Notas:

Gracias por haber elegido una historia de mi creación.

No sé si es la cantidad de tiempo que ha pasado desde su lanzamiento o la cantidad de personas en la tripulación con todas sus interacciones, pero la Nami del presente actual (al momento de escribir esto) se siente como una sombra de lo que era la Nami de tiempos pasados. La navegante que recuerdo era sagaz y picara, con un pasado que la hacía fuerte y resiliente pero a la vez vulnerable y real. Ahora, con varios espacios de la tripulación llenos y un estilo de dibujo que no le hace ningún favor (la necesidad de sexualizarla a ella y otras es una tontería, aunque cada quien tiene su opinión) se siente como si una de sus obligaciones es ser "una de las mujeres" más que otra cosa, lo cual era anteriormente un derivado de su personaje nomas; no necesitaba tener una anatomía imposible o andar con minúsculas ropas para ser interesante en lo absoluto. Todavía tiene sus momentos, pero he confirmado con muchos que, definitivamente, no es lo mismo.

Por eso es que al escribir esto me llega un contraste pues imagino a la Nami de tiempos pasados con el Luffy del presente. Con relación al capitán, si es cierto que su naturaleza es ser apasionado por la aventura y no ser una persona brillante, pero quienes han seguido esta serie conocen la evolución que ha tenido, no solo física, sino mental y emocional. Si, todavía es el idiota designado, pero la gente no le da crédito de lo que realmente debe saber y sentir. Por supuesto, la naturaleza de One Piece no hace necesario hundirse en este tipo de exploración, pero entiendo que la oportunidad esta ahí y por eso intente este escrito.

Que haya atracción, afecto y deseo en un grupo confinado en un espacio cerrado donde interactúan, comparten y viven es algo más que natural y, aunque no es un enfoque necesario, entiendo que es una fortaleza de la serie pues, de una forma u otra, un fic de ese tipo nunca se siente del todo fuera de contexto. Después de todo, los romances de colegio y de oficina ocurren porque compartimos mas con esas personas de lo que estamos solos en nuestras casas, así que por qué no a bordo de un barco? La gente se conoce, se apoya, se ayuda, se cuida, se protege y por qué no, se crean conexiones mas allá de las esperadas.

Sin más, les dejo la historia. Gracias y que la disfruten.

Tolerancia

Algunas veces el necesitaba un abrazo y Nami conocía todos los prerrequisitos para que eso ocurriese.

Primero necesitaba estar a altas horas de la noche, cuando el resto de la tripulación finalmente estuviese descansando y el pudiese estar solo, caminando con estrés y preocupación en la cubierta del Sunny, sus pies arrastrándose en la madera.

Segundo, necesitaba pasar un evento traumático y no había nada que le destruyera la paz mental y emocional como lo era ver a sus nakama peligrar por sus vidas. Podría salir de un encuentro cercano con la muerte con una sonrisa llena de dientes pero cuando la adrenalina se iba y su mente se recordaba las muchas veces que estuvo al perderlos y el dolor en sus cuerpos, mentes y corazones, se volvía una ruina.

Mientras subía de las habitaciones y se dirigía a cubierta Nami se pasaba la mano por los brazos, su suave y delicada piel todavía cubierta de diversos moretones y vendas que tapaban cortadas y raspaduras. Su pierna izquierda dolía un poco al pisar y su hombro derecho la mataría en la mañana, pero no podía negar que fue de los que mejor salió del enfrentamiento de la marina de aquella tarde.

Cuando ocurrían con esa magnitud podía cerrar los ojos y revivir muchísimos detalles con claridad: El aceleramiento del corazón al escuchar los cañones, el ver a lo lejos las velas con los emblemas enemigos llenos de mal augurio, el crujir del barco debido a los ataques y maniobras, los gritos de valentía y pánico de sus nakama, las miradas llenas de violencia, dudas y terror de ambos bandos, las heridas apareciendo en los cuerpos, la sangre que había que limpiar una vez estuviesen a salvo, el esfuerzo sobrehumano de Chopper de no estallar en lagrimas mientras reparaba los cuerpos de las personas que eran su única familia... Todo eso y más se mantiene a flor de piel, navegando dentro de uno como los diversos monstruos marinos que surcaban las aguas en las que navegaban. Nadie lo mencionaba en el Sunny pero todos se llevaban aquel trauma a la cama al caer la noche y era algo difícil de digerir. Nadie estaba exento.

