El siguiente three shot es un fic DabiOcha sobre pedido de Bakumom de la página de facebook "Boku No Pollitos Academia", quien me dio su autorización para publicar el fic. Si gustan alguna historia de un personaje o pareja en especifico, me pueden mandar un mensaje para hablarlo.

AU donde All for One no existe y la Liga es un grupo de desadaptados. Ah, sí, Dabi no es Todoroki. Situado durante el último año de Ochako es UA. Sobra mencionar que está centrado en la pareja de Dabi y Ochako.

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Otra vez tú

"Equivocarse, reconocerlo y rectificar

Todos merecemos una segunda oportunidad, ¿No?".

Mantuvo la mirada fija en el pizarrón, aunque sus pensamientos seguían navegando lejos de la clase. Soltó un suspiro, recordando al hombre que conoció años atrás; aunque su aspecto era tétrico, la sonrisa y mirada que le dio bastó para reconfortar su alterado corazón.

—Uraraka —saltó asustada, observando al profesor Aizawa. Tragó saliva antes de levantarse para hacer una leve inclinación—. ¿Cuáles fueron las primeras leyes regulatorias de peculiaridades aplicadas en Japón? —Abrió los ojos con sorpresa, asustada. Había escuchado de ellas, sabía que eran importantes por sentar un precedente que revolucionó a la sociedad, sin embargo, optó por negar y disculparse—. Entonces sería importante que preste más atención —advirtió el docente, antes de girarse y continuar la clase.

"Las regulaciones iniciaron después del incidente del Día Rojo donde cerca de una docena de personas perdieron la vida a causa de un culto religioso que consideraba que las peculiaridades eran…".

—Ah, entonces fue así —murmuró para sí misma luego de oír la explicación. Escuchó con atención mientras garabatea en su cuaderno pensando en lo privilegiada que fue al nacer cuando las peculiaridades ya eran aceptadas. Sintió escalofríos al imaginar el catastrófico final que tuvieron muchas personas debido al temor y la ignorancia—. Aunque los héroes llegaron para salvar el día —agregó, dibujando el logo de All Might, quien había traído la paz desde hace varias décadas a Japón. El timbre sonó y estuvo a punto de irse hasta que escuchó nuevamente la voz de su profesor.

—Uraraka, espera —detuvo su pie en el aire y se giró lentamente, podía leer la expresión de pena en sus compañeros. Se mantuvo junto a la puerta hasta que el salón quedó vacío—. Acompáñame. —Lo siguió sin titubear.

—¿Sucede algo, profesor? —Cuestionó con voz tímida. Sabía que había mejorado sus notas desde que ingresó a la UA, no eran precisamente excelentes, pero seguía esforzándose por ser una mejor heroína.

—Aún no has llenado tu solicitud de servicio —comentó cuando llegaron a su oficina. La hizo pasar para después mostrarle la hoja en blanco—. El plazo límite termina el lunes y eres la única que no ha encontrado lugar, así que te devolveré la pregunta, ¿Sucede algo que te impida hacerlo? —Tragó saliva, desviando la mirada—. Estás en tercer año, Uraraka —agregó, buscando entender el comportamiento de su estudiante—. He visto tu potencial, el crecimiento que tuviste y cómo mejoraste cada día, ¿Por qué detenerte ahora?

—Ninguna de las vacantes me llamó la atención —confesó, respirando profundamente para armarse de valor—. He visto a Tsuyu, Iida, incluso a Bakugo encontrar lugares con los cuales se sienten cómodos y que aportan algo a la sociedad, pero... no siento que nada se ajuste a mí.

—Comprendo. —Fue la escuálida respuesta. La joven frunció el ceño, esperaba otro tipo de respuesta… y la obtuvo cuando Aizawa colocó un panfleto frente a ella—. Este es un centro de reintegración para jóvenes con peculiaridades problemáticas —explicó, ofreciéndole la hoja—. Un conocido es parte de la administración, así que conseguí una entrevista para que valores tus posibilidades antes de que se te agote el tiempo. Tienes que estar ahí a las cinco —avisó, cruzándose de brazos—. En ocasiones no necesitas actos vistosos para ser una buena heroína, Uraraka —consoló—. Los pequeños actos son los de mayor impacto.

