Dedicado a mi sensei: LadySc -Maaya
Capítulo I
Era un día escolar tranquilo, sin indicio de algo especial. Salvo por los insistentes comentarios, podía decir que todo marchaba igual que siempre. Resultaba increíble cómo los calurosos días de verano transformaban a cualquier enérgico joven en un simple y debilucho espécimen. Claro, exceptuando por el persistente sujeto que tenía casi encima.
—¡Te lo ruego, Yoh!
Era la quinta vez que lo mencionaba y a pesar de recibir la misma respuesta evasiva, sus ánimos no decaían en lo más mínimo. Al contrario, parecían emerger con mayor ímpetu de él.
—Lo siento, Manta, pero no creo…
—Sí puedes— rogaba Oyamada— Sólo es cuestión de decir que sí, vamos.
—No lo sé...—respondió con duda, recordándole el otro factor importante en la decisión— Anna no me va a dar permiso.
Tampoco le gustaba la idea de dejar a su prometida y marcharse de vacaciones.
—Es verdad, Anna siempre se opone—meditó Manta.
—¿Qué tal en otra ocasión? —trató de convencer a su testarudo amigo.
Pero una simple sonrisa no bastó.
—Vamos Yoh, no me dejes solo— intentó de nuevo.
Para su desgracia, ahora estaba usando un arma infalible contra él: las lágrimas. Odiaba ser blanco fácil de esa clase de manipulación, pero no podía decir que no. No le gustaba ver a nadie sufrir, menos si el podía evitarlo.
Tal vez Yoh pensaba que era un exagerado, pero no bromeaba, en verdad se sentía desolado cada temporada lejos de casa.
—¿Tan desagradable es este viaje para ti?—preguntó con un gran suspiro.
—Vacaciones en mi familia no es precisamente la vida en rosa— respondió con melancolía— Aunque sean las vacaciones mejor pagadas del mundo.
—Bueno… yo nunca he salido de vacaciones con mi familia — contestó en un tono similar.
Manta no pudo evitar notar la tristeza en su amigo, recordando la solitaria niñez de Yoh. Si para él no era sencillo, asumía que para el castaño tampoco lo era. Sin embargo, eso no lo detuvo de indagar la causa real de su renuente negativa. Anna era lo más cercano que Yoh tenía por la palabra familia, y aunque no estuvieran casados, sospechaba que entre ellos había una unión más fuerte de lo que se veía a simple vista.
—Si te preocupa Anna, yo me encargo de convencerla y… de que ella también vaya.
Una sonrisa apareció en el rostro de Yoh casi por inercia. Eso fue suficiente para saber que había dado en el clavo con esas palabras.
—Te lo advierto, Anna es difícil de convencer—dijo más motivado
—Sí, me lo imagino—dijo con una pequeña risa.
Conocía a perfecto a la rubia. Pero estaba decidido a pasar unas vacaciones inolvidables con su amigo, al costo que fuera.
Dos semanas después, Anna Kyouyama caminaba tranquila por los pasillos del aeropuerto. Nada perturbaba su andar imponente, salvo la lentitud de las personas a su servicio. Sin dejar ningún detalle de lado, se quitó con elegancia las gafas de sol para observar mejor a sus dos acompañantes. Ambos hombres empujaban con esfuerzo el carro de las maletas. Ninguno sabía por qué la rubia llevaría tanto equipaje, si sólo estarían fuera una semana. Sin embargo, sería un error reclamar el exceso, ya que convencerla no fue fácil. Hicieron hasta lo imposible por complacerla.
Manta podía decir, sin la menor duda, que estaba quebrado por todas las compras.
¿Pero eso importaba?
—Si no se dan prisa, el avión nos dejará—dictó la rubia con autoridad
Por supuesto que no, sabía que valía la pena.
Acataron la orden, caminando con mayor rapidez. Documentaron el equipaje y se dirigieron a la sala de espera, donde la familia Oyamada se encontraba reunida. Mansumi fue el primero en darles la bienvenida.
—Manta no me avisó de este cambio, pero sin duda me alegra que nos acompañen en nuestro viaje—pronunció el hombre con sinceridad.
—Al contrario, el placer es nuestro— contestó el castaño, apenado por el caluroso recibimiento.
—Ningún placer—espetó con dureza la rubia— Después de todo, somos socios.
Mansumi soltó una pequeña risa.
—Cumpliré mi palabra, se lo aseguro, señorita Kyouyama—respondió Oyamada—Pero mientras, será mejor disfrutar las vacaciones.
