Tenía que admitirlo, Draco Malfoy tenía estilo.

Tal vez fuese por es caminar, tan erguido y con tanta aristocracia y que tan natural parecía, pero que sin embargo no podías imitar.

O tal vez fuese por esa ropa tan elegante, siempre de traje y con gran talante.

Pero el estilo también se notaba en su hablar, esa arrogancia que se podía apreciar a la mínima y ese humor tan negro y retorcido. Ese humor que escandalizaría a muchos, pero que a mí me divertían.

Ese humor tan burlesco y con tanto ingenio.

Draco Malfoy tenía estilo hasta a la hora de estudiar, solo hace falta mirarlo mientras lo hace. Sin perder la compostura y haciéndote querer observarlo eternamente.

Incluso volando, cual pájaro al vuelo, pareciendo tan libre, tenía estilo.

Pero, a pesar del estilo, pocas veces sonreía, al menos de forma verdadera. No me refiero a esas sonrisas burlonas, algo torcidas y maliciosas. Me refiero a esas de felicidad, a esas que solo da en la intimidad.

Esas que solo su madre y tal vez, algunos de sus amigos más cercanos han visto.

Porque Draco Malfoy aparte de estilo, sabe, o más bien aprendió hace mucho, que las sonrisas no son siempre merecidas y que no todos son dignos de ellas.

Por eso cuando me sonrió, a mí una simple chiquilla de primero, siendo el de tercero y siendo el príncipe de Slytherin, no pude evitar que los nervios me embargasen. Mientras que un profundo sonrojo me invadía las mejillas.

Malfoy al ver mi reacción solo río, pero no con burla sino como le pareciese divertido mi comportamiento, como cuando alguien ve a dos cachorros jugando.

Conocía a Malfoy desde hace muchos años, nuestros padres eran amigos y mi hermana mayor y él, eran compañeros de curso. Pero mi contacto con él era bastante escaso, tal vez algún que otro intercambio de palabras, aunque no podía negar que desde que lo conocí, teniendo yo 6 y él 8, me impresionó y llamo la atención.

Por eso no podía evitar observarlo y fijarme en esa elegancia suya, en su estilo que me encandilaba.

Malfoy giró un poco su cabeza, muy levemente y me miró sin quitar esa sonrisa, que tan bien le quedaba, de su cara.

Con la mano que no tenía vendada, había tenido un accidente con un Hipogrifo, me revolvió el pelo, cosa que me asombro aún más.

-Estoy bien mini-Greengas, no tienes de que preocuparte. Pronto volveré a hacer las cosas con normalidad y podrás seguir viéndome volar en las prácticas de Quiddich- dijo Malfoy, su voz sonaba tranquila, pero sin quitar esa arrogancia tan característica de él.

Lo miré estupefacta, ¡no podía creerme que supiera eso! ¿Cuándo se había dado cuenta de que lo observo? ¿Cuándo y cómo? Teniendo en cuenta que creía que yo era invisible para él, para él y para todos.

Debió de darse cuenta de mis pensamientos, por qué me sonrió de lado y mientras se levantaba para irse, me miró un momento y me dijo:

-Me gusta estar al pendiente de ti, Astoria. Al fin y al cabo eres mi mayor fan, tengo que cuidarte.

Se dio la vuelta y me dejó sola.

En ese instante me di cuenta de varias cosas:

Él me había llamado por mi nombre, por primera vez.

Para él yo no era invisible, era obvio que eso es lo que quería que me quedará claro con sus palabras.

Yo le importaba.

Fue entonces cuando Malfoy dejó de ser Malfoy, para empezar a ser Draco.

Fue ese día, cuando llegué a la sala común con una sonrisa tonta en la cara y que mi hermana dijo en broma y con burla: "Debe de estar enamorada"

Y no se equivocaba, porque lo estaba y lo sigo estando, desde que era pequeña lo amé, empezó como admiración y se convirtió en amor, amor hacia Draco Malfoy.

El chico con más estilo que he conocido en toda mi vida.