Quien eres ahora.
CAP 1: Iuvenis
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-Por enésima vez Dean, tienes que comer más sano.
El menor de los Winchester entró por la puerta principal del búnker, llevaba en cada mano bolsas de tela de las compras (porque el medio ambiente) y en la cara tatuada una expresión de evidente molestia. Habían salido esa mañana temprano por provisiones para llenar la alacena, pues ahora con cuatro personas viviendo en el mismo lugar casi todas teniendo que alimentarse, las cosas se acababan con alarmante rapidez y los viajes a la tienda se habían hecho más largos y más frecuentes.
Detrás de él casi pisándole los talones venía su hermano mayor Dean, quien similarmente cargaba otro montón de bolsas que sentía le estaban cortando la circulación de los dedos. Bajo sus axilas apretaba botellas de vidrio y alguna que otra lata de salsa y todo este malabarismo porque se negaba a hacer segundos viajes, mejor perder alguna extremidad a dar doble vuelta. Una de las bolsas exhibía una gran mancha sospechosa en el la parte inferior, así que cualquiera que lo conociera bien y su amor por la comida poco saludable, diría que era grasa.
Bajaron entre barullo las escaleras de metal que conducían hacia la habitación de la mesa del mapa y posteriormente se encaminaron hacia la cocina, en algún momento Dean había perdido una lata de frijoles y había fingido no verla rodar bajo un librero.
Llegaron en cuestión de segundos, aún seguían discutiendo; sin embargo en cuanto sus manos estuvieron vacías el mayor de los hermanos corrió a sacar una cerveza del refrigerador y mirando con sorna a su consanguíneo la destapó y le dió un gran trago exagerado, casi de comercial. Sam arrugó la nariz.
-¿Cuál es el problema?, vine a esta vida a disfrutar- alegó agitando ligeramente el vidrio tintado de marrón, el líquido hizo ruido cuando chocó con las paredes de la botella -De algo me tengo que morir.
Su hermano no le dijo nada pero roló los ojos y comenzó a sacar las compras.
-Si, de una trombosis.
Dean rió y se encogió de hombros. Sam miró al cielo una vez más.
-¡Regresaron!
Giraron la cabeza al unísono y se encontraron con Jack parado en la puerta de la cocina con una sonrisa de lado a lado. Lucía una playera de Led Zeppelin que Dean le había regalado en navidad, unos jeans deslavados y unas botas gruesas marrón. En su mano derecha cargaba un libro bastante voluminoso; probablemente tomaba lecciones con Castiel antes de que llegaran.
-Si, Jack- Sam le devolvió el gesto -Traje algo de tofu.
El niño puso una cara casi asustada y Dean por poco se atraganta con la cerveza.
-¿Ves?- rió con la barbilla empapada en el líquido ambarino -Hasta el nephilim teme a tu comida.
Sam le lanzó dagas con los ojos.
-Eso es porque últimamente no ha hecho más que comer frutilupis a las 3 de la mañana contigo- Jack y Dean se encogieron al mismo tiempo cuando se supieron atrapados.
Dean estaba convencido de que habían sido lo suficientemente cautelosos. Incluso se cercioraba de mantener las luces apagadas cuando optaban por servirse un poco aún si eso implicaba dolorosos golpes en el dedo chiquito del pie con los muebles de alrededor por no poder ver más allá de su nariz.
El menor de los Winchester suspiró y roló los ojos por enésima vez ese día -Es muy evidente cuando bajo por las mañanas y encuentro los dos tazones sucios en el fregadero, por lo menos podrían lavarlos- dijo mientras negaba con la cabeza -Por favor Dean, nosotros no tuvimos la oportunidad de llevar una vida sana por una u otra razón, pero no voy a permitir que hagas lo mismo con Jack, debe comer bien.
Alzó las manos al el aire resignado, cuando su hermano entraba en modo mamá gallina con su pláticas sobre salud y esas porquerías no había quien lo parara.
-Además- insistió -Puede que antes pudieras vivir a base de Churrumais y refresco, pero te recuerdo que ya no somos tan jóvenes.
Dean giró sobre sus talones y dió un manotazo al aire restándole importancia. Intentó imaginarse que su hermano no estaba en la habitación para seguir tomando su cerveza en santa paz. Sinceramente no quería que nadie le recordara de cuántos años habían pasado desde el día en que había viajado toda la noche en búsqueda de su hermano para decirle que su papá no había vuelto de cacería, nah… no había sido hace tanto, definitivamente no había pasado mucho tiempo desde que su desayuno (si desayunaba) consistía en frituras o gomitas de colores. Aún era muy joven.
-Sam tiene razón Jack- una voz grave, fuerte, pero suave como el terciopelo se escuchó tras el niño. Esa voz pertenecía a Castiel, quien ingresó a la cocina con pasos tranquilos, portando su eterno traje y gabardina café que a ojos de Dean lo hacía lucir como un feo espantapájaros. ¿Por qué diablos siempre traía eso puesto cuando le había regalado muchas camisetas y jeans? -La clave de una vida saludable son el ejercicio y la alimentación.
Tuvo que bufar y mirar al cielo.
-Me largo de aquí antes de que empiecen a intercambiar recetas.
Castiel suspiró.
-Dean, quizá deberías hacer caso a tu hermano. Cada vez que te sanaba limpiaba tu sangre de todo aquello que pudiera comprometer tu salud cardiovascular, sin embargo actualmente…-observo sus manos y una mirada resignada cruzó sus ojos -Puede que me vea imposibilitado de hacerlo.
El mayor de los Winchester sintió que se desinflaba cual globo ante el comentario, el ver a su ángel convertirse cada día en un humano era definitivamente algo duro. En especial cuando sabía que era a causa de ellos dos. Mil y una veces se había preguntado que si no fuera por esto, si no fuera por Chuck y su extraña obsesión… si el presumido Todopoderoso jamás se hubiera sentido aburrido y hubiera escrito esa absurda historia y ellos jamás hubieran nacido, quizá los ángeles no habrían caído y perdido sus alas y Castiel seguiría en el cielo con su gracia al máximo, viviendo la vida contenta y apacible de un ángel del señor. Y… ¿había pensado en Castiel como su ángel?.
-Está bien, está bien- respondió incómodo tratando de mirar a cualquier lugar menos a él, se decidió por el tostador de la esquina, era un tostador muy bonito. Uno creería que después de tantos años, la mirada de Castiel lo dejaría de poner tan incómodo -Comeré el menjurje que prepare.
Todos negaron con la cabeza ante su comentario, aún así fue suficiente para Sam.
Dos horas después ya habían almorzado y Dean se encontrara lavando los platos con el único propósito de evitar la mirada socarrona de su hermano (por más que intentó fingirlo, la comida… no había estado tan mal), estaba por acabar con su tarea cuando se miró en el reflejo metálico del refrigerador y se preguntó sí quizá los años habían atrofiado su paladar también. Dejó el plato a medio lavar cuando un destello plateado llamó su atención y con las manos aún mojadas se inspeccionó el cabello, arrancando una cana que brillaba a contraluz. Arrugó la nariz en el momento en que la tuvo entre sus dedos y la estudió con odio, arrugando los ojos hasta casi quedarse ciego.
-Espero que ese cabello no te haya hecho enojar.
Dean dio un respingo y cerró los ojos. Se llevó la mano al pecho sin siquiera querer sintiendo su corazón latir a mil por hora como un caballo desbocado. La voz ronca y grave del ángel lo había sorprendido.
-Ok, Cas, si no me mata la comida, lo vas a hacer tú.
