¡Hola a todos! Ha pasado mucho tiempo desde mi última publicación, años de hecho y hoy estoy realmente contenta de poder al fin publicar esta historia que no había poder ver la luz debido a, debo admitir, falta de dedicación y un sin número de ocupaciones. Pero ya estoy aquí, de nuevo.

Este es un fanfic acerca de Trunks, del dolor que le causaría a cualquier guerrero perder todo cuanto defendía y de cómo respondería a eso. Quizás pueda parecer fuera de foco, pero les pido que le den una oportunidad.

Trunks ha regresado a un punto del tiempo en el pasado, pero lo ha perdido todo. Buscando terminar con el dolor que atormenta su alma y la enfermedad que padece emprende un viaje que le llevará por el tiempo y el espacio. ¿Podrá encontrar fuerza o motivo alguno para continuar existiendo? El futuro de las sailors scouts no es como lo habían esperado, hay heridas y esperas que parecen eternas.

Para Edgar, mi hermano.

Descúbrete y encuentra un nuevo mundo.

...

"Dicen que ya no siente,
que su garganta lágrimas robó,
dicen que estás ausente,
que andas rondando por la soledad"

Sombras, Zoé.

I

Vulnerable

—Mai…

—Trunks…

En el pequeño espacio de la nave del tiempo ambos se miraron, al desaparecer la nave en el vórtice del tiempo y el espacio.

Los ojos de Trunks, aún húmedos por sus recientes lágrimas, brillaron con emoción contenida. No era el final que esperaba después de cargar durante tanto tiempo con tan pesado problema, pero, al final, Mai era lo mejor que podía rescatar de todo. El dolor por la pérdida de su madre, de los humanos… de los niños. Todo tan fresco, él estaba tranquilo de que precisamente Mai estuviera con él, a su lado.

Marcharían a un pasado donde todos aún estaban con vida, incluso ellos mismos, y comenzarían a partir de ahí.

No era mentira que estaba enamorado de ella, pero él no era para nada un experto en ese tema. Si el tiempo les dejaba, en ese antiguo mundo, aún con sus contrapartes, podría decirle todo lo que significaba para él.

Pero parecía que ella ya lo sabía.

—Estaremos bien, Trunks —dijo mientras las luces de los túneles creaban bellas sombras en su rostro.

Trunks asintió.

Mai se inclinó hacia él y por inercia Trunks se estiró, era muy corta la distancia que los separaba en la nave.

Se besaron, lento y dulcemente en los labios. Los alientos de ambos chocaron al separarse y se quedaron mirando por un momento, con las mejillas ardiendo.

Trunks giró la vista al frente, ocultando su rubor.

La nave paró en la antigua tierra y todo se volvió rojo.

La nave explotó en cuanto el aire de la tierra le tocó, las piezas saltaron hacia afuera, el cristal se quebró por la presión.

Trunks por instinto se movió a su derecha, abrazó a Mai y prendió su ki, para protegerla.

El fuego le había nublado la vista.

Cuando todo acabó, las cenizas cayeron y de la nave no quedó mucho. La combustión le desintegró casi en su totalidad.

—Mai… —llamó Trunks, con ella apretada en sus brazos.

—Trunks… —murmuró Mai.

Trunks sintió su pequeño ki bajar rápidamente y se hizo hacia atrás con pánico, mientras no dejaba de sostenerla con los brazos.

Mai dejó caer la cabeza hacia tras. En el centro de su vientre y abdomen, una palanca de la máquina sobresalía.

—¡NO! ¡Mai! —gritó Trunks.

Trunks la colocó con cuidado entre sus brazos y partió con desesperación al edificio de Corporación Capsula que en ese tiempo estaba a media reconstrucción.

—¡Mamá! ¡MAMÁ! —gritó con voz a cuello irrumpiendo en dónde ella solía pasar la mayor parte del tiempo, mientras depositaba a Mai sobre una mesa del laboratorio.

Luego corrió hacia el botiquín, pero no estaba donde recordaba. Se puso a buscar como loco, tirando las cosas y vaciando las mesas en su frustrada búsqueda.

—¡Mamá! ¡Mamá! —gritó con pavorosa desesperación, pero Bulma no estaba en casa.

Tomó una bata blanca y la grapadora.

—Trunks… —musitó Mai, desde la mesa.

Trunks estuvo a su lado en el acto.

—Espera, resiste… te quitaré esto. Te vendaré y…

—Trunks… —dijo Mai, miró al techo y lágrimas comenzaron a caer de sus ojos—, es inútil.

