Prologo: El Amanecer de los Æsir.

En los inicios de la primera era, en el primer amanecer, la primera vez que el sol se elevó sobre las tinieblas… desde las profundidades de las llamas de la creación, surgieron cuatro poderosos instrumentos que poco a poco tomaron forma y enlazaron sus esencias con los primeros héroes… Arco, Espada, Lanza y por último… Escudo. Los primeros guerreros se enfrentaron a las olas de maldad y por primera vez, el bien triunfó sobre el mal… pero algo más ocurrió ese mismo día… las brasas residuales que emergieron de aquellas armas, formaron cuatro instrumentos más, de características similares, pero al mismo tiempo especiales por sí mismas. Una Daga, un Martillo, unos Cestus y finalmente… un hacha. Al igual que los héroes, cuatro jóvenes fueron elegidos para portar aquellas armas, pero de manera diferente…

Igual de poderosas que las armas legendarias, estos instrumentos sirvieron a sus portadores con un poder inimaginable… un poder que corrompe la mente y el alma. Estos cuatro portadores no eran como los héroes… ellos no poseían las armas, las armas los poseyeron a ellos, volviéndolos en monstruos de carácter nefasto y egoísta. Los habitantes de esa era los llamaron… los Æsir, por mandato de unos de sus integrantes.

No paso mucho hasta que el camino de los héroes y los Æsir se cruzara… y una carnicería gigantesca se hiciera presente en todo el reino. Sangre llovió de los cielos, como nunca se lo había visto antes. Mas la batalla apenas duro unas pocas semanas, acabando con la derrota tanto de los Æsir como de los héroes legendarios.

Los gobernantes de los distintos reinos dividieron y resguardaron las armas en distintos puntos del mapa, sabiendo que si aquellos instrumentos caían nuevamente en manos equivocas, una era de tiranía incontrolable se alzaría sobre ellos… y no habría bestias, héroe o guerrero que pudiese combatir a la amenaza de… los Æsir. Mas el destino tenía otros planes para esta

El salón entero se reunía entorno a Motoyasu, quien empuñaba fanfarronamente su lanza, danzando agresivamente, intentando encestar rápidamente algunos golpes a su oponente mientras complacía a la multitud y disfrutaba de los halagos de la multitud.

Te ves cansado Even, ¿esto es todo lo que tienes para dar?

Exclamó el joven inquieto a su compañero mientras lanzaba una poderosa estocada hacia adelante. Alzando en alto su hacha, Even atrapó el golpe con la parte inferior del arma, inclinándose hacia adelante para atrapar la lanza y mover del lugar a su portador.

No te confíes tanto rubiecito. –

Jalando hacia atrás, el muchacho lanzó una potente patada hacia el estómago de Motoyasu, impactando de lleno y quitando el aire de sus pulmones.

¡Apenas estoy calentando! –

Soltando el arma, el muchacho lanzo una serie de puñetazos hacia su amigo, golpeándolo repetidamente en el rostro antes que este pudiese reaccionar. Rápidamente Motoyasu respondió agachándose y barriendo con su pierna el suelo debajo de Even, derribándolo mientras la lanza se teletransportaba nuevamente a su mano y rematándolo con un golpe de la parte inferior del mango.

–¡Y la multitud enloquece! ¡Otra victoria para Motoyasu!

Exclamó mientras, efectivamente, el cumulo de personas a su alrededor gritaba su nombre.

Nada mal, has mejorado estos últimos días, jajaja. –

Dijo mientras extendía su mano a Even, ofreciéndole alegremente una ayuda para levantarse.

Sabes amigo, serias un guerrero increíble si tan solo no tuvieras el ego por las nubes.

Sugirió Even con una sonrisa en su rostro y aceptando el apretón.