El ángel ladeó la cabeza con curiosidad en un gesto que Dean conocía ya tan bien pero que jamás dejaría de ser adorable. Sus malditos ojos azules destellaron cuando un rayo de luz los alcanzó.
-Pensé que estabas acostumbrado a mi presencia.
-Lo estoy- giró rápidamente y tirando el ofendido cabello al aire intentó retomar su tarea -Solo estaba algo distraído. A veces juro que aún tienes alas y vas volando por ahí en lugar de caminar- suspiró - Sigues necesitando el maldito cascabel.
En el momento en que las palabras salieron de su boca se mordió la lengua con fuerza y se llevó la palma de su mano a la frente con rapidez. Debió de haberse controlado, pero no, él y su maldita bocota. Y es que cuando estaba Castiel siempre le daba alguna especie de diarrea verbal, era incapaz de contenerse y decía lo primero que venía a su mente. Aún si eso era un estúpido comentario que se refería a la pobre situación actual en la que se encontraba el ente del cielo.
La mirada del ángel se oscureció con algo parecido a añoranza mezclada con tristeza, Dean gruñó para sus adentros, genial, ahora lo había hecho sentir mal. Tenía que arreglar esto.
-Uhmm, Cas, no importa, ¿sabes?- dio unos pasos dubitativos hacia él, sus manos mojadas gotearon sobre el piso de la cocina y sus ojos se clavaron en su rostro -Alas o no, ángel o no... eres importante- "Que elocuente Dean Winchester", pensó.
Castiel suspiró con resignación y movió la cabeza con la mirada gacha como restándole importancia, no parecía muy convencido. Iba a abrir la boca para decir algo má de lo que probablemente también se arrepentiría después pero la voz grave de Sam los interrumpió desde la sala.
-¡Chicos, tenemos un caso!
Ambos se miraron al mismo tiempo, alertados. Dean aprovechó el contacto visual y trató de descifrar lo que había en sus irises cerúleos a la luz cálida de la cocina, intentando ver que tanto daño había hecho con su célebre comentario, sin embargo la molesta voz de Sam volvió a escucharse urgente.
-¡Chicos!
Castiel fue el primero en romper el encanto (como casi siempre) y se giró. Dean se sintió algo frustrado y se preguntó si acaso al ser un ángel tenía alguna especie de poder especial para acabar con lo que fuera que los atrapaba cada vez que se miraban a los ojos, porque para él, era ciertamente imposible. La idea ocasionó que sintiera incomodidad en el pecho y se llevó una mano cuando la sensación se volvió casi dolorosa. Quizá después de todo si era buena idea dejar de comer tanta carne.
-Vamos.
No lo siguió. En su lugar lo observó marcharse y se recargó en la encimera llevándose una mano al rostro, observando su gabardina desaparecer tras él por entre sus dedos. Intentó no pensar mucho en ello, pero sabía que a Castiel muy en el fondo aún le molestaba la idea de convertirse en humano, y Dean estaba seguro del porqué. Sabía que creía que así no podría brindarles su ayuda, que sería inútil, un estorbo, y aunque mil y una veces le habían hecho saber que no era así, que era parte de la familia y poderes o no su presencia siempre era importante (para Dean imperativa), parecía que sus palabras entraban en oídos sordos.
Dejó caer la mano con pesadez miró al piso, se sintió peor porque sabía que el que Castiel pensara así era en gran parte su culpa. Todos los días batallaba con una forma de hacerle entender al ángel que lo quería aquí con ellos, y lo encontraba más difícil que luchar contra cualquier monstruo o cualquier otro trabajo. Todos los días tropezaba con las palabras correctas para decirle que lo necesitaba… lo necesitaban.
Suspiró pesadamente. Con el fin del mundo y Dios pisándoles los talones sentía que cada vez descansaba menos y menos, la preocupación siempre encontraba forma de hacerse paso por sus mente hasta dejarlo agotado. Intentó fingir que lo que más le quitaba el sueño no era la idea de levantarse una mañana y encontrarse con que el ángel había desaparecido de nuevo dejando un vacío en sus vidas, todo porque él no sabía comunicar lo que sentía.
Agitó la cabeza tratando de deshacerse de esos pensamientos, hallaría la manera de hacerlo entender, aún si perdía la dignidad en el proceso. Un ruido proveniente del salón lo hizo recordar que su hermano lo esperaba, así que poniendo fin a su monólogo mental, con pasos desganados se dirigió a la biblioteca.
Cuando llegó, se encontró con una acalorada discusión entre Sam y Castiel.
-Sam, es peligroso.
Su hermano juntó las cejas, se encontraba sentado frente la mesa de madera con su laptop encendida sobre ella, su lenguaje corporal hablaba de absoluta molestia -No hay otra forma, no nos dejarán entrar.
-Jack puede ir- respondió Castiel, su mirada viajó al niño que los observaba en silencio parado detrás de ellos, parecía incómodo con la situación y su espalda se mantenía adherida a la pared del fondo como si intentara fusionarse con ella.
-¿En serio lo dejarás ir solo?- preguntó mirándolo con intensidad, ya sabía la respuesta.
Castiel suspiró con frustración.
Dean se acercó con cautela preguntándose qué diablos estaba sucediendo, parecía que una bomba estaba próxima a estallar. Caminó al otro lado de la mesa y se sentó sobre ella con el cuerpo hacia ellos.
-Okay, ¿alguien puede explicarme qué sucede aquí?
Castiel suspiró de nuevo y desvió su mirada a la derecha, había molestia y tensión evidente en cada uno de sus músculos. Dean lo ojeó con curiosidad.
-¿Y a este que le pasa?
Sam negó con la cabeza ante la falta de sutileza ya común de su hermano, luego carraspeó y se pasó un mechón de su perfecto y sedoso cabello castaño tras su oreja.
-Así que… hace dos semanas jóvenes comenzaron a desaparecer de un club nocturno…¿antro?- leyó -En fin, van catorce víctimas, todos rondando los veinte. Nadie sabe qué pasa con ellos, solo entran y… se esfuman. Nadie del lugar parece notar nada. Y esto obviamente está comenzando a poner nerviosa a la policía.
-¿Y por qué no lo han cerrado?- preguntó con curiosidad.
Sam repitió el movimiento de cabeza.
-No hay suficientes pruebas de que algo esté sucediendo dentro.
Dean se bajó de la mesa y la rodeó, la emoción de tener un caso común que no tuviera nada que ver con los acontecimientos apocalípticos comenzaba a burbujear en su interior. Realmente creía que necesitaban un descanso de toda la mierda que los había estado rodeando, algo fácil que supieran manejar y no involucrara al cielo o a Chuck un minuto.
Se detuvo junto a su hermano y se acercó a la pantalla de su laptop, tuvo que entrecerrar los ojos para leer bien pues las letras parecían algo borrosas. No admitiría jamás que comenzaba a costarle trabajo leer fuentes pequeñas.
-¿Minnesota?- frunció el ceño.
Sam asintió.
-Huh.
-Hay una especie de… rumor interesante.
Dean lo miró.
-Dicen que… un hombre ronda por ese lugar y si eres lo suficientemente afortunado, podrá cumplir tus más grandes deseos- agregó sin apartar la vista de su hermano un momento, ambos parecían pensar lo mismo.
Se enderezó.
-Así que un Djinn.
Sam asintió, su cabello siguió el movimiento.
-Un Djinn, y poderoso.
El mayor de los Winchester se mordió los labios.