—Mai —llamó, buscando sus ojos—, mírame ¡mírame Mai! Iré a buscar a mamá, ella vendrá y te curará, te quitará eso… te pondrás bien ¡pero tienes que resistir!

—Me duele mucho…

—Lo sé —Trunks tomó su mano—, sé que duele, pero no tardaré. No te duermas.

Intentó concentrarse y buscar el ki de Bulma para ir por ella lo más rápido que pudiera.

La sangre de Mai escurría por la mesa y caía cual grueso hilo al piso. Trunks no podía verlo.

—No… te vayas… no… me dejes —suplicó sin aliento.

Trunks, se congeló. No. Pensó en sacar la palanca él mismo, pero no estaba seguro de cuál sería la forma más segura de retirarla y no sabía suturar, al menos no algo de esa magnitud. Tenía la grapadora, pero si la dejaba sola no podría hacerle presión y la hemorragia era muy grande.

—Tengo que ir por ella… —dijo con voz dulce, para calmarla. Su ki estaba desapareciendo.

—Prométeme que… seguirás…

—No. Mai, esperaremos juntos.

—Promételo Trunks —insistió Mai mirándolo fijamente—, dime que lo harás… porque eres el hombre más fuerte que conozco… si tú no… promételo, por favor…

Trunks no pudo impedir que las lágrimas salieran a pesar de apretar los parpados.

—Sí, Mai, te lo prometo, te lo prometo, pero ahora resiste por favor.

Y comenzó a fluctuar su energía hacia ella.

Mai se quejó y sus ojos desorbitaron por la habitación. La sangre seguía manando.

—Trunks…

—Mai…

—Te amo niño…

—Yo también te amo, mucho… resiste, toma mi energía, tómala. Iré por mamá y estarás bien.

Trunks apretó los dientes al sentir como la energía salía de Mai, salía de ella como la sangre, como un río salía la vida.

Mai apretó su mano, como un bebé al nacer, en un apretón ligero, señal de su negación a que él se fuera y le dejara. Luego se apagó.

Trunks, sin soltar su apretón, contuvo la respiración.

—Mai… Mai ¡Mai!

Le apretó con fuerza la mano, le miró los apagados ojos, se negó a no encontrar su ki.

—¡Mai! ¡MAI! ¡MAIIIII! ¡Despierta, despierta!

Siguió pasando energía, hacía afuera, a la nada.

Se sentó en un banco con la vista perdida, con la mente entumida.

Se quedó allí, vacío, hueco, sin nada.

¿Cómo había llegado a esa situación? Parpadeó varias veces, no podía ser real. Debía estar soñando.

La máquina había explotado… ¿por qué? Porque se había dañado en la pelea. Black la había dañado y su madre no le había reparado bien. Ya no estaba… Mai tampoco.

Ni esferas en ese mundo, ni semillas, ni dioses para sanar.

No era real… Mai no podía irse así.

—¡Mai regresa! ¡Regresa!

Le sacudió despacio el cuerpo, con temblorosas manos y los ojos se le nublaron de lágrimas.

—No me dejes solo… no me dejes. ¡No puedo perderte! —suplicó y se deshizo en lamentos.

Pero Mai no respondió. Ni mamá, ni él, el otro él, estaban en casa. No podía ni concentrarse en dónde estaban.

La enormidad de su realidad le asoló el alma, con una fuerza que le arrebató el aire y le hizo gemir como un niño.

Un niño huérfano, sin hogar, sin familia, sin planeta… sin amor.

Sin nada.

Lloró, tomado de la mano de Mai, lloró hasta que se secó y creyó que no podía llorar más, sólo para comenzar de nuevo con inusitada fuerza.

Luego se silenció y se quedó quieto. Más vacío que nunca, con el alma exprimida.

Dejó de pensar, sintió un cansancio enorme, creyó que moriría también, para alcanzar a Mai. Le reconfortó la idea.

Sí. Algo en lo profundo de su ser se había quebrado.

Se movió hacia su cuerpo, contempló su rostro y sus ojos negros y profundos como la noche, una noche sin estrellas. Los cerró con suavidad y los besó despacio, luego le besó los labios por un momento. Le juntó las manos en el pecho y miró con odio la palanca; arma homicida.

Tomó el frio metal y lo extrajo fácilmente, al salir soltó un crujido. Él sintió que el crujido venía de su corazón.

Trunks soltó la palanca a un lado y miró sus manos húmedas de sangre. Se sentía abrumado, todo había sido demasiado rápido.