Bueno, en ese caso creo que no sería yo, jajaja

Uniendo sus manos, ambos jóvenes levantaron las palmas a la ferviente multitud, quien alababa aquella muestra de amistad de parte de ambos. Seguido a esto, Even levantó su mano en alto, esperando ansioso a que aquel instrumento volviese a el de la misma manera que hacía hecho la lanza con su portador, solo para desilusionarse momentos después.

Dah… qué diablos…

Exclamó molesto, alzando el arma del suelo y anclándola nuevamente al ariete en su espalda. A la par que esto ocurría, Motoyasu palmeó su espalda con una expresión victoriosa y despreocupada.

–¿Sigue sin hacerte caso?

Preguntó sin mayor esfuerzo, a lo que el chico le responde.

No lo sé hermano… creo que se equivocaron de leñador…

Ya te lo he dicho, el arma no se equivoca… quiero decir, de ser así no hubieses llegado hasta aquí.

Refutó el héroe de la lanza.

No veo como el llevar un pedazo de hierro milenario en la espalda refuerce lo que dices… quiero decir, hasta donde puedo deducir, fueron unos ancianos con túnica los que me trajeron hasta aquí.

Rascándose la nuca, las palabras que estaban a punto de ser expresadas por Motoyasu fueron acalladas por la irónica verdad de Even.

Bueno… si… técnicamente… pero, de cualquier forma, de no ser de utilidad no te habrían dejado quedarte. Quiero decir, podrías estar pudriéndote en una alcantarilla ahí afuera, probablemente vistiendo lo que queda de tus ropas y rogando por un poco de comida. No estas tan mal.

No te digo que no, pero extraño algunas cosas de mi otra vida, como por ejemplo no se… LA LIBERTAD, por ejemplo…

Señaló Even, un tanto molesto mientras tomaba una copa de sobre la mesa y alzaba el codo el alto, dejando que aquel contenido dorado y brillante bajase por su garganta antes de continuar.

Quiero decir, si, se vive bien y todo, pero pasar el resto de mi vida en un castillo no es el tipo de vida que me gustaría… a no ser que esté lleno de esta cosa, jajaja.

Tomando su copa, el héroe del escudo y el Æsir chocaron sus tragos, alzando su voz y brindando por la buena vida que habían conseguido.

¿Que rápido cambias de opinión eh? ¡Jajaja! –

–Aquel muchacho, el portador del hacha… aquel chico de cabellos oscuros, tan cortos como las letras de su nombre y una mirada amable en su rostro. Sobreprotegido por la familia real y apenas conocido públicamente por las implicaciones de su persona, era el portador del… el hacha de los Æsir. –

Susurró uno de los nobles a sus compañeros que le seguían disimuladamente, vistiendo máscaras y atuendos pintorescos, perfectos para aquella fiesta de cerdos adinerados. La mirada del mismo se posó sobre Motoyasu, sin restarle atención ni el mínimo respeto.

–Y ese… ese es el guerrero de la lanza. –

Agregó, alzando su copa y lamiendo el borde con sus labios. No estaba interesado en beber, solo le encantaba el sabor de aquel cristal sucio.

–Y yo que creía que esta iba a ser una misión sencilla y nos mandan a ese altanero…–

Comentó uno de sus compañeros, frustrado por la presencia del chico. Dándole la espalda a ambos jóvenes, los guerreros se miraron a los ojos entre sí, apreciando su aspecto humano que tan desagradable e impío les parecía. El líder apretó fuertemente la copa, resquebrajando su estructura y haciendo que se partiese en dos y manchase el suelo con aquel liquido morado.

No hemos llegado tan lejos para retroceder aquí… nos apegaremos al plan, conseguiremos el arma de los Æsir y nos largaremos de este desolador y lúgubre reino…–

Susurró a sus compañeros, ocultando una mirada de frio odio y frustración. Seguido a esto, alargó sus brazos, mirando a la multitud reunida y expresando corpóreamente sus falsas intenciones.

