Akiane, una de mis buenas amigas y autora también en el sitio, me sugirió el desarrollar un poco más el 'silly drabble' que titulé: "Un ratito".
Espero que les agrade el resultado, la imagen es la primera portada diferente que voy a usar, la autora del dibujo es Bamboo-carbon quien la creó por encargo de mi amiga Akiane para obsequiármelo como regalo de cumpleaños, lo menciono para que no haya mal entendidos de que lo tomé sin permiso o algo así XD.
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::::: Una hermosa noche estrellada :::::
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Por un error inconcebible de parte del ninja de morado, un experimento tuvo un resultado inesperado. Después de escuchar los gritos de terror de sus tres hermanos, casi al unísono con el sonido de una fuerte explosión, Leonardo llegó corriendo al laboratorio sólo para encontrar a tres infantes que lloraban a todo pulmón.
Unas horas después Abril le explicaba a Leonardo que sus hermanos estaban físicamente bien y que el efecto del accidente habría de desvanecerse en sólo un mes. Suspirando aliviado, Leonardo tomó con el mejor humor la noticia dada por su buena amiga, así que se dedicó en cuerpo y alma no sólo a cuidar a sus tres pequeños sino también a disfrutar una vez más de esa etapa maravillosa que cimentaba el amor del mayor por los más chicos.
Casi a mediados del mes, Abril, preocupada por Leonardo, se presentó en el hogar de sus amigos para ayudar al mayor con las pequeñas tortugas.
Un enorme bullicio lleno de gritos de alegría y de emoción llenaba el ambiente en el hogar de los quelonios. Abril quedó gratamente sorprendida al ver a los tres pequeños correr por todos lados disfrazados de vaqueros.
Leonardo la miró con una gran sonrisa en su cara, de verdad que disfrutaba mucho de la inocencia de los pequeños llenando su vida, sin tener que preocuparse por las batallas y las responsabilidades del liderazgo, pero también era innegable que se le notaba que estaba un poco cansado.
― ¡Tía Abril! ― gritaron los pequeños, acercándose a ella para abrazar sus rodillas ― ¡¿Quieres jugar con nosotros?!
― Ahora no pequeños, mejor quiero ver cómo juegan, ¿de acuerdo? ― les respondió la pelirroja, sentándose en el sillón para ver la acción, todas las pequeñas voces exclamaron su acuerdo y una vez más empezaron a correr por todos lados.
― ¡PUM! ¡PUM! ― Gritó el pequeño Rafael imitando el sonido de disparos apuntándole a su hermano mayor con su manita simulando una pistola ― ¡Te di! ― Leonardo se tiró al piso y se fingió "muerto" mientras que Rafael corría de nuevo con Donnie y Mikey.
Abril siguió observando a los pequeños durante unos minutos más, en cierto momento volteó a ver a Leonardo, pero le extrañó que aún estuviese tirado en el suelo. Preocupada se acercó a él, pensado que tal vez algo malo de verdad le había pasado.
― ¡Leo! ¿Estás bien? ― preguntó arrodillándose junto a él.
Sin abrir sus ojos, Leonardo respondió haciendo sonreír a la pelirroja ―: Si Abril, no te preocupes, pero ésta, además de dormir, es la única oportunidad que tengo para descansar un poco cada día.
― Leo ―, Abril se acostó a lado de su buen amigo ― ¿Siempre ha sido así? ¿Así los cuidabas cuando eran pequeños? ― Leo abrió un ojo y la miró cansado, pero feliz.
― Creo que era más fácil, no tenía tantas responsabilidades pues nuestro padre estaba presente, ésas vinieron con el tiempo, pero siempre disfruté cuidarlos pues al mismo tiempo jugaba con ellos, ahora puedo disfrutarlo más, verlos felices y tranquilos, como siempre lo quise.
