Disclaimer: Los personajes mencionados no me pertenecen sino a Masashi Kishimoto. Igualmente, con la historia. Este es un fic adoptado a Nuharoo llamado ¿Destino?
Si desean ver la historia original pueden encontrarla en su perfil.
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Destiny
Capítulo 1
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—No… no pueden —gruñó Hinata observando iracunda la postura rígida de su primo Neji y su estricto padre. Acababan de proponerle la destrucción de su vida y simplemente estaban ahí como si solo estuvieran hablando del clima.
—Hinata-sama, por favor, no se ponga así... —intervinó su primo antes de ser interrumpido por ella.
—¿Y cómo quieren que me ponga? —soltó ella alzando los brazos; incapaz de fruncir más el ceño por el enojo, estaba en su límite y poco de lo que le dijeran la iba a calmar—Esto es una locura. ¿Cómo es que no me habían dicho nada de esto antes? —preguntó indignada.
—Así es como se acostumbra a obrar en estos asuntos —respondió su primo bajando la mirada, no es como que no le importará por completo lo que le pasaba a Hinata; era que simplemente no podía hacer nada por ella. Hiashi, el jefe del clan había aceptado los términos correspondientes y era por eso por lo que, ahora, los tres estaban sentados juntos.
Aunque la pequeña Hyuuga estaba muy tentada a levantarse y retirarse de ahí.
—Pues no estoy de acuerdo —bajó la cabeza la peli azul y viendo como las manos en su regazo se apretaban con fuerza. ¡La estaban condenando y querían que simplemente acatará! ¡Era ridículo! Ella levantó la cabeza nuevamente para chocar sus perlados ojos con los de su primo—¡Esto es una…!
—¡Lo harás quieras o no! —habló por primera vez el patriarca del clan con su característico tono de voz autoritario. Consciente de ese tono que le traía recuerdos de un pasado de dolor; Hinata volvió a bajar la cabeza por un momento, al sentirse regañada—Ya di mi palabra en este asunto. No te estoy preguntando, solo te estamos informando.
—No tiene que preocuparse por nada —espetó Neji con un tono de voz tranquilizador—Él es un ninja fuerte y honorable, pertenece al clan-
—¡No! —aun con la mirada gacha, Hinata hizo saber su opinión.
Estaba tan harta de que la dominaran desde que podía recordar, por todas esas veces que su padre la miraba con desprecio y la obligaba a levantarse del suelo para seguir lastimándola. Todas esas veces que le recordaba las infinitas razones del porque era la escoria de la familia. Fue por su reconocimiento que ella se encargó de hacer sangrar sus manos por el entrenamiento, todo para contentarlo.
Y ahora después de cumplir su mayoría de edad, que pensaba que lo había logrado. Venia él con su impetuoso tono de voz, demandando respeto y obediencia completa, otra vez.
—¡No quiero saber nada más! —dijo Hinata aferrando sus manos, una sobre la otra. Sentía que, si pasaba un momento mas dentro de esa sala, se hundiría las uñas sobre las palmas hasta que le doliera tanto que gritaría.
—¿Por qué no? —consultó Neji, con miedo de ver explotar nuevamente a su pequeña prima.
—No quiero saber con quién me casaré —empezó la Hyuuga para luego levantar la mirada; sus ojos soltaban un brillo de furia desde lo más hondo de su alma, estaba realmente indignada y enfadada—¡porque no lo haré!
Y sin decir nada más, Hinata se levantó de su sitio y salió hecha una furia del recinto de reuniones del clan.
—¡Hinata, vuelve aquí en este instante! —ella escuchó perfectamente el grito de su padre, pero a sabiendas que él era el culpable directo de este matrimonio arreglado, simplemente lo ignoró y siguió caminando lejos de ahí.
Hiashi, desbarató su rígida postura al ver el ultimo mechón de su malcriada hija mayor salir por la puerta. Con un resoplido no muy característico de él miro al techo con manía. A su lado, Neji se frotó los brazos, nervioso.
