¡Hola a todos!

Lo prometido es deuda y luego de organizar un poco mis tiempos (me llevó varias semanas) este año lo parto recargado a full y con una nueva historia, con la ilusión de que les agrade y le den una oportunidad.

Mi primer fanfic "Resistiéndome a ti" sigue sumando visitas y comentarios, espero este alcance al menos la mitad de seguidores jdsnfsjd.

Es importante aclarar que ninguno de los personajes que aparecerán me pertenecen, como todos sabemos Inuyasha y el resto son obra de mi queridísima e incomparable Rumiko Takahashi, sin embargo la historia ha sido resultado de un montón de imaginación e ideas varias en mi cabecita, asi que si en algún momento quieres compartirla, ruego que por favor me des los créditos correspondientes.

Eso, comenzamos el año 2021 recargados con todo! La gran mayoría que me sigue conoce mi estilo de escritura, suele ser en primera persona y cambia de perspectiva a lo largo de cada capítulo, me encanta que puedan conocer los pensamientos de ambos protagonistas y reflejarse a si mismos en ellos.

De entre varias ideas me decidí por esta, aunque las otras están archivadas, si es que les sigue agradando mi escritura estos fanfics no paran jsdfn.

No olvides dejar tu comentario, seguirme o agregarla a favoritos si ha llamado tu atención! las actualizaciones de este fanfic serán mas espaciadas que en el anterior, con un cap a la semana, ahora que estoy trabajando oficialmente como medico veterinaria el tiempo escasea :(

Un abrazo gigante!

Frani.


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Capítulo 1. Es un disgusto conocerte

Junio, 2015.

La noche era oscura por las nubes tapando la luz de la luna, bajé del auto y entré a aquel lugar. Me moví por el bar hasta dar con mi víctima, parecía estar disfrutando de un trago de gin, en compañía de una chica con cabello largo en un tono castaño. Me senté cerca y pedí un vaso de whisky.

– Si quieres podríamos ir a mi mansión, tengo un cuarto lleno de juguetes que te encantará probar. – Su insinuación fue directa y la chica emitió una risa suave.

– Quizás después del próximo trago. – pobre chica, era humana, no tenía idea de con quien se estaba metiendo.

– Me parece una excelente idea. Necesito ir al baño, espérame aquí. – perfecto, esta era la señal de mi entrada.

Lo seguí al baño a una distancia prudente, no quería que me culparan de matarlo luego. Él estaba lavando sus manos cuando entré y cerré la puerta tras de mí. Me miró extrañado.

– Lo siento, no me gustan los hombres. – exclamó y yo me reí.

– ¿Crees que estoy aquí por eso?

– Te sentaste a mi lado en la barra, pensé que estabas intentando coquetearme.

– Pequeño ingenuo, no soy esa clase de youkai. – Me acerqué a toda velocidad y hundí mi mano en su pecho, arrancando de un solo movimiento su corazón. Pobre tipo, ni oportunidad de defenderse había tenido y con él se iba un imperio de narcotráfico completo.

Llamé a mi padre, quien contestó de inmediato.

– Esta hecho. – musité y corté. Ellos se encargarían de limpiar todo esto. Tranqué la puerta, lavé mis manos y salí por la pequeña ventanilla del lugar.

Al estar afuera el frio viento de madrugada me golpeó, al menos había traído abrigo esta vez. Caminé hacia mi auto a paso seguro y desactivé la alarma, con el trabajo listo sólo quedaba llegar a descansar.

– Hola. – Una voz suave y femenina me llegó por la espalda. Me giré rápidamente, ¿Cómo había llegado hasta ahí sin que yo me diera cuenta?

Me sonrió y sus ojos cafés se entrecerraron con el gesto. Llevaba una coleta alta y una chaqueta de cuero negro sobre su vestido pegado al cuerpo. La miré con atención, se veía bastante inofensiva para mi gusto y no despedía ningún aroma demoníaco, de hecho, sólo sentía aroma a vainilla provenir de su cuerpo, era pequeña en comparación a mí y tenía un rostro adorable, estaba seguro de que no era el mejor lugar para ella, algo podía pasarle.

– Hola, no deberías andar por aquí a estas horas, es peligroso. – exclamé dándole la espalda otra vez.

– Oh lo sé, pero no hay problema, no estoy en peligro. – sentí un sonido similar a un clic. – tú lo estás.

Me giré con rapidez, la vi apuntarme directamente con un arma y disparó sin dudar. Me moví y la bala llegó a mi brazo izquierdo. Ardió lo suficiente como para hacerme saber que era una bala de plata, bien, eso complicaba las cosas, porque significaba que tenía tiempo limitado para acabar con ella, considerando que no me curaría de esta herida mientras el proyectil siguiera dentro de mí.

Me abalancé sobre su pequeño cuerpo con toda la fuerza que pude encontrar antes de que se atreviera a disparar otra vez. Ambos caímos al suelo, quité su arma lanzándola lejos y sujeté sus brazos por sobre su cabeza mientras me mantenía sobre ella.

