-1-
Mi Hermoso Esclavo
Por Ladygon
Los personajes pertenecen a la serie "Black Sails".
Capítulo 1: La subasta.
El capitán Flint, terror de los mares caribeños, llegó a la subasta como todos los otros capitanes. De contextura robusta musculosa, con su cabello rojo —recogido por una pequeña coleta—, una barba corta de candado, junto a un bigote bien estilizado, ojos verdes profundos y una chaqueta larga de color negra, provocaba, en quien lo mirara, la razón de ser temido en todas las Antillas. Los otros capitanes también eran de temer, sobretodo Barbanegra, el antiguo rey pirata, el único rey que tuvieron. Este era un hombre bonachón, con una enorme y rizada barba, tenía un humor bastante particular, parecía feliz, pero era duro, cruel, porque cuando se enojaba, no había marino que no temblara.
Vane era otro pirata poderoso, fiero y salvaje como un felino de la selva. Junto a él estaba el capitán Jack Rackham, que contrastaba con los demás por verse el más "civilizado" de todos. Usaba trajes coloridos, en relación a lo lúgubre de sus coetáneos y destacaba por su increíble astucia e inteligencia, la cual a simple vista, no se notaba para nada.
El botín recaudado por todos era cuantioso, días fructíferos en Nassau, ya que Inglaterra y España se daban de trompadas, no tenían tiempo para ellos y podían hacer lo que quisieran.
Reunidos en una mesa especial para los capitanes en el fondo del bar, podían ver desde su lugar privilegiado, las mercancías, y pujar en cosas si les interesaban. De esta forma, podían revender a un precio mayor y sacar una buena utilidad. También, habían hacendados que venían principalmente, por esclavos, cosa que el capitán Vane odiaba y si podía, les arruinaba el negocio.
—Un día, arruinarás el negocio de la esclavitud, tú solo —le dijo Flint.
—Eso espero.
—No es inteligente de tu parte, pero comprendo —dijo Jack Rackham.
—Pues yo quiero unas lindas esclavas —dijo Barbanegra con malicia.
Vane lo miró con cara de quererlo matar y el otro rio como un oso. Flint dio un sorbo a su jarra de vino para aplacar la diversión en su rostro.
—Ya verán lo que me encontré. Estoy seguro que la Madam ofertará un buen dinerillo —dijo Barbanegra.
—¿Otra puta? —preguntó Jack.
—¡Y qué puta! Ya lo verán.
—¿Y si quieres esclavas? ¿Por qué no te la dejaste para ti? —preguntó Jack.
—Hay un pequeño inconveniente, por eso preferí la subasta.
—¿Es coja? —preguntó Vane.
Barbanegra lo miró y se largó a reír.
—No, no es coja, ya lo verán, ya lo verán —dijo mirando a todos, en especial a uno.
Eso le dio mala espina al capitán Flint.
El lugar estaba abarrotado de gente, quienes tenían un griterío descomunal, casi todos piratas mal vestidos, sucios y desaliñados con cara de haber matado a alguien y haberlo disfrutado. Los demás, eran personas normales, pero sus ropas también estaban sucias o fuera de moda. No podían culparlos, pues vivían lejos de la civilización. Todo esto, con la taberna oscura y malgastada, daba un aire salvaje difícil de definir.
Los lotes comenzaron a llegar: jarrones, mobiliarios, hombres y mujeres de color, mujeres blancas, casi de todo lo que existía en el mundo. Flint ofertaba por los libros, los cuales se llevaba a la primera, porque nadie más los quería. Vane se reía de eso y no era el único, todos reían de lo mismo. Y es que toda la gente se divertía entre bromas pesadas y burlas.
—Te los regalaría, pero sería mal visto —dijo Vane.
—Prefiero comprarlos.
Era en la única ocasión, que podías burlarte de Flint, sin tener consecuencias y eso era un espectáculo que nadie se perdería.
Vane se divirtió, quitando algunos esclavos a los hacendados. Barbanegra obtuvo dos chicas, no muy lindas y Jack se conformó con unos trajes que le llamaron la atención. Lo demás, corrió por cuenta de la casa entre la Madam Max, llevándose algunas chicas y mobiliario, los hacendados y la señorita Eleonor, quien se encargaba del contrabando.
El señor Gate oficiaba como martillero y anunció la última adquisición, prometiendo ser algo especial:
—Y así, llegamos al final de esta exitosa subasta…
Abucheo general, pues todos se estaban divirtiendo de lo lindo, lanzando bromas sobre los artículos, los esclavos y las mujeres. Reían cuando pagan de más por tan poco. Se burlaban, decían obscenidades, mientras bebían e incluso cantaban. Todo un show.
—Vengan… —anima Gate a los del fondo—. Cubrimos la mercancía, porque es muy brillante y no queremos que se nos ensucie.
