Pensé que podría vulnerar mi destino, inclemente como una tormenta agitando un barco a la deriva en el océano, tan solitario y vulnerable como la vida misma, inundando con las aguas más oscuras cada pequeño rincón de mi alma, como un murmullo atravesando a la muerte, arrastrado desde un pasado brumoso, del cual recuerdo poco, pero cuyas heridas sangran y manchan mi camino, dictando mi maldito destino.
Dime ahora, como debo cargar este peso, como olvidar, el secreto de tu pasado es un misterio, pero aun lo vives, sin saberlo.
¿Como sobrevives? La ignorancia es más dolorosa que la verdad, las pistas que dejaste son menos que las memorias esparcidas en mi mente, fragmentadas reflejando lo que fue sin poder definirlas, una historia incompleta, una mente perturbada.
Es como si desearás ser olvidado, pero ahora lo recuerdo.
¿Por qué quieres repetir la historia? Aún siento el anhelo, no sabes esto, no soy capaz de expresarlo en palabras, no soy capaz de decirte que conocí tu pasado, no soy capaz de decirte que descubrí algo que rompería los esquemas, no soy capaz de confesarte que por segunda vez me ayudaste a escapar.
Aún la figura de sus cuerpos colgantes me persigue desde el pasado, un segundo exorcista, un ser maldito, aún puedo sentir el terror de saberme entre ellos.
Como olvidarte, Allen, Moyashi, antiguo compañero de Campbell, tus convicciones me motivaron, tus ideales me arrastraron al corredor de la muerte, volví a la vida y ahora solo puedo observarte, no fui consciente por mucho tiempo, cuanto lo siento, no sabía lo que hacía, sentía irá, sentía dolor.
Todo esto, es demasiado peligroso.
Todo esto, solo nos traerá perpetuo sufrimiento.
Lo siento tanto, lo digo ahora, por qué sé que no podré decirlo en otro momento, lo escribo ahora, porque el tiempo se acaba y desde el fondo ruego que esto acabe, por qué no se si soportaría perderte nuevamente.
En aquel tiempo, en aquella vida pasada que olvidaste, eras un consejo, un buen hombre, un orador, eras quien me permitió estar con quién amaba, eras quien intento evitar que el camino de la muerte nos alcanzará, aun si tus ideales eran el rumbo directo a ellos, sin saberlo todos fuimos culpables de esta cruzada.
Curioso ¿No? En esta vida me dejaste huir con quién ame, pero te aseguraste de que esta vez el sendero oscuro no nos tocara, solo la maldad y locura que intentas evitar fue la mayor culpable, desquicio y rencor que con un plan muy loable accediste a exterminar a pesar de la agonía de tu alma, por qué tú le amabas y ahora odio que lo hubieras echo.
Eras el amado del músico, eras el sueño del poeta.
Es el presente, todo es distinto, ambos dejamos eso atrás ¿Por qué no intentar? Se que lo arruinó todo, eres mi compañero, solo mírame, volví por voluntad, por qué incluso ahora lo eres, no quería admitirlo, la sola idea de que todo se repita tortura mis sueños cada noche, no soy capaz de recordar con certeza su rostro, ni la forma del "arma de Dios" en mi compañía, solo el rostro desfigurado que me llevo a la silenciosa calle tras la vida, teniendo tanto cuanto recordar solo eso quedó grabado en mi mente.
Hubiera preferido recordar tu rostro claramente, pero solo aquellas gafas que cubrían el brillo de tus ojos y algunas palabras son el lecho de hojas dónde mis recuerdos intentan mantenerte.
Déjame escogerte, déjame estar a tu lado, por qué no podré vivirlo de nuevo, mi mente se quebranta, al igual que la vida de ella.
Se destruyó, en este universo no existe entidad que pueda librar su alma del castigo, la corrupción fue demasiada y con ello, el devorador exigió lo que quedó de aquellos lotos, que una vez fueron mi vida y que ahora dejo atrás por voluntad.
Vuelve conmigo, Moyashi, vuelve conmigo Allen Walker, no soporto las voces, no encuentro una salida, por qué estos sentimientos de amor me apuñalan por la espalda cuando intento seguir tus pasos sin alcanzarte.
Eres el bufón más escurridizo, el más perseverante, por eso, deja de exponer tu espectáculo a un rey tirano, voltea al pueblo y mírame, no seas más el amado del músico, no seas la voz del poeta, mírame, a mí, un simple estúpido en el público, rogando tras su orgullo por un simple avistamiento de tus ojos, por qué no existe manera de que te diga esto.
Por que de mi queda tan poco que no soy digno, solo soy digno de decir que tomare tu vida, si el músico intenta manifestarse.
Los pasos se pierden en la susurrante noche, las calles silenciosas, solo resguardan secretos, esos que no son posibles de decir, por qué había pasado horas pensando la forma correcta, había puesto sus sentimientos en pensamientos y no era suficiente, estaba dispuesto a olvidar, a enterrar sus sentimientos entre la tierra pantanosa y finalmente cerrar los ojos para velar lo que debía acabar, por qué el hermoso joven de cabellos albinos perdía poco a poco su cordura, poco a poco el cuerpo que sin saber había sacrificado por amor.
Los Bookman lo sabían, lo había descubierto tras seguir pistas que no pensó darían con un secreto atroz. Un secreto que ahora no sabía si quería comprender, no sabía si deseaba vivir algo así, no cuando su cuerpo apenas podía con una batalla.
