Era una tarde de septiembre en la ya muy conocida calle residencial sobre la que se acomodaban varias casas de colores, algunas de ellas con patio compartido. El sol brillaba con fuerza en un área tranquila de la ciudad, tan tranquila que quien se asomara a la ventana le costaría escuchar algo más que los pájaros y árboles moviéndose. No obstante, más de un vecino ya sabía que a estas horas era común escuchar un poco más de ruido proveniente de los cinco amigos que jugaban alegremente en el extenso patio del que disponían.

"Dieciocho dividido entre cuatro…" Murmuró para sí mismo el joven alce naranja que se esforzaba por terminar su tarea de matemáticas para finalmente poder salir a jugar al patio.

"¡Ugh! ¿Qué clase de villano inventó las fracciones?" Dijo frustrado. Seguramente no era para menos pues Tyrone ya se estaba retrasando algunos minutos para reunirse con sus amigos para una nueva aventura en el patio trasero como ocurría cada tarde.

"Probablemente Uniqua y Pablo ya están en el patio como miembros de nuestro escuadrón de bomberos del bosque," dijo Tyrone haciendo énfasis en la última parte. El alce anaranjado pasó unos minutos más concentrándose todo lo que lo dejaba su inmadura mente para poder salir a jugar lo antes posible.

"¡Terminé!" Gritó emocionado el joven alce color naranja mientras ni corto ni perezoso saltaba de la silla para bajar corriendo las escaleras con un sombrero de bombero que previamente había tomado de su habitación y anunciando que saldría a jugar como mera rutina. Tras la puerta que daba hacia el jardín se extendía como de costumbre el césped que servía como lienzo (en verde en este caso) de las múltiples aventuras que tenían los cinco amigos.

"Vaya, soy el primero…" Dijo Tyrone extrañado de verse solo en el patio a pesar de la hora, pero alegrándose, a fin de cuentas. "Creo que esta vez yo seré el líder entonces," agregó sacando pecho. Esta era una regla bien conocida entre los Backyardigans, quien primero estuviese en el patio asumiría el rol de líder y gozaría de un protagonismo especial en la aventura. Se trataba de una de aquellas reglas que no hacía falta mencionar, que todos ya se sabían muy bien y respetaban a rajatabla. Al parecer Pablo era bien conocido por aparecerse primero y tomar las riendas de la aventura, pero con el tiempo los amigos habían aprendido a ganarle de vez en cuando para tener ese privilegio también.

"Bien, hay que asegurarse de que tengamos todo el equipo, cascos, botas, mangueras…" Comenzó a decir Tyrone literalmente hablándole a la nada absoluta mientras caminaba por el patio mirando a todos lados como si hubiese objetos a su alrededor. De repente, un sonido extraño se escuchó mientras el alce anaranjado era golpeado por una gota de agua en la cabeza… De repente otra… Y otra… Y otra más. Al mirar hacia arriba Tyrone se percató de que el cielo se había vuelto gris de un segundo al otro y que la lluvia había aparecido de la nada. Una cara de decepción se formó en el ya humedecido por la repentina lluvia rostro del alce naranja. Tyrone solo miró al suelo con profunda decepción unos segundos antes de si quiera pensar que era mejor que se cubriera de la lluvia ante un posible diluvio universal que estaba por caer.

"¡Tyrone!" Dijeron un par de voces muy bien conocidas que venían desde la casa color rosa. Tyrone levantó la mirada y vio como por la ventana de la cocina estaban sus dos amigos y compañeros de juego del día de hoy quienes buscaban llamar su atención. El alce anaranjado corrió hasta la puerta trasera de la casa que daba a la cocina y sus amigos le abrieron la para que entrara.

"Anda, entra, no te mojes," invitó Uniqua.

"Parece que no ha sido el mejor primer día de trabajo… Jefe de bomberos Tyrone," exclamó pablo siendo especialmente sarcástico en la última parte.

"Estábamos a punto de salir cuando vimos que empezó a llover… Que decepción, tenía muchas ganas de apagar un incendio," dijo Uniqua esbozando la misma cara de decepción que tenía Tyrone algunos segundos atrás.

"Si, creo que no hacen falta bomberos cuando llueve…" Dijo Tyrone tomándoselo con humor en ese momento.

"¿Y… qué es lo que vamos a hacer?" Preguntó con incertidumbre Pablo.