Definitivamente, era una chica. Venía cubierta con un velo o sábana blanca y agachada, para pasar por entre la multitud, mientras quienes la traían se abrían paso hacia la plataforma o escenario. No se le veía el rostro y sus manos también cubrían la tela a la altura de su cuello, como si la estuviera afirmando para no caer al suelo o tropezarse. Los hombres comenzaron a silbar y a lanzar piropos. Gates parecía muerto de la risa.
—Bien ¡Aquí está! —gritó con felicidad—. Gracias a nuestro querido capitán Tech, podremos disfrutar de esta joyita.
Vítores al capitán Tech, más conocido como Babanegra. Max se sintió interesada, en cambio Flint, estaba bastante aburrido con todo el espectáculo.
La subieron a empujones a la plataforma, luego Gates se puso frente de la adquisición y ayudado de otro pirata, le quitaron el velo con rapidez.
—¡Tadán! —gritó Gates.
Las manos blancas con anillos de oro pasaron por su cabeza y luego cayeron a los lados: No era una chica, era un chico.
El griterío comenzó a menguar, bajando a niveles alarmantes. No era cualquier chico, era un hombre brillante, sus ropas exquisitas, su cabello rubio, su altura, encima del promedio y ojos claros azules, contrastaba, terriblemente con el lugar, al igual que un foco de luz en la oscuridad. Las ropas con vuelos blancos, las medias pulcras, pero no solo la vestimenta, sino la forma como miraba a los piratas, parecía noble, quizás un príncipe, pero ningún príncipe mira de esa forma tan sencilla.
Fue esa mirada, esa actitud silenciosa, poderosa sin temor, que silenció el lugar. No era la actitud pedante de los nobles capturados, parecía un pastorcillo inocente, frente a los acantilados, sin miedo a caerse y veía a los piratas a los ojos, sin ningún miedo. Gate quedó sorprendido y un poco afectado en seguir la subasta. Miró al capitán Tech y este dio la orden.
—Aquí tenemos a un noble, parece serlo, aunque no sabemos su nombre. No lo ha dicho, puede ser una gran fuente de riqueza si pueden sacarle su identidad. Comenzaremos con la puesta más alta, ¡diez monedas de oro!
Eso era mucho por un chico, que debían torturar para sacarle alguna ganancia y torturado nadie lo querría, era ahí el meollo del asunto. Pedías rescate, pero no debías estropear la mercancía para asegurar una buena paga.
Solo había una persona o dos, que podían comprarlo, y todos prefirieron girar a la persona que estaba al lado de Tech.
—Maldito —gruñó Flint.
Tech rio por lo bajo y Vane miró con preocupación al chico.
—¡Once monedas de oro! —gritó Max.
Todos siguieron la dirección de la Madam, incluso el chico. Flint pudo ver el perfil de la belleza.
—Si hay alguien que pueda saber su identidad, eres tú —le dijo Tech—. Créeme, el chico es duro, pese a su apariencia.
Si Barbanegra, el mismísimo pirata legendario decía eso, de un suave chiquillo mimado, es que de verdad, el crío era duro de pelar y eso llamó su atención. Así que cuando Gate lo miró, preguntando su oferta en silencio. Flint rodó los ojos y dijo:
—Doce monedas de oro.
Todos estallaron con júbilo y alegría, porque comenzaron los silbidos y burlas para el capitán.
—¡El capitán Flint te enseñará a ser un hombre! —gritó un pirata maltrecho.
—¡Cómo te enseñó a ti! —gritó otro.
Todos muertos de la risa y las burlas comenzaron a subir de tono homosexual.
—¡Te partirá el culo! ¡La tiene así!
Mostraba con sus brazos un tamaño descomunal e imposible.
—¡Acaso se la viste!
—¡No, podría asegurarlo, estaba borracho!
Más risas. El bar se volvió hilarante, todos reían, salvo el chico y Flint, por supuesto, que tenía su cara de amargado de siempre.
—Esto lo hiciste a propósito —dijo Flint a Teach.
—¡Trece monedas de oro! —gritó Max.
Las risas se silenciaron un instante y las vistas volvieron al capitán. Esta vez, otra azul chocó con la suya.
Flint quitó la vista con rapidez hacia Max. Lo hizo, no porque quisiera intimidar a la Madam como pretendía que se viera, sino porque la mirada del chico lo alteró de una forma misteriosa. Eso lo dejó turbado y ahora no podría dejar de mirarlo sin que alguien identificara esto, así que debía controlarse y terminar el show pronto, antes de las obscenidades.
—¡Veinte monedas de oro! —gritó Flint con enojo y golpeó su tarro en la mesa, desafiando a la Madam para que se quedara callada.
El efecto no fue solo el esperado. El bar quedó en profundo silencio. Gate habló:
—Veinte monedas de oro a la una… a las dos… y a las tres… ¡Vendido al capitán Flint!
