DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling y la idea original no es mía.
Párrafos de "Harry Potter y la piedra filosofal" incluidos en la historia. Agradezco su infinita paciencia y su amor al Fic.
*REEDICIÓN*
Septiembre, 1. 1991
Hogwarts.
19:30 p.m.
El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Hermione se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lampara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos.
-¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
Una gran cara peluda, proporcional al tamaño del semigigante hizo que la mandíbula de la niña bajara un par de centímetros. Ver a semejante criatura era asombroso, nada parecido al leerlo en un libro.
-Vengan, síganme… ¿Hay más de primer año? Miren bien dónde pisan. ¡Los de primer año!
Resbalando y a tientas, siguieron al semigigante por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Hermione pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico a quién había estado ayudando a buscar su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.
-En un segundo tendrán la primera visión de Hogwarts -exclamó el semigigante por encima del hombro-, justo al doblar esta curva.
Se produjo un fuerte ¡ooooh!
El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
-¡No más de cuatro por bote! -gritó el semigigante, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Hermione, junto a Neville Longbottom, subieron en el mismo bote que Harry Potter y Ronald Weasley, a quienes ya había tenido el placer de conocer.
Hasta donde sabía, la fama de "El niño que vivió" no era tan bien merecida.
-¿Todos arriba? -continuó el semigigante, que tenía un bote para él solo-. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía el castillo.
-¡Bajen las cabezas! -exclamó el semigigante, (quien aún no había tenido la sensatez de presentarse) mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
-¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? -dijo el semigigante, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.
-¡Trevor! -gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara del semigigante, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.
Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
-¿Están todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?
Levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo.
Era la profesora McGonagall, a quién Hermione había tenido el gusto de conocer durante las vacaciones. Aquella mujer que le explico que no estaba sola, que no era un fenómeno. Que había cientos de personas como ella.
-Los de primer año, profesora McGonagall -dijo el semigigante.
-Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grade que hubieran podido meter toda su casa en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts (el banco mágico), el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.
Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Hermione podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el Gran Comedor), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos a otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.
-Bienvenidos a Hogwarts -dijo la profesora McGonagall-. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasaran el tiempo libre en su sala común.
Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia y noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos ustedes sean un orgullo para la casa que les toque.
La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperan, se arreglen lo mejor posible.
Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Longbottom, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y la nariz manchada de Weasley. Con nerviosismo, Hermione se paso las manos por su impoluta túnica.
-Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia -dijo la profesora McGonagall-. Por favor, esperen tranquilos.
Algunos empezaron a murmurar entre ellos mientras Hermione repasaba mentalmente en qué casa debería quedar. Ravenclaw siempre parecía la mejor opción, aunque Gryffindor tampoco estaba mal…
Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire… Muchos de los que estaban atrás gritaron.
Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablado unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:
-Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad…
-Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad… ¿Y qué están haciendo todos ustedes aquí?
El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año.
Nadie respondió.
-¡Alumnos nuevos! -dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos-. Están esperando la selección, ¿no?
Algunos asintieron.
-¡Espero verlos en Hufflepuff! -continuó el Fraile-. Mi antigua casa, ya saben.
-En marcha -dijo una voz aguda-. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
-Ahora formen una hilera -dijo la profesora a los de primer año- y síganme.
Con un nudo en la garganta y un horrible retorcijón en el estómago, Hermione se puso detrás de Weasley. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Hermione nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, Hermione levantó la vista y vio un techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas.
-Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts -dijo en voz alta, a nadie en particular.
Al bajar la vista, vislumbró a la profesora McGonagall poniendo en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio.
Ese era el Sombrero Seleccionador.
Durante unos pocos segundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
Pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen al trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
di tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Seleccionador.
Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.
La profesora McGonagall se adelantó con un gran rollo de pergamino.
-Cuando yo los llame deberán ponerse el sombrero y sentarse en el taburete para que los seleccionen -dijo-. ¡Abbott, Hannah!
Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
-¡HUFFLEPUFF!
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Hermione vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.
-¡Bones, Susan!
-¡HUFFLEPUFF! -gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
-¡Boot, Terry!
-¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaw se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó ser la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en gritos. Hermione pudo ver a un par de gemelos pelirrojos, silbando.
Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.
-¡Finch-Fletchley, Justin!
-¡HUFFLEPUFF!
Hermione notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.
-Finnigan, Seamus. -El muchacho de cabello arenoso estuvo casi un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.
-Granger, Hermione.
Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa. Todo quedó a oscuras.
Estaba definitivamente muy, pero muy nerviosa. Las manos estaban empezando a sudarle y los dedos le temblaban como gelatina.
-Mmm -dijo una vocecita en su oreja- Difícil. Muy difícil. Llena de valor, lo veo. Una mente asombrosa e inteligente. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarte a ti misma, esto es muy interesante… ¿dónde te podré?
El corazón de Hermione latía con demasiada fuerza.
Tenía la valentía de un Gryffindor, a su corta edad había sabido defenderse de los abusivos de su escuela. Tan inteligente que había avanzado un grado entero en su primaria muggle. Leal como un Hufflepuff, siempre fiel a sus principios, pero sabia que por más ambiciosa y astuta que fuera nunca podría pertenecer a la casa de las serpientes debido a que era una hija de muggles. Ella sabía que ser una bruja pura o en el peor de los casos, mestiza, era la única manera de pertenecer a la gran serpiente de Slytherin.
Así que nunca, ¡jamás! espero que el Sombrero Seleccionador soltara aquella palabra. Era imposible.
Mientras caminaba, media aturdida y tambaleándose hacia la mesa de la que sería su casa durante siete años lo único que podía escuchar era el eco de la voz del sombrero:
¡SLYTHERIN!
¿Slytherin? ¿Era una broma de mal gusto?
Su cara era una gran muestra de que la habían condenado a prisión de por vida (lo cual no era tan errado).
No hubo aplausos, ni gritos. Solo murmullos de confusión por parte de las tres casas restantes, mientras Hermione con piernas temblorosas se sentaba en un espacio vacío en la mesa, dándole la espalda al resto de la Ceremonia de la Selección y mirando fijamente la gran mesa de madera. Podía sentir la mirada de las serpientes sobre ella.
Un carraspeo llamó su atención.
-Bienvenida -dijo una voz de hombre. Su vista se elevó, el miedo brillando en sus orbes castaños. Un muchacho alto y musculoso, de cabello negro sonreía hacia ella, mostrando una fila de dientes irregulares- Marcus Flint -se presentó- Soy el capitán de Quidditch y Prefecto de Slytherin.
Un zumbido de expectación bailaba en el aire.
-Soy hija de muggles -las palabras se escurrieron entre sus labios. No hacía falta ocultarlo, era obvio que lo sabían. La mayoría de la elite del mundo mágico se congraciaba en Slytherin, y bueno, ella nunca había ido ni a una fiesta de infantes en el jardín de niños.
-Por lo visto -el chico se encogió de hombros, incómodo. Sus orbes oscuros cayeron en varios lugares del Gran Comedor antes de aterrizar en los castaños de Hermione- Uhm… esto nunca nos había pasado -admitió, rascándose la barbilla- Pero… supongo… -hizo una mueca, mirando con furia al chico de cabello arenoso a un lado suyo, tal vez lo había golpeado debajo de la mesa. Se dispararon unas miradas que Hermione no pudo leer antes de que Flint regresara su mirada a ella- El sombrero te puso aquí -se aseguró de mantener su mirada en ella- El sombrero nunca se equivoca. Así que, si dice que eres una Slytherin, eres una Slytherin, cariño. Eres una de los nuestros.
¿Acaso estaba delirando? ¿La habían aceptado así? ¿Tal cuál? ¿Sin insultos? ¿Sin prejuicios? No había manera…
Una mano firmemente tendida se metió en su vista. El final de ese brazo daba a un niño de tez demasiado pálida. Cabello rubio platinado y ojos grises. Rostro ligeramente puntiagudo.
Un vago recuerdo en el tren de Hogwarts la asaltó.
-Malfoy, Draco Malfoy.
Miró con desconfianza su mano, pero terminó estrechándola.
-Hermione Granger.
Una gran sonrisa se extendió por los labios del rubio, mientras sus dedos se rozaban con los del otro al apartarse del saludo.
-Un gusto conocerla, miss Granger -un chico moreno se sentó a un lado suyo. Su cabello estaba rizado y poseía unos hermosos ojos de color verde. Tomó su mano antes de que cayera a su lado y la llevó a sus labios, besando sus nudillos- Mi nombre es Blaise Zabini, y es un gran honor tener a una bella donna como usted en nuestra casa. -el último seleccionado de la noche, supuso.
Las mejillas de Hermione se volvieron tan rojas como el cabello de Ronald Weasley.
Zabini sonrió abiertamente.
-Déjala en paz, Blaise -un chico de piel aceitunada, cabello castaño y ojos azul eléctrico le sonrió cortésmente. La miraba por sobre el hombro del moreno- Perdónalo, a veces piensa que es alguna clase de Lord o un príncipe. -dijo- Theodore Nott, y tengo la desdicha de ser amigo de estos dos -con un asentimiento de cabeza señaló a Malfoy y Zabini.
-Mucho gusto -sonrió, apenada.
-¿Cuándo comenzará el banquete? -preguntó uno de los chicos regordetes, una cabeza más alto que el resto de ellos. Cabello castaño, ojos del mismo color. Ojos que tenían completa atención a los cubiertos vacíos.
-¿Puedes dejar de pensar por un minuto en la comida, Goyle? -Malfoy veía con claro gesto de exasperación a su amigo.