—¿Kanda? —Maldijo, aun escondiendo su rostro bajo la oscuridad de aquella habitación y sus manos aprisionadas contra su rostro, sosteniendo parte de sus cabellos que lacios se entrelazaban con los dedos rígidos de nerviosismo.
Allen Walker era el sol de sus pensamientos y aquello volvía todo tan abrumador y peligroso, porque él sabía que no había futuro allí, ese joven no le vería con otros ojos, por que no era el momento de que un corazón se enamorara, menos el suyo.
—¿Te desperté? —
—Solo quería saber si estabas bien, desde hace mucho tiempo te veo con la mirada perdida—Las palabras le hacían saber que llevaba más de unos minutos despierto, había perdido la noción de la realidad, en su mente sus pensamientos se agolpaban, escuchándolos sobre sus oídos como si adquirieran más fuerza frente a sus decisiones de no exteriorizar sus puntos más vulnerables.
—Pensé que seguías durmiendo—Fue su simple contestación y se reprendía por ello, si bajaba la guardia, probablemente moriría, un descuido hace la diferencia, lo sabía más que nadie, así fue como su primera vida fue arrebatada, pero no tenía por que confesarse ante nadie de ello, si simplemente callaba no sería evidente.
—Creí escuchar que me llamabas en mis sueños—La respuesta fue un golpe bajo y lentamente se volteó en la cama, observando simplemente el rostro tranquilo de su compañero, apenas podían descansar, siempre en movimiento, escondiéndose, montando guardia uno tras otro, apócrifos era solo un motivo por el cual huir, no les quedaba tiempo. Ya no había más tiempo realmente.
—Ese sujeto... estuvo demasiado tiempo fuera esta vez, cuando finalmente cerraste los ojos, pensé que cuando despertaras ya no volverías, pero aquí estas, Moyashi—
—Tuve una visión del pasado, caminaba por una casa enorme, donde muchas personas vivían y cuyos rostros me parecían tan familiares que pensé por un segundo, haber cambiado de dimensión—
La risa del más joven le hizo voltear, suspirando apenas al ver su rostro, se veía afligido, podía sentir su preocupación traspasar cada poro, sabía que el cuervo estaba cerca, no tan cerca como él, pero allí estaba, por que había algo más grande surgiendo, algo terrible se acercaba, algo sobrecogedor que amenazaba el mundo.
—Estas preocupado—Los dedos del joven albino se sujetaron a los suyos, no sabía cuánto tiempo había estado Neah apoderado de su cuerpo, pero apenas había conseguido dar con el cuervo y su albino compañero, el Noah se había desvanecido y ahora allí se encontraban, en una posada que no prometía nada más que una seguridad temporal.
—Estoy aterrado—Confesó con una sonrisa triste, observando el techo a medida que sus ojos se llenaban de lágrimas, no era justo que tuviera que vivir algo así, no pensó que tendría que vivir una transformación semejante.
Las palabras de Tyki Mikk ahora resonaban en su mente, ser Noah no era algo que todos tuvieran planeado en su vida, pero ahora se veía de esta forma, aterrado, sosteniendo la mano de su compañero que curiosamente no le había rechazado, solo le sostenía con sus dedos entrelazados firmemente, intentando transmitirse alguna seguridad que ahora les parecía inexistente.
—Estaré contigo hasta el final—Los albinos cabellos se agitaron cuando el joven se tensó y observó los oscuros ojos que mantenían un peculiar brillo a pesar de la oscuridad que les envolvía, traían consigo una fuerza que nunca antes había sentido, un mantra que prometía esconder algo aún más allá, sintiendo la cálida sensación ascender por su cuerpo hasta centrarse en su pecho, escuchando los claros latidos de su corazón sobre sus oídos, había algo especial que no había notado antes en ese hombre de 19 años, algo había cambiado con cada hora que había caminado tras su escape.
Kanda no le debía nada, no tenía por que permanecer a su lado, ni dedícale palabras tan dulces como esas, él no se sentía merecedor de algo así, su autoestima estaba demasiado baja, se sentía inútil y incompetente, apenas podía mantener su conciencia fuera, siendo arrasado poco a poco por las memorias de Neah que pretendía generar un cambio del cual aún no tenía claras las intenciones.
—No quiero que te vuelvas un caído, yo no quiero que...—
—Esta inocencia, ya sabía mis nuevas intenciones, mi única promesa con ella se está cumpliendo al seguir este camino, así que... déjame decidir—Sus dedos habían cubierto los labios contrarios cuando este intentó detenerle con sus palabras y los ojos inundados en lágrimas, intercambiaron miradas, decisión frente aflicción, ninguno daba crédito a lo que veían del otro, Allen apenas podía creer que ese hombre frente a él se encontrara sacrificando tanto por él, no creía haber hecho algo tan importante como para merecer una mirada devota a su persona y Kanda jamás pensó ver una mirada desecha, una expresión que por ser ese joven era hermosa, pero que por ser quien era, le parecía dolorosa de presenciar, ambos sabían cual sería el camino final, o al menos creían suponerlo. Quizás solo les esperaba destrucción una vez más.
—Kanda, no quiero...—
—Esa decisión la tomó yo...—
—¿Por qué? —
—Yo estaré contigo, aun si te vuelves un Noah, estaré allí cuando vuelvas...—
Continuará...
