Los personajes no me pertenecen.
Feliz 2020!
Nanda
Un nuevo y renovado año había comenzado en el colegio de magia y hechicería, las cosas se sentían igual que siempre por los pasillos, aunque el olor a pintura y algunas de las áreas aún en reconstrucción, recordaban todo lo que en realidad pasó.
La guerra acabó, pero las cicatrices quedaron y no solo en la infraestructura del castillo o de los barrios mágicos, cada persona vivía su recuperación Postguerra a su manera, unos olvidando todo lo que paso, otros sin poder olvidar continuaban llorando sus pérdidas, en cambio otra parte de la comunidad con el positivismo de saber que estaban vivos y listos para comenzar hacer las cosas mejores, en fin diferentes puntos de vista para ayudarse y recuperarse de la guerra. Pero en algo todos estaban de acuerdo, la vida continuaba.
Por eso Hogwarts abrió sus puertas inmediatamente. Para que todos puedan continuar sus estudios. Un nuevo plan académico para los alumnos que no habían podido acabar los siete años clasicos, además de ofrecer una forma de superación de la guerra diferente.
Era la primera vez en muchos años, que los amigos decidieron por caminos diferentes, y eso estaba creando una gran corriente de comentarios de por qué se separaron.
Harry Potter comenzaría su entrenamiento de aurora a finales de octubre y su relación con Ginny volvía a empezar sin miedo a que mortífagos o el mismo Voldemort se interpongan.
Ron Weasley se entregó por completo a su familia, ahora era la mano derecha de George en la tienda de bromas, encargado de la parte administrativa, soltero por decisión propia.
Y Hermione, después de encontrar a sus padres, de asegurarse que estén bien en su hogar,decidió volver a Hogwarts, estudiar era lo que mejor hacía y pensó que el regresar al colegio sería la mejor medicina. Nunca nadie supo la razón por la cual Hermione decidió tomar la opción que el colegio ofrecía, nunca pidió opiniones, ni tampoco justificar sus motivos. Solo un día llegó a la madriguera e informó que regresaba al colegio.
Dos semanas habían pasado desde el inicio del año escolar, y la noticia de los últimos días continuaba en boca de todos, *El trio dorado separado. *
Hermione se sentó en la punta de la mesa de Gryffindor a leer el periódico, obviamente no el profeta por razones propias, no había alcanzado el desayuno por dormir, y sí Hermione Granger había retomado su fiel tradición de la infancia, de dormir hasta que su cuerpo diga "ya basta!", desde que llegó a Hogwarts sus fines de semana se respetaban, cerraba cortinas de su cama, silenciaba su area además de oscurecerla con magia, podía estar cayéndose a pedazos el colegio *Nuevamente* y ella nunca se enteraría. Desde la primera vez que decidió no activar la alarma, se preguntó a ella misma ¿ de que servía madrugar ahora?, le daría a su cuerpo las horas de sueño perdidas durante toda su época de estudio más las que perdió durante la guerra, a decir verdad Hermione Granger había decidido darse a ella misma todas esas emociones y cosas que durante los años de estudio, se quitó. Regresar a Hogwarts la hizo cambiar de opinión en lo que quería para su vida, y superaría la guerra a su manera dentro del colegio, pero no con la ayuda de él.
- Señorita Granger, el almuerzo será servido en dos horas aproximadamente, pero pude conseguir esto. - un elfo doméstico se le acercó con una bolsa de galletas de diferentes sabores y lo que parecía un termo de jugo de naranja. Hermione lo miro sorprendida, ella no había ido a pedir comida a la cocina. - Oh si, la directora Mcgonagall me pidió de favor que esté pendiente de su llegada a la mesa. - lo más seguro es que el elfo sabía lo que pensaba la chica sobre su extraña llegada.
- Gracias. - Tomó la comida y la guardó en su mochila. La sensación de persecución dentro del colegio no era mentira. Desde que llegó los profesores de Hogwarts la vigilaban constantemente y eso ya la tenía fastidiada. No solo tenía que soportar las miradas de los estudiantes, también debía soportar a los profesores y sobre todo a McGonagall.
Salió corriendo del comedor, a buscar algo de paz interior, una misión casi imposible, llevaba días tratando de buscar un lugar para ella dentro del colegio, pero todos parecían no adecuados, En los dormitorios el olor salado de lágrimas de los estudiantes, pasillos del colegio ojos y miradas, hasta la biblioteca estaba llena de cuchicheos sobre ella.