Aceptó el panfleto, revisando la información. Era la primera vez que escuchaba de un lugar así, por lo que leyó, era un centro que admitía jóvenes que tenían problemas para controlar su quirk o en defecto, que son demasiado peligrosos incluso para sí mismos.

—Gracias —susurró, dando una inclinación rápida—. Estaré ahí y mañana entregaré mi solicitud de servicio —aclaró, levantándose para retirarse.


"Edificio 9-A. Edificio 9-A. Edificio 9-A."

Se detuvo molesta frente a una casa soltando un sonoro y molesto suspiro. Releyó la dirección, preguntándose si en realidad era un castigo de su profesor por retrasarse en su búsqueda. Observó los edificios aledaños, encontrando una guardería a la izquierda y un restaurante a la derecha. Nada que se pareciera a lo que estaba buscando.

—¡Aquí no hay nada! —Gruñó, dando un pisotón. Reconocía que se estaba comportando como una niña mimada, sin embargo, había caminado desde la estación del metro ya que no había autobuses que la dejaran cerca y tomar un taxi no era una opción válida.

Caminó sobre sus pasos hasta llegar a la puerta de la guardería y respiró profundamente antes de tocar. Esperó. Si se equivocaba, pediría disculpas e indicaciones, en ese momento una mujer rubia en sus treintas abrió la puerta.

—Hola, ¿En qué puedo ayudarte? —El tono cálido y suave que empleó le infundió confianza.

—Buenas tardes, estoy buscando el centro de reintegración para… —Ni siquiera la dejó terminar la oración.

—Aquí no es —cortó tajante antes de cerrarle la puerta en la cara. Se quedó atónita un par de minutos frente a la puerta. No entendió lo que sucedió. Desanimada, volvió a revisar la dirección.

Estuvo a punto de resignarse cuando vio a un hombre de esponjoso cabello azul salir del lugar que descartó—. Solo preguntaré y después me iré —se prometió intentarlo por última vez—. ¡Disculpe! —Saludó al hombre, el mismo la observó un par de segundos tan intensamente que casi la incomodó hasta que lo escuchó reír.

—Tú debes ser Uraraka Ochako, ¿No? —Abrió ligeramente la boca, sorprendida— Shota me comentó que vendrías, por un segundo creí que no llegarías, ¿Quieres pasar? —Parpadeó atónita antes de asentir—. Sí, sé que no tiene la fachada de ser un centro gubernamental, ¿Esperabas que fuese gris, con jaulas y máxima seguridad? —Bromeó.

—Eh, no, yo —trató de disculparse porque ese fue exactamente su pensamiento, lo cual la hizo sentirse ligeramente culpable.

—Bueno, no sería la primera vez que alguien lo cree, pequeña —agregó con una sonrisa—. Por cierto, mi nombre es Oboro Shirakumo, soy la persona a cargo de este centro. —Uraraka asintió por inercia, aunque él no pudiera verla—. ¿Tuviste problemas para llegar? —Preguntó con el mismo tono ligero.

—Eh. —Titubeó—. Por un momento pensé que tenía la dirección incorrecta, así que pregunté en la guardería de al lado, pero…

—Oh, vaya —detectó en su tono una pizca de culpa—. Frecuentemente nos confunden, por eso es posible que fuese un poco… menos amables.

"¿Menos amables?" Le cerraron la puerta en la cara. Uraraka quiso comentarlo, pero prefirió guardarlo para sí misma, no hacía ningún bien ese tipo de información.

Conforme avanzaba, detalló el lugar; cada vez se sentía más como una casa que cualquier otra cosa. Pasaron a un lado de la sala después de la entrada, seguida de la cocina y al fondo podía distinguir un patio bastante amplio. Las paredes estaban decoradas con diferentes tonos de azul que emulaban nubes y transmitían un sentimiento de calma. Ante cada paso, sentía más el calor de un hogar que la frialdad que se supone debería de generar.