-Diablos, odio a esas cosas- gruñó. Dirigió su atención a Castiel, quien se encontraba a la izquierda de su hermano y todavía miraba con el entrecejo fruncido los libros detrás de ellos.
-Pero eso no explica que lo tiene tan irritado.
Sam siguió su mirada y lo observó también a lo lejos y se talló los ojos en un gesto cansado.
-Bueno… en realidad...- tragó duro, no sabía por dónde comenzar -Uno de los motivos por el cual este caso resulta un poco complicado es porque… a este lugar solo dejan entrar a jóvenes.
Dean se sentó sobre la mesa de nuevo y cruzó los brazos sobre su pecho, su mirada fija sobre el ángel.
-¿Y…?
-Y… no podemos ir como agentes del FBI porque resultará sospechoso y... tenemos que atrapar al Djinn en cuanto baje a… ya sabes… reclutar a alguien- respondió mirándolo desde su lugar en la silla.
Asintió, seguía sin entender.
-Lo que quiere decir que necesitaremos… infiltrarnos.
Dean gruñó hastiado -Habla de una vez, no entiendo cual es el maldito problema.
Sam abrió la boca pero fue interrumpido por Castiel, quien con un giro brusco caminó con pasos decididos y no se detuvo hasta estar junto a ellos.
-El problema Dean, es que no se permite el acceso a nadie que no labore ahí o acuda por placer- luego miró a Sam, sus orbes azules amenazantes parecían casi brillar y lo clavaron al asiento. Dean tuvo que tragar duro ante la imagen, raramente algo alteraba tanto a Castiel como para que sus ojos hicieran eso. Sin embargo cuando eso sucedía es porque el ángel estaba muy, muy molesto (claramente no sucedía muy seguido).
-Ok… entonces será difícil colarnos- lo último lo dijo casi en un tono de pregunta sin despegar los ojos del pelinegro y luego recayeron sobre los azules de su hermano aún dubitativo -¿Y... cuál es el plan?
Sam entrelazo sus dedos sobre su regazo en un gesto nervioso.
-Bueno… -carraspeó -Estaba hablando con Rowena hace unos momentos y le comenté del caso… necesitaba ideas, ya sabes… uhmm, para entrar -miró por su rabillo del ojo al ángel, quién no parecía dispuesto a despegar sus ojos asesinos. Se sacudió un escalofrío. -Ella sugirió un hechizo… uhm… ya sabes.
Dean bufó exasperado, Sam estaba divagando.
-¿Y..?
Castiel no había casi parpadeando, sus ojos seguían clavados en Sam como un buitre.
El castaño inhaló fuertemente -Es un hechizoparavolvernosjóvenes y así poder pasar sin problemas- Dijo casi sin detenerse entre palabras.
Si hubiera tenido algo en la mano en ese momento estaba seguro de que se le habría caído al piso. Su mandíbula se abrió y su boca formó una perfecta "o" y las palabras hicieron eco en su cabeza. ¿Volverse… jóvenes? ¿Cómo en… jóvenes? ¿Cómo en… regresar el tiempo o lucir como cuando tenía veinte?. Se levantó de la mesa de manera brusca y puso ambas manos en los hombros de su hermano, girándolo casi por completo para estar frente a frente.
-Espera, espera, espera- dijo, su voz sonaba una octava más aguda, una mal intento por contener su emoción -Estás diciendo que… ¿que Rowena tiene un hechizo para rejuvenecer?
Sam exhaló una sonrisa pequeña y asintió.
-¡Es una locura!- rió
Cas gruñó desde su lugar -Son jóvenes- musitó, pero fue ignorado rotundamente.
Sam movió la cabeza de arriba y abajo de nuevo, sus azules marrones destellaban -Dijo que es simple, revisé y tenemos todos los ingredientes. Ya viene en camino.
Dean soltó a su hermano y dió un paso hacia atrás, tenía una sonrisa enorme partiéndole el rostro, aún no cabía en su estupefacción.
-¡Vaya hombre, no puedo creerlo!
-No olviden que los hechizos tienen un precio- casi mordió Castiel y repentinamente las luces comenzaron a parpadear, llamando efectivamente la atención de todos los que se encontraban en la habitación, incluido el ojiverde, a quien por el tono de voz casi gutural del ángel sintió como una corriente eléctrica recorrerle de pies a cabeza -Si se meten con la naturaleza, o peor, contra el tiempo, habrá consecuencias. Es magia oscura.
Dean bufó y lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza.
-Vamos Cas, ¿cuál es el problema?- Se acercó al ángel sin prisa y dejó caer su palma derecha sobre su hombro, ignorando la repentina electricidad que sintió atravesar dicho miembro-Es decir, tú no sabes lo malditamente horrible que es envejecer, no porque sea viejo, quiero aclarar- habló -Además mírate, tú eres un ángel, vivirás mucho tiempo y seguro estas cosas no te afectan.
El pelinegro no movió un músculo de la cara.
-¿Y cuál es ese precio?- preguntó. Aunque dudaba que realmente hubiera algo que fuera lo suficientemente malo como para impedir que se postulara para que le quitaran unos años de encima, en especial cuando (por más que odiara admitirlo) notaba que ya no era tan rápido y ágil como antes y algunas mañanas amanecía con dolor de espalda más que menos y sus rodillas le hacían saber que ahí estaban cada que se agachaba. No es que tuviera complejos, es decir, sabía que seguía siendo un hombre muy apuesto, (no lo decía él, se lo decían mucho en la calle) pero estaba ahora en el cuarto piso de su vida y… las cosas habían comenzado a cambiar.
-Diez años de sus vidas.
Ambos hermanos se miraron entre ellos.
-Es decir…- Dean arrastró las palabras, y lo meditó, casi saboreándolo. Súbitamente quizá no le parecía tan buena idea. En otras palabras... su vida de cazador no era muy estable y generalmente pocos llegaban a la vejez por los peligros a los que se enfrentaban constantemente, demonios, él creía que ellos eran malditamente afortunados (aunque eso es lo que probablemente Chuck quería) y quizá antes habría movido las manos y chasqueado la boca para restarle importancia sin siquiera pensarlo dos veces pero ahora… miró a Jack y luego a Castiel, quien le devolvió la mirada con intensidad. Ahora... por alguna razón la idea de perder esto… como las cosas iban… tenía la pequeñísima y estúpida esperanza de que tal vez podría continuar viviendo así… solo… envejeciendo.
-Un pequeño y absurdo precio que pagar a mi parecer.
Una voz interrumpió el hilo de sus pensamientos y todas las miradas se concentraron en la parte superior de la habitación otra, una mujer bajita y de cabello pelirrojo que se encontraba en la puerta de entrada.
-Rowena- Sam sonrió.
-Hola muchachos- respondió mostrando sus blancos dientes. Comenzó a bajar los escalones y Dean se percató de que lucía tan despampanante como siempre. Vestida con un largo vestido morado de chispeantes lentejuelas que se adhería a su delgada figura como segunda piel, las luces del bunker arrancaban destellos de este y eso la hacía verse aún más majestuosa. De su hombro colgaba una gran maleta negra y cargaba entre sus manos una enorme caja café y algunos libros con los que Jack corrió a ayudarle-Te lo agradezco dulzura.
Colocaron las cosas sobre la mesa del mapa, Rowena no perdió tiempo en abrir la caja y comenzó a verter ingredientes sobre un pequeño plato morado. Sacó lo que parecían unas pequeñas perlitas blancas de un frasquito alargado de vidrio con tapa de corcho, también añadió algo que lucía como paja.
Sam miró a su hermano por el rabillo del ojo.
