Narración del Juicio de una ex-marine que creció al lado del Luffy, Sabo y Ace, los huérfanos del destino que se decidieron a cambiar el mundo. Sin embargo, se ve juzgada por los pecados que cometió hasta lograrlo, pecados que van más atrás de lo que el mundo conoce. ¿El mayor de todos? amar a un hombre como solo se debe amar a un dios, por lo que para alcanzar la libertad, debe dar a conocer los secretos, las aventuras y tragedias que le llevaron hasta allí.

¿Quién es Ler? ¿Qué hace aquí? Ciertamente todo es lo mismo, pero nada es igual.

¿Te atreves a leer el guión de esta historia?

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes , tortura y de alto contenido violento.


PRÓLOGO

Adiós, Ace.

Mis ojos buscaron nuevamente los suyos un instante antes de que el cayese de rodillas y la sangre empezara a brotar de su pecho como si de un río se tratase, como si todo lo que llevaba dentro acumulando con los años, finalmente, pudiese salir.

Y realmente el asimilarlo me había tomado cierto tiempo. Unos cuantos segundos para el y una eternidad para mi pues las cosas empezaban a tonarse blanco y negro nuevamente. Los cuerpos danzantes en la batalla, junto con los bultos que rodaban a nuestros pies, se convertían de a poco en borrones, en figuras extrañamente difuminadas sin un rostro, una apariencia o imagen clara. Ante mis ojos, todo era una simple mancha extraña, ajena a mi.

Por ello ya no me molestaba en enfocar la mirada para tratar de entender lo que tenía en frente, simplemente trataba de escuchar sus voces internas, o el latir de sus corazones asustados, heridos, encogidos. Corazones cansados, llenos de incertidumbre y carentes de ganas de seguir peleando.

Porque todos en esta guerra lo estábamos...Al menos los que teníamos algo que perder. Yo tenía miedo de perderlos a ellos.

Así que mientras los miles de llantos me golpeaban a casa instante, doblando mi cuerpo con dirección al suelo cada vez más, desgastando mi mente que ya había sido dañada durante demasiado tiempo y que me hacían apretar los dientes para no respirar una vez más, y que los pulmones saliesen expulsados por mi boca, mientras todo eso pasaba, el era atravesado, y yo ni siquiera había mirado como pasó todo.

Bastó un instante para que su corazón latiese tan rápido que mi cabeza se volteó bruscamente en su dirección, sin ser consiente de que podría haberme roto el cuello, agregando uno más a mi larga vista de huesos rotos.

Y lo vi allí, donde se encuentra ahora.

Y cada vez a ambos nos cuesta respirar más.

Supongo que el simplemente ya no tiene con que hacerlo, y yo no puedo soportar el olor a carne quemada que proviene de el. Y nuevamente deseo vomitar, ya no por las malditas náuseas, si no por el dolor, el asco, como cuando de niña, no podía soportar más.

No puedo soportar más. No podemos soportar más.

Claramente hemos perdido y ya no nos queda ni siquiera fuerzas para defendernos un poco más. No podemos huir de esta realidad.

Quiero echarme a llorar, quiero cerrar los ojos para despertar sabiendo que todo esto fue un muy mal sueño, pero ni la peor pesadilla creada por mi mente podría ser tan cruel como para tener este final.

Le miro aún incrédula, expectante, como si mi mirada pudiese darle la vida que podía sentir a través de mi haki, se le estaba escapando.

Duele.

El me mira también. Y me odio porque no puedo distinguir su rostro claramente, pero se que el lo hace porque sólo con mi observación puedo sentirle, y así me imagino exactamente todo con respecto a el, e incluso creo ver una sonrisa en su rostro en el hombro de Lu. Sollozo con más fuerza, apretando los puños junto a mis rodillas, respirando con dificultad, sabiendo que no soy la única que siente aquella angustia y negación, aquel dolor absurdo acumulado por cientos de años.

Luffy lo abraza cada vez más fuerte prometiendole que todo estara bien, pero yo se que no pasará , también se que no puedo volver con el después de haberle fallado dejando que Ace muera.

Dios, lo perdí. Los perdí a los dos, pienso. Entonces todas las promesas que le hice a mi hermano menor, así como a Ace, carecen de valor.

