"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi"
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11 de agosto de 2020
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"EL SUEÑO"
Por
Susy Chantilly
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Capítulo 1
EL SUEÑO
La noche parecía en calma, pero su instinto le decía lo contrario. Iba a través del bosque con rapidez, saltando de un lado a otro. El olor a quemado se sentía cada vez más cerca y conforme avanzaba percibía el calor mezclado en el aire. Tenía que darse prisa, debía llegar a tiempo, pero ¿para qué? ¿Por qué tenía esa extraña sensación, esa ansiedad, miedo? ¿Miedo? Nunca había temido a nada, jamás, sería algo estúpido estar sintiendo eso ahora.
Salió del bosque y miró hacia arriba, un resplandor naranja se combinaba con la noche y el humo se confundía con la negrura del cielo.
—"¡SESSHOMARU!" —escuchó su nombre, alguien lo estaba llamando. Esa voz, la voz de una mujer. Miró hacia el frente, la aldea estaba envuelta en llamas, escuchaba gritos y lamentos, nadie había podido salir con vida, el fuego era inmenso y quemaba todo a su paso.
—"¡SESSHOMARU!" —de nuevo aquella voz. La desesperación lo invadió, miraba a todas partes, el fuego era demasiado intenso, no podría entrar sin quemarse, moriría solo de intentarlo, pero estaba dispuesto a seguir esa voz.
—¿¡En dónde estás!? ¡Responde! —necesitaba encontrarla.
—"¡SESSHOMARU!" —gritó la voz, de forma desgarradora. Sesshomaru se giró y vio cómo una viga de madera ardiendo en llamas caía frente a sus ojos.
Despertó, enderezándose casi de un salto en la cama, jadeando, con el corazón latiendo a mil por hora. Sudaba, parecía que tenía un poco de fiebre, se levantó y se dirigió al baño para lavarse la cara. Regresó a la cama y se sentó en ella, mirando hacia abajo, pegó con el puño al reloj despertador que sonaba la alarma, marcando las cinco de la mañana.
Otra vez tenía esa pesadilla. Era un maldito sueño recurrente; lo recordaba desde que tenía memoria, al principio lo asustaba. Sus padres lo llevaron con varios terapeutas los cuales nunca encontraron solución. Un psiquiatra le recomendó pastillas para el insomnio, el cual comenzó a padecer durante su adolescencia; estas le habían hecho bien en un inicio, pero después se hizo adictivo.
Trataba de hacer mucho deporte y trabajar lo más posible para evitar usar los medicamentos, pero había ocasiones en que era necesario y tomaba una doble dosis. Esto y las continuas discusiones entre sus padres le generaron una úlcera, la cual llevaba mucho sin darle problemas, por fortuna. También tomaba medicinas para eso, sobre todo cuando tenía desacuerdos con su padre por motivos de trabajo. Su relación no era buena y tampoco con su madre, los evitaba en lo posible, pero con su padre, dueño de las empresas Sengoku, tenía que verse forzosamente una o dos veces a la semana.
Los empleados sabían que cualquier reunión donde ambos participaran terminaría como batalla campal, discutían por el más mínimo detalle y era raro cuando nada sucedía.
Sesshomaru guardaba un viejo rencor hacia su padre desde que tenía trece años, y podría parecer una tontería, pero aquello había destruido el cariño que siempre había sentido el uno por el otro. Inu no Taisho se sintió extrañado cuando su hijo comenzó a rechazarlo; cuando él y Kimi, su ex mujer firmaron el divorcio, Sesshomaru pidió expresamente quedarse al lado de su padre y hacer visitas a su madre con regularidad.
Kimi lo permitió, en vista de que era la decisión de su hijo y que tendría más tiempo para viajar, fue la situación por la que ella y su ex marido habían tomado la decisión de separarse, cada uno hacía la vida por su lado y no tenían tiempo para verse.
