Disclamer: Total Drama series como sus personajes no me pertenecen, todo está hecho sin fines de lucro y con el objetivo de entretener a un público en concreto.

Warning: slash, alternative universe.


Amaba su trabajo, o era algo que a veces podía decir con seguridad, ya que no era fácil ser el único encargado de una jauría de niños que, muy raras veces, podían comportarse como menores "normales"; en realidad, ¿existía una media de comportamiento para pequeños demonios? No era ningún especialista preparado para ese tipo de tortura, solo era un soñador que había conseguido finalmente su programa de televisión, que pese a no ser el mejor, era un buen comienzo.

O se trata de convencer de ese "hecho" apenas siente la pintura cubrir todo su cuerpo.

¿Debía sentirse molesto, aliviado o una combinación de ambos? Probablemente la última opción era la más adecuada, ya que esa pequeña broma lo hizo irritar, como a la vez, le permitió pensar en algo más que no fuera el deseo de asesinar a los productores del programa, quienes pese a su insistencia de un compañero [algo más fijo de lo que resultaba ser Don], no parecían darle mucha importancia. Suspiró, ya con la jaqueca asomando por su cabeza, misma que quería incrementar al escuchar el sonido del timbre de la puerta.

¿Había pedido una pizza? Lo dudaba, no recordaba que fuera ese día especial de la semana ni tampoco estaba de buen humor; ¿eran los de inspección? Ciertamente sería extraño que llegaran ahora después de ser ahuyentados por los mismos menores.

El timbre insistió, su rostro se contorsionó en malestar, y una vez que se dignó a abrir la puerta principal, la confusión cogió lugar en su mirar.

«No he ordenado nada».

Puede ver en las gesticulaciones contrarias que ese comentario no le ha provocado gracia.

«Yo tampoco pedí un guardaespaldas».

El moreno no comprendió de donde salía tanto cinismo de un cuerpo más minúsculo que el suyo; tampoco era capaz de adivinar cómo es que esa seguridad sonaba estúpida como divertida. Era técnicamente discutir con un adolescente, que por sus ligeras líneas de expresión, ya manifestaba ser un adulto prácticamente novato.

Lo miró, entre molestia y curiosidad.

¿Por qué estaría ahí en primer lugar?

«Puedo recomendarte el mismo tratamiento de belleza» parpadeó, un poco confundido. « ¿O por qué me miras tanto? ¿Nunca has visto a alguien tan atractivo?»

Rodó los ojos, ahorrándose cualquier opinión referente al tema.

«Creo que te has equivocado de lugar, tú-».

«Chris McLean» su sonrisa parecía más destinada a una cámara que a su persona. «Es un gusto verte de nuevo, Chef».

Le costó unos segundos reconocer a esa figura entre sus recuerdos, sobre todo, porque él no era el mismo ser que se posaba en su memoria cuando escuchaba ese nombre como un eco.

«Debe ser una broma».

«Aw, viejo, ¿no te alegra tener un poco de diversión en el programa? Pensé que era lo que querías».

En ese momento entendió todo, su abrupta presencia, la nueva arrogancia. El hombre que está frente suyo reflejaba ser una mala idea para su bienestar mental, pero, sería sin duda, un comodín para el aumento de los televidentes ansiosos por desastre.

Llevó una mano a su cara, la estiró.

No había mucho tiempo para dudas.

«No toques nada mientras soluciono esto».