― Tienes razón Leo, cuando es uno adulto… bueno, no en tu caso, pero me entiendes, se disfruta mucho más el amor tierno de los niños, sus travesuras y ocurrencias ―, dijo Abril siguiendo la plática ―, todos son tan adorables. Como si esa fuera la señal, los chicos se acercaron a ellos y todas las pequeñas tortugas se abrazaron a Leonardo, todos estaban muy hambrientos.
― ¡Emanito! ¡Omida! ― rogó Mikey tratando de pronunciar bien las palabras, si alguna vez Leonardo creyó que su hermanito bebé no podía ser más tierno, ahora estaba seguro de que estuvo muy equivocado.
― Claro Mikey, ¿qué se te antoja? ― le preguntó Leo subiéndolo a su pecho para abrazarlo con fuerza. Mikey se retorcía riéndose tratado de separarse de Leo para bajarse de su pecho y correr de nuevo, pero al ver a su hermano a los ojos empezó a abrazarlo también con todas las fuerzas de sus pequeños brazos. Rafael y Donnie, celosos de eso, también se subieron al pecho de su hermano para quitar a Mikey y abrazar a su hermano mayor.
― ¡Yo también quiero que me abraces! ― gritó Rafael consiguiendo lo que quería pues Leonardo usó su otro brazo libre. Al ver eso Donnie empezó quedamente a sollozar. Parecía que los oídos de Leonardo estaban calibrados para escuchar cualquier cambio en las voces de sus hermanitos porque de inmediato escuchó aquellos suaves sonidos.
― No llores mi pequeño ―, dijo Leonardo poniéndose de pie para alzar en brazos también al pequeño de morado, cualquiera pensaría que sólo con dos brazos no podría, pero con tanta práctica, era sencillo para el mayor.
Abril observa como Leo trata a sus hermanos, eso siempre lo ha notado, cada momento de su vida y cada respiro que da sin duda es para el bien de los menores.
― Déjame ayudarte.
Y de buena fe la pelirroja abrazó a Leo para sostenerlo y ayudarle a levantarse con tan preciada carga, pero de inmediato una miradita del pequeño de ojos color ámbar parecía advertirle que no le agradaba que lo abrazara, sutilmente comenzó a abrazarlo con más fuerza como avisando "es mío". Leo sentó a los pequeños en sus sillas altas y comenzó a prepararles un bocadillo.
― ¿Y entonces que tal eres con eso de alimentarlos? ― el mayor se sonrió.
Leonardo con toda la experiencia del mundo respecto a todo lo que concernía a sus hermanitos, de inmediato comenzó a servirles leche en sus tacitas entrenadoras, picó media manzana en pedacitos y se los sirvió a Rafael quien orgulloso tomó un tenedor sujetándolo con todos sus deditos diciendo ―: Yo ya soy niño grande. Presumiéndole a Mikey y a Donnie quienes comían manzana también, pero en puré.
Mikey no hizo mucho caso de las palabras del pequeño Rafael, pero Donnie miró a Leonardo quien alimentaba a Mikey porque su hermanito bebé no podía sostener bien la cuchara y siempre hacía un tiradero con el puré, Leonardo casi de inmediato sintió que su hermanito de morado lo miraba con insistencia y conociendo que algo le molestaba, se lo preguntó.
― ¿Qué te pasa, Donnie? ¿No tienes hambre? ― Leonardo sabía que el futuro científico quería estar a la misma altura que el de rojo porque en cierta forma se sentía inseguro, pero como Donnie aún no sabía cómo expresarlo, sólo fijaba su mirada en su hermano mayor quien de inmediato supo que hacer. Tomando otra manzana, Leonardo cortó una rebanada delgadita y se la dio a Donnie quien la sostuvo entre sus deditos, mirando fijamente el pedacito de fruta.
― Muérdelo ―, le animó Leonardo con suavidad. El pequeño así lo hizo y se sonrió al ver que podía hacerlo, disfrutando por primera vez lo crujiente del fruto. Donatelo miró orgulloso a su hermano de rojo quien hizo un puchero y dejó de comer, molesto porque ya no era el único. Abril observaba todo aquello con una sonrisa de curiosidad en su rostro, se notaba la forma de ser futura en cada uno de los pequeños, no podían negar sus personalidades, pero como aún estaban en formación, muchas veces lo dejaban de lado para volver a suplicar algo más de su hermano mayor, atención sobre todo.