—Supongo que tienes muchas dudas sobre lo que hacemos aquí. Es más fácil si lo ves por ti misma en lugar de explicarlo —comentó cuando se detuvieron frente a unas escaleras—. Dime, Uraraka, ¿Por qué quieres ser heroína?

—Al principio era porque quería ayudar a mis padres —confesó—. Con el tiempo entendí que en realidad quiero salvar a las personas y darles una esperanza tal como All Might me la dio cuando era pequeña. —El hombre la observó al tiempo que amplió su sonrisa.

—Bueno, señorita heroína, aprenderás más que eso aquí —agregó dándole una palmada en la cabeza antes de empezar a subir las escaleras. Estaban a medio camino cuando una estridente voz invadió la instancia.

—¡Shirakumo! ¡Aaah! —Descubrió a la dueña de la voz cuando la vio salir despavorida de una habitación y echando la carrera hasta su lugar—. ¡Shirakumo, Dab-! —Se detuvo cuando notó su presencia. Inicialmente creyó que estaba asustada, no obstante, su expresión se intensificó—. ¿Quién es ella? —gruñó en dirección del adulto.

—Toga, ella es Uraraka, nos estará ayudando por un tiempo… —Le dio una rápida mirada—. Bueno, en realidad si desea quedarse —bromeó antes de regresar a un tono más formal—. ¿Qué sucede? —Contempló cómo frunció los labios antes de retirarse sin despedirse.

—Hice… ¿Hice algo malo? —cuestionó la castaña ante el actuar despectivo de la rubia.

—Reconoció el uniforme de la UA nada más —limitó a contestar reanudando el paso—. Quizá Shota no te contó, pero somos ex compañeros, ambos estuvimos juntos a UA.

—¿También es un héroe? —Preguntó emocionada.

—Estuve a punto de serlo. —La melancolía invadió su voz—. Meses antes de la graduación hubo un incidente donde salí lastimado de gravedad, mi peculiaridad fue la más afectada y se me recomendó evitar ponerme en riesgo a mi o terceros —sintió tristeza, no podía imaginarse estar en una situación y verse obligada a renunciar a su mayor sueño—. Y bueno, fui transferido al departamento de soporte hasta la graduación, aunque ya no fue lo mismo.

—Siento que haya vivido eso, señor Shirakumo. —Ciertamente no sabía que decir, el ambiente de repente se tornó triste y aprensivo.

—No lo sientas, pequeña —minimizó—. Después de estar en UA y pasar por una situación así, entiendes muchas cosas. Conocer a los estudiantes de otros departamentos me ayudó a entender que como héroe tienes el asombroso privilegio de utilizar tu quirk con mínimas limitaciones sociales y legales.

—¿Disculpe? —Se detuvieron frente a una puerta, el director la abrió e hizo pasar, la habitación era un estudio aparentemente desordenado y desalineado. Avanzó con duda hasta los sofás que le señaló.

—Este es un centro de reintegración —cambió el tema de conversación al tiempo que tomaba asiento frente a ella—. En ocasiones, pese a la educación de quirks, resulta casi imposible controlar alguno o sus efectos secundarios.

—He leído sobre eso —confesó—. Investigué un poco sobre el trabajo que hacen y me parece que es una labor importante —agregó aún nerviosa.

—¿Por qué sería importante?

—Evita que las peculiaridades de las personas se descontrolen y causen daños a otros o a sí mismos —resumió la misión de la institución.

—Es cierto, sí —cedió con el deje de una sonrisa—. Aunque la principal tarea que tenemos, es revertir el daño causado por las llamadas "terapias de quirk", ¿Las conoces? —Frunció el ceño confundida antes de negar—. Cuando una persona no se adapta a su quirk en el entorno, es llevado a estas terapias donde les repiten constantemente lo que idealmente se espera de ellos, sin darse cuenta de cuanto los lastiman.

—Nunca… nunca lo había pensado así.

