Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y sólo la trama es mía.


El refugio

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Renesmee Cullen

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—Alice, dile a tu hermana que es hora de sacar a Renesmee del agua.

—Mamá, se está divirtiendo —oí que Alice le decía—. No seas aguafiestas.

Mi madre le dio la mirada a mi hermana, Alice podría tener veintiún años y yo veinticinco, pero Renée Swan seguía siendo nuestra madre.

—Ahí estás —dijo mamá viéndome salir de la casa—. ¿No crees que sea tiempo de un descanso? Podríamos darle algo de comida.

Miré a mi hija saltar a la piscina climatizada de niños, aún era verano pero en el estado de Washington ya comenzaban a bajar las temperaturas en septiembre, Jasper la vigilaba, bueno, mi hermana lo designó como el vigilante, él era un chico inteligente que adoraba a su novia así que aceptó.

—Yo la veo bien, vendrá cuando necesite algo —miré alrededor buscando a mi esposo.

—Está con el señor Cullen y Carlisle hablando por allá —comentó mamá apuntando hacia la pérgola de la sección de las piscinas.

El señor Cullen es un hombre que se conserva muy bien para sus sesenta y cinco años, y es que esa familia tiene genes impresionantes, además de una historia. Se llama igual que Carlisle así que todos lo llamamos "señor Cullen", su esposa es la "señora Cullen", Heidi y él fueron padres muy jóvenes, ella con dieciséis y él con dieciocho, se casaron y siento que siguen igual de enamorados que antes, Carlisle es su único hijo y Edward su único nieto, así que Renesmee es el mundo para ellos, por lo mismo el jardín de esta casa tiene tantas cosas, como una piscina para niños, camas elásticas, un sector exclusivamente de juegos con un puente colgante, un pequeño castillo y toboganes. Está demás decir que el señor Cullen es una de las personas más ricas del estado de Washington y quizás de muchos más, ellos decidieron celebrar el cumpleaños de su bisnieta aquí, en una pequeña gran mansión con muchas hectáreas y áreas verdes con establos que Renesmee tanto ama.

No se le puede decir que no, aman tanto a nuestra hija que sólo nos queda agradecerles que sean tan buenos con ella.

—Mami —Renesmee caminaba hacia mí, Renée ya tenía su toalla lista cuando llegó.

—¿Quieres ir al baño? —le pregunté y ella asintió, la tomé en brazos y la llevé al baño a un lado de la piscina—. Cariño, mira tus labios.

Le bajé su traje de baño y la senté, estaba tiritando.

—No más agua, ¿de acuerdo? —ella asintió de nuevo.

Le envié un mensaje a Alice para que me trajera ropa, tocaron la puerta cuando Renesmee estaba en la ducha.

—¿Se acabó la piscina? —preguntó Edward entrando, dejó las cosas en la silla y se acercó a la ducha.

—Ajá —contestó ella, tomé su shampoo de fresas y lavé su cabello—. ¿Nos iremos a casa?

—Los abuelos quieren que nos quedemos a pasar la noche —le respondí enjuagando la espuma—. ¿No quieres quedarte?

Se secó sus ojitos y nos miró a ambos para luego decirme muy bajito:

—No me gusta dormir sola, es muy grande.

—Dormirás con nosotros, cariño, no te preocupes por eso.

Edward la sacó de la ducha envuelta en una toalla, la comenzó a secar mientras yo iba vistiéndola de abajo hacia arriba. La peiné haciéndole una cola, su cabello estaba bastante largo para dejarlo suelto sabiendo que en unos minutos estaría corriendo y saltando de nuevo.

—¿Tienes hambre? —le preguntó Edward y ella negó—. ¿Segura?

—Mmm, quizás tengo un poco de hambre.

—Mamá te llevará a comer mientras ordeno aquí —besó su mejilla y luego la dejó en el piso—. Déjalo ahí, lo llevaré de vuelta —me quitó el shampoo y la peineta—. ¿Por qué siento que no te he visto hoy? Te he extrañado.

—He estado en tu radar todo el día —me estiré de puntillas para besarlo.