-Uhmm… ¿Dean?
Dean veía sin ver las manos de Rowena en realidad. Su boca estaba contraída en una mueca.
-¿Estás seguro de que no hay nadie más que se encargue de este caso?
Sam negó con la cabeza.
-No a menos de que mandemos a… Claire quizá- ante la mención de la chica Dean se encogió -Por desgracia ya casi no quedan cazadores tan jóvenes.
-No- respondió con el entrecejo fruncido. Confiaba en Claire y sabía que era una buena cazadora, pero en realidad seguía sin hacerle mucha gracia el que la niña anduviera por ahí cortando cabezas y viajando sola, aún cuando mil y una veces les había demostrado lo capaz que era, solo… no quería quitarle eso a Jody. No, definitivamente no era una opción.
-Entonces está decidido- Rowena canturreó.
-Esto es un error- musitó Castiel dando un paso al frente, su gabardina ondeó tras el, haciéndolo lucir más imponente.
-Cariño, ¿dices que salvar vidas es un error?- lo miró Rowena con una sonrisa torcida, Castiel apretó los dientes.
-No, digo que tomar este camino para salvar vidas, a costa de otras, ES UN ERROR- lo último lo puntualizó tan exageradamente que Dean comenzó a preguntarse si no tendría razón.
Rowena roló los ojos y agregó otra cosa a su mezcla -Vamos, no seas exagerado. Diez años más, diez años menos. ¿Cuál es la diferencia?
-Mucha- contraatacó y sostuvo un duelo de miradas con la bruja -Sam y Dean son humanos, acortar su ya de por si corta vida diez años es una blasfemia.
-Muy bien, suficiente- Dean se colocó en medio ambos antes de que se arrancaran las cabezas -Cas- volteó a verlo y esperó hasta que el otro lo hiciera -No me gusta tampoco la idea, pero es la única manera de salvar a esta gente, ¿bien?, ya después veremos que hacer en el futuro. Encontraremos una solución, siempre lo hacemos.
El ángel le sostuvo la mirada, sus mares azules brillaban con preocupación sincera y renuencia. Dean se vio prisionero de ellos al instante. El aire se volvió pesado y estaba cargado con electricidad, que le causaba algo así como un cosquilleo en la piel. Sintió un agradable calorcito instalarse en su vientre. Rompió el contacto entre ellos y se vio obligado a recordarse que aunque era su mejora amigo, el hombre parado frente a él no era un humano, sino un ángel. Una criatura mística, aquella que poseía un cuerpo tan poderoso que los ojos humanos no eran siquiera dignos de atestiguar, no sin terminar hechos caldo. No, ni siquiera con su gracia drenando y desvaneciéndose con el pasar de los días, Castiel dejaría de ser para él un ángel que con el chasquido de sus dedos podía mandar sus sesos a decorar la pared tras ellos, después de todo fue un sanguinario soldado por milenios, aunque hace mucho tiempo que Dean dejó de temerle.
Rowena sacó un pequeño mortero y agregó unas pequeñas flores lila. ¿Lavanda?
-Está listo- habló con seriedad -Ahora, necesitamos un último ingrediente.
Ante lo último Sam volteó a verla alarmada.
-¿Último ingrediente?, creí que teníamos todo.
-Lo tenemos querido- lo tranquilizó la bruja -Solo es cuestión de que me sea entregado- cuando dijo esto extendió la mano en dirección de Castiel, quien miró la extremidad como si en cualquier momento fuera a morderlo -¿Cariño?.
Dean lo miró a su lado sin entender, el otro gruñó y bajo los ojos atentos de todos procedió a acercarse reacio -No soy tu cariño- mordió las palabras, y la voz grave con la que lo hizo mandó escalofríos por el cuerpo entero del mayor de los Winchester. Odiaba cuando eso pasaba, pero era muy raro ver al ángel así de molesto, y Dean se había resignado hace mucho a la idea de que por alguna razón, la voz del ángel le parecía malditamente erótica, aún siendo un hombre. Cuando Castiel se encontró cerca de la bruja volvió a hablar -Cierren los ojos.
Esto picó la curiosidad de Dean, que quería hacer todo menos dejar de mirarlo.
-¿Para qué?
-Necesito sacar mis alas.
Todos lo observaron con intriga incluso Jack.
-¿Tus alas?- preguntó ladeando la cabeza imitando a su partenaire.
Dean lo contempló escéptico -¿El último ingrediente es la pluma de un ángel?
Castiel desvió la mirada, de pronto el piso de madera era muy interesante. Toda esa omnipotencia que antes lo rodeara como una nube intimidante, se esfumó en cuestión de segundos. Se había casi encogido en su lugar
-No exactamente- susurró.
Dean se inclinó un poco más en su dirección, casí no lo había escuchado -¿Eh?
Rowena sonrió, si bien una mirada de entendimiento cruzó sus facciones y excusó al ángel en un raro gesto piadoso.
-Vamos, cierren los ojos queridos, no perdamos más tiempo.
Dean arugó la nariz y aún cuando todos obedecieron, el los mantuvo abiertos, fijos en su amigo. Había algo raro en todo eso, y no le había gustado el cambio en su actitud tan repentino. Eso solo sucedía cuando algo malo cruzaba por su mente.
Castiel suspiró a sabiendas de que Dean había hecho caso omiso, no necesitaba voltear para saber que esos hermosos ojos esmeralda estaban clavados en él, por alguna razón, siempre podía sentirlo. La mirada de Dean quemaba tanto como acero caliente en su nuca y sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarlo. Levantó la cara y tratando de no mostrar ninguna emoción en sus ojos azules habló.
-Dean, por favor.
El cazador arrugó la frente, no obstante fue complaciente y los cerró de una vez.
Castiel se enderezó y bajo la mirada atenta de Jack procedió a llamar a sus alas del otro plano donde generalmente las tenía cuando estaba en su cuerpo humano. Pronto una luz blanca inundió la habitación y se pudo escuchar el sonido del viento, acompañado de un suave aleteo.
Dean sintió sus párpados temblar. Tenía tantas malditas ganas de ver, siempre había tenido ese gusanito en su cabeza cada vez que Castiel las llamaba, siempre había querido contemplarlas, era tan malditamente frustrante no poder hacerlo. Quizá era mera curiosidad o quizá era la idea de que le incomodaba que aún había una parte del ángel que no conocía (lo que era ridículo considerando que Cas era una criatura milenaria) sin embargo siempre estaba ahí, la necesidad de abrir los ojos y por fin atestiguarlo en todo su esplendor.
Hubo un sonido de movimiento y después algo de aire y luego silencio.
-Ya pueden abrirlos.
Todos lo hicieron al mismo tiempo, la mirada de Dean cayendo inmediatamente a la mano de su amigo, que sostenía una gran pluma negra algo despeinada que colocó en manos de la hechicera. Al ver el color Dean sintió su corazón latir con fuerza, ¿negra?, creía que las alas de los ángeles eran blancas. No, estaba del todo seguro de que eran blancas, es decir, ya antes las habían usado y las que tenían almacenadas eran blancas. Sus ojos viajaron en automático al perfil de su amigo.
-Es lo mejor que puedo ofrecer.
Rowena asintió con ternura y luego sin decir más arrojó la pluma al contenedor plateado, que arrojó chispas.
-¿Listos?- canturreo mirando a los hermanos, quienes asintieron y dieron un paso adelante. Parecía ser la más emocionada.
-Listos- confirmó Dean, aunque en su voz no había mucha seguridad.
