BUEN DÍA/TARDE/NOCHE/MADRUGADA GENTE BONITAA *-*

ESTA ES UNA PEQUEÑA HISTORIA QUE TENÍA GUARDADA HACE MUCHOOO, LITERAL. NO LA HABÍA PUBLICADO PORQUE NO ESTOY SEGURA SI MERECE TENER MÁS DE UN CAPÍTULO, O SI CON ESTE SERÁ SUFICIENTE. YA ME DIRÁN USTEDES UWU

***ADVERTENCIA***

Esta historia contiene temas sensibles para el público, tales como suicidio, autolesión, consumo de sustancias nocivas y quizá (si encuentro el momento) contenido sexual.

SIN MÁS PREÁMBULOS...


SI LA MALDICIÓN NO ACABA

¿Qué hubiera pasado si Albus escuchaba a Rose y decidía no sentarse con Scorpius? ¿Y si convencía al sombrero seleccionador de ponerlo en Gryffindor? ¿Si fuese popular? ¿Si fuese más feliz?

¿Dónde habría quedado Scorpius?

...

No hablaba con nadie, ni nadie tuvo alguna vez la intención de hablarle. Comprensible.

¿Quién en su sano juicio querría estar con él?

Estaba solo todo el tiempo, y siempre se le veía con un libro entre las manos o bajo el brazo. Después de todo, los libros eran su única compañía, y los únicos que no podían rechazarlo. Todo el consuelo que necesitaba lo encontraba en ellos.

A pesar de siempre tener la cabeza gacha, algo que tuvo que acostumbrarse a hacer para no atraer tanto la atención, siempre era objeto de todas las miradas. No le gustaba admitirlo, pero quizá era el más popular del colegio, aunque nunca estaba acompañado; por supuesto, no era popular del modo en que siempre soñó serlo.

A donde quiera que fuera, esas miradas lo seguían, lo maldecían, lo acribillaban, lo juzgaban, le deseaban lo peor... Él pasaba de largo, bien con la cabeza baja o bien con la cabeza en alto, mirando al frente, con esos ojos grises que con el paso de los años se habían vuelto de hielo; así ignoraba al mundo, así pretendía ser indiferente a todo lo que lo rodeaba; y cuando los demás se aparataban de su camino con tal de ni siquiera hacer contacto con él, ni se inmutaba.

Pocas veces se le escuchaba hablar, excepto cuando los profesores lo llamaban en las clases, para forzarlo a participar. Como sea, superaba a todos sus compañeros, incluso a los mayores, aunque nadie nunca se acercó a preguntarle algo o pedirle ayuda... ni siquiera compartieron mesa con él.

Ser el más brillante de todo el colegio fue gracias a sus compañeros, no era porque lo hubieran motivado, sino porque, como nadie le hablaba o porque lo molestaban y él buscaba dónde esconderse, se terminó refugiando en los libros, y los devoraba uno a uno sin prisas. No era como si tuviera más cosas qué hacer, entonces podía darse el lujo de leer sin interrupciones, sin pendientes.

Algunos decían que, dada su ascendencia y a que siempre estaba leyendo, practicaba magia oscura cuando se escabullía a la torre de astronomía, donde los maestros lo habían descubierto varias veces o donde los alumnos lo veían desde abajo y más de uno le había gritado que saltara al vacío. Otros decían que traficaba artefactos prohibidos, muy propios de su herencia familiar. También había quien se aventuraba a afirmar que era un vampiro, pues lo habían visto vagar en las noches con la ropa manchada de sangre. Y el otro rumor, el que muchos creían pero que pocos tenían el valor para decirlo, era que Scorpius Malfoy en realidad era hijo de El que no debe ser nombrado.

Era cierto que había muchos rumores sobre él, pero algo en lo que todos coincidían, y que definitivamente era cierto, era que él nunca sonreía, pues nadie jamás lo vio hacerlo. Jamás.

La verdad era que nunca tuvo motivos para sonreír. Se preguntaba por qué eran tan idiotas como para pensar que era raro que nunca sonriera, si ellos mismos habían conseguido que él olvidara cómo hacerlo. Ni siquiera cuando llegó el primer año, en la selección, tuvo motivos para sonreír. Apenas el sombrero tocó su cabeza gritó SLYTHERIN, y su corazón se aceleró por haber quedado en la casa a la que, por excelencia, pertenecían todos sus ancestros; pero entonces comenzaron los murmullos, comenzaron a abuchearlo, y el pequeño esbozo de felicidad que sintió desapareció en un instante. En ese momento, mientras iba a sentarse a un lugar apartado de todos, haciendo lo imposible por no echarse a llorar, solo pudo pensar en que quería regresar inmediatamente a su casa con sus padres, y que todo lo que escuchó a su padre hablar con su madre, sobre cómo Hogwarts sería el mismo infierno para él, era cierto.