—Mmm, no es suficiente —murmuró pegándome a él mucho más, sentí su lengua en mis labios y abrí mi boca para él, me besó lento, diciéndome exactamente cuánto me extrañó.

—¿Ya puedo ver? —nos separamos al oírla, ella tenía sus manitas en sus ojos.

—Sí puedes —me besó una última vez dejándome ir—. Iré en cuanto termine.

La única que estaba afuera esperándonos era Esme.

—¿Y los demás se asustaron? —ella sonrió divertida.

—Renée los asustó, dijo que no quería a nadie con gripe cerca de su nieta.

Estaba lloviendo, algo muy común aquí aunque sea verano. También es algo común que mamá sea un poco mandona. Caminamos hacia la casa por el camino techado, las puertas de vidrio se abrieron en cuanto nos acercamos.

—¡Abuelo! —Renesmee soltó mi mano y corrió donde papá.

—Feliz cumpleaños, princesa —le dijo Charlie alzándola y dándole un caluroso abrazo—. Perdón por llegar tarde, ¿me perdí tu pastel?

—No, te estaba esperando —le dijo ella y papá aguantó, sus ojos brillaron de emoción.

—Bueno, cariño, gracias por esperar.

—¿Podemos partir el pastel ahora? —mi hija nos miró y sentí a mi esposo detrás de mí—. ¿Papi?

—Por supuesto que sí, lo que quieras.

Papá entró con su nieta en brazos, ella adoraba a Charlie, no es que haga diferencias o comparaciones pero Renesmee y él tienen una relación muy cercana al igual que Alice y yo con él, papá no habría sabido qué hacer con un nieto, él sólo trató con nosotras y lo hizo tan bien que era esperable que supiera cómo manejar a otra niña.

—De acuerdo, hora de pedir tus deseos —Charlie la dejó en una silla mientras Renée encendía las velas.

Con Edward nos ubicamos al lado de nuestra hija sólo porque por tradición los padres están ahí, si fuera por estos abuelos, ellos tomarían nuestro lugar en un parpadeo. Le cantamos todos juntos y esperamos a que apagara las velas, no quiso darle un mordisco porque se arruinaría el diseño, era de Ariel con sus amigos Sebastián y Flounder, era un pastel realmente increíble.

—Felices cinco años a mi princesa hermosa —Alice la llenó de besos haciéndola reír—. ¿Quién es tu tía favorita?

—¡Tú!

—¡Lo sabía!

Se llevaban muy bien, Alice siempre me ayudó con Renesmee mientras estaba en la universidad, los padres de Edward trabajan y mis padres también, así que decidieron contratar una niñera para que la cuidara mientras yo estudiaba, fue una pelea segura, no recuerdo haber estado tan enojada como ese día, podía entender que ellos quisieran ayudarme con el cuidado de mi hija pero yo, como su madre, no quería que una desconocida criara a mi bebé. De sólo recordar ese día me retuerzo un poquito porque hicimos un gran cambio desde esa pelea.

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Había tenido un día horrible, era la segunda semana después de tener a Renesmee, me había perdido tres semanas de universidad y trataba de llevar el ritmo de nuevo, hoy tuve que salir de clases porque mis senos no aguantaban más, me saqué leche en los baños pero me seguían doliendo. Le envié un mensaje a mamá preguntándole cómo estaba todo, ella cuidaba a Renesmee los miércoles que era el único día que tenía clases tan temprano y durante todo el día.

Bella: ¿Cómo está ella?

Mamá: Bien, le di su leche y volvió a dormirse.

Bella: De acuerdo, avísame si ocurre algo.

Llegué a casa cerca de las siete de la tarde, muy cansada y con muchas ganas de que Renesmee tuviera hambre para quitar ese dolor en mis pechos. Edward vendría después de su última clase, está terminando una maestría en Arquitectura, quiso posponerlo pero lo obligué a tomarla.

—Llegué —dije entrando sin hacer mucho ruido, vi a Alice en la sala—. ¿Cómo va todo? ¿Tuviste un buen día?

Me miró y supe que algo pasaba, mi hermana no era una persona silenciosa, reservada o poco entusiasta.

