Él es el príncipe de la noche...

Estacioné mi bici frente al restaurante, enjuagándome el sudor de mi labio superior, era inusualmente cálido para ser enero, pero sudar durante el invierno de la Florida era mejor que congelarse en el norte. Enrosqué mi cabello en un nudo, mi cuello se enfrió una vez que la larga plasta negra se apartó de ahí. Limpié mi frente por última vez y entré al restaurante, ignorando las mesas a favor de los clientes sentados en el bar.

Solo me tomó una mirada ver que la mayoría de ellos eran de altura media, con algunas excepciones extremadamente altos. Demonios, si Jaken no estaba aquí entonces tendría que conducir hasta su siguiente sitio favorito, y se veía como si fuera a llover. Crucé a través de las mesas, asegurándome de mantener mi mano derecha pegada a mí para no rozar accidentalmente a nadie. Era eso o llevar un voluminoso guante de electricista que inspiraría preguntas de curiosos extraños. Cuando fui al bar, le sonreí al tipo que llevaba piercings y tatuajes quien se hizo a un lado lo suficiente para darme espacio en la barra.

- ¿Has visto a Jaken? - le pregunté.

- Todavía no, pero acabo de llegar. - Deán negó con la cabeza, sonando las cadenas que iban de sus fosas nasales a sus orejas.

- ¿Raquel? - llamé, la camarera se volteó, revelando una hermosa pero barbuda cara a los turistas que subrepticiamente la miraban.

- ¿Lo de siempre, Frankie? - preguntó, alcanzando un vaso de vino.

- No esta vez, estoy buscando a Jaken. - Ese no era mi nombre real, pero en estos días lo era cuando salía.

- No ha estado aquí todavía - comentó.

Raquel no preguntó por qué venía en persona en lugar de llamar para hacer la misma pregunta. Incluso después de que todos aquellos paseantes1 que invernaron en Gibsonton, pretendían no saber acerca de mi condición, ninguno de ellos excepto Jaken alguna vez se sintió tentado a tocarme, y sin importar el clima, ellos no se ofrecieron a llevarme cuando me vieron en mi bicicleta. Suspiré.

- Si viene, ¿Le dices que lo estoy buscando? - Se suponía que debíamos estar practicando hace dos horas.

El fin de la estación convertía a Jaken, de un compañero rígidamente disciplinado a un frecuente flojo. Si no lo encontraba pronto, se iba a pasar el punto de ser razonable y pasaría toda la noche bebiendo y contando historias acerca de los viejos días de gloria del carnaval. Raquel sonrió, revelando unos bonitos dientes blancos, en contraste con su oscura y tupida barba.

- Seguro. - Yo comencé a caminar hacia afuera, pero Deán dio un golpecito a su cerveza con su tenedor, dirigiendo mi atención hacia el sonido.

- ¿Quieres que llame al Tropicana y pregunte si Jaken está ahí? - El adivinó correctamente el siguiente lugar al que iba a ir, pero desde luego, Deán conocía a Jaken tanto tiempo como yo.

- Solo es una milla y necesito mantener mis piernas en forma. – lo rechace.

- Se ven bien para mí - dijo Deán ásperamente, su mirada persistente en los miembros en cuestión antes de moverse al resto de mi cuerpo. Debido al calor, yo solo vestía unos shorts y un top, así que su vista estaba bastante libre. Entonces Deán meneó su cabeza como recordándose a sí mismo por qué mirarme así era mala idea.

- Te veo luego, Frankie. - Concluyó con un tono enérgico.

Mi pecho se contrajo con un dolor que era tan familiar como inútil, Sip, Deán sabía por qué fantasear acerca de mis piernas -o alguna otra parte de mi cuerpo- era inútil, y yo hace mucho acepté que nunca tendría algunas cosas. Aún así en un instante de debilidad, me encontré mirando a una pareja que estaba sentada en una mesa cercana. Sus dedos entrelazados y susurrándose el uno al otro. Ese simple toque era algo duro de ver, pero captó mi atención como un anuncio de luminoso, convirtiendo el dolor en mi pecho en algo cercano a un incendio. La pareja me vio, tal vez sintiendo mi mirada, pero su mirada rápidamente me pasó, o bien ambos notaron la cicatriz que corría por mi sien hasta mi mano derecha, o encontraron interesante los tatuajes a escala de lagartos que cubrían el cuerpo entero de Deán, la barba de Raquel, los dos metros y medio de altura de JD o los treinta y cinco centímetros de cintura de Kate, que se veía incluso más angosta comparada con la amplitud de sus caderas y sus pechos copa D. Todavía era temprano. La mayoría del público del Showtown de USA no llegaba aquí hasta después de las nueve.

La pareja continuaba mirando al grupo del bar sin delicadeza, y la irritación que sentía por mis amigos me dejó embobada sacándome de mi breve melancolía. Algunos turistas vienen a Gibsonton a maravillarse con los remanentes del carnaval que decoran muchas calles, o para ver ocasionalmente al oso entrenado, al elefante o algún otro animal exótico en el césped de alguien, pero muchos vienen buscando "frikies". Los locales son inmunes a eso, o juegan con sus peculiaridades por las propinas, pero yo todavía no podía sacudir mi enojo por la rudeza que tan frecuentemente mostraban. Diferentes no es lo mismo que subhumanos y así era exactamente como muchos residentes de Gibsonton eran tratados por los transeúntes.