Me reprendo a mi misma. Nunca debí hacerlas sabiendo que jamás podría cumplirlas. No cuando nunca estuvo en mis manos.

Su sonrisa es una despedida para mi, porque sabe lo que va a pasar, y aún así, no va a disculparse por nada.

"Sin arrepentimientos, nena."

Quise reír porque la maldita historia parece no acabarse nunca, y nosotros, los esclavos del destino, sólo podemos aceptar que todo ya está escrito, y que nada se puede cambiar.

Escucho que ambos hablan y el cuerpo de Ace con cada palabra se debilita. Los latidos carecen de fuerza, como su voz, sus brazos envueltos al rededor de nuestro hermano menor. Su piel morena palidece, su cabello negro se pega a su frente por el sudor y por todo su cuerpo, por toda su ropa y el suelo, se desliza sangre. Brota la sangre de alguien condenado a morir y que se enfrentó al destino para vivir unos cuantos años más.

No los suficientes.

Mis ojos se esfuerzan cada vez más en grabar su aspecto en mi memoria, pero ahora frente a mi, es sólo una mancha oscura de la cual, casi no puedo sentir el latir de su corazón.

Lo último que puedo ver antes de caer finalmente al suelo es a Luffy con sus brazos abiertos y al cuerpo sin vida de Ace chocar contra la dura y fría plataforma de Marineford, un lugar que tiempo atrás yo llamé hogar, en donde a la gente que me rodeaba solía llamarla "familia"...

Me preguntaron si me arrepentía por la traición, por haber avergonzado a mi uniforme, haber desafiado a mis superiores y destruir este lugar. No niego que en algún punto, mientras estaba encerrada, llegué a pensar que mis decisiones no fueron lo mejor.

Pero ahora tenía más que claro que no importaba haber destruido mi carrera cuando ellos habían destruido a la única familia verdadera que había tenido.

Marineford tardó solo 3 días en repararse, en volver a estar disponible para la ejecución. Y Ace...el nunca podría ser reparado, el nunca volvería.

Cerré los ojos con fuerza, agotada, adolorida, llena de confusion. Al abrirlos, tal y como supuse, no había nada, sólo oscuridad.

Por un momento creí escuchar al mar susurrar su nombre mientras todas las olas de su bastedad se detenían en respeto al que había sido uno de sus favoritos, pero todo eso estaba en mi cabeza, porque mientras yo también yacia en el suelo destrozada, con el corazón abierto y las piernas sangrando, la guerra seguía su curso, todos aún se movían, excepto el.

"Porque siempre estuvimos tremendamente jodidos.

¿Quién se cree eso de que teníamos algo especial? Solo era el mundo tratando de justificar las ganas de vernos reducidos...a la nada."

¿Habría cambiado algo de no haber venido? Tal vez solo me habría ahorrado el dolor de verle perder la vida lentamente hasta volverse un simple cuerpo e incluso, podría haberle alcanzado solo un poco después. Pero no me perdonaría, no podría haberme perdona no haber intentado retenerle, darle solo un poco de tiempo más para verle sonreír una última vez, de abrazarme, de ver a Luffy.

Mi cabeza palpitaba a cada instante y los gritos son tan fuertes que se, Shirohige podía escucharme incluso estando tan lejos que no podía acudir a nosotros, a el; incluso sobre el sonido provocado por todo lo demás, las pistolas y las espadas, los llantos, insultos, las explosiones y los derrumbes.

Se que todo Marineford puede escuchar mi dolor y yo puedo sentirlos a ellos siendo derrotados. Puedo sentir la desesperación de Marco reflejada en mi propia desesperación.

Coincidir no era nuestra intención, y aquí estábamos, sufriendo por la misma razón, sintiéndonos por primera vez en la vida desde que nos conocimos, conectados, frustrados y culpables por haber fallado.