—Le dije a mamá que no era buena idea pero no me tomó en cuenta porque obviamente soy una adolescente que no sabe lo que es mejor para todos.

—¿Qué ocurre? ¿Renesmee sigue durmiendo?

—Está despierta, están con ella en su cuarto, por favor espera a que bajen, no quiero que llore cuando comiencen a discutir.

No entendía qué pasaba, oí voces desde arriba y observé que Esme igual estaba aquí, bajó con mamá y otra mujer que vestía pantalón negro, blusa blanca y un sweater negro encima, bien peinada y atenta a lo que las dos mujeres hablaban.

—Bella —sonrió Esme cuando me vio, se acercó a saludarme—. No sabíamos si llegarías antes de que la señora Clearwater se fuera, las presento, ella es Bella Swan, madre de Renesmee, y ella es Sue Clearwater, la niñera altamente cualificada que cuidará a la bebé desde mañana.

Esme no tenía idea, ella era inocente en este asunto, su sonrisa amable no se comparaba a la mirada y tensión que tenía mi madre.

—Un placer, señorita Swan —la señora estiró su mano, la estreché de pura cortesía.

—Lo siento, creo que ha habido un error, no requiero de ninguna niñera para cuidar a mi hija —repliqué seriamente, a Esme se le borró la sonrisa, me miraba preocupada—. ¿De quién fue la idea? —pregunté mirando a mamá.

—Los padres de Edward sólo quieren ayudar, Bella —explicó ella—. Con tus clases y nuestros horarios no podemos cuidar a Renesmee apropiadamente, una niñera es una excelente opción, ella sólo estará hasta que tú llegues de la universidad.

—Pensé que lo teníamos cubierto, hoy es el día más complicado, pensé que estabas bien con cuidarla hasta que Alice llegara a las tres —inquirí observando a mi madre, me estaba enfadando.

—No tengo problemas con cuidarla, no pienses que es así…

—Es que por lo que estoy observando, sí tienes problemas con esto y me habría encantado saberlo antes para haber podido tomar menos clases y no entorpecer tu rutina —la interrumpí alzando la voz, sabía que esto iba a pasar—. Lamento que haya perdido su tiempo —le dije a la señora, ella asintió y me dio una sonrisa de comprensión, esperé a que se fuera para tirar mi mochila al sofá.

—Bella… en ningún momento quisimos pasar a llevar tu decisión de madre con este asunto —esa era Esme disculpándose por Renée y ella.

—No te culpo por pensar que yo tenía idea sobre esto, es algo que mi madre suele hacer cuando sabe que no puede hacer lo que ella quiere.

—Estás siendo injusta —dijo ella—. Con tu hermana no podemos cuidar de Renesmee todo el día, Bella, Alice sigue en la escuela y necesita estudiar, y que yo trabaje desde casa no significa que no haga nada en todo el día, tengo horarios que cumplir también y hoy perdimos una llamada porque no pude aceptarla mientras mudaba a Renesmee y le daba su biberón. La niñera es la mejor opción y debes estar de acuerdo o este día no habrá nadie quien la cuide.

De acuerdo, me quedaba bastante claro el panorama, de hecho lo tenía muy claro desde el momento en que supe que estaba embarazada, todo esto era mi responsabilidad y la asumí por completo, Edward la asumió también, me había propuesto irme a vivir con él a su departamento antes de incluso sospechar de un embarazo, en este momento con toda la rabia y tristeza que estaba sintiendo, no sé por qué me negué a irme con él, supongo que pensé que con mis padres y hermana todo sería menos complicado que haciéndolo sola.

Bueno, sorpresa, no fue así.

—No será problema, cariño, me organizaré con Heidi para este día y yo puedo cuidarla hasta que vayas por ella.

—Gracias, Esme —era tan amable—, pero no será necesario, me las arreglaré sola.

—No puedes hacerlo sola, ¿con quién vas a dejarla si no es con alguna de nosotras? —intervino mi hermana preocupada.

—Lo resolveré.

La puerta se abrió y entró Charlie, al mismo tiempo el celular de Esme comenzó a sonar.

—¿Qué ocurre? —papá me preguntó directamente a mí.

