La reina de sus caprichos
Realmente agotada, pensaba en ir directamente a dormir en cuanto llegaran de la fiesta. Yo no asistí. Me disculpé, aduciendo que me encontraba indispuesta. Aún estaba molesta con ellos por haber puesto en peligro la estabilidad del clan, teniéndome engañada durante años. Mis pasos me llevaron al lugar en donde tantas ocasiones me relajaba, rodeada de mis ya caducas memorias.
Sentada en el sillón frente al mirador, los rayos selénicos me devolvían reminiscencias de los que ya no estaban; mi querido hermano William, nuestra amada Priscila, mi ingeniosa Janet, nuestra alegre y delicada Rosemary, su pequeño Anthony, el malogrado Stearbald, y él, … El primer y único amor de mi vida.
Suspiré, ya no tenía caso remover aquellos recuerdos. A él apenas pude acompañarle en sus últimos 4 años de vida, tras el debido luto por su primera esposa, la mujer que me lo arrebató.
Reí interiormente. Sí, ella me robó la mayor parte de una vida que hubiéramos podido compartir, como realmente ambos deseábamos. Sus engaños, que ahora, por fin, sé reconocer en el proceder de sus nietos, fueron los principales causantes de mi amargura. A cambio, me vengué robándole, sin ni siquiera proponérmelo, el afecto de su hija.
Sarah se desvivía por pasar más tiempo conmigo que con su verdadera madre, demasiado ocupada en lucirse de fiesta en fiesta, como para demostrar un mínimo afecto por su familia. Una familia que yo hubiera dado cuanto poseía en riqueza, porque hubiera sido la mía. Aun así, en cierto modo, acabó por serlo y el cariño que nos teníamos Sarah y yo, nos ayudó a formalizar nuestra unión tras la muerte de su esposa.
No pude tener mis propios hijos, pero finalmente el Señor fue misericordioso conmigo, y acabé siendo como una segunda madre, también, para los de mis difuntos hermanos… Aunque nunca acabaría de comprender su empeño por devastar tan temprana y reiterativamente a esta familia, ... a casi todos, excepto a mí ¿Por qué? Nunca lo entendería, solo me quedaba confiar en su sabiduría.
Ahora solo cabía la esperanza de que la tragedia no se cerniera sobre el pequeño William ¡Dios! ¡Cuánto me había hecho sufrir aquel testarudo y alocado muchacho!
El ruido del motor de su auto rompió mi rememoración. Me extrañó que volvieran tan pronto del evento. No me moví. Seguramente subirían a sus aposentos y yo podría proseguir con mis evocaciones. Me pareció escuchar a William murmurar algo y, al poco, la puerta se abrió de golpe a mi espalda, sobresaltándome un poco.
Por el reflejo del ventanal pude vislumbrar sus figuras abrazadas y besándose... Ya me temía yo. Era imposible que entre aquel par no existiera algo.
Yo conocía perfectamente los motivos que podían provocar la atención y miradas, como las que él la prodigaba.
Tal vez fuera mejor así. Si ellos acababan juntos, todo se pondría en orden. Se acallarían las recientes habladurías sobre su controvertida relación. Nadie podría criticar lo que se uniera como era debido y la fortuna familiar permanecería a buen recaudo. Mucho mejor que la ocurrencia de Sarah con su Daniel... Con un poco de suerte, podría llegar a conocer a sus descendientes.
Suspiré paciente. Mañana, sin más demora, trataría directamente con mi sobrino. Ahora, tan solo esperaba que aquello fuera una circunstancial despedida, y me dejaran, pronto, en la paz de mi melancolía frente a la luna.
— Deberíamos parar… —Oí a William a lo lejos. Sí, por suerte, él siempre había sabido mantener su buen tino en lo más importante.
— No quiero… —contestó la alocada niña ¿Es que no conocía límites su empeño de revolucionarlo todo?
— Si seguimos así no podré parar ¿Lo sabes? —Menos mal que él haría lo que era debido.
— No importa —"¡Insensata!" ¿A qué estaba esperando William para sacarla de allí? Pasó un rato y no escuché la puerta. Extrañada, me incliné sobre uno de los brazos del sillón, para poder ver mejor lo que estuviera sucediendo a mi espalda y comprobar si aún estaban en la sala.
Creo que mi sangre se congeló al observarlos. Ella completamente desnuda y William apenas con sus calzones. No podía ser, o bien mis ojos me engañaban o había de estar sufriendo un desvarío senil por mi parte. Era imposible que, precisamente él, estuviera cayendo tan bajo. Y en nuestra propia casa ¡Con la que se suponía era su protegida!
¿Qué demonio había poseído a aquel muchacho? La culpa era de Georges. Lamenté haber accedido a su absurda sugerencia de permitir que William gozara de unos años de licencia para recorrer mundo ¡A saber todo lo que habría experimentado aquel niño y cómo lo habrían corrompido! Y nosotros aquí, confiándole una fortuna labrada con duro esfuerzo, tras generaciones, y el futuro de nuestro linaje ¡Si sus padres levantaran cabeza! ¡No me perdonarían aquel deshonor! Carraspee, pero no me oyeron ¿Qué podía hacer? Si gritaba seguramente despertaría al servicio y las consecuencias podrían ser peores... Si los rumores salieran de la mansión... Demasiados ojos, demasiadas lenguas.
— ¿Estás segura de que es lo que realmente deseas?