—Nuestro trabajo es ayudar a estos jóvenes a aceptar su peculiaridad y enseñarles alternativas para que puedan coexistir con la sociedad —hizo un ademán abriendo las manos para mostrarle el lugar—. Sabiendo esto, Uraraka, ¿Te interesa formar parte de esta familia? —Estuvo a punto de aceptar cuando otra duda la invadió.

—¿Qué es lo que haría aquí? —Preguntó con curiosidad. Seguía sin comprender la razón por la cual el profesor Aizawa la envió ahí.

—Oboro, Himiko está —la puerta se abrió de golpe y un hombre ingresó. Sintió una corriente eléctrica recorrer cada centímetro de su cuerpo cuando lo reconoció—. No sabía que tenías visitas, volveré más tarde. —Lo escuchó despedirse, sin embargo, el director se apresuró a detenerlo.

—Espera, Dabi —lo llamó—. Quiero que conozcas a Uraraka Ochako —presentó poniéndose de pie—. Es estudiante de tercer año de la UA y quizá realice aquí su servicio a la comunidad si así lo desea. Uraraka, él es Dabi y es el coordinador del grupo…

—¡A-acepto! —Se levantó inmediatamente, interrumpiendo la explicación que daba el mayor—. Si me permiten —agregó nerviosa—, quisiera realizar aquí mi servicio —bajó la mirada, regañándose internamente por sus impulsivas acciones. Devolvió su atención al Shirakumo. Buscó rápidamente entre sus cosas una hoja, ofreciéndosela—. Esta es la carta de presentación —musitó nerviosa—. ¿Cuándo puedo empezar?

—Oh, vaya, esto es nuevo —se asombró el mayor, recibiendo la hoja, incrédulo— Es la primera vez que aceptan de buenas a primeras y… —lo notó dudar—. ¿Qué te parece empezar de una vez? Dabi te puede explicar sobre el lugar y el funcionamiento mientras lleno esto y determino cuales serán tus tareas asignadas —asintió repetidamente, tomando su mochila para caminar hasta el hombre de cabello negro—. Por cierto —se enfocó en el coordinador—, ¿Qué necesitabas, Dabi? —Lo escuchó reírse.

—Aún me sigo preguntando cómo este lugar sigue funcionando —replicó ocultando una sonrisa—. Ya después te diré, enfócate en una cosa a la vez antes de que las nubes regresen —le restó importancia con un gesto de mano antes de darse media vuelta y salir—. Te enseñaré el lugar…

—Uraraka Ochako —repitió—. Uraraka está bien —corrigió tratando de ocultar el rubor en sus mejillas. Jamás pensó reencontrarse con él.


—Buenos días, profesor Aizawa —saludó Ochako cuando vio a su maestro caminar por los pasillos—. Ya tengo mi solicitud firmada y sellada —comentó, entregándole la dichosa hoja junto a una sonrisa—. Gracias por darme esta oportunidad…

—¿Cómo está Shirakumo? —cuestionó visiblemente afectado. La castaña parpadeó confundida.

—Diría que, ¿Bien? —Respondió con duda, sin entender qué sucedía. Recibió un asentimiento cuando lo vio guardar la solicitud.

—Es una gran oportunidad, aprovéchala —musito antes de seguir su camino, dejando a la joven más confundida que antes.

El resto del día continuó ante la expectativa de lo que sería su primer día formal. Había escuchado que varios de sus compañeros servían en orfanatos, estaciones de bomberos, de policía u hospitales.

—¿Y qué elegiste, cara redonda? —Ignoró deliberadamente el apodo de Bakugo cuando tomó asiento junto a ella en el almuerzo.

—Un centro de reintegración, bombitas —devolvió con ese apodo que sabía que lo enfadaba. Lo vio fruncir el ceño y después murmurar que la haría explotar hasta la luna si le volvía a decir así—. Sí, sí, lo que digas —interrumpió su monólogo— Lo que yo quiero saber es, ¿Cómo llegaste a preescolar? —cuestionó tratando de contener la risa—. ¡Y con Todoroki! —Indudablemente terminó a carcajada limpia, llamando la atención de las mesas aledañas. Ignoró el golpe que le dio el rubio bajo la mesa y le sonrió.