Él entendía perfecto de qué hablaba con su padre, pero Yoh parecía perdido en el tema. No comprendía del todo los negocios que hacía su prometida, pero eran sus asuntos y los respetaba.
Durante los siguientes minutos, les presentó a su esposa e hija. Manta no pudo evitar reprimir una leve sonrisa. Éstas serían las primeras vacaciones en presencia de su padre. Aunque sabía que dentro de ese bello concepto, el trabajo era el que los acompañaba y no Mansumi a ellos.
Al poco tiempo, subieron al avión privado de la familia. Por lógica, Yoh y Anna tomaron un asiento juntos. Hecho que no escandalizó a Keiko Oyamada, que en otras circunstancias seguro expresaría su desacuerdo al saber que ambos jóvenes estaban comprometidos a tan corta edad. Sin embargo, la pareja no pasó del todo desapercibida por su pequeña hermana, que los miraba con curiosidad.
—Se nota que te mueres de envidia—se burló la niña.
En buena hora le había tocado compartir asiento con esa chiquilla malcriada.
—Eres un celosito—siguió riendo, picándole el brazo—Mírate, estás celosito.
—¡Qué, qué! —contestó ofendido—Cállate, no sabes lo que dices, Manokko.
—Sí. Sí sé—canturreó, sólo aumentando más su molestia—Te dan envidia, porque tú no tienes novia como tu amigo o si la tienes no debe ser tan linda como ella.
Se avergonzó y miró con enfado a la pequeña criatura a su lado. Mannoko, a pesar de su corta edad era de armas tomar. Decidió girarse para ignorar las molestas palabras de su hermana. Él convivía a diario con ellos, ¿por qué habría de sentirse celoso? Pero su curiosidad pudo más y miró de reojo hacia los asientos traseros.
Yoh tomó la mano de Anna mientras charlaban y luego besó su dorso. Nunca se había fijado si su amigo era cariñoso o atento con ella. De hecho, no era un tema del cual hablaran, pero… ¿sería posible que hubieran progresado tanto en su relación? Y si así fuera, ¿qué tanto?
Para su fortuna el viaje no duró tanto. ¡Por fin estaban en la playa! El hotel se veía aún más increíble que en las imágenes. No conocía mucho la isla, pero casi podría asegurar que era el más lujoso de todo Hawaii. Estas vacaciones serían increíbles, no tenía duda de eso.
A su llegada, un hombre salió para recibirlos. No necesitaron hacer demasiado papeleo, porque el asistente de su padre ya había hecho el movimiento desde el aterrizaje. Así que Mansumi sólo recogió la llave de su habitación para marcharse a descansar.
—Nos veremos durante la semana —se despidió Keiko, retirándose con su esposo.
—Ya veo porque la imperiosa necesidad de traer a Yoh—dijo la itako, después de verlos marcharse.
—Mamá siempre se reúne con señoras de la alta sociedad en los club— explicó Manta con naturalidad— Papá viaja para ver a sus amigos e ir a reuniones importantes.
—¿Y tu hermana? —preguntó Yoh, cuando la vio aparecer detrás, dándole órdenes a un hombre.
—Siempre se pierde en excursiones y en la piscina, no creo que nos moleste— contestó despreocupado.
O eso quería creer, ya que Manokko no soportaba estar mucho tiempo con él.
—Veré el equipaje—dijo Anna, notando que un hombre preparaba el carro con sus maletas.
—Yo voy por las habitaciones—dijo de inmediato Oyamada— ¿Puedes cuidar un momento de mi hermana, Yoh? A veces se pelea mucho con su niñero.
—Claro— contestó sin problema, dirigiéndose hacia la pequeña niña.
¡Bien! Era lo que quería: un poco de privacidad para hacer sus movimientos. Corrió hasta la barra de recepción. La señorita aguardaba impaciente por su registro, mas no por ello dejó de ser amable, pues sabía que se encontraba ante uno de sus mejores clientes.
—¿Viene por sus habitaciones, joven Oyamada?—anticipó la chica, tecleando en el computador.
—Sí, pero quisiera hacer un cambio.
—¿Qué tipo de cambio desea hacer? —preguntó, observando la información en pantalla—Tiene reservadas cuatro suites en el ala oeste del hotel, todas con vista a la playa.
Siguió leyendo el listado. Nada que objetar, eran las características que buscaba para su hospedaje. Justo como lo había reservado, sin errores.
—Quiero sólo tres suites.