– Buenas noches mocosa, también es un gusto conocerte. – Me miró con una expresión de enojo que se centraba completamente en sus ojos color chocolate. - ¿Por qué ha sido eso?

– Nada personal. – flectó una de sus piernas y me pegó con todas sus fuerzas en la entrepierna, se me nubló la vista por el dolor, que me obligó a permanecer en posición fetal en el suelo, momento que ella aprovechó para incorporarse.

Intentó correr hacia el arma, agarré una de sus piernas y volví a tirarla al suelo. Esta vez me moví ágilmente sobre ella, sujetando sus manos bajo mis piernas y quitándole el aire presionando su cuello con fuerza. Poco a poco comenzó a desesperarse, no la mataría aún, necesitaba información.

– Quien te envía. – me miró desafiante y no dijo ni una sola palabra, pensé que aumentar la fuerza del agarre sería suficiente estimulo.

Vi sus ojos comenzar a ponerse vidriosos y su rostro rojo por la falta de oxígeno mientras intentaba moverse sin resultados, ilusa, estaba seguro de que sus 50 kilogramos de peso no podrían librarse de mi.

– ¿Vas a decirme algo? – relajé mis manos sobre su cuello. Ella me miró fijo, sin embargo no hizo nada. Antes de que volviera a apretar el chocolate de sus ojos pareció ser invadido por leves tonos de rojizo en su iris.

– Eres youkai… – Bien, eso me sorprendía un poco. – ¿Cómo aprendiste a ocultar tu aroma? – Se lanzó con todo el impulso que pudo para alcanzar mi cuello e intentar morderlo, no lo logró. – A ver, si no cooperas…

Di un golpe certero con mi cabeza sobre la suya, la noqueé al instante. Me puse de pie y miré los alrededores, no había nadie, ese estacionamiento estaba repleto de autos, pero sus dueños estaban demasiado ebrios dentro del bar como para preocuparse.

La alcé en brazos y la eché sobre mi hombro derecho, comprobé que realmente era liviana, mi estimación de peso había sido correcta. ¿Quién mierda contrataba para matarme a una chica así de inútil?

Miré mi brazo ensangrentado y con leves hilillos de sangre que no paraban de fluir. Caminé con tranquilidad hacia el auto y la senté en el asiento de copiloto, parecía dormir profundamente; busqué algo para hacerme un torniquete en mi herida, ya podría sacar la bala luego.


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Recorrí la oscura ciudad a eso de las 3 de la madrugada de vuelta a mi departamento. Cuando estuve allí la recosté sobre la cama y amarré sus brazos y piernas a cada punta, sonreí, esto de algún modo me recordaba lo divertido que era el bondage.

Me senté a su lado a esperar que despertara, sacaría toda la información posible a costa de torturas y luego la mataría, ese era el orden correcto a seguir.

La chica entreabrió los ojos unos 40 minutos después, intentó llevar una de sus manos a su frente, lugar que de seguro ahora dolía por mi golpe, pero fue frenada por las amarras.

– Buenas noches. – Musité y le sonreí. Giró su mirada hacia mi asustada. – Comprenderás las amarras sobre tus muñecas y tobillos, no puedo arriesgarme contigo.

– ¿Le tienes miedo a una chica? Que patético.

– Recordemos quien está amarrada, por favor. Además, no eres cualquier chica, tus movimientos son rápidos y certeros y no olvidemos el pequeño detalle de que logras ocultar tu aroma y energía demoníaca, bastante útil, pudiste matarme por ello.

– Corrección, voy a matarte. – la miré fijo y le sonreí, incluso amarrada y con cero oportunidades de ganar seguía desafiándome, me agradaba su actitud.

Me acerqué a paso lento al borde de la cama. Tomé uno de sus brazos y tracé una línea vertical desde su muñeca hacia arriba, el corte profundo liberó sangre de inmediato. Me gruñó en respuesta.

– ¿Para quién trabajas? - pregunté.

– Eso no te incumbe.

– Respuesta incorrecta. – Extendí mi mano hacia el mueble contiguo, saqué uno de los cuchillos de plata que solía guardar y lo enterré completamente sobre su brazo. El grito por dolor que evocó fue la primera debilidad que logré ver en ella. – ¿Nada aún? ¿No quieres hablar? – Me miró con sus ojos completamente rojos, alcé mis hombros. – Bien, veamos con esto.

Volví a enterrar otra vez el cuchillo, esta vez en la parte interna de su muslo, que quedaba al descubierto por lo corto de su vestido. No emitió ningún ruido, pero me miró en pánico.

– Asumo que sabes que arteria pasa por la zona que acabo de cortar… ni tu regeneración acelerada va a ser suficiente para salvarte, asi que tienes aproximadamente 30 segundos para contestarme antes de desangrarte.

– Trabajo como cazarrecompensas. – Okey, coincidíamos en eso. – Recibí una oferta anónima por ti.

– ¿Cuánto dinero?

– Cerca de 500.000 dólares.