—Mamá no quiere cuidar a Renesmee los miércoles hasta que yo llegue del instituto y trajo a una niñera que obviamente Bella rechazó, ahora dice que no necesita la ayuda de nosotras y no sé a qué se refiere, ¿la dejarás en una guardería o piensas dejar la universidad?

—No puedes dejar la universidad —declaró papá muy serio—. Si tu mamá no puede cuidarla hoy, lo haré yo, cambiaré turno, pero no dejarás a mi nieta en una guardería y mucho menos dejarás de estudiar.

—Renesmee es mi responsabilidad, no de ustedes.

—Pero yo no tengo ningún problema en cuidarla, Bella —replicó Alice y vi la tristeza en sus ojos—. La señora Cullen le dio otra opción y tampoco quiere —le dijo a papá con tono de molestia—. Yo también pensé que estabas bien con el acuerdo que teníamos —inquirió mirando a mamá enojada.

—Ahora la mala soy yo —dijo ella indignada—. ¿Nadie piensa que la niñera es la mejor opción para todos?

No le respondimos, tomé otra vez mi mochila y subí por mi hija, ella dormía en el cuarto que era una pequeña oficina, papá la remodeló para ella aunque prácticamente su cuna estaba en mi habitación todas las noches. Estaba despierta, no hacía ruidos ni lloraba, estaba muy tranquila.

—Hola, cariño —ella se removió, la cargué en mis brazos y me fui a mi cuarto—. Mamá espera que tengas hambre.

Me recosté con ella en mi cama para darle leche, comenzó a beber de inmediato, cerré los ojos tratando de encontrar un poquito de tranquilidad dentro de todo este desastre. Renesmee tomaba de mi otro pecho cuando tocaron a la puerta.

—¿Bella?

—Pasa.

Edward entró, sonriendo cuando nos vio acostadas.

—¿Cómo estás? —se acercó para darme un beso, luego besó la cabecita de Renesmee.

—Molesta —le respondí—, y triste, quizás.

—Podemos aceptar la ayuda de mamá hasta la otra semana, mis clases terminan el próximo jueves, luego podré cuidarla sin tener que pedirle ayuda a nadie.

—Pensé que te quedaban dos semanas.

—Pedí los sábados y todas las tardes, así termino antes.

—Te estás sobrecargando —regañé acariciando su mejilla—. Puedo hablar en la universidad y dejar algunos cursos…

—No —dijo él interrumpiéndome—, no dejarás nada, ¿por qué lo harías? Es sólo una semana más hasta que yo la cuide por completo mientras estudias, mamá habló conmigo antes de llegar, ella la cuidará desde mañana, creo que se molestó un poco con Renée.

—¿Sigue en pie? —pregunté un poco nerviosa, me miró confundido—. Lo de vivir juntos.

Se sorprendió para luego sonreír muy emocionado.

—¿En serio? —inquirió tomando mi mano y dándole un apretón—. ¿Quieres que vivamos juntos?

—Debí haber aceptado mucho antes, pensé que con mi familia cerca sería más sencillo pero me doy cuenta que ahora somos una familia de tres así que… debemos solucionar nuestros propios problemas desde ahora.

—Sí, tienes mucha razón —besó mis labios y sonrió de nuevo—. ¿Cuándo?

—No lo sé, después de clases podemos llevar algunas cosas.

—Sólo debes llevarte la ropa y tus cosas personales, en casa tenemos lo demás.

El departamento de Edward estaba en un sector privado de la ciudad, no tenían vecinos, los departamentos ocupaban la planta completa, eran espaciosos, con tres dormitorios y una sala y cocina abierta, desde que comenzamos nuestra relación ese ha sido siempre nuestro lugar, nuestro refugio, y me encantaba estar ahí.

—¿Puedes decirles tú?

—Claro que sí.

Edward bajó a decirles nuestros planes, yo no quise estar en medio de acusaciones en contra de mi madre, por supuesto lo que hizo con la niñera estuvo mal, si ella hubiese hablado conmigo creo que habría tomado la misma decisión de irme con Edward sólo que con menos drama. Alice le hablaba a mamá lo justo y necesario y papá seguía insistiendo en que volviera a casa. En algún momento volvimos todos a estar juntos en una habitación sin problemas.