Tal vez se arrepentiría después. Pero aún recordaba con claridad las palabras de su hermana en el avión para hacerlo enojar y eso le daba valor. Era obvio que no tenía envidia de Yoh por tener a Anna, él podría conseguir una novia igual o inclusive mejor que ella. O eso es lo que pensaba…
—Si no te disgusta ver a una pareja contigo, pruébalo—retó la niña al verlo tan callado, mirándolos cada tanto.
—¿Qué? —pronunció confundido.
—Pruébalo—repitió con demasiada confianza para su corta edad.
—¿Cómo? —preguntó Manta desafiante.
De ninguna manera se dejaría ganar por una niña, eso jamás.
—Dales una habitación, en lugar de las dos que les habías pagado.
¡Qué clase de pensamientos tenía esa mocosa!¡Su hermana estaba loca! ¡Y cómo se había dejado engatusar tan fácil! Pero estaba hecho.
Caminó de regreso hacia el lugar donde estaban Yoh y su pacífica hermana. Volteó los ojos, si no la conociera bien, él también creería en esa fachada de niña buena; porque en otras circunstancias, Mannokko ya le estaría gritando que se apurara para irse a ver televisión.
No sería sencillo.
—Al parecer hubo errores en las reservas— comenzó, llamando la atención de ambos.
—¿Qué tipo de error? —preguntó preocupado el castaño.
—Parece que… la señorita dijo que el hotel se saturó antes y nos hacen falta dos habitaciones.
—¡Oh, no!— dijo sorprendida Mannokko— ¿Las mismas que habías pedido con anticipación?
—Sí, las mismas—respondió molesto por aquel fingido y exagerado tono de voz— Pero todas las suites son bastante grandes. Por fortuna tenemos una doble y la especial.
Se abanicó con un papel, exagerando su reacción.
—¡Oh, no! Mejor iré a refrescarme un poco en lo que deciden esto— dijo la niña, caminando con su niñero hacia los baños.
Manta no sabía cómo tomar esa respuesta. Pero ya estaba en esto, no se podía echar para atrás. Si había mentido diciendo que eran dos habitaciones, seguro la rubia querría dormir con su hermana, quien tenía su habitación propia.
—Tendremos que dormir tú y yo en una, supongo— dijo el castaño, no encontrando otra solución.
Quizá porque su mente no ideaba otra respuesta.
—¿Y si tú… duermes con Anna en una?— habló expectante de su reacción.
—No lo sé—dijo dudoso— ¿Tus papás no se alarmarían por algo así?
—No lo creo, además mi papá le tiene bastante aprecio a Anna como para juzgarla— contestó aliviado por que ése fuera el único inconveniente— A no ser que tengas miedo que Anna te mate durmiendo en la misma habitación—le bromeó.
—No tendría motivos—respondió con una risa despreocupada—Soy incapaz de tocarla.
Anna pasaba en ese momento con el carro que llevaba su equipaje. No obstante, al escuchar las últimas palabras de su prometido, no se atrevió a moverse de su sitio. Y ya que ninguno de los dos la veía desde esa posición, decidió quedarse callada al oír que hablaban de ella.
—¿Tan seguro estás que no la tocarías? —cuestionó curioso el pequeño.
—Más que seguro.
La mente de Manta comenzó a trabajar de más. Manokko lo había retado a no sentirse celoso ellos dándoles una habitación, bien eso ya estaba hecho. Pero él deseaba comprobar algunas cosas respecto a su relación con Anna. Formaban era bastante armónica, aunque a veces tenían sus diferencias. Hablando del físico, ambos tenían sus admiradores en la escuela. Por lo tanto, podía deducir que eran atractivos. Juntos, en una habitación, era jugar con fuego.
—¿Qué tal una apuesta?— propuso Oyamada
—¿De qué tipo? —preguntó intrigado.
Anna escuchaba atenta la conversación, sin creer lo que estaba oyendo. Iracunda, apretó fuerte los puños, esperando oír lo que Manta pediría a Yoh. ¿Una habitación, juntos? La respuesta era más que obvia.
—Pues ya que confías en tus impulsos, entonces qué tal una apuesta sobre eso. Compartirán habitación, pero no deberás hacer nada más— explicó vacilante de su peculiar propuesta.
Sólo era un inofensivo experimento.
—¿Quieres decir que no deberé tocarla? — corroboró sus palabras.
—Sí, bueno... salvo algunas cuestiones.
—¿Besos y caricias?
Agregó, a sabiendas que esa clase detalles no podían faltar, si tanto deseaba probar su resistencia.
—Sí— afirmó sonrojado, y sorprendido de que Yoh tuviera muy claro esas cuestiones.