— Sí, sigue por favor —"¡Par de locos!" Continuaban besándose y explorándose mutuamente de forma totalmente impúdica. Anonadada e intentando alzarme como bien podía, vi como él se arrodillaba frente a ella.
— ¿Te han besado alguna vez aquí, así?
— No... No… nunca… sigue por favor —Contestó la incauta, claro que comprobando la audacia de mi sobrino, bajando hacia su entrepierna, podría llegar a comprenderla.
Recordé similares experiencias en mi propia juventud, cuando yo también había sido agasajada, de modo semejante, por el que, tras muchas penurias, finalmente se convirtió en mi esposo... ¡Pero aquello fue muy diferente! ¡Nosotros estábamos casados! ¡Santo dios! ¿Es que no iban a parar?
... ¡Un momento! ¿Acababa de decir que nunca la habían tocado así? Así que ellos realmente... y ella, aún debía mantener su virtud... Bueno, entonces estaba segura de que William no llegaría más lejos de un escarceo erótico.
Mañana sin falta lo presionaría para que realizara la petición formal de cortejo. Iniciaríamos los trámites con los papeles de adopción y me ahorraría tener que delatarme, en aquellos momentos, en tan incómodas circunstancias.
...Y hablando de incomodidad ¿Qué se suponía que estaba haciendo mi sobrino? Ahora sí que era mejor que no les dijera nada. Tenía a la pobre... mejor dicho, tenía a la dichosa muchacha subida sobre sus hombros y ¡Se había puesto de pie cargado con ella! enterrando su cabeza entre sus piernas, devorando, era de suponer, su intimidad.
¿Es que quería que ambos se mataran?... Yo, a mi edad, ya no estaba para aquellas emociones ¿Qué debiera hacer en aquel momento? Una aterradora imagen de Candice con extremidades rotas, o peor, del pequeño Will con el cuello retorcido, se hizo presente en mi imaginación... No, no podía decirles nada... ¿Y si los asustaba, se caían y tomaban mal? ¿Qué diría el servicio? ¿Cómo explicar o disimular lo evidente? ¿Cómo contener el escándalo?
No me quedaba otro remedio que esperar a que volviera a bajarla y encontrar el momento oportuno para poner fin a aquella locura. Estaba claro que el muchacho había perdido totalmente su buen tino ¿Es que no iban a permitirme ni un momento de tranquilidad?
"¡William! ¡Mi Querido Hermano! ¡Lo que daría porque estuvieras aquí en aquellos momentos! Pusiste toda la confianza en mí, por si llegaras a faltar algún día, para que me hiciera cargo de tus hijos, y te estaba fallando estrepitosamente."
— ¡Dios mío! —Un leve grito escapó de mis labios cuando, por un momento, casi me da un desmayo al ver como se contorneaba la muchacha, demasiado inclinada sobre la cabeza de mi sobrino ¿Acaso ella estaba borracha? Ellos, por supuesto, tan ofuscados, ni me alcanzaron escuchar, aunque yo sí oía a aquella niña rogándole que no parara.
Por fin él pareció recuperar la sensatez y la bajó, solo a la altura de su cintura. Era más que evidente que debía detener aquello.
¿Dónde había dejado mi bastón? Con el desconcierto y los nervios del momento, no recordaba que lo había colocado apoyado en el otro brazo del sillón. Temblando, estuve rebuscando como una tonta, incluso acercándome a la mesa del escritorio... era imposible que lo hubiera escondido tanto o dejado tan lejos... ¡Al fin recordé! y tan aprisa como pude lo alcancé, apoyándome en él para llegar a aquel par de irresponsables.
— ¿Te gusta lo que te hace tu "papacito"? —Oí antes de girarme ¡Definitivamente mi sobrino estaba mal! Muy mal... ¿A qué creía que estaba jugando con la virtud de nuestra protegida? Me había expuesto a una reprimenda pública sin precedentes, con motivo de los esponsales con Daniel, y aquí se hallaba él ¡Seduciendo a su propia pupila! Sin ni siquiera ser prometidos ¡No creí vivir lo suficiente para ser testigo de semejante vergüenza!
— Sí, sí me gusta… dame más "papacito" —jadeo Candice. Candice era una chica alocada, que no había dejado de provocarme un dolor de cabeza tras otro desde que la conociera.
Pero gracias a ella habíamos podido recuperar a William y las recientes revelaciones; con la confesión del añejo engaño de los hijos de Sarah, habían conseguido que ella ganara el merecido respeto y mi más sincero arrepentimiento.
Y era más que evidente, por su estado y reflejos, que no era totalmente consciente de lo que estaban haciendo... pero William ¡William estaba demostrando un deshonroso comportamiento del que jamás le creí capaz!
A paso tan raudo como me era posible, fui aproximándome mientras la virginidad de la muchacha le era arrebatada. Me sentía mareada ¡Que yo tuviera que acabar realizando semejante papelón! ¿Qué iba a decirles realmente cuando llegara a su altura? ¿De qué iba a servir si el daño ya estaba hecho? "¡Maldita fuera mi vejez y la caída que dejó tocada mi cadera! ¡Condenado paso de tortuga!"
Apenas a unos metros de ellos la escuché exclamar de placer, para acabar derrumbándose sobre los hombros de William— Umm... Terry —suspiró ella, dejándonos petrificados tanto a mi sobrino como a mí.
Continuará...