-Es que se están tardando mucho -el otro chico, cabello negro y ojos azules veía con gesto suplicante a Malfoy.
-¡Listo! ¡No puedo con ustedes! -Malfoy los miró con exasperación y procedió a escuchar lo último del discurso del director, Albus Dumbledore.
-… Si no quieres tener una muerte dolorosa -concedió, dio un aplauso y la comida apareció en la mesa. Varios platillos de calidad excéntrica servidos en cubiertos de oro.
-¡Sí!
Hermione rio, pese al ligero estremecimiento que le habían provocado las palabras del director Dumbledore. El entusiasmo de ambos chicos era contagioso.
Hermione, aquella noche, probó comida que ni en sus más locos sueños podría haber imaginado. Pizza de mar que contenía caviar y trozos de langosta fresca, sushi envuelto en una lámina de oro (si podías creer las palabras de Zabini). Una especie de sopa francesa que contenía trocitos de pan, caldo de res y cebolla caramelizada. Había estado a punto de probar un plato al cual Marcus llamó: Le Foie Gras antes de que Malfoy murmurara algo sobre hígado de ganso. Por no mencionar la extensa variedad de postres que parecían brillar con la misma intensidad que los cubiertos, por lo visto (según Zabini otra vez) estaban bañados en oro.
Una vez terminado el banquete, se dirigieron junto a Marcus Flint, Emma Vanity (quien se había presentado durante el banquete) y el resto del alumnado de primer año hacia su sala común.
-¿Cómo creen que sea? -preguntó Crabbe. Vincent Crabbe y Gregory Goyle, los últimos dos en presentarse de su más reciente círculo de conocidos.
-Oscuro y húmedo, probablemente -murmuró Nott- Mi papá dijo que las mazmorras de Slytherin se encontraban a ras del lago negro.
-Madre mencionó que hace mucho frío todo el año -aportó Malfoy.
Caminaron por los largos y antiguos pasillos de Hogwarts hasta llegar a las mazmorras. Una mujer de cabello tan negro como la noche y ojos igual de sombríos los miraba con total frialdad, pintada sobre un relieve de colinas verdes.
-Catacumbas.
La puerta se abrió, mostrando un largo pasillo estrecho. Al llegar al final del pasillo se mostraba la sala común de Slytherin. Las paredes eran igual al resto del castillo, aunque había un gran ventanal al fondo que mostraba las profundidades del lago negro. Los sofás eran negros y elegantes, había tres mesas en cada esquina, con sillas negras y plateadas. Por último, una chimenea y encima de ella se alzaba el estandarte de la casa de Slytherin con un pasillo a cada lado.
El resto de los alumnos de Slytherin, desde el segundo año hasta el último, se encontraba en la inmensa sala, como una corte esperando un juicio.
-Bienvenidos alumnos de primer año -dijo Vanity mientras, junto a Flint, se colocaban frente a la chimenea- Mi nombre es Emma Vanity y soy la prefecta de Slytherin junto a Marcus Flint -señaló al muchacho.
-Las reglas son simples -prosiguió Marcus-. Nunca se llega tarde al desayuno, aunque sea fin de semana. Si no están presentes a las siete de la mañana, mejor no aparezcan. Ningún alumno de alguna otra casa podrá entrar a nuestra sala común y la contraseña cambiará cada mes -sus orbes negros recorrieron cada rostro de los de primer año- Las habitaciones, al igual que el resto de la casa, se compartirán entre cinco estudiantes. La diferencia es que son más grandes y con baño propio -sonrió, mostrando sus dientes torcidos- Los varones no podrán entrar a las habitaciones de las féminas si no quieren ser castigados. Ganen puntos para nuestra casa y eviten perderlos, eso también acreditará a un castigo.
-El jefe de nuestra casa es el profesor Severus Snape, quien imparte la asignatura de Pociones -Vanity se cruzó de brazos- Si hay algún asunto a tratar o algún tema de discordia vendrán a hablar con nosotros. Nunca con el profesor Snape, no querrán molestarlo -los ojos de Vanity chocaron con los de Hermione- Por último, como todos sabrán, este año tenemos a una nacida de muggles en Slytherin, algo que nunca había pasado -los murmullos no se hicieron de esperar, haciendo que Hermione se encogiera en su sitio.
-Tienen prohibido insultarla -dijo Marcus mirando al resto de los alumnos- Ella es una de nosotros, una Slytherin. Una serpiente nunca muerde a otra y cualquier afronta contra ella me la tomaré como propia, ¿entendido? -los murmullos cesaron ante la mirada fulminante de Marcus.
-De nuevo, bienvenidos. Alumnas, síganme. Los chicos con Marcus -Emma dio una teatral vuelta, dirigiéndose al pasillo del lado derecho de la chimenea. Hermione caminó detrás de ella junto a las demás alumnas de primer año.
Era un extenso y poco iluminado pasillo, pero la puerta de los de primer año estaban justo al llegar a la mitad.
Fue la primera en entrar.
La habitación, como había dicho Marcus, era enorme. Cinco grandes camas con doseles se posaban en cada pared, dando la forma a un pentágono. Había un gran ventanal, como en la sala común, que mostraba las frías aguas del lago negro.
Cada cama tenía su propio mueble, y su baúl estaba a los pies de la cama que daba la espalda al ventanal. Por último, una puerta de roble oscuro se alzaba en una esquina, donde Hermione suponía era el baño.
Se acercó hasta donde estaba su baúl. Las sábanas de su cama eran verdes con bordes plateados al igual que el dosel. Recorrió con la yema de sus dedos la fina tela.
-Así que eres la nacida de muggles -Hermione pegó un brinco en su lugar, como si la hubieran sorprendido haciendo algo malo. Una chica de tez blanca, cabello negro hasta la cintura y ojos azules la miraba desde la puerta. Parecía una muñeca de porcelana- Pansy Parkinson -se presentó, caminando hacia donde se encontraba su baúl.
-Hermione Granger.
-Sí, creo que eso nos lo dejó bien en claro tu padrino.
-¿Mi padrino? -Hermione miró sin comprender a la chica,
-Sí, Marcus Flint dio la cara por ti, eso lo haca tu padrino. Ya sabes, la persona que te protege y ayuda cuando lo necesitas. Como un guardián -una chica rubia y con ojos azules habló desde la entrada. Detrás de ella estaba Millicent Bulstrode, cabello negro, ojos castaños y complexión grande, había sido la primera seleccionada a Slytherin. La última en entrar fue una chica bajita, de tez morena, cabello castaño y ojos azules- Daphne Greengrass -se presentó la rubia, caminando hasta ella y tendiéndole la mano. Hermione la aceptó de inmediato.
-Millicent Bulstrode -se presentó la Slytherin, aunque Hermione la recordara fácilmente.
-Flora Carrow -se presentó la más bajita.
Hablaron hasta quedarse dormidas: Hablaron durante horas, con el entusiasmo del primer día. Hubo todo un aluvión de preguntas sobre el mundo muggle, con sus respectivas preguntas lanzadas de vuelta sobre el mágico. Ninguna de ellas parecía estar afectadas de alguna manera con el tema de la sangre de Hermione y a pesar de lo que en un inicio pensó, se dio cuenta que podría forjar una amistad con esas chicas.
Aula de Pociones.
7:53 a.m.
-Parpadea un poco, aunque sea. O si no, van a secarse -dijo Nott cuando llegó a su lado.
Su primera clase del día sería Pociones y Hermione estaba bastante emocionada. Severus Snape era su jefe de casa, quería impresionarlo.
-Lo siento -sintió sus mejillas calentarse.
-No te disculpes. Nunca lo hagas -dijo Malfoy, dejándose caer elegantemente en el asiento de a un lado- Los Slytherin nunca nos disculpamos, por nada.
Zabini y Nott se sentaron en las mesas de su lado derecho y Crabbe y Goyle en las mesas de atrás.
Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacia mucho frío (como en su sala común), estaban prácticamente a oscuras y aquellos animales conservados, flotando en frascos de vidrio en todas las paredes no daban una buena primera impresión.
-¿Y el resto de las chicas? -preguntó Zabini mirando el salón medio vacío.
-Se les hizo tarde para tomar el desayuno. Querían ver si Vanity les daba alguna prorroga, ya saben, por eso de no presentarse a deshora -Hermione se encogió de hombros.
-¿Oyeron que Potter quedó en Gryffindor? -preguntó Crabbe en un susurro, inclinándose sobre su pupitre. Su aliento golpeo contra el enmarañado cabello de Hermione.
-No me sorprende -Draco enarcó una ceja (al igual que el resto de Slytherin), había estado más impresionado con la adquisición de Hermione para la casa de las serpientes- Toda su calaña ha ido a Gryffindor. Un montón de creídos, si puedo opinar -bufó.
-A mi no me pareció creído -los ojos de los cinco chicos cayeron sobre ella. Volvió a sonrojarse- Tal vez algo inepto… pero no creído.
Zabini chifló.
-Estúpido diría yo -rio el moreno, cruzándose de hombros- Nadie rechaza la mano de un Malfoy.
Hermione miró sorprendida como las mejillas pálidas de Malfoy tomaban un matiz rosado.
-La estupidez y mala fama de los Weasley lo golpeo primero -dijo como toda explicación.
-No puedes culparlo -Nott se encogió de hombros-. Fue Lily Potter quien venció a El-que-no-debe-ser-nombrado. Potter padre e hijo solo tuvieron la suerte, o el infortunio, de estar presentes.
