Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Figura Ocho

Capítulo Uno: Nacionales y Rodillas

BPOV

—¡Maldita sea, Jacob! Deja de tocar mis pechos cuando me levantas —gruñí.

—Vamos, te encanta —ronroneó Jacob mientras agitaba las pestañas.

—No. No me encanta. Ándale, nos quedan sólo tres minutos de calentamiento en patinaje antes de tener que actuar en las Nacionales de los Estados Unidos —dije con enojo—. Hagamos la elevación estrella y no toques las tetas.

—Bien —dijo cuando ajustó su postura. Aumentamos la velocidad y Jacob me alzó en una impecable elevación estrella, alzándome sobre su alta figura de seis pies. Puede que sea un dolor de culo, pero era fuerte y nunca me había tirado. Me lancé hacia el piso y caí suavemente sobre mis patines—. ¿Ves? Puedo portarme bien, Isabella.

—Sólo cuando quieres —dije picándole las costillas—. ¿Quieres ganar?

—Sí quiero —dijo—. Hagamos esta mierda, nena.

—No me digas nena.

Terminamos haciendo elevaciones básicas y verificamos algunas partes de la coreografía. Antes de saberlo se había terminado el calentamiento en patines y nos salimos del hielo. Éramos los favoritos para el Campeonato Nacional. Pasamos el programa corto y ahora éramos los últimos para patinar en el programa largo. Era nuestro tercer año juntos como dúo. Jacob y yo nos odiábamos fuera del hielo, pero él era una pareja increíble. Era fuerte, seguro de sí y tenía motivación. Todo lo que yo buscaba en una pareja para dúo.

Mi madre y su padre nos habían juntado. Yo estaba intentando arreglármelas sola en patinaje individual, pero no podía perfeccionar los triples necesarios. Jacob ya había pasado por su cuarta pareja en seis meses. Se había acostado con todas. Dos se embarazaron y las otras dos estaban tan asqueadas que lo dejaron. Nos conocimos en el hielo. Fue odio a primera vista. Sin embargo, mi entrenador – el prestigioso Carlisle Cullen – insistió en que intentara trabajar con él. Suspiré y lo acepté. Jacob me enseñó lo básico para patinaje en dúo y para el final de nuestra primera práctica, ya habíamos perfeccionado la elevación estrella y una caída mortal. Acepté trabajar con Jacob a regañadientes. Sin embargo, era estrictamente una relación de negocios. Nada de tonterías. Quería el Oro Olímpico y eso significa que no me acuesto con cualquiera.

Además, Jacob probablemente tiene gonorrea. O algo así.

¡Ewwww!

Seis meses después de nuestro encuentro inicial, participamos en varias competencias regionales. Estábamos ganando notoriedad y experiencia. Carlisle sentía que estábamos listos para varios eventos internacionales del Grand Prix y nos inscribimos en dos competencias. Ganamos oro en ambos eventos. Muy fácil. El único dúo que estaba cerca de nosotros en cuestión de anotaciones eran Edward Masen y Tanya Juneau.

Edward era una maravilla. Tanya, no tanto. Su boca los metió en problemas y perdieron puntos porque insultó a varios jueces. Sentí pena por Edward. De verdad. Es una pena que un patinador tan fuerte tenga a una perra de compañera.

Apuesto a que él estaba pensando lo mismo de mí. Es una pena que tenga que aguantar a Jacob. Es un patán. Un chico malo. Un papá de dos bebitas que nunca conocerán a su padre. Bastardo.

—¿Bella? —preguntó Carlisle—. ¿Estás bien, cariño?

—Estoy bien. Sólo intento concentrarme en el programa —le dije con una sonrisa a mi entrenador—. No quiero repetir el entrenamiento de ayer. No puedo caerme en el salchow de giro triple.

—Esa no fuiste tú, Bella. Ese fue Jake. Te lanzó con demasiada fuerza. ¿Qué tal está tu rodilla? —preguntó Carlisle.