Buscaría paz esta vez en las alturas, se acordó de la torre de astronomía, torre abandonada por su historial con mortífagos y Dumbledore, además de que faltaba terminar la remodelación lo que era igual a no clases ni alumnos molestosos usando el telescopio, Hermione solo pensó por que no se le había ocurrido antes, corrió esquivando a unos cuantos niños de primero, antes de subir la escalera al lugar perfecto, se fijo que nadie estuviera atrás de ella, eso le regalaría un día tranquilo, y con las galletas del elfo, no tendría que bajar hasta la cena. Y justo como se lo imagino, el lugar era perfecto. Se acomodó sobre una pared, sacó su nuevo libro muggle, una novela romántica rápida, parte de la lista de lecturas para no estresarse, y comenzó a comer sus galletas.
- No creo que te hayas dado cuenta, pero el lugar ya estaba ocupado cuando llegaste. - una voz interrumpió el inicio del capítulo dos, Hermione no escuchaba esa voz desde hace mucho. - No se si compartir conmigo sea algo que quieras Granger.
- ¿Malfoy? ¿ Qué haces aquí?
- lo preguntas ¿ por qué en verdad quieres saber que hago?, o ¿ por qué estas sorprendida de que este en el lugar en donde casi mato al director ?. ¿O las dos cosas?. - Draco Malfoy salió de atrás de un telescopio, tenía el cabello largo y despeinado, algo no habitual en el, un calentador de algodón con una camiseta de Slytherin, un look un poco despreocupado para lo que estaba acostumbrada Hermione del tipo. - Creo que voy a contestarte igual todo, este lugar siempre fue mi favorito desde siempre, no me parece justo abandonarlo por un error, ademas estoy tratando que las cosas negativas del pasado no me afecten, tengo una oportunidad en mi vida y no quiero desperdiciarla con cosas que odio. Ahora contestando la otra, en este momento estoy leyendo este estupido libro de ruinas antiguas, lo que es irónico con todo lo dicho anteriormente, ya que odio la materia y aún así estoy desperdiciando mi tiempo leyendo esto.
- ¿Sabías que los alumnos del octavo año que el ministerio y no se quienes más inventaron, no entramos a un proceso real de calificaciones?. Lo que significa que en realidad no somos estudiantes.
- ¿ Por eso estás faltando seguido a las clases inventadas para los pocos y escasos estudiantes de octavo?
- sí principalmente por eso, pero por otros motivos también. Estoy dándome el descanso que necesito en mi vida, no quiero estresarme más por notas o deberes.
- No entiendo entonces por que molestarte con estar aquí en este castillo de mierda- se sentó al otro lado de la chica, y le robó una galleta, una de chocolate.
- Pensé que estar aquí me traería paz , pero me equivoqué. - con su varita transformó una piedra en vaso, y sirvió un poco de su jugo para compartir con el rubio. - Y no solo hablo del colegio, también está pasando con esta torre.
- No voy a disculparme por eso, ya que está es mi torre y tú entraste sin mi permiso. Anda a buscar paz a otro lado. - se tomó el jugo viendo de reojo a la bruja más famosa del momento. - Para que no me digas que soy un idiota arrogante, te comento que no me molesta compartir el lugar, es relativamente grande para los dos, pero tengo solo dos condiciones, deberás traer de estas galletas de chocolate siempre, y solo de chocolate- recalcó el sabor. -No se donde las conseguiste pero están fabulosas.
- Perfecto puedo hacerlo, ahora que estamos de acuerdo por fin en algo, ¿ puedo seguir leyendo?.
- Claro que si Granger, pero falta la segunda condición, tienes prohibido usar mi área de lectura. - se paró del lugar junto a la chica, dejando la bolsa de galletas junto a ella, movió su varita y consiguió separar las galletas de chocolate en una bolsa separada. - Hermione Granger ¿ qué se siente cumplir las condiciones desde el primer día ? - se burló, se fue atrás del telescopio, donde tenía arreglado su sala de lectura personal.