De todas formas, no era mi lugar juzgar a la gente por su falta de modales, por no mencionar que Raquel no tomaría muy amablemente que yo reprendiera a sus clientes. Con mis labios sellados, alcancé la puerta, cuando se abrió como si la hubiera alcanzado. Salté para atrás a tiempo para evitar a un hombre que entró como si el lugar le perteneciera, pero no fue lo suficientemente rápido para prevenir que su mano rozara mi brazo.

- ¡Ouch! - saltó al contacto, lanzándome una mirada acusadora.

- ¿Qué demonios? - El no sabía pero tenía suerte. Si yo no hubiera aprendido sobre las corrientes que pasan por mí, o a soltar lo peor de ellas en los caminos iluminados, solo una hora antes, su experiencia podía haber sido mucho peor.

- Electricidad estática - mentí.

- Es mala en ésta área. - Su expresión decía que no me creía pero yo no tenía nada en mis manos, y mi vestimenta no ocultaba mucho tampoco, después de otra mirada, me dio la espalda.

- ¿Qué salida debo tomar para llegar a Tampa? - preguntó a todos los de la barra.

- Mi maldito sistema de navegación no está funcionando aquí. - Eso no era inusual por estas zonas y yo sabía la respuesta, pero me mantuve en silencio, no queriendo arriesgar otro inadvertido toque por hablar con él otra vez.

Crucé la puerta del bar... y una hostil rubia corrió directo hacia mí. Ella dejó salir un aullido, al que hice un eco mental compartiendo su frustración. Después de meses de un record sin mancha, ahora me había cargado a dos personas en menos de cinco minutos. Al menos el tipo rudo tomó algo del voltaje extra de mí así que ella probablemente sintió como electricidad estática en vez de una apacible electrocución.

- Lo siento - dije, volteando al mismo tiempo.

- Fue mi culpa… - ella rió, dándome una palmadita disculpándose.

Yo no estaba mirando... No escuché el resto de lo que dijo, imágenes ardieron cruzando mi mente en variadas sombras de negro, blanco y gris. Yo estaba en la cama con mi amante, nuestra pesada respiración era el único sonido en el cuarto. Después de eso, susurré que iba a decirle a mi marido que lo dejaría el siguiente fin de semana.

Eso no fue lo que me hizo congelarme, como sea. Fueron las siguientes imágenes que llenaron mi mente, a todo color esta vez, solo confusas, como si las estuviera viendo a través de la niebla. Estaba en una zona espesa, en un área pantanosa, mirando con horror como las manos de mi esposo apretaban alrededor de mi garganta. Dolor explotó en mi cuello, borrando su imagen cuando fútilmente rasguñaba y arañaba sus manos enguantadas. Él incrementó la presión mientras me decía que sabía de mi romance y cómo exactamente dispondría de mi cuerpo. El dolor se intensificó hasta que quemó hacia abajo todo mi cuerpo.

Entonces el dolor piadosamente, se detuvo, y sentí como flotaba a la deriva. Mi asesino se quedó dónde estaba, sus manos seguían apretando alrededor de mi garganta, sin ser consciente de que yo estaba ahora mirándolo hacia abajo desde fuera de mi cuerpo. Finalmente, me soltó. Entonces caminó hacia donde estacionó el auto, abrió el maletero, y tomó muchas cosas mientras pensaba con cual comenzaría su primer...

- ¡Frankie! - Parpadeé, regresando a mi propia conciencia, las borrosas imágenes se perdieron dentro de los familiares, alrededores claros como el cristal del bar.

Deán se paró entre mí y la mujer que sin ser consciente de ello, había disparado mis habilidades tocando mi mano derecha. Él no cometió el mismo error, pero Deán estaba lo suficientemente cerca para que yo tuviera que mirar sobre su hombro para verla. Ella agarró su mano como si le doliera, sus ojos cafés se abrieron y balbuceó algo al hombre que yo sabía era su esposo. El mismo hombre que la asesinaría esta noche, si yo no lo detenía.

- ¡No hice nada! Solo comenzó a gritar... - ella seguía diciendo.

- Al diablo con este espectáculo Jackie, pediremos indicaciones en algún otro lado. - Su marido la tomo del brazo.

- Detenlos. Él va a matarla. - le dije a Deán en un grito apagado, todavía sintiendo el fantasma del efecto de sus dedos en mi garganta.

Si cualquiera en el bar había estado pensando en sus propios asuntos antes, esto atrajo su atención hacia mí mejor que un disparo. Jakie me miró boquiabierta, pero su esposo estrechó sus ojos. Él comenzó a abrirse paso más allá de la pequeña multitud que se había reunido alrededor de nosotros, arrastrándola sola. Deán se detuvo en su camino, bloqueando la salida.

- Ustedes no se van todavía - dijo calmadamente.

El esposo hizo una pausa, mirando a Deán de arriba abajo. Si la expresión de Deán no fuera suficientemente intimidante, la escala de rojos tatuajes cubriendo su piel ondeó cuando cruzo sus brazos, mostrando sus voluminosos músculos.

- Vamos. No quiero problemas... - el marido murmuró.