– Vaya… no sabía que valía tanto, esa persona debe estar desesperada por verme muerto.

Sus ojos comenzaron a entrecerrarse y noté el charco inmenso de sangre sobre mi cama que poco a poco era absorbido por el cobertor.

– ¿Sigues viva? – La moví levemente, no reaccionó, mierda.

Me acerqué con rapidez, rasgué la piel de mi muñeca con mis colmillos y la llevé a su boca con la ilusión de que mi sangre ayudara en su regeneración acelerada. No sentí sus labios moverse ni hacer succión hasta unos segundos después. Sus heridas cerraron levemente, suficiente como para mantenerla con vida. Mantuvo los ojos entrecerrados

– ¿Me escuchas?

– Si…

– Bien… ¿Cuál es tu nombre?

– Kagome.

– Kagome… que bonito, aunque no pega contigo. – Esa era una broma con la que esperaba se riera, no sucedió, de hecho, se veía bastante pálida. – Pero Kagome… se supone que eras una asesina entrenada … ¿tan débil eres?

No me contestó. Sus heridas ya no sangraban, pero estaba seguro de que había perdido sangre suficiente como para mantenerse apagada.

– Que jodidamente molesta eres. – exclamé enojado y volví a llevar mi muñeca sangrante a su boca. En ningún momento hizo succión, sólo dejé que la sangre fluyera por su garganta, no tragaba asi que se desbordó levemente por su comisura.

Moví su cabeza con poca delicadeza, no reaccionó. Okey, quizás había sido un poco extremo con mis torturas. Su corazón latía, aunque muy bajo y débilmente. Cogí mi teléfono y llamé.

– Miroku.

– Hola amigo, que tal tu noche de cacería.

– Con algunas sorpresas… una chica intentó matarme.

– Eso no es novedad.

– No… realmente intentó matarme, me disparó.

– ¿Averiguaste algo sobre sus motivos?

– Cazarrecompensas, bastante bien entrenada, es capaz de disimular su aroma youkai.

– Eso es imposible.

– Pues ella puede hacerlo, asi que no lo es.

– ¿Dónde está ahora?

– Amarrada a mi cama.

– Ay no… No me digas que te la cogiste. – me reí.

– Por supuesto que no, no es muy atractiva que digamos; aunque la corté un poquito para sacarle info y creo que he estado a punto de matarla.

– Estoy seguro de que no fue un poquito.

– Bueh, no es lo importante, ¿puedes averiguar que encuentras sobre ella? Su nombre es Kagome.

– ¿Apellido?

– Aún no me lo dice, está inconsciente, pero no creo que haya muchas Kagomes en el mundo y mucho menos que sean cazarrecompensas, apenas lo tenga te lo envío.

– Vale, te aviso que encuentro. – y cortó.

La miré ahí con sus ojos cerrados, y por primera vez me permití admirarla con detenimiento. Entre todo el ajetreo su coleta ya no existía y pude notar que Kagome tenía el cabello largo, por lo menos hasta la cintura y en color azabache, el que se esparcía de forma desordenada sobre la cama. Se me hicieron adorables los pequeños bucles que se formaban al final de cada mechón. Su piel era blanca, y su rostro estaba marcado por pequeñas pecas muy sutiles sobre sus mejillas y nariz. Bajé mi mirada hacia su cuerpo y caí en cuenta de que le había mentido a mi mejor amigo… era atractiva, no tenía cabello rubio ni ojos claros, como la clase de chicas que solían llamar mi atención antes de Kikyo, pero incluso sin ello era llamativa. Su cuerpo terminó de convencerme; el vestido negro ceñido y pegado a su cuerpo como segunda piel delineaba perfectamente su estrecha cintura y sus caderas, sin contar el escote perfecto que sobresalía un poco; sus pechos no eran extremadamente grandes, pero estaba seguro de que llenarían mis manos completamente e incluso se desbordarían un poco. Su cuerpo parecía hecho a mano, todo en proporciones perfectas a su metro setenta de altura y a su peso.

Vaya… si no hubiera intentado matarme estaría cogiéndomela ahora mismo; y si no tuviera a Kikyo, claramente.

Despertó poco a poco e intentó mover sus manos, no pudo. Me miró a su lado y puso los ojos en blanco.

– ¿Aún no me matas?

– ¿Tanto lo deseas?

– No me agrada la idea de seguir siendo cortada poco a poco.

La miré con curiosidad por unos instantes.

– ¿Si suelto tus amarras no volverás a atacarme?

– ¿Vas a dejarme ir?

– No, voy a usarte a mi favor, y voy a enviarte a que elimines a quien te mandó por mí.

– No creo que…

– Tengo una contraoferta, el doble del dinero.

– ¿Eres millonario o algo por el estilo?

– Algo asi. ¿Trato? – Pareció meditarlo por unos segundos antes de contestar.

– ¿Y si no acepto?

– Te mueres ahora mismo.

– Okey, trato.

Corté sus amarras con mis garras y ella acarició sus muñecas, las que tenían marcas rojizas por las cuerdas. Tomé su rostro por el mentón con poca delicadeza y ella me miró con pánico.