—Su hermana es maestra de educación básica, se enteró del entrenamiento que compartimos durante nuestro primer año y —se sorprendió al verlo titubear —. Ni siquiera entiendo cómo terminé envuelto en esta mierda.

—Lo harás bien —alentó dándole suaves palmaditas en el brazo.

—Ja, claro que lo haré. Seré el mejor —replicó con renovada energía—. Ahora dime qué es eso del centro, no escuché de esa vacante —inquirió.

—Sí, bueno, es una larga historia —murmuró enfocándose en su desayuno.

—Esto se está poniendo interesante —notó cómo hizo a un lado la bandeja de comida y se centró en ella—. Escúpelo, Uraraka. ¿Qué sucede? —Sopeso la posibilidad de ignorarlo deliberadamente hasta que concluyó que necesitaba una segunda opinión objetiva y realista.

—¿Recuerdas que cuándo nos volvimos amigos te conté sobre este tipo que conocí durante el secuestro del tren antes de ingresar a UA? —Lo vio asentir, intrigado.

—Hablaste de él por los siguientes… ¿dos años? Pensé que lo habías superado ya que no lo mencionaste más.

—También creí eso —secundó haciendo un puchero. Suspiró antes de continuar—. Es coordinador del centro y parece que no me recuerda —confesó con tristeza.

—Espera, ¿Qué? —La vio asentir—. Uraraka, lo viste, por… ¿una hora? Y tuviste un flechazo con él, está bien eso, pero, ¿Seguirlo hasta su trabajo?

—¡Fue casualidad! —Se defendió ofendida—. No sabía que trabajaba ahí hasta que me firmaron la solicitud. No podía rechazarlos después de eso y ahora tengo que lidiar con verlo todos los días —el rubio rodó los ojos.

—Sabes que es mejor hablar de esta mierda con el alíen o la niña invisible, ¿Verdad? —La vio negar.

—No, necesito algo de razonamiento lógico aquí —contradijo con firmeza.

—Pues lo siento, cara redonda —lo vio cruzarse de brazos mientras se recargaba en su asiento—, pero por primera vez te diré que te des una oportunidad —anunció—. Conócelo. Ve qué tan diferente es la fantasía que creaste a la persona de carne y hueso. Permite que te conozca, no a la perfecta aspirante de héroe, sino al desastre andante que eres, la Uraraka que no puede cocinar sin quemar el agua, que ahorra cada centavo y aunque odie el ejercicio, prefiere caminar en lugar de tomar un taxi. Y que pese a las adversidades, es terca, obstinada y lucha por seguir sus sueños. Eres una imperfección bastante agradable —resumió con una sonrisa desdeñosa para cubrir todos los elogios que le dio.

—Gracias por tan amable descripción, Bakugo —murmuró devolviéndole la sonrisa. El timbre sonó y ella tenía una nueva determinación. Seguiría el consejo de Bakugo, tomaría las cosas con calma, no buscaría dobles intenciones. Solo sería Uraraka Ochako.


Existía una gran diferencia entre decir y hacer las cosas. Se quedó de pie nuevamente frente a la puerta del centro, trató de controlar su nerviosismo. Sacudió la cabeza, se acomodó un mechón de cabello tras la oreja y estuvo a punto de tocar el timbre cuando algo llamó su atención. Se giró a la izquierda, encontrando un flujo constante de padres y niños de todas las edades, desde bebés hasta niños en escuela básica. Su mirada chocó fugazmente con una mujer rubia y ojos verdes, se observaron mutuamente hasta que Ochako desvío la mirada ruborizada. Se apresuró a tocar la puerta.

—Ah, eres tú —notó la expresión apática de la rubia antes de que se hiciera a un lado y la dejara pasar—. Shirakumo está en reunión de consejo y Dabi salió de compras.

—Oh, vaya, entonces, uhm —titubeo. Sabía que no le agradaba del todo la rubia, más no comprendía por qué—. Supongo que esperaré en la sala —no sabía si era una pregunta o afirmación, pero Toga no emitió palabra alguna antes de desaparecer en su habitación.