"No lo sé, esto nunca nos había pasado antes," dijo Uniqua sin saber que responder. ¿Podría ser cierto? ¿En tantos y tantos días de aventuras los Backyardigans nunca habían tenido una sola tarde lluviosa que les aguara la fiesta? Tal parece que así era por más raro que pudiera sonar. Lo peor que habían tenido los cinco amigos hasta la fecha eran algunas nevadas, pero nada que no se pudiera aguantar con suficiente abrigo.

"Bueno Tyrone, tú eres el líder, tú eliges," exclamó Pablo reconociendo la regla no escrita. El joven alce anaranjado y ligeramente mojado por la lluvia se puso de inmediato nervioso al sentir esa responsabilidad y al no saber que hacer en lo absoluto.

"Bueno… ¿Y qué tal si jugamos Monopoly?" Dijo Tyrone aportando la que probablemente era la respuesta más aleatoria posible.

"Necesitamos algo para pasar la tarde, no para estar jugando hasta navidad…" Dijo Pablo no muy contento con la idea. "Además… Uniqua siempre se queda con la Avenida Pensilvania, ¡no es justo!" Agregó cruzando las aletas.

"¡Hey! Eso no es cierto, además esa es simplemente una estrategia ganadora, no es hacer trampa," exclamó Uniqua con cierto tono de superioridad. A esto le siguió una pequeña discusión donde ambos amigos se gritaban al mismo tiempo. Tyrone estaba deseando no haber sugerido nada cuando de repente un estruendo fuerte y una ráfaga de luz dejó con los ojos abiertos a los tres amigos de diferentes especies. La lluvia claramente estaba arreciando, el cielo estaba cada vez notablemente más oscuro y este era el primer rayo de la tormenta.

"Creo… que mejor vamos a mi habitación y vemos una película…" Dijo Uniqua mientras los tres temblaban abrazándose.

"Buena idea…" Dijo Tyrone visiblemente asustado como el resto. Los tres amigos algo aterrados por la fuerza de la tormenta comenzaron entonces a subir las escaleras camino de la habitación de Uniqua, donde de repente y de forma inesperada llamaron al teléfono.

"¡Vaya! ¿Quién podrá ser?" Se preguntó Uniqua. "¿Hola?" Contestó.

"¿Uniqua…?" Dijo una voz temblorosa al otro lado del teléfono que claramente Uniqua era capaz de reconocer sin dificultad.

"¿Austin?" Preguntó algo preocupada la joven de especie única. "¿Estás bien?" Agregó asustada.

"Si, estoy bien… Solo…En casa…" Dijo Austin tranquilizándola y a la vez mostrando inseguridad.

"¿Qué ocurre? ¿No ibas a ir a casa de tu primo Aureliano como nos habías dicho?" Preguntó extrañada Uniqua.

"No… Es que mi madre tuvo que salir y tuve que quedarme en casa. Estuve a punto de salir a jugar con ustedes cuando comenzó a llover…" Dijo el canguro purpura aun temblando mientras sonaba un nuevo trueno a poca distancia. "Estoy asustado…" Agregó Austin cerrando los ojos. A estas alturas Uniqua ya entendía muy bien lo que pasaba, su joven amigo canguro morado se asustaba mucho con las tormentas y mucho más si estaba solo en su casa. Austin era bastante asustadizo como bien sabían sus amigos y por eso cada vez que se quedaba solo prefería invitar amigos a su casa o bien ir a las de ellos para no tener miedo.

"¿Qué ocurre?" Preguntó Tyrone con claro tono de preocupación.

"Es Austin, está asustado por la tormenta," dijo Uniqua tapando el tubo del teléfono para que no se escuchara del otro lado.

"¿Y quién no?" Dijo Pablo quien tampoco escondía su temor.

"Ojalá pudiéramos hacer algo por él. ¿Recuerdan la última vez que tuvimos que ayudarlo a dormir en una pijamda?" Dijo Tyrone.

"Pues no podemos ir allá, mira afuera," dijo Pablo mostrando a Tyrone lo que podía verse por la ventana, nada menos que una lluvia torrencial que los mojaría con solo tres segundos al aire libre.

"¡¿Qué fue eso?!" Gritó Austin al otro lado del teléfono asustado. "Oigo que algo cruje," agregó. En ese momento Tyrone miraba por la ventana hacia la casa de Austin.