Cada golpe en los cuerpos de nuestros aliados, así como de los marines a quienes conocí un día, era una puñalada directa en mi estómago , una bofetada ardiente en mi rostro que me hacía retorcer gimiendo en suelo como si de una niña se tratase. Como cuando enloquecí en brazos del Capitán, o cuando el intentaba despertarme de mis pesadillas. Como cuando Ace, Sabo Y Luffy corrían demasiado rápido para las piernas cortas de una chiquilla que no podía dar más y caía en el camino llorando por que alguien la levantase. Y Ace, resignado, con el rostro sonrojado y un "tsk" regresaba a mi lado para tomar mi mano y echarnos nuevamente a correr.

"Que niña tan tonta."

Daría lo que fuese por volver a ver sus ojos, incluso si están llenos de indiferencia como la primera vez que lo vi, o resentimiento como cuando pensé que no lo volvería a ver. Incluso si era odio, similar a cuando nos despedimos. Incluso si no me reconociera, si volviésemos a lastimarnos.

Lo daría todo por ver sus ojos una vez más.

Las emociones y el dolor en el ambiente estaban acumulándose de golpe en mi pecho, logrando que mi corazón se sintese a punto de explotar, robándome las fuerzas para levantarme, porque cada vez que lo intentaba, más sentimientos pesados me doblegaban en el piso, quebraban mi espalda lástima. Me hacían sentir como si aún estuviese rodeada por las cadenas de las que el Shichibukai me había liberado.

Y aunque al final me hubiese quedado ciega, se que Ace estaba tirado allí, con un Luffy en negación a su lado, demasiado afectado para reaccionar.

Lo se porque yo, que siempre alardee de mis habilidades frente a él, que lo ayude en su camino por qué era capaz de encontrar a cualquier personas escondiéndose, no podía sentirle. Estando a solo unos cuantos metros de mi, sin que el océano nos separase como siempre, no podía sentir nada viviendo de el.

Solo era un bulto. Otro bulto más que no estaba tratando de esconderse, porque dé ser así, podría haber sentido aunque sea un débil palpitar de su corazón, pero de el ya no venía nada.

Nada.

Así que deje de luchar.

" No vas a morir de amor, Ler.

Vas a morir por Ace."

Deje de pelear por ponerme de pie cuando me di cuenta que la razón principal por la que había venido hasta aquí, por quien había hecho un trato con mis peor pesadillas, y había dejado a quienes finalmente me aceptaban sin importar quien era, simplemente ya no estaba.

Y me deje llevar.

Podía sentir como alguien intentaba levantarme, pero yo no quería hacerlo, sólo rodé, ahogándome con mi propia sangre y con las heridas abiertas que habían humedecido mi camisa y empezaban a mojar la capa que Doflamingo me había dado también.

Sólo podía pensar, en todos los momentos por los que había luchado para seguir , y me había negado a perder con la esperanza de un día ser felíz aunque todos esos sueños pareciesen muy lejanos.

Pero Ace, Luffy y los demás me ofrecieron esa oportunidad, y cuando al fin creía que todo iba a estar bien, todo había acabado de repente.

Le prometimos a Luffy un viaje juntos, uno más.

Se lo prometimos sin imaginar que esto iba a pasar. El iba a morir.

Entonces me pregunto cual habrá sido su último pensamiento, si que sería de Luffy, de mi, si se encontraría con Sabo. Quizá incluso el maldito asunto que me negaba a aceptar. Quiero pensar que realmente solo cayó, que lo hizo en paz.

Tan sólo habían pasado unos minutos desde que la plataforma de ejecución fue destruida, y con el, Ace había sido liberado conforme al Plan que Marco y yo trazamos.

Aunque llena de inseguridades , me vi en la obligación de decírselo, quizá buscando llenarle de nuevas fuerzas para luchar. Le confesé el estado en el que me encontraba y que escondí al momento de escapar nuevamente de Mariejoa, no omití lo aterrada que estaba y las ganas de acabarlo todo porque a cada instante no podía imaginar que sería de nuestras vidas, si podía dejar mi pasado atrás y vivir para el. Si podía olvidar todos sus engaños.

Si después de una vida de engaños, podíamos vivir una vida juntos.

Él me había gritado mientras corríamos, prometiendo que cuando saliéramos de aquí, nada podría separarnos. No otra vez. Al menos no mientras estuviese en nuestras manos.

Pero, es que nunca lo estuvo.