Tomo el tiempo a solas para recordar la inducción que Dabi le dio el día anterior.

—Este es un lugar que aspira a reintegrarnos —explicó mientras bajaban las escaleras—. Es informal para permitir que la adaptación sea más amena, por eso parece más una casa. Un hogar.

—¿Cómo es que las personas terminan aquí? —Cuestionó con curiosidad.

—Diversas razones —englobó—. A veces por una orden de gobierno, en ocasiones siendo dejados aquí por su familia y la más común: por voluntad propia —se sorprendió, cosa que el muchacho reconoció—. Actualmente Toga es la única que está de planta, los demás se quedan ocasionalmente, pero acuden a las sesiones grupales, las revisiones médicas y de quirk.

—¿Te refieres a que ella vive aquí?

—Así es. Es porque ella así lo decidió, prefiere quedarse aquí que volver a su hogar —explicó superficialmente—. Cada persona tiene sus propias razones. —Uraraka deseó preguntarle cuáles eran las de él.

—En sí, ¿Qué hacen aquí? —Se animó a preguntar. Comprendía a grandes rasgos el funcionamiento, pero no el por qué—. ¿Qué criterios deben de cumplir para ser admitidos?

—Bien, te responderé por partes —comentó, señalando la cocina—. Verás, se realiza una evaluación física, psicológica y basada en el quirk, de esta forma conocemos más a fondo su estado al ingresar —la invitó a sentarse mientras sacaba un recipiente con fruta picada que colocó sobre la isla—. Las terapias de quirks afectan a las personas haciéndolas creer que su peculiaridad es mala y debe ser reprimida, generando una relación conflictiva con la misma que afecta la interacción que las personas tienen con el entorno.

—Pensé que servían para ayudar a aceptar su peculiaridad. —Musito confundida.

—¿Alguna vez acudiste a una? —Negó—. He ahí la razón, no sabes lo que es, ni el sufrimiento que implica hasta que lo vives. Toga es un ejemplo —mencionó señalando con su barbilla en dirección de la sala—. Su peculiaridad provoca en ella una conexión con la sangre, desde pequeña desarrolló conductas socialmente consideradas inadecuadas y sus padres la mantuvieron años bajo terapias de quirk, aparentemente funcionó hasta que se cansó y escapó de su casa. Tenía doce años cuando eso sucedió —lo vio suspirar—. Ella es apenas un poco mayor que tú. Giran la encontró cuando tenía catorce y la trajo, Shirakumo la acogió y terminó por quedarse.

—N-no sabía que ella —sintió un nudo en el estómago ante la información.

—Shirakumo se encarga de la evaluación de quirk —explicó ofreciéndole un vaso de agua—, en ocasiones Recovery Girl nos ayuda con el área médica y yo me encargo de la psicológica —completó.

—¿Eres psicólogo? —Cuestionó asombrada, lo vio reír. Se permitió capturar ese momento en su memoria. Detalló sus brillantes ojos turquesas que contrastaban con su cabello negro y las perforaciones que tenía en las orejas y la ceja. Eran visibles sus cicatrices e injertos de piel que a simple vista deberían disminuir su atractivo, pero para ella solo lo realzó. Era más alto que ella, de complexión delgada y poco musculosa, su andar y gestos eran un poco torpes. Y bueno, siendo sincera, la forma de vestir con la gabardina negra, camisa blanca y pantalones negros le daba la apariencia opuesta de un profesional de la salud.

—La primera vez que lo escuchas es difícil de digerir, ¿No? —Quedó fascinada por su risa, notando como se escapa un tono más ronco.

—¿Cómo terminaste aquí? —Preguntó sin razonarlo, arrepintiéndose apenas salió de su boca.

—Oboro me atrapó tratando de abrir su puerta cuando tenía diecisiete —confesó con una sonrisa—. Entregarme a la policía o trabajar por el pan y la vivienda que me daría, no tenía muchas opciones —señaló encogiéndose de hombros.

—Eso significa que tienes...