"Oigan," dijo Tyrone tomando unos binoculares para ver más de cerca.

"Uniqua, pon a Austin en el altavoz por favor," pidió Tyrone. Uniqua le hizo caso a su amigo y puso el teléfono fijo en altavoz para que todos pudieran hablar cómodamente con su él.

"Austin, creo que lo que oyes es la puerta trasera golpeándose. Deberías cerrarla y así el ruido se irá," explicó Tyrone.

"Pero… Me da miedo… ¿Qué tal si hay un monstruo afuera?" Dijo Austin presumiblemente perdiendo la razón por su temor.

"Austin, podemos ver tu casa desde aquí… No hay ningún monstruo," explicó Pablo.

"E-E-Está bien…" Dijo Austin antes de caminar por la solitaria casa camino a la puerta trasera para cerrarla con cuidado.

"¡Bien hecho Austin!" Celebraron sus amigos desde la ventana.

"Gracias amigos, creo que ahora no hay ningún pro…" Dijo el canguro morado antes de escuchar un sonido de golpeteo bastante estridente. "¡Aaaaah! ¡Les dije que había monstruos aquí!" Gritó asustado.

"Austin, tranquilízate…" Dijo Uniqua preocupada.

"Hmm…" Dijo Tyrone pensativo mientras observaba de nuevo por la ventana para ver si era capaz de notar algo.

"¿Ves algo Tyrone?" Preguntó Pablo.

"Aún no," dijo decepcionado el alce naranja.

"¡Esperen!" Exclamó Tyrone tras pocos segundos. "Son las ventanas del segundo piso Austin, están abiertas y el viento las hace golpear," explicó.

"Ya lo escuchaste Austin, cierra las ventanas y el ruido aterrador se irá," dijo Uniqua.

"Está bien…" Respondió nuevamente inseguro el joven canguro mientras obedecía. Al acercarse a la ventana del segundo piso notó que en efecto estaba haciendo un ruido fuerte al golpear por culpa del viento por lo que la cerró y aseguró por completo.

"Tenían razón chicos," dijo Austin notablemente más tranquilo.

"¡Bien! ¡Excelente!" Celebraron una segunda vez los tres amigos mientras un nuevo trueno sonaba de fondo.

"Vaya que es una fuerte tormenta," dijo Pablo al notar el fuerte estruendo del trueno.

"¡Aaaaah!" Se escuchó un alarido del otro lado del teléfono.

"¿Austin? ¿Qué ocurre?" Preguntó Uniqua sobresaltada por el grito. "¡¿Austin?! ¡Austin!" Siguió preguntando al no recibir respuesta.

"Creo que ya se lo que pasó Uniqua," dijo Tyrone mirando una vez más a la casa morada justo al lado de la rosa. "No hay luz en casa de Austin," explicó mientras él y sus amigos veían por la ventana. En este punto era muy claro para los tres lo que pasaba, con un apagón en casa de Austin, estando solo en casa y bajo la fuerte tormenta estaba claro que el canguro morado estaba tan asustado que no podía ni hablar.

"Austin, tranquilo, estamos contigo, mira por la ventana," Uniqua dijo en el tono más tranquilizador que pudo usar. Las palabras calmantes de la joven de especie única parecieron ser más que suficiente para sacar a Austin de ese estado de preocupación y hacerlo ver por la ventana para poder observar a pocos metros de distancia a sus amigos.

"¡Hola Austin!" Dijeron los tres del lado de la casa de Uniqua mientras saludaban con la mano, a lo que el canguro morado hizo lo mismo, cosa que le tranquilizó notablemente.

"¡Te dije que estábamos contigo Austin!" Dijo feliz Uniqua por el altavoz. "No hay nada que temer," agregó.

"Gracias amigos, son muy amables… Pero… Está muy oscuro aquí," dijo Austin asustado al ver una profunda penumbra tras de sí en la habitación del segundo piso de su solitaria y cada vez más tenebrosa casa.

"Descuida Austin, te ayudaremos… En cuanto sepamos como…" Dijo Uniqua bajando la seguridad de su tono de voz notablemente en la segunda parte.

"Hallaremos la forma Austin," dijo Tyrone tranquilizándole mientras tomaba los binoculares de nuevo para ver por la ventana.