—Hay que darle tiempo, Hiashi-sama. Ella es su heredera y entiende el papel que juega en este asunto —dijo Neji intentando aliviar la carga y la tensión que había en el recinto. Rezando en su interior porque ella lo pensará bien y volviera para cumplir con su misión… o en todo caso, su condena.
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Camino dando grandes zancadas para alejarse lo más que podía del lugar en donde estaba su padre y su primo. Con un nuevo gruñido surgiendo de su garganta, se preguntó en su interior. ¿Cómo podían, ellos, hacerle eso? ¡La harían renunciar a uno de sus sueños! Ella, como buena soñadora que era, esperaba encontrarse con un apuesto chico, sea un ninja o no, que conquistará su corazón y, de esta manera, formar una familia. Pero esa meta se fue por la borda cuando su padre le dio la noticia de que ya estaba comprometida.
Bien sabía ella que no era la perfecta sucesora que el clan esperaba que fuese. Siempre había sido considerada la chica débil, tímida y sin carácter ante los ojos de los demás. Nunca le dio importancia al desprecio de su gente, ya que nunca había deseado ser la líder del clan, simplemente era algo que no iba con su carácter. Sabía de sobra que ese puesto le pertenecería a su hermana menor Hanabi.
Sin embargo, una cosa muy distinta era el hecho de ser considerada como la oveja negra del clan. Ella desde muy pequeña se había auto impuesto, claro con algo de ayuda de su padre y el resto de su clan —nótese el sarcasmo— a ser una digna y fuerte ninja perteneciente al clan Hyuuga, para que así la reconocieran por su fuerza y valía, no solo por el cargo que tenía a sus espaldas.
Aunque ella no había sido un prodigio como su primo Neji, con los años de entrenamiento impartidos por él mismo, se había vuelto bastante fuerte. Entrenó duramente durante muchísimo tiempo y mejoró algunas técnicas Juuken características de su clan. Ahora todos allí la respetaban y consideraban una ninja con poder propio. Título que había adquirido con sudor, sangre y lágrimas.
Título que valía la pena.
Entonces, ¡¿cómo se atrevía su padre a comprometerla con un ninja de quien sabe que clan?! ¿Por qué a ella? ¿Por qué ahora, que por fin tenía la edad suficiente para cumplir su sueño?
Hace ya bastante tiempo, junto con la meta de ser una ninja fuerte y honorable como su padre y su difunta madre, se había propuesto a sí misma, salir de su hogar y ver el mundo fuera de las fronteras que la habían mantenido protegida tantos años. Deseaba recorrer el mundo, ver las demás aldeas y clanes; conocer el mundo, nada más que eso.
Su clan, aunque situado en el País de Fuego, no tenía aldea a la cual pertenecer. Casi desde el inicio de las aldeas escondidas, su clan se había mantenido fuera ellas, por lo que las reglas que muchos clanes tenían que cumplir no se aplicaban a ellos; cosa que de cierta manera les beneficiaba al momento de las batallas.
Los Hyuuga, eran un clan tan numeroso y poderoso, que prácticamente su distrito era como una pequeña ciudad alejada de todo. Solo en unas escasas ocasiones se habían envuelto en una batalla por ayudar a su aldea aliada y vecina, Konohagakure; con otras aldeas que iniciaban conflictos solo buscando superioridad y poder. Pero, aun así, era mejor tener una alianza que pertenecer a una aldea, o si no su sangre se mezclaría y las bajas en las batallas serían mucho más altas.
Por otra parte, sabía de sobra que por ser sucesora de la línea directa del prestigioso clan Hyuuga y poseer el codiciado Byakugan, tendría obligaciones importantes que su título portaba. Pero no se imaginó que tendría que ser una moneda de cambio entre la aldea aliada y su clan.
Sin embargo, bien entendía que era inútil seguir peleando contra la decisión que su padre y el consejo habían tomado para su futuro. Después de todo, si ella no cumplía esta decisión, no tenia la menor idea de que consecuencias podría haber. ¿Una guerra entre su clan y Konoha? No, ella definitivamente no podía aceptar eso… aunque fuera su propio futuro el que estuviera en juego.