-Le rebotó la maldición asesina -Zabini chasqueo la lengua- Yo no llamaría a eso suerte. Sólo un mago realmente poderoso puede escapar de esa manera de la muerte.
-Pues a mi no me parecía poderoso -murmuró Hermione para sí misma, aunque al ver la sonrisita de Malfoy supo que sus pensamientos eran aceptados.
La puerta de las mazmorras se abrió con un fuerte golpe al estrellarse contra la pared. Hermione pegó un brinco en su asiento, viendo al profesor de Pociones (y su jefe de casa) dirigirse al cetro del salón, donde el podio.
El salón, que se había llenado durante su conversación con los chicos, se sumió en un silencio sepulcral mientras el profesor Snape pasaba lista. Un hombre alto, de cabello negro y grasiento con una nariz algo grande y torcida. Su larga capa lo hacia parecer un malvado murciélago.
Hermione disparó un par de miradas alrededor del salón, soltando un suspiro aliviado al ver a sus compañeras de habitación sentadas al fondo. Murmuro un bajo y tembloroso "aquí" cuando el profesor Snape murmuró su apellido. Pareció dispararle una corta mirada antes de continuar tomando lista, escuchando breves y bajos "presente" o "aquí" cada que el profesor de Pociones nombraba un nombre, justo antes de detenerse ante el nombre que atraía curiosidad por doquier.
-Ah, sí. Harry Potter. Nuestra nueva… celebridad.
Malfoy ahogó una risa junto a Nott, Zabini, Crabbe y Goyle. Hermione dejó escapar una mirada molesta hacia el rubio, que se encogió de hombros y miró de nuevo al frente. Esperando a que el profesor Snape terminara de pasar lista.
-Ustedes están aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones -comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo-. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de ustedes dudarán que esto sea magia. No espero que lleguen a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos… Puedo enseñarles cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte… si son algo más que alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.
Hermione hizo una mueca mientras escribía sobre su pergamino. ¿El docente tenía derecho a hablarles de esa manera? ¿Los castigos con reglas estaban permitidos en el mundo mágico? Sufrió un escalofrío, no sería ella quien lo averiguara.
-¡Potter! -dijo de pronto el profesor Snape- ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
Hermione alzó la mano, mirando entre el profesor Snape y Harry Potter, quien parecía confundido con la pregunta.
-No lo sé, señor -contestó Potter.
Los labios de el profesor Snape se curvaron en un gesto burlón.
-Bah, bah… es evidente que la fama no lo es todo.
Malfoy volvió a ahogar una risa, pero esta vez debido al entusiasmo con que Hermione se balanceaba en su pupitre. Agitando la mano con desespero al viento.
-Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?
Malfoy dejó escapar una carcajada al igual que Zabini y Crabbe, mientras veían a Hermione que casi se caía del asiento por responder la pregunta.
-No lo sé, señor.
-Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?
Nott miraba exasperado como sus amigos se reían de Hermione y como ella intentaba responder a las preguntas del profesor Snape que la ignoraba olímpicamente. Se llevó las manos al rostro, soltando un suspiro abatido. El año apenas iba empezando y ya se sentía envejecer diez años.
-¿Cuál es la diferencia, Potter, entre acónito y luparia?
Hermione se puso de pie intentando que el profesor Snape le hiciera caso.
-No lo sé -dijo Harry Potter con calma- pero creo que Hermione Granger lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?
El rostro de Hermione enrojeció completamente mientras la mayoría del alumnado de primer año se reía a carcajada abierta por la burla de Harry Potter. Los murmullos y bufidos de las serpientes no se hicieron esperar.
-¡Eres un insolente, Potter! -gritó Zabini con enojo, fulminando a Potter con la mirada mientras Hermione se volvía a sentar en su asiento, bajando la mirada y dejando que sus gruesos y desordenados rizos ocultaran su vergüenza.
-Cinco puntos menos a Gryffindor por su descaro, señor Potter -siseo el profesor Snape molesto-. Y para tu información Potter, asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiera a acónito y luparia, es la misma planta. Bien, ¿por qué no están apuntando todo?
Hermione agradecía que el profesor Snape se ensañara tanto por molestar a los estudiantes de Gryffindor como para prestar atención en ella. Tragó un gran nudo que sentía atorado en su garganta, mientras se esforzaba por retener las lágrimas.
¡Ella había querido tanto impresionar al profesor Snape y al final había resultado ser el hazmerreír del salón!
-No lo hagas. No les des el placer de ver que te afectaron -Hermione miró de soslayo a Malfoy, que apuntaba sobre su pergamino. Su mano fluía con elegancia sobre el viejo papel.
Asintió levemente y se pasó la manga de la túnica por el rostro, tratando de apartar las lágrimas.
El resto de la clase pasó sin más preámbulos y una vez terminada la sesión, Hermione recogió todas sus cosas para salir junto a Malfoy, Nott, Zabini, Crabbe y Goyle antes de que la pastosa voz del profesor Snape los detuviera.
-Señorita Granger, un momento -Hermione miró hacia su jefe de casa que tenía toda su atención puesta sobre los papeles que descansaban en su escritorio. Miró un momento a sus compañeros de casa.
-Te esperamos a fuera -Malfoy tocó levemente su codo antes de salir del aula, seguido por Crabbe y Goyle. Nott le regaló un asentimiento de cabeza y Zabini le guiñó un ojo.
Hermione inhaló con fuerza, tratando de adquirir la valentía que no sentía mientras se aferraba a sus libros y caminaba con pasos temblorosos hacia el profesor Snape. Se detuvo a solo un paso del escritorio y esperó a que su jefe de casa dijera algo.
-Espero que… las palabras del señor Potter no la hayan incomodado -sus oscuros ojos se posaron en los castaños de Hermione. La recién proclamada Slytherin apretó con aún más fuerza sus libros y se cuadro de hombros.
-No lo hicieron, profesor. Estoy perfectamente bien -mintió y supo que el profesor Snape vio por sobre su mentira. Las lágrimas que había estado tratando de retener de seguro habían provocado una sombra roja en sus ojos, dándole un aspecto lastimero.
El profesor Snape asintió, escrutándola con su fría mirada.
-Bienvenida a la casa de Slytherin, señorita Granger -murmuró, regresando su atención de nuevo a sus papeles. La castaña por un segundo creyó ver un atisbo de sonrisa en sus crueles labios.
-Me alegro de pertenecer aquí -murmuró, sabiendo que la conversación había llegado a su fin.
Se apresuró a salir de la tenebrosa aula, sintiendo que por fin la vergüenza que Harry Potter le había hecho pasar se escurría con cada paso que daba. Tal vez no había dado una buena impresión al profesor Snape, pero al menos había llamado su atención.
Eso ya era de por si un gran paso.
Al salir del aula se encontró con el resto de la casa de Slytherin, esperándola en el oscuro pasillo.
-Potter es un idiota -escuchó decir a Pansy- Y como cualquier idiota, trata de hacer ver a los demás como idiotas para que su idiotez no sea tan obvia.
-Woah -Zabini aplaudió justo cuando ella se reunía con ellos. Fue su parecer, o Crabbe y Gregory de inmediato se pararon detrás suyo, como una barrera inquebrantable- Sabias palabras para una signorina, chica Parkinson.
Las mejillas de Pansy enrojecieron mientras fulminaba a Zabini con la mirada.
-Cállate, Zabini.
Hermione miró a sus compañeros, viendo como Zabini y Pansy discutían. Junto a Nott, Greengrass y Carrow tratando de calmarlos. Malfoy negaba con la cabeza y Millicent miraba asombrada a Pansy, quien no se dejaba intimidar por Zabini. Crabbe y Goyle dieron un paso más cerca de ella.
McGonagall tenía razón, parecía que estos chicos iban a ser su nueva familia.
El resto de la semana se la pasó volando, hasta que llegó el jueves y la tan esperada clase de vuelo.
Sola, sentada en una banca en el patio interno de Hogwarts, leyendo "Quidditch a través de los tiempos", trataba de encontrar una forma de montar la escoba. Nunca había tenido miedo a las alturas, pero sabiendo que la única barrera entre ella y la temible gravedad era un palo de escoba mágico… bueno… no era algo que quisiera probar.
-Como si eso fuera a ayudarte -alzando la mirada, cubriéndose el rostro con la mano para que el sol no la golpeara directamente, Marcus Flint la miraba desde toda su altura.
-Marcus… -dijo con un suspiro. El Slytherin de quinto año se sentó a su lado en el banco, mirándola con una sonrisa-. No sé qué hacer -admitió avergonzada.
-Sí, se nota a leguas -rio Marcus- El volar no es algo que se pueda leer, Mione. Es algo que se siente.
Hermione nunca había tenido un apodo, al menos no uno que no fuera dado por sus padres así que la familiaridad con la que Marcus la trataba la hacía sentir parte de algo. Algo importante.
-¿Y cómo voy a sentirlo si no sé cómo se siente? -preguntó exasperada.
-Bueno… -Marcus se rascó la barbilla, ligeramente avergonzado al no esperar aquella respuesta- Buena pregunta.
-¡Marcus! -Hermione cerró el pequeño y delgado libro, aporreando con él los gruesos brazos de Marcus.
-Lo siento -se volvió a reír una vez que Hermione terminó con su rabieta-. Pero no tienes nada de que preocuparte. Malfoy es experto volando, él te ayudará y además no todos han tenido la oportunidad de volar una escoba. No eres la única, así que relájate -bien, lo admitía. Aquellas palabras la tranquilizaron, aunque fuera solo un poquito-. Por cierto -dijo, como quien no quiere la cosa- Alguien mencionó que Potter te humilló durante la clase de Pociones.