–¡Oh! Pero que torpe soy… lo siento mucho, debí haber quedado maravillado con la actuación de él magnífico héroe de la lanza…–

Exclamó adulante para que todo el mundo pudiese oírlo, mientras proseguían, en conjunto a alabar falsamente al muchacho.

Larga vida al rey, larga vida a la princesa… y sobre todo… larga vida al héroe de la lanza.

Al oír aquellas palabras, Motoyasu cayó en cuenta. Suspiro repentinamente antes de exhalar un sonido como si se hubiese golpeado el pie contra la pata de un mueble.

–¡La princesa!

Exclamó, emocionado y nervioso, dándose cuenta de que había olvidado algo.

–¡Me pidió que la busque después del banquete! ¡Como pude olvidarlo!

Dejas a tu hermano por una mujer? Vaya, que poco código amigo… Pero bueno, supongo que es típico de ti.

Comentó burlonamente el muchacho mientras empinaba su copa camino a sus labios. Rápidamente la mano del héroe golpeó a esta, haciendo que caiga al suelo y se parta en mil pedazos.

Deja de hacer bromas si no quieres que te vuelva a patear el trasero.

Respondió Motoyasu mientras caminaba de espaldas hacia la salida, alzando sus brazos y tentando a su amigo para otra pelea.

Jajaja ¡Cuando quieras, héroe de las correas!

Mirando sobre su hombro, el Æsir siguió con la mirada a su amigo, asintiendo con la cabeza mientras se dirigía a la mesa, junto a las bebidas, en la cual pasaría el resto de la noche, empinando el hombro y esperando alegremente a que la noche siga su curso. Poco a poco la gente comenzó a abandonar el lugar y el sueño acabó por conducir al muchacho hacia la esquina de la mesa, dejándose caer en los brazos de Morfeo y produciendo un ruedo estridente que surgía desde lo más profundo de su garganta. A la par que esto ocurría… una sombra se asomaba por la habitación y poco a poco comenzó a acercarse al inconsciente Even.

Vaya… mira nada más…

Exclamó una voz femenina, la cual fue apenas captada en un mar de sueños y espejismos.

¡Oye! ¿Vas a levantarte o tendré que hacer algo al respecto?

No hubo respuesta del Æsir, más allá de un leve ronquido y balbuceo inentendible. Disgustada, la dama se movió lentamente hacia la mesa, tomo la copa con el poco vino que quedaba y prosiguió a volcarlo sobre la espalda de Even.

¡POR LAS BARBAS DE MI ABUELA!

Exclamó mientras el líquido helado corría por su espalda, un implacable dolor de cabeza atacaba su cerebro y el brillo del sol entraba por la ventana e impactaba fuertemente en sus ojos. De un rápido movimiento, el chico se deslizo hacia atrás y cayó de la silla sin poder controlarse. Delante suyo, una figura femenina parada de manera altanera y dominante, extendía su mano sobre el chico, dejando caer las ultimas gotas de vino sobre el piso, solo para proseguir lanzando lejos la copa. Cabellos rojizos, ojos verdes y vestida con una armadura reluciente, muy probablemente una que jamás había tocado una batalla real.

Eso fue grosero…

Mencionó molesto.

Así que tú eres el chico al que el hacha eligió.

Declaró observante.

Lamento que me encuentre de esta manera señorita… ¿Cómo dijiste que te llamas?

Malty S Melromarc… PRINCESA, Malty S Melromarc.

Aclaró poniendo una mano en su pecho de manera orgullosa y complacida.

Oh, ya veo… disculpe su majestad.

Respondió Even, levantándose rápidamente del suelo y sacudiendo el vino que chorreaba de sus ropas.

Así que usted es la hija del sujeto que me puso en este lugar… supongo que será de un carácter un poco más amable… ¿verdad?

Bueno… algo así… De cualquier forma, no he venido a hablar, sino a sacarte de aquí.