– Un intento de pasarte de lista y te mataré en el mismo segundo que lo pienses. – La solté con brusquedad y la miré de pie. – Entonces… ¿Cómo logras ocultar tu energía demoníaca?

– He entrenado para ello.

– Cuanto tiempo

– Toda mi vida.

– ¿Pierden potencia tus habilidades?

– Claramente, aunque si libero mi energía no tardo en recuperarlas.

– Y vives asi… fingiendo ser humana. – ¿Por qué alguien querría vivir asi? Ser humano era tan aburrido.

– La verdad me he acostumbrado a ello, pero mira… – Vi en un segundo como sus garras crecieron y sus colmillos se hicieron un poco mas evidentes, el chocolate siguió en sus ojos, con su apariencia youkai haciendo aparición. – Ahora, si realmente necesito liberar todo mi poder… - Sus ojos cambiaron a rojo y sus colmillos crecieron aún más, haciendo presión sobre su labio inferior.

– Vaya… - La chica realmente era capaz de controlar su energía, eso la hacia interesante. – ¿Cuántos años tienes?

– 125. – miré su rostro, lucía como el de una veinteañera, aunque mis casi 230 años le doblaban la edad.

– ¿Trabajas hace mucho en esto?

– Desde pequeña, fui entrenada para esto.

– ¿Tus padres?

– Muertos. – la indiferencia con la que me lo dijo me dio indicios de que había sucedido hace tiempo.

Medité las opciones por un momento.

– Voy a entrenarte.

– Ya estoy…

– Aún más. No quiero que falles asi como fallaste conmigo… – una arruguita apareció en su entrecejo y desvió su mirada con desprecio. – 3 meses de entrenamiento, y luego de eso matas a ese chico anónimo que te envió y recibes el dinero. ¿te parece bien?

– Si… supongo que sí. – Se puso de pie y extendió una de sus manos hacia mí. – Es un placer hacer negocios contigo…

– Inuyasha Taisho.

– Inuyasha – me sonrió.

– ¿No te dijeron mi nombre antes de enviarte a por mí?

– Solo tu apellido y que tenías cabello plateado y ojos dorados, fue fácil encontrarte, quizás deberías dejar de teñir tu cabello, te vuelve presa fácil. – me reí ante su comentario.

– No es teñido.

– Bromeas.

– No. – se acercó con ojos curiosos y tomó un mechón entre sus manos.

– Vaya… es muy bonito.

– Gracias. – exclamé serio. – Bien… ¿quieres comer algo? Ahora que trabajas para mi ya no voy a apuñalarte más, lo prometo.

Miró mi brazo con el torniquete improvisado que yo mismo había hecho por la herida de bala que ella había provocado, ya se estaba manchando levemente con sangre.

– Puedo curarte eso. – exclamó.

– Es lo mínimo que deberías hacer, tu disparaste la bala.

– ¿Tienes un botiquín?

– Si, en el baño al fondo a la derecha. – caminó con seguridad como si fuera su propia casa y cuando lo encontró se sentó a mi lado.

Desarmó el nudo que yo había hecho y comenzó a desenvolver la tela. Apenas hubo flujo sanguíneo volvió a escurrir el líquido rojizo con rapidez. Introdujo sus garras en el orificio buscando la bala y aguanté el gruñido por el dolor, ni siquiera me había preparado para ello. La quitó con rapidez y extendió su muñeca hacia mí. La miré extrañado.

– Yo lo hice, puedes beber de mi para curarte más rápido. – acerqué mis labios a su piel, cada rincón de ella emanaba aroma a vainilla. Enterré mis colmillos con suavidad y la miré fijo mientras succionaba. Ella me sonrió. – Tienes unos ojos muy bonitos.

No quise beber de más, de seguro sus niveles sanguíneos seguían bajos, me separé a duras penas y me obligué a no pensar en lo agradable que era su sabor. Relamí mis labios y cerré los ojos disfrutando del gusto metálico. Poco a poco mi herida cerró y dejó de sangrar, ella se encargó de limpiarla y poner una mini curita en el lugar, me reí por ese gesto.

– Listo, sano y salvo.

– Muchas gracias.

Nos movimos juntos hacia la cocina, me sorprendió lo amable y risueña que era.

– ¿Y hace cuanto matas por dinero? – preguntó.

– 150 años, quizás un poco más…

– ¿Qué tan viejo eres?

– 230 años.

– Wow…

Nos sentamos a comer ramen, mi teléfono sonó cuando ella iba a volver a hablar.

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Kikyo

Llamada entrante

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Una sonrisa instantánea surcó mis labios.

– ¿Hola?

– Hola cariño. ¿Cómo ha estado tu día? – amaba su voz.

– No me quejo. ¿y el tuyo?

– Tuve varias sesiones de fotos hoy, fue extenuante.

– Me imagino.

– Quería saber si podía ir a verte hoy…

– Hoy no, tengo cosas que hacer, pero puedes venir mañana y quedarte a dormir, te extraño.