Sesshomaru parecía estar triste y sus pesadillas no ayudaban tampoco, así que en acuerdo con Kimi y el terapeuta decidieron que era buena idea que el chico aprendiera a tocar un instrumento. Kimi consiguió una maestra que era dedicada y paciente para el carácter evasivo de Sesshomaru.
Era una chica de dieciocho años, que había estudiado en el conservatorio desde muy corta edad, así que era una experta. Kimi la había escuchado tocar en una gala a donde fue invitada y la llamó de inmediato.
Sesshomaru había sido educado con mucha disciplina, y estudiar le gustaba, así que aprendió rápidamente. Su maestra estaba orgullosa y lo alentaba a practicar incluso los días en los que no tuviera clase. La chica era muy bonita, cabello negro, largo, ojos marrones y una tierna sonrisa, se llamaba Izayoi. Podría decirse que era la única persona que se preocupaba por él. Cada clase, además de preguntarle sobre su práctica en el piano, también lo interrogaba sobre sus tareas en el colegio, si había dormido bien y comido adecuadamente, le daba consejos y le pedía que obedeciera siempre a su padre. Sesshomaru no era muy comunicativo, pero ella lo hacía sentirse seguro y le contaba sobre sus cosas.
Poco a poco, Sesshomaru se fue enamorando de ella— Una diferencia de cinco años no es nada. Además, todos dicen que soy muy maduro para mi edad —pensaba. Se esforzaba cada día por practicar y sorprender a Izayoi, en tanto, ella parecía encantada con su brillante alumno.
Sesshomaru pensó en confesarle su amor, después de mucho cavilar. Sentía muchos nervios y emoción. Ella no le diría que no; ya antes le había dicho que era un buen mozo, su cabello platinado era muy particular y el color ambarino de sus ojos podría hacer desvariar a todas las chicas. Era el más alto de su clase, lo que le daba un porte muy elegante.
El chico sonrió, finalmente le confesaría sus sentimientos. Si ella lo rechazaba debido a su edad, le pediría que esperara por él. La diferencia era muy poca, y al ser heredero de un emporio, podría darle una vida estable y feliz. No había manera en la que él perdiera.
Aquella tarde, Izayoi llegó con algunos minutos de atraso. Sesshomaru la escuchó correr por el pasillo y entrar al salón agitada con las mejillas sonrosadas— Perdona, no he notado la hora, ¿quieres empezar la pieza? Dijo mientras se sentaba junto a él.
—Sí —el chico comenzó a tocar con sutileza, mientras la sonrisa de Izayoi iluminaba su rostro. Cuando Sesshomaru terminó la canción, Izayoi tardó varios segundos en reaccionar —Estás distraída.
— ¡Oh! …sí, discúlpame, lo has hecho muy bien como siempre.
—Izayoi sensei, quiero hablarte de algo.
La chica pareció despertar de su letargo— ¿Qué quieres que decirme? —dijo mirándolo con una sonrisa. Sesshomaru sintió un poco de nervios, pero respiró profundo.
—Nuestra diferencia de edad es muy corta…
—Así es.
—Y…yo quiero decirte que… —el chico no pudo continuar, ya que su padre irrumpió en el salón.
—Sesshomaru —Inu No Taisho caminó hacia donde estaban su hijo y la maestra de piano; tenía una ligera sonrisa en los labios.
— ¡Padre, no interrumpas! —mencionó el chico molesto.
—Lo siento, pensé que ya habían terminado. Sesshomaru, no debes comportarte de esa manera enfrente de Izayoi.
—¿Izayoi? —pensó el muchacho. ¿Desde cuándo su padre se refería a ella por su nombre? Siempre la llamaba "señorita" y cuando ella se iba la acompañaba hasta la puerta de entrada.
—No hay problema, ya habíamos terminado —dijo la chica en tono amable, tratando de mermar la tensión.
—¡No hemos terminado! Yo estaba por decir algo y además solo hemos practicado una pieza.
—Sesshomaru, Izayoi no será más tu maestra de música —mencionó el hombre.