Los ojos del muchacho se abrieron como platos al escuchar aquella afirmación. Una sonrisa se dibujó en la cara de Malty al darse cuenta de la posición en la que se encontraba.

Tu nombre.

Exigió la mujer, señalando con su dedo.

Even Gudriksson…–

La dama levantó una ceja en señal de incomprensión,

Es un nombre escandinavo, no preguntes… mi padre me lo puso.

Señalando con su mano, la chica ordenó al Æsir que la siguiese. La caminata de ambos comenzó, pero había algo extraño en todo eso. Even no terminaba de sentirse cómodo, como si se olvidase de algo o estuviese perdiéndose de algo.

Bien "Eve" seré directa contigo, me interesas bastante…

Lo siento señorita, este ya perro tiene dueña.

Respondió sin dar mayores vueltas, provocando una exagerada y sonora risa a la muchacha que lo acompañaba.

No hablo de eso, jajaja.

Dijo antes de aclararse la garganta y parase junto a una de las ventanas del lugar. En ella se apreciaba un dibujo con distintos cristales de colores, haciéndole honor a los intentos tipos de héroes que habitaban aquellas tierras. Esos mismos a los que la gente adoraba y aclamaba como sus salvadores. Mas para su sorpresa, solo tres de ellos aparecían ante él, la lanza, el arco y la espada.

Linda ventana. Aunque, estoy un poco confundido. ¿No se supone que hay cuatro héroes en total? ¿Qué paso con el escudo?

Sin quitar la sonrisa de su rostro, la chica explicó.

Es por eso mismo que me interesa… él es una persona, problemática… cuanto menos. Un delincuente, una persona indeseable e indigna de portar el don que se le ha dado.

Acercándose lentamente hacia Even, Malty susurro unas palabras para él.

Un monstruo…–

¿Que ha hecho?

Preguntó Even…

–¿Porque se ganó tal desprecio? ¿No le gusta llevar mayas apretadas como a los demás héroes? ¿No limpia su escudo a menudo? Le gusta embriagarse y… no espera… eso no tiene nada de malo.

Ese hombre le ha causado demasiados problemas al reino como para enumerarte todo lo que ha hecho… además, no es como si realmente te importe ¿me equivoco?

¿Bueno, ahí me atrapaste… y que quieres que haga? ¿Me mandaras a matarlo como a uno de esos sicarios de las películas o algo así?

Alejando su mirada del chico y posándola sobre los coloridos cristales de la ventana, Malty continuó con su plan.

No exactamente… Veras, esta estrictamente prohibido el enfrentamiento mortal entre portadores de las armas legendarias. Ahí es donde entras en juego… quiero que seas nuestra arma secreta… solo en caso de que ese criminal se nos salga de las manos.

–A ver… entonces me estas pidiendo que atente contra la vida de un hombre que ha hecho cosas horribles, SOLO en el remoto caso de que este intente algo como… no se… ¿un golpe de estado? ¿Una revolución? –

Malty asintió con la cabeza.

¿Y yo que gano con todo esto? Además de bueno, poder volver a ver la luz del sol, luego de un mes aquí encerrado.

Si todo sale como lo planeamos… y tú, en específico… juras servirme a mí y solo a mi… te prometo un mundo de riquezas y placeres como jamás los has imaginado…–

Respondió la chica, cerrando su expresión y frunciendo el ceño, para declarar que estaba completamente segura de lo que decía.

Tentador… tentador…–

Esta gente está enferma… secuestrar a un hombre, obligarlo a luchar y matar a otras personas, y de paso lo toman como si fuese algo natura… es simplemente increíble. ¿Pero qué más puedo hacer? No creo que me vaya mejor si me niego… así que estoy entre la espada y la pared…

Bien, supongo que no puedo negarme, señorita malteada… ¿cuándo zarpamos? –

Victoriosa, la chica sonrió pícaramente mientras tomaba del hombro a su nuevo aliado y lo empujaba levemente por el pasillo.