..

—¿Estás lista para tu fiesta? —preguntó mi hermana después de la cena.

—¿Qué fiesta? —acomodé a mi hija en mis brazos porque se estaba durmiendo—. Yo sólo quiero irme a la cama.

—La de mañana sábado, ¿ya olvidaste que celebraremos tu cumpleaños?

—Nunca dije que iría.

—Pero es para ti, no seas aguafiestas, Esme ya se ofreció para quedarse con Renesmee, no tienes ninguna excusa barata ahora.

De acuerdo, cómo no ir si te hablan así. Edward se acercó al sofá donde estábamos y asentí a su pregunta silenciosa, tomó a nuestra hija y me levanté.

—Nos iremos a la cama, gracias por estar con nuestra hija en su cumpleaños —agradeció Edward—, y por todos esos regalos.

—Muchos regalos —añadí.

—Qué puedes esperar si es nuestra pequeña princesita —dijo la señora Cullen divertida—. Descansen todos, nos vemos en el desayuno.

En el cuarto que sus bisabuelos le hicieron a Renesmee habían muchas cosas además de su cama, era una gran habitación y a ella le gustaba pasar el rato ahí durante el día, al llegar la noche siempre terminábamos con ella en nuestra habitación, no le gustaba estar sola de noche, decía que era muy grande así que cuando veníamos a pasar las noches aquí, ella dormía en una cuna colecho, que el señor Cullen le compró, al lado de nuestra cama, en la mañana ella despertaba unos minutos y se acercaba a mí que estaba a su lado y volvía a dormirse.

Edward la acostó y comenzó a cambiarle la ropa por su pijama. Me enamoraba un poco más si era posible cuando lo veía siendo un padre tan atento y cariñoso, tengo un referente en Charlie y siento que Edward lo hace tan bien como yo intento hacerlo con ella, ambos estuvimos al mil por ciento desde el principio, es algo que nos ayudó y mantuvo en línea hasta ahora.

—¿No te molestaron del trabajo hoy? —preguntó él cuando nos metimos a la cama, me acercó a su cuerpo donde me pegué a su pecho.

—Me enviaron un correo en la mañana preguntando por la edición de un manuscrito que pidió Emmett —murmuré con cansancio—. Un manuscrito que yo no debía revisar.

—Suena como que alguien no está haciendo su trabajo —pasó su mano por mi cabello relajándome.

—Emmett siempre me dice que debo ausentarme una vez al mes para saber a quiénes despedir.

—Bueno, tiene razón, tú debes hacer tu trabajo y no sobrecargarte con las responsabilidades de otros, sabes que no te hace bien.

—Lo sé, lo estoy haciendo.

Hubo un tiempo en que además de realizar mis funciones también hacía la de otras personas, de amable y porque decir que no se me da un poco mal, pero me comenzó a estresar y eso significaba llegar a casa a trabajar y es algo que odiaba y que Edward odiaba también, teníamos un trato de sólo trabajar en casa si era urgente y necesario. Emmett fue compañero de Edward en el instituto y han sido mejores amigos desde entonces, además es mi jefe, mi esposo habló con él cuando se cansó de irse a la cama solo mientras yo estaba en la computadora.

No me molesté por eso, fue lo mejor, ahora todo es más tranquilo y siento que mi cuerpo y mente se sacaron un gran peso de encima.

—¿Te dije que el proyecto del edificio ecológico en Los Ángeles se aprobó? —estaba emocionado—. Comenzaremos la próxima semana yendo a terreno.

—Felicidades —lo besé y sentí su sonrisa—. Irina ni siquiera me mandó un mensaje.

—Debe estar celebrando, el correo nos llegó antes de traer a Renesmee a dormir.

—¿Ella será parte de tu equipo?

—El trío completo, Irina, Tanya y Katrina,

—Estoy segura que hay mejores decoradoras de interiores que Katrina.

—No trabajaré directamente con ella, Irina es la coordinadora —su tranquilidad no funcionaba conmigo—. La odias.