- Mira en su maletero. Vas a encontrar guantes de trabajo, cinta adhesiva, y un cobertor y bolsas para basura. - interrumpí, con mi voz más fuerte

- Yo no tengo porqué escuchar esta mierda... - Los clientes a los alrededores comenzaron a mirar al marido. Él rió con dificultad.

- Además trae un hacha, una pala, una lámpara, cloro, cuerda, alicatas y un libro de forense. Descubriste que ella te va a abandonar y no pudiste manejarlo. Así que vas a estrangularla, sacarle todos los dientes, y cortar las puntas de sus dedos, así aunque el cuerpo fuera encontrado, nadie podría identificarla. - Yo lo interrumpí otra vez.

- ¿Phil, eso... eso es cierto? - El lucía atónito. Jakie comenzó a temblar mientras lagrimas caían de sus ojos.

- ¡No! - el retumbó.

- ¡La perra está mintiendo! - Y entonces cometió un enorme error y giró hacia mí, agarrándome por los hombros.

Deán fue a traerlo de vuelta, pero yo fui más rápida. Los recuerdos de la experiencia de todo lo que él tenía intención de hacerle a Jackie, me llegaron sin piedad, y posé mi mano derecha en su hombro, liberando las corrientes que retenía en mí. Otra serie de imágenes explotó en mi mente, descoloridas por el tiempo, pero no era eso por lo que lo toqué. Mi visión disminuyó cuando sentí la corriente surgiendo de mí hacia Phil, en menos tiempo de lo que tomó a Deán separarlo. Phil cayó al piso, y después de varios parpadeos vi con satisfacción que el todavía se estaba convulsionando. Unos cuantos turistas gritaron. Jackie sollozó. Me sentí mal por eso, pero unas cuantas lágrimas ahora, son un destino mejor que el que Phil había planeado para ella.

- ¿Qué pasó? - Uno de los extraños mirones demandó.

- Él la atacó, así que ella lo electrocutó con un Teaser. - dijo Deán bruscamente.

Yo no tenía un Teaser, pero J.D. se movió frente a mí, bloqueándome la vista con sus enormes dos metros de alto. Jackie se recuperó y con manos temblorosas, jaló el juego de llaves del auto del bolsillo de Phil. El no pareció notarlo, se veía muy ocupado retorciéndose y orinándose en los pantalones. Nadie la detuvo cuando fue hacia el estacionamiento, pero Deán la siguió después de darme una mirada asesina. Momentos después el grito de Jackie hizo que mucha gente caminara hacia afuera, algunos tiraron monedas en sus mesas, algunos no. Jackie debió ver lo que yo había señalado que estaba en la cajuela. Raquel vino hacia mí y cansinamente acariciando su barba dijo

- No sabes en la que te has metido, Frankie. - Pensé que se refería a que tenía que cubrir las pérdidas de los ingresos de los turistas quienes ahora estaban golpeando por una precipitada retirada.

Era mi culpa que ellos agitaran sus pestañas, así que no podía culpar a Raquel, pero cubrir esos gastos valía la pena por salvar la vida de una mujer. Fue solo después que Jackie sollozando le explicó a la policía lo que había pasado, que entonces me di cuenta completamente de lo que Raquel quería decir, pero para entonces era demasiado tarde.

Jaken miraba fijamente en silencio mientras yo saltaba en el trampolín con más fuerza de la necesaria. Con su metro y medio de alto, el apenas era tan alto como el borde del trampolín, pero sus patillas, arrugas, y su figura de músculos rellenos mostraban que él no era un niño. Miré lejos de él y enfoqué mi atención dentro, apenas notando el paisaje levantándose y cayendo con cada salto. Cuando estaba lo suficientemente alto. Apreté mis rodillas hacia mi pecho en una clásica posición, entonces rápidamente me torcí en una pica antes de que mis pies golpearan la superficie flexible lanzándome hacia arriba de nuevo.

¡No está suficientemente firme la voltereta! Yo casi podía escuchar a mi viejo entrenador gritar. ¡Eso es un punto menos, Rin! Nunca harás que el equipo anote con puntuaciones tan bajas. Empujé esos recuerdos a un lado y me concentré en mi próximo movimiento... una bola de barani. Esta maniobra era incluso más descuidada que la anterior, mis pies hicieron un embarazoso deslizamiento hacia atrás antes de caer. Otro punto menos, pensé automáticamente, pero impulsándome hacia el último set de saltos y giros. Ningún juez que se respete a sí mismo daría las más altas puntuaciones por eso, pero se verían impresionados así que los espectadores del carnaval los amarán.

Ésta vez, en lugar de aterrizar en el trampolín, cambié de dirección al último segundo y mis dos pies aterrizaron bajo los hombros de Jaken. La velocidad más mi peso debieron haberlo puesto de rodillas y roto muchos huesos, pero Jaken se mantuvo erguido y firme. El tomó mis tobillos, manteniéndome con un control que era lo suficientemente firme para permitirme estirar en mi tamaño completo, cinco o seis brazos se extendieron triunfantes sobre mi cabeza.

- Y la multitud se vuelve salvaje - dijo Jaken irónicamente cuando hice una reverencia.