—¡¿Qué?! —Sesshomaru no podía creer que su padre le dijera eso ¿iba a correrla? Por supuesto que no, se lo impediría. La amaba, porque era la única en el mundo que se preocupaba por él— Padre ¡no puedes hacer eso!
—Sesshomaru, no es nada, tu padre conseguirá otra maestra para ti…
—¡No! ¡Quiero que seas tú nada más! ¡Eres la única que me importa! —respondió el joven, visiblemente incómodo.
—Hijo, Izayoi no puede ser tu maestra. Me casaré con ella y será parte de la familia.
El chico palideció, sintió que el alma se le iba a los pies ¿Casarse? ¿su padre se había fijado en Izayoi? ¿Cuándo había sucedido? ¿En el trayecto a la puerta? ¡era ilógico! —Eso no es cierto —masculló serio— mi madre debe saber lo que has hecho, padre —Sesshomaru sentía un vacío en el estómago que se iba llenando de rencor.
—Tu madre lo sabe, ya se lo he comunicado y está de acuerdo. Te conseguiremos otro maestro de música. Vamos a casarnos lo antes posible —dijo mirando a Izayoi, quien bajó la cabeza con timidez.
—¿Cómo? —preguntó Sesshomaru. No entendía qué sucedía, en unos minutos las cosas se estaban tornando demasiado confusas.
—Izayoi está embarazada, tendrás un hermano —respondió Inu No Taisho, acercándose a la chica y poniendo una mano en su hombro. Sesshomaru la fulminó con la mirada, se levantó de su asiento y respiró hondo. Se encaminó hacia la puerta sin decir más.
—¡Sesshomaru! —dijo Izayoi, suplicante. El joven se detuvo, pero no se giró a verla, no podía, ella sería ahora la mujer de su padre y además llevaba un hijo de él en su vientre.
—Sesshomaru, Izayoi te está llamando —dijo Inu No Taisho con firmeza.
—No me interesa hablar con ella, ya no es más mi instructora. De ahora en adelante viviré con mi madre.
Inu No Taisho se sorprendió, no pensó que su hijo fuera a reaccionar de esa manera— No puede ser así, sabes que tu madre viaja mucho y necesitas estar aquí conmigo.
—No necesitas que yo esté aquí, para eso tendrás otro hijo y a tu maestra de música —Sesshomaru subrayó la última frase, refiriéndose a Izayoi en modo despectivo. Esto provocó que los ojos de la mujer se cristalizaran.
—¡Sesshomaru, no puedes hablar así de…! ¡SESSHOMARU! —el chico dio un cerrón a la puerta que hizo retumbar los cuadros de las paredes.
Izayoi se llevó una mano a la boca— ¡Él no está de acuerdo! ¡no podemos hacerlo! —sollozó— sufrirá demasiado… ¡no era mi intención…!
—Tranquila —la interrumpió Inu No Taisho— él estará bien. Tendrá que acostumbrarse a que de ahora en adelante tendrá un hermano y a que en pocas semanas tú serás mi esposa.
—No me lo perdonará, es una humillación para él que yo ahora sea su madrastra.
—Todo estará bien. No debes alterarte, lo sentirá el bebé —dijo el hombre, abrazando a la chica en modo cariñoso. Izayoi asintió, pero sentía preocupación, Sesshomaru era un joven muy noble, pero estaba segura de que jamás volvería a confiar en ella.
Desde ese día, Sesshomaru se mudó a la casa de su madre. Se negó a asistir a la boda de Inu No Taisho e Izayoi y conoció a su medio hermano después de dos años, por órdenes de ambos padres. A los dieciséis años, Sesshomaru comenzó a trabajar después de la escuela en las empresas de su padre y asistía por obligación a la cena de navidad organizada cada año por los Taisho, una costumbre que había iniciado Izayoi con la finalidad de que Sesshomaru y el pequeño Inuyasha convivieran.
