus ojos tiene mejor visión que antes. Se enfoca en observar sus jeans azul marino, su camiseta color caqui y las sábanas debajo de él.

- ¿James? – la voz de Sirius esta mucho más cerca de él ahora.

Siente un par de brazos rodear su cabeza. Su cara esta presionada contra la sudadera de Sirius – que solía ser de James – y huele como aquel oso de peluche con el que James solía dormir durante aquellas solitarias noches cuando tenía tres años. Un poco rancio, al borde de lo agrio, pero perfectamente familiar y cómodo. Huele a él mismo y eso ayuda a calmar su respiración poco a poco.

-James – murmura Sirius en su oído. Como si sintiera que James esta siendo consolado por el propio olor de su sudadera, aprieta su rostro más contra ella, haciendo que James arrugue la nariz. Las lágrimas comienzan a humedecer la sudadera y James resopla contra el pecho de Sirius.

-James

Sirius lo empuja gentilmente hacia atrás de forma que James vuelva a estar acostado sobre su espalda y es cuando finalmente puede ver a Sirius frente a él. Su expresión es de preocupación y tristeza, pero también de amor absoluto. Tanto amor que James batalla en recordar porque habían discutido antes de caer pesadamente en los brazos de Morfeo. Después de lo que pareció un largo tiempo contemplándose mutuamente, recuerda que el motivo de la discusión fue el asunto de Peter siendo su Guardián del Secreto y el tema se siente tan insignificante que quiere decirle justo eso a Sirius. Así que lo hace.

La sonrisa que Sirius le dirige parece triste – Las personas pueden cambiar. Quizá Peter lo hará también ahora que tiene esta responsabilidad.

James niega con la cabeza.

- Pero no quiero hablar de Peter en este momento.

-Entonces, ¿de qué quieres hablar? ¿De lo increíble que me veo con esta sudadera?

-Gilipollas – responde James, golpeándolo levemente. Su corazón siente una oleada de cariño por Sirius, quién no muestra ninguna señal de hablar sobre la pesadilla que evidentemente estaba teniendo hace apenas unos minutos.

-En la escala del uno al diez, siendo uno horrible y diez siendo como un Dios, ¿cómo dirías que me veo justo ahora con mi sudadera?

Sirius retrocede un poco, dejando libre a James de sus brazos para poderle dar una mejor vista, pero James toma sus brazos de nuevo y los envuelve rápidamente alrededor suyo de nuevo. Sirius se ríe, dejándose hacer y pasa sus dedos por el cabello de James. Aunque sabe que sus dedos quedarán atrapados entre sus cabellos, nunca deja de ser relajante esa sensación.

-Cero, quizá. Para empezar ni siquiera es tu sudadera.

-Por supuesto que es mía. Quién la encuentra, se la queda.

- ¿Y dónde exactamente la encontraste?

-Estuvo por días abandonada en la ropa sucia, Prongs. Lo sabes.

La voz de Sirius suena somnolienta y sus párpados comienzan a cerrarse. James comienza su juego favorito: trazar cada una de sus pestañas, largas y oscuras, con la yema de su dedo.

El cuerpo de Sirius termina sobre él, y no se siente capaz de moverlo ni mucho menos despertarlo. El olor del shampoo de Sirius funciona como bálsamo, haciéndolo dormir también.

Al menos, si tiene otro mal sueño, se despertará con el peso de Sirius sobre él. Pero, piensa positivamente, quizá no sueñe nada esta vez.

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Por primera vez en semanas, James es guiado suavemente hacia la conciencia por la luz del sol y el canto de los pájaros que se cuela a la habitación. También por el cuerpo de Sirius junto a él, dormido con la boca ligeramente abierta y con el brazo sobre el pecho de James. Es mucho mejor que despertar con la escandalosa alarma.

Voldemort parece estar atravesando una pequeña depresión por el momento – una muy bienvenida depresión, debe agregar James – ya que las reuniones de emergencia, llenas de pánico, de la Orden han disminuido considerablemente durante el último mes.

James se queda acostado un rato más, mirando soñadoramente la cara de su novio. Se siente demasiado afortunado de quedarse allí, perdiendo la noción del tiempo, sabiendo que cuando Sirius despierte – en el momento que se le dé la jodida gana – lo primero que verá será a James y en lo primero que pensará será en James y no en la estúpida Orden.

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El timbre de la puerta suena.

Los ojos de James se cierran automáticamente. Mierda, no otra muerte.

A diferencia de todo lo demás, los informes de las víctimas no se avisan mediante lechuza ni por la red flu por su origen "delicado" o alguna mierda así. En realidad, en cada ocasión eligen al miembro adecuado de la Orden para ese trabajo. James no sabe exactamente qué tipo de persona está calificada como adecuada para recorrer todas las casas, hacer una mueca solemne y anunciar con voz lúgubre: Lo siento, tal o cuál acaba de morir. Recordaba a Barty Crouch avisando de la muerte de los hermanos Prewett, McGonagall la de Marlene McKinnon… Y bueno, no llevaba el registro de los demás.

Cuando abre los ojos de nuevo, Sirius ya no esta a su lado. Puede escuchar una conversación, pero sólo llega la contundente voz de Sirius hasta la sala de estar, tan clara que parece que estuviera hablando por la red flu.

-No, él esta bien…

-Sí

-Seguro

-Esta bien, nos vemos.

De pronto, Sirius camina de regreso a la sala de estar y se deja caer en su lugar del sofá, a lado de James.

- ¿Quién era? – pregunta James

- Evans.

- ¿Lily?

Sirius asiente distraídamente, fijando su mirada en la televisión – Sí, James, Lily.

- ¿Y? ¿Qué quería?

-A ti – responde Sirius, amargamente.

James levanta las cejas, sorprendido.

-Quería verte – aclara Sirius, suspirando – Dijo que escucho que nosotros habíamos tenido una "gran pelea". Pensó que estarías solo aquí, por alguna razón que sólo Merlín sabe. En la mente de todos, siempre piensan que soy yo el que te va a dejar y no al revés…

- ¿Pensó que me habías dejado?

-Sí, Prongs, pon atención.

-Pero ¿Por qué querría verme?

-Sólo Merlín sabe porqué, Jamie. Ahora, ¿no crees que es hora de volver a centrar nuestra atención en la película? – Sirius sigue con la mirada fija en el televisor, como sí nada fuera tan fascinante como la pantalla frente a él.

Boom.

-Así que, dime, ¿quién es al que acaban de dispararle?

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Trataré de tenerles un capítulo por semana. Espero que lo disfruten tanto como yo la primera vez que la leí :)