-No me humilló, solo… -hizo una mueca al ver el rostro expectante de su padrino- ¡Oh! ¡Está bien! ¡Fui humillante! -admitió.
-Si vuelve a molestarte, avísame. Se las verá conmigo -sentenció- Le hará pagar por hacerte llorar.
Hermione ahogó un grito, ella estaba totalmente en contra de la agresión.
-¿Qué harás?
Marcus rio.
-Esa es una sorpresa, pequeña Mione -le guiñó un ojo mientras le apretaba la nariz entre el dedo índice y pulgar. Se levantó, sacudió el pantalón del uniforme y se fue caminando por el patio hacia su siguiente clase.
La clase se impartió a las quince con treinta minutos, hora de la tarde. Con solamente puros alumnos de Gryffindor y Slytherin.
-¿Le quitaste su Recordadora a Longbottom? -preguntó algo molesta mientras comía del paquete de golosinas que Malfoy le había regalado. Alguna combinación entre dulce y acido.
-Sí, pero en seguida llegó McGonagall a salvarle el culo -soltó molesto. Aun frunciendo el ceño, Draco Malfoy desbordaba elegancia como el resto de la casa de Slytherin. Ni muy simple ni muy exagerado.
-Solo le quitaste la Recordadora, no es como si hubieran tenido un duelo de varitas -dijo Nott cuando Hermione le ofreció de las golosinas. El chico declinó de inmediato.
-Lo que sea -Malfoy se encogió de hombros.
-A demás, solo fue por unos segundos -interceptó Pansy- Según lo que dijo Crabbe.
-Oh, cierra la boca Parkinson -Malfoy la fulminó con la mirada.
-Oye, no trates así a mi chica -defendió Millicent. Las chicas rieron divertidas al ver la fugaz mirada de miedo que recorrió el rostro de Malfoy. Millicent era, sin lugar a duda, más alta y robusta que el heredero de los Malfoy.
Los Gryffindor empezaron a llegar poco después. Todos caminando detrás de Harry Potter como si fuera algún tipo de mesías.
Hermione bufó por lo bajo; Potter se había ganado su aversión desde el incidente de la clase de Pociones.
Había varias escobas alineadas en el suelo. La señora Hooch, una bruja baja de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón llegó detrás de Gryffindor.
-Bueno, ¿qué están esperando? -bramó-. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.
Hermione miró fijamente su escoba. Era vieja, y algunas de las ramitas de paja sobresalían formando ángulos extraños.
-Extiendan la mano derecha sobre la escoba -les indicó la señora Hooch- y digan arriba.
-¡ARRIBA! -gritaron todos.
Su escoba no se movió en absoluto, bufando por debajo miró a sus compañeros. La escoba de Malfoy y Zabini estaban en sus manos, al igual que la de Potter. La de Nott se movió descontroladamente, golpeando en su camino la de Crabbe y Goyle que apenas empezaban a alzarse.
-¡Cuidado! -Malfoy tomó el codo de Hermione con fuerza, atrayéndola hacia su delgado cuerpo. Trastabillaron un par de pasos, las manos y brazos volando en un intento de aferrarse al otro. Una escoba mágica pasó volando detrás de Hermione, haciendo que su falda bailara con la estala de aire que dejaba detrás suyo.
-¡Vaya con tu incompetencia, Weasley! -Zabini miraba con enojo a Ronald Weasley, apretando fuertemente su escoba en la mano. El rostro del Gryffindor estaba tan rojo como su cabello.
-¡No es mi culpa que la escoba no funcione! -gritó molesto.
-Excelente excusa para tapar tu ineptitud -escupió Zabini de vuelta.
-Ahora cuando haga sonar mi silbato, dan una fuerte patada -dijo la señora Hooch, ignorante de lo que se encontraba sucediendo entre Zabini y Weasley, mientras Malfoy ayudaba a Hermione a mantener el equilibrio de vuelta sobre sus dos pies-. Mantengan las escobas firmes, elevándose un metro o dos y luego bajen inclinándose suavemente. Preparados… tres… dos…
Neville Longbottom, nervioso y temeroso, dio la patada antes de que sonara el silbato.
-¡Vuelve, muchacho! -gritó la señora Hooch, pero Longbottom subía en línea recta, como el corcho de una botella.. Cuatro metros… seis metros… Hermione alcanzaba a ver la cara pálida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear, deslizarse hacia un lado de la escoba y… caer.
Un ruido horrible y Longbottom quedó tirado en la hierba. Su escoba seguía subiendo, cada vez más alto, hasta que comenzó a torcer hacia el bosque prohibido y desaparecer a la vista.
La señora Hooch se inclinó sobre Longbottom, con el rostro tan blanco como el chico.
-La muñeca fracturada -murmuró- Vamos, muchacho… Está bien… Arriba.
Se volvió hasta el resto de la clase.
-No deben moverse mientras llevo a este chico a la enfermería. Dejen las escoban donde están o estarán fuera de Hogwarts más rápido de lo que tardan en decir quidditch. Vamos, hijo.
Longbottom con la cara surcada de lágrimas y agarrándose la muñeca, cojeaba al lado de la señora Hooch, que lo sostenía.
Hermione sintió algo golpear su zapato, bajando la mirada se encontró con una Recordadora.
-Malfoy -Hermione jaló la túnica de Malfoy. El chico al voltearse y mirar donde Hermione señalaba en la hierba sonrió. Se agachó y tomó la Recordadora con su mano, sin soltar la escoba.
La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió.
-Trae eso aquí, Malfoy -dijo Potter con calma. A costa de algo más entretenido y con disimulada curiosidad entre ambos bandos, escarlata y plateado, miraron la conversación (o discusión) que empezaba a formarse entre Harry Potter y Draco Malfoy.
Malfoy miró a Zabini, sonriéndole.
-Yo creo que no -rodó la Recordadora- Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque… ¿qué les parece… en la copa de un árbol?
Los Slytherin rieron al ver la cara enojada de Potter.
-¡Tráela aquí! -rugió Potter, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba. Hermione vio la agilidad con que se movía.
-¡Ven a buscarla, Potter!
Algunos Gryffindor alentaron a Potter, que tomando su escoba voló hacia Malfoy.
-¿Qué cree que hace? -preguntó molesta Hermione, si atrapaban a Malfoy les quitarían puntos… además de el hecho de que probablemente sería expulsado. Las diferentes maneras en que Marcus y Vanity los castigaran y la mirada desaprobatoria del profesor Snape empezó a dar vueltas en su cabeza.
Malfoy iba a meterlos en un problema y la semana no había terminado aún.
-Le está dando una lección -dijo Nott con calma, atajando de golpe el ataque de pánico que la golpeó- Marcus le dijo a Draco que Potter tenía que pagar por como te trató aquel día en la clase de Pociones.
Las palabras de Marcus en el patio de Hogwarts remplazaron las distintas formas de castigo. Había dicho que Potter tendría su merecido. ¿Cómo obtendría alguna clase de merecido si Malfoy solo estaba molestándolo? Burlándose de él como mucho.
Potter no se veía ni un poco humillado como ella se sintió aquel día durante la clase de Pociones.
-¿Qué está tramando Malfoy? -la pregunta se escapó de entre sus labios, pero al ver la manera en como Nott y Zabini se veían supo que ninguno tenía respuesta a ello.
-Malfoy tiene una facilidad para sacar de quicio a cualquiera -dijo Zabini midiendo sus palabras- Tal vez esta… uhm… ¿burlándose de Potter hasta hacerlo caer de su escoba?
-O simplemente va a lanzar la Recordadora a un lugar muy profundo del bosque prohibido -respondió Nott, metiendo las manos dentro de los bolsillos del pantalón- Tal vez al lago negro -concedió.
-¿Y qué? ¿Esperar a que Potter se zambulla de golpe en esos tenebrosos escenarios? -los finos labios de Daphne se retorcieron en una mueca- Nadie sería tan estúpido.
-Los Gryffindor usualmente lo son -intervino Pansy- Si sabes cómo rascar sus ínfulas de héroes -se encogió de hombros-. Y Longbottom parecía necesitar uno en este momento.
Vieron la silueta de Malfoy volando hacia ellos, y con cada metro que se acercaba mientras descendía, se iba haciendo más visible. Sus mejillas portaban un tono rosado, sus orbes grises brillaban con excitación.
-¿Y bien? -Hermione se cruzó de brazos, mirando a Malfoy mientras el chico bajaba de su escoba- ¿Qué hiciste? -preguntó. Malfoy enarcó una ceja ante su tono de voz condescendiente, pero ambos sabían que debía responder a la pregunta.
Trataban de humillar a Potter en respuesta de la humillación de Hermione.
-Simplemente alardeé un poco -sus labios formaron una sonrisa. Una mueca más bien- Sobrevolamos la torre de Transformaciones, o más bien él lo hizo porque yo me mantuve a una distancia considerable.
-¿Y qué que hayas sobrevolado la torre? -Millicent fulminó a Malfoy con la mirada- ¿Eso en qué lo rebaja?
-En que Minerva McGonagall es la maestra de Transformaciones, piccola quercia -los ojos de Zabini brillaban con malicia- Aunque su título como jefa de casa de Gryffindor es más alabador. Por no mencionar que parece tener un palo de escoba metido en el…
-¡ZABINI! -aullaron las chicas. Los vítores y aplausos de la casa de Gryffindor interrumpieron su charla. Aún con las mejillas acaloradas por la platica reciente mientras Nott decía en voz baja el moreno algo como: "¿siempre tienes que ser un zoquete?" vio como Potter mantenía el brazo en alto, mostrando la Recordadora como si fuera alguna clase de trofeo.