-Iuventos- susurró antes posicionarse frente a los dos hombres y soplar sobre la mezcla entre sus manos que liberó una especie de nube morada que los envolvió como niebla y los hizo toser.
Castiel dio un paso al frente preocupado.
-Ugh esto sabe horrible- Dean escupió, sin embargo, no pudo evitar abrir los ojos como platos cuando su voz sonó menos… ¿grave?. Se llevó una mano a la garganta.
La cortina de humo morada no permitía que los del exterior vieran nada y eso comenzó a poner nervioso a Castiel, quien apretó los párpados en un vano intento por atestiguar lo que pasaba frente a él.
Poco a poco la neblina se disipó y las figuras de los hermanos que estaban una frente a la otra fueron reveladas; primero los pies y después se levantó como un velo de sus rostros. Dean casi se atraganta cuando finalmente fue capaz de ver más allá de su nariz.
-¡Dean!- Sam fue el primero en romper el silencio, se acercó y lo inspeccionó. Su manos temblaban y sus ojos estaban abiertos como platos, parecía que saltarían de sus cuencas en cualquier momento -Luces… te ves… eres…- su voz se quebró ante lo último, era ligeramente menos grave, exactamente como la recordaba, había perdido mucho de esos tintes rasposos y graves características de la voz de un hombre adulto. Se quedó ahí abriendo y cerrando la boca estúpidamente como un pez fuera el agua.
El ojiverde con lentitud alzó sus brazos y estudió sus manos para cerciorase de que seguían ahí, sin duda, no obstante lucían menos duras, eran quizá menos callosas, pues décadas de entrenamiento y manejo de armas se habían desvanecido. Las llevó a su rostro y pudo sentir su piel tersa, lisa, las líneas de expresión que poco a poco se habían abierto camino en su cara después de tantos años habían desaparecido completamente. Subió sus ojos esmeralda con rapidez y sintió un calorcito agradable sentarse en la base de su pecho acompañado de enorme nostalgia. Sam estaba ahí, mirándolo con los ojos bien abiertos y una expresión absolutamente idiota. Lucía tan joven... no debía tener más de 22 años. Su cabello castaño estaba despeinado y su postura era menos imponente. Lucía exactamente como cuando vivía con su novia, su cabello ligeramente más corto cubría su frente y cualquier pequeña arruga que estuviera en la comisura de sus ojos se había desvanecido, regresándole al Sam que visitó aquella primera noche para pedirle que lo ayudar a encontrar a su padre, quien no había regresado tras varios días de cacería, la noche que comenzó todo, cuando solo eran ellos dos, dos cazadores solos que no tenían ni idea de lo que el destino tenía deparado. Recordó las charlas nocturnas a la luz de las estrellas y sus estúpidas bromas infantiles. Recordó lo bien que se había sentido cuando por primera vez viajó con él sentado en el asiento del copiloto del Impala después de haber estado tanto tiempo solo. Sintió tanta melancolía que juró lágrimas vendrían a sus ojos.
Sam no era tan fuerte como él, y la ola de emoción que lo invadió hizo que sin pensarlo dos veces estrechara entre sus brazos a su hermano. Descubrió que sus brazos eran un poco más delgados, pero firmes, como en esos días.
Finalmente lo soltó y dio un brinquito emocionado que lo hizo lucir todavía más infantil.
-¡Dean funcionó!- exclamó -Oh Dean si tan solo pudieras verte -sus ojos estaban llorosos y tuvo que sorber mocos -Luces tan joven.
-Y tu luces como que a penas tienes edad para sacar tu permiso para conducir.
-Jajaja- musitó el otro en tono burlón, no obstante una sonrisa casi diabólica se abrió paso por sus labios y luego procedió a acercarse a su hermano -Oh no Dean, ¿acaso te encogiste?- hizo como que medía con sus manos, pues en efecto, Dean era ligeramente más bajo, exactamente igual que en aquellos tiempos.
El ojiverde le asestó un puñetazo en su brazo derecho tan fuerte que lo obligó a soltar un chillido agudo. Dean sonrió con orgullo -Oh si, aún lo tengo.
-Vaya, vaya, pero si no es esto medicina para mis ojos, me siento curada de todo- cantó Rowena desde su lugar. Dejó el cuenco sobre la mesa y se acercó a los hermanos. Caminó a su alrededor con lentitud, inspeccionando con descaro, examinándolos de arriba a abajo. No se molestó en enmascarar que le gustaba lo que veía -Nada mal…- susurró -Quizá yo también me les una, ¿saben? yo era una niña bastante atractiva en mis días de juventud- Dio un pinchazo al perfectamente redondo y firme trasero de Sam y este soltó un gañido por la sorpresa.
Dean rió llamando la atención de labruja, quien se acercó a él con movimientos lentos, casi felinos. La mujer tomó su mentón con su pequeña mano, doblándolo bruscamente a su altura y clavó sus orbes oscuros en los de él. La manera en la que lo tomaba hacía que los perfectos y carnosos labios del rubio sobresalieran aún más.
-Perfecto- sonrió.
Sam dio unos pasos hacia Jack, quien los miraba también anonadado.
-¿Y?- levantó sus brazos a sus costados -¿Qué opinas Jack?
El nephilim subió y bajó la cabeza muchas veces sonriente, lucía muy emocionado ante todo y los miraba casi con adoración.
-¡Son muy guapos, se ven exactamente igual que en sus fotos!
Sam rio ante el cumplido y sintió sus mejillas calentarse.
-Gracias Jack.
A su costado izquierdo pudieron escuchar un suspiro molesto. El ángel seguía con la cara contraída en desaprobación y el que lo mirara así hizo que algo dentro de Dean se torciera dolorosamente.
-Ay por favor, ya está hecho ángel- bufó Rowena acercándose a él -Ahora, te sugiero que hagas lo mismo- arrugó la nariz intentando parecer disgustada (lo cual era evidentemente un acto) -A menos de que no quieras acompañarlos.
La idea de ver a un Castiel mucho más joven, aceleró el corazón del cazador. Cas era muy guapo, no servía de nada negarlo, sin embargo, las batallas que habían luchado juntos y por todo lo que habían pasado esos años (sin mencionar que cada día Castiel perdía más y más sus poderes volviéndose casi humano) habían definitivamente hecho mella en su físico, aunque los ángeles no envejecían, el recipiente de Castiel parecía que solo podía aguantar un tanto.
-Espera- Dean dio un paso al frente dubitativo y clavó su mirada en Rowena -¿Cas?, es imposible, casi no le queda jugo.
Rowena contempló al cielo y con voz dramática exclamó.
-¿Por los cielos, qué harían sin mí estos muchachos?
Caminó de regreso a la mesa del mapa donde tenía sus cosas, metió la mano derecha en la caja negra y sacó un pequeño frasco de vidrio con un corcho de tapa. Dentro, algo blanco brillaba y se retorcía como si tuviera vida propia, todos sabían lo que era.
Castiel la ojeó con escepticismo, casi rayando en el enojo el envase.
-¿Dónde obtuviste eso?
La mujer se llevó una mano al pecho con falsa molestia -Ay por..., ¿no creerás que me lo robé, oh sí bombón?
El ojiazul no dijo nada, solo arrugó más la frente como cada que algo lo incomodaba.
Rowena roló los ojos y se pasó su cabello rojizo tras su hombro con molestia.
-Como si no me conocieran, hice un trato hace un tiempo, fue un intercambio justo. Después de todo, esto...- agitó el envase frente a ella como para enfatizar -No es algo fácil de conseguir, no dejaría escapar la oportunidad. Deberían agradecerme que estoy dispuesta a compartirles parte de mi valiosísima colección.
