DISCLAMER: Los personajes y la trama original pertenecen a la saga de videojuegos de Capcom ®️, "Resident Evil ©️" o "Biohazard ©️" creada por Shinji Mikami. A excepción de los OC (Original Characters) esos provienen de mi imaginación.


Resumen: Claire Foles, Alex Coulson, y todo el equipo Alpha de S.T.A.R.S., son enviados a investigar la desaparición de sus compañeros, el equipo Bravo, después de su extraña desaparición. En días anteriores, se habían dado asesinatos atroces e irreales en las inmediaciones de las montañas Arklay, y ellos, como el equipo élite de la R.P.D., debían investigar las razones y encontrar al posible asesino; pero ninguno imaginó los secretos que ese bosque guardaba.


Notas

¡Qué tal, extraño! Gracias por aparecerte por aquí. Como ya te habrás dado cuenta, esta historia trata sobre los S.T.A.R.S. de Raccoon City, pero no los S.T.A.R.S. que todos conocemos, sino los que yo he creado.

Pero ellos van a tener muchas cosas de los personajes de los videojuegos, adaptadas a los personajes de mi autoría, seguramente vas a encontrar las similitudes pronto.

Esta historia se basa completamente en los sucesos de la mansión del Resident Evil 1/Resident Evil Remake, cambiando y/o explicando algunas otras cosas que son puramente de mi cosecha.

Aparecerán algunos personajes conocidos, que sirven de ayuda para contar mi historia.

Creo que el punto más importante: Claire Foles no es Claire Redfield, aunque tengan ciertas similitudes, porque me basé un poco en ella, hay que resaltar que no es la misma, ni tampoco son de universos paralelos.

Por último: ¡Gracias por tomarte el tiempo de estar aquí! Para mí significa mucho, lo mismo que significa escribirlo. Que te diviertas.

Agradecimientos

Quiero dar un agradecimiento, y sobre todo, un reconocimiento a DeyaRedfield, quiero se esmeró demasiado en hacer la más preciosa y perfecta portada que haya visto.


Prólogo.

Verla ahí, tan indefensa, tan frágil… Mis dientes se aprietan con fuerza, al mismo tiempo que mi puño derecho sobre el cristal.

—Vas a romper ese vidrio.

Relajo todas las partes tensas de mi cuerpo, pero no me giro a mirarlo, sé quién es.

—Creí que irías a descansar un momento.

—No puedo dejarte sola —rodea mi cintura por la parte de atrás, y en seguida estoy entre sus brazos, lo que me tranquiliza—. Llevas dos días aquí, ni siquiera te has cambiado.

Mis párpados se cierran, y dos lágrimas caen de cada lado por mis mejillas. Siento que todo el mundo se ha detenido.

—No ha habido ningún cambio, Russell.

Sus manos dejan mi vientre, y suben hasta mis hombros para girarme—. Los médicos hablaron contigo, te dijeron la situación… —su mirada es intensa, como si penetrara el escudo que tengo en este momento, acribillando mi esperanza—. No tiene muchas expectativas… Y deberías hacerte a la idea que…

—¿Alex Coulson? —la voz grave y profunda que nos interrumpe, viene de un hombre alto, pelirrojo, y con una incipiente barba—. Lamento interrumpirte de esta manera, pero Karen Rhoades me dijo que tú podrías ayudarme con mi investigación.

Mi ceño se frunce con exageración, pues no entiendo quién es, y mucho menos, por qué Karen tendría tratos con él. Siento cómo Russell se aleja, seguramente para encararlo, por lo que le pongo una mano en el abdomen, obligándolo a detenerse.

—¿De qué investigación habla? —soy yo quien debe afrontarlo, y de un paso, ya estoy frente a él—. ¿Quién demonios es usted?

Da una sonrisa ladina, eso logra molestarme. Lleva su mano hasta su grasoso cabello anaranjado, amarrado en una mediana coleta; cada movimiento que hace, enerva más mi paciencia—. Me llamo Ben, soy periodista —aquellos ojos tan brillantes y claros me observan fijamente; pero no dejo de notar cierta burla en toda su expresión, que me incomoda, y me provoca deseos de golpearlo—. Tengo información recabada que vincula a la compañía Umbrella con los extraños sucesos de canibalismo en la rocallosa Arklay; además de otros datos que no cuadran con su fachada de farmacéutica.

