Sólo humano
Por
Effinsusie
Descargo de responsabilidad:
El manga y la serie no me pertenecen, solo la trama de esta historia; así como algunos personajes son de mi invención. Y la obra es sin fines de lucro.
Las imágenes de la portada, corresponden a sus respectivos autores.
No permito adaptar o publicar este material en ningún sitio sin mi autorización.
Advertencia:
Rated: Ma+18 Por violencia, y contenido sexual.
Capítulo 1
Aquí vamos de nuevo
—¡Adiós mamá! ¡Adiós abuelo! Los veré pronto.
Su abuelo se despidió de ella sin dignarse a levantar la vista de su periódico, mientras picoteaba despreocupadamente, lo que quedaba de la comida que acababan de compartir.
Su madre, sin embargo, hizo una pausa en el lavado de los platos sucios de la comida, para asegurarse de que su única hija estuviera preparada para su último viaje por el pozo.
Deteniendo el avance de Kagome, mientras cruzaba apresuradamente el umbral, su madre la llamó antes de que desapareciera... literalmente.
—¿Estás segura de que tienes todo lo que necesitas? Puede que aquí no esté tan mal, pero es bien sabido que estos lugares han soportado algunas terribles tormentas de invierno en el pasado.
Su madre tenía razón. El mes de enero estaba a punto de terminar, y los dos últimos inviernos que Kagome había experimentado, mientras cazaba fragmentos de joyas en el pasado, habían sido duros. La nieve caía sin piedad durante semanas, atrapándolos en sus cabañas durante días, como si una avalancha los hubiera atrincherado.
Pero, lo peor fue el frío. Las temperaturas caían por debajo del punto de congelamiento; y el interminable asalto de los vientos helados hacía que se percibiera aún más frío de lo que realmente era.
El primer año no estaba preparada. Armada solamente con calcetines de lana y su mejor abrigo de invierno, las noches y los días fueron largos, ya que, los dedos de las manos, de los pies y de la cara se les entumecían con el duro clima. Las escasas mantas bajo las que dormían apenas los protegían de las gélidas temperaturas, y si no fuera por la gran cantidad de leña que habían cortado el verano anterior, para las hogueras de la cena, los resultados podrían haber sido devastadores.
Después de eso, mantuvo una provisión de ropa de abrigo, comida de emergencia y cualquier cosa que uno pudiera necesitar, cuando se está atrapado en una cabaña con cuatro compañeros helados... y un neko Yōkai.
Pero cuando llegó el frío, trayendo nubes ominosas y su primer sabor de nevada; Kagome inmediatamente hizo el viaje de regreso a casa para obtener provisiones adicionales. Su maltratada mochila estaba abarrotada con seguramente mucho más de lo que estaba previsto que llevara, y ella estaba cubierta de pies a cabeza con un atuendo abrigador; recién adquirido después de una Navidad muy provechosa con su familia.
—¡Creo que estoy preparada! Y aunque no lo estuviera, no creo que pudiera llevar más.
—¡Espera! Necesitarás una cosa más… —Ansiosa por volver con sus amigos, Kagome resopló cuando su madre desapareció de la vista, y volvió rápidamente con los brazos llenos.
Kagome sonrió agradecida cuando le entregaron un exuberante saco de dormir; nuevo y bien enrollado. Estaba relleno de plumón, y tenía una suave y cálida franela en su interior que solo pedía ser acariciada por las mejillas sonrosadas. Definitivamente sería lo suficientemente grande para dos, y Kagome había tenido más de una fantasía juvenil, sobre engatusar a cierto medio demonio para que lo compartiera con ella mientras las frías noches de invierno persistían.
—Casi lo olvido. Gracias, mamá.
Después de atar la bolsa a su mochila; se inclinó para abrazar a su madre y despedirse permitiendo que le dé, una última mirada antes de volver a marcharse. Sosteniendo los brazos de su hija a cada lado, la señora Higurashi sonrió cálidamente y dio un suspiro resignado.
—Por favor, cuídate, Kagome. No sé qué haría si te pasara algo.
—Siempre lo estoy, mamá. Además, tengo a Inuyasha y a los demás cuidando de mí. No va a pasar nada malo.
—Lo sé, querida. Pero el trabajo de una madre, es preocuparse.
Habiendo dado toda la seguridad posible; Kagome se volvió para continuar su camino hacia la casa del pozo, y sin mirar atrás, saltó en el tiempo.