Aunque Castiel no hubiera querido, le creyó, como todos en la habitación. Hace un tiempo que la bruja había aprendido a ganarse su confianza, había cambiado su corazón y les había demostrado mil y una veces de qué lado estaba. Pero eso no quitaba la molestia que le causaba a Castiel la idea de interactuar con la gracia de una de sus hermanas ya muerta.
El ojiazul caminó hasta la bruja con pasos desganados y tomó de entre sus manos la gracia. Miró el frasco como si fuera a tragar ancas de rana en lugar del poder sagrado y divino que tanta falta le hacía. Destapó el corcho y tras sostenerlo entre sus manos varios segundos, finalmente cerró los ojos e inhaló la clara esencia de lo que sería su cura.
Cuando terminó, bajo la mirada atenta de todos colocó el frasco vacío sobre la mesa y dio unos pasos atrás aún sin abrir los ojos. Abrió y cerró sus manos a sus costados y comenzó a mover la cabeza de derecha a izquierda con parsimonia. De pronto, como si de electricidad se tratase, unos rayos que brillaban azul intenso comenzaron a recorrer su cuerpo, sus venas, iban y venían como en ondas y Dean sintió su garganta cerrarse ante tal espectáculo. Castiel aún tenía los ojos apretados y la cara contraída en concentración, había sido demasiado egoísta, ¿y si era doloroso?, ¿y si para los ángeles era aún más prohibido retar al tiempo?, Cas dijo que esa magia tenía un precio, ¿y si el pago era peor para él por ser un ser divino y todo eso? ¡Por los cielos lo había obligado a robar gracia de nuevo!. Ni bien había salido de su cabeza cuando todo había terminado, hubo una especie de destello y después todo volvió a la normalidad.
Dean Jadeó, es decir, tuvo que hacerlo porque... ¡por todas las cosas ardientes del planeta!.
Frente a ellos se paraba una versión más joven del que era su mejor amigo y su frustración andante. Aún seguía siendo él, definitivamente y los contemplaba desde su lugar con esos orbes azul encendidos que Dean sabía bien pertenecían al ángel y tuvo que admitir que.. una vez más, Jimmy no estaba para nada jodidamente mal, era tan guapo que casi le dolía la vista.
Justo como sucedió con ellos, las ligeras líneas de expresión de su rostro se habían desvanecido dandole un aspecto menos severo y más relajado, sus ojos lucían más abiertos y atentos que nunca. Definitivamente le recordó al Castiel que Dean había conocido hace ya tantos años, aunque quizá este era ligeramente más joven. Su postura era más firme, parecía que le habían quitado algún peso de encima, puesto que se enderezó en toda su estatura, sus hombros estaban erguidos, evidenciando lo anchos y fornidos que eran. Su quijada lucía todavía más fuerte y Dean estaba convencido de que se cotaría si se atrevía a pasear sus manos por ahí. Se veía más… lleno de vida, despierto y tuvo que tragar duro cuando sintió deseo recorrer sus entrañas. Si, una vez más, su mejor amigo lo había hecho dudar de su jodida sexualidad. Pero qué sorpresa.
Castiel no dijo nada, sin embargo sus ojos tampoco se despegaron del rubio. Tuvo que tragar duro y abrió y cerró las manos en un gesto nervioso bajo su escrutinio. Dean era... hermoso. No había otra palabra para describir lo mucho que sus carnosos labios plantados en esa quijada recta y ojos verdes encendidos enmarcados por largas pestañas se entremezclaban en una especie de absurda perfección. No era como si no lo hubiera notado desde el cielo, cuando lo había observado por primera vez hace tantos años. Dean era un humano extremadamente atractivo, incluso para su propia raza, pero debía de admitir que la juventud le otorgaba cierto brillo a su piel que definitivamente halagaba aún más sus facciones.
La bruja rió entre dientes sin poder evitarlo, Castiel y Dean no estaban siendo para nada discretos, mirándose como si en cualquier momento fueran a abalanzarse sobre el otro. Estaban comenzando a poner incómodo a Sam, quien dio un paso atrás con mirada algo disgustada y eso era algo extremadamente divertido. Cruzó sus brazos sobre su pecho, personalmente aún le costaba trabajo creer que dos de los hombres más atractivos del planeta hubieran resistido tantos años de estar persiguiéndose en círculos como idiotas, sin hacer absolutamente nada por resolver esa maldita atracción suya que era tan evidente hasta para un ciego, ella por su parte, se habría lanzado a sus brazos sin pensarlo un segundo. Lástima que, ambos estuvieran tan malditamente colados el uno por el otro.
Se sentía la tensión sexual en el aire, extrañamente más fuerte que nunca, así que por el bien de todos y el del que era realmente un niño inocente que no entendía bien de esas cosas Sam carraspeó.
-Bien, uhhh… supongo que solo queda cambiarnos de ropa.
Rowena asintió, las dos bombas de feromonas finalmente rompieron el sexo de ojos y la miraron -En efecto, traje las cosas que me pediste Sam- señaló con su pulgar detrás de ella, donde una maleta negra había sido dejada al pie de las escaleras.
El de cabellos castaños se acercó a esta, rebuscó entre las cosas y comenzó a pasarlas entre Dean y Castiel. El primero hizo una mueca al ver las prendas entre sus manos.
-¿Pantalones deportivos? y… ¿tennis blancos?- arrugó la nariz disgustado -¿Qué diablos es todo esto?, creí que iríamos a un lugar a bailar, no a jugar baloncesto, ¿dónde están las chamarras de piel?.
Sam roló los ojos ante lo último, se levantó e intercambió una mirada rara con la bruja quien en todo momento no había dejado de admirar su trasero.
-Los tiempos han cambiado Dean, estuve investigando y esto es lo que se usa ahora.
El ojiverde estiró una playera negra frente a él, era demasiado simple a su parecer carecía completamente de personalidad -Ugh… estos niños no tienen gusto.
Su hermano menor roló los ojos, después miró a la bruja una vez más.
-Gracias Rowena, en serio.
La mujer finalmente dejó de mirar su retaguardia y le guiñó el ojo -No me perdería esto por nada del mundo Sammy, creeme, ha sido todo menos horrible.
Sam negó con la cabeza y se encaminó a su habitación.
-Ven conmigo Jack, también tengo algo para tí.
El nephilim asintió y lo siguió, ahora más que su padre, Sam parecía su hermano.
Dean masculló algo entre dientes sobre cómo los jóvenes de ahora vestían la misma basura que escuchaban y se dirigió también a su cuarto para cambiarse de ropa. Castiel hizo lo mismo.
Después de varios minutos, Sam y Jack fueron los primeros en salir. El nephilim portaba un suéter naranja chillón que dejaría ciego a cualquiera, (parecía un marca textos andante y el menor de los Winchester pensó que quizá sería bueno para no perderlo de vista tan fácilmente) de manga larga, con estampado de cuadritos en una línea delgada recta negra que recorrían su pecho, debajo, unos pantalones para hacer ejercicio negros con rallas blancas a los costados, estos eran muy pegados y abrazaban sus piernas sin dejar mucho a la imaginación y finalmente unos tenis Nike color blanco de suela baja. Finalmente, sobre sus cabellos usaba una gorra negra. Con esa ropa, lucía mucho más como un niño de su edad que salía a divertirse y vivir la vida que como el hijo de Lucifer.