Sus esfuerzos no eran del todo prácticos, Sesshomaru odiaba a su hermano. En principio lo ignoraba, después peleaba con él por cualquier cosa. Inuyasha trataba a toda costa de llamar la atención, así que era muy consentido por sus padres. Esto molestaba al hermano mayor, ya que Inu No Taisho jamás había sido cariñoso con él, siempre fue estricto y algo lejano, quizá por su carácter, pero eso fastidiaba a Sesshomaru sobremanera.
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Había sido un mes de altas y bajas para la compañía Sengoku. Era diciembre y ciertos mercados paraban sus operaciones debido a las fiestas. Inu No Taisho presidía la reunión de inicio de mes, mientras sus empleados lo escuchaban con atención y Sesshomaru lo hacía de mala gana, como era habitual.
—He decidido que debemos parar este mes por los días festivos. Creo que la gente debe estar en casa y estar con sus familias. Dicen que este invierno será más crudo, es una buena forma de evitarnos problemas con las construcciones.
Todos asintieron, estaban de acuerdo con ello. Todos excepto Sesshomaru, que no levantó la mano para votar.
—¿Sesshomaru? ¿Vas a votar o tendré que decidir por ti? —mencionó el veterano, que conocía bien a su hijo y encontraba la forma de darle la contraria cada que podía.
—Lo que quieres hacer es estúpido. No podemos parar las construcciones, los tiempos de entrega están estipulados por contrato.
—Tenemos un rango de tiempo, nos protegimos con eso.
—Es una forma irresponsable de deslindarte de tus ocupaciones. Hay que trabajar —Sesshomaru estaba fastidiado de tener reuniones con su padre, esperaba que fuera la última del día.
—Sesshomaru, la gente necesita pasar tiempo con sus familias.
—Entonces que busquen otro lugar para trabajar.
Inu No Taisho frunció el ceño— Esta vez deberá hacerse de la manera en que yo digo, Sesshomaru. He tomado ya una decisión.
—Entonces renunciaré al proyecto. Mi reputación no puede quedar manchada solo porque tú quieres estar en casa bebiendo chocolate y cantando villancicos.
—¡No puedes renunciar a esto! Es un proyecto muy importante y depende de ti.
Sesshomaru entornó los ojos, estaba muy molesto y sintió una punzada en el vientre— Si depende de mí, entonces deberá ser terminado, así que todos los que estén a mi cargo trabajaran el mes completo.
Inu No Taisho se levantó de su asiento— ¿Por qué siempre tienes que dar la contraria? ¿Acaso no puedes pensar en otra cosa que no sean tus intereses?
—Es un rasgo heredado del lado paterno —en ese momento, la punzada se hizo más aguda, provocando que Sesshomaru hiciera sonar ambos puños en la mesa, conteniendo la respiración, tratando de mantenerse alerta.
—¡Sesshomaru no te permitiré que…! ¿Sesshomaru? —el hombre vio impactado cómo su hijo caía sin sentido sobre la mesa, mientras brotaba sangre por su boca. —¡Demonios! ¡Jaken, llama al médico de inmediato! Sesshomaru, hijo —Inu No Taisho lo sujetaba del hombro y lo llamaba por su nombre para tratar de hacerlo reaccionar.
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Varios días después, Sesshomaru caminaba lentamente dentro de su apartamento. Se dirigió a la cocina y se sirvió un vaso con whisky, desde la operación de su úlcera hacía unos días no había tenido oportunidad de beber. Jaken, su hombre de confianza se encargaba de llevarle comidas preparadas y documentos del trabajo. Tenía la orden de estar el mayor tiempo posible en las oficinas, ya que él no podía asistir y su padre le tenía prohibido trabajar así fuera por vía remota, hasta que estuviera completamente recuperado, por lo tanto, se encargaba de sus proyectos a escondidas.
Sonó el timbre y el hombre alto y de cabello platinado, se acercó a la puerta— ¿Quién es?
—Soy yo, Sesshomaru querido.