¡Oh! ¡Dentro de poco no estarás sonriendo! Dejó que los maliciosos pensamientos se escaparan por su mente, aunque al ver las sonrisas de superioridad de los Slytherin y algunas de malicia, supo que no era la única con tales pensamientos.
Potter bajó de su escoba mientras los de Gryffindor se arremolinaban a su alrededor, alabando su osadía y su destreza para manejar la escoba mágica.
-¡HARRY POTTER!
Un ligero chasquido sonó a su lado. Malfoy había dejado caer su escoba mientras Zabini, Crabbe y Goyle trastabillaban unos con otros en un intento de alejarla de los pies del chico. Idea estúpida, al saber que Flora, Millicent y Pansy tenían sus propias escobas en las manos.
La profesora McGonagall corría hacia ellos.
-Nunca… en todos mis años en Hogwarts…
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban con furia.
-¿Cómo te has atrevido…? Has podido romperte el cuello…
-No fue culpa de él, profesora…
-Silencio, Parvati.
-Pero Malfoy…
-Suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo.
Potter le dio una mirada sucia a Malfoy antes de marcharse detrás de la profesora.
Los Slytherin se quedaron en un silencio sepulcral, aunque las miradas de egocentrismo eran visibles para cualquiera.
-¡Lo pagarás caro, Malfoy! -Ronald Weasley, que los miraba desde lejos, lo señalaba con gesto de amenaza junto a otros dos estudiantes de Gryffindor.
-Grandes palabras para un pobretón como tú, Weasley -dijo con una sonrisa maligna en el rostro, sus ojos brillaban por el desafío. Las risas de los Slytherin retumbaron en los oídos de Hermione.
Por lo visto, acababan de declararle la guerra a Potter y a su séquito de seguidores.
Septiembre, 29. 1991
Semanas después del incidente y sabiendo que Harry Potter no había sido castigado. Es más, había sido entrenado como nuevo buscador del equipo de quidditch de los leones (algo inédito, debido a su corta edad y total falta de respeto hacia las reglas) y después de muchas horas de escuchar los irritables suspiros de envidia por parte de Zabini y Malfoy, por no mencionar que Marcus parecía traer un desprecio total contra Malfoy (la mayoría de Slytherin, de hecho) por fin podía tener un día relativamente tranquilo. Caminando tranquilamente por el pasillo que la llevaría al Gran Comedor.
Una vez dentro, pudo divisar a Zabini, Crabbe y Goyle en la mesa de Gryffindor, exactamente donde se encontraban Harry Potter y Ronald Weasley. Rodando los ojos e ignorando cualquiera que fuera el problema en el que iban a meterse; se dirigió con premura hacia la mesa de Slytherin y se dejó caer junto a Malfoy. Solo un par de miradas indiscretas por un par de chicos de séptimo curso en su persona y labios apretados por parte de tres chicas de cuarto, siendo su cuota del día. Al menos ya no se estremecían al verla.
-Hola -saludó a Malfoy, que tenía la cabeza metida en un gran tomo. Tendría que ganar muchísimos puntos si no quería seguir siendo el paria de Slytherin (además de ella, claro está).
-Hola -saludó Nott, untando una delicada porción de mermelada de naranja sobre un pan tostado. Malfoy hizo un asentimiento de cabeza, dándole a entender que la reconocía mientras garateaba con fuerza sobre su pergamino.
-Pensé que te perderías el almuerzo de hoy -murmuró Malfoy, aunque no se detuvo a escuchar la respuesta de Hermione.
-Estaba en la biblioteca -se excusó, dejando tres libros viejos a un lado de su plato. Su mirada parpadeo ligeramente en sus compañeras de habitación. Charlaban amenamente con Vanity y su grupo de amigas, quienes tenían las mejillas sonrojadas y disparaban miradas a la mesa de Ravenclaw. Sacudió la cabeza, alejando esa pequeña punzada de soledad mientras agradecía la tostada que Nott le colocó en el plato.
-¿Cómo vas con el ensayo del profesor Snape? -preguntó Nott.
-Lo terminé justo hace media hora -sonrió, apartándose el cabello del rostro y masticando la tostada.
-Déjame darle una leída -masculló Malfoy, cerrando el libro que leía junto al frasco de tinta. Previendo un desastroso reguero- Padre insistió en que tomase clases de Pociones antes de entrar a Hogwarts -vio atento mientras Hermione tomaba un gran trago de jugo de arándanos, tratando de pasarse el trozo de tostada- Y si es ligeramente intrigante, te dejaré leer el mío.
Hermione lo fulminó con la mirada, pero aún así sacó su pergamino y se lo entregó a Malfoy. El rubio procedió a leer su trabajo y cada poco soltaba recomendaciones sobre el procedimiento, detallando que algunos pasos iban antes que otros. Hermione escuchó atenta, inclinándose sobre el pergamino a la par de Malfoy.
-¿Y bien? -la voz de Nott hizo que ambos parpadearan hacia el chico. Sus orbes electrizantes estaban sobre las tres figuras que se sentaban delante de ellos.
La sonrisa de Zabini no era un buen augurio.
Los ojos de Hermione se desviaron ligeramente sobre las siluetas de Potter y Weasley saliendo del Gran Comedor. Atrajo su atención de vuelta sobre el "trío de idiotas" como elocuentemente los llamaba Malfoy.
-Oh, sólo estábamos fraternizando con Potter -se excusó- Toda esa estupidez del odio entre casas o la política de la sangre y no me hagas empezar con la nefasta diferencia entre las clases sociales -negó con falso desprecio- Deberíamos dejar tanta barbarie atrás.
-Ajá… -masculló Hermione, esperando la trampa.
-Escúpelo ya, Blaise -siseo Malfoy, acarreando un escalofrío en Hermione- Algunos tenemos notas que terminar.
La sonrisa de Blaise se ensanchó.
-Sólo diré que Potter por fin recibirá su merecido esta noche -Malfoy enarcó una ceja con interés- Escuché, junto a mis queridos amigos -hizo un asentimiento a Crabbe y Goyle que atacaban la comida con cierto recato- que Potter y Weasley tendrán un duelo de varitas esta noche. A media noche -corrigió- Justo después del toque de queda -Hermione resopló- En el tercer piso.
El tintineo de las cucharas de Crabbe y Goyle al golpear el fondo de su plato con crema de zanahoria era lo único que se escuchaba entre ellos.
-Me parece, entonces, mi queridísimo Blaise -Nott tenía una sonrisa en sus labios- Que deberías hablar con el profesor Snape.
Hermione miró entre Zabini, Nott y Malfoy. Todos sonriendo.
La piedra la golpeo.
Tal vez, por fin, Potter sería expulsado.
Octubre, 31. 1991
En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron volar al sapo de Longbottom hacia solo una semana. Hermione, como en la mayoría de las clases, hizo pareja junto a Draco Malfoy.
No es que fueran amigos, o alguna clase de compinches. Simplemente, siempre parecía la opción más sensata. Rápidamente se dio cuenta que solo por compartir habitación con otras cuatro chicas no las hacia amigas, y menos cuando estas cuatro chicas se conocían desde hacia años. Así que la mayoría del tiempo siempre hacían equipo entre ellas (y no es que excluyeran a Hermione, simplemente no parecían darse cuenta sobre el asunto) así que cuando Malfoy empezó a sentarse en todas las clases a su lado, pensó que había adquirido un nuevo amigo.
Ella trataba la mayor parte del tiempo en buscar un tema de conversación insignificante, completamente fuera del tema de estudios (como su madre se lo mencionaba en sus cartas) pero siempre terminaban hablando de Pociones, Transformaciones y en las clases de vuelo que Marcus le daba (con completo permiso del profesor Snape). Al final, había decidido dejar de intentarlo y continuar con la especie de compañerismo que compartían.
-Y ahora no se olviden de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando -dijo con voz aguda el profesor; parado en sus libros, como de costumbre- Agitar y golpear; recuerden, agitar y golpear. Y pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también, no lo olviden nunca del mago Baruffio, que dijo "ese" en lugar de "efe" y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.
-Deberíamos primero practicar la pronunciación y luego lo intentamos con la varita -ordenó Hermione- No ahorramos los malos conjuros.
Malfoy asintió, concordando con su solicitud.
Mientras murmuraban el encantamiento y saboreaban sus palabras, Hermione no pudo evitar escuchar a Ronald Weasley en la mesa contigua.
-¡Wingardium Leviosa! -gritó, agitando sus largos brazos como un molino de viento. Potter, a un lado suyo, mascullaba palabras en voz baja.
Hermione frunció el ceño. Ese par de Gryffindor parecían tener una suerte gloriosa, a pesar de todos los intentos del profesor Snape de buscarlos, no pudo encontrar al par. Así que, a menos que Zabini admitiera que les había tendido una trampa, era imposible comprobar su estancia en el tercer piso, rompiendo el toque de queda.
Lo que claro, hizo más irritable al profesor Snape al día siguiente, riñendo a Zabini por cualquier pequeña cosa.
-Lo estás diciendo mal -las palabras se deslizaron de sus labios como mantequilla derretida. Malfoy y Potter se crisparon en sus asientos mientras Weasley la fulminaba con la mirada-. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.
-Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente -dijo Weasley con rabia.
La respiración de Hermione se atoró, pero con Malfoy y Potter tan cerca, aquella conversación podría transformase en una pelea verbal. Y no quería adquirir un castigo solo porque Malfoy no soportaba la mala actitud de Weasley.