Hermione comenzó a leer, olvidándose que no estaba sola, pero Draco Malfoy tenía razón el lugar era grande para compartir, ya estaba terminando el capituló veinte de su libro y la presencia del rubio no se sentía para nada, suspiró ya que al fin había que encontrado paz en el castillo aunque sea compartida. Vio el cielo ya estaba oscuro, el tiempo leyendo pasaba volando, miró la hora y se sorprendió al darse cuenta que solo faltaba una hora para que se acabe la cena. Y en realidad tenía hambre, solo había comido galletas en todo el día. Guardó su libro en la mochila, y se acercó al telescopio que cubría la entrada al área del rubio, en verdad se había inspirado en el lugar, un sofá, almohadas, un escritorio pequeño, algunos libros regados, prácticamente perfecto, estaba cubierto con una cortina lo que le daba una sensación de ser un cuarto interno y no una al aire libre.
- Malfoy. Es hora de la cena. - le tocó el hombro al rubio que dormía plácidamente en el sofá gris.
- Granger, no me gusta que me levanten, es muy fastidioso. Además estás en mi territorio.
- la condición es no usar tu sala de lectura, yo solo vine a decirte que te vas a quedar sin comida. - le contestó rápidamente, estaba enojada, ella se había preocupado por la serpiente y este le contestaba de mala gana, pero al mismo tiempo la sensación de preocuparse nuevamente por alguien era agradable. Siempre había sido su trabajo empujar a Harry y a Ron.
- Me gusta ir al final, así evito a los niños de primero jugando " observa al mortifago " .
- No te deberías preocupar por eso. Últimamente prefieren jugar " ¿ Cuántas veces parpadea Hermione Granger ?"
- Eso si que suena más entretenido, no se si alguien te lo ha dicho, pero tú si que parpadeas, ¿tienes algún tic nervioso o algo así?. - preguntó parpadeando rápidamente con una sonrisa. Así fue como Hermione Granger supo que Draco Malfoy hacía bromas.
- No Malfoy, no tengo ningún tic. - evitó reírse de la broma, no iba a demostrar que él había sido gracioso. - Muero del hambre, gracias por dejarme leer aquí, y no te preocupes que tendrás tus galletas de chocolate cada vez que venga.
Draco Malfoy entró al gran comedor treinta minutos antes que toda la comida desparezca. Se sentó en su puesto de siempre, tratando de ignorar a los pocos estudiantes que quedaban en las mesas, se sirvió un poco de patatas con carne, no era un gran fan de la carne, pero ya los hambrientos carnívoros de Slytherin se habían acabado la gran mayoría de las opciones, y con toda la historia de austeridad que el colegio estaba siguiendo, la comida no sobraba como en sus épocas de "verdadero estudiante". Sonrió al recordar la forma despectiva que Hermione Granger se refirió al octavo año y todo lo que tenía que ver con el estudio que estaban teniendo, una gran mentira de la sociedad donde ellos por mala suerte estaban inmersos, se volvió a reír recordando a la chica de la tarde, con esa actitud rebelde, atractiva para el gusto del rubio en realidad. Levantó la mirada para buscarla en la mesa de Gryffindor, saber si continuaba cenando, si compartía con alguien o no, pero ahí estaba sola casi al final de la mesa, Draco se rió al verla parpadear mientras tomaba una rebanada del cake de zanahoria, la observó como lo comía mezclado con lo que parecía el queso crema de la ensalada , idea rara que enseguida copió para probar y le encantó. Malfoy estaba cautivado por la Gryffindor, y su parpadeo constante y su forma de ignorar todo a su alrededor, incluyéndolo. Pero Granger tenía razón, los estudiantes más la miraban a ella que a él.
- Señorita Granger, aquí tiene las galletas de chocolate que me pidió al llegar, esta es una receta que solo hacemos para la directora McGonagall , pero me alegra que le hayan gustado. - el mismo elfo doméstico de la mañana le entregó una bolsa de galletas de chocolate recién horneadas.
- Muchas gracias. - le sonrió al pequeño elfo que salió corriendo emocionado por hacerla feliz. Ahora ya con las galletas de chocolate en su poder, Hermione podía saltarse el desayuno para ir directo a la torre de astronomía a leer, cumpliendo el requisito del rubio. Lo buscó en la mesa de Slytherin y lo encontró viéndola con una media sonrisa en la cara, con un sutil movimiento le mostró la bolsa de galletas para adelantarle la noticia de que mañana tendría nuevamente compañía, y para su sorpresa, el rubio la miró fijamente como tratando de decirle algo, parpadeó rápidamente y con sus manos le hizo un número ocho, y volvió a reírse. Hermione se rió a lo lejos, Draco Malfoy se estaba burlando de ella, y no le desagradó, se levantó de la mesa con la bolsa de galletas, segura que mañana domingo sería un buen día