—La detesto, su obsesión por ti es enfermiza —me quejé a lo que él no rebatió—. Sé que no le das motivos y por la misma razón es que encuentro que está loca.

—Irina lo sabe y la mantiene alejada, Katrina lo sabe también, su carrera está en juego y aunque parezca extraño, le tiene mucho valor a su estatus como para perderlo al seguir insinuándose de esa manera —tomó mi rostro para besarme—. No quiero hablar de ella, mejor me besas.

Y me besó, nos besamos por un tiempo, mordiendo nuestros labios y jugando con nuestras lenguas, y volvió a besarme por última vez dejándome un beso en la frente cuando me estaba quedando dormida.

—Feliz cumpleaños, amor —murmuró abrazándome más fuerte, respiré hondo en su cuello—. Te amo.

—Te amo más.

No tenía resaca porque no bebí demasiado en mi fiesta de cumpleaños, sólo quería quedarme en la cama porque era domingo y aún había comida del almuerzo que mi familia preparó para mí ayer. Moví mi pierna hacia la derecha de la cama para poder tocar a Edward, sentí su pierna y luego sus brazos atrayéndome a su cuerpo.

—¿Estás bien? —murmuró en mi cuello, y sentí una de sus manos en el interior de mis muslos—. Porque te sientes muy bien.

—Mmm —levanté mi pierna hacia arriba y gemí bajito cuando sentí sus dedos acariciarme.

Traté de no hacer ruido hundiendo mi cara en la almohada. Sentí dos de sus dedos entrar en mí y comenzó a moverlos rápidamente.

—No tienes que ser silenciosa, estamos solos.

Y para dejarlo más claro, su lengua reemplazó sus dedos en un segundo, ahora de espaldas, agarré su cabello y me dejé llevar con todo el placer que me hacía sentir, me oí gritar al sentir mi orgasmo y grité otra vez cuando entró en mí.

Se movía tan despacio.

—Más rápido… —murmuré hundiendo mis dedos en su espalda, él siguió haciéndomelo lento—. Edward… —me besó y mordió los labios, moví mis caderas más rápido y lo sentí salir completamente—. ¿Qué ha…?

Me dio vuelta, tomó mi cintura y me levantó, afirmé mis brazos en la cama y dejé ir mi peso hacia delante, junté mis piernas mientras lo sentía otra vez hundirse en mí.

Dios, no puedo esperar.

Se movió, se movió rápido y fuerte contra mí, el sonido de nuestros cuerpos chocando era realmente estimulante, lo amaba. Lo sentí derramarse dentro de mí segundos después de gritar su nombre.

—No quiero moverme —murmuré contra la almohada.

—Entonces te cargaré.

Nos dimos una ducha donde él levantó mi pierna y me hizo el amor otra vez, más lento y despacio, mis piernas aún seguían inestables cuando nos subimos al auto para ir a almorzar donde los padres de Edward. Llamé a Esme para avisarle que íbamos en camino.

Buenas tardes —dijo ella con tono cantarín por el altavoz—. ¿Cómo están?

—Muy bien, gracias, estamos de camino —oí a mi hija—. ¿Renesmee?

Hola, mami —con Edward sonreímos.

—¿Cómo estás, cariño?

Bien, papi, vamos en el auto porque los abuelos me trajeron a comprar el postre de hoy.

—Qué extraño, los abuelos siempre tienen mucho helado en casa.

Pero no tenían de frutilla, mami —dijo ella apenada—. A mí me gusta ese.

—Lo sabemos, cariño.

Escuchamos el chirrido de los neumáticos al frenar bruscamente. Miré a Edward asustada.

—¿Mamá? ¿Están bien?

¡Carlisle! ¡La niña!

¡No se bajen o disparo! ¡Llévatela ahora!

¡NO! ¡Abuela! ¡MAMÁ!

¡Déjenla, por favor!

La quiere a ella, señora.

Se oyeron dos disparos, grité mientras intentaba procesar lo que acabamos de oír.

Se la llevaron.

Se llevaron a mi hija.

—¡Mierda, mierda, mierda!

Edward aceleró y rompí en llanto.