Un escalofrío la recorrió cuando escaló el pozo y aterrizó hasta las rodillas en la brutal nieve invernal. Casi tuvo que desenterrarse del montón de hielo blanco cuando apareció en el fondo, y las capas de protección que se puso ya estaban húmedas por su esfuerzo.
No llevaba ni una semana fuera, pero parecía que una tormenta ya había tomado el pueblo cautivo. La nieve caía y el viento azotaba con tal fuerza que, incluso si hubiera podido mantener los ojos completamente abiertos, en el duro clima, no habría podido ver muy lejos. Era como si estuviera en un globo de nieve; el aire blanco y espeso nublaba la distancia en todas las direcciones.
Apenas podía orientarse, tratando de recordar qué camino la llevaría hasta sus amigos. Esperaba que estuvieran bien, pero confiaba en haberles dejado suficientes provisiones para que estuvieran cómodos hasta que ella volviera.
Haciendo un gesto en varias direcciones antes de decidirse por un camino, se vio distraída por un aura alarmada y agitada que parecía abrirse paso rápidamente en su dirección.
«Yōkai», le dijeron sus sentidos de inmediato, y adoptó una postura defensiva en dirección al demonio, preparándose para invocar su purificación si el intruso pretendía ser hostil.
Reconoció el aura unos instantes antes de confirmarlo con sus ojos, y se relajó solamente un poco al darse cuenta de que el Yōkai le era familiar... más o menos.
—Ah-Un —saludó tímidamente, sin confiar en que fuera una visita amistosa.
«Si están aquí, eso significa que Sesshōmaru debe estar cerca. Pero, ¿qué es lo que quiere? ¿Y por qué no puedo sentirlo? ¿Y por qué tampoco puedo sentir a Jaken o a Rin?», debatió en su mente.
Sesshōmaru no siempre viajaba con su séquito, pero Ah-Un nunca estaba solo. Siempre que se había encontrado con la bestia de dos cabezas en el pasado, al menos un miembro de la improbable pandilla los había acompañado.
Pero el dragón estaba solo, agitándose con ferocidad y desordenadamente mientras se acercaba. La bestia estaba angustiada, eso estaba claro. Pero, aunque tenía el andar de un animal asustado y rabioso, parecía estar lo suficientemente alerta como para reconocer a la miko, y dirigirse hacia ella con determinación y velocidad temeraria.
Se tensó cuando llegó, mirando al dragón como si fuera un perro desconocido, y se sintió aliviada cuando se detuvo antes de que chocara con ella y la hiciera volar. Estaba saltando en su sitio y sacudiendo su cuello con dureza, mientras el otro asentía en su espalda con una urgencia inquietante.
—¿Qué pasa? ¿Pasa algo? —preguntó, sabiendo que no recibiría respuesta. «Definitivamente es inteligente... bastante. Pero no sé cómo comunicarme con ellos». El pensamiento aterrador, la golpeó.
—¿Rin está bien? ¿Dónde está? —el demonio pareció reaccionar a la pregunta, chocando su cabeza con más fuerza. El miedo se apoderó de ella al preocuparse por la niña. Ah-Un no parecía ser una cautiva involuntaria cuando viajaban con Sesshōmaru. Y si el demonio perro no estaba aquí, significaba que algo andaba mal.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Sesshōmaru? —la mención del señor de los demonios provocó más pánico en su corcel. Y pareciendo estar al final de su paciencia con la inútil conversación, utilizó una de sus cabezas para levantarla del suelo, y arrojarla sin contemplaciones sobre su lomo.
No tuvo tiempo de protestar —no es que tuviera intención de hacerlo—, antes de que el dragón surcara los cielos, con ella como pasajera. Todavía tenía su carga, y pretendía conservarla; se ajustó la mochila a los hombros y utilizó las manos para agarrarse con fuerza, y no caerse a causa de la intimidante velocidad.
Incluso con la increíble prisa de los demonios, el viaje a través de la cegadora tormenta de nieve le llevó varios minutos. Un demonio podía cubrir terreno rápidamente cuando estaba bien motivado, y Ah-Un parecía estarlo. No sabía dónde habían acabado, pero tenían que estar muy lejos.
Se sintió agradecida cuando finalmente aterrizaron, y saltó antes de que la arrojaran al suelo.
El corcoveo de pánico de Ah-Un continuaba, pero su atención estaba ahora en una masa arrugada en la nieve.
Una larga cabellera negra fue lo único que pudo distinguir al principio, y esa fue la primera señal que le confirmó que se trataba de una persona. ¿Quién era?
Quienquiera que fuese, no se movía, a pesar de que le daban repetidos y duros empujones. La bestia no verbal parecía estar haciendo todo lo posible para transmitir su súplica de pánico; tanto a su objetivo como a su audiencia.