—Lárgate.
Desde la puerta, la sutil voz femenina volvió a responder— ¿Vas a dejar así a tu madre? Abre ahora, Sesshomaru.
El hombre abrió de mala gana y una elegante mujer, con su mismo tono de cabello y ojos dorados, enfundada en un impoluto traje sastre de color blanco, entró sin vacilar, besándolo en la mejilla— Querido, este departamento es tan pequeño, deberías mudarte al penthouse.
—¿Has venido solo a eso?
—Claro que no, querido, vine a verte por lo de tu operación.
—Fue hace una semana.
—¡Oh! ¿de verdad? No te ves tan bien.
Sesshomaru no dijo nada, sabía cómo era su madre y dejaría que hablara para que se fuera pronto.
Al ver que Sesshomaru no le respondía, se dirigió a la cocina— No entiendo cómo te prestaste a donarle médula al hijo de tu padre. Seguro que por eso fue que tu úlcera colapsó; debiste negarte. Si me hubiera enterado de lo que ibas a hacer habría hablado con tu padre, le hubiera dicho un no, rotundo. Casi mata a mi hijo por salvar al bastardo ese.
—Madre, basta —Sesshomaru odiaba escuchar hablar mal de su padre, aunque no se llevara bien con él.
—Dudo que lo hayas hecho por tu voluntad ¿te amenazó con sacarte de la compañía? Porque si es así, hablaré con él. Tú eres accionista por derecho.
—Soy un adulto, puedo decidir lo que hago con mi médula.
—Eres un niño de veintiocho años, Taisho siempre ha hecho lo que se le viene en gana.
Sesshomaru recordó cómo hacía un par de meses Inu no Taisho se presentó en su apartamento.
—Sesshomaru, vengo a hablarte de un asunto importante.
—¿No podías esperar hasta mañana? Tengo una cita y sabes que odio llegar tarde.
—Esto es más importante que cualquier cosa que tengas qué hacer.
—Pasa y siéntate, te doy quince minutos.
Inu No Taisho bufó, no iba a discutir en ese momento. Entró y ambos se sentaron en la sala.
—Inuyasha se encuentra muy mal. Su tratamiento no funcionó y lo único que nos queda es que le hagan un transplante de médula.
Sesshomaru permaneció con su semblante serio. No le importaba mucho lo que le sucediera a ese chico— Por lo menos tienen esa opción —dijo.
—Hay un problema. Ni su madre ni yo somos compatibles.
—Lamento oír eso —mintió— tal vez algún pariente de tu mujer lo sea.
—Izayoi no tiene familiares, sus padres murieron cuando era pequeña.
Sesshomaru no dijo nada. Eso era algo que ya sabía, pero estaba tratando de evadir la conversación.
—Pensamos que solo nos queda una posibilidad. Sesshomaru, lo más probable es que tú seas compatible con Inuyasha.
Sesshomaru torció el gesto— Te he dicho que lamento lo que le pasa a tu hijo, pero dudo que yo pueda ser de utilidad.
—No vengo a pedirte, vengo a suplicarte…—la voz de Inu No Taisho parecía quebrarse. Esto sorprendió a Sesshomaru, jamás había visto a su padre en ese estado—…mi hijo se muere… —se tomó con fuerza el puente de la nariz, para evitar que le escurrieran las lágrimas. Sesshomaru solo lo observaba; nunca se hubiera imaginado a su padre rogando por la vida de su hijo. Sintió rabia de la predilección de Inu No Taisho por su hijo menor, en vez de él, que siempre había sido un hijo ejemplar.
En ese momento, tocaron a la puerta que no tenía cerrojo y entró Izayoi. Desde que tenía trece años, Sesshomaru no soportaba verla, mucho menos estar cerca de ella ni hablarle. Esta se acercó a su marido— Inu, por favor espérame abajo, hablaré con Sesshomaru un momento.