Todos vitorearon al capitán por su presa. Siguieron las bromas, ahora sí, obscenas con respecto al pene del capitán, el culo del chico y otras cosas, hasta que Flint se levantó de su silla y todos volvieron a callar. Gate dio por terminada la subasta con una ronda de ron para todos. Felices por el show, se dispersaron por la cantina a beber.
Lo llevaron a una habitación del burdel. Se notaba apartada. Flint dejó a dos guardias en la puerta y les dio la orden de no entrar, pasara lo que pasara, pero si el chico salía por la puerta debían agarrarlo. Entró a la habitación y ahí estaba él, contrastando una vez más con el paisaje, se veía demasiado irreal como salido de un cuento de hadas.
Flint cerró la puerta y comenzó a sacarse el cinturón. Eso provocaba en su víctima cierto temor, pero aquí no hubo efecto, ni siquiera cuando se sacó la chaqueta, ni la blusa, ni cuando quedó desnudo de la cintura para arriba, solo con sus pantalones y botas puestas. Teach tenía razón, este no era igual a los demás.
—¿Quién eres? —preguntó Flint.
—No soy nadie.
—No lo parece.
—¿Lo dices por la ropa? Un error de mi parte, debí cambiarme.
—Eso no tiene importancia. El resultado hubiera sido el mismo. Te habrían subastado y yo comprado.
—¿En serio?, ¿y si me hubiera disfrazado de oficial inglés?
—Teach te hubiera descubierto igual.
—Así que mi destino es ser violado por ti.
—Sí.
—Ya veo.
—Sácate la ropa, sino quieres que te la rompa en pedazos.
El joven, frente a todo pronóstico, comenzó a quitarse la ropa con cuidado, doblando las prendas y dejándolas en la silla, la cual estaba alejada de la cama para la pared contraria de la ventana. Flint quedó parado, mirándolo casi estupefacto. Nadie, ningún hombre que hubiera violado, cumplía esa orden, generalmente, los sometía a pura fuerza bruta hasta que confesaban, incluso los peores pecados de su existencia, luego los vendía o los mandaba con su familia a cambio de una buena recompensa. Era una forma táctica muy eficiente de torturar a estos nobles subidos de orgullo y obtener información.
Sin embargo, con este, no estaba resultando. El chico se estaba quitando todo, incluso los anillos, los cuales dejó en la mesita de noche. Quedó desnudo frente a él y a Flint comenzó a hiperventilar, porque lo que tenía al frente era una maravilla. La luz de la ventana con barrotes, chocaba con la blancura y aterciopelado de esa piel. Se mordió el labio inferior, notando un ligero guiño en los ojos del chico que no le gustó. No supo que fue, porque no se había movido un milímetro, pero hubo algo, así que Flint reaccionó dio unas zancadas, tomó el brazo desnudo del chico y lo lanzó a la cama boca abajo, quedó atravesado en la cama con las piernas abiertas.
Ese trasero era lo más perfecto y exquisito, que había visto en su vida. Lo acarició con su mano, sintiendo una reacción del chico, eso lo calentó más. Se arrodilló y comenzó a chuparlo, meterle la lengua en el ano, mientras le masajeaba el culo. Era un manjar.
Le metió unos dedos ensalivados y luego se bajó sus pantalones, para escupir en su mano y lubricar de esa forma su pene. Este ya estaba dispuesto, pero quiso más de ese anito, así que volvió con su lengua y dedos. Se bajó más los pantalones, al tope de sus botas y después, procedió a penetrar al chico.
Puso el pene en el anillo y el otro se tensó. Flint sonrió con ese efecto, porque era lo que quería.
—Si me dices quién eres no lo haré.
Flint pasó su pene por el trasero y le dio golpecitos con él, en sus glúteos y en su ano. El chico temblaba y estaba muy agitado, pero no dijo nada. Así que volvió a presionar la punta de su pene en el agujero, la tensión volvió, aunque esta vez, Flint presionó para entrar.
—De verdad la tengo grande y la meteré toda —anunció Flint, con algo de agitación.
No obtuvo respuesta, solo una respiración errática. La presión era exquisita, así que no claudicó. Siguió su camino y al final, apuró un golpe para meterla entera. El hombre gritó y cayó, apretando las cubres de la cama.
La espalda era una maravilla, comenzó a lamerla. Estar dentro de ese hombre era indescriptible. Comenzó a moverse y pronto se vio gruñendo, mientras lo follaba con ganas, pero no quería venirse tan rápido. Se detuvo, se sentó en la cama y se quitó las botas y el pantalón. Desnudo, trató de poner al chico en cuatro, pero no pudo. Se negó a doblar las rodillas, así que lo enderezó en la cama, poniéndolo con la cara sobre las almohadas, le abrió las piernas y volvió a entrar en él. Ahora, a todo lo largo, lo folló bien follado con fuerza. El chico comenzó a dar unos gemidos que le atravesaban el cuerpo. Era la mejor follada que tuviera en años. No pudo controlarse y se vino dentro de él.
Fin capítulo 1