― Come, Rafa ―, le pidió Leonardo al pequeño gruñón, al inicio no logró que lo hiciera, pero después de un beso rápido en su frente el pequeño terminó toda su manzana. Abril se ofreció a ayudar a Leonardo, pero los chicos no se dejaron tocar por ella, estaban compitiendo por la atención del mayor.
Leonardo limpiaba el rostro de Mikey del puré que había quedado pegado en sus mejillas y frente por un poco que había tomado con su manita. Después le siguió Rafael quien terminó rápido su leche para que su hermano lo limpiara antes que a Donnie. Cuando todos habían terminado con su refrigerio, Leonardo le pidió a su amiga que los vigilara mientras limpiaba la cocina para después preparar la cena.
Abril no estaba segura de poder con los tres pequeños, podía darse cuenta de la competencia por la atención de Leo, pero lo veía tan atareado que no se pudo negar.
― Claro Leo, sólo dime cómo los puedo tener entretenidos ―. Leo sonrió al ver la inquietud de su amiga. Le entregó un par de cuadernos, pinturas y una caja de crayolas.
― Toma esto, pueden dibujar un rato, me daré prisa para alcanzarlos. Chicos, vayan con tía Abril a la sala, los alcanzo en un momento.
Abril levantó en brazos a Mikey, Rafael miraba a Abril con recelo mientras que Donnie buscaba la mejor manera de bajar de su sillita.
― Vamos niños, haremos un bonito dibujo para Leo y si le gusta lo va a pegar en el refri ― animó Abril ayudando a Donnie a bajar para tomarlo de la mano, Rafa al escuchar el premio bajó de inmediato y corrió delante de la pelirroja y de los hermanos, Leo sonrió y se apuró a limpiar y preparar lo que necesitaba para la cena, era un alivio tener la ayuda de Abril.
Los pequeños comenzaron a dibujar, Rafael se jactaba de usar correctamente los colores al hacer el sol y dibujar a su hermano mayor tomando su mano, Donatelo sólo lo observaba muy cuidadosamente, tomando sus crayolas usó ambas manos para dibujar lo que para él era una casa con Leo saludando desde la puerta mientras que Mikey usaba sus manos con la pintura dactilar, hacía manchones muy divertidos y rio más cuando salpicó a sus hermanos mayores.
― ¡MIKEY! ¡NO! ― El grito de Rafael se sentía agresivo e intimidó a Mikey que se abrazó a Abril. Donatelo al ver al pequeño al punto del llanto tomó de sus pinturas y se pintó su cara haciendo muecas para hacer reír a Mikey.
― Todo bien, ¿si? ― Preguntaba Donnie al hermano menor quien continuó el trabajo del de morado pintándolo más y más provocando una pequeña guerra de pinturas, Rafael no quería sentirse excluido y agarrando una pintura amarilla la roció sobre ellos y Abril.
― ¡Niños, no, no hagan eso! ― pero una mancha de pintura verde le cayó directo en la frente ―. Ahora verán… ― las tres tortuguitas atacaron juntos a Abril, para cuando Leo salió de la cocina vio con sorpresa a tres tortugas y una humana multicolor con Mikey en los brazos.
― Ellos empezaron ―, dijo en forma de defensa.
― ¡Pero si parecen ensalada! ― Leo se carcajeó y caminó a ellos, limpiando un poco la carita de Rafael le decía –: Veamos a quien tenemos aquí, pero mira nada más, un par de ojos ambarinos, con que aquí estabas ¿verdad Rafa? ― a lo que su hermanito afirmó sonriendo, después fue con Donatelo e hizo lo mismo – Donnie, ¡te encontré!
Los cargó y fue donde Mikey y Abril, el pequeño seguía pintándola y cuando Leo estuvo a su alcance también lo pintó ― ¡Hey! Tranquilo artista, creo que es hora del baño.