—Bien. Puede que tenga que pedirle a Jasper que la revisé luego de esta competencia. Creo que necesito rehabilitarla un poco —dije mientras doblaba la rodilla. Ayer en la práctica la sentí rara durante uno de nuestros lanzamientos. Mi rodilla perdió fuerza y se hinchó ligeramente. Emmett McCarty, el entrenador con el que trabajaba, me puso tape para tener soporte extra el día de hoy. También me dio un estimulante y hielo anoche. Y le dio una severa reprimenda a Jacob.

—Espero que no sea serio —dijo Carlisle con el ceño fruncido—. Tenemos el Mundial en marzo.

—Estaré bien. Jacob sólo necesita no lanzarme como si fuera una muñeca de trapo —dije, rodando los ojos.

Entré al vestidor de mujeres para ajustarme el maquillaje. Normalmente no me gusta usar maquillaje, pero cuando estoy en el hielo lo uso en gran cantidad. Mis ojos eran de color intenso y mis labios de un profundo color rojo sangre. Mi cabello café rizado estaba sujeto en un apretado chongo con un listón de tela rojo que combinaba con mi vestido. Alice, la hija de Carlisle, era mi mejor amiga y diseñadora de vestuario para Jacob y para mí. El conjunto que eligió para nosotros para la compilación de canciones de La Máscara del Zorro era un vestido rojo con cortes en forma de tiras y una falda de gasa. Jacob vestía pantalones negros y una camisa roja que hacía juego con mi vestido. Alice quería que usara una máscara, pero él se negó por completo.

Yo estuve de acuerdo con él.

Una de las pocas ocasiones en que sucedía.

Jacob quiso agarrarme el trasero sólo porque me mostré de acuerdo con él. Recibió un golpe en la espinilla con el patín sólo por intentarlo.

—Oye, Bells. Seguimos nosotros —gritó Jacob al vestidor. Exhalé un suspiro y salí hacia el área detrás del escenario de la pista de hielo. Me quité la chaqueta e hice unos breves estiramientos para aflojar mis músculos. Una vez terminados mis estiramientos, Carlisle me frotó los hombros y me dijo que les pateará el trasero a todos.

Eso esperaba.

Detestaba depender de otra persona para ganar, pero no era lo suficientemente fuerte como patinadora individual para lograrlo. Necesitaba a Jacob. Él me necesitaba a mí. Éramos un equipo. A pesar de que lo odiaba, necesitábamos trabajar juntos para ganar las Nacionales.

El dúo que iba antes de nosotros terminó su pieza. Jessica Stanley y Mike Newton salieron del hielo. Pude ver por las lágrimas de Jessica que no lo hicieron tan bien. Mike tenía una postura de derrota. Me dedicó una ligera sonrisa mientras se dirigían al área de Kiss and cry*. Jacob y yo entramos al hielo, y nos giramos hacia Carlisle.

—Es el momento. Ambos pueden lograrlo. Sólo tengan confianza y no dejen que la tabla de posiciones los perturbe. Ambos han trabajado mucho por esto y estoy orgulloso de ustedes —dijo Carlisle—. Hagamos una breve oración y ambos pueden ir a patear traseros.

Agachamos las cabezas y agradecimos en silencio a Dios, rezando para que ninguno de nosotros se fuera a caer o a lastimar. Carlisle apretó nuestras manos y nos sonrió cuando llamaron nuestros nombres. Jacob me agarró la mano y dimos una vuelta por la pista antes de llegar a nuestra marca para el inicio de nuestra rutina. Nos pusimos en posición y esperamos a que la música comenzara.

La música comenzó y ambos entramos en acción. Como bailarines perfectamente sincronizados, nos movimientos y fluimos el uno con el otro. Yo apenas llegaba al metro sesenta de estatura, Jacob me empequeñecía fácilmente. Sin embargo, encajábamos de forma perfecta al patinar. Jacob tenía la fuerza que a mí me faltaba y yo la destreza con la que él batallaba.

Estábamos a mitad de nuestra rutina cuando llegamos al lanzamiento salchow que me causó problemas durante la práctica.

—No me lances como si fuera un saco de papas, Jake —siseé cuando empezamos a ganar velocidad.

