Hola de nuevo, aquí estoy otra vez con otra historia. Pero esta historia es diferente, ya estaba hecha y fue publicada en su momento con bastantes errores por lo que he visto al releerla. Entonces, básicamente, la editaré y al iré subiendo, así que no me he vuelto loca empezando mil y una historias, aunque sí que es cierto que tengo muchas empezadas.
Pero bueno, pongo un poco en precedente. Esta historia fue subida hace unos cuatro años, si no hago mal los cálculos, en un foro de dc y mk. La historia acabó y tardó creo que un año o dos en acabar, no sé muy bien, pero tardé su tiempo. En su momento la historia contó con dos precedentes que están subidos a fanfiction (Me voy y Destinada a Muerte), que explicaba el inicio de las relaciones que aparecen en el fic, pero eso lo borraré y cambiaré, así que será una historia independiente.
Creo que lo he explicado todo, no sé si me falta algo. Si así es ya lo iré comentando. Si todo sigue mis planes esta será la primera historia editada que subiré e intentaré hacer lo mismo con otras que tengo, básicamente con las que son posibles, porque hay otras que es que no tendría sentido.
Sin más, espero que os guste.
Dislaimer: MK no me pertenece, yo solo creo situaciones en los que el KaiAo siempre tendrá protagonismo junto al SaguAka. Por lo menos hasta que Gosho los junte.
Prólogo - Detonante
París, la ciudad del amor, de la luz y de la moda. No hay nadie que no haya oído hablar de la hermosa capital de Francia. Una ciudad llena de arte, cultura, historia y luz. Incluso algunos señalarían que la magia también es parte de ella. Muchos la señalarían como increíble, magnífica y preciosa.
A pesar de todo, nada es perfecto. La perfección de la ciudad francesa se reduce a la superficie. Bajo tierra se abrían pasadizos conocidos también por la multitud, las tan famosas catacumbas en las que también podías adentrarte si así lo desearas. Allí descansan los restos de millones de personas, la mayoría de ellas muertas a causa de epidemias que asolaron a la población. Sin duda es un lugar tétrico, de muchos kilómetros de los que apenas puedes ver una mínima parte. Nadie ve más allá de las rutas abiertas, y hacían bien, pues, si seguías caminando, podrías encontrar la muerte y acompañar a esos desdichados en la muerte.
En una parte alejada de todo, donde nadie debería llegar ni se atrevería a hacerlo, una de las paredes se encontraba derretida, abriendo un camino largo y oscuro. Nada más acercarte podías sentir como la respiración se te paraba y tu ser interno te ordenaba huir de allí antes de que fuera tarde.
Ese lugar ocultaba a un ser diabólico que poblaba en la tierra, cuyos poderes podrían destruirla si así lo deseara. Un simple chasqueo de sus dedos podría destruir toda la ciudad que se encontraba sobre ella. Era una bruja de magia negra, que para suerte de muchos había decidido mantenerse allí por varios años, viendo todo por su bola de cristal, divirtiéndose por los males del mundo, que en muchas ocasiones ella misma creaba para divertirse. Aunque esos no eran sus únicos motivos para su retiro.
Su cabello violeta, de extrema longitud rozaba el suelo, mientras sus ojos ámbar podrían atemorizar al más fiero guerrero. Su rostro reflejaba la juventud a pesar de la edad que realmente tenía. Vestía ropas oscuras que hacían resaltar sus curvas. Nadie podría negar su belleza, pero esta era solo exterior.
En su aislamiento se entretenía además realizando todo tipo de preguntas a lo único que podría responderlas. Su bola de cristal, en la que podía verse flotar una especie de humo violeta, respondía todas sus preguntas sin rechistar y con sinceridad. Muchas veces esas cuestiones eran simplemente para satisfacer su propio ego, y siempre fueron respondidas como ella deseaba, hasta que un día no fue así.
— Dime bola de cristal, ¿quién es la bruja más poderosa de todo el universo? — inquirió la mujer, mientras se miraba en un gran espejo de aquella habitación. Sabía la respuesta a la pregunta, pero le encantaba que se lo recordaran.
— Mi ama, lamento deciros que no sois vos — confesó aquella voz, logrando que la bruja abriera los ojos, y se volviera mirando aquel objeto de manera fulminante – Es cierto que vuestro poder es grandioso, pero en estos momentos hay una persona capaz de igualar e incluso superaros si se lo propusiera — explicó con una voz tan ronca que haría temblar a muchos.