Unos minutos después, el estaba en el suelo y yo me había quedado sola.

Lo había perdido una vez más. Perdí al amor de mi vida dos veces, en vida.

"- Despierta, Ler. Huye de aquí lo antes que puedas. Te estaré esperando...pero, ¡DESPIERTA!"

Me arrastré hasta ponerme de rodillas mientras sentia a Luffy alejarse. Aún destrozada y casi inconsciente, fue capa de escucharle gritar mi nombre unas cuantas veces antes de que Jimbe echase a correr con el, pero yo lo ignoré.

"Ojalá Luffy hubiese llegado antes.

O un poco después.

Solo se que me habría gustado que el hubiese llegado en algún momento en el que los dos estuviésemos bien.

Que tu no tuvieses un blanco en la espalda, que yo no fuese a una muerte inminente."

- A mí también me habría gustado, Ace- solloce por última vez.

En ese instante supe que debía seguir luchando, por el, por la libertad en la que siempre creyó, por los sueños que siempre soñó, porque parte de el aún vivía y yo debía a asegurarme que siempre que estuviese en mis manos, fuese asi. Dentro de mi, y en la voluntad del chico que era llevado en brazos lejos del lugar, había una razón para no rendirse.

Respiré con fuerza apretando los dientes, usando todo de mi para ponerme de pie nuevamente. Tambaleante, adolorida y a un solo paso de caer otra vez me planté de espaldas a ellos.

No pude salvar a Ace, pero no dejaría que Luffy muriese.

Y yo, no debía morir tampoco. De salir con vida, alguien tenía que protegerle...El chico de sombrero naranja lo habría querido así.

Con las piernas temblando, mi cuerpo sangrando por todas partes y lágrimas corriendo intensamente por mi rostro.

Me limpie las lágrimas y negué con la cabeza, quisiera haber tenido más tiempo para asimilarlo todo, para darme cuenta que el no va a volver, pero todo sucedió tan rápido, que aún puedo verlo frente a mi: Con su cuerpo en llamas y la burla escondida en sus ojos y en su sonrisa porque aún sigo una niña un poco llorona, un poco amargada y caprichosa, porque nunca dejaré de ser y actuar como una tonta frente a el.

Akainu estiró su puño en mi dirección, pude sentirlo incluso antes de que pasará, y yo lo hice también.

Las olas se agitaron una vez más porque después de todo, el mar siempre estuvo enamorado de sus hijos.

Y yo, yo siempre estuve enamorada de él.

No se si me refiero a esta vida, por lo que solo me queda decirle adiós.

Una vez más...Solo una vez más.

"Incluso si no puedo tenerte en esta vida, yo esperaría. Esperaré verte en la siguiente."

Adiós, hijo del mar.

Adiós, Ace.


Abrí mis ojos y les miré, recelosa, prudente. Ciertamente no tenía miedo ni nada que se le asemejara a la sensación de inquietud que todo ser humano tenía al ser juzgado o al verse con la posibilidad de perder algo, no. Yo ya no podía perder nada en esta vida ni en ninguna otra si es que se me diese la oportunidad. Pero existían cosas, pequeños detalles que eran para mi, inexplicables, inentendibles para cualquiera que no hubiese estado allí, por que fácilmente podrían catalogarme como una desquiciada o soñadora, alguien capaz de inventar toda una odisea por ser libre. Y la libertad era lo que me había traído aquí en un primer momento, era más que una promesa a mi misma el estar sentada a punto de hablar, de contar esta fantasiosa e insufrible historia a la que llamé vida, destino.

El destino que Luffy, Ace y yo compartimos.

La seriedad del hombre a unos cuantos metros de mi me abruma y me detiene por un instante, antes de que me sea indicado el seguir caminando hasta llegar al centro del lugar, donde el calor es mas intenso, la luz se vuelve más visible e irritante y mi garganta se seca.

Puedo sentir la muerte tras de mi, pero le susurró que aún no es el momento.

Las personas al rededor se callan cuando la verdadera justicia en lo alto comienza a hablar y deliberar, hasta que es mi turno para explicar, un último intento de que mi alma deje de pesar antes de irme.

-El primer recuerdo que tengo es...