Inhaló con fuerza mientras se arremangaba las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus cabezas.
-¡Oh, bien hecho! -gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo-. ¡Miren! ¡Hermione Granger lo ha conseguido!
-Chúpate esa, Weasley -siseo Malfoy con malicia, lo suficientemente alto solo para que Hermione, Weasley y Potter lo escucharan. Sus mejillas se enrojecieron mientras que Weasley miraba con odio a ambos chicos y Potter apretaba con fuerza los puños.
-¡Cinco puntos para Slytherin! -anunció el profesor Flitwick.
Al terminar la clase, Hermione se dirigió a paso rápido hacia la biblioteca, después de excusarse con Nott que parecía muy interesado en lo ocurrido en la clase de Encantamientos. Su mente bailaba con satisfacción al saberse primera en una clase, por encima de chicos que llevaban años aprendiendo y viviendo con la magia. Cuando ella solo había tenido unos meses para adaptarse.
Unos pasos al frente, pudo divisar a Ronald Weasley y Harry Potter cuchicheado. No había sido su intención espiarlos, pero solo había estado un par de pasos detrás de ellos y la voz de Weasley era estridente.
-No es raro que nadie la aguante -chilló- Es una pesadilla andante. Te aseguro que ni ha de tener amigos en Slytherin por lo odiosa e insufrible que es.
-Pues pasa mucho tiempo con Malfoy -otorgo Potter.
-¡Pff! Malfoy no puede ver dos palmos más allá de sí mismo, y tener a la única nacida de muggles de Slytherin lamiéndole los talones a de inflar mucho su ego -se mofó Weasley- Todos sabemos lo que los Slytherin piensa de los nacidos de muggles.
Hermione hizo oídos sordos, apretó con fuerza los libros contra su pecho y prácticamente corrió, chocando el hombro de Potter en el camino. Bien, una humillación más. Se lamentó.
-Creo que te ha escuchado.
-¿Y qué? Es la verdad.
Logró llegar en un tiempo récord al cuarto de baños del tercer piso sin correr para evitar un posible castigo por su falta de ética. Se alegró momentáneamente al ver al lugar vacío antes de encerrarse dentro de un cubículo. Sus ojos ya venían derramando lágrimas por sus mejillas, lo que había sido un problema mientras atravesaba Hogwarts con la visión borrosa.
Dejó caer su mochila junto a sus libros al suelo y se sentó en el váter, llevando las rodillas contra el pecho y lloró. Las palabras de Weasley habían sido tan acertadas. No tenía verdaderos amigos en Slytherin, que Malfoy y sus amigos permitieran que pasara tiempo con ellos no significaba que fueran amigos, eso lo sabía. Pero había creído que conforme fueran conociéndose más, podría abrirse un espacio entre ellos; su madre se había mostrado entusiasta.
Nunca había tenido amigos, ni aquí ni en la escuela muggle donde todos la trataban como un fenómeno. Y el hecho de que Marcus se comportara como un hermano mayor no había sido más que un buen y humilde acto del chico, listo para defenderla de las injusticias de la vida.
Ni siquiera estaba segura de que fuera aceptada en Slytherin. Nacida de muggles. Weasley tenía razón. Todos sabían lo que los Slytherin pensaban de la gente como ella. El primer día de clases había escuchado a un chico de sexto año llamarla: "sangre sucia" durante la cena, así que al día siguiente le había preguntado a Marcus sobre el asunto.
Podía recordar como el cuerpo del chico se tensó y la obligó a delatar al infractor. Temerosa de meter en problemas al chico, había mentido sobre ello y dicho que un estudiante de Ravenclaw la había incordiado. Cuando Marcus le explico (con palabras acarameladas la triste realidad) había roto en llanto contra la túnica del Slytherin.
Sabía que Marcus no había creído a su mentira, y después de una incómoda charla sobre "la calidad de la sangre" ningún Slytherin había vuelto a pronunciar aquellas palabras en voz alta. Aunque las miradas de odio, rencor y superioridad tardaron en desaparecer (o, el menos, ella no había vuelto a atraparlos). Zabini había mencionado algo sobre una clase privada que explicara porque un nacido de muggles era igual de importante que un sangre pura y supo que su idea no había sido bien recibida. Si es que la tensión en el cuerpo de Malfoy le daba alguna pista.
Lloró con mas fuerza, ¡era tan estúpida! ¡Ella no merecía ser tratada de esa forma!
Sollozó, se lamentó y moqueó durante lo que parecieron horas; tratando de ignorar los ruidos de los zapatos al golpear el suelo y un: "¿Granger eres tú?" al cual no supo dar rostro. Dejó que todas las malas palabras de Weasley se asentaran con fuerza en su cerebro, sabiendo que tenía que aprender de aquella lección si quería sobrevivir a siete años en el nido de serpientes.
Después de lo que parecieron horas, cuando los sollozos se convirtieron en hipos y los hipos en suaves suspiros, decidió que era tiempo en dar la cara a su horrible realidad. Se levantó del váter y abrió la puerta del cubículo, pateó sus libros en el proceso y caminó hacia la hilera de lavamanos.
Tenía la garganta irritada, los ojos hinchados de tanto llorar y las mejillas marcadas por las lágrimas. Su cabello estaba más encrespado de lo usual por todas las veces que, inconscientemente, pasó las manos por los risos. Trató de limpiarse las lágrimas secas con las mangas de la túnica antes de abrir la llave y salpicar agua en el rostro.
Estaba fría.
Un horrible, pútrido y putrefacto olor invadió sus fosas nasales. Un estúpido pensamientos sobre cañerías sueltas nadó en su mente antes de que un gruñido, una especie de gorgoteo, que nunca había escuchado atrajera su mirada.
Sintió que la sangre se drenaba de su rostro. Era una visión horrible. Mas de tres metros y medio de alto y tenía la piel de un color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía las piernas cortas, gruesas, como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera, con la punta rosando el suelo, porque sus brazos eran muy largos.
¿Cómo, en nombre del cielo, no lo había escuchado entrar?
Y luego hizo, posiblemente, la cosa más estúpida que podría haber hecho.
Gritó.
El grito salió de sus labios, de su boca abierta e irrumpió la calma en la que se encontraba junto al troll. La mirada de la bestia cayó sobre ella mientras Hermione, gritando, tropezaba con sus pies en un intento de alejarse de aquella cosa. Resbaló, su trasero golpeo el suelo y aún así el grito no cesó.
Se agazapó contra la pared, respirando frenéticamente. El monstruo avanzó hacia ella, arrastrando el bastón.
-¡Distráelo! -la voz de Harry Potter provenía detrás de la bestia. El troll se detuvo a pocos pasos de ella. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quien había hecho ese ruido.
-¡Granger! -Malfoy pasó como un borrón junto al troll, con tal velocidad que la bestia ni siquiera tuvo tiempo de ejercer algún tipo de bloqueo. Malfoy se lanzó hacia ella, colocando su mano contra los labios de la castaña. Plateado contra marrón. Se miraron uno al otro.
El cuarto de baños quedo sumergido en un tenso silencio antes de que una tercera voz irrumpiera en escena.
-¡Eh! ¡Cara de mierda!
Zabini brincaba, con las manos en alto, azotando los brazos al aire.
-¡Maldita sea, Blaise! -ese era Nott, apuntando con su varita al troll.
El troll miraba, tratando de entender que pasaba frente a él. Blaise Zabini y Ronald Weasley chiflaban y agitaban sus brazos; Harry Potter y Theodore Nott apuntaban con sus varitas hacia la bestia. Draco Malfoy ayudaba a Hermione Granger a levantarse, tratando de apartarse lo más posible del troll.
-¡Draco! ¡Granger! -aulló Zabini. Con piernas temblorosas y el alma saliéndose del cuerpo, Hermione miró hacia Zabini. El moreno la analizó con la mirada y sonrió con encanto al ver que no tenía rasguño alguno.
La bestia, harta de tanto jaleo, arremetió contra lo que tenía más cerca: Theodore Nott.
Hermione volvió a abrir la boca para gritar una advertencia, pero Nott, viendo la intención de la bestia corrió hacia otro lado, golpeándose con Ronald Weasley y cayendo ambos al suelo.
-¿Estas…? -Hermione parpadeo su mirada hacia el rubio, pero Malfoy ni siquiera pudo terminar la pregunta. Vio como el bastón del troll daba un giro completo y se dirigía hacia ellos.
-¡Malfoy! ¡Quítense!
Malfoy no miró con superioridad a Potter o con asco, como usualmente lo haría. Es más, ni lo miró; solo se lanzó sobre Hermione haciéndola terminar de nuevo en el suelo mientras el bastón del troll asestaba un golpe hacia ellos. Golpeando los lavamanos.
El cuerpo de Malfoy estaba sobre ella, protegiéndola de los escombros que salieron volando por todos lados.
-¡Ahhhh! -con un grito de guerra, Zabini saltó, colgándose de la espalda del troll. Potter, mirando la escena, gritó con la varita en mano y apuntó al troll.
-¡Wingardium leviosa!
Otro horrible pensamiento invadió su cabeza: ¿eso era lo único que tenía Potter?
El bastón salió volando de las manos del troll, se elevó muy arriba y luego dio vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El troll se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación. Zabini aún estaba en su espalda.
Quedaron en silencio, todos conmocionados con lo que acababa de ocurrir.
-¿Esta… muerto? -preguntó Weasley mientras se levantaba junto a Nott.