Sam por su lado usaba unos jeans negros rotos y encima llevaba una playera blanca simple con cuello en forma de `v´, pero que le quedaba bastante pegada, mostrando así la forma de su tonificado y marcado torso. Usaba una sudadera negra abierta sobre esta con letras blancas grandes que recorrían las mangas desde el hombro a la muñeca. Finalmente traía unos tenis negros también de suela baja.
Rowena chifló desde su lugar y se levantó de la silla donde había estado sentada leyendo un libro en lo que esperaba a que salieran.
-Vaya, pero si no se ven apuestos mis niños- exteriorizó mirándolos de arriba a abajo acercándose para acomodar la gorra de Jack.
-Me gusta esta ropa, es cómoda- habló el nephilim con una sonrisa mientras agitaba las mangas de su suéter que era algo grande a propósito.
-Ni se te ocurra volver a decir algo así, tienes absolutamente prohibido usar de nuevo estas porquerías.
Desde el pasillo llegó la voz molesta de Dean, quien con pasos exagerados dobló la esquina y se acercó a donde estaban ellos.
Cuando se colocó a su lado, Sam hizo un ruido burlón. Y no es que su hermano se viera mal, al contrario, se veía DEMASIADO bien, la verdad jamás se imaginó que vería a su hermano en otra ropa que no fueran sus jeans desgastados y su eterna franela, porque sabía que era justo lo que sabía que lo estaba molestando.
Dean, como Jack, lucía unos pantalones deportivos, sin embargo estos eran grises, y eran mucho más sueltos, con un elástico en los tobillos. Sus tennis eran de color blanco con rojo y le llegaban arriba de los tobillos. Usaba también una sudadera color negro, con bolsillo en la parte frontal, en el pecho, tenía unas grandes letras en blanco.
-Es decir, que ropa más horrible, y Rowena, creo que te equivocaste y nos trajiste quince tallas más grande.
La mujer rió.
-No Dean, así es como se supone que se usa.
Dean se llevó una mano al pecho horrorizado.
-¿Qué? Parezco mi silla del clóset cuando aviento mi ropa en lugar de guardarla. ¿Quién querría usar ropa tan grande?, me veo ridículo y no puedo enseñar nada.
Sam cruzó sus brazos y dejó escapar una risotada.
Dean entrecerró los ojos mirándolo con odio -Eso no es justo, ¿por qué él sí puede usar jeans y yo no?- habló señalándolo como un niño chiquito. Rowena negó varias veces con la cabeza. -¿Estás seguro que esto es lo que visten hoy en día?
La mujer se llevó ambas manos a los costados de su cabeza, sobre sus sienes, y comenzó a masajear.
-Si querido, es lo que usan.
El mayor de los Winchester bufó y comenzó a moverse la ropa con descontento.
-Esto de verdad es basura.
Unos segundos después se escuchó como alguien cerraba la puerta de su habitación y caminaba hacia ellos.
Rowena tuvo que admitir que su boca cayó hasta el suelo un poquito. Dean por otra parte no pudo contener un sonido casi estrangulado de su garganta en cuanto lo vio.
Castiel se veía… bueno…uhhm... wow.
Evidentemente el traje que siempre portaba no le favorecía mucho, sobre todo cuando encima traía esa gabardina gigante que lo hacía ver más como si trajera una cortina pesada y gruesa en lugar de un abrigo. Dean alguna vez lo había visto con Jeans y playeras y no pudo sacarse esa imagen de su mente por varios días. Ahora, estaba seguro de que soñaría con Castiel esa noche.
Portaba unos pantalones de ejercicio grises que aunque parecían ser de una tela más gruesa que los de Jack o Dean, se adherían a sus poderosas piernas como segunda piel, abrazando perfectamente cada músculo en sus piernas, y Dean tuvo que tragar duro cuando sus ojos recayeron en esos muslos. Aunque solo era un recipiente Jimmy solía ser… bueno, buen mozo. Los tenis eran de tela negros y bajos, permitiendo un poco de sus tobillos asomarse. En la parte superior traía un suéter negro gigante con cuello en forma de `u´parecido al de de ellos, solo que este tenía una franja gruesa y simple color amarillo hasta abajo, en la orilla. Encima de este, traía una chamarra verde militar abombada y para rematar, una gorra negra sobre su cabeza que lo hacía lucir como el hermano perdido de Jack.
Se veía algo incómodo bajo la mirada de todos, así que tuvo que carraspear.
-¿Quizá debería cambiarme?
-¡NO!- lo dijo tan rápido y sin poder contenerse, que fue absolutamente embarazoso, más cuando todas las miradas se posaron sobre él y una que otra con burla. SIntió su rostro calentarse y se llevó una mano al cuello en un gesto nervioso.
Sam rió entre dientes al ver que el rostro de su hermano se volvía del color de una manzana madura, sin embargo por piedad no dijo nada, pero quizá no hizo un muy buen trabajo en esconder su sonrisa.
-No Cas…-respondió cuando pareciera que Dean había perdido temporalmente el habla -Uhh… te ves muy bien- le aseguró.
El ángel lo miró escéptico.
-¿En serio?, creo que este tipo de ropas tan… extrañas me hacen sentir algo raro- musitó quitándose la gorra y moviéndola entre sus manos, la ojeaba con desconfianza.
Y vaya que no era el único que estaba sintiendo algo… Dean agitó su cabeza con horror cuando notó el rumbo que comenzaban a tomar sus pensamientos. Intentó apartar la mirada pero le era muy difícil cuando tenía frente a él a su mejor amigo vestido con ropas que… quizá le sentaban demasiado bien. Era extraño y sabía que no debía, pero por Chuck, el ángel lucía malditamente bien, todo le quedaba perfecto, ajustado en los lugares correctos, dejando ver su fornida figura y Dean se preguntó si sacarlo así a la calle no sería considerado un crimen. En especial cuando por fin, sin esa horrorosa gabardina, pudo recordar lo bien que se le veía el trasero.
-Vaya, me pregunto si no estaré muerta y habré ido al cielo, veo ángeles frente a mí- expresó Rowena mientras se llevaba el reverso de su mano a la frente en un gesto exagerado, abrió un ojo y echó un vistazo por el espacio que quedaba entre su codo -¿O quizá estoy en el infierno y son unos apuestos demonios?
Dean se estremeció ante la mención de "infierno" y "demonio" en la misma oración. Si podía, no quería pensar en eso.
Sam soltó una risilla nerviosa, a Castiel no pareció hacerle mucha gracia.
-Definitivamente no somos demonios y no es el cielo- dijo molesto, mientras abandonaba la habitación y se marchaba a saber donde.
La mujer se encogió de hombros divertida y Dean absolutamente no se le quedó viendo el trasero mientras se iba.
-Bueno- Sam escondió una mano en el bolsillo de sus jeans, estaba algo nervioso pero con unos años menos encima, el cambio de ropas y quizá un ligero cambio en la actitud del ángel, las cosas funcionarían-Creo que debemos marcharnos.
Los presentes asintieron y decidieron ir por sus cosas.
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Camino a su destino tuvieron que parar en algún momento por gas y algunas provisiones (más que nada comida, más que nada para Dean). Sam y Jack se bajaron y trazaron un rumbo hacia la tiendita que había en la parte trasera de la gasolinera, el alto se dirigía al baño mientras que Jack iba a comprar una larga lista de dulces que el mayor de los Winchester le había encargado, aún tenían un par de horas por delante para alcanzar su destino y necesitaba el azúcar, quería poner a prueba que no le dolería el estómago por tragarse completa una bolsa gigante de gusanitos de goma. Ah si, ser joven era genial.