- No hay tanta multitud en estos días. La gente tiene muchas otras cosas que hacer, que ir a ver carnavales viajeros. - Salté hacia abajo una vez que él soltó mis tobillos. Él gruñó.

- Si Stan sigue su camino, tú usarás tu recién encontrado estatus de celebridad para ayudar con eso. - Hice una mueca ante la mención de la alegría de nuestro jefe sobre lo que pasó con Jackie hace dos semanas.

Al menos nadie se había congregado cerca hoy. Solo podía ser mi suerte que la hermana de Jackie haya sido una reportera que explotó las noticias de mi "premonición" a través de cada medio disponible para ella. Phil alegó que no era culpable y que no había suficiente evidencia para probar que el intentaba matar a su esposa, pero que yo supiera que Jackie planeaba dejarlo combinado con mi impecable descripción de lo que había en su camioneta, fue suficiente para despertar la curiosidad estas últimas semanas. Si no fuera por mi infortunada tendencia de electrocutar a todos los que tocaba, tal vez podría tener un buen ingreso leyendo las palmas de las manos, pero las cosas estaban así, no podía esperar para que mis quince minutos de fama terminaran.

- Necesito que la gente olvide lo que puedo hacer, tú sabes por qué. - Jaken me miró casi tristemente.

- Si mocosa, lo sé. - Entonces me dio una palmadita en el hombro, sin encogerse por la corriente que le disparó al contacto. El ya estaba acostumbrado, y además, Jaken no era humano así que no le afectaba a él de la misma manera.

- Vamos adentro, y te haré un batido - dijo finalmente con un tono paternal.

Me di la vuelta para que no viera mi expresión. Jaken estaba tan orgulloso de sus mezclas de brebajes que yo bebía al menos una vez por semana, pero sabían horrible. Si no me hubiera dado cuenta que mejoraban mi salud. Hubiera tirado secretamente la mayor parte en las macetas de las plantas en vez de beberlas.

- Uhhm en un rato más, tengo que trabajar para mejorar el último conjunto de saltos. - Su bufido me dijo lo mala mentirosa que era, pero él no discutió.

Escuché la puerta del tráiler cerrarse momentos después. Una vez que se fue, regresé mi atención a practicar mi parte de la rutina, la parte que involucraba a Jaken era escapar de muchos objetos explosivos a tiempo para atraparme de ciertos saltos y balanceos en el trapecio, pero desde que él no era humano, él no necesitaba practicar tanto como yo. Buena cosa también o costaría una fortuna en accesorios y artículos contra incendios, sin mencionar el daño que haría al piso de césped. Nosotros rentábamos el tráiler, así que si lo descomponemos, lo pagamos.

Ser miembro de la presentación de un circo, no era lo que yo soñaba con hacer cuando era niña, pero eso era antes de que comenzara a freír los circuitos de todos los aparatos eléctricos que tocaba, sin mencionar electrocutar a la gente por contacto casual. Con mi condición, tenía suerte de tener un trabajo después de todo. La única otra ocupación para la que podría ser buena, sería como conejillo de indias para el gobierno, como le recordaba a mi padre cada vez que hacía algún comentario sobre mi carrera.

Hice mis saltos suave y mesuradamente, manteniendo un ritmo que me permitía alejarme de otras preocupaciones. La concentración es crítica para el éxito, mi viejo entrenador usualmente nos lo recordaba, y tenía razón. Pronto noté el collage de las cercas... patios... techos que se repetían en cada salto hasta que se confundían juntos en una indistinguible masa de colores. Entonces ejecuté una serie de saltos mortales, volteretas y giros, aterrizando con mis pies plantados separados y mis rodillas un poco dobladas para aminorar el impacto. El trampolín tembló, pero yo permanecí rígida, sin tomar los puntos mortales del paso atrás. Entonces levanté mis brazos antes de hacer una reverencia, el toque final de la rutina.

- Bravo - dijo una voz burlona.

Me enderecé, con toda la tensión en mí. Cuando comencé mí reverencia estaba sola, pero en escasos segundos desde entonces, había cuatro hombres parados en cada esquina del trampolín. Ellos se veían como turistas normales, con sus playeras y jeans, pero solo Jaken podía moverse así de rápido, lo que significa que estos hombres no eran humanos. Incluso si no fuera cauta con especies alternativas, la fría sonrisa que vi en el miembro del cuarteto de cabello castaño rojizo, me dijo que no estaban aquí para pedir direcciones. Yo trataba de jalar la rienda de mi ahora galopante latido del corazón. Si tenía suerte, estas criaturas pensarían que mi aroma era por mi reciente esfuerzo, no de miedo, y me dejarían ir.

- Ésta es propiedad privada - dije

- Tú debes ser la fantástica Frankie - el alto de cabello rojizo dijo, ignorando eso. Su voz acarició mi nombre artístico en una forma que sonó siniestra.

- ¿Quién quiere saber? - Respondí preguntándome dónde diablos estaría Jaken.

Él tenía que haber oído a estos tipos aún si yo no hubiera sentido al grupo de no-humanos aquí. Estaba en el trampolín cuando hice la pregunta, pero estaba en el piso al instante siguiente, el extraño de cabello rojizo me cogió dolorosamente. Gruñó con dolor mientras pasaba corriente hacia él por su contacto con mi piel, pero como Jaken, esas corrientes no lo debilitaban. Su agarre solo se apretó.