—Entendido, Swan —dijo mientras acercaba mi cuerpo al suyo. Se torció y se giró, lanzándome al aire. Crucé los brazos y recé para que mi rodilla me sostuviera. Hice mis tres revoluciones y aterricé sobre mi cuchilla. Sonreí porque no me caí. Seguimos con nuestra secuencia de pies. Era firme, intrincada y difícil. No tenía problemas con ella, pero Jacob era más grande que yo y batallaba con los movimientos. Como dije, yo tenía la destreza, Jacob tenía la fuerza.

Terminamos la secuencia de pies e hicimos nuestra secuencia de giros antes del final de la rutina. Nos quedaba un salto más y era la pesadilla de mi existencia. Giros triples lado a lado. ¡Dios! Odiaba que tuviéramos que poner un triple al final de la rutina, pero para ganar puntos extras, teníamos que hacerlo. Preparamos nuestros saltos y nos lanzamos simultáneamente. Por suerte caímos al mismo tiempo, pero noté que Jake había hecho doble el suyo. Estaba enojada porque significaba que no recibiríamos los puntos extras.

Terminamos la rutina y aterrizamos en nuestra posición final. La multitud rugió e hicimos una reverencia para la audiencia. Estaban lanzando flores y peluches al hielo y nos despedimos de la multitud antes de salir del hielo. Ambos nos pusimos los protectores de las cuchillas y fuimos al área de Kiss and cry. Carlisle nos abrazó a ambos, exclamando su orgullo y alegría porque lo hicimos muy bien. Yo ya estaba diseminando toda nuestra actuación en mi mente. Cada error, cada sutileza, cada fallo. Sabía que quería discutir varias partes antes de realizar esta rutina para la competencia mundial en unos meses.

—Bella, deja de obsesionarte —se rio Jacob—. Disfruta de nuestros adoradores fans.

—Bien —dije con una sonrisa. Ambos saludamos y esperamos la puntuación. Unos momentos después, aparecieron las puntuaciones y como se había esperado, ganamos nuestro tercer campeonato Nacional. Jacob me abrazó fuertemente, levantándome del piso. Grité de emoción y le correspondí el abrazo. Como fuimos el último dúo en patinar, la ceremonia de entrega de medallas estaba siendo ensamblada en el hielo mientras nos abrazábamos.

Nos pusieron una cámara en la cara y tuvimos varias entrevistas hasta que nos llamaron al hielo para recibir nuestras medallas. Patinamos alrededor de la pista y saludamos hasta que llegamos al peldaño superior del podio. Scott Hamilton puso las medallas en nuestros cuellos, nos dio un apretón de manos y nos entregó ramos de flores. Jessica y Mike recibieron la medalla de bronce y un dúo nuevo, James y Victoria Hunter, una actuación de hermano/hermana recibieron la de plata.

Posamos para las fotos y luego nos fuimos en direcciones distintas. Yo fui al vestidor, para ponerme mis jeans y una camiseta. Me puse mis cómodas Chuck Taylors y me colgué la bolsa al hombro. Carlisle me llevaría de regreso al hotel donde cenaría con él y mis padres. Jacob quería salir y beber para celebrar. Él podría hacerlo. Yo sólo quería meterme a la cama y dormir. Habían sido unos días de locura y necesitaba descansar.

xx FO xx

—¡Bella! Necesitamos cambiar sus conjuntos para el programa corto. Los colores no van con la música —dijo Alice desde su posición en el sofá. Yo estaba haciendo yoga en el piso mientras hablábamos—. Aquí están los últimos diseños que realicé para ti y para Jacob.

Lanzó una libreta frente a mí. Íbamos a hacer una rutina especializada de las sinfonías de Tchaikovsky. Actualmente nuestros conjuntos eran de color blanco con negro. Muy simples y elegantes. La imagen frente a mí tenía más fluidez y, en términos de Jacob, era de "maricas".

—Jacob odiará las mangas esponjadas, Alice —dije—. Creo que los colores son bonitos y me encanta. Recuerda que necesitamos complacer al perro.