—Tengo veintiocho años —confirmó—. Shirakumo me consiguió una beca cuando le conté que quería ser psicólogo para ayudar a estos chicos de la forma en que nadie me ayudó y evitar que terminen peor —sintió el cambio en su voz—. En ocasiones, la disforia entre el quirk y el cuerpo puede traer consecuencias catastróficas —musito, tocándose suavemente los lugares donde los injertos eran más visibles. Uraraka se preguntó si dolería o si se trataba más de un recuerdo simbólico.

Después de aquello, le explicó los horarios del centro; las sesiones grupales, los entrenamientos de quirk y las consultas externas.

Despertó de los recuerdos al escuchar el timbre de la puerta, alcanzaba a escuchar correr el agua de la habitación de Toga, así que se levantó para atender a quien sea que busque ayuda.

—Hola, bienvenidos al centro de reintegración de peculiaridades problemáticas —saludó con una sonrisa forzada.

—Tú no eres Dabi —bajó la mirada para encontrarse con una niña de cabello platinado del cual sobresalía un pequeño cuerno, ojos rubí con un vestido y bolso del mismo color. Habría pensado que se trataba de un error si no hubiera mencionado el nombre del psicólogo—. Kai, ¿Dónde está Toga? —Notó que se aferraba a la mano enguantada de un hombre que usaba cubre bocas y mantenía una expresión estoica.

—Eh —tartamudeó—. El señor Dabi no se encuentra —avisó—. Y Toga está…

—¡Toga! —Notó como la niña soltó la mano de su cuidador para adentrarse corriendo al interior de la vivienda—. ¡Juguemos! —pidió apenas la rubia la tomó en brazos.

—Está bien, Chisaki, Dabi no tardará, yo cuido de Eri —avisó llegando a la puerta con la menor en brazos. El hombre asintió antes de retirarse.

—Volveré a la hora de siempre —agregó sin girarse. La rubia lo ignoró y regresó a la sala conversando con la niña. Era la primera vez que veía a Toga sonriendo abiertamente y siendo amable. Apretó los labios con fuerza y resignación antes de cerrar la puerta.

—¿Quién es ella? —Escuchó el susurro nada disimulado de la infante, estuvo a punto de presentarse cuando Toga le dijo que la ignorara y se enfrascaron jugando. Optó por mantenerse alejada, observando su interacción. Ambas reían, hacían bromas y por primera vez notó aquello que Dabi le contó.

—¿Y cuál es tu quirk? —Se sorprendió de que la niña se dirigiera a ella.

—La gravedad cero —contestó feliz de ser tratada con amabilidad.

—¿Cómo funciona? —La vio rodar por el sofá hasta apoyar la cabeza en sus brazos para mirarla.

—Tengo almohadillas en la punta de mis dedos —se acercó para enseñarle los mismos—. Cuando los toco de esta forma, se activa —explicó haciendo los movimientos—. Y cualquier cosa que toque con los cinco dedos perderá la gravedad —notó el ceño fruncido de la niña, así que optó por ejemplificarlo para que sea más simple de entender—. Así —tomó el cojín y lo hizo flotar.

—¡Vuela! —Notó su mirada emocionada—. ¡Vuela, Toga! —Saltó eufórica hasta la rubia—. ¿Me puedes hacer volar? ¿Puedes? ¿Puedes? —Insistió dándole una mirada adorable que fue casi imposible de negar.

—No lo hagas, Uraraka —advirtió Toga, poniéndose de pie—. Eri, recuerda lo que dice Dabi de los quirk.

—Que es parte de nosotros —se detuvo de repente, recitando las palabras que tantas veces escuchó de su mentor. Vio a la rubia rodar los ojos—. Entonces, ¿me puedes hacer volar? —Uraraka sonrió incómoda.

—Por ahora no puedes volar, princesa de las nieves —soltó de emoción cuando reconoció la voz—. Hola, Eri —saludó despeinando su platinada melena.

—¡Dabi! —Saltó a su alrededor emocionada. El adulto terminó por tomarla en brazos para hacerla reír.