— ¿Cómo carajos hiciste eso?— demandó, su mirada pasó del azul brillante al intempestivamente rojo.

No contesté. Mi mente estaba inundada con imágenes grises tan pronto como mi mano derecha entro en contacto con su cuerpo. Justo como si no pudiera prevenir esas corrientes fluyendo hacia él, yo tampoco podía parar de ver lo peor de sus pecados a través de ese simple toque. Sangre, tanta sangre... A través del pánico en la memoria del asesinato de otra persona. Lo escuché maldiciéndome por gritar, y entonces el agudo dolor vino y todo se volvió negro.

Encaré a mis captores en lo que se veía como un cuarto de hotel, mis manos estaban dobladas en mi regazo como si estuviera esperando la orden de la cena y ellos fueran meseros. Si llegas a conocer a otro yokai, no entres en pánico. O solo olerás como una presa, Jaken me había advertido. Yo sabía lo que mis captores eran después de ver sus ojos resplandecer en rojo. Ese es el porqué no me molesté en mentir cuando me preguntaron cómo me doble como una anguila eléctrica y la habilidad de extraer información a través de un toque.

Si yo mentía ellos solo usarían el poder de su mirada para hacerme decir la verdad... o hacer lo que sea qué quisieran que hiciera... y no quería darles más control sobre mí del que ya tenían. Tampoco traté de correr aunque no me hubieran atado. La mayoría de la gente no sabe que los yokais existen, dejando solo lo que ellos podrían hacer, pero aún con mis habilidades, no sabía acerca de los yokais antes de conocer a Jaken. Mis indeseados talentos no significan que sé todos los asuntos o cosas lo quiera. Como el hecho de que mis captores tienen toda la intención de matarme; esto estaba en el tope de la lista de cosas que yo no deseaba saber en este momento. Vi mi muerte después de ser forzada a tocar al yokai del cabello rojizo otra vez, y fue la imagen lo que me hizo querer proteger mi cuello mientras retrocedía gritando.

No lo hice, adivino que debería de estar agradecida de mis indeseables habilidades, significa que he experimentado muchas muertes horribles, podía mirar mi impedida ejecución con una especie de alivio mórbido. Tener mi garganta desgarrada debe doler... me alivié de haber tenido ese pensamiento de otra gente, lo suficiente para saber que no era la peor manera de morir. Además nada se ha escrito en piedra. Di un vistazo a mi posible futuro, pero lo pude manejar para prevenir el asesinato de Jackie. Tal vez encuentre la manera de prevenir el mío también.

- Entonces, déjame entender esto. - Cabello rojizo dijo, dibujando las palabras.

- ¿Tú tocaste un cable de energía cuando tenías trece, casi moriste, y desde entonces, tu cuerpo comenzó a lanzar descargas eléctricas y tu mano derecha adivina memorias psíquicas de lo que sea que tú tocas? - Había pasado más, pero esa no era información que yo quisiera revelar y a él no le importaban esos detalles de todas formas.

- Tú experimentaste la parte del voltaje por ti mismo. dije encogiéndome de hombros.

- Y por lo otro sip, si toco algo, recibo impresiones de eso. - Lo quiera o no, agregué en silencio.

- ¿Qué viste cuando me tocaste? - El sonrió entonces, su mirada se desvió hacia la delgada cicatriz del accidente era la visible muestra de mi roce con la muerte.

- ¿Pasado o futuro? - pregunté haciendo una mueca por el recuerdo. Él intercambió una mirada interesada con sus amigos.

- Ambos. - Cómo me hubiera encantado mentir, pero no necesitaba mis habilidades psicométricas para saber que si ellos dudaban de mí, yo estaría muerta en unos momentos.

- A ti te gusta comer niños. – Las palabras hicieron que la bilis subiera en mi garganta entonces tragué antes de continuar.

- Y tenías la intención de beberme hasta matarme si no probaba ser útil para ti. - Él sonrió ampliamente mostrándome la punta de sus colmillos, como si no fuera a negar ninguno de los cargos.

Si yo no hubiera visto una amenaza similar, sonrisas colmilludas a través de los ojos de la gente a la que he estado conectada, estaría aterrada, orinándome en los pantalones, pero una parte de mí simplemente lo reconocía por lo que era: un demonio. Y yo no soy tan diferente de un demonio, por más que lo deseé de todos modos.

- Si ella es real, como oímos, eso podría darnos la ventaja que hemos estado buscando. - Su compañero castaño murmuró.

- Creo que tienes razón. - El pelirrojo carraspeó. Yo no quería morir, pero aquí había cosas que yo no haría aún si me costara la vida.

- Pídanme que les ayude a secuestrar niños, y mejor deberían empezar con mi cuello ahora. - El pelirrojo soltó una carcajada.

- Eso puedo hacerlo por mí mismo - me aseguró, haciendo que mi estómago se revolviera con repulsión.

- Lo que quiero de ti es más... complicado. ¿Si te traigo objetos para tocar, tú puedes decirnos acerca de su dueño? Como ¿Qué está haciendo, donde estuvo, y más importante donde estará? - Yo no quería hacer nada para ayudar a este asqueroso grupo de asesinos, pero mis opciones eran desoladoras.