—Cabrón —gruñó Alice—. La pieza con la que patinarán es tan romántica y hermosa. Los trajes no combinan.

—Lo sé —suspiré—. Dios, ¿no puedo tener otra pareja? Sería muchísimo más fácil hacer eso que pelear con Jacob por los conjuntos. Y recordarle que no debe tocar mis pechos ni manosearme el culo.

—Hay que revisar si alguien se ha separado y hay parejas disponibles —se burló Alice. Sacó su laptop y entró en ESPN. Tecleó patinaje artístico en la barra de búsqueda y gritó—. ¡No puede ser! ¡BELLA! Ven aquí a leer esto.

Me levanté del piso y me senté junto a Alice en nuestro sofá compartido. Aparte de ser mi diseñadora de vestuario, también era mi mejor amiga y compañera de casa.

—¿Qué estoy leyendo? —pregunté.

Puso su Macbook en mi regazo y en el sitio web había un enorme encabezado: Tanya Juneau es Expulsada del Patinaje Artístico por el Resto de su Carrera.

—No puede ser —exhalé mientras leía el artículo. Al parecer estaba tomando analgésicos muy potentes y esteroides por una lesión en la espalda que recibió debido a un accidente automovilístico reciente. Le hicieron una prueba de antidoping aleatoria y tenía varios fármacos prohibidos en su sistema. Fue a unas horas antes del Campeonato Nacional de Inglaterra. Tanya quedó descalificada y obligaron a Edward Masen a retirarse de la competencia.

—Deberías ir tras él, Bella. Él es una maravilla. Su estilo de patinaje está más adecuado al tuyo —señaló Alice.

—Sólo dice que los fármacos estaban en el sistema de Tanya. ¿Y si Edward también los usa? No quiero que me relacionen con eso. Además, es británico —dije—. Me niego a competir en Inglaterra y estoy segura de que Edward no querría convertirse en un ciudadano americano para competir.

—Ha habido parejas provenientes de dos países y han competido. No es normal, pero hay precedentes —dijo Alice.

—Me quedaré con Jake por ahora. Por mucho que lo deteste, tenemos que aguantarnos hasta el Mundial. Estaremos trabajando en un nuevo alzamiento en la práctica de hoy —gruñí—. Eso significa que Jake será toda una perra. Mierda, ¿tienes el número de Edward?

—Qué graciosa, Bells —se burló Alice. Empujé su hombro y fui a vestirme para mi practica con Jake y Carlisle. Me puse un par de pantalones ajustados y una sudadera a juego. Agarré mis llaves junto con mi enorme bolsa que estaba llena por mis patines—. ¡Adiós, Bella! Diviértete. ¡No mates al perro!

—Lo intentaré —dije desanimada. Le guiñé a Alice y salí del condominio. Me metí en mi BMW azul. Suspiré al inhalar el olor a cuero y carro. Este fue un regalo de mí para mí después de ganar nuestro primer Campeonato Nacional. El cheque de mis patrocinadores Wheaties se usó para comprar este bebé.

Mientras manejaba hacia el estadio, contemplé mis decisiones y mi vida. Siempre he querido ser una patinadora. Era el único lugar donde era grácil y hermosa. Me presioné. Siempre. Primero cuando comencé las lecciones a la edad de cuatro años con Charlie, mi papá, que tenía el sueño de convertirme en la primera mujer estrella de hockey mientras practicábamos en el lago detrás de nuestra casa en Forks, Washington. Dominé el hielo como profesional y Renee, mi mamá, vio algo en mí con lo que ella quería ayudarme a crecer. Al siguiente día, me inscribieron para lecciones de principiantes en la pista de hielo local. Pasé volando las primeras lecciones y rápidamente superé a todos los maestros de la pista.