Por lo que decidió volver a la sala de reuniones para saber más sobre el tema. Debía comportarse como toda una Hyuuga y mantener el honor y la palabra de su clan; era una princesa y tenia que cumplir sus obligaciones al final del día.
Una vez que la peli azul volvió a la sala en donde estaban su padre y primo, la estancia se envolvió en un aire tenso y silencioso. Hiashi ciertamente no deseaba tal futuro a la mayor de sus hijas; no deseaba que su hija fuese tratada como ganado solo para mantener la amistad firmada hace ya bastante tiempo entre su clan y la aldea vecina. Sin embargo, la situación era delicada, más de lo que pensaba su hija o cualquier miembro del clan a excepción del consejo. Tiempos desesperados exigen medidas desesperadas, pensó.
—Sé que para ti es difícil hacer esto… pero ya verás que al final todo saldrá bien, Hinata. Eres una Hyuuga después de todo.
Hinata sin poder más suspiró resignada. Sabía que como princesa y sucesora tendría que cumplir con sus deberes; así que se sentó frente a ellos y envolvió sus manos sobre su regazo.
—Bien, lo haré, padre. Como has dicho, soy una Hyuuga y como tu hija debo cumplir con mis obligaciones. No obstante, tengo una condición antes de casarme.
Los dos hombres Hyuuga quedaron sorprendidos al ver la determinación que se apreciaba en la mirada de la chica, por lo que solo asintieron para que esta dijera su condición, su único temor ahora es que su petición fuera algo inaceptable.
—En lo que respecta a mi viaje… quisiera hacerlo antes de casarme —soltó la joven chica dejando aún más sorprendidos a sus familiares. Rara vez se veía a la tímida e indefensa princesa hacer declaraciones como esa, pero tal parece que la presión de su clan había forjado parte de su carácter, logrando una extraña mezcla entre una fortaleza marca Hyuuga y una bondad, que seguramente había heredado de su madre. Y justamente ahora dejaba ver su lado fuerte.
Ella había hablado sobre su sueño de recorrer el mundo con su padre, hacia muchísimo tiempo. Este siempre le había dicho que lo conversaría y le diría su decisión luego de hablarlo con el consejo, sin embargo, por mas que halla pasado ya un tiempo, su padre no se dignaba a darle una respuesta. Era momento de exigírselo.
—Bueno, lo he estado platicando con el consejo y...
Ella se mordió la lengua antes de gritarle a su padre que apurará el veredicto de su petición.
—Podrás ir.
—¿En serio? —exclamó ella entusiasmada—¡Oh, gracias padre! —le agradeció. Ahora tenía que prepararse para salir lo antes posible. Sin embargo, estaba demás aclarar que las cosas no saldrían exactamente como ella lo pensó.
—Pero no dejaré que mi hija, una princesa, ande por el país como una vagabunda.
—¿A qué te refieres? —entrecerró los ojos la pequeña Hyuuga. No le estaba gustando el rumbo que estaba tomando la conversación.
—Tomarás un crucero que hará escala en las principales aldeas cercanas a nuestro territorio.
—Pero…
—No hay discusión que valga, Hinata. Lo tomas o lo dejas —terminó diciendo seriamente el Hyuuga mayor.
Hinata ahora estaba frustrada. Su sueño era ir sola y por ella misma, de aldea en aldea, sin nada más que su mochila y un mapa de referencia. Nada de lujos, ni títulos, ni escolta; ser solo una viajera más, ser solo Hinata. Pero una vez más su apellido se interponía entre ella y sus inalcanzables metas.
Pero debía aceptarlo, nunca cumpliría su sueño siendo una princesa. Por lo que, resignada, suspiró para aceptar la condición de su padre. Mejor eso que nada pensó.
—Está bien, acepto.
—Irás con una escolta.
—¿Q-Qué? —exclamó Hinata y frunciendo nuevamente su ceño, negó con la cabeza—¡No! Quiero ir sola, padre —De escolta ni hablar, pensó para sus adentros.
—Es peligroso —susurró Hiashi sin despegar su mirada de la de su hija.