Si me rehusaba, sería hipnotizada para hacerlo de todas maneras, o torturada para hacerlo, o muerta y ahogada en mi propia sangre porqué no les fui útil. Tal vez esta era mi oportunidad para cambiar lo que el destino tenía para mí. ¿Por qué quieres hacerlo? Una obscura voz interior susurró. ¿No estás enferma de meterte en los pecados de otra gente? ¿No es la muerte la única salida? Miré mi muñeca, las imperceptibles cicatrices no tenían nada que ver con la marca de electrocución marcando mi piel. Una vez que escuché, la voz interior desapareció y mentiría si no admitía que una parte de mi estaba tentada a hacerlo.

Después pensé en Jaken, en cómo no le había dicho a mi padre que lo amaba la última vez que hablamos, en cómo no le hablé a mi hermana en meses y finalmente en cómo no les quería dar a esos bastardos la satisfacción de matarme. Mi cabeza se levantó y me encontré con la mirada del líder.

- Mis habilidades están ligadas a mis emociones. Abusen de mí mental o físicamente, y tendrán mejor suerte si llaman a una línea caliente de psíquicos para encontrar lo que quieren saber. Eso significa que no mataran a nadie mientras yo obtengo información para ustedes, y no me toquen en absoluto. - La última parte la dije por la mirada lujuriosa que me estaba dando el desaliñado castaño. Mi ajustado leotardo y mis bóxers no dejaban mucho a la imaginación, pero es con lo que entrenaba. Yo no esperaba ser secuestrada hoy o quizá me hubiera puesto algo más conservador.

- No piensen en hipnotizarme para olvidar lo que sea que hagan, tampoco. - Agregué agitando mi mano derecha.

- Impresiones psíquicas, ¿recuerdan? Yo los tocaré o a cualquier objeto cercano y lo sabré, entonces su bola de cristal humana se romperá. - Todo eso era mierda. Ellos podían hacer lo que quisieran y yo todavía tendría impresiones de lo que sea que mi mano derecha tocara, pero usé mi más convincente tono rezando por eso, por una vez, probé ser buena mentirosa. El pelirrojo destelló sus colmillos en otra espantosa sonrisa.

- Nosotros podemos manejarlo SI tu nos das lo que dices que puedes. - Le devolví la sonrisa con ninguna clase de humor.

- Oh, yo puedo dar, muy bien. - Entonces miré a la luz del foco detrás de ellos. Y eso no es todo lo que puedo hacer.

El de cabello rojizo se llamaba Chacal, según como sus amigos le llamaban. Sus nombres sonaban igual de inventados para mí así que mentalmente me refería a ellos como Pervertido, Psico y Nervioso desde que éste último parecía que no se podía estar quieto. Nervioso y Pervertido se habían ido hace como una hora para traerme algunas cosas para tocar. Pasé el tiempo sentándome en el borde del grumoso colchón de hotel. Escuchando a Chacal hablar por celular en un lenguaje que no reconocí. Me estaba dando frio en mi leotardo, pero no me puse las cobijas encima. Todos mis instintos me urgían a estarme quieta y no llamar la atención sobre mí, como si eso importara. Los depredadores en este cuarto estaban bien advertidos sobre mí aún si no miraran en mi dirección.

Cuando Pervertido y Nervioso regresaron, miré el bolso de lona que cargaban con una mezcla entre miedo y optimismo. Lo que estaba dentro quizá me trajera más imágenes grises explotando en mi mente, pero también podrían asegurar mi supervivencia.

- Pon los objetos en línea en la cama - le dije a Nervioso, ignorando la sobresaltada mirada que me dio. Si actuaba como una lastimosa damisela en apuros, entonces es así como ellos me tratarían. Pero si actuaba como una vital herramienta en su búsqueda de quien sea que querían con estos objetos para guiarlos, yo subía mis oportunidades de supervivencia. Al menos esa era mi esperanza.

- Hazlo. - Dijo Chacal, cruzando los brazos sobre su pecho.

Su mirada se sentía como un peso que caía sobre mí, pero tomé varias respiraciones profundas y traté de ignorarlo. Mirando como Nervioso sacaba lo que había en la bolsa de lona para ayudar con eso. Una pieza de tela achicharrada, un reloj parcialmente derretido, un anillo, algo que se veía como un cinturón, y un cuchillo que brilló con un distintivo plateado. Éste último objeto hizo que mi corazón saltara en un latido, algo que yo esperaba que los otros notaran como nervios, en lugar de lo que era. Emoción. Las películas han estado del todo mal cuando se trata de yokais. Las estacas de madera no los lastiman, ni la luz del sol, cruces, o agua bendita. Pero la plata a través de su corazón significa que la fiesta se acabó, y ahora yo tenía un cuchillo de plata a poca distancia.

Todavía no. Me advertí a mí misma, esperaré hasta que estén convencidos de que estoy indefensa, eso hará que no piensen dos veces acerca de dejar el cuchillo de plata a fácil alcance. O hasta que al menos dos de ellos se fueran otra vez, lo que pasara primero.

- Muy bien Frankie… - dijo Chacal, haciéndome mirarlo de nuevo.

- Haz lo tuyo. - Señaló los objetos.