Solo tengo una pregunta ante que nada… ¿dónde está el hacha? –

¿Eh?

Su mano se deslizó a lo largo de su espalda, palmeando con fuerza para esperar sentir el metal del arma, pero sus dedos solo tocaron las telas de las ropas que aun conservaba de su mundo.

Que demonios… ¿se me habrá caído anoche? Lo último que recuerdo fue la pelea con…

–Motoyasu…–

Confundida, Malty levantó una ceja.

–¿Donde esta? –

Preguntó, más a modo de exigencia que cualquier otra cosa. La chica simplemente levantó sus hombros en desconocimiento, acción que provocó que el muchacho comience a correr a lo largo del pasillo.

Esto parece una broma de mal gusto… Motoyasu, si esto es una broma, prometo meterte esa lanza por el…

DETENTE…

Un escalofrío recorrido todo su cuerpo, paralizando su mano a pocos centímetros del picaporte. Even giró en todas las direcciones posibles, tratando de hallar el origen de aquella voz, una voz tan grave y sonora, que pareciera provenir de las profundidades del abismo mismo.

EL TIEMPO DE DESCANZAR, HA ACABADO…

–¿Quién es?

Gritó, empoderando su llanto con el sonoro eco del lugar, pero solo recibiendo su misma voz de regreso y el sonoro aullido del gélido viento de las afueras, que golpeaba incesantemente con las ventanas… un viento demasiado frio para estar a estas alturas del año…

ABAJO…

Exclamó la voz, momentos antes de que las ventanas enteras fuesen destruidas por completa y tanto los cristales como los escombros volaran en dirección al muchacho. El polvo y gravilla llenaron el lugar, creando una nube gris y espesa que no esperaba para comenzar a meterse en sus pulmones y provocarle una severa e insistente toz. Una poderosa ventisca entraba por el ahora presente agujero en la pared, ventilando rápidamente aquella estela de mugre y dejando entrever una delgada pero esvelta figura masculina.

Eres un destructor, descendiente Æsir

Susurró una voz aguda pero amenazadora, como si hubiese sido susurrada por una serpiente la cual escupía su veneno para enceguecer a su presa. En un abrir y cerrar de ojos, el hombre se movió hacia adelante tomando por el cuello a Even e impactando su cuerpo contra la pared opuesta, presionando fuertemente su garganta contra la roca para evitar que este diga una palabra. Moviéndose violentamente, el muchacho intento zafar de tal agarre, golpeando repetidamente tanto el brazo como el pecho de aquella persona, acto al cual, esta ni siquiera intentaba defenderse.

Esperaba que fueses más grande…

Declaró soplando levemente, liberando de su garganta un viento helado que limpio el aire a su alrededor.

–¿Que has estado haciendo este último mes? Además de esconderte como un cobarde, por supuesto.

Los ojos de Even de abrieron completamente al contemplar el aspecto de tal criatura. Si bien, su compleción era la de un humano, su piel era completamente azulada y sus ojos rojos como dos brazas ardientes. Unos extraños grabados se esparcían desde su cabeza, pasando por su torso desnudo y acabando en sus piernas, como las líneas que dividían a un mapa. Sus ojos se centraron en la parte trasera de su cinturón, la cual portaba en su haber un instrumento muy conocido por el mismo.

¡El hacha! ¡Ellos robaron el hacha mientras yo dormía!

Pensó nerviosamente mientras la azulada criatura se percataba de esto.

Oh, no te preocupes, pienso devolvértela… cuando volvamos a casa y puedas hablar con…

Un relámpago golpeó el cuerpo de la criatura antes que pudiera concluir su frase, haciendo que este se ladee hacia un costado y soltando a Even.

¡Hermano!

Gritó Motoyasu mientras corría en rescate de su amigo, empuñando su lanza, saltando a mitad de camino y lanzando una estocada en dirección al hombre azul.