Se agachó para colocar la manguera en la toma de gas de Baby bajo la cajuela y notó con deleite que sus rodillas no protestaron ante el acto, además, podía pararse de nuevo sin sentir que medio cartílago se había quedado adherido a sus huesos. Comenzó a llenar el tanque mientras silbaba una melodía, amaba su carro, pero diablos, cómo consumía combustible; Sam lo molestaba todo el tiempo con eso porque (medio ambiente, no piensas en el futuro de los niños y blah, blah, blah). Como si el futuro de esos niños no estuviera lo suficientemente jodido ya.
Él y Cas se quedaron detrás, el ángel estaba recargado contra la puerta del coche y miraba hacia el horizonte. El sol iluminaba su costado izquierdo y Dean creía que las sombras hacían brillar aún más sus ojos azules. Con las ropas y esa pose despreocupada lucía más joven que nunca y se preguntó cómo es que tenía un perfil tan malditamente perfecto, sintió sus manos hormiguear cuando sin quererlo su mirada recayó sobre esa quijada tan fuerte, ¿podría cortar vidrio con ella?. Bajó sus ojos a sus brazos y maldijo al clima frío por intervenir en lo que probablemente habría sido algo muy agradable a la vista, pues la manga larga y su chaqueta cubrían por completo sus bíceps, impidiéndole así ver así sus grandes músculos.
Un par de risillas cercanas lo obligaron a dejar de preguntarse si Castiel podría reventar una manzana solo con las manos, desvió la vista y a unos metros de ellos se encontró con dos chicas que también habían parado por gasolina, ambas eran rubias y no estaban para nada mal y así como ellos, lucían la desastrosa (a su parecer) combinación de tenis y pantalones de ejercicio muy pegados. Dean las ojeó críticamente unos segundos y después de meditarlo unos momentos llegó a la conclusión de que quizá esa ridícula moda no estaba tan mal, es decir, veías a las chicas todo el tiempo con pantalones de yoga ajustados, finas licras, que no dejaban nada a la imaginación. No obstante, segundos después recordó que aunque lucía joven (probablemente de la misma edad de ellas) sabía que no lo era en realidad y aunque lo fuera… no estaría interesado. Tragó duro porque creía saber la razón. Una muchacha le guiñó el ojo y eso lo hizo sentir incómodo, así que le sonrió carismaticamente por cortesía.
Cuando Castiel se puso esas ropas, creyó que estaba viviendo un infierno, eran incómodas y… demasiado pegadas para su gusto. Se adherían a su pecho y a sus muslos y se sentía obscenamente expuesto . Por algún motivo se sentía desprotegido, sin las varias capas de su traje que usaba y esa gabardina rodeándolo como una especie de armadura a la que tanto se había acostumbrado a llevar consigo; se sentía casi… incompleto. Pero ahora, al ver a Dean… tan joven como nunca, ta radiante, con ese cuerpo tan firme y ese rostro tan juvenil, redondo, con esas mejillas como manzanas maduras y esos labios tan carnosos sonreirle a unas mujeres que paseaban por ahí… bueno, definitivamente podría vivir sin su gabardina.
Tragó duro y desvió la mirada de nuevo al horizonte intentando ignorar esa sensación dolorosa como si tuviera algo atorado que le obstruía el pecho. Trató de pensar en otra cosa, algo que no fuera lo bien que esos extraños pantalones grises le remarcaban esas estrechas caderas y como su cabello rubio oscuro brillaba bajo el sol como los trigales en la primavera. Tampoco quería pensar en sus numerosas pecas regadas por sus mejillas, esas que sabía que el ojiverde detestaba pero a él le recordaban a la vía láctea, tan llena de estrellas, infinitas y brillantes.
No… no podía culpar a esas mujeres.
Sabía que tenía un tiempo que Dean no sostenía relaciones sexuales con nadie, quizá era porque ya no era tan joven (según el cazador) o porque luchar contra Dios era realmente extenuante, pero ahora, con ese rostro y ese cuerpo de nuevo, sabía que no tendría problema alguno en regresar a sus viejos hábitos, podría conseguir a quien quisiera en un santiamén porque mil y una veces lo había hecho. Ese pensamiento fue aún más doloroso quizá que cuando cayó del cielo.
Una de las chicas sacó un celular y tomó una foto. Dean la miró con incredulidad. Notó que la cámara estaba apuntada hacia Castiel y eso hizo que su sangre ardiera. Su amigo parecía estar demasiado ocupado contando abejas o lo que fuera que tenía su atención tan atrapada, porque en ningún momento volteó a verlas. Fue un impulso, algo incontrolable y quizá absurdo, sin embargo caminó hasta el ángel y lo rodeó con su brazo izquierdo sobre su cuello, todo esto sin despegar la mirada de ellas y tratando de ignorar la tensión que sintió en los hombros del ojiazul.
El viento sopló y tuvo que entrecerrar un poco los ojos, pero no le impidió ver las miradas sorprendidas que intercambiaron las chicas. Eso lo hizo sentir una especie de satisfacción casi enfermiza y tuvo que callar la vocecita interna que le decía que estaba mal, que si Castiel estaba interesado tenía todo el derecho del mundo de salir con mujeres hermosas y pasarla bien. Siguió atento a las chicas, algo iba y venía en sus miradas y luego ante todo pronóstico, soltaron unas risillas emocionadas y sus miradas cambiaron a… ¿adoración?, tomaron un par de fotos más y finalmente retrocedieron dando manotazos y brincando.
Dean no entendía qué diablos había pasado.
-¿Dean?
Esa voz grave lo trajo de vuelta a la tierra, volteó su cabeza y su nariz casi choca con la del ángel, ambos se miraron fijamente. Sintió el mundo a su alrededor detenerse y el aliento del otro caer en sus labios, llamando efectivamente su atención, diablos… ¿cuántas veces no se había preguntado lo que sería tenerlos sobre los suyos?, succionando, chupando... ahora lucían más carnosos… suaves… en un gesto inconsciente humedeció los suyos con su lengua y los ojos del otro se oscurecieron.
Alguien carraspeó tras ellos y se separaron de un salto. Era Sam, quien tan oportuno como siempre había llegado hace quien sabe cuánto y los miraba con los ojos entrecerrados al otro lado del coche, cargando una bandeja de cartón con tazas de papel llenas de café caliente para todos. Detrás de él, Jack comía unas palomitas, parecía entretenido.
Dean sintió que se le subieron los colores a la cara, y maldiciendo en silencio, se alejó del otro como si quemara, rodeando el auto por delante y se metió a su lugar dando un portazo. Ignorando la mirada de todos sobre él, en especial la ceja alzada de su hermano.
Ugh… sería un largo viaje.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
NDA: ¡Hola! Espero que se encuentren bien en estos terrible tiempos de incertidumbre.
Así que... adoro a esta pareja y tenía demasiado tiempo libre en mis manos y pensé que podría intentar hacer realidad uno de mis más grandes y frustrados sueños en esta vida que es ver a Dean Winchester y a Castiel de la serie Supernatural finalmente admitir sus sentimientos. Llevo 15 temporadas viéndolos ir en círculos y es realmente frustrante, así que creé esto sin meditarlo debidamente (como todo lo que hago en esta vida).
Tengo miedo de como vaya a terminar la serie y pensé (si lo logro) adelantarme antes de ver un final que estoy casi segura nos va a partir el corazón a todos.
Uhhh fuera de eso es mi primer fic de esta pareja, pero no me arrepiento de nada.
¡Gracias por leer!