-No creo, supongo que se habrá desmayado -aportó Zabini, levantándose de sobre el troll y bajado de su espalda. Sacudió con parsimonia su túnica, como si los últimos diez minutos no acabaran de ocurrir.
-Vamos -gruñó Malfoy contra su cuello, el chico se sentó de rodillas entre sus piernas. Su platinado cabello estaba sucio debido a la explosión del lavamanos- ¿Estas bien, Granger?
Sin estar segura de su voz, asintió.
Malfoy la ayudó a levantarse. Justo cuando estaba sobre sus dos piernas temblorosas los brazos de Zabini la atrajeron hacia el moreno, abrumándola en un desesperado abrazo. El chico estaba temblando, la única huella que demostraba lo afectado que estaba.
Las lágrimas (las cuales pensó ya no poseía más) se deslizaron de nuevo por sus mejillas. Sollozó contra el cuello del moreno, temblando de pies a cabeza.
-¿Cómo… -su voz sonaba ronca- … cómo supieron…?
Zabini se tensó en su abrazo y la soltó de inmediato. Se giró con una habilidad asombrosa y apuntó con su varita a Potter y Weasley. Ambos chicos levantaron sus varitas hacia el moreno.
-¡Ustedes! ¡Par de idiotas! -escupió, temblando de furia.
El brazo de Malfoy se deslizo por su cintura y la llevó contra él. Su pecho subía y bajaba con fuerza, enterrando el rostro contra sus risos castaños. Nott colocó una mano sobre su hombro, mirándola fijamente a los ojos en busca de algo.
No tenía idea de que estaba sucediendo en ese momento, pero supo que algo acababa de cambiar entre ellos.
-Basta, Blaise -pidió Nott, apartando sus ojos de ella, pero sin alejar su mano- Ya no tiene importancia.
-¿Qué no tiene importancia? -siseo, como una olla de presión a punto de reventar- ¡Ellos encerraron al troll aquí! ¡Por su culpa casi morimos! -resolló- ¡Por su culpa Granger casi muere!
Hermione apretó con fuerza los ojos y se acurrucó más cerca de Malfoy.
Un súbito portazo y fuertes pisadas detuvieron la discusión. Nadie se había dado cuenta del ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían de haber oído los golpes. Un momento después la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida del profesor Snape, el profesor Quirrell y Marcus Flint, que cerraba la marcha. El profesor Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
-Oh, mierda -masculló Marcus con aire de querer vomitar, mirando al troll en el suelo. Sin despegar la mirada de la bestia inconsciente, la bordeo hasta llegar a los seis estudiantes de primer año. Una ves seguro que el troll no se movería, miró a los dos Gryffindor con una mueca de desprecio total antes de posar su mirada en las varitas levantadas.
-Podemos explicarlo -intentó defenderse Zabini mientras bajaba la varita, pero Marcus negó. Palpó el rostro del pequeño Slytherin, buscando algún rasguño y cuando no lo encontró prosiguió con Nott, después con Hermione y al final con Malfoy que estaba un poco reticente de dejarla ir. Pudo ver sus ojos rojos y algún rastro de lágrimas en su rostro antes de que Marcus (siempre atento) las limpiara en su recorrido de buscar heridas.
-¿En qué estaban pensando, por todos los cielos? -preguntó la profesora McGonagall con furia helada. Marcus se estremeció ligeramente al igual que todos los alumnos presentes- Tiene suerte de que no los haya matado, ¿por qué no estaban en los dormitorios?
-Porque… -Potter tragó grueso.
-Creo que eso podría ser culpa nuestra, profesora McGonagall -la voz de Nott fluía con tranquilidad, mirando fijamente a la jefa de casa de los leones- Granger había salido al baño antes de saber que había un troll en el colegio. No sabíamos cuánto tardaría -prosiguió, ignorando la mirada de su jefe de casa y Prefecto- Haciendo caso omiso de las palabras del director Dumbledore, nos dirigimos a buscarla sin que Marcus nos viera. Cuando llegamos vimos el troll en el baño.
-Potter y Weasley nos siguieron, estoy seguro -apuró Zabini- Pero cuando escuchamos el grito de Hermione no tuvimos más opción que actuar.
-Bueno… en ese caso -dijo la profesora McGonagall, sin saber que decir a los cinco niños y a Hermione Granger.
-En ese caso -intervino el profesor Snape mirando fijamente a sus alumnos- Es mi deber imponerles una sanción. Cinco puntos menos -los cuatro Slytherin inhalaron con fuerza-, por cada uno debido a su insensatez.
Marcus miró fijamente a su jefe de casa, pero no dijo nada, como ninguno de los Slytherin de primer año.
El suspiro aliviado de Weasley y Potter resonó con fuerza en el baño.
-Estúpidos -masculló Malfoy contra la oreja de Hermione, que asentía en acuerdo.
-En cuanto a ustedes -dijo la profesora McGonagall- ¿Qué estaban pensando al seguirlos? Pudieron haber avisado a algún profesor o al Prefecto de su casa lo que sucedía -riñó- A su sala común, ahora mismo -y dando la vuelta se encaminó a la salida. Potter y Weasley le dedicaron una mirada a Nott y Zabini, a Malfoy y el férreo agarre que mantenía en Hermione, a Marcus antes de finalizar con el troll en el suelo y salieron del baño detrás de la profesora McGonagall.
-Espero que pueda encargarse de esto, profesor Quirrell -dijo el profesor Snape y cojeando levemente salió del baño, seguido por Marcus Flint, Hermione Granger, Draco Malfoy, Theodore Nott y Blaise Zabini.
Caminaron en un tenso silencio, con una lentitud irritante debido al cojeo del profesor Snape. Marcus iba detrás de él, como si tratara de crear una barrera entre ellos y la fría furia del Pocionista. Hermione caminaba de la mano con Malfoy y Nott y Zabini cerraban la guardia.
Justo cuando estaban por llegar a la biblioteca, donde la casa de Slytherin se encontraba reunida, Snape detuvo su incomodo andar.
-Señor Flint, si nos permite…
Marcus miró al profesor, a los niños y con labios apretados y rostro tenso se alejó hacia la biblioteca.
-Por favor avise a sus compañeros de casa que dentro de diez minutos podrán dirigirse a su sala común.
-Sí, profesor Snape -dijo Marcus, sin detener su andar.
Una vez que hubo entrado en la biblioteca, los ojos oscuros del profesor Snape cayeron sobre ellos. Hermione estaba empezando a planear una y mil excusas antes de que la mirada del mago cayera sobre ella, congelándola.
-No se presentó a sus clases de esta tarde, señorita Granger -anunció el profesor Snape, como si ella no supiera aquello- ¿Estuvo todo este tiempo encerrada en el baño?
-Eh… yo… uhm… -balbuceo. Malfoy le dio un suave apretón haciendo que Hermione cerrara la boca de inmediato. Los astutos ojos del profesor no se perdieron de nada- Sí, profesor -parpadeo.
-¿Y se podría saber por qué razón o es un asunto privado? ¿Necesito llamar a Madame Pomfrey o a la señorita Vanity?
Las mejillas de Hermione enrojecieron.
Zabini carraspeo, incomodo detrás suyo. Nott se tensó y Malfoy se mantuvo estoico.
-No, yo… -volvía a balbucear. Inhaló y exhaló con fuerza antes de encontrarse con la mirada del profesor Snape- No, profesor. Ronald Weasley soltó un comentario que me hizo sentir… nerviosa. Por esa razón estaba en el baño.
Su voz ronca, sus ojos rojos, las mejillas húmedas. El profesor Snape no se perdió de nada.
-Ese imbécil -masculló Malfoy a un lado suyo.
-Muy bien, señorita Granger. Que esto no se repita -sus orbes negros chocaron con los de Nott- Sobre todo, el encantador hecho de proteger a dos Gryffindor.
-No los protegía, profesor -se defendió Nott- Pero me encantaría ser yo quien haga pagar a Potter y Weasley por molestar a Hermione.
Hermione se tensó.
-Me gustaría también tomar esa ventaja, profesor -dijo Zabini, con una sonrisa en su voz.
-Me parece… perfecto -el profesor Snape hizo un amago de sonrisa antes de volver a colocar sus ojos en Hermione. Dio dos pasos hacia ella y dos toquecitos a la encrespada melena de la chica- Nadie merece sus lágrimas, señorita Granger. Mucho menos un par de bravucones de once años.
Una sonrisa se deslizo por los labios de Hermione mientras el profesor Snape, con pasos renqueantes, se alejaba por donde habían llegado.
-Creo, señorita Granger… -Zabini hizo una mala imitación del profesor Snape-… que le cae bien a Snape.
-Profesor -soltaron los tres al unisonó.
-Lo que sea -Zabini puso los ojos en blanco.
Tal vez, por fin después de dos meses, había logrado impresionar al maestro de Pociones. La sonrisa se entumeció en sus labios, cayendo olvidada.
-Oh, mierda -soltó, trayendo la atención de los tres Slytherin a su mirada asustada- ¡Mis libros se quedaron en el baño junto al troll!
Sí, definitivamente, había dado una segunda buena impresión.
Noviembre, 13. 1991
Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió frío. Las montañas adquirieron un tono gris debido a la nieve y escarcha que caía.
Las cosas habían cambiado positivamente esos días. Malfoy, Nott y Zabini habían pasado a ser Draco, Theo y Blaise; como ella había pasado a ser Hermione, solamente. Por no mencionar a Vincent y Gregory que se pusieron de morros y no dejaron de incordiarla hasta que los aceptara en la pequeña treta que tenía junto a Draco, Theo y Blaise. Pansy, Daphne, Millicent y Flora se mostraban tan cordiales como siempre, pasando horas juntas en la sala común de Slytherin mientras hablaban de distintas cosas, aunque al final Hermione siempre terminaba con la nariz metida en un libro.