El hombre asintió y se retiró, no sin antes dirigirle una mirada de decepción a su hijo mayor, que Sesshomaru respondió alzando el mentón.
La mujer se sentó en el mismo sitio donde estaba su marido— Tu padre ya te habrá contado lo que sucede con Inuyasha.
—Le dije que lo lamento, no puedo ayudarlos.
—Es muy probable que tú seas compatible con él. Al fin y al cabo, son hermanos.
—No es mi hermano —Sesshomaru hizo énfasis en sus palabras. Izayoi solo bajó la vista y esbozó una ligera sonrisa.
—Sé que estás molesto con tu padre, pero tu her…Inuyasha no debería pagar las consecuencias de sus problemas.
—Fuiste tú la que se embarazó. No tengo la culpa de que Inuyasha venga de mala estirpe.
—Sé que soy el motivo por el que tú y tu padre tengan esa mala relación.
—Era un adolescente enamorado de su maestra de piano. Me molestó en su momento que alguien como tú se convirtiera en mi madrastra porque mi padre no tomara precauciones, pero ya lo superé.
La mujer lo miraba con tranquilidad— El amor que sentí y siento por él siempre fue sincero, quizá por eso quedé embarazada tan pronto.
—Sandeces.
—No te pido que hagas esto por tu padre o por Inuyasha. Hazlo por lo que alguna vez sentiste por mí. Sé que eres un hombre sensato y no dejarás que tu padre sufra por esto…ni que yo sufra. Por favor, Sesshomaru, considéralo —Izayoi se levantó y se despidió con una reverencia.
Sesshomaru no se movió de su sitio. Detestaba que ella aún tuviera un pequeño poder sobre él. Ya no la amaba como cuando era un niño, pero había tenido toda la razón en decirle que él nunca permitiría que ella sufriera.
Al día siguiente, envió un mensaje a su padre para decirle que le haría la donación a Inuyasha.
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Kimi seguía inspeccionando el apartamento de Sesshomaru—Tu refrigerador está vacío. ¡Ah! pero tu congelador está lleno de carne. Deberías tener una dieta saludable.
—Hago lo que puedo, madre —respondió el hombre con sarcasmo.
—No tienes quién cuide de ti. Pero no te preocupes, he venido precisamente a eso.
—Qué madre tan abnegada, ¿piensas hacerme sopas y arroparme por las noches, además de darme mis medicinas? —se burló, Sesshomaru.
—Algo así. Sabes que yo no puedo quedarme, tengo tanto qué hacer. Salgo para Europa en unos días y debo dejar todo listo antes de irme.
—Espero que no se te haya ocurrido traerme un perro como la última vez.
—No creí que fueras tan ingrato como para dejar escapar a ese pobre animal.
—Te dije que no me gustaban las mascotas.
—Pensé que te sentías muy solo. Ya deberías haberte conseguido una mujer estable.
—Haría lo mismo que con el perro.
—De eso no me queda duda. Pero sí necesitas quien vea por ti y se encargue de todo. No quiero irme de viaje sabiendo que estás convaleciente y que tu padre ni siquiera se aparece por aquí.
—Jaken ya se hace cargo —respondió Sesshomaru de mala gana. Le frustraba que su madre quisiera meterse en su vida a estas alturas, cuando nunca estuvo con él.
—Ese asistente tuyo es un robot, solo hace lo que tú le pides, no lo que necesitas.
—Ya te dije que estoy bien, madre. No es necesario que te metas en mis asuntos —dijo Sesshomaru con hermetismo. Kimi solo se limitó a sonreír.
—Lo sé, por eso te he traído a alguien… ¡ven aquí! Ella va a quedarse contigo para cuidarte.
Una chica menuda, delgada y de cabello oscuro se colocó nerviosa detrás de la mujer; vestía un yukata amarillo que se veía muy gastado. Sesshomaru ni siquiera la miró, frunció el ceño ante el descaro de su madre.
—No necesito quien cuide de mí, ¡mucho menos una mucama!