De pronto algo hizo clic en su cabeza y salió corriendo por los pasillos, corrió mecánicamente, casi dando tumbos, sin control. Llegó a una puerta pequeña y se adentró a un cuarto oscuro. Allí estaba la solución, su corazón se hinchó con algo parecido a la alegría, a la calma, pero las manos le temblaban y la respiración le era dificultosa, como si su carrera por la casa hubiera sido un maratón.

Parpadeó una vez, dos veces, tres veces. Estaba oscuro, algo estaba mal con él.

No. No había nada malo en su visión. De pronto los temblores de las manos le sacudieron los brazos.

—¿Dónde está? —preguntó en un suspiro a sí mismo.

Respingó y miró por la orilla del ojo.

Una presencia había allí, algo que no tenía un ki para reconocer, Trunks estaba seguro porque su respiración era audible.

—Lo siento…

Trunks se giró y se encontró con una persona pequeña. La pequeña niña que estaba frente a él le miró con expectación. Su piel era rosácea y su corto cabello era de un tono más oscuro. Sus ropas eran de cierto modo familiares. Sus orejas, sus pendientes…

Era una kaoishin.

—Lo lamento… —dijo otra vez y dio dos pasos hacia él.

Trunks se movió hacia atrás.

—¿Quién eres tú? —preguntó con hosquedad, a la defensiva.

La kaioshin cerró el ceño y le miró con pena.

—Soy la kaioshin del tiempo, mi nombre es Chronoa.

¿Kaioshin del tiempo? ¿Existía un kaioshin del tiempo? Nunca le habían dicho tal cosa.

Trunks volvió a pasear la mirada por la habitación, como si fuera por primera vez.

—¿Dónde está la máquina del tiempo?

Chronoa frunció ligeramente el ceño.

—El dios de la destrucción se ha hecho cargo de ella —dijo después de vacilar unos segundos.

—¿Cargo?

Y justo cuando su labio inferior comenzaba a temblar también, ella se adelantó.

—La ha destruido… dijo que ya no debería de correrse más riesgo.

Trunks negó con la cabeza. ¡Era imposible!

—Yo debía reunirme contigo y… pero, la maquina explota en cuanto cruza y…

Trunks experimentó algo que nunca le había pasado, sintió un mareo, sintió que la cabeza le daba vueltas y que perdía el piso.

Se agarró del marco de la puerta y caminó de regreso, mientras pensaba que todo eso no podía ser cierto. Apenas y llegó a la puerta, miró el cuerpo de Mai, los ojos se le inundaron de lágrimas. ¿Cómo iba a salvarla ahora? ¿Cómo iba a regresar a él?

Por alguna razón Chronoa le siguió dentro.

—¿Vienes a castigarme por mis pecados? —preguntó con hielo en la mirada.

—¿Qué?... —preguntó Chronoa confundida.

—Vienes a castigarme porque he pecado al cambiar la historia —espetó—, porque soy un humano del futuro y he viajado al pasado muchas veces. ¡Vienes a castigarme! ¡¿Verdad?! ¡Vas a castigarme más… más que con su muerte!

—Oye… oye…

—¡Mátame! ¡Mátame ya! —Se hincó y se jaloneó del cabello con fuerza, mientras se doblaba hacia el suelo y se llenaba de sangre— No me resistiré, todo se acabó, mi mundo, ¡todos murieron y yo también quiero morir ahora!

—¡Oye no vine a matarte!

La kaioshin se acercó a él, pero Trunks seguía gritando y desvariando, pidiendo la muerte a gritos.

El pobre chico le partió el corazón de pena.

—Yo no he venido a matarte o a castigarte… —dijo y Trunks elevó la vista y la miró, su rostro compungido y lleno de lágrimas le instó a continuar con prisa—. He venido a ayudarte.

Trunks se detuvo de sus lamentos y sus manos resbalaron de su cabello. Sus ojos azules se clavaron en el pequeño rostro que le miraba con compasión.

—¿Puedes regresar el tiempo? ¡Tú puedes traerla de vuelta!

La kaioshin se echó hacia tras y se mordió el labio inferior. Se encogió de hombros y negó con la cabeza. Si bien no había venido a terminar con el chico, sus intenciones no eran que siguiera disponiendo del tiempo a su placer.

—No puedo…

—¡Sí puedes! Puedes regresarlo…

—Aunque lo regresara, no hay un intervalo suficiente para cambiar las cosas. La máquina estalló en cuanto llegaron —intentó explicar—. Si lo hiciéramos, podríamos tal vez curarla, pero entonces habría otro tú y ya no serían dos sino tres Trunks conviviendo en esta línea del tiempo.