– Yo también a ti Inu… mucho. Mañana voy y llevo cosas para cenar juntos.

– Genial, te espero entonces. Te quiero.

– Te quiero.

Corté embobado, levanté la mirada y Kagome me miraba con atención.

– ¿Tienes novia?

– Eso no te incumbe. – Exclamé. Kikyo quedaba fuera de la conversación con personas que apenas conocía.

– Que desagradable eres.

Comimos en silencio el resto de la comida, ella no volvió a hablar. Al terminar lavó su plato y caminó hacia la salida.

– ¿A dónde crees que vas?

– A mi casa obviamente.

– Yo no te he dicho que puedes irte.

– Aun no puedes darme órdenes.

– Te quedarás aquí.

– No. – suspiré, esta chica tenía la personalidad infantil de una quinceañera.

– Tu y yo sabemos que puedo ganarte otra vez, no creo que quieras sentir cuchillos de plata atravesando tu piel otra vez. – No se giró a mirarme, pero no siguió avanzando. – Eso creí. Dormirás en el cuarto de invitados, puedes ducharte y lo que necesites.

– Vaya, que considerado. – exclamó sarcástica.

– Asi soy yo. – le sonreí burlesco y ella me sonrió de la misma forma.

– Me desagradas. – exclamó.

– Fantástico, porque el sentimiento es mutuo. – Me miró con desprecio y caminó a paso rápido en dirección al baño.

– ¡Hay toallas ahí mismo! – Grité.

– ¡Cállate! – exclamó de vuelta. Me reí, de algún modo disfrutaba hacerla enojar

Sentí la ducha abrirse y tomé un lápiz y mi agenda para planear los siguientes tres meses. No podía negar que Kagome tenía potencial, de hecho, probablemente con alguien menos experimentado ella ganaría con facilidad, no por nada llevaba tantos años en ello. No necesitaba empezar con lo básico, podía empezar a un nivel intermedio.

La puerta del baño se abrió y no me giré para mirarla.

– ¿Cómo salió el agua?

– Agradable, aunque eres muy desordenado, no hay jabón.

– El shampoo se puede utilizar como jabón.

– Y con ese comentario acabo de recordar que eres hombre. – pasó por mi lado y caminó hacia el cuarto de invitados. Levanté mi mirada hacia ella y noté que llevaba su cuerpo envuelto en una toalla, su cabello estilaba pequeñas gotitas.

– Oye tonta… – se giró hacia mí. - ¿y tú ropa?

– Quiero lavarla, alguien la llenó de sangre y por alguien me refiero a ti.

– Ah… cierto. Puedo lavarla por ti si quieres.

– Sería genial, gracias.

Siguió su camino y cerró la puerta tras ella. Busqué su ropa en el baño, la había dejado doblada en un rincón. Las llevé a la lavadora y metí el vestido y su ropa interior, pude notar que su conjunto era bastante bonito. Cuando estuvo lista y seca toqué su puerta.

– Oye… - Nadie me respondió. – ¿Mocosa?

Entreabrí solo para comprobar que estuviera bien. La encontré tirada sobre la cama, con el trasero hacia arriba, que por cierto, era bastante bonito, redondo y formado incluso bajo la toalla. En algún momento mientras yo me encargaba de su ropa ella se había quedado dormida. Me agaché a un lado de la cama y la miré por unos instantes. Lucía tan pacífica que la envidié. Su pelo seguía levemente húmedo y poco a poco sus ondas se iban formando.

No esperé jamás terminar mi noche así, con una chica semidesnuda en mi departamento, que por cierto era tan youkai y cazarrecompensas como yo, ¿Qué posibilidades habían de encontrar a alguien con tantas coincidencias?

No quise molestarla más, tampoco quise despertarla. Hoy literalmente había estado a punto de matarla. Dejé su ropa a un lado y cerré la puerta al salir.


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(Perspectiva de Kagome)

Desperté desorientada al otro día, con la luz del sol chocándome en el rostro. Me senté en la cama, no reconocí el lugar, miré mi cuerpo y noté que tenía una toalla… Cierto, las cosas no habían resultado tan bien, de hecho, había estado a punto de morir. Noté que mi ropa estaba doblada y lavada a un costado de la cama. Me puse mis bragas y el sujetador primero. La puerta se abrió de golpe e Inuyasha entró por ella.

– Buenos dias Ka… - me miró de la cabeza a los pies. – Mierda, lo siento, pensé que seguirías dormida.

– No te preocupes. – ajusté los tirantes y acomodé mis pechos en el sujetador, tomé el vestido y empecé a colocármelo. – ¿Qué querías decirme?

No me importó demasiado que me viera en ropa interior, estaba acostumbrada a no tener pudor, me habían entrenado para ello, el pudor podía bloquearte en situaciones poco favorables.

– Ahm… ¿Por qué usas lencería?

– Me gusta sentirme bonita, aunque nadie pueda verla bajo la ropa.

– Ah…

– ¿Puedes subirme el cierre del vestido?

