"La de la mala suerte"

Por qué? Se preguntaba ella, caminando por el umbral de la noche donde la luna le brindaba la poca iluminación que le proporcionaba para ver el camino de regreso. Por qué siempre tengo tan mala suerte? Se lamentó escuchándose decir con la voz cortada.

Últimamente las cosas en su vida no habían sucedido como ella hubiera querido, y más que nada por ese alguien del que ella estaba enamorada desde el primer año del bachillerato; las inconstantes persecuciones, los intentos fútiles para llamar su atención, las innumerables rivales de amor para obtener los afectos del innombrable susodicho que le rompió el corazón en pedacitos. Aquel hombre ruin y despiadado que jugó con sus sentimientos para solo desecharla y dejarla de lado como si fuera cualquier prenda de vestir.

El nombrado Irie Naoki.

Fue amor a primera vista, el típico cliché del que todas las chicas caían una vez haberlo visto, y con eso era suficiente para caer rendidas a sus pies; igual ella, cayó rendida ante su presencia, mismo que consideró el principio del abismo.

Su vida se convirtió en un abismo desde que intentó conquistar su frío corazón, tratando innumerables veces de abrir esa dura coraza que lo protegía del mundo. Trató de mil maneras, con la mejor disposición para escucharlo y comprenderlo en lo que pudiera hacer para hacerlo sentir acompañado, pero ni una sola vez pudo quitar las múltiples barreras que conformaban al tan conocido Irie Naoki.

De solo recordar su nombre sentía un escalofrío rodearle la espina dorsal.

Caminaba por las calles de Tokio, Japón, buscando entre el montón de locales algún modo de desechar aquel dolor que le impedía seguir con su vida como si nada hubiera pasado; miraba a las personas reír, bailar, beber, besar, etc. Todo menos llorar, excepto ella.
Las lágrimas que salían de sus ojos, decaían a cántaros expresando su inmenso dolor e inmensa decepción para con la vida, los momentos que el tiempo le quitó la visión de poderlos disfrutar, amores que pudo haber experimentado sin dudarlo, nuevos amigos por tener para pasar la ocasión, detalles que marcan la pauta que uno se emplea en la vida para mejorar.

Se dio cuenta que su estilo de vida era una pésima costumbre para ella de soportar, pero sobretodo de dejar de hacer.

En sí, no era la persona más inteligente del montón, tampoco la más atractiva, mucho menos alta de grandes atributos, no atraía a los demás muchachos por ser considerada como infantil, no era tampoco talentosa, por lo que no tenía actividades por la tarde. En pocas palabras, era una completa inútil, que estaba enamorada de un imposible.

Patética, así fue como se sintió cuando se enteró que él se había comprometido con otra mujer, además que a ella le propuso matrimonio un amigo del que tanto apreciaba su compañía, mas no lo quería románticamente. Hirió los sentimientos de su mejor amigo por despecho, no porque en verdad intentaba herirlo, por ende, lo dejó con el corazón destrozado, igual que ella. Ambos dolían por distintas personas, pero por las mismas razones que tenían para sentirse de la manera en la que se sentían.

Ahora que estaba completamente sola, dolida, pero sola al fin, no sabía bien a bien qué hacer con su vida, ya que siempre tuvo la esperanza de que él se enamorara de ella; de igual manera, también era una persona sin autovaloración, sumisa. La tonta, que él le decía siempre. Nunca la rebajó de tonta! siempre la consideró una, porque era verdad. Ella era una tonta.

Se topó con un local que logró cumplir con su objetivo principal: llamar la atención de las personas que pasaban por ahí.

Se metió, cabizbaja y con las lágrimas aún saliéndose de sus ojos hasta caer de sus mejillas. Los subordinados no le dieron importancia a su situación, por lo que ella no sintió incomodidad al menos, por lo que tomó asiento en la cafetería "Akemi". Los sillones eran de color rojo carmesí como butacas de colchón suave, una barra donde el barista preparaba el café de tu elección, el ambiente sobrio le incitaba involuntariamente la tranquilidad que tanto buscaba encontrar.

Pidió un Latte caliente(aunque no se consideraba una persona que bebía café, optó por consumir un poco de la cantidad de cosas que te ofrecían), a pesar de haber cenado bastante y muy bien en compañía de Kin-chan, el hombre que lastimó por despecho. La lluvia no venía todavía, por lo que tomó la decisión de quedarse ahí durante el tiempo en que sus lágrimas cesaran de salir y su calma por fin se asentaba en sus facciones.
Su triste semblante concordaba con su triste pena, donde antes creía ver alegría siempre hubo tristeza en su interior.