Kimi no le prestó atención— Es del pueblo de donde viene la familia de tu padre. Toda esa zona era gobernada por los Taisho desde hace mucho. Tiene como… ¿catorce o quince años? ¡Qué importa! Sabe limpiar, cocinar, hacer preparados. La anciana con la que vivía me dijo que era un estuche de monerías. Solo debes pedirle las cosas y ella lo hará. Bien, creo que he terminado aquí, ya debo irme. Hasta pronto, querido.
La mujer dio media vuelta y se fue. Sesshomaru observaba la puerta cerrarse con mirada asesina. En cuanto ésta se cerró, se dio media vuelta y comenzó a subir las escaleras que daban a una segunda planta, donde estaba su habitación.
—No toques nada. —dijo a la chica, antes de cerrar de un fuerte portazo.
La chica se estremeció ante aquel sonido, y se quedó de pie en medio de la sala. No tenía idea de qué hacer. Miró a su alrededor, era un apartamento muy iluminado, todo parecía estar impecable, cada cosa estaba en su lugar. Aunque si forzabas un poco la vista, se notaba una ligera capa de polvo por encima de los muebles y el amplio ventanal que daba al fondo.
Caminó hasta la cocina, todo le parecía enorme, considerando la pequeña choza en la que solía vivir con la curandera del pueblo, una anciana que se hizo cargo de ella cuando toda su familia murió, dejándola completamente sola. Dentro de la choza dormía, cocinaba y trabajaba, guardando las hierbas que recolectaba del bosque, remendando la poca ropa que tenía y tantas otras cosas que la mujer se había encargado de enseñarle. También la cocina lucía impoluta, como si nunca la usaran. Abrió la alacena y encontró un par de botes que contenían sal y pimienta, además de una caja con un solo sobre de té. Al fijarse dentro del refrigerador, había un recipiente con ramen a medio comer, pero el congelador rebosaba de cortes de carne roja congelada. La chica pensó que con eso podría haber alimentado a media aldea— Es como si fuera un animal carnívoro —dijo sonriendo. Encontró una pequeña bolsa con verduras congeladas— ¿Por qué congelar los vegetales? ¿No los come? —para Rin era muy extraño ver así los vegetales, porque ella solía comer todo de una sola vez y salir a buscar más comida a los dos días, así todo lo que consumía era fresco. En la ciudad parecía que la gente quisiera conservar la comida para siempre.
A la mañana siguiente Sesshomaru despertó sin fuerzas y adolorido, no tenía ganas de levantarse, estaba acostumbrado a hacerlo desde las seis de la mañana desde que era un niño. A las cinco y media detectó un olor a hierbas que le punzaba la nariz, pensó que pudiera venir de otro departamento, pero comenzó a llenar la habitación. Se levantó apenas y al abrir la puerta, el olor lo invadió por completo, no estaba acostumbrado a que su apartamento oliera de aquella manera. Bajó las escaleras de muy mal humor, apoyándose en la baranda de aluminio; al entrar a la cocina, los olores se mezclaron. En la mesa de la cocina estaba un platillo servido con un par de huevos que Rin encontró en la puerta del refrigerador, las verduras hervidas y una humeante taza de té.
Sesshomaru observó a la chica que estaba de espaldas a él, lavando lo que había utilizado. Ella apenas viró un poco la cabeza, mirando al hombre que la observaba entrecerrando los ojos. Era completamente hermoso, su cabello largo y platinado, facciones perfectas, altura y su porte imponente. Tembló al solo escuchar su grave voz— ¿Qué demonios es esto? ¿Por qué mi casa huele a hierbería? —se acercó a ella dando un par de pasos, Rin pudo sentir su el aroma de su piel y admirar sus brillantes ojos dorados.