—No si voy disfrazada. Nadie sabrá que soy una princesa, ¡hasta podría utilizar un nombre falso! —inquirió ella endureciendo su postura—Además, sabes muy bien que puedo defenderme sola —esto último lo dijo si ocultar el orgullo que sentía de sí misma y recordarle a su padre todo lo que había podido hacer a lo largo de esos años.
Ser una de las mejores ninjas del clan Hyuuga, que manejaba a la perfección las técnicas del Juuken no había sido fácil, pero lo había conseguido.
—Hiashi-sama, sabe usted muy bien que Hinata- sama puede cuidase a si misma —intercedió Neji a favor de su querida prima.
El patriarca del clan le dio una rápida mirada a Neji, la seguridad en los ojos de su sobrino, y la… confianza, fueron cosas que no pasaron desapercibidos para él—Está bien.
Después de todo era lo menos que podía hacer.
—Seré cuidadosa, lo prometo —dijo Hinata solemnemente mientras hacia una inclinación a su padre—¿Cuándo puedo partir?
—En cuanto estés lista.
—Entonces debo apresurarme a preparar todo —dijo la chica antes de levantarse y dar una reverencia final para salir corriendo fuera de la estancia. Hiashi solo pudo suspirar.
—Espero que todo salga bien, no solo en su viaje, sino que también en su matrimonio —pensó para sí el líder del clan.
Hinata estaba emocionada por su viaje, obviando lo que se venía después. Las veces que había salido del distrito de su clan siempre era acompañada por su padre o primo, además de una escolta que no la dejaba sola —incluso insistían en acompañarla al baño— así que no podía ver lo que quería, ni tampoco ir a otros lugares que no estuviesen en su apretada agenda. He allí la razón de su emoción, reemplazando al enfado y la frustración que tenía al recordar acerca de su compromiso.
Aunque no había escogido el destino por ella misma… un crucero que pasará por las principales tierras y sus villas no sonaba nada mal. A ella le interesaba mucho el saber sobre las diferentes aldeas, la cultura que poseían además de los distintos tipos de técnicas ninjas que tendría cada una de ellas. Aunque sus maestros le habían enseñado lo esencial para ser una princesa culta, preferiría conocer las villas y naciones en persona.
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A la semana siguiente de obtener el permiso de su padre, la heredera estaba lista para salir. Todo lo preparó de manera minuciosa. Comprando ropa nueva de estilo sencillo igual que sus maletas.
Se despidió de su padre, hermana y primo dentro del clan para no llamar la atención y salió por una puerta lateral vistiendo como cualquier otra campesina. El disfraz funcionó muy bien, ya que al abordar el barco que la llevaría fuera de su tierra natal, nadie la reconoció.
Se sentía finalmente… libre, sin guardias, ni súbditos que la quisieran complacer. Nunca le había gustado ser el centro de atención, pero al ser la heredera del clan, esa atención era brindada la quisiera o no. Por lo que pasar desapercibida por todas esas personas le agradaba y mucho, podía hacer todo lo que quería sin que nadie la criticara, haciéndola sentir muy a gusto con ese viaje que recién estaba comenzando.
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Notas de la Autora Original (Nuharoo):
Hola =D ¿Que les pareció?
Debo decir que he leído muchas historias de Naruto y Hinata y bueno, me aventure a escribir una propia, espero sus opiniones ante este primer capítulo ^^
Acepto todo tipo de comentarios, dudas, consejos, criticas, palabras de incentivo, etc… cualquier tipo de review es bienvenido.
Información extra:
ᨊ Juuken: es la misma técnica del puño suave, solo que quise darle el nombre técnico.
ᨊ En esta historia Hinata y Naruto tendrán 18 años, junto con el resto de los personajes que estarán cerca de esta edad.
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Notas (TheSoul986):
Esta historia no me pertenece, pueden visualizarla en el perfil de Nuharoo hasta el capítulo ocho. Esta historia tendrá un poco más de relleno hasta que alcancemos el ultimo capitulo subido por Nuharoo, después de eso seguiré la ilación de la historia hasta darle un final.
Si les agrada la trama, dejen un review en esta historia y no duden en pasarse por el perfil de la autora original. Chao•
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