Luego mi mamá fue a Port Angeles y comencé las lecciones en su pista de patinaje con rutinas más retadoras y maestros más duros. Me quedé con ellos hasta que llegué a la edad de quince años. Crecí exponencialmente como patinadora bajo su tutela. Sin embargo, necesitaba más. Un día, mientras practicaba mi rutina más reciente, había un hombre viendo desde las gradas. No lo reconocí al principio, pero ese hombre era Carlisle Cullen. El Carlisle Cullen. El único hombre en ganar una medalla de oro en las Nacionales, Mundiales y Olimpiadas en dos ocasiones. Estaba sentado en las gradas viéndome patinar. Luego de terminar mi práctica, se acercó a mi mamá. Hablaron brevemente y se intercambiaron números de teléfono.

Más tarde esa noche mis padres tuvieron una enorme pelea. Por mí. Al parecer, Carlisle quería entrenarme en Seattle con los mejores coreógrafos, los mejores maestros y todo lo mejor que este deporte tenía para ofrecer. Mi padre insistía en que me quedara en Forks. Mi mamá quería que participara en un nivel nacional. Carlisle sentía que yo podía hacerlo. Fue un enorme punto de contención en la casa durante mucho tiempo. Sin embargo, estaba estancada en Port Angeles y ansiaba ser retada. Finalmente, mi papá cedió y manejamos hasta Seattle para ver las facilidades donde estaría trabajando como patinadora. Era absolutamente hermoso. Salté de puntillas ante el prospecto de trabajar ahí.

Carlisle nos recibió y me indicó que me pusiera mis patines. Lo hice y salí al hielo. Estaba tan suave. Sonreí y esperé más indicaciones. Carlisle dijo que iba a poner algo de música. Quería verme moviéndome al ritmo de la música. Sonreí y patiné hacia el centro. Una delicada canción de cuna sonó y me moví por el hielo. Exhibí todos mis trucos. Mi secuencia de espiral, mi salto Split, mi pirueta mortal…

Carlisle entró al hielo y tomó mi cara en sus manos. Me dijo que teníamos mucho en que trabajar, pero que le encantaría la oportunidad de verme crecer. Mi padre suspiró y le dio un cheque a Carlisle. Crecí como patinadora, pero nunca pude tener la fuerza para hacer triples consistentes. Tenía una vuelta triple sólida, un giro triple y un salchow triple. Todo lo demás era inestable por decir lo menos. Entrené mi fuerza. Me ejercité. Hice todo para hacer más firmes mis saltos.

Pero no funcionó.

Después de mi décima demostración decepcionante en una competencia regional, Carlisle sugirió que trabajara para convertirme en una patinadora en dúo. Estaba tan enojada por la sugerencia. Quería lograrlo por mi cuenta, pero no podía. Así que a la edad de dieciocho me presentaron a un Jacob Black de veinte años ante la insistencia de mi entrenador, mi mamá y el padre de Jacob, Billy. Pasamos dos años construyendo mi repertorio como patinadores en dúo y finalmente competimos.

El resto es historia.

Sólo deseaba que Jacob también fuera historia. Es asqueroso. Creo que ya ha dormido con 100 mujeres. Demonios, quién sabe, siempre y cuando su polla se mantenga lo más lejos posible de mí. No quiero sus piojos.

Estacioné mi carro junto al Mercedes de Carlisle y me bajé del BMW. Saqué mi bolsa de la cajuela y entré a la pista. Caminé hacia los vestidores y me puse mi par de calcetines de la suerte. Me até los patines y le di unas vueltas a la pista para calentar. Metí el iPod en el bolsillo de mi sudadera y lo puse en aleatorio. Alterné entre vueltas hacia enfrente y girarme para hacer unas cuantas vueltas de reversa.

Vi a Jacob y Carlisle entrar al hielo. Patiné hacia ellos y eché mi iPod en la bolsa pequeña que llevaba conmigo a la pista.

—Hola chicos —dije con una sonrisa.

—¿Cómo estás, Bella? —preguntó Carlisle.

—Bien. ¿Supieron lo de Edward Masen y Tanya Juneau? —pregunté.

—Casi escupo mi café cuando leí el artículo. Edward es un patinador tan bueno. Tanya pudo haberlo sido si se hubiera centrado —dijo Carlisle con el ceño fruncido.