—No suena mal. Después de todo, dudo mucho que Anna me dejé intentar algo con ella—admitió con interés en la propuesta. Además, no dañaría en nada su relación con la rubia—¿Y qué ganó yo con eso?
—Te puedo contactar con tu artista favorito.
Amidamaru le había hablado del peculiar gusto de Yoh por la música de Bob Soul. Así que apenas lo mencionó, una sonrisa iluminó su rostro por completo. Bien pudo haber gritado y brincado de la emoción, de no ser que se encontraban en el vestíbulo del hotel, aguardando sus maletas. La idea, que en principio sonó tentadora, era ahora un sueño hecho realidad. Siete días y podría obtener ese valioso premio.
—¡Trato hecho!—dijo Yoh con emoción, tendiéndole la mano a Manta.
—Alto ahí, aun no te he dicho qué tienes que hacer si pierdes—aclaró con una sonrisa perversa.
—No importa, sé que no perderé— mencionó con absoluta confianza.
Anna, que seguía la conversación detrás del vehículo, deseaba con toda su alma que Manta tuviera un excelente castigo para Yoh. No pudo evitar sorprenderse de la alegría que el simple premio le daba a su prometido, inclusive más que el hecho de poder dormir a su lado durante siete días. Pero ya se lo haría pagar en carne propia.
—Verás… —comenzó Oyamada con un pequeño relato— Hace algún tiempo, cuando vine, una señora no dejaba de acosarme y pedirme una cita. Estoy seguro que cada año viene, al igual que yo, así que… si tú pierdes, tú le darás esa cita.
—¡¿Qué?! ¡Anna va a matarme si salgo con otra mujer!
—Si tan seguro estás de esto, no creo que te cueste trabajo ganar—dijo Manta, viéndola entrar en ese preciso instante—Así no saldrás con esa mujer.
Yoh dirigió una mirada fugaz hacia donde observaba su amigo. Una madura bastante prominente les guiñaba el ojo de lejos, para luego subirse a uno de los elevadores.
—Ése es un buen incentivo para no perder—dijo el shaman, asustado.
—¿Trato hecho, Yoh? —preguntó Oyamada, está vez extendiéndole la mano.
—¡Por supuesto!—dijo el castaño con una gran sonrisa, ilusionado por conocer a su ídolo musical.
—Bien, ¿qué habitación quieres?—cuestionó Manta, dándole a a escoger las dos llaves
Anna suspiró un par de veces más a fin de reprimir su furia por la conversación. No saldría así de repente, a pesar de lo mucho que le purgaba todo ese asunto, tenía que controlarse. Caminó un poco alejada, fingiendo no estar en absoluto molesta y actuando una mágica entrada, encontrándolos todavía discutiendo sobre el lugar de hospedaje.
—¿Me repites qué habitación es cada una?
—La especial y una doble— dijo exasperado Manta.
—Me quedaré en la especial—pronunció Anna con un rostro serio, tomando la llave de su mano.
Ambos casi saltaron al verla aparecer de repente. Sólo esperaban que no hubiese escuchado nada, parecía que así era, porque de nuevo los volvió a apresurar.
—Bien, pero… hubo un pequeño problema y tendrás que dormir con Yoh— clarificó Oyamada, un poco temeroso de ser golpeado por la insinuación.
Pero en forma extraña, eso no ocurrió.
—¿Y tu hermana? — cuestionó con dureza.
—Dormirá conmigo— contestó en automático
—¡¿Qué?! —exclamó sorprendida la niña, que llegaba a ese encuentro..
—Manta dormirá contigo—reafirmó Anna.
Manokko se desvaneció unos segundos en brazos de su niñero con algo de dramatismo, luego brincó lista para la ofensiva. Siempre tuvo una habitación para ella, de ninguna manera permitiría que Manta le robara sus privilegios.
—Bien... entonces...nos vamos a nuestra habitación—dijo Yoh, al ver al par de hermanos pelear en forma acalorada— ¡Qué descansen!
No recibió respuesta, Anna tampoco le tomó importancia y caminó hacia su equipaje.
—¿Habitación? — preguntó uno de los encargados, apresurado por tomar el vehículo de la pareja.
—1982—leyó Yoh de la etiqueta.
—¡Ulalá!¡Una suite romántica— mencionó con un guiño, que sonrojó al castaño.
La rubia prefirió ignorarlos, cruzándose de brazos, aun sin poder quitarse ese mal sabor de boca que Yoh le había provocado.
La suite era imperiosa desde la entrada. Muebles lujosos, una pequeña sala y hasta un comedor tenían a su disposición. Sin olvidar la gran pantalla empotrada arriba de un mueble de madera, en donde había un folleto que detallaba toda la programación disponible. Abrió la boca impresionado. ¡Nunca había tenido tantos canales en casa!