"Gracias am… *beeeep* os," se escuchó por el altavoz.

"Uh… ¿Austin qué fue eso?" Preguntó Uniqua extrañada por el sonido.

"Uh uh… Batería baja…" Dijo Austin preocupado al ver la pantalla del teléfono móvil por el que llamaba. "¡Amigos! ¡Ayuda!" Reclamó.

"Rápido amigos… tenemos que encontrar la forma de ayudar a Austin antes de que se quede sin batería," dijo con urgencia Uniqua.

"Eso intento, es solo que no sé…" Dijo Tyrone mientras observaba con cuidado por la ventana. "¡Ajá!" Exclamó.

"¡Creo que lo tengo Uniqua! Desde aquí veo la caja de fusibles de la casa en la cocina, seguramente la tormenta hizo saltar el interruptor principal, Austin tiene que mover el interruptor y ya está," explicó Tyrone. Sus dos amigos se quedaron observándole extrañados, probablemente porque no entendían como diablos Tyrone sabía eso.

"Si, es que… Uno de mis hermanos es electricista, he aprendido algunas cosas…" Dijo Tyrone evadiendo la mirada.

"Bien, como sea. Austin, escucha…" Trató de decir Uniqua cuando el tono de llamada finalizada se escuchó sin interrupción por el teléfono.

"¡Oh no! ¡Austin se quedó sin batería!" Gritó Pablo mientras giraba en círculos por la habitación.

"Pablo…" Trató de decir Tyrone.

"¡Está muy oscuro y tiene mucho miedo!" Continuó Pablo caminando a su alrededor.

"Pablo…" Intentó por segunda vez Tyrone.

"¡Y ya no podemos decirle como hacer que la luz regrese!" Continuó el pingüino asustadizo.

"¡Pablo!" Gritaron al unísono Uniqua y Tyrone.

"¿Sí?" Dijo Pablo con su habitual y repentina tranquilidad después de sus clásicos ataques de pánico.

"Tenemos que decírselo de alguna otra forma…" Remarcó Tyrone mientras todos veían a Austin del otro lado de la ventana visiblemente preocupado, pero por suerte no tan asustado como antes.

"Tal vez podamos lanzarle un avión de papel," sugirió Uniqua.

"No…" Dijeron todos al percatarse de que no funcionaría.

"Tal vez podamos enviarle una carta," sugirió Pablo.

"No…" Nuevamente todos concordaron en que no funcionaría.

"Esperen, ¡ya sé!" Dijo Tyrone justo antes de pararse en la cama para hacerle gestos a Austin que pudiera entender.

"¿Qué haces Tyrone?" Preguntó Uniqua.

"Le digo a Austin que tiene que ir a la cocina," trató de explicar el joven alce mientras con una mano parecía que sostenía algo y hacia girar la otra.

"¿Qué se supone que significa eso?" Preguntó Pablo confundido.

"Cocina, estoy haciendo el gesto de sujetar una sartén," explicó Tyrone. Mientras tanto Austin observaba desde la ventana de su casa tratando de adivinar que querían hacerle saber sus amigos.

"¿Quieren que mezcle cosas en un tazón? ¿Cómo va eso a regresar la electricidad?" Se preguntó muy confundido Austin. Desde la otra ventana continuaron los gestos, esta vez Tyrone hacía gestos de bajar, moviendo su brazo de arriba abajo con un consecuente movimiento de cintura.

"¿Quieren que me lance por una resbaladilla? No comprendo para qué," nuevamente se preguntó Austin quien hizo un claro gesto de confusión hacia la otra ventana. Esta vez Tyrone hizo un gesto de tomar algo y comer de ello.

"¿Un bocadillo? ¡Oh! ¡La cocina!" Exclamó Austin teniendo claro que ya lo había entendido todo y casi corriendo, pero con cuidado hasta llegar a la cocina ayudado de una linterna que tenía en su mesa de noche. Haber jugado a las charadas parece que había quitado casi todo el miedo del joven canguro a estas alturas. Al llegar allí Austin se dio cuenta de un nuevo problema, no sabía que se supone que debía hacer en la cocina, así que se asomó ligeramente por la puerta trasera hacia la ventana de la casa de Uniqua.

"¿Creen que lo haya entendido?" Se preguntó Tyrone quien desde hace un minuto ya no podía ver a su amigo.