La bruja se acercó amenazante a la mesa donde estaba colocada, dando un fuerte golpe a la misma, mostrando su rabia. A su alrededor comenzó a acumularse energía oscura. No le gustaba nada la respuesta a su pregunta. Se aseguraría de eliminar a cualquiera que fuera mejor que ella en algo.
— Y dime, ¿quién es esa persona de la que hablas? — demandó con rabia, algo por lo que el objeto no se inmutó.
— Es una bruja, al igual que usted, pero es completamente diferente. No solo os puede superar en poder, sino también en belleza – señaló, logrando más enfado aún en su dueña. Pero no podía mentirle, ella al fin de cuentas era su ama – Es una mujer de hermoso cabello rojizo y ojos carmesí capaces de hechizar a casi cualquier hombre o mujer que desee. Su poder es la magia roja y a día de hoy tiene bajo su embrujo a todos los hombres que la han observado alguna vez, exceptuando a uno.
— No puede ser tan poderosa si hay uno que no puede hechizar — comentó la de ojos ámbar, con más ira por momento. ¿Cómo podía ser mejor que ella una persona que no era capaz de embrujar a un hombre? —¿Cuál es su nombre?
— Akako Koizumi, única heredera de su clan y una de las últimas brujas rojas del mundo — respondió el artilugio, mostrando su imagen en su superficie, provocando un gesto de asco en el rostro de su dueña.
— Esa niñata apenas cuenta con un par de años. No debería acumular tanto poder. Dime, ¿cómo es posible? — demandó a la vez que observaba la imagen de aquella joven.
No era la primera vez que oía de ella. Conocía el clan Koizumi mucho mejor de lo que muchos pudieran creer. Se podría decir que lo sabía todo de ellos. Siempre habían sido una molestia, y aquella niña que continuó el linaje era la peor de todas. No era como ella, y nunca debería poder superarla. Arrugó la nariz mientras la detallaba. Sin duda era hermosa, pero no podía igualarse a su aspecto actual, no debía hacerlo.
— Su fuerza actualmente proviene de su felicidad — explicó la bola — Cuanto más feliz es, más fuerte es su magia. Es totalmente diferente a la magia negra, eso es lo que provoca que su poder crezca a diario. Su vida hoy día es ideal, y eso se refleja en sus hechizos.
La mujer se quedó pensativa unos segundos. ¿Felicidad? ¿Enserio era algo tan simple? Una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro. Ella amaba destruir la felicidad ajena — Entonces, si acabara con toda esa felicidad, yo volvería a ser la mejor, ¿verdad? — preguntó sonriente.
— Efectivamente. Si todo lo bueno que la rodea desaparece, su poder disminuirá progresivamente con ello, pero os puedo asegurar que seguiría teniendo un gran poder, aunque mucho más inferior al vuestro — expuso mientras la bruja reía a fuertes carcajadas.
— Parece que entonces ha llegado la hora de marcharme un tiempo de esta mugrienta ciudad — enunció la bruja, observando el que había sido su hogar muchos años. No había pena en su mirada, al contrario — Ya he pasado suficiente tiempo en las sombras, ahora, me divertiré aplastando a esa perra del clan Koizumi.
— Mi señora, debo advertiros de que Koizumi no está sola — advirtió, consiguiendo que su ama volviera a prestarle atención — Sus aliados son poderosos, aunque ninguno posea en apariencia magia alguna. Son la fuente de su poder. Si quiere dañarla, deberá acercarse mucho a ella.
— No sería divertido si no fuera así — pronunció, esbozando una satánica sonrisa — Quiero ver como sufre, como sabe de mí, pero no puede hacer nada contra ello. Ver su dolor y amargura mientras le robo todo su poder.
—¿Qué es lo que planeáis, mi señora?
— Poco a poco mi querido sirviente, todo a su debido tiempo — manifestó la bruja tomando la bola entre sus manos, poniéndola frente a su rostro — De momento, pongámonos en marcha, Japón queda lejos, pero antes debemos realizar otra parada.
Con esas últimas palabras se marchó de aquellas catacumbas, haciendo resonar el eco de sus pasos por aquellas tétricas galerías.
Ella no era alguien cualquiera. Era la bruja de magia negra más poderosa del mundo, y no permitiría que una niñata le robara el título de bruja más poderosa de la tierra. Su nombre era Erika Deshaves, y se juró que acabaría con Akako Koizumi, sin dejar rastro de ella.