—¿Qué sucedió? —preguntó Jacob confundido.

—La pareja de Edward Masen está expulsada del deporte por abuso de esteroides y fármacos —explicó Carlisle—. Es una pena. Ellos eran sus rivales más cercanos en la Competencia Mundial. Oh bueno, ahora tienen una oportunidad segura para ganar una medalla en la Competencia Mundial de Múnich. Pongámonos a trabajar en arreglar ciertas partes de su programa largo. Luego tenemos que trabajar en los giros dobles lado a lado y esa peculiar elevación que querían añadir al programa corto.

Ambos asentimos y nos movimos al centro de la pista, ocupando nuestros lugares para el programa largo. Arreglamos unas posiciones que quedaban algo toscas. Más que nada era la sección del movimiento de pies y los aspectos artísticos del programa con los que todavía teníamos problemas. O más bien, con los que Jacob tenía problemas. Era algo consistente en las críticas de todos los jueces que Jacob necesitaba trabajar en su fluidez y destreza. Era como si sus brazos y piernas no estuvieran pegadas a su cuerpo.

Luego de arreglar los problemas con el programa largo, trabajamos en nuestros giros dobles lado a lado. Nunca aterrizábamos en sincronía. Porque yo era mucho más pequeña, siempre aterrizaba primero y nos quitaban puntos. Siempre se trataba de estar en sincronía. Estábamos cerca de terminar con nuestra practica de giros cuando nos preparamos para nuestros últimos saltos. Nos preparamos y saltamos. Yo caí de forma normal, pero Jacob se derrumbó en el piso, gritando de agonía. Caí sobre mis rodillas junto a la cabeza de Jacob y busqué a Carlisle. Estaba en el teléfono. Lo cerró y patinó hacia nosotros. Se arrodilló y miró a Jacob con preocupación.

—¿Qué sucedió?

—Me caí, Cullen —espetó Jacob.

—Lo sé, imbécil —espetó en respuesta Carlisle—. ¿Qué te duele?

—Mi rodilla derecha —gimió—. Sentí que se dobló completamente antes de caer.

—¿Tienes lesiones anteriores a esta? —preguntó Carlisle—. ¿En esa rodilla?

—No.

—¿Carlisle? —se escuchó una voz.

—En el hielo, Jasper —gritó Carlisle—. Bella, ve ayúdalo. Odia caminar en el hielo.

Asentí y patiné hacia la orilla de la pista, ofreciéndole mi brazo a Jasper Whitlock, nuestro doctor.

—¿Qué sucedió, Bells?

—Jacob y yo estábamos practicando los giros dobles lado a lado y se cayó. Jacob se está quejando de su rodilla —dije, frunciendo el ceño.

—¿La rodilla de aterrizaje?

Asentí y ayudé a Jasper a llegar hasta Jacob. Jasper me entregó su celular y me dijo que llamara al 911. Lo hice y la operadora me dijo que una ambulancia llegaría en diez minutos. Les indiqué que llegaran por la parte de atrás. Carlisle me entregó un par de guardas para cuchillas y fui a la parte de atrás donde la pulidora de hielo tiraba la nieve extra de la pista. Abrí la puerta de la cochera y esperé la ambulancia. Escuché las sirenas y pronto la ambulancia estaba entrando de reversa en el estadio. Guíe a los paramédicos hacia Jacob, lo subieron a una camilla y lo metieron a una ambulancia. Jasper se fue con Jacob.

Cuando se fueron, me giré hacia Carlisle.

—¿Qué crees que suceda ahora?

—No lo sé, Bells —Carlisle suspiró, pasándose la mano por el cabello rubio. Me dedicó una sonrisa triste, sus ojos azules se oscurecieron con frustración—. Ven, vamos al hospital. Necesito llamar a Billy.

Patinamos fuera del hielo y nos pusimos rápidamente los zapatos. Sequé a toda prisa mis cuchillas y las eché en mi bolsa. Nos subimos a nuestros respectivos carros y fuimos al Centro para Medicina Deportiva de la Universidad de Washington. Jasper era un médico de cabecera aquí y tenía privilegios especiales. Estacionamos y entramos; Carlisle estaba en el teléfono, hablado con Billy, papá de Jacob. Nos sentamos en la sala de espera. Yo saqué mi Nook y leí mientras esperábamos a que Jasper saliera y nos dijera qué estaba pasando.