¿Edward? Oh, Dios, se la llevaron —escuché a Esme llorar a través del altavoz—. Se la llevaron...

Se llevaron a mi nieta mientras íbamos en la carretera… La sacaron del auto, dijeron que la querían a ella y se la llevaron en una camioneta roja… ¡No lo sé! Nos reventaron los neumáticos, mi nieta está en manos de dos hombres armados, ¿me está escuchando? ¡Secuestraron a mi nieta!

Oh, Dios mío.

No puedo…

No puedo respirar…

—¿Señora Cullen? ¿Puede oírme?

Traté de enfocar mi vista, vi a un paramédico a mi lado.

—Estoy mareada —murmuré.

—Estará bien, ¿puede levantarse?

Me di cuenta que aún estaba dentro del auto, el de Carlisle estaba delante de nosotros rodeado de policías.

—Bella —vi a Edward acercarse y comencé a llorar.

Me sacó del auto y me aferré a su cuerpo.

—Dime que no es cierto —sollocé en su pecho—. Dime que nuestra hija está bien, por favor.

No me respondió, me abrazó más fuerte y sentí el mundo caer encima de mí otra vez, me sujetó el cabello mientras vomitaba, el paramédico volvió a acercarse y Edward se negó a que me dieran un calmante, no necesitaba calmarme, secuestraron a mi pequeña hija y la necesitaba a ella, por favor.

—Iremos a casa, la policía irá a hablar con nosotros, ¿de acuerdo? Están revisando la cámara del auto de papá, se alertó de la camioneta y están buscándola, Charlie está siguiendo la ruta.

—No me ocultes nada —me miró y lo supe—. No te atrevas a ocultar información, no te lo perdonaré.

—Prometo que no lo haré —me llevó a nuestro auto—. ¿Podemos irnos?

—Lo estarán esperando en su casa, señor Cullen —informó un policía.

Mi familia ya estaba ahí, Alice fue la primera en ir a abrazarme, estaba cansada, mis ojos se sentían hinchados y seguía llorando incluso cuando me senté en el sofá y los agentes especiales se presentaron. Vi a Esme sostener su cabeza frente a mí, debía verse igual de destruida que yo.

—¿Esme? —ella me miró llorando—. No es tu culpa.

—Lo siento, Bella —intentó calmarse pero siguió llorando—. No pudimos hacer nada… ella gritaba y no pude hacer nada.

La señora Cullen sobó su espalda a su lado, Carlisle hablaba con los agentes y el señor Cullen hablaba por teléfono. Renée lloraba junto a Alice mientras Edward mantenía mi mano en las suyas y escuchaba la conversación. No quería perderme aquella información, pero no podía concentrarme con tanta gente.

—¿Tiene enemigos, señor Cullen? ¿Alguien con quien haya tenido algún problema?

—No tenemos enemigos, agente —respondió Edward.

—¿Y su esposa? ¿Algún conflicto en el trabajo?

—No —murmuré.

—La persona que secuestró a su hija dijo «la quiere a ella», ¿están seguros de que no hay nadie que quiera hacerles daño? ¿Un cliente, un antiguo romance?

No teníamos enemigos, no teníamos conflictos ni problemas con familiares ni amigos ni clientes, no tengo idea quién podría ser tan vil y cruel de usar a nuestra hija para destruirnos de esta manera…

—Katrina —murmuré sorprendiendo a los demás.

—Cariño…

—¿Quién es Katrina? —preguntó el agente tomando nota.

—Es la decoradora de interiores de la empresa que trabaja con mi esposo, tiene una obsesión con él desde la universidad, podrían empezar con ella.

Edward le dio un apretón a mi mano pero no me contradijo. No puedo pensar en otra persona capaz de romper mi corazón usando a Renesmee sabiendo que con Edward no tiene posibilidades. Por Dios, quiero matarla.

—¿Katrina Kozáková? ¿La esposa del senador Garrett Kozák? —inquirió la agente un poco sorprendida.

—Investigaremos —replicó el otro agente—. Tenemos las declaraciones y el video del momento del secuestro, en nuestro laboratorio ya están haciendo una búsqueda de los dos hombres. Esperamos tenerles información pronto.