¡Lightning Spear!

Exclamó mientras un relámpago azulado emergía de la punta del arma e impactaba nuevamente el cuerpo de su enemigo, quien retrocedió nuevamente, quedando vulnerable a otro ataque del héroe. Poniendo todo su peso en la lanza, Motoyasu intentó empalar al hombre de un solo ataque.

Errr… que increíble…–

El arma se detuvo en seco, dando la impresión de que esta se había incrustado completamente en el cuerpo del monstruo… no fue así.

¡DESCEPCION!

La punta del artefacto había sido atrapada sin ningún problema, y de un rápido movimiento aquella criatura levantó al héroe y a su arma sobre si mismo y lo estampó contra el suelo, causando gran cantidad de daño.

Tú debes ser uno de los Vanir… me esperaba más de una de las personas a las que se le encargó este reino…

Levantando su pie, el gigante golpeo con todas sus fuerzas el pecho de Motoyasu, aplastando su armadura y haciéndolo gritar de dolor.

Vine para llevarme al Æsir, no tenías por qué interponerte en mi camino…

¡Si venias a buscarme, llévate esto de recuerdo!

De un rápido movimiento, Even golpeó con su hacha la espalda del monstruo, apartándolo de su amigo caído. Aquel golpe había sido dado con la intención de dañar gravemente a aquella criatura, ni siquiera fue cortado por el filo del arma, en ves de esto, una serie de chispas y gravilla salieron disparadas en el impacto de su piel con el metal, como si de una coraza rocosa se tratase.

Este tipo será fuerte, pero es bastante descuidado.

Bromeó Even mientras ayudaba a Moyoyasu a levantarse y ambos se ponían en guardia contra su enemigo.

Quien diría esto, cerdos Æsir, cerdos Vanir, ambos peleando juntos. Pues no son los únicos con sorpresas, muchachos.

Inhalando profundamente, el azulado guerrero sopló con todas sus fuerzas, liberando una gélida escarcha en dirección a ambos jóvenes. Un frio abrazador los impactó de lleno, a tal grado que sentían como su sangre comenzaba a coagularse rápidamente y la transpiración de su cuerpo se convertía en pequeños cúmulos de hielo. Motoyasu intento responder, pero la lanza se había quedado pegada a su piel por la congelación.

Q-Que demonios es este sujeto… esto no puede estar pasado… n-no me habían dicho nada s-sobre estas cosas…

Even intentó levantar su hacha, pero su brazo apenas si se movió. Las ventanas y masetas del pasillo estaban completamente congeladas, las plantas ya habían muerto por la helada, y mucho no faltaba para que ambos muchachos sufrieran el mismo destino que estas. Sin embargo, el sonido del metal impactando repetidamente contra el suelo llegó a sus oídos y se acercaba a gran velocidad a su ubicación.

–¡Zweit Fire Squall!

Una serie de bolas de fuego volaron junto a ambos jóvenes, impactando de lleno en el cuerpo del gigantesco hombre azul y chamuscando levemente su cuerpo, haciendo que la escarcha acabe. Un grupo de soldados de la realeza, acompañados de la princesa Malty llegaron para unirse al combate, blandiendo sus armas y apuntándolas en dirección al invasor.

Un gigante de hielo… los rumores decían que se habían extinto luego de las primeras olas.

Exclamó la confiada chica en un tono burlón mientras levantaba su mano para amenazar a su contrincante. El gigante sonrió malévolamente…

Mejor cuida lo que dices… lengua sucia…

¡Princesa! ¡Al suelo!

Gritó uno de los soldados, antes de que la pared continua fuese nuevamente derribada, esta ves no por uno, sino por dos gigantes más, el primero completamente calvo, y el ultimo portando una larga cabellera oscura. Mas su objetivo nunca fueron la princesa u el héroe de la lanza… su objetivo, fue en todo momento Even, a quien el gigante de cabello oscuro tomo por el cuelo y lanzó a toda velocidad por uno de los agujeros de la pared.