—¿Estás lista, enana? —Le preguntó cuándo se calmó. La vio asentir y le sonrió—. Uraraka, ayuda a Jin y Shuichi a bajar las cosas, por favor —pidió encaminándose a la sala con la niña—. Toga, cuida de ella un poco más, olvidé llamar a Recovery Girl —La rubia asintió con una expresión de mala gana que rápidamente quitó.

—¡Himiko! —Saltó inmediatamente y corrió a los brazos de uno de los hombres, quien la abrazó e hizo girar en el aire.

—¡Jin! ¡Ha pasado tanto tiempo! —Gritó emocionada ocultando el rostro en el cuello del hombre—. Te extrañé.

—También te extrañe, Toga —saludó con sarcasmo el segundo hombre, cargando una caja y pasando la escena del reencuentro—. Tú debes de ser Uraraka, ¿no? —Se dirigió a ella—. Dabi nos ha hablado de ti. Soy Shuichi Iguchi, pero puedes llamarme Spinner —se presentó ofreciéndole su mano.

—Uraraka Ochako —devolvió el gesto.

—Y ese de allá —señaló a su espalda la emotiva escena que… no, eso definitivamente no era un beso, ¿o sí? —, es Jin Bubaigawara. Y sí, probablemente Toga se lo está comiendo en algo que osa llamar un beso, así que ignóralo —musitó, lo cual generó que ella abriera ligeramente la boca por la sorpresa—. Hey, Eri —lo escuchó saludar a la niña, pero ella se desconectó del mundo.


—Bien, pequeño héroe, es todo por hoy —se estiró en la silla. En definitiva, esto es completamente diferente de lo que imaginó que sería su servicio a la comunidad. Dabi le había permitido estar en la sesión grupal (con la autorización de los presentes), escuchó la historia de viva voz de cada uno y tuvo que tragarse las lágrimas cuando Eri habló del abandono de su madre después de rebobinar a su padre la primera vez que manifestó su quirk.

También comprendió un poco más a Toga. Había sido agredida y excluida por sus compañeros siendo una niña. Sintió la impotencia sobre lo que tuvo que hacer para sobrevivir y como Shirakumo luchó por protegerla y ayudarla.

Deseó consolar a Spinner al escucharlo hablar sobre la discriminación que sufría por su peculiaridad que le daba mayores características animales, las trabas sociales y laborales, más la carencia del sentido de pertenencia.

Jin fue el último en hablar. Se sorprendió de su edad y que, en efecto, mantenía una relación romántica con Toga, quien era doce años menor que él.

La frustración corrió por sus venas al entender cómo fue manipulado, encarcelado y privado de su libertad, acusado injustamente de utilizar su peculiaridad sin autorización hasta que terminó en una disociación. Notó el afecto que había en la pareja ya que Toga nunca soltó su mano cuando habló.

Se sintió como una extraña en esa peculiar familia. No había ni una pizca de lástima en esa habitación, solo mutua aceptación y apoyo incondicional.

—Es… no tengo palabras para describirlo —trató de explicar. Había pasado la última hora ayudando a Dabi organizando los archivos de las personas que acudían esporádicamente y quienes recibían supervisión continua—. La pequeña Eri es tan solo una niña y vivió tantas cosas… —sintió como sus ojos se acumularon de todas las lágrimas que contuvo durante la sesión.

—Está bien, Uraraka —sintió como fuertes brazos la envolvieron—. No debí exponerte a esto el primer día, pero lamentablemente es una realidad a la cual tendrás que habituarte cuando salgas de aquí —añadió con voz suave, limpiándole las lágrimas—. Los héroes también tienen derecho a llorar, pequeña, recuérdalo.

Se aferró con mayor fuerza a sus brazos, permitiéndose llorar por primera vez. Por ella, por él y por lo injusta que era la vida para otras personas.

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Y este es el momento en donde les cuento como adoré hacer este escrito. El Dabiocha es mis parejas favoritas y este fic, de lejos, uno de los que más he disfrutado escribiendo por el concepto. Ojala les guste tanto como a Bakumom, ¡gracias por tu confianza!

¡Nos leemos la otra semana con la siguiente parte!