Mientras esperábamos, Billy llegó en su silla de ruedas al hospital. Había perdido el uso de sus piernas debido a la diabetes y estaba en una silla de ruedas. Dijo quién era gritando y Carlisle fue a consolarlo. Billy se acercó a mi lado y tomó mi mano, dedicándome su sonrisa amable. Más o menos una hora después, Jasper salió con una mirada de angustia.

—¿Qué sucede? —preguntó Billy.

—Se rasgó por completo su ACL, MCL y menisco —Jasper hizo una mueca—. Estará fuera por al menos un año. Si no es que de forma permanente. Es una herida horrible.

—Entonces, ¿no podrá patinar en la Competencia Mundial? —pregunté con lágrimas en los ojos.

—Lo siento, no —dijo Jasper con el ceño fruncido—. Está preguntando por ti, Bells.

Asentí y fui a la habitación de Jacob siguiendo las indicaciones de Jasper. Jacob estaba en una camilla con la pierna elevada sobre varias almohadas y con una montaña de hielo.

—Hola, Jake —dije.

—Hola —gruñó—. Estoy seguro que el Dr. Patán ya te dijo que demonios me pasa.

—Sí. Saldrás adelante, Jake. Te rehabilitarás y estarás como nuevo —dije, sentándome a su lado.

—No, no será así —gruñí—. Estoy jodido, Bella. Vi la radiografía y el MRI. No hay forma en que vaya a superar esto. Mi carrera de patinaje se terminó. Yo terminé.

—No digas eso, Jake —murmuré—. Sé que estás frustrado, pero lo superarás. Estarás…

—No digas "bien", Bella. No estaré bien. Sé que me odias y querías una pareja nueva. Pues ahora es tu oportunidad de tener a alguien nuevo. Tal vez Masen será tu pareja de ensueño. Él también está buscando —gruñó Jacob—. Vete, Bella. No puedo soportar tu alegría de Srta. Pollyanna. Ya te he aguantado lo suficiente y en realidad me siento feliz por haberme lesionado. No tengo que soportar que te sigas burlando de mí.

—No lo dices en serio —sollocé.

—Es verdad. Vete —rugió.

Me acobardé y salí de su habitación. Las lágrimas caían por mis mejillas. Agarré mis cosas y me despedí rápidamente de Carlisle y Billy. Corrí a mi carro y me fui aprisa a casa. Las palabras de Jake fueron tan hirientes. Sabía que él estaba sufriendo, pero no debió haberse desquitado conmigo. Logré llegar a mi condominio sin chocar y entré a mi tranquilizante habitación de tonos lavanda y bígaro, cerrando la puerta de golpe. Caí sobre la cama tamaño King y sollocé por las palabras que me dijo Jake. Por la lesión de Jake. Por la oportunidad perdida del Campeonato Mundial.

¿Qué voy a hacer ahora?


*Kiss and Cry: Área donde los patinadores y el entrenador festejan una buena presentación o lloran justo por lo contrario.


¡Hola! Les traigo esta nueva historia, espero que la disfruten. La historia tiene 36 capítulos en total, se irán alternando entre BPOV y EPOV, así que en el siguiente capítulo sabremos de Edward. No voy a poner fechas de actualización, intentaré mantenerlas semanales como con el resto de mis historias.

Esta historia maneja muchos términos de movimientos de patinaje artístico. Voy a estar investigando los términos en español para hacer una traducción decente, pero hay algunos que no tienen traducción; para ese tipo de casos les dejaré una breve explicación al final de cada capítulo.

No me queda más que agradecerle a Tufano79 por la oportunidad de compartir su historia en otro lenguaje. Y a ustedes por siempre leerme y apoyarme, si les gustó el capítulo y quieren saber más, no olviden dejarme sus comentarios ;)