―Leo, disculpa, creo que no he sido de mucha ayuda.
― Claro que lo eres, no se están peleando, eso cuenta mucho ―, decía tranquilo.
Abril acompañó a Leonardo al baño para seguir ayudándole con los pequeños, después de todo, ya no temía estar más sucia que en ese momento. Se hizo una pequeña escala en el cuarto de Leonardo quien ya tenía listo un contenedor plástico lleno de juguetes; barquitos, un submarino, tres patitos de goma y un pulpito morado.
Aquello hizo sonreír a los tres pequeños, podría decirse que amaban tomar un baño, pero la realidad lo que amaban con delirio era el jugar en el agua. Las tres tortuguitas miraban a su hermano mayor preparar la tina a una temperatura adecuada. El mayor colocó tapetes no resbaladizos en el fondo de la bañera y un aro de plástico del tamaño adecuado, con firmes ventosas ayudaba a Leonardo a mantener a Mikey sentadito sin que se resbalara.
Forró el grifo y las llaves con una cubierta acojinada para que no se golpearan con el metal cuando estuviesen jugando. Tan pronto como el agua alcanzó una altura conveniente, Leonardo levantó a Rafael y a Donnie, uno por uno para meterlos a agua, diciéndoles que estuvieran sentaditos para que pudieran jugar con seguridad. Abril colocó a Mikey en su aro de seguridad y también le dio un juguete para entretenerlo.
Mientras Abril frotaba con delicadeza la suave piel del más pequeño, Leonardo hacía lo mismo con un Donnie que miraba con insistencia a su pulpito hundirse para después salir de nuevo a la superficie, lo miraba realmente maravillado, preguntándose cómo era posible aquello. Una mirada de inteligencia de ambos mayores se cruzó comprendiendo la actitud del más listo. La diversión era interminable para Rafael mientras Leo y Abril estaban ocupados con los demás; jugaba con su barquito soplándole para que navegara, hacía sonidos con su submarino y con su patito no necesitaba hacerlo, pues apretándolo chillaba, haciéndole sonreír. Mikey se fascinaba con las burbujas en la bañera y por todos los colores que se reflejaban en la superficie jabonosa de todas las esferas con delgada piel de agua.
Las risas de los pequeños eran el placer de Leonardo pues el verlos tranquilos y felices era su objetivo en la vida y su principal fuente de alegría.
― Aún pienso que no he sido de mucha ayuda ―, Abril confesaba una vez más sintiéndose un poco inútil ―, mira como los dejé y sólo te fuiste unos minutos ―. Leo sonrió de nuevo.
― Querrás decir cómo te dejaron, estando con niños eso es normal, ahora ven aquí.
Tomando una toalla pequeña, la mojó con agua tibia y limpió la cara de Abril. Los niños de inmediato callaron y miraron lo que pasaba.
― Eh... Leo... eso no es necesario... me apenas ―. Pero para él le era natural pues estaba acostumbrado a limpiar esos desastres de sus pequeños.
Una salpicada de agua, un submarino directo a su cabeza y un llanto fue lo que Abril recibió de las tortuguitas.
― ¿Qué hacen? ― Leo los voltea a ver muy serio y eso los pone al borde del llanto.
― Están celosos Leo ―, decía Abril mientras se secaba, limpiaba y regresaba un juguete volador. Rafael le sacaba la lengua a Abril irrespetuoso cada vez que creía que Leo no lo miraba.
― No hagas eso. La tía Abril te quiere mucho y te cuida también -, lo reprendió con suavidad su hermano mayor.
Ya de vuelta a la habitación, Leonardo cargaba a Rafael y a Mikey, bien envueltos en sus toallitas, mientras que Abril llevaba en brazos a Donnie, bien envuelto también, sobre la cama de Leonardo los dos dejaron a los chicos ahí para secarlos bien y "vestirlos".