—Por favor comuníquense si reciben alguna llamada, el teléfono de la casa ya está intervenido —se levantaron para despedirse—. Haremos lo imposible para encontrar a su hija, señores Cullen.

Charlie llamó para avisar que la camioneta fue encontrada en un estacionamiento y que ahora estaba siendo revisada. Papá siempre me contaba historias de su trabajo cuando era una niña, amaba escuchar cómo atrapaba a los malos y le daba felicidad a la gente que confiaba en él. Yo confiaba en él, confiaba en que nos traería a Renesmee de regreso o no podría vivir de la angustia.

—Sé que no querrás, pero podrías comer algo —me dijo Alice sentándose a mi lado—. Debes alimentarte.

—No tengo hambre.

—Comeremos algo —replicó Edward levantándome con él.

—No quiero comer —murmuré de camino a la cocina—. No creo soportar algo en mi estómago.

Hizo que me sentara y tomó mi rostro entre sus manos.

—Sabes tan bien como yo que estás embarazada —oh, Dios, comencé a llorar—. Es el peor momento para sentir felicidad pero no minimizaremos esta noticia porque la he estado esperando hace mucho tiempo —asentí dándole la razón—. Debes cuidarte, no querrás comer y te entiendo, quizás ni siquiera te levantarás de la cama —limpió mis mejillas, sentí su beso en mi frente—, pero cuando Renesmee esté con nosotros será la niña más feliz al saber que tendremos un bebé.

—La quiero de vuelta, Edward, necesito a mi hija —me abrazó más fuerte, lo sentí dar un suspiro y luego otro.

Me levanté y ahora yo lo abracé. Lloramos hasta que sentimos que era suficiente, no quería seguir llorando, llorar no iba a traerme a mi hija más rápido y tampoco le haría bien al bebé. Quería estar bien, quería ser fuerte y atravesar el peor momento de nuestras vidas de alguna forma… más optimista, porque íbamos a recuperar a Renesmee y no dudaría ningún día sobre ello.

—Te amo —murmuró en mi oído.

—Te amo más.

No dormí esa noche, ni la siguiente, no fui a trabajar y tampoco me levanté de la cama, no quería pasar por fuera del cuarto de Renesmee y entrar porque me seguiría matando un poco más no tener noticias de ella. Los secuestradores no habían llamado y cualquier persona con sentido común sabe que eso no está bien, eso significa que no quieren hacer un trato, que no tienen en mente devolverla.

—Hola, cariño —mamá se acercó a mi cama y me miró con compasión—. Hice comida, ¿por qué no vas a darte una ducha para que almuerces?

—¿Han llamado?

—No por ahora. Vamos, te ayudaré.

No quería, pero prometí estar bien, vomitaba cada mañana y cada tarde, los demás ya sabían de mi embarazo pero no mencionaron nada, era triste, era muy triste haber planeado este bebé y no poder disfrutar su llegada por alguien tan enfermo capaz de usar a una niña para hacernos tanto daño. Ella no tenía la culpa, por qué no me llevaron a mí, prefería haber muerto a que le estén haciendo daño a mi hija.

—¿Bella? No dejes que tu imaginación te haga daño, nuestra niña está bien, ¿de acuerdo? Ella es inocente, no le harán daño.

No le respondí y quise creerle, de verdad quiero creer en que mi hija no está sufriendo con ellos.

—Se envió un comunicado nacional por televisión que saldrá hoy en la noche —informó el señor Cullen cuando nos vio llegar a la sala—. Está la foto de Renesmee y los números de contacto por cualquier información además de la recompensa. Mis hombres están distribuyendo los afiches en diferentes estados y también por redes sociales. Sólo queda esperar… seguir esperando.

No sé cuánto tiempo podré esperar sin saber de ella.


¡Hola por ahí! No se esperaban esto, lo sé, pero estaba revisando mi carpeta y tenía esta historia sin terminar así que como estaba aburrida empecé a escribir.

No se preocupen, no me tomará hasta final de año para terminarla.

Bueno, ojalá me comenten qué tal, tuve que poner R-M por si acaso.