A lo lejos, cerca de la cabeza del león en la proa, Nami observó la figura que estaba buscando, encorvada y con las manos sujetando la baranda con tal fuerza que los nudillos estaban blancos. La luz de la luna, llena y radiante, causaba un aura melancólica en aquella persona al ser cubierta por un sombrero de paja, dejando el rostro y cualquier sentimiento que estuviese en el en oscuridad.

Nami se detuvo a un par de metros de su capitán. Su ligera ropa de dormir dejaba sus hombros y piernas al descubierto, por lo que una suave corriente la hizo estremecer. Tocó la baranda con sus uñas un par de veces, atrayendo su atención. Tardando un par de segundos, Luffy finalmente enderezó la espalda y se giró hacia la navegante.

En ese mismo instante, otra corriente de aire pasó por la cubierta, empujando el sombrero de paja de la cabeza de Luffy. Al instante en que la luz de la luna iluminó su rostro Nami suspiró sonoramente y sintió su alma hundirse: Los ojos, la frente, el mentón, la boca... todas las facciones de su capitán se encontraban duras y sombrías, completamente alejadas de aquella figura de valentía, aventura, coraje y camaradería que los guiaba en aquella aventura en la que todos se embarcaron. La persona que tenia frente a si era un hombre con una enorme carga emocional, afligido por las decisiones, responsabilidades y consecuencias del modo de vida que él y su tripulación decidieron llevar.

Y aquello Nami lo detestaba.

Lo detestaba mayormente porque todos en ese barco habían tomado la decisión de seguirlo para poder cumplir sus sueños por cuenta propia y cada uno (Aunque muchos no lo admitieran de frente) estaban dispuestos a morir por ello. Si, era cierto que con cada isla que pasaban y cada día que transcurría la competencia y los enemigos era mas difícil, y con cada nuevo nivel de probabilidad en contra de ellos pensar en la muerte se hacía cada vez más frecuente, pero era algo que cada uno hacia voluntario, y no era su deber sufrir la carga de todos. El no tenía el derecho de sufrir por los golpes, heridas, traumas y riesgos de todos.

Pero sobre todo, lo detestaba porque aquel no era el rostro del capitán que tanto admiraba y quería. Aquel no era el rostro de esa persona que, por mas defectos que tuviese (y tenía muchos, como todos los desencajados de aquella tripulación) siempre sonreía, siempre saltaba de alegría ante la idea de aventura, intoxicado por el romance del mar y las recompensas que traía el enfrentarlo. En estas noches, por un corto tiempo, el Sunny era invadido por un desconocido que robaba el puesto de Luffy, y Nami detestaba eso. Lo detestaba tanto, tanto!

Sintiendo sus uñas clavarse en la palma de la mano debido a la cólera, Nami no aguanto más y caminó en dirección a Luffy. Tomó su rostro y lo coloco en su hombro mientras lo sujetaba con suavidad.

"Está bien Luffy, todo está bien."

Como en otras veces, Luffy tardó unos segundos en reaccionar. Finalmente rodeó a Nami y se dejó caer encima de ella. Incapaz de soportar el peso Nami fue bajando hábilmente hasta quedar ambos sentados en el suelo, entrelazados entre brazos y cabellos.

"Aquí estoy Luffy, si? Todo está bien. Todos estamos bien."

Las manos de Luffy, fuertes y masculinas, apretaban con fuerza a Nami y, aunque su cuerpo aun estaba tierno por las heridas, no se inmuto en lo absoluto; había visto las heridas de Luffy antes de que Chopper las tratara y eran mucho, mucho peor que las de todos incluidos. Que su fuerza y voluntad fuesen tan monstruosas que sanara más rápido que otros no le quitaba que sintiera, y eso contaba tanto física como emocionalmente.

Ambos duraron así por un largo tiempo. Los dedos de Nami jugaban con el pelo de Luffy mientras le susurraba palabras de apoyo al oído. Luffy no lloraba, ni gritaba ni respondía; simplemente se limitaba a aceptar aquella ayuda que lo devolvía a la realidad, que le traía el deseo de continuar aquella aventura, y que le retornaba la voluntad de sonreír, de vivir.