Mentalmente me abracé a mí misma y entonces recogí el pedazo de tela achicharrado primero. Había humo en todos lados. Dos emisiones de luz pasaron, aterrizando donde yo estaba medio escondida por un montacargas. El terror me invadió cuando me di cuenta de que había sido vista. Mi intento de correr fue detenido rápidamente y rudas manos me arrastraron de vuelta. Al principio el humo era tan espeso que no pude ver el brillo de la mirada que me apuntaba. Entonces vi el oscuro cabello que rodeaba la cara que tenía una sombra de barba alrededor de la mandíbula y la boca. Esa boca se estrechó en una sonrisa que no era cruel como yo esperaba, pero se veía sorprendentemente de buen humor.

- Raziel - el extraño de cabello plateado dijo en un tono infantil.

- Tú no debiste... - He oído padres regañar a sus hijos más rudamente, pero eso no detuvo el torrente de miedo que flotaba sobre mí.

- Por favor - susurré.

- ¿Por favor? - El extraño se rió, revelando sus blancos dientes con sus distintivos colmillos superiores.

- Que falta de originalidad. - Entonces me dejó ir, se dio la vuelta despidiéndose con la mano de una manera amistosa.

Alivio me abrumó en ese punto, entonces mis rodillas temblaron, pero no lo iba a dejar detenerme, me abalancé a la puerta de la bodega. Ahí fue cuando el fuego me cubrió, formándose de la nada. Escaló por mis piernas quemándome sin piedad, haciéndome gritar por la repentina explosión de agonía. Traté de correr rápido, pero solo hizo que el fuego escalara más rápido. Me tire en el piso, rodando mientras cada terminación nerviosa aullaba con angustia, pero el fuego seguía sin extinguirse. Continuaba creciendo, cubriéndome con rudas y hambrientas olas, hasta que un obscuro rugido rápidamente me consumió. La última cosa que vi como si flotara sobre mi cuerpo sin vida, fue al yokai de cabello plateado retirándose, sus manos ahora iluminadas por flamas que de alguna manera no quemaban su piel.

Parpadeé incrédula. Cuando mis ojos se abrieron, estaba de vuelta en el cuarto de hotel, doblada en posición fetal, tal como estaba Raziel cuando murió. Instintivamente debí imitar sus acciones con el recuerdo de esas llamas fantasmas.

- ¿Bien? - La voz de Chacal fue un alivio porque me centré en mi realidad en lugar de la fantasía a la que había sido forzada a ir.

- ¿Qué viste? - Me levanté sola de la cama y le tiré el pedazo de tela achicharrado.

- Vi que alguien llamado Raziel, que fue dejado crujiente por un yokai que aparentemente puede controlar el fuego - dije aún tratando de sacudirme los ecos de tan terrible muerte. Los cuatro intercambiaron una mirada que solo podría ser descrita como deleitada.

- ¡Lotería! - Psicópata exclamó sacudiendo sus puños al aire. Por lo felices que estaban, adiviné o que ese tal Raziel había sido su amigo o ellos ya sabían que le había pasado y esto era una prueba.

- Vamos a estar cien por ciento seguros - dijo Chacal, con una sonrisa esperanzada.

- Frankie, toca el siguiente anillo. - Lo recogí, con una siniestra expectación, pero con una dispersión de imágenes que ya habían llenado mi mente.

Ellas se estaban revolviendo lo suficiente para querer hacerme vomitar, pero además en los grises colores del pasado, se sentían más débiles, como si estuviera viendo una película en lugar de experimentándolo de primera mano. Con una sacudida de cabeza lo despejé, y devolví el anillo a Chacal.

- Tal vez cometieron un error. Las únicas impresiones que recogí son tuyas y no me dicen nada nuevo. - Sus ojos almendrados brillaron en escarlata por un segundo, y entonces dejó salir un sonoro grito que me hizo encoger.

- ¡Esto no es una casualidad, ella es malditamente real! - Nada como el entusiasmo de un sádico asesino de niños para asustarme, pero yo trataba de no mostrárselos. No entres en pánico, Jaken había dicho, Presas con pánico, entonces presas devoradas.

- ¿El qué sigue? - pregunté tratando de sonar tan tranquila como podía en esas circunstancias. Ellos dejaron de palmearse las manos y me miraron.

- Si – Chacal dijo, empujando el cuchillo hacia mí. Su entusiasmo era casi palpable.

- Solo que esta vez concéntrate en el que inicia el fuego. Trata de ver en donde está el bastado, no solo lo que pasa cuando el tasajea a Neddy. - Eso me dijo que el cuchillo podría revelar la muerte de alguien, pero eso no fue lo que me hizo pausar antes de alcanzarlo.

- ¿El que inicia el fuego? - repetí.

- ¿Es al que quieren que yo encuentre a través de estos objetos? - ¡¿Están locos?! Casi agregué, pero no lo hice porque si ellos lo estaban, yo no.

- ¿Puedes hacerlo, cierto? - Chacal preguntó, todo el regocijo se fue de su expresión.

Claro que puedo, pero no quiero. Yo dudaba que el que controlaba el fuego fuera un amigo; Chacal lo llamó hijo de puta en un tono despreciativo además quería que encontrara donde planeaba actuar la siguiente vez. Cualquiera que fuera listo evitaría estar en el mismo continente que esta criatura si fuera posible, aún así Chacal y los otros estaban tratando de emboscarlo.