Se acercó a mí a paso dubitativo y subió con extrema lentitud el cierre. Me giré y le sonreí.

– Gracias.

– No hay de qué. Quería saber que te parecía entrenar día por medio. Empezaremos en nivel intermedio, perdiste contra mí, pero estoy seguro de que has matado a youkais y has podido hacerle frente a varios, llevas varios años en esto.

– Sólo tuviste suerte. – se rio de mi en modo burlón.

– Ajá.

– Necesito ir a mi departamento, ¿puedo ahora?

– ¿Si te dejo ir que me asegura que volverás para entrenar?

– Tu dinero. Con lo que me pagues no necesito volver a trabajar en mucho tiempo, esa es motivación suficiente para volver.

Me miró con los ojos entrecerrados por unos segundos, pero a fin de cuentas asintió.

– Te espero en dos días.

Asentí, Tomé mis cosas y salí.


Los dos días pasaron más rápido de lo que esperaba, probablemente porque no tenía ganas de entrenar. Llegué a su departamento cerca de las 9 de la mañana, tal como me lo había pedido. Toqué el timbre y me abrió en segundos.

– Hola. – musité.

– Hola mocosa. – Tan adorable como siempre. – Asumo que trajiste ropa deportiva además de esa falda y blusa, no puedes entrenar con eso.

– ¿Crees que soy estúpida? – se rio.

– Un poco, no voy a mentirte.

Se hizo a un lado para dejarme pasar y caminé por el departamento con confianza. Me metí al baño y me cambié. Di un último vistazo a mi cuerpo en el espejo cuando estuve lista y salí.

– Bien, estoy lista.

– Super, ven aquí.

Inuyasha había corrido los muebles de la sala de estar y había puesto un tatami, asumí que con el fin de amortiguar los golpes.

– Lo primero que quiero ver es cuál es tu estilo de ataque y defensa, desde ahí decidiremos que camino tomar, no modificaré tus bases.

– ¿Qué quieres que haga?

– Que te defiendas. – Estiró con rapidez una pierna hacia mí y me pegó por detrás de las rodillas, haciéndome caer al piso de inmediato. – Reprobada.

– Hey, no estaba lista. – Imité su movimiento y sin embargo él no cayó.

– Siempre deberías estar lista.

Odiaba que subestimaran mis habilidades, yo era buena en lo que hacía. Me puse de pie y me puse en posición de defensa. Se abalanzó contra mí con todas sus fuerzas, alcancé a esquivarlo por poco y utilicé su impulso a mi favor; mi cuerpo pequeño incluso con fuerza de youkai no era suficiente por sí mismo para botar a un tipo de un metro noventa, pero si sumaba la de él y la mía… Inuyasha cayó al suelo con un golpe seco. Me moví ágilmente sobre él y me mantuve afirmando sus brazos con mis piernas sobre ellos, tal como él me había mantenido quieta cuando lo conocí. Le sonreí cuando me miró sorprendido.

– Okey, te doy el crédito esta vez. – Me relajé al escuchar eso y él aprovechó el momento para girar con impulso suficiente y dejarme bajo su cuerpo. Mantuvo mis brazos prisioneros entre sus manos por sobre mi cabeza y su cuerpo pegado al mío.

Nos quedamos ahí, mirándonos fijamente. Creí notar un cambio en su mirada, sin embargo el timbre sonó y este se esfumó.

– Deberías abrir… - exclamé con su rostro a pocos centímetros del mío.

Se paró de inmediato, estiró su mano hacia mí para ayudarme a levantarme y cuando fui a tomarla se movió. Me quedé ahí en el suelo frustrada.

– Eres un idiota. – se rio mientras caminaba a la puerta.

– No deberías confiar en mí.

Abrió la puerta con rapidez y una chica muy similar a mi apareció del otro lado. Vaya… incluso podíamos ser hermanas.

– Hola. – Se acercó y estiró de puntillas para alcanzar los labios del chico frente a ella. Ah… era la novia.

– Hola… ¿Qué haces aquí?

– Cancelaron mi sesión de fotos… pensé en darte una sorpresa. – Su voz no era agradable para mis oídos. Me puse de pie y solo en ese momento la chica notó mi presencia. – ¿Y tú quién eres? – preguntó mientras me miraba de la cabeza a los pies.

– Ella es Kagome, Kagome, ella es Kikyo. – Sonreí de forma educada. – Estamos trabajando juntos en algo.

– Ya veo… ¿cosas de tu empresa?

– Sip, Kagome... será la nueva encargada del área de relajación de los empleados, por eso el tatami, estaba mostrándome el programa de sus clases de yoga y esas mierdas. – Okey, asumí que Inuyasha le mentía a su novia, algo completamente razonable, no es como si pudieras ir por allí diciendo que matabas gente por dinero.

– ¿Almorzamos juntos? Prometo irme después de ello para que sigan en sus cosas. – exclamó Kikyo.