El rostro de Trunks se desencajó en confusión.

—¡Hazlo entonces! —exigió.

La kaioshin le miró y parpadeó, luego volvió a negar.

—No creo que sea la solución.

—Mai vivirá, eso es lo que importa… —le tomó de los hombros, descubiertos por su ropa y le zarandeó— ¡Hazlo ya! ¡¿Qué estás esperando?!

—No lo haré Trunks, no está bien.

Trunks la soltó y le miró ofuscado.

—Discúlpeme… —bajó su rostro y el cabello lila le cubrió la mirada—. Por favor, regrese el tiempo y cure a Mai… por favor, se lo suplico.

Pese a su suplica la kaioshin no se convenció. Trunks se puso de pie frente a ella, en toda su altura.

—¡¿Entonces a qué a has venido?! ¡Sino vas a castigarme y te niegas a ayudarme! ¡¿Qué quieres?! ¡Estoy cansado de su justicia divina! ¡Ustedes los dioses no hacen otra cosa más que entretenerse con nuestro sufrir!

—¡He venido porque el dios de la destrucción me ha dicho de su llegada!

—¡Son ustedes son los ingratos! ¡Me han quitado todo! ¡Yo sólo quería salvarlos! ¡Ellos creyeron en mí… —siguió Trunks mientras se surcaba el rostro con las uñas y se abría la piel— ¡Los niños murieron! ¡Yo no pude… ELLOS CONFIABAN EN MÍ!

—¡Cálmate, por favor! —Intentó hacerse escuchar Chronoa, pero Trunks seguía en sus lamentaciones y ella estaba desesperada porque el muchacho dejara de gritar y lastimarse— puedo llevarte al pasado si quieres…

Trunks calló por un momento, entre abrió la boca.

—¡No! ¡No quiero! —Le gritó en la cara— ¡Si no puedes traer a Mai de regreso, no quiero volver al pasado!

Trunks se giró y se tapó la boca con una mano. El cuerpo de Mai estaba en la mesa.

«¿Qué voy a hacer ahora? —pensó mordiéndose los nudillos— ¿qué voy a hacer sin ti?».

—Oye… —habló la kaoishin— ¿me escuchas?...

Trunks no contestó. De pronto lo había sentido.

—Yo… él… viene hacia acá.

Podía sentirlo cruzando el aire a rápida velocidad. ¿Cómo no lo había sentido antes? ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Cómo iba a explicar esto? Se suponía que las cosas no iban a ser así, no podía dejar que mirara a Mai así.

Apretó los dientes con fuerza y se atravesó la piel. Ahora descubriría el terrible desenlace que había tenido la tierra en su línea del tiempo. La muerte de su madre, de todos, la destrucción del planeta y su incapacidad para salvarlo.

Se detuvo a pensar, que él y Mai no se conocían en ese tiempo, él y ella se habían conocido por medio de la resistencia contra Black.

Black ya no existía en ese mundo. ¿Cómo les explicaría su relación con ella? No que fuera muy relevante, ellos en el pasado se habían conocido a muy temprana edad, quizás no fuera un problema.

El punto es que ellos ya se conocían cuando él viajó al pasado, en este futuro no estaban juntos.

¿Qué si afectaba la relación de su contra parte? ¿Qué si por eso ellos no… se enamoraban? No, sería así de una forma u otra. Había cosas que estaban predestinadas ¿O no?...

El miedo y la culpa le asaltaron y las dudas le entraron por los poros.

Desde la ventana la Kaioshin le miraba, sin hacer ruido, casi sin estar allí.

No podía dejar a Mai así, tenía que luchar por ese futuro aunque fuera en un futuro donde eran dobles…

La realidad era un asco. Un pedazo de mierda.

Todo estaba mal, todo. El llanto intentó regresar, pero lo frenó.

—¿Te das cuenta de lo mal que están las cosas? —habló al fin Chronoa— Tienes que tomar una decisión… ¡En verdad quiero ayudarte!

—Regresa y cúrala.

La kaioshin juntó el ceño y se puso las manos en la cintura. Este chico era en verdad muy terco.

Miró el taller y por primera vez se sintió incómodo en su propia casa, ¿propia?

Tenía que tomar una decisión y rápido. Tomó el cuerpo de Mai en brazos y salió volando por la ventana.