Kagome finalmente pudo distinguir a duras penas los rastros de su entorno inmediato. A solo unos pasos, había un río cubierto de hielo. No habría sido capaz de distinguirlo, si no fuera por el gran agujero hecho a la fuerza en la superficie.
Ah-Un resopló con fuerza, llamando su atención, y una vez que la tuvo, procedió a dar un codazo y a acariciar al humano aparentemente inconsciente en la nieve. La persona estaba boca abajo, pero al estudiar la masa de pelo más de cerca, pudo ver que estaba mojada. Se quedó sin aliento.
La persona debía de haber caído en el hielo y parecía que el dragón la había sacado.
Estaba claro que quería que le ayudara, y ella no le negaría la ayuda.
Se acercó rápidamente y se arrodilló para tomar los signos vitales.
Al acercarse, reconoció el atuendo del individuo.
Eran las ropas de seda de Sesshōmaru... y su armadura. ¿Qué hacía esta persona con sus cosas? No podía imaginarse ningún escenario en el que el demonio perro fuera robado y despojado de su ropa, y dio la vuelta al humano de pelo negro para investigar más.
Era un hombre, eso es lo que podía decir. Y era pesado. El peso muerto del ser sin vida no hacía más que aumentar la densidad de su impresionante estatura. Necesitó todas sus fuerzas para darle la vuelta, y no lo consiguió sin unos cuantos gruñidos, y epítetos poco femeninos.
Lo primero que percibió de este lamentable espectáculo fue el gran ojo negro que casi coincidía con el color de su pelo. Había otros moretones y cortes más pequeños en su rostro, pero el ojo hinchado se llevaba la gloria, con gran diferencia. Después de que el shock de la cara maltratada se asentara, una doble toma siguió a un largo momento de quietud cuando ella inmediatamente se dio cuenta del parecido.
Este era Sesshōmaru... solo que no lo era.
No tenía marcas. Aparte de los efectos de lo que parecía ser un ataque brutal. Ninguna media luna adornaba su noble frente, ninguna raya... nada que informara, a cualquiera que mirara hacia él, de su aristocrático pedigrí.
Pero lo reconoció al instante. Esta era su cara. Sin embargo, incluso sin sus marcas demoníacas, había algo más que la desconcertaba. Parecía... vulnerable.
Supuso que cualquiera en esta situación lo sería. Estaba congelado, casi ahogado e indefenso. No podía ver sus ojos, ya que estaban cerrados, pero le apartó el flequillo para mirarlo mejor.
—¡Miko! —un graznido familiar la sacó de su evaluación.
—¡Jaken! —respondió al sapo, mientras se dirigía hacia ella con premura. Estaba visiblemente agitado, pero no tenía nada del desdén que era habitual cuando la saludaba. Se detuvo a su lado para arrodillarse junto al señor muy quieto.
—¿Qué ha pasado?
—¡Debes curarlo! —ignoró su pregunta para formular la demanda.
Podrían repasar esto más tarde. Estaba claro que Sesshōmaru necesitaba ayuda, y rápido.
Se volvió hacia él, mientras le ponía los dedos en el cuello, esperando encontrar un rastro de pulso. La sensación de frío en su piel era alarmante, bajó la cabeza hacia su rostro en busca de algún signo de vida. Al principio no pudo detectar ninguno; finalmente encontró un latido lento y bajo... pero muy débil.
—¿Está...? —las lágrimas de Jaken apenas se contenían.
—Está vivo —anunció ella solemnemente, haciendo que el sapo soltara un suspiro muy audible—. Pero apenas. Tenemos que calentarlo y rápido. —Se volvió para dirigirse directamente a Jaken—. ¿Hay algún lugar al que podamos ir para cubrirnos? No tenemos mucho tiempo.
Sus ojos no se apartaron de su señor, y trató de organizar su angustiada mente, en busca de algo remotamente útil. Por fin se le ocurrió una idea.
—Sé de una cueva, pero el viaje nos llevará varios minutos.
Tendría que ser así. No había tiempo para segundas intenciones o planes de respaldo.
Se movió para levantarlo entonces, pero apenas pudo apuntalarlo. Ah-Un, tomó el mando, utilizando sus dos cabezas para levantar fácilmente a Sesshōmaru sobre su espalda, y Jaken le siguió inmediatamente. Antes de que pudiera subir ella misma, el dragón la ayudó a subir, también.