Sesshomaru tomó unas ramas que estaban en la encimera de la cocina— Esto es lo que apesta —sujetó el racimo y lo tiró a un bote de basura que tenía cerca. Rin lo miraba asustada, no quería saber el destino que tendría el platillo preparado sobre la mesa. Al notar que la chica fijaba su vista en el mueble, Sesshomaru se giró. —¿Huevo y verduras? Yo no como esa porquería —tomó el plato y lo lanzó sobre el fregadero, haciéndose añicos. Rin se llevó las manos a la boca.
—Te dije que no tocaras nada ¿eres sorda? —dijo con la voz firme. La chica, asustada, negó con la cabeza— ¿eres tonta? —le dijo, mirándola fijo. Rin volvió a negar. —No quiero que hagas tus brujerías en mi casa, será mejor que te largues ahora si no quieres que te saque a patadas.
Rin movió los labios para intentar decir algo, pero el solo gesto de Sesshomaru enarcando una ceja fue suficiente para que la chica saliera corriendo despavorida de ahí. Sesshomaru buscó el teléfono y marcó un número registrado— Jaken, envía a alguien a que limpie el apartamento y consigue mi desayuno…sin té, ya tengo uno —dijo mientras tomaba la taza aún caliente y daba un sorbo.
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¡HOLA! Cómo ya les había comentado con anterioridad en mi página Susy Chantilly en Facebook, este es el primer fanfiction que escribo respecto al anime de Inuyasha. Es un UA (universo alterno) y decidí hacerlo a modo de gusto personal.
Para esto me están apoyando Sailordancer7 y Hana Note como betas en cuanto a la revisión de la historia y a apegarme al carácter de los personajes, respectivamente. Les agradezco, infinitamente su tiempo para ayudarme con esto. Para mí, Sesshomaru es un personaje ya de por sí, perfecto y las variaciones en su personalidad deben ser ínfimas (a mi modo de ver), por lo tanto mi resistencia a atreverme a escribir sobre Sesshomaru y Rin, que es un ship, que espero se confirme ya definitivamente el cannon mañana con el estreno de Yashahime en Japón.
Sobre el fic, solo diré que será relativamente corto, por ello va tan rápido y no me estoy centrando tanto en otros personajes. He leído muy pocos fics de esta pareja que me han convencido, y la verdad creo que todos se basan en historias bastante similares, así que este no será nada diferente; como dije antes, me lo estoy cumpliendo a mí, porque lo quería escribir y quiero compartirlo, nada más. Lo estoy haciendo a la par con otras actividades así que voy paso a paso con la historia, por lo que no tengo fecha para definir la siguiente actualización, pero algo que sí les puedo comentar es que será terminado como todas mis historias.
Aprovecho para también agradecer a Hana Note Fanarts, Locas por el Dios griego, Shai OS, Airam Mendoza, Yaneli Alvarado Perez, Skyg Sk, Rosa Giordan, Bianka Sherlin, Azucena Azu, Jeimy García, Alicia Hernández, Ivonne Bracero Hidalgo, Juany Rdz, Gloria Lemus, Lizeth Isela Gonzalez Arballo, Geraldine Rojas, Leah RocKket, Luz Igneson, Ana Gonzalez, Yesabel Carrera Alatrista, Edith Almada Ruiz, Itzel Caballero, Nidia Amador Martinez, Karol Butz Molina, Leslie Julca, Sandy Wong, Gartor Gabriela, Silvia PB, Miriam Morales, Daniela Valezka Avila Gallardo, Daiana Sol Pegoraro, Liz Milo Parg, quienes participaron correctamente en la dinámica de la página de Susy Chantilly dando su Me encanta.
Estaré publicando el aviso de las actualizaciones ÚNICAMENTE en mi página de Susy Chantilly para que lo lean en Fanfiction. Este fic en especial, no pretendo promocionarlo como los otros porque aunque sigo muchas páginas, leo los fics y me encanta Inuyasha, no estoy tan integrada en el fandom. Si me decido un día continuar haciendo fics de Inuyasha ya pensaré si los promuevo o no.
Gracias a los que han leído, espero que haya sido de su agrado.
Susy Chantilly.