Voló a su máxima capacidad. A lo lejos su otro yo se desvió hacia él. Trunks emprendió una carrera motivada por el dolor y la pena. Muchos kilómetros a lo lejos y con su otro yo pisándole los talones, se internó en las montañas. Bajó y recorrió varios kilómetros corriendo, mientas sus mismos ojos lo buscaban por aire.

Se adentró en una cueva y escondió su ki. Nunca lo encontraría, había aprendido a esconder su presencia casi hasta la inexistencia gracias al tiempo que se escondió de Black. Se abrazó al cuerpo de Mai y esperó a que se fuera. Se marcharía, pasado todo el día, pero se iría y así fue.

La noche cayó y él se marchó a casa. Trunks no salió hasta que pudo sentir su presencia muy lejos.

Luego salió y caminó muchos kilometros antes de alcanzar el monte Paoz en un estado de completo autómata, fijada una moción siguió en contra de las ganas de sólo dejarse caer y llorar su desgracia.

Pasó por un lado de la antigua casa de Gohan y se internó un poco en el bosque. Conocía bien ese camino, llevaba a una pequeña lápida. Él mismo había sepultado a Gohan allí, muy cerca de su hogar, muy cerca de su madre.

Recostó el cuerpo de Mai bajo un árbol con cuidado y caminó hacia la lápida.

Se arrodilló y sacó tierra con las manos hasta que el hueco fue del tamaño adecuado.

Los ojos le picaban y el corazón latía con fuerza y le dolía allí, donde estaba quebrado.

Se abrazó al cuerpo de Mai y se meció con ella, no supo cuánto tiempo. Luego lo depositó en el fondo, obligándose a darle sus respetos, a sepultarla como ella hubiera querido, como habían hecho con tanta humanidad en los días del oscuro.

Le cubrió con tierra, puño por puño, mientras las lágrimas silenciosas rodaban y mojaban la tierra. Cuando terminó quiso volver a remover todo, volver a abrazar su inerte cuerpo y enterrarse con ella.

Se tiró sobre el lecho y lloró lleno de temblores. Sin darse cuenta el cansancio, que volvió a apoderarse de él, y el dolor le sumieron en el sueño.

Cuando despertó el alba se alzaba. Se incorporó a medias y miró a su alrededor. No recordaba haber soñado nada, pero tenía un fuerte dolor en el pecho que se acrecentó cuando miró la tierra revuelta.

Sorbió por la nariz, sintiéndose seco y con los ojos doloridos de tanto llorar. Tenía la lengua pastosa y la ropa manchada de sangre seca.

Se puso de pie y buscó el camino al río.

No había dado tres pasos cuando volvió a verla. Le sorprendió verla allí porque le había seguido, pero no le tomó importancia.

Chronoa estaba sentada sobre la rama de un árbol.

Trunks la miró de reojo, e ignorándola, siguió su camino. Alcanzó el río a varios metros colina abajo. Al ver el agua cristalina se dejó ir como zombi hasta la orilla y no paró hasta que entró al agua y se hundió en ella.

El frío le calmó el palpitar de la cabeza, del que ni siquiera se había dado cuenta. Tiritó sin control y expulsó el aire.

Chronoa alcanzó la orilla y esperó. Podía darse cuenta de que el chico estaba sufriendo mucho. Sentía una enorme compasión por él y quería ayudarle sinceramente.

Bill y Wiss le habían dicho que él arribaría en algún punto del tiempo, luego de que le salvaran de Black. El dios de la destrucción le había explicado la situación y pese a que ella pensaba que era un error la decisión que habían tomado, ahora estaba dispuesta a dejarle allí, no podían revivir a la chica, pero si él quería regresar o quedarse le daría la oportunidad.

Cuando cayó en que pasaron muchos minutos y el humano no salía del agua se impacientó, luego se preocupó, para su alivio Trunks emergió lentamente de regreso.

Salió caminado lentamente, mientras la ropa le choreaba agua. Pasó por su lado ignorándola y se internó en el bosque otra vez. Ella le siguió.

—Oye… entiendo que ha sido muy grande tu pérdida… —intentó iniciar conversación—. Aún me estoy ofreciendo para llevarte de regreso en caso de que no quieras quedarte aquí.

Trunks la escuchó sin responder.

Mai y él habían regresado al futuro porque todos sus amigos estaban allí, su madre y… ellos mismos.

Buscó con desesperación el ki de Mai, lo llevó muy arriba en las montañas.