El lomo de la bestia estaba ahora abarrotado, pero ella rápidamente aseguró a Sesshōmaru. Sujetarlo, era más bien para su propia comodidad. Ella no era lo suficientemente fuerte como para evitar que él se cayera si el viaje se volvía turbulento. Tampoco lo era Jaken, pero todavía se aferraron a él. Los constantes movimientos de Ah-Un parecían ser lo único que realmente evitaba que Sesshōmaru cayera al terreno que estaba más abajo.
Viajaron sin hacer comentarios; evaluando en silencio la forma inerte de Sesshōmaru, y reflexionando sobre cómo podía haber llegado a suceder algo así. Inmóvil, estropeado y mortal. Kagome se preguntaba cómo, después de todo lo que aparentemente había soportado, podía conservar esa expresión pasiva en su rostro. Lo estudió mientras volaban por el aire; medio perdida en sus pensamientos, y medio distrayéndose voluntariamente de algunos posibles resultados muy probables, en un futuro no tan lejano.
Finalmente llegaron a la boca de una cueva. Era lo suficientemente amplia como para que el dragón pudiera entrar. Y cuando lo hicieron, hizo todo lo posible por depositar a Sesshōmaru en el duro suelo de roca, que había debajo.
Kagome desenrolló su saco de dormir mientras los dos demonios se preocupaban ansiosamente por la comodidad de su señor.
—Tenemos que calentarle.
—¿Qué debo hacer? —preguntó frenéticamente un impotente Jaken.
—Tenemos que quitarle esta ropa mojada. ¿Sabes cómo quitarle la armadura? —preguntó ella, tanteando las ataduras con torpeza. Jaken dudó, pero solamente por un momento.
No quería tomarse ninguna libertad con la persona de su señor, pero estaba claro que, si no lo hacía, los resultados podrían ser nefastos.
Haciendo a un lado a Kagome, Jaken hizo un rápido trabajo con las correas, pero cuando estuvieron sueltas, necesitó que la miko le ayudara a quitárselas. Cuando ella empezó a quitarle el haori empapado, Jaken volvió a dudar. No debería dejarla hacer esto, pero no hizo ningún movimiento para detenerla mientras la observaba.
—¿Qué hago ahora?
Consiguió no hacer una mueca de dolor cuando la respuesta le quedó clara.
No había tomado ninguna de las clases de supervivencia que ofrecían en su instituto. Aunque, con la forma en que vivía, habría sido lo más inteligente.
Sin embargo, vio varios programas de televisión sobre el tema. Y uno de los métodos que permanecía fresco en su mente era, de hecho, uno para calentar a una persona que estaba en peligro de morir congelada.
Aunque cuando se imaginaba este improbable escenario en su fantasía, ciertamente no era así.
Se suponía que ocurriría con Inuyasha. Y como un medio demonio, probablemente, no correría el riesgo de perder una cantidad peligrosa de calor corporal, él habría sido quien la salvara.
Ella estaría al borde de la muerte por el frío, e Inuyasha le preguntaría qué hacer. Ella le diría cómo salvarle la vida, y él le complacería tímidamente... y se daría cuenta de sus sentimientos por ella en el proceso.
Así es como debía ser. Y en ese momento, Kagome decidió que la próxima vez que quisiera pedirle algún favor al destino, recurriría a la psicología inversa.
Porque en cambio, aquí estaba ella.
A pesar de todos sus actos desinteresados de amabilidad y de su naturaleza bondadosa, se encontraba en una posición en la que tenía que intentar salvar a la única persona que probablemente preferiría morir antes que aceptar su ayuda.
Y por sus esfuerzos —que no tenían ninguna ventaja para ella—, probablemente recibiría un empujón desde un acantilado, o un golpe en el cuello.
Si hubiera tenido más tiempo para reflexionar sobre sus opciones, podría haberlo reconsiderado.
Mientras seguía quitando las sedas, solo levantó la vista un momento para mirarle.
—¿Supongo que ninguno de ustedes es de sangre caliente?
—No. Ningún demonio reptil lo es. No veo qué tiene que ver eso con...
—Entonces lo mejor que puedes hacer es encender un fuego. Veo que tienes tu bastón; solo necesitamos algo de madera.
—¡El bastón de dos cabezas es poderoso, pero no puede hacer fuego del agua! —gritó, más por frustración que por ira—. Cualquier madera que haya por ahí está empapada hasta el fondo. La cantidad de fuego que necesitaría para encenderla la reduciría a la nada.
Con el pecho desnudo, su señor hizo lo posible por ignorar el sobresalto que sintió al ver que la miko, comenzaba la tarea de quitarle la hakama.