Un mesero apuesto muy acomedido le trajo el café hasta su mesa, obsequiándole una cálida sonrisa, a lo que ella respondió con otra sonrisa entristecida. No estaba de humor para sonreír o disimular alegría cuando a grandes rasgos no había ninguna.

Su celular vibró desde su pantalón azul que le llegaba arriba de los tobillos, pues se hallaban en temporada de primavera y el calor intenso no arribaba a la ciudad de Tokio. Lo sacó y vio que la llamada provenía de su padre. Suspiró abatida. De seguro su padre estaba preocupado por no tener noticias de sus paraderos. Desvió la llamada, al cabo que no se hallaba de humor para lidiar con más problemas. Su celular vibró de nuevo, pero esta vez la llamada no provenía de su padre, sino de Oba-sama, su supuesta suegra.

Bebió un sorbo del café, optando por ver los alrededores de la cafetería. La sutileza de las luces le brindaban cierta calma, algo que hacía mucho que no tenía.

Las gotas de lluvia comenzaron a brotar desde el cielo obscurecido, del cual le recordaba que no se trajo consigo una sombrilla para cualquier eventualidad; recordó con dureza que era una persona inútil para con la vida y no estaba capacitada para enfrentarse a los más simples obstáculos que el clima le imponía encima. Volvió a suspirar, pasando sus dedos sobre su cabellera rojiza moviendo sus cabellos para olvidar esos momentos dolorosos que ansiaba abandonar. Si tan solo las personas pudiéramos olvidar el dolor con solo sacudir la cabeza, cuántas veces no las hubiera hecho ya!

La lluvia frente a sus ojos simbolizaba su dolor interior, la falta de confianza que se tenía por los insultos que Irie le decía cada que la veía. Siempre la menospreciaba como la peor persona que se le aproximaba, cuando la observaba podía sentir el desprecio que este le tenía muy claro, cuando se suponía que él debía de quererla. Debía, no?

No, no debía de quererla, si ni siquiera la respetaba como mujer, peor, como una persona más en la población. Que podía esperar de él? Un abrazo? Un beso? Matrimonio? Si solo recibía insultos, humillaciones, burlas despectivas, etc. Al principio lo vio como algo normal, pero con el tiempo los desprecios se volvieron constantes recordatorios de que ella no era una mujer que valía la pena luchar, y cómo? si no se valoraba ni a ella misma. Cómo quererla como se correspondía?

Por qué siempre era ella la de la mala suerte? Cuando sus intenciones eran buenas, sus acciones no tanto, pero era una mujer inocentona y bien intencionada.

Por qué tenía tan mala suerte? Por qué tenía tan pésimo gusto por los hombres? Patética, se recordó eso con fervor, era demasiado patética que hasta él tuvo la consideración de decírselo en más de una ocasión.

Si algo le agradecía por haberlo conocido era el haberle recordado cuan poco valor ella tenía de sí misma y de cuanto amor propio carecía; le hizo ver sus miles de errores, sus malas acciones de espiarlo, lo infantil que se vestía y comportaba, lo tonta que era para los estudios, lo inmadura que podía llegar a ser cuando lo veía con otra mujer, todas las cosas que le salían pésimo, todo todo eso le recordaba y más!

Ese vertedero de sentimientos encontrados le provocaban rabia de sí misma por lo ridícula que era al querer conquistar a un imposible, a un hombre carente de tacto con las cosas. Cuando él mismo se lo dijo hacía años: "Odio a las chicas estúpidas".

Terminó la taza de café dándole un rotundo golpe en la mesa, causando que uno que otro cliente fijara su vista en ella, a lo que esta los ignoró. Estaba muy molesta consigo misma por ser tan patética como para realizar cosas divertidas con su tiempo libre. No, señor, ya no confiaba en poder volver a ser la misma cuando no se quería de esa manera, ya no se podía regresar el tiempo atrás y no había manera de hacerlo una posibilidad. No, ya no volvería al pasado mas que para recordar su infancia, y los otros momentos que vivió antes de conocerlo a él...

Era una mujer con mala suerte? Sí, pero lo cambiaría para ser feliz sin su amor.

Por qué tenía que ser la de la mala suerte? Porque ella misma se permitió tener esa suerte.

.

.

.

.

P.D. Qué les ha parecido? Un poco diferente a las cosas que he subido, pero quise intentar algo nuevo, no está de más intentarlo a través de ensayo y error; Lo tomo como un borrador.