El lugar estaba nevado, un frondoso bosque de pinos escondía una pequeña cabaña. Trunks se situó en la rama de un frondoso pino y miró hacia donde Mai se encontraba: en el garaje.

Veía la rueda de una moto y su brazo, cubierto por esa gabardina verde militar, dar vuelta a una llave apretando un perno.

La miró ponerse de pie y limpiarse la grasa de las blancas manos. La sintió moverse hacia afuera.

Trunks cerró los ojos con fuerza y trozó la rama que sujetaba con el puño. No era su Mai, no era suya.

—¡Mátame! Por favor termina con mi vida…

Sabía que ella le escuchaba.

—No voy a matarte tampoco.

—Entonces lo haré yo mismo…

—¿Y cómo termina con su propia vida un ser tan poderoso como tú?

Nunca había pensado en tal cosa, pese haber intentado inmolarse junto a Zamasu. Trunks sopesó sus opciones.

—Buscaré a Bills, ¡No! —Se corrigió y miró a Chronoa—, tú me llevaras con él. Si se rehúsa a matarme le obligaré a pelear conmigo.

Chronoa se cruzó de brazos. Le haría desistir de esa idea tan desagradable de alguna forma.

—Si tú lograras hacer algo así, conseguirías que él no sólo terminara contigo sino con todo el planeta tierra. ¿Eso es lo que quieres?

Trunks bajó la mirada. Luego de un rato habló.

—Siento que no tengo a dónde ir, que no pertenezco a ningún lugar… mi vida siempre ha sido una guerra, he luchado para proteger lo que amo, pero todo está perdido, no puedo estar aquí… sin Mai no soporto la idea.

Chronoa elevó una ceja pensativa. Al parecer ya estaba cavilando más tranquilo. Así podrían pensar las cosas mejor, su mente se iluminó de pronto.

—Puedo llevarte a otro lugar —dijo con voz positiva, pero seria.

—No quiero ir a otro universo dónde también exista…

—No, no es sólo otro universo… mira, no a muchos les he hecho esta oferta. Te llevaré muy lejos en el tiempo, tan lejos que tu presencia allí será tan pequeña como el polvo estelar y no provocará ningún daño.

Trunks le miró con confusión. Chronoa se ruborizó, ante su penetrante mirada.

—Mira, te llevaré allí, si no funciona pensaremos en algo.

Pero Trunks no le escuchaba, una idea se había formulado desde el lado quebrado de su existencia, una existencia a la que buscaría dar fin en otra parte, lejos de una tierra y otros mundos a los que no deseaba ver destruidos. Muy lejos donde nadie supiera de él, donde su madre no sufriera y no supiera nunca lo que les había pasado.

—Llévame entonces —pidió. Se giró a la cabaña y miró la espalda de Mai que aún trabajaba en su vieja motocicleta.

Chronoa asintió aliviada a medias. Le dio unos segundos y después les hizo desaparecer.

Un día antes se lidiaba con un desorden dejado por alguien más. Trunks había regresado a Corporación Capsula para encontrarse con que la máquina del tiempo había desaparecido, pero lo que lo conmocionó más fue lo que su madre había encontrado horas antes.

El laboratorio estaba revuelto de arriba a abajo y sobre la mesa de trabajo había un reguero de sangre que había empapado el suelo.

—Trunks —su madre le llamó en cuanto entró—, he llegado de la compra y me he encontrado con esto. ¿Qué ha sucedido?

Trunks juntó el ceño y apretó los puños.

—Eso quisiera saber madre.

—Pe-pero, ¡Alguien se ha llevado la máquina del tiempo! —Gritó Bulma alborotándose el cabello con ambas manos, llena de preocupación—, ¡¿Sabes lo que eso podría significar?!

Trunks asintió y agachó la cabeza. El cabello le cubrió los ojos.

Bulma lo tomó de la solapa de la chamarra y lo jaloneó.

—¡Trunks, dime qué es lo que está pasando! ¡¿De quién es toda esa sangre?!

Trunks le tomó de las manos con suavidad.

—No lo sé mamá. Alguien… alguien vino aquí y luego se marchó, se me escapó, te juro que lo busqué todo el día.

—Esa persona debió llevarse la máquina. ¿Quién era Trunks?

Trunks no pudo responderle, no pudo porque estaba seguro de que había sido él mismo.

He aquí el primer capítulo. Nuestro Trunks se ha vuelto loco de dolor al perder a Mai, veremos si sus decisiones de ahora en delante serán buenas o malas para él. Muchas gracias por su lectura, espero sus comentarios. ¡Nos vemos pronto!

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