El recuerdo de la encantadora sonrisa del controlador de fuego justo antes de quemar a Raziel y convertirlo en un montón de ruinas ardientes era algo que yo quería olvidar. Pero si me rehusaba a buscarlo, no viviría lo suficiente para preocuparme por olvidar nada. De la forma que lo vieras, estaba entre la espada y la pared. O más adecuadamente, entre un colmillo y otro más afilado. Alcancé el cuchillo de plata. Con el simple contacto, las grises imágenes de la muerte de Neddy invadieron mi conciencia así como todo lo que él sintió.

No me sorprendió que el controlador de fuego fuera el que lo mató, no me impactó que lo hiciera con la misma clase de genial detalle que mostró cuando ejecutó a Raziel. Empujé el dolor punzante que sentía, pasado el sentimiento de flotar en lo que sea que espera a la gente después de la muerte, me enfoqué en el controlador de fuego, tratando de verlo en el presente en lugar de verlo en ese momento. Esta parte era más difícil. En altas situaciones emocionales, todos dejan un pedazo de su esencia en los objetos, pero el controlador de fuego no había puesto mucho de sí para matar a Neddy. Haciendo que solo una pizca de él continuaba en el cuchillo. Aun así con esmero o no, nada acerca más a la gente que la muerte. Algo acerca de la puerta hacia el otro mundo se rompe haciendo que las esencias emerjan y se impriman más fuertemente. Así que una vez que empujé el pasado de los remanentes de Neddy, furia y miedo, sentí del controlador de fuego una esencia distinta.

Solo era tan grande como un hilo, pero lo envolví todo con mi concentración y lo jalé. Imágenes en blanco y negro fueron reemplazadas por otras a todo color y claridad. En lugar de la sucia orilla del río donde Neddy encontró su fin, vi opulentas cortinas rodeándome. Al principio pensé que era un cuarto pequeño, pero entonces me di cuenta que eran cortinas rojo... medianoche que colgaban alrededor de una enorme cama, envolviéndola. El controlador de fuego estaba tendido en el centro, completamente cubierto, sus ojos estaban cerrados como si estuviera durmiendo. Te tengo, pensé dividida entre alivio y consternación por encontrarlo en lo que yo sabía era el presente. Solo lo vi antes a través de los grisáceos tonos de los recuerdos del pasado, pero espiarlo en el presente fue diferente. Nadie más estaba en mi cabeza más que yo. Libre de la perspectiva de otras personas, me tome mi tiempo estudiando al controlador de fuego.

Al principio, él se veía normal, un hombre bien constituido en sus treinta, pero entonces sus rasgos únicos fueron mostrados. Su cabello color plata pasaba de sus hombros... más largo de lo que la mayoría de los hombres se atreven, pero en él se veía de alguna manera supremamente masculino. Pantalones negros y una camisa color índigo cubriendo sus músculos que parecían más fuertes que los de un miembro regular de un gimnasio, y no había flamas saliendo de sus manos, que estaban cruzadas con cicatrices que se veían como heridas de batallas anteriores. Sus altos pómulos eran acentuados por la sombra de una incipiente barba, sin embargo en vez de verse descuidado se veía robusto y atractivo. Yo no había visto a un hombre llevar ese look tan bien desde Aragón en El Señor de los Anillos, y sus ojos... abiertos, una rica capa de cobre alrededor de un dorado vivo, debí pensar que eran hermosos pero en ese momento, se veían como si estuvieran mirando directo a mí.

Eso me puso nerviosa, pero me recordé a mi misma que eso era solo una coincidencia. Nadie sabía cuando usaba mis habilidades para establecer un vínculo. Podría ser la mirona más grande del mundo si lo quisiera, pero mi más ferviente deseo era saber lo menos posible de la gente, no más...

- ¿Quién eres tú? - salté. Si no hubiera visto la fina forma de sus labios moverse, podría haber imaginado las palabras. Coincidencia, me recordé a mi misma otra vez. En cualquier segundo alguien entraría en mi línea de visión y vería a quién realmente él le estaba hablando de...

- Voy a preguntar por segunda vez ¿Quién eres tú, y cómo diablos estás dentro de mi cabeza? - su profunda y ligeramente .acentuada voz dijo.

Eso me asustó haciéndome romper el vínculo a la vez. La cama ornamentada con cortinas alrededor desapareció, reemplazada por un feo como el culo papel tapiz y una cama que probablemente resulta que tiene bichos mordedores. Dejé el cuchillo de plata como si me quemara, tratando de rebobinar lo que había pasado.

- ¿Bien? ¿Lo encontraste? - Chacal preguntó.

- Oh sí. - Mi voz estaba cerca de quebrarse de la impresión.

- ¿Y? - presionó.

No había forma en que yo le dijera que el controlador de fuego de alguna manera se dio cuenta de que estaba siendo espiado. Si Chacal lo sabía, me mataría en el momento y así el controlador de fuego no podría seguir el vínculo a través de mí para encontrarlo. Que era posible. Si él podía sentirme en su cabeza, el controlador de fuego probablemente me escucharía también... Con un destello de inspiración que era más temerario que inteligente, sabía lo que tenía que hacer.

Continuara…