—Bueno, será mejor que encuentres algo. No tenemos mucho tiempo. Coge a Ah-Un, y ve a buscar algo de madera que arda. Mucha. Es lo único que lo salvará.
Mientras Sesshōmaru quedaba reducido a nada más que su fundoshi, ella se detuvo un momento para mirar al demonio sapo. Tenía que meterlo en el saco de dormir, y consideró dejarle la ropa interior. Pero no le haría ningún favor si estaba empapado. También mojarían el saco, y necesitaban el material seco para calentar su cuerpo helado.
Se levantó para abrir la cremallera de la bolsa por completo y la dejó extendida.
—Quítalo —les indicó, de espaldas a la pareja. Jaken obedeció y deshizo el último trozo de cubierta del cuerpo de Sesshōmaru. Le tranquilizó un poco el hecho de que la mujer no pareciera interesada en molestar la forma desnuda de su señor. Con sus ojos, o de otra manera.
—¿Y ahora qué?
—Ayúdame a ponerlo en la bolsa.
Ella evitó mirar por debajo de la cintura mientras agarraba a Sesshōmaru por los hombros para girarlo. Jaken estaba junto a ella a su espalda, y juntos lo hicieron rodar hasta su posición. Consiguiendo no mirar a hurtadillas, cerró rápidamente la cremallera de la bolsa alrededor de él, para encerrarlo en ella.
Cuando se puso de pie con la ropa empapada en las manos, la gélida temperatura de la cueva se hizo aún más evidente. Tal y como estaba, les ofrecía cobertura de la nieve y un muro contra los vientos. Pero poco, en cuanto a calor.
Cogió el atuendo desechado de Sesshōmaru y lo extendió por el suelo de la cueva para que se secara.
Mientras lo hacía, siguió dando órdenes.
—Recoge toda la leña que puedas llevar y tráela aquí. ¡Y date prisa!
Asintió con la cabeza, dirigiéndose de nuevo a Ah-Un. Normalmente no se plantearía recibir órdenes de una humana, pero su confianza reforzaba la suya. Parecía saber lo que tenía que hacer, aunque todo fuera una demostración. Porque él mismo estaba perdido hasta que ella apareció.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó mientras agarraba las riendas de la bestia y se disponía a salir.
Quitándose su propio abrigo para dejarlo junto a las ropas de Sesshōmaru en el suelo, respondió con sencillez.
—Haré lo que pueda para calentarlo. Pero necesitamos ese fuego. Ve.
Ahora se estaba quitando el jersey, y Jaken apenas contuvo un respingo. Sin tiempo que perder, solo asintió con la cabeza y, sin ahorrar una mirada por encima del hombro, se pusieron en marcha.
Nota del autor Effinsusie:
Este fic es largo, pero te juro que he trabajado duro para mantener tu interés en cada momento. Espera una montaña rusa durante todo el camino, y si todavía no te he convencido a mitad, las cosas empiezan a cambiar de verdad. ¡Así que sigue leyendo!
Te garantizo que te haré reír a carcajadas, llorar de verdad, enfadarte, excitarte y sentir que se te rompe el corazón en el mismo capítulo más de una vez, ¡o te devuelvo el dinero! pero si lo hago, por favor, dímelo. ¿Trato?
Me nutro de las emociones que evoco, así que hazme saber cuáles has tenido. Pero sólo dímelo si lo dices en serio, ¿Vale?, nada de alcahuetería.
Me gusta hacer crecer a mis personajes, así que, si no te gustan ahora, es porque sólo quiero que te gusten después. No te asustes, se supone que así será.
Si eres un lector experimentado de Sesskag, o es tu primera vez, ¡Quiero que te diviertas! ¡Y déjame una nota o dos por el camino! me alegra el día, ver mi progreso, incluso si es para decirme que apesto lol. Soy muy segura, así que no te preocupes por ello XD ¡Déjame tenerlo! ¡Ooh!, y el objetivo de mi vida es convertir a los shippers, así que hacedme saber si lo hago en algún momento. Quédate por la química Sesskag caliente. Ven por ello...
lol. Soy consciente de que soy una herramienta XD
Traducción: Rakel Luvre.
Nota de traductor: El autor también le agradece al traductor, aunque yo debo estar agradecida por permitirme ser su herramienta de traducción (ja ja ja) y quitarle el tiempo con las revisiones. Muchas Gracias Effinsusie.
Estimado lector, si no has leído esto, créeme no te arrepentirás, es muy bueno.
No olvides dejar un comentario y hacerle saber a Effinsusie qué te pareció.