– Si, podría s…

– Oh no será necesario que te vayas, ya hemos terminado. – Musité, Inuyasha me miró extrañado. Tomé el bolso, lo colgué en mi hombro y caminé a la salida. – Ha sido un placer conocerte Kikyo.

– Lo mismo digo. – me sonrió y luego se movió a la pieza de Inuyasha.

Intenté salir del departamento y él me tomó del brazo bruscamente.

– ¿Estas aprovechando la oportunidad para no entrenar? – susurró.

– Tengo cosas más interesantes que hacer, al igual que tú con tu novia. Nos vemos en dos días.

– No… vendrás hoy en la noche y entrenaremos.

– Tu no me mandas.

– Entonces puedo encontrar a otra persona que haga el trabajo por la misma cantidad de dinero.

Estuve a punto de responder, sin embargo conté hasta diez y respiré; no estaba en condiciones de rechazar tal suma.

– Bien, vendré en la noche.

– Genial, gracias. Ahora adiós. – Me sonrió y me cerró la puerta en la cara. Que delicadeza de sujeto.


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Al llegar a mi departamento Kouga me esperaba afuera. Su sonrisa dejó a la vista sus perfectos dientes y colmillos.

– Por fin llegas. – exclamó. Sonreí y me acerqué para abrazarlo. – Vaya… alguien me extrañaba.

– Sólo un poco, no te ilusiones. – me sonrió y peinó mi cabello - ¿Cómo te ha ido?

– Bien, terminé antes de lo esperado, asi que quise sorprenderte. – Al parecer todos querían sorprender hoy.

Kouga y yo éramos mejores amigos desde hace años, nos llevábamos bastante bien y compartíamos varias cosas en común. La confianza entre los dos era inquebrantable, eso nos había permitido incluso tener sexo algunas veces sin confundir las cosas ¿Qué mejor que hacerlo con alguien de confianza?

Apenas abrí la puerta se abalanzó contra mí y me acorraló contra la pared más cercana, tomándome en brazos y pegando su boca a la mía. Disfruté de sus besos y caricias mientras me llevaba a la cama. Quitó mi ropa con rapidez y sonrió al ver mi lencería.

– Este conjunto es nuevo.

– Sip.

– Me gusta.

Bajó para besar mi cuello con delicadeza y recorrió el trazo de mi yugular con sus colmillos, luego bajó a mis pechos y los amasó con delicadeza entre sus manos. Gemí cuando rasgó la piel de mi abdomen con sus garras y acarició mi vulva por sobre la ropa interior.

Se deshizo de sus pantalones con rapidez y de mis bragas para penetrarme de una sola vez. Enterré mis garras en su espalda y jadeé al sentirlo dentro. Se movió contra mí con una velocidad brusca, sin embargo no me importó, no necesitaba un chico que me tratara con cariño. Nos mantuvimos en ello por varios minutos, cambie de posición para quedar sobre él y aumentar el roce para mi propio placer. Llegué al clímax y sentí mis ojos arder mientras me sujetaba a él intentando detener mis espasmos. Él alcanzó su propio orgasmo unos segundos después entre gruñidos roncos y desesperados. Me moví hacia un lado y ambos nos quedamos ahí, mirando hacia el techo con nuestras respiraciones entrecortadas.

– Ni siquiera me has invitado a comer y mira como hemos acabado… – Musité mientras hacía un puchero y él se rio. - ¿Vemos una película?

– Me leíste la mente.

No había cariños ni abrazos post sexo, esa era la regla primordial si se quería mantener una buena amistad. Me levanté de la cama y busqué mi ropa por el suelo. Cuando estuve vestida le ofrecí comer algo juntos y luego despacharlo.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Miré el reloj en mi muñeca esperando impaciente, llevaba 20 minutos de atraso. El timbre sonó y lo abrí con el ceño fruncido.

– No puedes llegar tarde cuando tenemos un trato.

– Tenía cosas más interesantes que hacer. Además, no olvidemos que esta clase fue retrasada por ti, no por mí.

Kagome caminó hacia el interior sin ponerme atención y amarrando su cabello azabache en una coleta alta. La estela de su aroma a vainilla la acompañó en todo momento, sin embargo había otro aroma sobre éste, opacándolo levemente y era masculino, no femenino. Por algún motivo tuve curiosidad por saber quien era.

– ¿Estuviste acompañada durante la tarde? – Se dio vuelta a mirarme.

– Si… fue a verme un amigo.

– ¿Te coges a tus amigos?

– Hmm... a veces, sólo cuando tengo ganas. – Musitó honesta sin darle importancia, me sonrió y se acercó a mí. – ¿Vamos a entrenar o quieres hablar de como ambos hemos cogido esta tarde? – me reí.

– No, no me interesa, de todas formas debes ser terriblemente mala en la cama. – Quise hacerla enfadar, sin embargo ella me sonrió.

– Ja, no tienes idea. Bien… ¿Seguimos donde nos quedamos? – Asentí.

Nos mantuvimos entrenando un par de horas, hasta que ambos estábamos lo suficientemente sudados y jadeando como para detenernos. Me sorprendí con lo rápido que aprendía, en pocas horas se me había hecho complejo seguirle el ritmo.