Finalmente, Luffy dejó de apretarla con fuerza y Nami sintió como apoyó la barbilla en su hombro, seguramente mirando a la distancia, incapaz todavía de encararla.

"Estuvo demasiado cerca Nami" dijo finalmente con una voz ronca y firme, extranjera del cuerpo del cual salió.

Nami tomó esa oportunidad para mirar a su capitán a los ojos. Tomó su rostro con ambas manos y lo puso frente a sí. Luego le dio la sonrisa más dulce que su rostro pudo fabricar "Así es Luffy, pero míranos aquí todavía, vivitos y coleando. Por qué preocuparse tanto? Por que atormentarte con algo así?"

Luffy intentó desviar la mirada pero Nami le acarició las mejillas con los pulgares, retomando su atención. "Todos sabíamos lo que hacíamos cuando aceptamos tomar esta vida del mar Luffy, desde el primer día".

"Pero-"

"Y nadie te culpa ni te culpara por nada. Lo sabes, verdad?"

Luffy no respondió a la pregunta. Nami juntó su frente con la suya y cerró los ojos para que tuviese privacidad suficiente para responder. "Me crees en eso, verdad Luffy? Sabes que no abandonare tu lado ni voy a soltarte hasta saber que estas bien, verdad?"

Luffy asintió suavemente, la piel y el pelo de ambos rozándose en la fría noche. Nami abrió los ojos y se percató de que Luffy miraba atentamente sus labios. Se sintió sonrojar antes de separarse.

"Quieres que me quede un rato más?" Preguntó la navegante. Sin esperar respuesta apoyó su espalda a la baranda y guió a Luffy al lado suyo. Tomó su mano dentro de la suya y ambos extendieron las piernas. Finalmente Luffy apoyó su cabeza en uno de los hombros de Nami mientras suspiraba sonoramente. Por un instante, en el ese momento parecían las únicas personas en miles de kilómetros, rodeados de infinidad pero con toda la compañía que necesitaban

Después de un minuto de silencio, Luffy balbuceó algo imperceptible.

"Que dijiste Luffy?" Preguntó Nami mientras miraba al cielo. Allá arriba, una traviesa nube intentaba en vano tapar la inmensidad de la luna.

"Dije que no me gusta cómo se ven".

Nami pestañó un par de veces, confundida. "No te gusta como se ve qué?"

"Tu cuerpo cuando está cubierto de heridas. No se ve... No es correcto."

"Eso es parte del negocio. Estas también triste por eso?"

Luffy no dudo en responder. "Si. Es mejor... cuando no estas así".

Y como años de una vida dura y difícil entrenaron a Nami a no mostrar directamente sus emociones, se limitó a entrelazar sus dedos con los de Luffy mientras sentía su corazón golpear con tanta fuerza que pensó que iba a desmayarse en aquel estado frágil. Mas que las palabas (o el elogio que se ocultaba dentro de ellas; sabía muy bien lo que Luffy intentó expresar), lo que llenó su alma de júbilo fue que la voz que las dijo eran las del Luffy que conocía y quería, lo que significaba que en la mañana todo estaría bien, como a ella le gustaba. Tendrían una oportunidad de sonreírle a la vida y a la aventura nuevamente.

Nami sabía que dentro de unos momentos Luffy se quedaría dormido y ella lo despertaría para ambos volver a sus habitaciones. Caminarían con las manos entrelazadas y Luffy la dejaría en la puerta del cuarto de las mujeres sin decir palabra, aun cuando eso significase caminar el doble pues era lo que le gustaba hacer.

Pero por el momento ambos se quedaron allí, compartiendo con el otro. Ambos sabían que momentos así iban a ser mas difíciles y escasos en el futuro, pero eso solo los hacía más importantes. Lo que todos necesitaban -lo que ella necesitaba- era que su capitán estuviese ahí para ellos, y Nami con gusto seguiría haciendo el trabajo de ser su ancla, su timón, y la persona que lo saque de los momentos más oscuros de su vida. Eso lo haría con una sonrisa en el rostro y el corazón lleno de cariño. Cariño que solo le pertenecía a él.

Fin.