"Si… seguro entendió perfecto tu baile de rap muy poco coordinado…" Dijo Pablo con sarcasmo.

"Esperen, ¡sí lo hizo!" Dijo Uniqua al ver a Austin asomarse por la puerta trasera de la casa de cara a la cocina.

"¡Claro! No sabe que es lo que tiene que hacer. Esperen…" Dijo Tyrone antes de ponerse a hacer gestos de nuevo, en esta ocasión el joven alce hacía el gesto de tomar algo de un sitio. Austin entonces corrió dentro de la cocina y salió con un bote de salsa picante.

"No…" Dijeron Uniqua y Pablo desde la ventana con profunda decepción mientras negaban con la cabeza. Tyrone se dispuso entonces a hacer su segundo intento de gestos, esta vez trataba de mostrar como girar una perilla o algo así. Austin nuevamente corrió adentro y esta vez sacó un paquete de maní.

"No…" Gritaron nuevamente Uniqua y Pablo desde la ventana mientras se llevaban las manos a la cabeza en decepción por la falta de entendimiento. Tyrone lo intentó una vez más y esta vez parado de frente a la ventana dio un salto y media vuelta para quedar de espaldas y hacer como que movía un interruptor grande. Austin al principio estaba lleno de confusión, pero en un instante se volteó para ver la caja de fusibles tras de él y con un rápido gesto consiguió mover el interruptor grande lo que encendió todas las luces de la casa de golpe, esta fue la confirmación clara de que el plan había funcionado a la perfección.

"¡SÍ!" Celebraron los tres amigos en casa de Uniqua tras notar que todo había funcionado perfectamente. Los tres no podían parar de saltar y celebrar como si hubieran conseguido un gran logro.

No pasó mucho tiempo desde entonces para que la lluvia cesara por completo y en cosa de cinco minutos el sol volviera a salir. Cuando ya no llovía nada, los tres amigos corrieron al patio que apenas comenzaba a secarse y se reunieron con Austin que hizo lo mismo.

"Gracias amigos, fueron de gran ayuda," dijo Austin muy contento.

"Todo fue idea de Tyrone, él lo hizo casi todo… Y, además, hoy él es el líder…" Exclamó Uniqua mirándole. Tyrone solo se sonrojaba un poco y evitaba la mirada con algo de vergüenza.

"¿Ah sí? ¿Hoy eres el líder? Pues que gran trabajo de verdad," felicitó Austin.

"Si… Aunque yo quería ser el jefe de bomberos en realidad…" Admitió Tyrone.

"Bueno, creo que los bomberos ayudan a los demás a salir de situaciones difíciles, y eso fue lo que hiciste," reflexionó Austin.

"Si, ¡es cierto!" Secundó Pablo.

"Fue un honor ayudarle jefe de bomberos Tyrone," dijo Uniqua haciendo una reverencia.

"Igualmente," complementó Pablo. Tyrone simplemente se sonrojaba un poco más mientras todos hacían una corta pausa para pensar en lo que recién había pasado.

"Esta fue una gran aventura en la lluvia, ¿no lo creen?" Dijo Tyrone aún avergonzado.

"Ajá, si, tienes razón," murmuraron los demás como respuesta.

"¿Saben? Mi mamá hizo pastelillos para todos, ¡vamos a comer!" Exclamó Austin mientras todos corrían dentro de su casa.

"¡Que bien! ¡Pastelillos!" Exclamó Uniqua.

"Eso era lo que trataba de actuar desde la ventana, que comiéramos pastelillos," dijo Tyrone entre risas.

"Quizás mañana Tasha quiera jugar con nosotros, sino tiene que ir a casa de su tía Tamara otra vez…" Dijo Pablo caminando a la casa purpura. Finalmente, uno por uno, cada uno de los cuatro amigos entró a la casa de Austin para disfrutar de una buena merienda y la puerta se cerró tras de Tyrone.

"¡Adiós!" Dijo Tyrone al volver a abrir la puerta para despedirse de un patio vacío mirando un poco hacia el cielo.

"¿Con quién hablas Tyrone?" Preguntó Pablo extrañado.

"Con la lluvia claro… ¿No ves que casi nos arruina el día? No sé tú, pero yo no tengo muchas ganas de volverle a ver pronto…" Explicó Tyrone cerrando la puerta tras de sí una vez más.