Sin embargo nunca se fue, ya que nunca pudo decirle a sus padres sobre las burlas, los insultos, lo golpes que recibió desde que puso pie en el castillo, de aquel lugar que pensó que sería como vivir en un sueño. No, ni siquiera en el castillo; fue en el mismo tren cuando lo rechazaron al evitar su compartimento, cuando se asomaron únicamente para contemplar al hijo del señor tenebroso, cuando el estúpido Potter y su insufrible prima Granger entraron pero al notar de quién se trataba se largaron, no sin antes verlo con asco, con miedo, a él, un niño de 11 años. Recordaba a la perfección cómo Potter, quien había sido el más cercano a querer estar ahí, tras entender quién era Scorpius, le arrojó los dulces que le dio a la cara.

Por supuesto que nadie querría estar con él, ni siquiera los hijitos de los supuestos salvadores del mundo mágico, ¿por qué alguien querría estar cerca del hijo del Señor Tenebroso? Aunque no era cierto. Pero a veces él dudaba de su propia procedencia. No sabía por qué, pero sentía que había algo que lo conectaba al antiguo amo de su familia. Quizá solamente se había acostumbrado demasiado a que le dijeran que era su heredero.

Intentó congeniar, intentó hacer amigos... pero nadie lo intentó con él. Se volvió callado, reservado y temeroso desde los primeros meses en el colegio. Eventualmente se refugió en los libros, y más tarde en una torre siempre solitaria en las noches de la que su padre le habló. Quizá en el fondo su padre supo que su hijo algún día necesitaría un espacio para esconderse en su soledad. Consecuente a todos los malos tratos, se aisló de todo el mundo.

Evitaba incluso a sus compañeros de habitación, quienes le hablaban un poco, pero a los que se dio cuenta que molestaban por juntarse con él. Al final decidió que ellos dejaran de hablarle para no causar problemas, buscó en los dormitorios de Slytherin y encontró un dormitorio vacío, trasladó sus cosas y así obtuvo otro lugar de completa privacidad. Si los profesores sabían sobre ello nunca dijeron nada al respecto, por lo que asumió que no había ningún problema.

No obstante, al escribirle a sus padres y al regresar a casa, la historia era diferente, porque contaba poco, pero todo lo que contaba no eran más que mentiras. Comentaba cuán grandiosas eran sus clases, sus maestros, sus compañeros y sus amigos, y lo bien que lo pasaba. Lo único que lo motivaba a seguir con su mentira, eran las palabras y la mirada aliviada de sus padres, pues no quería decepcionarlos, ni causarles más problemas de los que ya tenían, ni ser el causante de que su madre empeorara en su salud, ni que su padre sufriera más de lo que ya había sufrido.

En el colegio no podía esperar para volver a casa, soñando cada noche con sus padres, con su mansión, y si el sueño era de los buenos, con los amigos que siempre deseó y nunca tuvo. Y secretamente, aunque sin sonreír pero sí sollozando, se divertía con todo lo que decían sobre él. Dejaba la frialdad del día de lado por la noche, deprimido por la soledad, por el rechazo y por todo el dolor que tenía que ocultar.

Esa noche, sentado en el barandal, mientras lloraba destrozado en la torre astronómica, con sus pies oscilando al aire y mirando sus más recientes cortes en en sus muñecas y antebrazos marcados con viejas y recientes cicatrices; extrañando más que nunca a su padre que probablemente estaría ebrio, lastimado como él, y hecho trizas en su casa; llorando por su madre muerta hace apenas dos días, y pensando en saltar al vacío para reunirse con ella, pasó algo que nunca había pasado antes.

No estaba solo.

-No lo hagas.

Dijo una voz a su espalda. Se sobresaltó tanto que dejó caer su navaja fuera de la torre. Volvió la vista hacia atrás.

-Lastímate si quieres, pero no saltes.

La persona se acercó.

-Yo he guardado mi dolor por más tiempo que tú, y no he saltado- le sonrió-. ¿Pero sabes? Conozco una forma de aliviarlo. Y no debes morir.

Él continuó mirando a la peculiar chica frente a él, preguntándose si sería real. ¿Quién era esa chica de cabello azul y plateado? No lo sabía, pero alumna no era. Sin embargo, en los grandes y vivaces ojos oscuros de ella, juraría que ella ya lo había visto antes por la forma tan familiar en que lo observaba y le sonreía. Sintió algo en su interior que nunca había sentido antes. Los ojos plateados de él brillaron como nunca lo habían hecho. Su rostro se iluminó.

Extendió su mano manchada de sangre.

-M-me llamo Scorpius. Malfoy. Soy Scorpius Malfoy.

Ella le devolvió una sonrisa aún más dulce y aceptó su mano, sin importarle ensuciarse. Fue una agradable sensación el recibir su mano en la suya.

-Delphini. Deplhini Ridle.

Él se paralizó, y sintió una especie de cosquilleo en el pecho. Una descarga que recorrió su cuerpo entero.

Al final, Scorpius también sonrió.

-¿Qué debo hacer?


El fin.

¿Qué les ha parecido? Los capítulos no serán largos, quizá sean muchos pero lo que quiero es retratar momentos, no una descripción de tooodoo como en otros fics que he hecho.

En un principio lo he ideado como un onefic de final abierto, ¿qué opinan ustedes?

Dejen sus reviews ya saben donde, en verdad quisiera leerlos :3 EN VERDAD

XOXO