Y gracias al incidente del troll (del cual toda la escuela se enteró) su estatus había ascendido espléndidamente. Por lo visto, había de ser una nacida de muggles muy poderosa si era capaz de dejar a un troll inconsciente.
Esa era la versión y ni Draco, Blaise o Theo lo contradijeron. Aunque ellos no se habían quedado atrás, claro. Los Slytherin parecían ya haber olvidado por fin el incidente de Draco y Potter, lo que era un gran paso porque Draco siempre balbuceaba (no balbuceaba, un sangre pura nunca balbucea, simplemente hablaba rápido) sobre que algún día seria el príncipe de las serpientes y para eso necesitaba súbditos. A Blaise le encantaba llamarlos: esclavos.
Ese sábado era el primer partido de Quidditch, y contra todo pronóstico, Hermione estaba emocionada. Slytherin vs Gryffindor.
-Tres galeones a que ganamos por doscientos puntos -argumentó Blaise, enrollando bien su bufanda plateada alrededor del cuello. Un gorrito negro puesto en la cabeza.
-Seis a que solo tenemos una ventaja de 100 puntos -dijo Vincent mientras pasaba su túnica por sobre los hombros de Hermione. La castaña le sonrió en agradecimiento mientras se sentaba junto a Draco al frente de la tarima.
-Diez galeones a que Potter se cae de su escoba -el comentario de Draco sacó risas entre los Slytherin que alcanzaron a escucharlo. La sonrisa en los labios de Hermione se apretó, pero no dijo nada, no tenia porque defender a Potter. No eran amigos, y casi la mata al encerrarla con el troll.
En el campo, ambos equipos salieron al mismo tiempo. Hermione alcanzó a divisar a Potter, justo al lado de Oliver Wood, el capitán de Gryffindor. La señora Hooch, que hacia de árbitro, estaba al centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.
-Oh, por la tanga de Salazar -la blasfemia de Blaise trajo la atención de unos cuantos. Tenía puesto unas clases de binoculares con los que alcanzaba a ver mejor que la mayoría de la tribuna- Potter tiene una Nimbus 2000 -la envidia se deslizaba por sus palabras.
-¡Joder! -masculló Draco, encogiéndose en su asiento mientras trataba de hacerse más chico. A bajo en el campo, todos estaban sobre sus escobas.
Algunos estudiantes de Slytherin empezaron a pelearse por los binoculares de Blaise para poder admirar que tan ciertas eran las palabras del moreno.
La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata.
-Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor… Que excelente cazadora es esta joven, y a propósito, también es muy bonita…
-¡JORDAN!
-Lo siento, profesora.
Lee Jordan, de Gryffindor, era el comentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profesora McGonagall.
-Y realmente golpea muy bien, un buen pase a Alicia Spinnet, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasado estaba en reserva… Otra vez Johnson y… No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va… Flint vuela como un águila, está a punto de…
Los Slytherin aplaudían y gritaban a la contienda que se realizaba en el campo. Los gritos de emoción bullían en el aire.
-… no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle… Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor, buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse por el terreno de juego y… ¡Ayyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca… La quaffle en poder de Slytherin… Adrian Pucey cogiendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cual de los dos… bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuelta, evita una bludger, los postes de gol están ahí… vamos, ahora Angelina… el guardián Bletchley se lanza… no llega… ¡GOL DE GRYFFINDOR!
Los quejidos y silbidos de Slytherin llenaron el aire frio, junto a los gritos de los de Gryffindor.
-Y decían que tenían que preocuparse por Potter -se mofó Draco.
-Tal vez, solo fue una adquisición impulsiva -intentó apaciguarlo Hermione. La mueca en el rostro de Draco se convirtió en una sonrisa.
-Slytherin toma posesión -decía Lee Jordan-. El cazador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y al cazador Bell, y acelera… esperen un momento… ¿No es la snitch?
Harry Potter y Terence Higgs, ambos buscadores, salieron volando hacia el destello dorado. Ambos tan rápidos como relámpagos, nariz con nariz… Todos los cazadores parecían haber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.
Potter era más veloz que Higgs. La pequeña pelota, agitando sus alas, volaba delante suyo. Aumentó su velocidad y…
¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindor de las tribunas… Marcus había cerrado el paso de Potter, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferraba para no caer.
-¡Falta! -gritaron los Gryffindor.
-¿Qué está haciendo Marcus? -cuestionó Hermione.
-Evitando que Potter atrape la snitch -Theo se encogió de hombros.
La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego ordenó tiro libre para Gryffindor, en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.
A Lee Jordan le costaba ser imparcial.
-Entonces… después de esta obvia y desagradable trampa…
-¡Jordan! -lo regañó la profesora McGonagall.
-Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta…
-¡Jordan, no digas que no te aviso…!
-Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy seguro, así que penalti para Gryffindor; la toma Spinnet, que tira, no sucede nada, y continua el juego. Gryffindor todavía en posesión de la pelota.
-¿Potter pudo haber muerto? -la bilis subía por su garganta.
-No es para tanto, nacida de muggles -comentó alguien detrás suyo. Los cinco chicos alrededor suyo se tensaron- Marcus no lo hubiera dejado caer de verdad.
-Deja de llamarme nacida de muggles -espetó Hermione, girándose en redondo. Un Slytherin de quinto año la miraba con el ceño fruncido.
-Es lo que eres -siseo el chico.
-Tú eres un imbécil y no te lo ando restregando en el rostro -sentía la furia subir por la garganta- Por no mencionar que también eres feo.
La tribuna de Slytherin se quedo en un silencio sepulcral antes de que las risas estallaran alrededor de Hermione.
-¡En tu preciosa sangre pura, Laughalot! -gritó alguien al fondo de la tribuna- La nacida de muggles -se burló- te puso en tu lugar.
Las mejillas Laughalot enrojecieron, pero la sonrisa que brillaba en su rostro demostraba que todo quedaría en solo una broma.
Lee seguía comentando el partido.
-Slytherin en posesión… Flint con la quaffle… pasa a Spinnet, pasa a Bell… una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (es broma, profesora) Slytherin anota un tanto, oh, no…
Los Slytherin vitorearon con fuerza.
-¿Marcus estará bien? Ese golpeo me dolió hasta mi -dijo Hermione.
-¿Cómo te va a doler hasta a ti si ni estas jugando? -preguntó Gregory. Hermione rodó los ojos.
-Un dicho muggle, refiriéndote que empáticamente sientes su dolor.
De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Potter por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vueltas y él apenas podía sujetarse. Entonces la multitud jadeó. La escoba de Potter dio un salto feroz y Potter quedó colgando, sujeto con una mano.
-¿Salió defectuosa? -preguntó Vincent.
-¿Una escoba puede salir defectuosa? -inquirió Gregory.
-Claro que no, hay un difícil proceso de elaboración-aportó Blaise- Parece estar en algún tipo de encantamiento…
-Magia negra -Draco empezó a mirar a su alrededor, buscando algo- Solo la magia negra puede alterar una escoba…
-¡Allá! -Theo, en algún momento, había tomado posesión de los binoculares y señalaba la tribuna del profesorado. Blaise se los arrebató del rostro y miró.
-Imposible, el profesor Snape no puede odiar tanto a Potter.
Theo le soltó tal golpetazo que le incrustó los binoculares al rostro.
-Quirrell, baboso -siseo Theo- ¿Cómo se te ocurre incriminar al profesor Snape?
-¡Ah! ¡Sí! -Blaise asintió, con los binoculares bien puestos- Ya lo vi.
Se fueron pasando los binoculares entre ellos cinco, ajenos a las preguntas de resto de las serpientes. Especulando que le ocurría a la escoba de Potter.
En el cielo, la escoba de Potter vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir colgando durante mucho tiempo. Todos miraban aterrorizados, mientras los Weasley volaban hacia él, tratando de poner a salvo a Potter en una de las escobas. Pero aquello fue peor; cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía.
Un revuelo estridente sonó en la tribuna del profesorado. El profesor Snape se levantó de su asiento, girando sobre sí mismo mientras una llamarada de fuego azul bailaba en su túnica. Los profesores trataban de ayudarlo y algunos otros, atrapados en el revuelo, fueron golpeados por los movimientos del profesor. El profesor Quirrell entre ellos.
Marcus Flint, acompañado de Adrian Pucey, volaron a velocidad asombrosa hacia el profesor de pociones. El capitán de Slytherin sacó su varita del interior de su bota y apuntó a la llamarada de fuego azul.
En algún momento, entre ambos acontecimientos, Potter había vuelto a montar su escoba. El Gryffindor iba a toda velocidad hacia el terreno de juego, cayendo de su escoba al metro de altura. Vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a vomitar. Tosió y algo dorado cayó en su mano.
-¡Tengo la snitch! -gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.
-Vaya con Potter -se quejó Blaise, cruzándose de brazos.
-¿Con Potter? -Theo estaba lívido- ¿Por qué razón el profesor Quirrell querría matar a Potter? -inquirió.
Blaise se encogió de hombros.
-Todos quieren matar a Potter.
Theo miraba a Blaise como si le faltase un tornillo. O estuviera realmente asombrado por su falta de empatía.
-Bueno -Draco carraspeo, trayendo la atención sobre él- Me deben diez galeones -las miradas de confusión por parte de sus amigos hizo que bufara, exasperado- Potter se cayó de su escoba.