¡AAAAAAAAAAAA! ¡CAMBIE DE OPINION! ¡SI ME GUSTA ESTAR EN EL CASTILLO!

La velocidad a la que había sido lanzado rápidamente comenzó a aumentar y la altura, a descender. El castillo comenzaba a verse cada vez más lejano a medida que el chico se adentraba en un espeso y oscuro bosque, rodeado de arboles de gran tamaño, por los cuales comenzó a chocar y a disminuir su velocidad de caída. Las ramas desgarraron su ropa, incrustando a su vez enormes astillas y creando heridas graves en toda su piel. Hasta que finalmente… cayó al suelo, impactando con gran fuerza contra las raíces de un árbol y dolorosamente sentándose sobre estas.

–Ah… q-que diablos… ¡NOOOOO! –

Exclamó horrorizado, mirando como una de las ramas se había clavado profundamente en su pierna. Lentamente movió su mano hacia la misma, posando sus dedos sobre el pedazo de madera y jalando hacia afuera.

DETENTE… NO HAGAS ESO…

Susurró la fantasmagórica voz de antes, a la misma que Even hizo caso omiso.

A las tres…–

Susurró para sí mismo, preparándose para lo peor.

Uno… dos… tres…–

Bruscamente movió su mano hacia arriba, arrancando la rama de su ser y haciendo saltar la sangre de su pierna por todas partes mientras gritaba a todo pulmón y se retorcía de dolor sobre las raíces del árbol.

ALGUIEN VIENE…

C-Cállate…

Dijo entre lagrimas y dolor, arrancando el pasto del suelo y respirando profundamente. No era solo el dolor lo que lo ponía así, sino mas bien, el shock del momento… la revelación de aquella cosa que, no solo parecía imparable, sino que había varios de ellos… y según lo que decía, estaban buscándolo a él. Un sonido metálico hizo eco en todo el bosque. Desde arriba de las copas de los árboles, un arma cayó frente a Even. El mismo instrumento por el cual él se encontraba metido en todo eso. Aquella hacha, reluciente y afilada, al contrario que aquellas tres extrañas gemas forjadas en su haber, apagadas y sin brillo alguno.

¿Que? ¿Qué quieres? Ahora si regresas ¿eh?

Dijo refiriéndose a su propia arma, recibiendo solo el silencio del bosque como respuesta.

–Ahora vete! Si no vas a hacerme caso… ¿porque no mejor te vas al demonio? Saldré de esta por mi propia cuenta…–

NO TE DEJES ATRAPAR…

En un intento de levantarse, Even hizo palanca por el árbol a su espalda, forcejeando con su única pierna sana, pero cayendo a un lado en el intento. Nuevamente desvió su mirada hacia el hacha caída sobre el césped, con una expresión de desprecio y desagrado, como si mirase a otra persona.

No puedo quedarme aquí… Pero tampoco puedo hacerlo sin ella.

Bien… vendrás conmigo, por ahora…–

Pateando el mango del arma, esta misma desprendía un sonido metálico altamente molesto para los oídos de Even, el cual presionaba sus dientes en frustración por no poder alcanzarla correctamente.

Poco a poco… vamos… ya casi…

Su mano, ya estando a pocos centímetros del mango, comenzó a temblar mientras se estiraba para alcanzarla. Entre quejidos y dolor, la punta del mango tocó la punta de sus dedos y rápidamente, estos atrajeron el arma hasta su dueño. Poniendo la punta de esta sobre el suelo y apoyándose, Even se levantó mas que adolorido y comenzó su viaje a través del bosque.

Eres resistente Æsir, estoy sorprendido.

El corazón del muchacho dio un vuelco en cuanto oyó aquella voz. Un frio abrazador recubrió su espalda mientras una mano helada tocaba su hombro y llamaba su atención.