—Hay vino espumoso enfriándose en el cubo—señaló el hombre con gracia—Qué disfruten la velada
—Gracias—pronunció el castaño, ya que la rubia seguía evaluando el sitio desde el marco de la puerta.
El área era bonita y espaciosa, debía admitirlo, pero toda la decoración le parecía demasiado para ser un simple error.
Anna miraba hacia un costado con demasiado detenimiento. El shaman se giró a ver qué era lo que llamaba de esa forma su atención, para descubrir el enorme balcón en la recámara principal en donde se podía apreciar una preciosa vista del mar. Caminaron hacia el dormitorio principal, atraídos por la majestuosidad del paisaje.
La claridad de la luz de la luna penetraba a través de las delegadas cortinas, dejando ver que el la naturaleza no era lo único impresionante en la habitación plagada de rosas. Un aspecto romántico, tuvo que admitir con pesar la rubia. Saliendo un poco de su asombro, se guió por el pequeño camino de pétalos rojos a la cama redonda con una figura de corazón encima. La fragancia de las flores era intensa y la fuente de chocolate que brotaba a su lado, le daban un toque sensual al lugar como si de una noche de bodas se tratara.
—Esto parece demasiado extravagante, como para ese enano—habló despectiva
Recordando por qué su habitación tenía esa clase de detalles tan descarados, no pudiendo olvidar la charla de esos dos.
Pero incluso él reconocía que era exagerado.
—Tal vez, se quería consentir un rato, Anna— trató de excusarlo.
Aunque ni él mismo entendía cómo habían parado en una habitación así.
—¿Y para qué quería la fuente de chocolate?—respondió con sarcasmo—¿Para bañarse en ella?
Comenzó a reír con nerviosismo. A veces su prometida era demasiado severa.
—Vamos, no te enojes—intentó aminorar su mal humor— Fue un pequeño error en recepción. Era lógico que le dieran una de las mejores habitaciones. ¿No crees?
No contestó nada, sabía que de hacerlo le echaría en cara su patética apuesta. Además, seguía ofendida. Aún no podía creer el lugar que ocupaba en su lista de prioridades. Preferir al tipo afro, que a ella era una burla imperdonable. En la pensión, rara vez podían estar solos, si no era la presencia de sus amigos, era la de los espíritus. Ahora que tenían algo de privacidad eso era algo que poco le importaba a Yoh, por que él prefería mil veces conocer a su artista preferido.
Yoh transportó las maletas al clóset de la habitación. Estaba muy cansado por el viaje y deseaba con el alma una ducha antes de irse a dormir. La cama se veía bien, a pesar de todos esos pétalos sobre ella. Aunque por respeto a la itako, no le quedaba más que dormir en la sala, que también se veía reconfortante. Por esa parte estaba aliviado, el carácter de Anna le facilitaría mucho las cosas como para siquiera pensar en algo. Esto de la apuesta sería cosa sencilla.
Pero... cuán equivocado estaba.
—¿A dónde vas? —preguntó la itako, después de verlo salir del baño, más fresco.
—A dormir, estoy muy cansado— dijo tranquilo, llevando una almohada bajo el brazo.
La rubia seguía guardando su ropa en el armario, pero no por ello pasó por alto a su prometido, quien sólo llevaba puesto un short holgado, mostrando su perfecta musculatura. Mordió su labio inferior al ver tan perfecta imagen, recién bañado y con unas pequeñas gotas cayendo todavía de su pecho. Dudaba seguir su plan con sensatez, ya que la tentación frente a sus ojos era grande.
—Un sillón no se compara a una cama, querido.
—¿Segura? No quiero molestarte—pronunció dudoso de la actitud de su prometida.
Sonrió complacida de la reacción nerviosa de él, más por verlo tragar saliva con la poca distancia entre ellos.
—Por supuesto, amor— respondió con un toque de sensualidad en cada una de sus palabras.
Sus manos tocaron su pecho desnudo y una de ellas escaló hasta enredar entre sus dedos aquel sedoso cabello húmedo. Era algo que a él siempre le gustaba.
—No sería tan insensible como para dejarte dormir incómodo en el sofá—susurró con aquel tono malévolo—No cuando tenemos una gran cama para los dos.
Continuará...
N/A: Este es mi primer fic en esta sección. Espero que el desenlace sea lo bastante bueno como para considerarse dentro de esta categoría. Un agradecimiento muy grande a todos los lectores.