Tres pijamas de cuerpo entero colocó Leonardo sobre la cama, cada una del color correspondiente a las bandanas que sus hermanos volverían a usar cuando volviesen a la normalidad. Estaban un poco ajadas, pero aún podían proveer a los chicos de una tibia temperatura para que pudiesen ir al comedor para cenar.
Rafael se empecinó en vestirse solo para que su hermano mayor lo felicitara, una vez más el pequeño Donnie no quiso quedarse atrás y no le permitía a Abril ponerle la pijama, quería hacerlo solito. Mikey lo único que hacía era mirar con cándida e inocente sonrisa a su hermano mayor mientras él lo vestía con su prenda para dormir.
Al final Donatelo se salió con la suya y si logró vestirse solito, una sonrisa de orgullo tuvo como blanco a su hermano mayor quien lo felicitó después de abrazar al pequeño vestido de rojo que por cuestiones de celos no lo había soltado desde hacía unos minutos.
Ya en el comedor y todos en sus sillitas, Leonardo les sirvió galletas que había horneado junto con tres pequeños tazones con yogurt. Con esa comida no pasó lo mismo que con la anterior, los chicos amaban las galletas y las devoraron, aunque Mikey sólo comió un par porque apenas le habían salido los dientes. Después de la cena, y de lavarse los dientes en paz, Abril se ofreció a quedarse con Leonardo quien le agradeció de nuevo su ayuda. La pelirroja se instaló en el cuarto para las visitas después de llevar a los chicos al cuarto de Leo quien a pesar de que había sacado del cuarto de cachivaches sus camitas anteriores, los más chicos no querían usarlas, se empeñaron en dormir con él.
Después de la media noche, Abril iba a la cocina por un vaso con agua y se le ocurrió echar un ojo a sus amigos para ver cómo estaban. La vista de un Leonardo rodeado de tres pequeñas tortugas era enternecedora, Rafa a su derecha, Donnie a su izquierda y Mikey sobre su pecho. Parecía que la respiración acompasada del mayor era lo que mantenía a los más pequeños sumidos en ese plácido sueño infantil lleno de ese sentimiento de protección que todos los pequeños despiertan en los demás. "Ojalá y pudiera hacer que todos ellos pudieran gozar más de esta experiencia" – pensó la buena mujer, cerrado la puerta para que todos gozaran de la tibieza que llenaba el cuarto del mayor.
Leo sabía que debía despertar temprano, sus pequeños hermanos no tardarían en despertar exigiendo comer, así que se levantó a pesar de querer seguir durmiendo, al mirarlos dormir con una paz dichosa sus energías regresaron borrando cualquier rastro de cansancio, verdaderamente disfrutaba todo lo que le concernía a cuidar de los pequeños.
Acomodó las almohadas haciendo una barrera para que no fueran a caer de la cama, salió silenciosamente de la habitación para comenzar las labores del día, debía entrenar, meditar, arreglar la cocina y preparar los alimentos, para cuando Abril y los niños despertaban él ya los recibiría con un suculento desayuno.
ꟷ Leo, perdón, me quedé dormida cuando bien pude ayudarte, por favor permíteme, no es necesario que lo hagas tú sólo ꟷ, pero el quelonio la miró sonriente.
ꟷ No te preocupes, han pasado casi dos semanas desde el incidente, a decir verdad ya se me ha hecho costumbre y aunque no lo creas me parece que así son más tranquilos que de grandes ꟷ, rio aunque Abril le notaba el cansancio.
ꟷ Además, no lo hago todo solo, tú me ayudas mucho, me traes los víveres y lo que necesitamos.
ꟷ Pronto festejaremos nuestro cumpleaños ꟷ, añadió el ninja de azul ꟷ, y quiero hacer algo especial, quiero festejarlo como me hubiera gustado cuando era niño: quiero globos, un gran pastel, helado, música y juegos, quiero que ellos tengan una verdadera fiesta infantil, algo que puedan atesorar por siempre, me ayudarás con eso, ¿verdad Abril?
Continuará...