Tranquilo, no tengo intenciones de hacerte ningún daño… a no ser que me obligues a ello.

Sugirió amablemente el gigante.

¿Qué quieres? ¿Porque me buscas? –

He… por la misma razón que el hacha te eligió amigo…

Even sostuvo fuertemente el mango del arma mientras se preparaba para atacar.

Porque el destino… es una perra caprichosa.

Aquella voz fantasmal volvió a resonar en la mente del Æsir, sugiriendo lo obvio, pero a su vez, algo que le permitió realizar la acción.

CORRE.

El arma se movió a toda velocidad contra el gigante, en dirección a su cabeza. Un sonido ensordecedor, de metal impactando contra roca, hizo eco en todo el lugar, seguido a un alarido de dolor y frustración por parte del monstruo. Even se preparó para lanzar otro ataque, pero el brazo de su enemigo fue más fuerte y lo golpeo con todas sus fuerzas en medio del pecho, empujándolo contra los árboles.

Bastardo hijo de perra… ¿TIENES IDEA LO QUE ACABAS DE HACER?

Even giró sobre si mismo, mirando en dirección al gigante y pudo apreciar los daños causados hacia este. Parte de su rostro se había desmoronado, agrietado como la cara de una montaña, había perdido el ojo y en su lugar no había mas que una simple superficie azulada y marchita. El guerrero golpeó con su brazo al árbol en el cual Even se encontraba momentos antes, partiéndolo en dos y derribándolo en dirección a este.

Haciendo a un lado el dolor, el Æsir comenzó a correr tan rápido como le era posible, entre quejidos e insultos, motivado por la adrenalina que le producía el oír a aquel monstruo caminar en su dirección.

¡Esa hacha te servirá de sombrero cuando te alcance muchacho! –

Sonidos de quiebre, árboles caídos y astillas saltando por todas partes era el paisaje que formaba aquel monstruo mientras se abría paso a través del bosque.

Por un demonio… alguien por favor ayúdeme…no quiero morir aquí, no de esta manera, por favor…

El movimiento de Even se detuvo. Delante suyo, un acantilado con agua corriendo a toda velocidad en el fondo, golpeando continuamente contra la cornisa y salpicando a las rocas que emergían desde sus profundidades.

Mier…–

El gigante lo tomó del cuello, furioso y enceguecido por el odio.

Quieres saber que hare contigo? Oh yo te diré… voy a tomar esa pequeña cabeza tuya… y la usare como mi copa personal…

–A-Yu…–

Entre toz y sufrimiento por la falta de aire, el Æsir intentaba por todos los medios escapar de aquella situación. El brazo con el cual sostenía el hacha se encontraba aprisionado por el agarre del gigante, haciendo imposible para el defenderse de otra manera.

–Th…th…–

–¿Que ocurre? ¿Dónde está esa confianza que tenías hace unos momentos?

NO TE DEJES ATRAPAR…

–¡PELEA! BASURA ÆSIR ¡QUE ESPERAS? ¡DEFIENDETE! –

Cerrando su puño con todas sus fuerzas y en un último suspiro de esperanza, Even… Golpeó al gigante.

Th…Thunder. –

Un estruendo ensordecedor dio lugar al silencio en todo el bosque. Un resplandor azulado pude verse desde el castillo, antecedido por una línea blanquecina cayendo del cielo hacia el borde de un acantilado. El líder del equipo de gigantes vio aquella y no pudo hacer más que presionar fuertemente sus dientes en frustración y odio hacia sus compañeros. El mismo miró en dirección a Malty y Motoyasu con altanería y desgano… y pronunció.

Entonces así comienza… ustedes lo iniciaron…–

Acercándose a la ventana, el inmenso hombre azulado reafirmó sus palabras mientras se preparaba para saltar.

Ustedes iniciaron… el Ragnarök.