– Necesito ducharme. – Exclamó aun tirada en el suelo. La miré a unos cuantos metros a mi lado, pequeñas gotitas de sudor poblaban su frente.

– Yo igual. – Me puse de pie e hice estiramientos rápidos. – Puedes bañarte tu primero si quieres.

Asintió y se puso de pie. Soltó su cabello y el como sus ondas rebotaron al caer me hipnotizó por unos momentos. Disfruté de la vista de su trasero mientras caminaba al baño... no me arrepentí de nada.

El timbre sonó y me pareció extraño, era difícil que fuera Kikyo otra vez. Abrí la puerta con desconfianza y Miroku me sonrió, con 4 botellas de whisky entre sus brazos y otras más en unas bolsas.

– Hola, es viernes, ¿bebemos? – me reí.

– Ahora estoy un poco ocupado…

– No vengas con excusas de mierda. – me empujó para pasar y acomodó las botellas sobre la encimera de la cocina. – ¿Y este tatami?

Estuve a punto de responder cuando sentí la puerta del baño abrirse. Kagome salió otra vez envuelta en una toalla blanca, con su cabello mojado.

– Dejé mi bolso con ropa de cambio aquí afuera, lo siento. – Subió su mirada y nos encontró a ambos mirándola fijo. – Okey… creo que volveré al baño ahora mismo.

– ¿Ella es con lo que estabas ocupado? – Miroku me susurró.

– Definitivamente no del modo en el que crees. – Contestó Kagome por mí. Miroku le sonrió y se acercó a paso rápido.

– Soy Miroku, es un gusto conocerte. – Extendió la mano hacia Kag y le sonrió coqueto, intentando hacer una jugada, lo conocía demasiado. – Disculpa que sea tan directo, pero eres muy guapa.

– ¿De verdad? Gracias. – Kagome le sonrió coqueta.

– Podríamos salir algún día.

– Quizás.

– Ehm… – Aclaré mi garganta y ambos me miraron. – ¿Puedes vestirte mocosa? Miroku es de esa clase de chicos de los que deberías temer.

– Okey, iré a vestirme.

– He traído alcohol, varias botellas, alcanza para los tres, por si quieres quedarte. – Exclamó mi mejor amigo.

– Hmm…

– No, no puede quedarse. – Respondí por ella.

– De hecho si puedo. – me sonrió desafiante. – Me visto y vuelvo.

– Por supuesto… ¿Cuál es tu nombre?

– Kagome. – Y volvió a encerrarse en el baño. Apenas desapareció Miroku se giró a mirarme impactado.

– Joder, de verdad es muy bonita.

– Miroku… es la chica que intentó matarme hace unos días. – guardó silencio por unos segundos, algo no le calzaba.

– ¿Qué hace viva aún y en tu departamento?

– He decidido entrenarla y enviarla a acabar con el tipo que le ofreció recompensa por matarme, no quiero ensuciarme las manos personalmente.

– Para mi parece una simple humana.

Kag salió unos minutos después con unos Jeans ajustados en azul marino y una camiseta negra holgada. Se sentó a un lado de Miroku mientras yo servía los vasos.

– Entonces… ¿Intentaste matar a Inuyasha? – Miroku habló con confianza.

– Ah… si, por cosas de negocios.

– ¿No eres humana?

– Nop.

– No te creo.

Kagome lo miró fijo y pude ver en cámara lenta como dejaba de controlarse y sus rasgos demoniacos hacían aparición, Miroku fue testigo de lo mismo que yo hace unos días atrás y sinceramente lucía aterrado.

– Que mierda…

– La chica tiene la capacidad de ocultar su energía youkai, ya te lo había dicho y no quisiste creerme. – Exclamé restándole importancia. – Según ella se puede entrenar.

– Eso te hace bastante letal como asesina, puedo apostar a que los pobres youkais que mueren a tus manos ni siquiera se enteran de que están en peligro.

Me molestó el como Miroku solo parecía adularla y el como ella sonreía más con él que conmigo. Debido a eso tuve la brillante idea de invitar a Sango por mensaje, la única chica que realmente le importaba al sujeto a mi lado. Cuando llegó pareció olvidarse completamente de Kag, aunque Sango y ella generaron lazos de confianza inmediatos, algo que no había logrado que pasara con Kikyo.

Se me hizo insoportable el que todos hablaran de lo fantástica que era Kagome en todos los sentidos y no porque fuera mentira, si no porque hasta ahora había estado intentando convencerme de lo contrario. Para mi esta chica era un escalón para llegar a un objetivo.

La miré reír junto a Sango mientras bebían y ella me enfocó con sus ojos chocolate por un instante, me sonrió gentil y yo solo fui capaz de correr la mirada, de algún modo me desagradaba. Me desagradaba su voz, su apariencia y su risa, incluso su aroma era detestable, eso no iba a cambiar nunca y esperaba que estos tres meses pasaran rápido, mientras antes desapareciera de mi vida, mejor.