Todo se hunde bajo mis pies. Todo menos este hombre; además, siento como si una avalancha cayera directamente sobre mi espalda. Lo miro fijamente a los ojos, y por más que intento, mi cuerpo no reacciona a las órdenes que le mando.

—¿Qué está diciendo?

Vuelve a sonreír, con ese maldito cinismo; como una bofetada a mi persona—. ¿Te interesa o no?

—Alex, basta —Russell se pone a mi lado para empujarme hacia atrás con su mano—. No lo escuches, sólo vino aquí a molestar —me sigue moviendo, aunque yo me resisto, porque, tal vez sea mentira lo que tenga que decir, pero necesito saberlo.

—Hable de una maldita vez —digo, aunque tengo los dientes apretados, y no sale tan claro como quiero.

Aquél pelirrojo mueve su cabeza, diciéndome que lo siga. Y sin más, da la media vuelta y se va por una puerta que está detrás de él.

Siento mi cuerpo tenso, mis rodillas tiemblan, y mis uñas están lastimando la piel de las palmas.

—¿Te estás volviendo loca? —de un momento a otro, Russell se pone frente a mí, y noto en sus ojos avellana la genuina preocupación y molestia por todo lo que acaba de suceder—. No tienes idea de las intenciones de ese sujeto. Bien puede ser una trampa.

—Tienes razón, no la tengo, ¿pero qué más puedo hacer? Lo estoy perdiendo todo —Russell niega con la cabeza, bastante molesto. Yo trato de ponerme en su lugar; pero al mismo tiempo, presiento que este extraño puede ayudarnos—. Es algo que tengo que hacer por todos ellos, y por todos los que están en peligro.

Él bufa, y por primera vez en nuestra relación, me siento un poco herida, y enojada además. Sabía que nadie nos creería, aunque no pensé que mi propia pareja se pondría de ese lado. Se cruza de brazos y gira la cabeza hacia la derecha, mirando a través del vidrio de aquél cuarto. Sé que no dirá nada, lo conozco por tantos años.

Estoy fastidiada, lo hago notar en mi semblante, y voy hacia la puerta; qué más da.

Camino entre enfermeras, médicos, personal de limpieza, civiles, incluso paso justo al lado de Andrew, que no se ha dado cuenta de mí; desde que regresamos, está ido, y notablemente preocupado. Yo concentro mi atención en el periodista, que ya está bajando las escaleras, y dirigiéndose directamente al patio. Me detengo a unos metros de la puerta, mirándolo por la ventana; si fuera una trampa ¿entonces por qué me lleva a un sitio concurrido y al aire libre?

Va a sentarse a una banca, justo en medio del lugar. No creo que pueda verme, pero yo sí a él, y noto que está mirando hacia acá, como esperando a que salga.

Muerdo mi labio inferior. No sé qué hacer exactamente. Aunque, y pensándolo mejor, ya no tengo nada que perder. No estoy en proceso dé, realmente lo he perdido. Ya no tendremos trabajo, y de ahora en adelante, la gente nos mirará distinto; sumando también, la ausencia de nuestros compañeros… Suelto un largo suspiro, pues, ¿qué más da? Si este tipo tiene las pruebas suficientes para hundir a Umbrella, una ayuda como la mía no le vendrá mal; a nadie le vendrá mal.

Pongo ambas manos en la puerta, y la empujo, al igual que a dos civiles que quieren entrar al mismo tiempo de mi salida. Camino los pasos suficientes y llego donde está, sin decir nada, sólo mirándolo; él mantiene aquella sonrisa molesta.

—Sabía que vendrías.

—Más le vale que esto sea real, al igual que sus palabras de derrocar a Umbrella.

Se mueve a un lado, dejándome el espacio necesario para que yo pueda sentarme—. Es tan real, como aquellas atrocidades que conociste.

Miro aquél lugar, aún lo estoy dudando demasiado; pero ya estoy aquí, no tengo marcha atrás. Me siento lentamente, sin quitarle la mirada de encima, no me había sentido tan asqueada antes, a excepción de cuando estuve frente a Irons por primera vez; y aunque la mirada de este tipo no sea la misma, esa sensación sí.

—¿Por dónde quieres empezar? -dice, mientras se busca algo en la chaqueta.

—Por el principio es lo más conveniente, ¿no cree? —siento que escupo veneno en cada palabra que sale de mi boca.

Suelta una risa, igual de socarrona que toda su actitud—. ¿Cuál es el principio para ti, Alex Coulson?